La publicación de una revista científica es un proceso académico
y administrativo tan laborioso como complejo donde intervienen múltiples
actores y factores. Se realiza una caracterización general de las funciones
que desarrollan cada uno de ellos y se destaca la importancia de los árbitros
para asegurar la calidad de sus contenidos. La profesionalidad, rigurosidad
y dedicación de los distintos componentes del equipo editorial en el
cumplimiento de las tareas asignadas es la piedra angular de la existencia próspera
y el progreso de una revista científica.
Clasificación: Artículo de opinión
Descriptores (DeCS): INDUSTRIA EDITORIAL / organización y administración;
PUBLICACIONES PERIODICAS; NEGOCIACION; ARTICULO DE REVISTA [TIPO DE PUBLICACION]
Descriptores (DeCI): PUBLICACIONES PERIODICAS/organización y administración; ARTICULOS CIENTIFICOS; PROCESAMIENTO EDITORIAL; ARBITRAJE; POLITICA EDITORIAL
The publication of scientific journals is a laborious and complex academic and
administrative process where multiple actors and factors take part. A general
characterization of the functions developed by each of them is made and the
importance of the arbiters to guarantee the quality of their contents is stressed.
The professionalism, rigorousness, and dedication of the different members of
the editorial team in the fulfillment of the assigned tasks is the milestone
of the prosperous existence and the progress of a scientific journal.
Classification: Opinion article
Subject hedings (DeCS): BOOK INDUSTRY/organization and administration; PERIODICALS; NEGOTIATION; JOURNAL ARTICLE [PUBLICATION TYPE]
Subject hedings (DeCI): PERIODICALS/organization and administration; SCIENTIFIC ARTICLES; PUBLISHIN PROCESSING; PEER REVIEW; PUBLISHING POLICY
La elaboración de una revista científica es un proceso de alta
complejidad que presenta innumerables aristas de muy diversos matices. Por esta
razón, es un error pensar que una revista puede alcanzar el éxito
administrada por personas sin los conocimientos y el tiempo necesarios para
realizar las diferentes labores que ella requiere.
El presente trabajo pretende esbozar las funciones de los diferentes actores
que intervienen en el trabajo editorial de una revista científica. Como
no existen dos revistas iguales y los actores y funciones deben adecuarse a
cada caso concreto, el análisis que se presenta se limita a una caracterización
general, común a cualquier publicación, realizada a partir de
la experiencia de numerosas revistas de diferentes perfiles.
En Cuba, la creación de una revista científica requiere del aval
de un organismo de la administración central del estado (OACE) y de la
autorización del jefe de ese organismo. Por lo general, una entidad subordinada
se encarga de la inscripción y la atención a la publicación
para colocarla en función de unos intereses que van siempre mucho más
allá de la institución patrocinadora. Las revistas científicas
deben responder a una entidad colectiva -como son las asociaciones y sociedades
científicas- o a un conjunto de entidades vinculadas para apoyar el funcionamiento
de la publicación; por esto, la entidad designada debe buscar y alcanzar
alianzas con otras entidades de ese u otros OACE, así la revista cubrirá
efectivamente el universo que pretende y no se convertirá en una revista
institucional. Además del apoyo financiero y administrativo, este conjunto
de entidades u organismos patrocinadores deben designar, en forma conjunta,
al director editorial y establecer con él los compromisos que cada parte
asume para el desarrollo de la actividad editorial. También puede ser
la instancia que apruebe la composición del consejo editor a propuesta
del director editorial. De esta misma manera, el conjunto de entidades patrocinadoras
pueden decidir la sustitución del director editorial, así como
la disolución de la revista, aunque la dirección editorial depende
de las instancias editoriales.
Por lo general es aprobado por las entidades patrocinadoras a propuesta del
director editorial. Es el órgano supremo de dirección de la publicación.
Su particularidad más importante radica en su dirección colegiada.
Está compuesto por el editor jefe (que lo preside), el editor ejecutivo
(secretario), los editores y el asistente de edición.
Entre sus funciones se encuentran:
En muchos casos, el consejo editor es quien aprueba, en última instancia,
la aceptación de un manuscrito y la composición de cada número.
Es designado por la o las entidades patrocinadoras. Por lo general, se trata
de un especialista de gran prestigio con vínculos académicos muy
fuertes en la disciplina o profesión a la que se dirige la revista, posee
además conocimientos generales sobre el proceso editorial. El tiempo
dedicado al trabajo editorial es muy variable, pero los mejores resultados están
en correspondencia directa con su dedicación a este. De no poder dedicarle
el tiempo necesario, puede requerirse la designación de un editor ejecutivo
o secretario del consejo editor, de manera que siempre exista alguien que se
ocupe del desarrollo de las estrategias para el mejoramiento de la revista.
De lo contrario, el director editorial puede asumir las tareas reservadas para
el editor ejecutivo.
Sus funciones son:
Es frecuente que la dirección de una revista recaiga en el director
de una institución o sociedad. Por lo general, esto se asocia a la idea
de que así se garantiza un mayor respaldo financiero y administrativo.
Sin embargo, los inconvenientes sobrepasan estas supuestas ventajas, pues por
lo general se trata de personas muy ocupadas que no pueden relegar ni delegar
sus otras funciones, ellas terminan a menudo relegando y delegando sus funciones
de director editorial. Además, son una fuente permanente de conflictos
de interés que, en muchos casos, terminan por subordinar la publicación
a la política y las necesidades institucionales, así abandonará
pronto su carácter académico. Esta situación se hace aún
más crítica cuando se trata de revistas que publican resultados
de ensayos clínicos o estudios preclínicos, pues un lector medianamente
avezado dudaría mucho en considerar equilibrado e imparcial, un resultado
altamente satisfactorio, publicado en una revista cuyo director es el responsable
directo del desarrollo, la producción o la comercialización de
un producto o servicio determinado.
Se trata de un especialista en la disciplina o rama a la que se dedica la publicación,
posee un fuerte conocimiento de la labor editorial. Además de asistir
al director en el manejo diario de la publicación, es la persona que
día a día interactúa con los editores, árbitros
y autores, para garantizar el flujo continuo del proceso editorial. Al ser el
profesional del consejo editor con mayor conocimiento acerca del mundo editorial
-tanto de los procesos como de las publicaciones "competidoras" nacionales
e internacionales, etc.- es el encargado de proponer las medidas y acciones
que conduzcan al desarrollo de la publicación. En dependencia de las
características de la revista y su periodicidad será el grado
de su dedicación al trabajo editorial, puede llegar a la dedicación
completa en los casos de mayor complejidad o cuando la periodicidad es bimestral
o menor.
Entre sus funciones se encuentran:
Estas funciones puede asumirlas el director de la publicación si dispone
del tiempo suficiente para su cumplimiento.
Los editores son los miembros del consejo editor o comité editorial,
los cuales deben poseer un bien ganado prestigio científico. Por lo general,
forman un reducido número, suficientes solo para cubrir las diferentes
especialidades dentro de la temática que cubre la revista, por lo que
su número debe estar en correspondencia con la diversidad temática
de la revista. Como los editores ocupan con frecuencia importantes cargos administrativos,
es necesario que asuman sus responsabilidades a título personal, con
un carácter primordialmente académico, ellos deben velar por los
intereses y el mejoramiento de la revista y por evitar al máximo los
conflictos de intereses.
Entre sus tareas se encuentran:
Constituye un elemento clave para el desarrollo del trabajo editorial. Si bien
el director, el secretario y los otros miembros del consejo son profesionales
-por lo general de gran experiencia y responsabilidades- seleccionados para
esas responsabilidades por sus conocimientos y experiencia, la ausencia de un
asistente de edición provoca el recargo excesivo de los miembros del
consejo, particularmente del director y el secretario, con tareas que nada tienen
que ver con sus conocimientos. Con frecuencia esto lleva al contrasentido de
que son los profesionales de mayor categoría los encargados, no solo
de llevar la documentación (que no es poca) de los manuscritos recibidos
y su flujo, sino que, en ocasiones, profesionales de alta categoría deben
encargarse personalmente de repartir los manuscritos entre los árbitros,
cuando lo que interesa realmente a la revista es contar con su tiempo, inapreciable
por demás, para evaluar los arbitrajes y elaborar una propuesta de dictamen
bien sustentada para el consejo.
Entre sus funciones están:
La importancia de este elemento se hace más evidente al analizar el
acápite Algunos elementos acerca del flujo de manuscritos, incluido más
adelante.
El arbitraje constituye el instrumento de validación de la información publicada. Sólo un arbitraje estructurado correctamente es capaz de detectar la mayoría de las debilidades que presenta un manuscrito -incluidas aquellas originadas por actuaciones incorrectas, como el plagio, la publicación duplicada o la fabricación- ,así como como sus fortalezas -novedad científica, etcétera.
Aunque del arbitraje se han escrito tratados, hay consenso en que un buen arbitraje
debe:
Los árbitros son por lo general investigadores en activo, con conocimientos en el tema particular del manuscrito a evaluar; el número de árbitros debe estar en correspondencia no sólo con el número de manuscritos que recibe la revista, sino también con su diversidad temática. El arbitraje es un proceso altruista no remunerado, y representa un aporte personal al desarrollo de la ciencia, por lo que el reconocimiento del trabajo de los árbitros debe ser una tarea permanente del consejo editor.
En dependencia de la experiencia de los árbitros, de su grado de conocimiento de la política editorial de la publicación y de su identificación con ella, es conveniente clasificarlos en árbitros de oficio y eventuales.
Los primeros son aquellos que, además de poder evaluar el manuscrito
según su mérito científico, son capaces de valorar su pertinencia
desde el punto de vista de la estrategia y política editorial de la revista.
Este tipo de árbitro no aparece, sino que se forma mediante una retroalimentación
adecuada por parte de los miembros del consejo editor y, por lo general, fueron
árbitros eventuales que se destacaron por la calidad de sus arbitrajes.
Entre las características de los árbitros de oficio se destacan:
Entre las funciones de los árbitros de oficio están:
El consejo asesor es el órgano de consulta del consejo editor, tanto para el establecimiento de su política editorial como para analizar otros aspectos académicos y científicos relacionados con el funcionamiento y desarrollo de la publicación. Sus miembros, por lo tanto, deben ser profesionales de alto nivel, con conocimientos de las publicaciones científicas, de manera que puedan efectivamente asesorar al consejo editor. La práctica de conformar este consejo con personalidades muy importantes, por lo general con múltiples ocupaciones, imposibilita, con frecuencia, que puedan atender a la revista, así sólo se acredita a la publicación ante ojos ingenuos; para el público avezado -que es a quien está dirigida una publicación- esto constituye un síntoma de inmadurez y de desconocimiento de las verdaderas funciones de un consejo asesor.
En ocasiones, se cuenta con colaboradores o árbitros de oficio que por
su nivel o categoría, es necesario -y conveniente- ofrecerle una posición
de mayor relevancia. Esa posición puede ser la de miembro del consejo
asesor. Por lo tanto, los miembros del consejo asesor deben considerarse como
árbitros de oficio de alto nivel.
Se espera que los miembros del consejo asesor cumplan alguna tarea de la revista,
al menos, una vez al año. Entre estas tareas pueden estar:
El asistente de edición (AE) recibe los manuscritos, él debe cuidar
de que el autor entregue la información necesaria, en la que tendrá
4. Una hoja de título que preceda cada trabajo y que contenga:
Una vez comprobado que la documentación está en regla, el AE entrega
al director -o al editor ejecutivo (EE) si el director ha delegado en él-,
quien debe hacer la primera revisión y clasificación del manuscrito
según su temática y definirá cuál editor (E) se
ocupará de su procesamiento.
Una primera revisión está dirigida a descartar aquellos trabajos
que obviamente no corresponden al alcance de la revista o cuya estructura o
presentación aconsejan su devolución al autor sin comprometer
el tiempo o la atención del E, en cuyo caso se devuelve al autor sin
asentar en el libro de control de manuscritos. Esta prerrogativa del EE se aconseja
sólo en casos excepcionales; de lo contrario, él debe clasificar
el trabajo y el AE registrarlo en el referido libro y entregarlo al E correspondiente.
Una vez en manos del E, este puede rechazarlo en primera instancia y devolverlo al AE junto con el dictamen de rechazo; de lo contrario, designará los árbitros de acuerdo con el principio de que al menos uno sea de oficio -no importa al E a que esté asociado-, editor o miembro del consejo asesor. El E debe ofrecer una valoración preliminar de la prioridad y la trascendencia del manuscrito.
Se debe cuidar especialmente los posibles conflictos de intereses y que los artículos lleguen a árbitros ajenos a los colectivos de los autores o donde se desarrolló el trabajo. Se debe considerar que el arbitraje es un proceso a triple ciegas, es decir, que por una parte los autores y los árbitros no pueden identificarse entre sí, mientras que, por otra parte, cada árbitro debe ignorar quién es el otro árbitro que participa con él en la evaluación del trabajo. Este principio debe ser inviolable, así se garantiza una mayor objetividad y calidad del arbitraje.
Es práctica frecuente que el director (o editor ejecutivo si el director
ha delegado en él) revise y apruebe los árbitros propuestos por
el editor, de manera que el proceso sea homogéneo, con independencia
del editor que se haga cargo del manuscrito.
El arbitraje debe estar totalmente documentado. El AE debe hacer llegar a cada árbitro la documentación necesaria:
Los árbitros revisarán el trabajo según los aspectos establecidos,
desde su actualidad y trascendencia para la ciencia, hasta los elementos formales
de ortografía y estructura de los diferentes acápites del artículo.
Se debe prestar atención a la valoración del artículo de acuerdo con su categoría (revisión, de investigación, de técnicas o de enfoque) y la política editorial de la revista. El rigor de la selección debe garantizar un nivel científico adecuado según orientaciones del consejo editor.
Los aspectos éticos son también parte de los elementos a los cuales el árbitro debe prestar atención particular, ellos deben exigir a los autores cualquier tipo de aclaración, declaración o documento de conformidad de los órganos de ética de la institución donde se desarrolló el trabajo.
Los árbitros deben prestar especial atención al correcto completamiento del informe de arbitraje, incluida una completa argumentación de los problemas formales y conceptuales del artículo en cuestión. Se debe considerar la actualización de las referencias bibliográficas y evitar casos de obsolescencia o insularidad, así como el uso de citas perfuntorias.
Cada informe de arbitraje debe proponer una clasificación del artículo (revisión, de investigación, técnica o de enfoque), así como su rechazo o aceptación, sujeto a modificaciones mayores o menores.
Se debe considerar como aceptado sujeto a cambios menores, aquel artículo
que debe completarse o corregirse en cuanto a elementos que no impliquen nuevos
experimentos, cambios conceptuales o modificaciones (en cantidad y alcance)
que no requieran de una nueva revisión por parte de los árbitros
y que los editores puedan comprobar que los cambios se han realizado y el artículo
es publicable. En este sentido, se ha de considerar que un trabajo que contenga
muchas modificaciones menores debe, de hecho, contener otros errores que en
la primera lectura no pudieron detectarse por los árbitros; es siempre
saludable que este tipo de artículo llegue al árbitro por segunda
vez de manera más acabada.
El editor propondrá al EE un dictamen, elaborado según los informes de arbitraje y su propio criterio. En este momento, el E debe ratificar o modificar su criterio sobre la prioridad y trascendencia del manuscrito. En este proceso se debe lograr la normalización del proceso de arbitraje y debe permitirse la evaluación constante del trabajo de los árbitros. Una vez conciliado el dictamen entre el E y el EE, este último se encargará de hacerlo llegar al autor encargado de la correspondencia del manuscrito en cuestión.
Se ha de considerar que el dictamen es la comunicación oficial que se
establece entre el consejo editor y el autor, por lo que debe elaborarse cuidadosamente,
de manera precisa y con términos claros y convincentes. Debe decir explícitamente
si el artículo se rechaza o se acepta, y en este último caso,
si es con modificaciones mayores (regresa a los árbitros) o menores (regresa
al editor), o si queda solamente sujeto a cambios editoriales (pasa a redacción
y composición).
En caso de rechazo del manuscrito, se debe hacer una explicación particularmente
detallada de las causas que lo motivaron.
El AE elaborará la comunicación al autor, de acuerdo con las instrucciones
del E y el EE, a la que se adjuntará el dictamen, y se le informará
de los plazos para el reenvío de la nueva versión, según
la norma siguiente:
Todas las comunicaciones enviadas a los autores deben estar firmadas por una misma persona, comúnmente el director o editor ejecutivo.
Recibido: 6 de agosto del 2002. Aprobado: 30 de agosto del 2002
Dr. Guillermo J. Padrón González. Editorial Ciencias Médicas.
Calle I No. 122 esq. Línea, piso 10, El Vedado, Ciudad de La Habana.
Cuba. Correo electrónico: guipad@infomed.sld.cu
1Doctor en Medicina. Director de la Editorial Ciencias Médicas.
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas.