Sin información no hay cambio,
sin cambio no hay desarrollo,
sin desarrollo no hay vida.
Información, cambio y desarrollo
son tres eslabones en la cadena
del desarrollo de la sociedad humana.
La ocurrencia de profundas transformaciones
en los enfoques, los contenidos y los procedimientos de trabajo que emplean las
entidades del sector biblioteco-informativo en la década de los años
90, renueva la necesidad de analizar la evolución histórica que
ha experimentado la actividad de información desde su nacimiento hasta
el presente, como vía para comprender las causas que han propiciado la
sucesión de las diferentes revoluciones que han caracterizado a esta esfera
durante el siglo XX y su estado actual.
En este punto, es importante
reconocer que la historia de la ciencia de la información como campo de
estudio, bien sea enfocada desde la perspectiva de la bibliotecología o
de la computación, actualmente atrae el interés de distintos especialistas
y como resultado está adquiriendo los rudimentos sociales y bibliográficos
de la identidad disciplinaria.
A mediados de los años 80, se
observó la emergencia del interés por estos temas desde el enfoque
de la bibliotecología. Su punto de inicio puede señalarse en la
edición de otoño de 1985 de la Journal of Library History.
Este interés creció a partir de una mesa redonda sobre la
historia de las bibliotecas, que se produjo durante la reunión de la American
Library Association en 1984. En los años siguientes, aparecieron otras
colecciones de trabajos históricos.
En el año 1991, se
efectuó una conferencia sumamente importante en Finlandia con el fin de
explorar los fundamentos históricos, empíricos y teóricos
de la ciencia de la información. Ella tuvo repercusiones significativas.
El historiador de la ciencia de la información tiene que comprender, que como una condición de su organización, reproducción y control, todas las sociedades han desarrollado sus formas propias de administrar la información. Se debe reconocer que lo que constituye información, así como las prácticas para su representación, comunicación y uso pueden cambiar de un contexto histórico a otro, de generación en generación, de una forma de pensar sobre el mundo a otra. Sin embargo, siempre ella está necesariamente presente y activa. Esta noción guía el enfoque que deseamos se tome para la historia de la ciencia de la información.
El desarrollo de
las bibliotecas ha transcurrido de forma paralela a la de la escritura. Durante
más de 5 000 años, los seres humanos han creado registros pictóricos
y escritos que representan sus ideas, su medio y sus descubrimientos sobre diferentes
tipos de materiales - arcilla, metal, madera, papiro, huesos, seda, pergamino,
piel, papel y otros. Las bibliotecas han coleccionado históricamente estos
registros que expresan las distintas etapas de su evolución. En Egipto,
por ejemplo, han existido libros desde hace más de 6 000 años. El
libro más antiguo identificado es "La Instrucción de Ké-
Gemni", escrito con anterioridad al año 3 998 a.n.e, cuando el
rey Heuni murió y que se conserva en la Biblioteca Nacional de París.
Las primeras bibliotecas también se ubicaron allí.
El
surgimiento de la actividad bibliotecaria se ubica, según los historiadores,
alrededor de los años 2 750 a.n.e en el antiguo Egipto bajo el imperio
del rey Nefikere. En China, las primeras bibliotecas se crearon hacia el
año 2 650 a.n.e. El propósito general de aquellas primeras instituciones
fue el de preservar los registros de información de la época. Por
ejemplo, la biblioteca de Azurbanipal, una institución de carácter
privado, poseía colecciones sobre historia, leyes, ciencia, dogma, magia
y leyendas.
Las raíces de la profesión archivística
han podido trazarse hasta el año 2 400 a.n.e. El primer archivo de negocios
identificado fue el de los asirios en Kultepe, Cappadocia, el cual data del año
2 000 a.n.e. A su vez, la creación de registros de las transacciones comerciales
y la formación de sus colecciones originó las bibliotecas comerciales.
En la antigüedad, existían bibliotecas de gobierno; el interés
de los gobiernos por el comercio y el registro de las operaciones comerciales
llevó a que dichos registros pasaran gradualmente a ser parte más
de las bibliotecas que de los archivos. Dondequiera que se acumule información,
sea esta del tipo que sea y se necesite de su consulta, se impondrá una
organización, surgirá allí entonces una nueva biblioteca.
Y como parte de esa organización apareció, a inicios del
segundo milenio antes de nuestra era, según F. J. Witly, un artificio
similar por su función al resumen. Se empleó, por primera vez, en
algunas de las cubiertas de arcilla, que guardaban documentos cuneiformes mesopotámicos.
La idea de esa envoltura no es la de proteger el documento del deterioro, sino
la de evitar el abrir la cubierta sólida que lo protegía. El documento
podía estar, bien escrito completamente fuera con la marca real, o resumido
en la cubierta, acompañado por la misma marca.
Ahora bien, las
primeras escrituras científico-técnicas aparecieron en forma de
inscripciones sobre bloques de arcilla, papiro y pergamino. Aquellos primeros
registros son, a menudo, fragmentarios e intraducibles. Dichos registros documentan
el hecho de que las primeras civilizaciones eran altamente desarrolladas. Muchas
tabletas cuneiformes descubiertas,de origen babilónico, hacen referencia
a la matemática; algunas de ellas datan de entre los años 1 800
y 1 600 a.n.e.
Las excavaciones en la Biblioteca de Azurbanipal han
permitido el descubrimiento de más de 20 000 tabletas cuneiformes de las
cuales más de un tercio tratan temas científicos. Un estudio documental
completo de todas las ramas de la ciencia, la tecnología, la industria,
la química, la biología, la agricultura y la medicina .Un testigo
del desarrollo de la civilización avanzada de los chinos en tiempos más
remotos, está recogido en el monumental trabajo de Needham titulado "La
ciencia y la civilización en China".
Pero, sucede que
la historia de la literatura es inseparable de la de las sociedades científicas
como la de Thales (640-546 a.n.e.), la de Phytágoras (582-497 a.n.e.)
y la Academia de Platón (427-347 a.n.e.) que existían desde
los inicios de las primeras civilizaciones en China, Grecia, Egipto, India y Arabia.
Las academias de Alejandría, fundadas por los Tolomeos, fueron instituciones
residenciales de investigación, donde renombrados hombres de ciencia se
acomodaron y, financiados por el rey, dedicaron todas sus energías al estudio
y la investigación de las ciencias físicas y médicas.
Precisamente, a una de ellas perteneció Aristóteles,
384-322 a.n.e, quien introdujo el método inductivo en la investigación
científica. Y es que ciencia implica objeto y método. El pensamiento
científico nace cuando surge la causalidad, cuando se establece la relación
entre unos y otros fenómenos en que unos son causa y otros, efecto, la
explicación científica, y dicho sea de paso, de esta ha carecido
sistemáticamente la bibliotecología, una actividad eminentemente
práctica y empírica, donde abundan las investigaciones de carácter
descriptivo sin explicaciones. Muchos siglos después, con el Renacimiento,
la metodología científica se convirtió en una rama independiente
del conocimiento. También, durante el Renacimiento, resurgieron las sociedades
científicas, que cobraron auge hacia los siglos XVI y XVII.
Hacia
el año 295 a.n.e., se fundó la Biblioteca de Alejandría bajo
la égida de Tolomeo I. Este lugar fue en su época el cerebro
y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto
de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca
estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden
del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter
profundamente interrelacionado de todas las cosas. Había en la biblioteca
una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina,
la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas,
la biología y la ingeniería. La ciencia y la erudición habían
llegado a su edad adulta.
La Biblioteca de Alejandría es el
lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático
el conocimiento del mundo.
Sus emisarios recorrieron el mundo conocido
hasta aquel entonces para recolectar una copia de cada libro, intento que aunque
no pudo completarse, permitió reunir el cuerpo entero de la literatura
griega; además de recolectarse una vasta bibliografía sobre Babilonia,
la India, el antiguo Egipto y otros países del Asia Occidental.
Aunque
desde tiempos inmemoriales existieron pequeñas colecciones privadas de
libros y depósitos asociados con palacios, templos, etc. y la Casa de los
Papiros poseía un catálogo grabado sobre una pared de piedra del
templo, no es hasta el Imperio Griego y el establecimiento de la Biblioteca de
Alejandría que Egipto posee bibliotecas organizadas, bien diferentes a
pequeñas acumulaciones de libros, con la sola excepción de la biblioteca
de Ramses II (1 326- 1 234 a.n.e.) en Tebas, donde trabajaron los bibliotecarios
Neb-Nufre y Nufre Heteb. Durante el larguísimo reinado de
Ramsés II, Egipto conoció su último y más brillante
esplendor, gracias a una etapa de prosperidad económica, que favoreció
el desarrollo de las letras y permitió la realización de importantes
obras arquitectónicas.
El primer bibliotecario del que se tenga
noticias, fue Lao Tse (570-490 a.n.e.), un filósofo chino considerado
el fundador del taoísmo, trabajaba en una de ellas alrededor del año
554 antes de Cristo.
Entre los años 300 y 100 a.n.e., la biblioteca
de Alejandría conservó los primeros papiros egipcios, que revelan
un interés científico en temas como la producción de metales
y tintes, la matemática y la medicina veterinaria. Sin embargo, las escrituras
científicas más completas procedían de la antigua Grecia.
Sus primeros bibliotecarios fueron: Zenodoto de Éfeso
(325-234 a.ne), el primero de ellos, Demetrius de Falero (350-283 a.n.e.),
a quien se debe la idea de la creación de la biblioteca y quien la dirigió
por orden de Ttolomeo I, y Calímaco de Cirene (310-235 a.n.e),
el máximo exponente de la poesía helenística. Algunos escritores
creen que Calímaco seguía unas reglas de catalogación
encontradas en la biblioteca de tabletas de arcilla de Azurbanipal en Nínive.
De lo que sí existen pruebas es de la existencia de un inventario de la
literatura almacenada en la biblioteca, dividido en 120 volúmenes. "Pinakes",
fue el primer gran catálogo de biblioteca en la historia de la civilización.
Los primeros bibliotecarios fueron líderes intelectuales - sacerdotes,
reyes, maestros y otros. Ellos tuvieron dos grandes preocupaciones: una la compilación
de bibliografías y dos, la preparación de catálogos que comenzó
en Alejandría. Al principio sólo se dedicaban a la custodia de documentos
oficiales y otros que estaban entremezclados.
Los catálogos
tienen una función bibliográfica. Ellos nacieron junto a los libros.
Su primera función fue numerativa. Los catálogos, mas tarde, se
convirtieron en bibliografías. Los catálogos generales en tarjetas
o en forma de libros y las bibliografías fueron los antecedentes directos
de las bases de datos bibliográficas.
Los bibliotecarios fueron
primariamente bibliógrafos. La bibliografía comenzó a diferenciarse
de la catalogación e inició su propio desarrollo como disciplina
cuando se separó de los catálogos de las bibliotecas, cuando dejó
de registrar la totalidad de sus fondos, cuando incluyó los de otras, cuando
representó intereses temáticos, geográficos, autorales y
otros distintos a los del registro universal de los documentos
El ánimo
de los sabios para usar la biblioteca y extraer libros de ella condujo al aumento
de las preocupaciones de los bibliotecarios y mostró la necesidad de introducir
diferentes niveles y calificaciones para el personal bibliotecario. Las evidencias
indican que los primeros bibliotecarios fueron custodios, guardianes, probablemente
sacerdotes, así como hombres cultos. Más tarde estos se sustituyeron
por maestros. Con el decursar del tiempo, los administradores de las bibliotecas
romanas, por ejemplo, requerían conocer sobre los libros latinos y griegos,
la intelectualidad y la eficiencia de su institución.
Aunque el desarrollo
de las bibliotecas como instituciones sociales, abiertas al público, aconteció
hacia el siglo IV a.n.e en el propio Egipto bajo la dinastía Tolomeo, no
es hasta el año 39 a.n.e. que se fundó la primera biblioteca pública
en Roma. A finales del siglo cuarto, existían entre 28 y 30 bibliotecas
públicas en Roma.
Si bien durante los siglos antes de nuestra
era, la inmensa mayoría de los registros se realizaron a mano, existen
evidencias de que en Oriente ocurrieron las primeras manifestaciones de impresión
directa, con procedimientos xilográficos durante el siglo VII, especialmente
para la estampación de tejidos. En Europa, su introducción fue más
tardía y, aunque los primeros testimonios que se conservan son del siglo
XIV - juegos de naipes, estampas religiosas y calendarios -, habría que
esperar hasta el siglo XV, con la difusión del papel, para poder hablar
de la auténtica expansión de la xilografía.
La
xilografía consiste básicamente en reproducir una imagen grabada
en una plancha de madera sobre una lámina de fibra vegetal, más
o menos refinada: por ejemplo, papel. Su nombre proviene del griego Xilós,
que significa madera, y Grafía, que significa escritura. El método
de trabajo es diferente en Oriente y en Occidente. Los países asiáticos
lo conocen desde antes, cultivado por los inventores chinos, que fueron los que
introdujeron avances técnicos como el papel, la tinta, la imprenta, etc.,
sin los cuales Occidente no hubiera podido avanzar cualitativamente como lo hizo
en el siglo XV. A Japón llegó a partir del siglo VIII, importada
desde China.
La xilografía junto con el linograbado constituyen
las principales técnicas de grabado en relieve.
A pesar de
que es una técnica básicamente aplicada a la reproducción
de imágenes, también se utilizó para la reproducción
de textos. La gran expansión de la xilografía se produjo en el siglo
XV, sobre todo en Alemania. En el siglo XVII el grabado en madera entró
en una fase de declive al verse desplazado poco a poco por el grabado en metal.
A pesar de ello, en la siguiente centuria se vivió un verdadero resurgimiento,
fruto de la difusión de la xilografía a testa llevada a cabo por
Thomas Bewick.
Esta nueva técnica de talla de la madera permitía alcanzar un nivel de precisión muy elevado. Por ello, durante el siglo XIX, se aplicó, sobre todo, a la ilustración de libros y de publicaciones periódicas. Una vez liberada de su función utilitaria, gracias a la aparición de la fotografía y de los sistemas fotomecánicos de reproducción, artistas como Paul Gauguin, Eduard Munch y los miembros del grupo expresionista alemán "Die Brücke" encontraron en la xilografía un extraordinario medio de expresión y creatividad.
Hacia el siglo I, Alejandría,
un puerto de Egipto a las orillas del Mediterráneo, se convirtió
en la mayor ciudad del mundo antiguo. Gentes de todas las naciones llegaron allí
para vivir, comerciar y aprender. Alejandría, en su momento, fue la capital
editorial del planeta. Hace unos 2 000 años, los mejores pensadores de
la antigüedad establecieron, allí, las bases del estudio sistemático
de la matemática, la física, la biología, la astronomía,
la literatura, la geografía y la medicina. Como es lógico, entonces
no había prensas donde imprimir. Los libros eran caros, cada uno se copiaba
a mano. La biblioteca de Alejandría era la depositaria de las copias más
exactas del mundo. El arte de la edición crítica se inventó
allí también. Durante mucho tiempo esta biblioteca fue la primera
del mundo. Sin embargo, pronto una biblioteca de la ciudad de Pérgamo en
Asia Menor comenzó a hacerle la competencia. El faraón en venganza
prohibió la exportación de papiro al Asia Menor. El rey de Pérgamo
ordenó entonces a sus más hábiles artesanos fabricar algún
material que permitiera reemplazar al papiro, surgió así el pergamino.
El pergamino poseía numerosas ventajas sobre el papiro. Era fácil
de cortar y se podía doblar sin temor a romperlo o estropearlo. Se podía
escribir por las dos caras. Se podía cortar y reunir las hojas en cuadernos,
los cuadernos se cosían y se formaba un libro. Así apareció
el primer libro hecho con hojas separadas y cosido posteriormente.
Cuando en Europa, los griegos y los romanos escribían todavía sobre el papiro egipcio, siglo I, los chinos fabricaban el papel.
Sin embargo, transcurrieron
muchos años antes de que el papel penetrara en Europa, procedente de Asia.
En el año 704, cuando los árabes conquistaron la ciudad de Samarcanda,
en el Asia Central, se llevaron entre sus botines el secreto de la fabricación
del papel. Así, en todos los países conquistados por los árabes
(Sicilia, España y Asiria) se establecieron fábricas de papel.
En el siglo XIII, había molinos de papel en Alemania, Francia e Italia. Un siglo más tarde el pergamino se convirtió en una cosa rara. A su vez, en China y en Japón se conocía, en los siglos VIII y IX de nuestra era, la estampación con tinta sobre papel y tela de los grabados hechos con arcilla, piedra, cobre o madera. Este último procedimiento, que ha dado notables obras artísticas y grandes maestros, corresponde a la xilografía europea de los siglos XV y posteriores.
Durante los
siglos VIII, IX y X, gran parte del conocimiento griego se transmitió al
mundo árabe mediante las traducciones que se realizaron al sirio y al árabe.
Los árabes, al igual que los griegos, contribuyeron de forma significativa
al progreso de los campos de la medicina, la astronomía, la matemática,
la química, la física y otros. Más tarde, los monjes tradujeron
los textos árabes al latín. Estos manuscritos, en forma de pergaminos,
sobre temas científicos, representaron el nivel más alto del progreso
en el arte de la difusión de la información hasta la creación
de la imprenta a mediados del siglo XV.
Por otra parte, en materia
de organización bibliotecaria, a pesar de que en el siglo I a.n.e., se
creó el primer sistema de clasificación en China, "Los siete
epitomes", -epitomes es algo así como resúmenes-, cuyo dominio
se extendió en el país hasta el siglo tercero y que, entre los años
213 y 280, el bibliotecario imperial de la dinastía Wei introdujo
otro sistema de clasificación, el "Sistema Cuádruplo",
que rigió hasta los tiempos modernos, en Europa, los sistemas de clasificación
comenzaron su desarrollo entre 1440 y 1480. Por aquella época, la librería
de Vespaciano era un centro cultural de la época en Florencia, Italia.
Allí Parentucelly creó el primer sistema práctico
de clasificación. G. Naudé, desarrolló otro sistema
de clasificación en la biblioteca de Mazarini, en Francia. En 1643, se
abrió la biblioteca que él organizó desde 1627. Entre 1575
y 1780, se perfeccionó y reconoció en Europa y América, y
lidereó ese campo desde el último cuarto del siglo XVI hasta 1780.
Hasta 1855, los franceses realizaron otros intentos por crear nuevos sistemas
de clasificación.
Y en este sentido, puede apuntarse que el
primer ordenamiento alfabético que se halló pertenece al siglo XI
en la obra titulada "Materia Médica", de Dioscórides
Pedonius.
En el siglo XI, el impresor chino Pi Sheng ideó
los primeros tipos móviles o caracteres en bloques independientes. Sin
embargo, este descubrimiento no se produce en Europa hasta unos tres siglos después.
Hasta aquel momento, la reproducción más avanzada de los textos
se realizaba con procedimientos xilográficos que requerían de laboriosas
correcciones cuando alguna de las letras en alto relieve se rompía; esta
situación pudo originar la idea de utilizar el tipo móvil. Según
parece, parece Johann Gutemberg, durante su estancia en Estrasburgo (1439-1444),
donde trabajó como xilógrafo, comenzó a utilizar caracteres
móviles que se alineaban para formar renglones, es decir signos y letras
grabadas independientes en madera.
En la década de 1440, J.
Gutemberg aplicó los conocimientos existentes sobre fundición
de metales a la fabricación de tipos móviles y adaptó la
prensa que se utilizaba en la fabricación de vinos al proceso de impresión.
Fue la invención de la imprenta con tipos móviles a mediados
del siglo XV la que posibilitó una rápida y amplia difusión
del conocimiento. Este es uno de los avances más significativos tanto en
la historia de la ciencia como en la de las bibliotecas científico - técnicas.
Durante 400 años, la composición tipográfica no conoció
otro sistema de composición que no fuera el manual. En el siglo XIX, se
logró un gran progreso en este sentido, con la introducción de las
máquinas para realizar el proceso de composición de textos.
Es por esta época, pero en China, que se prepara la enciclopedia
Yongle, la más antigua del mundo, con 11 095 libros en 22 877 volúmenes.
Fue recopilada entre 1 403 y 1 407 bajo el mandato del emperador Yongle, de la
dinastía Ming, más de tres siglos antes de que el francés
Denis Diderot concibiera la primera enciclopedia en Occidente en el siglo
XVIII. A su terminación, era 12 veces más grande que la compilada
en la Francia de la Ilustración. De sus 11 095 volúmenes quedan
en la actualidad sólo unos 400 desperdigados por varias bibliotecas del
mundo.
Por su parte, el desarrollo medieval de la biblioteca transcurrió
en los monasterios, en particular en los benedictinos y augustinianos. En el siglo
XV, los monasterios europeos compitieron para recolectar libros y crear sus bibliotecas.
Un paso hacia las bibliotecas modernas fue el surgimiento de las bibliotecas de
las ciudades que aparecieron entre los siglos XV y XIX en Inglaterra, Escocia,
Francia y Alemania: Ratisbon, Alemania, 1430, Caen, Francia, 1431, Ulm, 1440,
Erfurt, 1440, Nurenberg, 1445, Hamburg, 1529 y Lubeck y Lyons, 1530. La biblioteca
de Caen se abrió al público en 1809.
El descubrimiento
de América, a finales del siglo XV, constituyó un fuerte golpe a
la aceptación tradicional de los postulados de las autoridades antiguas;
estimuló el desarrollo de las matemáticas; la recuperación
completa de la herencia antigua que incluyó la reinterpretación,
análisis de la vigencia, así como el descarte de las viejas ideas
e imprimió un impulso decisivo al desarrollo de la ciencia.
Para la ciencia y la información, durante esta etapa se produjeron tres hechos de gran significación: el invento de la imprenta, el surgimiento de las universidades, el surgimiento de las bibliotecas de las ciudades uno externo, pero importante, el descubrimiento de América.
En el siglo XVI, las bibliotecas científico-técnicas obtuvieron
un avance significativo. Uno de los factores que influyó en este hecho
fue el crecimiento del número de sociedades científicas, descendientes
de las escuelas de la antigua Grecia - Tales, Pitágoras y
Platón -, así como de los museos y bibliotecas de Alejandría,
fundadas por Tolomeo. Dichas escuelas resurgieron en el siglo XVI en Italia. En
1560, Della Porta organizó la Accademia del Segreti en Nápoles.
En 1603, se fundó, en Roma, la Accademia dei Lincei que comprendía
a Galileo y a Della Porta. En 1652, apareció otra academia
importante, existente aún, la Accademia Naturae Curiosorum, que
estimuló el crecimiento de la ciencia en los estados germanos. Le siguieron
la Royal Society de Londres, fundada en 1 662, para promover el conocimiento
natural y la Academie des Sciences de París en 1 666, en la seguna mitad
del siglo XVII.
Una de las academias más importantes fue la
Royal Society de Londres. Ella publicó su influyente Philosophical Transactions,
así como los Proceedings. Las sociedades científicas se extendieron
posteriormente a lo largo de Francia, Alemania, los Estados Unidos, Escocia, Irlanda,
etc.
Hacia 1660, aparecieron las sociedades científicas nacionales.
La publicación de los debates que se produjeron en estas sociedades
científicas originó otro suceso significativo en la historia de
las bibliotecas científico - técnicas: el nacimiento de las revistas.
Las primeras revistas - como la Philosophical Transactions y la Journal des Scavans,
ambas publicadas en 1665 - tuvieron un alcance general.
Si bien, en
los días de la Biblioteca de Alejandría, se preparaban resúmenes
para el servicio de los académicos que encontraban difícil la lectura
de los largos papiros, en el siglo XVII, el resumen cambió de medio de
comunicación privado a sistema de diseminación pública de
la información, pero su función era la misma: facilitar la identificación
y selección de los documentos pertinentes a un área de interés
determinada.
En 1664, Sir Devis de Sallo, un consejero de la
corte del parlamento francés, propuso un proyecto para crear una revista
secundaria. En 1665, apareció "Le journal des scavans", con una
frecuencia semanal.
Durante los siglos XVI y XVII, crecieron las bibliotecas
monásticas, surgieron las públicas modernas y se establecieron las
universitarias. Aun cuando los archivos y las bibliotecas resultaron comunes en
las casas comerciales de Egipto y Babilonia y después en las de Alejandría,
Atenas y Roma, las bibliotecas económicas tardaron en aparecer, así
como su consideración en los sistemas de clasificación. Uno de los
signos del crecimiento del interés en las operaciones de negocios es la
publicación de "Molynes's conmetudo, vel, lex maercatoria", un
manual para llevar la contabilidad mercantil, entre 1622 y 1656.
En
1610, se ordenó la organización de la State Paper Office de Gran
Bretaña en forma de biblioteca; surgieron así las categorías
para clasificar estos materiales. Finalmente, entre finales del siglo XVII y finales
del siglo XVIII, ocurrió un gran desarrollo del comercio y, por lo tanto,
de las necesidades de información de los mercaderes.
Si bien,
la bibliografía como actividad, puede comenzar a rastrearse a partir del
trabajo de los bibliógrafos - ilustrados de la Biblioteca de Alejandría,
fundada por los Tolomeos unos dos siglos antes de la era cristiana, -aunque
sin dudas, hubo intentos anteriores por organizar los conocimientos- y los comienzos
de una bibliografía sistemática pueden situarse en los inventarios
y catálogos de las bibliotecas particulares en Europa, el Oriente Medio,
y Asia, durante las eras pre - cristiana y cristiana, no es hasta 1545, que, con
la publicación de la bibliografía titulada "Biblioteca universal"
del botánico y físico suizo Konrad von Gesner, que apareció
la idea de una palabra de entrada para cada libro como punto de acceso en la búsqueda
de información.
En esta obra, se utilizó también,
por primera vez, un ordenamiento alfabético por autores. El segundo volumen
se ordenó según código temático de clasificación
y presentaba un índice alfabético de materias que remitía
a los códigos de las clases.
En 1 595, apareció un índice
de apellidos, por primera vez, con la publicación del Catalogue of English
Printed Books de Andrew Maunsell. Las obras de Joanes Antonides van
der Lin, De Scriptis Medicis, de 1637. Martinius Lipenius, de
1679 a 1685, y los trabajos de Cornelius y Beughem, entre 1637 y
1688, dieron lugar a los índices principales, cruzados, de autores y de
materias, así como a un orden específico en el asiento bibliográfico.
Uno de los esfuerzos más notables durante este siglo para el
desarrollo de la bibliografía es precisamente el de Konrad von Gesner,
quien ha llegado a conocerse como el "padre de la bibliografía moderna",
el cual al momento de su muerte en 1565, había completado casi una monumental
bibliografía sobre las escrituras en griego, latín y hebreo del
mundo conocido.
Entre los siglos XVI y XVII, con posterioridad al
desarrollo de las bibliografías generales, surgieron cierto grado de especialización
y diferenciación temática en el proceso bibliográfico. Dicha
especialización, al parecer, ocurrió debido a la incapacidad de
las instituciones bibliotecarias para enfrentarse a un trabajo multidisciplinario,
la particularización de las necesidades y los servicios de información.
Parece ser este el momento en qué pueden situarse los antecedentes de la
concepción de la bibliografía como un producto para los usuarios
y no sólo como una actividad dirigida a recopilar, sistematizar u ordenar
los documentos de una institución.
El nacimiento de las actividades
catalográfica y bibliográfica parece estar muy relacionados en sus
orígenes. El asiento catalográfico o bibliográfico, en dependencia
de la actividad que lo genere, es el producto común de ambos procesos.
Pero la bibliografía se diferencia del catálogo, cuando su objetivo
difiere del registro de la totalidad de los fondos de la biblioteca. Su contenido
entonces puede abarcar solo una parte del fondo o ir más allá del
fondo propio de la institución que la realiza.
En el marco
de la revolución científica, ocurrió un movimiento de sistematización
del conocimiento acumulado, el trabajo científico se soportó sobre
nuevas bases y se redireccionó. Mientras esto sucedía con las matemáticas,
la anatomía, la fisiología, la astronomía, la química
y en otras muchas áreas, existieron pocas esperanzas de reducir los fenómenos
mediante una teoría unificadora determinado por el volumen de datos recopilados
en el contexto de estas disciplinas. Así ocurrió en la zoología
y en la botánica, que solo pudieron aspirar a describir con exactitud los
hechos y esperar a que apareciera una teoría de este tipo.
El
creciente flujo de información puso una carga excesivamente pesada sobre
las viejas instituciones y prácticas, que no eran suficientes para publicar
los resultados científicos hasta aquel entonces solo diseminables en costosos
libros, que pocos podían comprar cuando se necesitaba canales mediante
los cuales la información pudiera distribuirse amplia y rápidamente.
Se requería, a la vez, de cierto grado de confiabilidad en los datos de
los trabajos científicos. Para esto, se requería de confirmación
independiente y de la crítica.
Las sociedades científicas
tienen una gran importancia en el crecimiento de las bibliotecas, en la aparición
de las publicaciones, en especial, de las revistas y en general en la producción
de la información, de conocimiento; con el crecimiento de la información
está aparejado el de las bibliotecas, producir más información
requiere de consultar más información y esto de más servicios
de información y bibliotecas. La bibliografía es una disciplina
que se ha desarrollado paulatinamente a lo largo de los siglos, desarrollo progresivo,
cuanto más cuantitativo, sin explosiones o revoluciones cualitativas.
Los procesos de cooperación y de desarrollo parecen moverse de lo particular a lo general, de la biblioteca a la región, de ahí a lo nacional y de ahí a la región y a lo internacional.
A partir de los años 1700, comenzó a prestarse
más atención a la representación del contenido temático
de los libros que a su descripción bibliográfica. En Inglaterra,
el libro comenzó a dejar de ser un objeto extravagante que se adula o simplemente
se lista y se revela como una entidad con una cantidad significativa de detalles,
si se estudia con profundidad.
Aunque desde el comienzo de la historia
registrada de las bibliotecas, el acceso a las colecciones se ha realizado mediante
catálogos. No es hasta 1 775, en que Abbé Rozier de la Academia
de Ciencias de París, utilizó por primera vez tarjetas, con un uso
temporal, para preparar un índice general sobre sus propias publicaciones
entre 1666 y 1770. A finales del siglo, en 1790, se originó, en la French
Constituent Asembly, la idea de utilizar tarjetas para la catalogación
de libros como registro permanente.
En 1791, apareció el primer
código nacional de catalogación. Como resultado de la revolución
francesa, muchas bibliotecas monásticas, institucionales y privadas pasaron
a manos del gobierno, razón por la cual surgió la necesidad urgente
de acelerar el proceso de catalogación y de unificación de los formatos.
En materia de bibliografía, aunque se utilizaron índices
alfabéticos hasta la Edad Media, la indización de la literatura
científica no tuvo su momento hasta el siglo XVIII cuando la revista científica
llegó a establecerse firmemente como un medio muy útil para la diseminación
de la información científica.
La primera revista de
revisión científica fue, según D. A. Kronick, "Comentarii
de Rebus in Scientia Naturali et Medicina Gertis", publicada en Leipzig entre
1752 y 1798. La revista de revisión existe desde el comienzo de este canal
de comunicación; las primeras revistas contenían en esencia revisiones
de libros. Pero no es hasta finales del siglo XIX, en 1882, que F. Poole
creó uno de los índices pioneros para la sistematización
de las publicaciones periódicas.
Sin embargo, no es hasta finales
del siglo XVIII, que las revistas científico - técnicas comenzaron
a tratar temas propiamente científicos.
En materia de archivos,
en 1713, el patrón general de cada oficina gubernamental que mantenía
su propia colección de registros no corrientes comenzó a cambiar
con la creación de un edificio destinado especialmente al almacenamiento
de registros procedentes de diferentes partes del país en Hanover. Pero,
los primeros archivos realmente nacionales se establecieron en Francia en 1794
cuando el anterior archivo parlamentario se convirtió en el archivo central
al cual se subordinaban los archivos provisionales. Hasta el establecimiento de
los archivos nacionales franceses, las colecciones existieron sólo para
soportar las funciones gubernamentales o eclesiásticas, los académicos
solo pudieron acceder ocasionalmente a ellos para su investigación. Entonces
el acceso público a los archivos se convirtió en un derecho y dejó
de ser un privilegio.
Las bibliotecas comerciales, por su parte, a comienzos
del siglo XVIII, comenzaron a compilar múltiples materiales estadísticos,
especialmente de carácter demográfico. Dichos documentos contenían
información económica que era oportuno preservar. El número
de bibliotecas dedicadas a temas comerciales creció con rapidez. Entre
el último cuarto del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, creció
la literatura sobre temas económicos en número y contenido.
Al principio, la utilización de los materiales en las bibliotecas
era mínima; sin embargo, esta situación cambió a partir de
que las bibliotecas adquirieron carácter público o semipúblico.
Hasta entonces la economía y la administración de los negocios no
fueron disciplinas que produjeran mucha literatura o tuvieran una fuerte tradición
de investigación como para desbordar las bibliotecas privadas. Este crecimiento
produjo la aparición de una nueva categoría de bibliotecas especializadas:
las relacionadas con los negocios y la economía.
En 1795 y
en 1808, se establecieron las dos primeras bibliotecas mercantiles, antecedentes
directos de las bibliotecas públicas en Gran Bretaña, la Birmingham
Artisans Library y la Anderson Institution Library.
En tanto, aunque
la primera escuela de medicina independiente se estableció en Salerno en
el siglo XI y esta tenía una pequeña biblioteca de medicina, las
primeras bibliotecas médicas institucionales de los Estados Unidos se establecieron
en el Hospital de Pensylvania en 1762 y en el Colegio Médico de Filadelfia
en 1788. Esta fue una época en la que los médicos y los científicos
construyeron sus propias bibliotecas personales. Para esto, siguieron el patrón
que establecieron los conocedores y los acaudalados en esta materia desde tiempos
remotos.
Sin embargo, en la medida en que creció y se desarrolló
la enseñanza médica, creció y se desarrolló la biblioteca
médica. Hunt, describe el progreso de la biblioteca médica en Norteamérica
como un corolario de la "gran expansión de la literatura médica
y de las normas más altas que se aplicaron, tanto a las escuelas de medicina
como a los hospitales".
Ya en el siglo XIX, entre 1859 y 1889, se fundaron 39 bibliotecas más y durante el siglo XX, esta cifra se multiplicó por cuatro.
En el siglo XVIII, pudo observarse también, la aparición
de bibliotecas circulantes con fines lucrativos. La venta de libros es una práctica
muy antigua.
A finales del siglo XVIII, en 1 794, se creó la
primera gran escuela científica del mundo moderno, Ecole Polytechnique,
en París. Y en 1 795, la Biblioteca Nacional de Francia, la primera de
su tipo. El crecimiento de las bibliotecas nacionales esta relacionado con el
desarrollo de los estados burgueses soberanos como resultado de sus esfuerzos
por consolidar la cultura y la ciencia nacional.
En materia tecnológica,
A finales del siglo XVIII, A. Senefelder, nativo de Praga y residente en
Munich, Alemania, descubrió y desarrolló los fundamentos científicos
y la forma de operación de los sistemas de impresión indirecta (offset,
litografía), que dio paso al nacimiento del offset de oficina.
En
1876, se celebró la primera conferencia de la American Libraries Association
(ALA) sobre relaciones personales entre bibliotecarios y lectores.
Puede concluirse que durante el siglo XVIII, la ciencia sólo ofreció a la industria la esperanza de que la observación y la experimentación cuidadosa pudieran incrementar significativamente la producción industrial.
La tecnología
En el siglo XIX,
aparecen los primeros intentos por utilizar ciertos dispositivos para facilitar
el manejo de la información. En 1829, William A Burt, patentó
la primera máquina de escribir en Estados Unidos. En 1856, A E Beach,
inventó una máquina en la que se empleó, por primera vez,
las barras de tipo, dispuestas en forma circular que imprimían sobre un
centro común.
En 1869, el alemán Kasterbein construyó
la primera componedora mecánica, esta comenzó a utilizarse tres
años más tarde por el periódico Times de Londres. Hacia el
año 1870, Sholes, Soule y Glidden, construyeron la primera máquina
práctica de escribir con posibilidades de fabricación en gran escala,
que comenzó a comercializarse ocho años más tarde.
En
1876, el bibliotecario de la Universidad de California propuso no perder tiempo
en obtener el conocimiento y la habilidad necesaria para manejar distintos instrumentos,
26 años después se comenzaron a producir tarjetas de catálogos
mecanografiadas, 20 años más tarde, la mecanografía se convirtió
en un requerimiento para la admisión en Berkeley School of Librarianship.
En 1877, Rowell, de la Universidad de California, planteó
que la máquina de escribir era un instrumento con posibilidades de uso
para la catalogación en las bibliotecas. Sin embargo, en este sentido,
existe un antecedente aún más remoto. Aunque la introducción
del procesamiento automático de datos en las bibliotecas y los centros
de información comenzó hacia mediados del siglo XX, los intentos
para adaptar los dispositivos mecánicos a las operaciones de las bibliotecas
se remontan a 1850 cuando Jewett, un bibliotecario del Instituto Smithsoniano,
realizó un contrato para el desarrollo de placas perfeccionadas de estereotipos
con el fin de imprimir catálogos de bibliotecas.
En esta misma
línea, en 1 884, Ottmar Mergenthaler creó el sistema de composición
mecánica de líneas enteras, con su invento de la máquina
componedora y fundidora Linotype. La primera publicación realizada con
este equipo fue el periódico New York Tribune, el tres de julio de 1886.
En 1886, existía el papel carbón, los microfilmes y la máquina
de escribir.
En 1896, Frank Wagner patentó la primera
máquina de acción frontal que perfeccionaba a la anterior. Como
puede observarse, el inicio de este siglo estuvo acompañado del germen
de la tecnología para aliviar las labores de composición.
En
el campo de la fotografía, el primer proceso de esta clase se realizó
en 1829 por el pintor francés Louis Jacques Maude Doguene. La fotografía,
como arte práctico, comenzó su desarrollo en 1831, a partir de las
invenciones de distintos experimentadores.
En 1839, John Benjamin
Dances introdujo la microfotografía que era capaz de producir una microimágen
transparente, antecesora directa de los microfilms modernos. En el mismo año,
el belga Albretcht Breyer, inventó la reflectografía con
el fin de copiar páginas de libros impresos. En 1841, se desarrolló
el papel sensible. En este mismo año comenzó a utilizarse la microfotografía
en gran escala.
Sin embargo, la fotografía se empleó
poco durante la segunda mitad del siglo XIX, debido al alto costo y demora del
proceso que impedía su utilización práctica. Para la copia
de materiales se requería de un proceso más económico.
En 1900, Abbé Rene Graffin, profesor del Instituto Católico
de París, inventó el proceso fotostático, diseñado
para la copia de libros.
En materia de comunicación, A G.
Bell patentó uno de los inventos más importantes para el desarrollo
de las comunicaciones: el teléfono.
En 1895, G Marconi,
logró enviar, por primera vez, señales inalámbricas a una
distancia de milla y media. Así, se convirtió prácticamente
en el inventor del primer sistema de telegrafía sin cables. En 1896, llevó
su invento a Inglaterra. Unos años más tarde, obtuvo la primera
patente mundial de un sistema de telegrafía sin hilos. En el año
1902, desde la estación Glace Bay (Nueva Escocia), envió el primer
mensaje entre Canadá y Gran Bretaña y en 1903, el primero entre
Gran Bretaña y Estados Unidos.
Los primeros antecedentes de
la creación de sistemas automatizados para las bibliotecas sitúan
hacia finales de este propio siglo. El fenómeno de la automatización
comenzó con las ideas de un bibliotecario, Herman Hollerith, un
empleado del Census Bureau, quien diseñó una máquina
para perforar tarjetas, que atribuyó su origen a una sugerencia del Dr.
John Shaw Billings, director de la Surgeon-General's Library, actualmente,
la National Library of Medicine de los Estados Unidos.
En el año 1890, Hollerith inventó un equipo que utilizaba las después conocidas tarjetas perforadas en la tabulación de las cifras del censo de ese año.
Por su parte, las
bibliotecas, sus servicios y, en especial, los bibliográficos, continuaron
su desarrollo a lo largo de todo el siglo. Durante este siglo, se establecieron
más de 20 bibliotecas nacionales. Aunque el comienzo de los servicios de
referencia se pierde en la antigüedad, el origen de los servicios de referencia
formales se ubica en las bibliotecas académicas y públicas de América
del último cuarto del siglo XIX. Su desarrollo durante el siglo siguiente,
parece haber conducido a los denominados servicios de consultoría, mucho
más especializados y rigurosos.
Igualmente, según F.
Witly, los primeros índices temáticos aparecieron en un trabajo
anónimo de siglo quinto, "Apothegmata", una lista de pensamientos
de varios padres griegos sobre ciertos tópicos teológicos, pero
es durante el siglo XIX, donde surgieron numerosas revistas secundarias, mucho
de los cuales, entrado el siglo XX, adquirieron la forma de bases de datos bibliográficas:
Engineering Index en 1884, la Catalogue of scientific papers de la Royal Society
of Londres, que apareció desde 1866 a 1925, en 1864, Zoological Record,
en 1879, el Index Medicus y Science Abstracts, en 1898.
A principios
del siglo XIX, surgieron las llamadas obras secundarias y terciarias, ellas no
son más que una consecuencia del crecimiento de la literatura. Así,
entre 1 801 y 1 821, apareció "Repertorium Commentationum a Societatibus
Literariis Editorum", una bibliografía de publicaciones científicas,
realizada por J. D. Reuss, en 16 volúmenes. Los académicos
y ejecutivos atareados siempre han utilizado los resúmenes, sumarios y
extractos de los documentos como sustitutos de sus fuentes.
Hacia los
finales del siglo XIX, ocurrió un crecimiento de las bibliografías
especializadas. La primera sociedad bibliográfica, la Societé Bibliographique
se fundó en 1868, en Francia, con el objetivo de promover el conocimiento
de los materiales existentes.
En 1 853, durante la primera conferencia
de bibliotecarios norteamericanos, celebrada en New York en 1853, Charles Coffin
Jewtt, un director asociado del Instituto Smithsonian, de en Washington, propuso
la creación de un catálogo colectivo nacional de los fondos de las
bibliotecas norteamericanas que podía reproducirse por un nuevo proceso
de estereotipia. Dicho catálogo nunca se materializó, debido a la
insuficiencia de la técnica de estereotipia disponible, pero se anticipó
al sistema de distribución tarjetas que se desarrolló con posterioridad
y a la fundación del National Union Catalog of the Library of Congress.
Sin embargo, hubo intentos anteriores, fragmentados, por sistematizar la bibliografía
existente incluso, en los primeros años de la América colonial.
En el progreso de la bibliografía como disciplina, es justo citar
al bibliotecario Sir Anthony Panizzi (1797- 1879), bibliotecario de la
Biblioteca Británica nacido en Italia, quien dirigió sus esfuerzos
al establecimiento de las reglas de entrada y la descripción bibliográfica.
Durante la última década del siglo XIX, el problema bibliográfico
adquirió gran importancia. Es por esta razón que, cuando en 1892,
Paul Otlet y Henry La Fontaine, celebraron su histórico encuentro
en Bruselas en 1892, tuvieron pocas dificultades en la organización de
los esfuerzos que condujeron a la formación del Instituto Internacional
de Bibliografía y sus planes para la realización de una compilación
mundial de la información bibliográfica registrada. Dicho instituto
se organizó en 1895.
La fundación, tanto del Instituto Internacional de Bibliografía como del Instituto Internacional de Documentación, constituyeron dos manifestaciones importantes del reconocimiento creciente de la necesidad de perfeccionar el acceso bibliográfico a los registros del saber.
En materia de catalogación
también se produjeron avances. En 1820, la Society of Telegraph Engineers
de Londres creó el que fue uno de los primeros catálogos de tarjetas
para el público. Sus antecedentes se sitúan en el Bodbian Catalogue,
que data del año 1620 y fue el primer catálogo general que sirvió
primariamente como una lista para la búsqueda. En 1834, la Harvard College
Library empleó, por primera vez en América, el catálogo en
forma de tarjetas. En el mismo año, el British Museum, formuló una
de las primeras reglas explícitas para la catalogación, Henri
H. Babes, cuyos antecedentes se encuentran en "Observations on the names
in which titles of books are to be entered and classed", de T. H. Horne,
del British Museum.
En 1841, Panizzi en colaboración
con otras autoridades del momento publicó "Ninety one rules",
que creó una base para los códigos futuros y afectó particularmente
a la bibliotecología de habla inglesa.
En 1853, C C Jewet
compiló el primer código de catalogación (reglas de catalogación)
en la biblioteca del Smithsonian Institution de los Estados Unidos. Las reglas
más amplias, las de C. Cutter, se publicaron en 1876.
Las
tarjetas de catálogos se utilizaron, por primera vez, antes de 1876 en
América. En 1876, la Boston Public Library comenzó a imprimir sus
tarjetas.
En 1901, la Library of Congress comenzó el programa
de impresión de tarjetas como medio para que las bibliotecas construyeran
de manera rápida y económica sus catálogos mediante tarjetas
compradas.
El siglo XIX fue un período de crecimiento prodigioso de los procedimientos de catalogación y de codificación.
Posteriormente,
la catalogación como la principal preocupación de los administradores
cesó y pasó a manos de técnicos entrenados.
En
1883, en la reunión de la ALA en New York, se estableció un conjunto
de reglas de catalogación que se publicó posteriormente en la Library
Journal, Este se perfeccionó y editó por C. Cutter en 1904.
Fue la base de "Catalog rules, author and title entries",
publicado por la ALA en 1908, al que se le llamó "Anglo-Americans
cataloguing rules", realizado en cooperación con la Library Association
de Gran Bretaña en Londres. Este fue un esfuerzo de gran éxito para
unificar las reglas de diferentes bibliotecas en una norma que seguirían
con entusiasmo los bibliotecarios al estar representadas las reglas de catalogación
de la Library of Congress, modificadas por la práctica de varias bibliotecas.
Desde finales del siglo XIX y principios del XX, dominó la
catalogación cooperada como vía para reducir la duplicación
de esfuerzos.
A su vez, entre finales del siglo XIX y principios del
XX, tuvo un desarrollo particularmente apreciable la teoría de las clasificaciones
bibliográficas y de la organización de los fondos. En 1 876, se
publicó el sistema de clasificación de Dewey. A esta época,
se remonta el comienzo del proceso de formación de las bibliotecas especializadas
y de los servicios referativos.
En la segunda mitad del siglo XIX,
se incrementa notablemente el volumen de la literatura publicada, se desborda
la capacidad de consulta del bibliotecario y, por tanto, del usuario. Se desarrollan
entonces significativamente, los procesos técnicos, como la catalogación
y la bibliografía para facilitar la consulta de la literatura, de las publicaciones
existentes, fundamentalmente libros y revistas.
Pero no sólo experimentaron un avance significativos los procesos
bibliotecarios sino también las instituciones. En Estados Unidos, la primera
biblioteca pública moderna se abrió en Peterborough, New Hamsphire,
en 1833. En Inglaterra, se estableció una ley para la creación de
las bibliotecas públicas y los museos en 1850. El número de ellas
creció rápidamente. En el último cuarto del siglo XIX, los
bibliotecarios se preocuparon por asistir a los adultos en la localización
y selección de los libros, se establecen así los antecedentes de
los servicios de referencia y de la educación de usuarios.
Dos
referencias, en este sentido, pueden ser los trabajos de J. Winsor, titulado "College
libraries as aids to instruction: the college libraries", publicado en 1880
y de W. Poole, "The university library and the university curriculum",
en 1893.
Durante la primera mitad del siglo XIX, se construyeron muchas bibliotecas, se adquirieron y pusieron en uso cientos de libros.
Un bibliotecario
típico, de aquel momento, era un hombre preocupado que leía el total
de las materias sobre las que se escribía. En la segunda mitad del siglo,
la literatura se multiplicó y se hizo imposible para un individuo leerlo
todo.
Tal y como crecieron las bibliotecas públicas, crecieron
las bibliotecas dedicadas al comercio. Las asociaciones de bibliotecas mercantiles
y mecánicas (bibliotecas de los institutos de mecánicos) fueron
parte importante del movimiento bibliotecario que se generó a comienzos
del siglo XIX. Aun cuando las colecciones de estas bibliotecas eran solo de interés
para un conjunto de lectores especializados en esas materias, dichas colecciones
todavía eran de carácter general, ni unas ni otras ofrecían
específicamente información sobre negocios. Estas instituciones
eran solo parte del movimiento humanitario que acompañaba la expansión
de la industria y la emergencia de las clases obreras.
Entre 1840
y 1899, se crearon 39 de bibliotecas técnicas y de negocios y 75 entre
1900 y 1909.
En el último cuarto del siglo XIX, el desarrollo
de las bibliotecas públicas usurpó las funciones de las bibliotecas
mercantiles, mecánicas y las de las fábricas. En 1886, se creó
la primera biblioteca técnica de una compañía, la Arthur
D. Little Company. En 1895, la Carnegie Library de Pittsburg tenía
un local donde se hallaban separadas las publicaciones técnicas. En 1902,
este alcanzó la categoría de departamento, el primero de su tipo
en los Estados Unidos. En el año 1900, la Providence Public Library abrió
un departamento industrial; a este le sucedieron otros muchos en las bibliotecas
públicas.
Se extendió la compilación y el uso de las bibliografías y la introducción de nuevas técnicas bibliotecarias se convirtió en una moda. Los individuos comenzaron a pedir a sus gobiernos la apertura de bibliotecas escolares y públicas. La situación demandó de un nuevo tipo de bibliotecario que tuviera habilidades organizativas y para los negocios. A mediados del siglo XIX, personalidades prominentes destacaron la importancia de desarrollar un entrenamiento apropiado para los administradores de las bibliotecas.
Las nuevas
bibliotecas públicas se destinaron más a facilitar el uso de los
libros que a preservarlos, se crearon para el servicio a la comunidad más
que para a una élite social, económica o intelectual. Consecuentemente,
se presionó al personal para que abandonara el enfoque de custodia que
era característico hasta ese momento. Algunos de los factores que propiciaron
la implantación de este nuevo modelo de trabajo institucional fueron la
transición de la economía rural a la economía industrial
urbana que requería de una población calificada, la necesidad de
instrucción de una gran cantidad de inmigrantes, el cambio de los modelos
universitarios, etcétera. En este nuevo modelo se reconocía la responsabilidad
del bibliotecario como agente activo en la diseminación de la información
más que en la organización de libros y revistas.
Las
necesidades de la investigación académica habían generado
la idea de arreglar y catalogar los registros de manera tal que se facilitara
su uso. El establecimiento de instituciones archivísticas en Europa llevó
rápidamente al desarrollo de programas formales de entrenamiento. El primero
de estos programas se impartió en la Ecole des Chartes en Francia 1821.
En 1829, M. Schrettinger fue, tal vez, el primero que sugirió
la creación de escuelas especiales para el entrenamiento de los bibliotecarios.
En 1 871, los profesores universitarios comenzaron a interesarse por la
naciente profesión, especialmente después que A. Kettle,
solicitara el entrenamiento de los bibliotecarios en Alemania.
En 1
876, se creó la ALA, con el propósito de promover el interés
del país por las bibliotecas y de agrupar a todos los interesados en la
economía de las bibliotecas y en los estudios bibliográficos.
En 1879, M. Dewey dijo "los médicos, los abogados y
otros tienen escuelas especiales pero los bibliotecarios cuya profesión
se había exaltado tanto debían aprender mediante sus propios experimentos
y experiencias".
En 1881, el planteamiento central de la conferencia
de la ALA fue la necesidad de bibliotecarios entrenados. Dicho planteamiento evidencia
la aparición de signos de profesionalización en la actividad bibliotecaria
por cuanto si cualquier profesional tuviera los conocimientos, las habilidades
y la actitudes necesarias para desarrollar el trabajo propio de estas instituciones,
no fuera innecesario entrenarse para ejecutar lo que en ellas se realiza.
El comienzo del entrenamiento bibliotecario sistemático en Estados
Unidos, se debe a M. Dewey, quien previó el crecimiento de la educación,
la industria y el progreso general de la América, el cual resultaría
en la creación de nuevas bibliotecas, diferentes de aquellas del viejo
mundo. El se percató que el custodio tradicional de libros nunca comprendería
el significado de las bibliotecas modernas como la universidad de las personas.
En 1886, se creo la cátedra de ciencias bibliotecarias en la
Universidad de Gottingen, Alemania.
En 1887, se abrió oficialmente
la primera escuela para la instrucción de los bibliotecarios en los Estados
Unidos, la "School of Library Economy", que se cerró un año
después.
Atrae la atención el nacimiento de las escuelas
de bibliotecarios bajo nombres que mencionan a la economía y a la administración.
Ello parece mostrar la importancia de estas disciplinas en el trabajo de dichas
instituciones aunque algunos autores actualmente pretendan demostrar que estas
materias han surgido recientemente en el ámbito informacional. Sin embargo,
resulta oportuno señalar que, aun cuando estos temas presentan una evolución
centenaria en la actividad de las bibliotecas, su concepción y desarrollo
fueron hasta hace prácticamente unas tres décadas bien diferentes
a los actuales.
La biblioteconomía formó parte del complejo
bibliológico desde el principio de la historia de las disciplinas bibliotecarias,
aun cuando su alcance no fuera el que tiene hoy.
La economía
es la ciencia que estudia la distribución de los recursos entre fines que
compiten entre si. Existe una falsa concepción sobre la economía
que la reduce a las actividades de carácter comercial. Por el contrario,
esta es aplicable a todas las esferas de la actividad humana; siempre, las personas
están obligadas a seleccionar entre alternativas que compiten entre si,
a maximizar las utilidades o el bienestar, a comparar costos y beneficios, así
como a distribuir recursos que incluyen tiempo y dinero para lograr un objetivo.
En 1898, el mismo Deweys plantea la posibilidad de realizar estudios
por correspondencia en bibliotecología. En Inglaterra, existió sólo
un colegio hasta 1946, la "School of Librarianship and Archive Administration".
Por su parte, la primera publicación
financiera apareció en 1860. Se trata del trabajo publicado por H. H.
Poor, titulado "History of the railroads and the canals of the United
States" (Poor's manual), un precedente del nacimiento de las bibliotecas
en el sector financiero.
En 1 852, se estableció una ley en
Inglaterra que dió origen al nacimiento de la literatura de patentes.
También en este siglo, pero a principios, surgió la idea
de las ferias de libros en Leipzig. Sin embargo, este es un evento que se popularizó
con posterioridad a la segunda guerra mundial. Leipzig Buchmesse, era una reunión
del comercio del libro con las casas editoras y de estas con los impresores que
se celebró desde 1825 hasta la segunda guerra mundial, hecho después
del cual continuó.
La invención y generalización
del uso de la imprenta en Europa introdujo la facilidad de la duplicación
de los documentos con lo cual cambió la naturaleza del comercio del libro.
Antes, el pequeño número de copias que se podían realizar
hacía extremadamente limitado el comercio. Al principio, la misma persona
desempeñaba las funciones de casa editora, impresor y vendedor de libros
y el proceso se realizaba de forma indiferenciada. La especialización de
funciones que se operó en esta actividad fue el resultado del crecimiento
del comercio de materiales impresos.
A comienzos del siglo XIX, apareció
la diversificación de funciones con la llegada de las prensas accionadas
por electricidad las cuales permitían imprimir un gran número de
ejemplares. La invención de la imprenta, las ferias del libro y el comercio
de ellos pueden considerarse como antecedentes de la industria del libro y, posteriormente,
de la industria de la información.
A finales del siglo XIX,
surge la administración pública, como nueva disciplina de las ciencias
políticas, es una idea norteamericana que nace del movimiento para la reforma
del gobierno que se produce a finales del siglo XIX.
La administración
pública difiere de la que se establece en los negocios en que se practica
en un sector no lucrativo y la toma de decisiones se deriva del conjunto de políticas
implementadas en la acción administrativa y legislativa, que no obedecen
a motivaciones lucrativas. Esta es su principal diferencia.
La administración
pública ha existido desde que existe el gobierno; es la administración
del sector público. En ella, se involucran aquellas actividades que son
necesarias para perfeccionar las operaciones de los departamentos, programas y
actividades que son el resultado de las decisiones de los cuerpos políticos,
forma parte de dicho cuerpo pero su objetivo no es la búsqueda del aspecto
político sino el de su implementación. Las bibliotecas han formado
y forman parte, en gran número aún, del área de la administración
pública; sin embargo, no es posible hablar de efectos significativos de
los cambios ocurridos durante casi un siglo en materia de la administración
pública sobre las bibliotecas hasta finales del siglo XX, cuando, se produjo
una verdadera reforma de este sector en busca de una mayor eficiencia en el trabajo
de las instituciones de gobierno.
En materia de desarrollo científico,
puede decirse, en forma general, que no es hasta la segunda mitad del siglo XIX
que este es capaz de proveer una ayuda considerable a la industria. Ello se concretó,
por primera vez, en la esfera metalúrgica con la producción de dinamos
y motores.
Es probablemente este momento, a partir del cual se produce un reconocimiento del valor de la información. Los resultados de la investigación científica comenzaron a tomarse en consideración por parte de la industria siglos después de creada esta última; poco o ningún uso se le dio a los conocimientos que generó la ciencia durante la etapa manufacturera del desarrollo industrial.
El uso de los conocimientos científicos
alcanzó posteriormente al comercio e invadió todas las esferas de
la vida social.
Una buena parte de los avances en materia de información
provienen de la introducción de sus sistemas en la industria, un sector
de la vida social con un ambiente y unas bases económicas diferentes.
Confluyeron entonces dos áreas del desarrollo social con orígenes diferentes: la ciencia y la técnica. Hasta determinada etapa del desarrollo de la técnica no resultó necesario un uso extenso del conocimiento científico acumulado o simplemente este no había alcanzado un desarrollo suficiente como para serle útil. Hasta ese momento, la ciencia se había beneficiado más de la industria que de otra cualquier área de la sociedad, al aprovechar sus medios técnicos para el desarrollo de las investigaciones.
Con posterioridad, la ciencia, en particular, la aplicada, experimentó
un gran auge al amparo de la industria, de sus recursos financieros y de infraestructura.
La revolución industrial ulterior se sustenta sobre el desarrollo de las ciencias modernas. El avance resultante de la aplicación de los conocimientos científicos a la solución de los problemas de la industria sirvió para estimular el soporte público a la ciencia.
Durante la primera década del siglo
XX continuaron su desarrollo acelerado los servicios bibliográficos. En
1908, el Instituto Internacional de Bibliografía definió los documentos
como todo aquello que representa o expresa por medio de signos gráficos
(escritura, cuadros, diagramas, gráficos, figuras, símbolos, etc.)
un objeto, un hecho, una idea o una impresión. Los textos impresos constituyen
los más numerosos.
A lo largo de todo el siglo, surgieron numerosos
índices, por ejemplo: Chemical Abstracts en 1907. Para que el Chemical
Abstracts alcanzara un millón de referencias registradas requirió
de 32 años, desde el 1907 al 1938; para dos, 18 años, (1956), para
tres, 7 años, (1963), para cuatro, 5 años, (1968), para cinco, 3
años, (1971).
Con posterioridad, se crearon otros: Biological Abstracts en 1926, Mathematical Review y Bulletin Signalitiqué en 1940, Excerpta Médica en 1947, Referativnyi Zhurnal en 1954 y Science Citation Index en 1961 que ha continuado hasta la fecha.
En el campo de la tecnología, en 1903, A Korn consiguió,
por primera vez, la transmisión de imágenes por teléfono.
Tras ser perfeccionado por Edison, el teléfono experimentó
un rápido desarrollo técnico, alcanzó, en pocos años
las proporciones de una amplia red de telecomunicaciones. En 1900, sólo
la "Bell Telephone Company" contaba ya con más de un millón
de abonados y cerca de dos millones de líneas que transmitían anualmente
nada menos que 2 mil millones de conversaciones.
En 1900, Abbé
Rene Graffin, profesor del Instituto Católico de París, inventó
el proceso fotostático, diseñado para la copia de libros. En 1906
se introdujo un prisma, un espejo que permitía obtener un negativo de lectura
directa en lugar del negativo normal invertido. Ello, entre otros avances: la
reflectografía y el papel sensible, posibilitaron el desarrollo de las
fotocopiadoras.
En 1909, se empleaban estas máquinas en las
mayores bibliotecas de Europa. Este proceso pasó inadvertido en Estados
Unidos hasta 1910. En 1911, comenzaron a instalarse estos equipos en las principales
agencias del gobierno, una de ellas, en la Biblioteca del Congreso. En 1929, operaban
en las bibliotecas de los Estados Unidos 44 de estas máquinas.
El
uso de los procesos de la reflectografía en la copia de materiales impresos
comenzó en 1914, 75 años más tarde.
Los sistemas de fotocopia no tradicionales se basan en las propiedades de los semiconductores para reproducir imágenes. En 1916, E. Gorin, inventor ruso, propuso la utilización de las propiedades de los semiconductores para producir imágenes.
Las bibliotecas también
continuaron su desarrollo y diversificación.
En la primera
mitad del siglo XX, las necesidades de una mejor información económica,
de acceso fácil para los individuos ocupados en los negocios, la industria
y el gobierno resultó más notable en Estados Unidos y Gran Bretaña.
Ello contribuyó, sin dudas, a un notable progreso durante esta década
y posteriormente.
A su vez, hasta principios de siglo era sumamente
difícil obtener información financiera en los Estados Unidos. Las
necesidades de información en este sector impulsaron entonces la creación
de un nuevo tipo de biblioteca a principios del siglo XX. En 1907, se creó
una de las primeras bibliotecas del sector bancario, en el National City Bank
de New York, ella es actualmente la más antigua de los Estados Unidos.
Entre el fin de la primera guerra mundial y 1935 obtuvieron un progreso significativo.
Por su parte, entre 1900 y 1915, los servicios de las bibliotecas
públicas se ampliaron para alcanzar al vasto número de inmigrantes
que llegaron a los Estados Unidos en ese período.
La biblioteca
pública siempre ha requerido proveer evidencias a la comunidad de que ellas
desarrollan un servicio útil; en este sentido, la función de referencia
resultó muy apropiada. A partir del año 1900, se produjo un crecimiento
de los servicios de referencia. Las fuerzas que motivaron su progreso fueron la
industrialización, la dominación de la ciencia y la tecnología
en la producción, así como el aumento de los establecimientos educacionales,
de la importancia de las investigaciones y de la literatura.
A principios
del siglo, dichos servicios se movieron hacia la especialización temática,
hecho el cual generó, a su vez, la especialización de los bibliotecarios.
En 1909, la creación de la Special Library Association (SLA) fue
un evento sobresaliente para el desarrollo de las bibliotecas especializadas.
Aun cuando en esa época existían pocas bibliotecas comerciales,
el directorio de SLA de 1910 contenía 14 de estas instituciones. Por ejemplo,
de las 132 bibliotecas situadas en compañías que existían
en los Estados Unidos en 1910, 113 estaban acreditadas como bibliotecas técnicas.
La primera guerra mundial constituyó un poderoso estimulante para
el desarrollo de las bibliotecas especializadas en Estados Unidos, ante la necesidad
urgente de esfuerzos cooperados entre las bibliotecas que trabajaban en áreas
relacionadas.
Tanto en el campo de las bibliotecas públicas como en el de las compañías es cuestionable si las colecciones técnicas e industriales surgieron primero o después de las bibliotecas económicas o de negocios. En las bibliotecas públicas, su aparición se relacionó, en particular, con el proceso de evolución que tuvo lugar en la industria donde esta se combinó con los negocios, la separación de los departamentos técnicos y de negocios y finalmente la de los departamentos científico - técnicos, así como la de las bibliotecas de negocios.
En el área de la administración científica,
en 1 911, F. W. Taylor, publicó su trabajo titulado "The principles
of scientific management", en el que se presentaba un estudio sobre el tiempo
y el movimiento de los obreros. Dicho trabajo se considera como el principio de
la administración moderna.
En 1916, se creó la Section of Bibliopsychology en el Institute J. J. Rosseau en Génova, el cual se trasladó en 1922 a Lausanne bajo el nombre de Institut of Bibliopsychology. Esta institución se considera pionera, debido a sus enfoques, en la introducción de una nueva área del trabajo bibliotecario: la psicología del lector y de la lectura .
Las bibliotecas
Entre
1920 y 1935, la ALA imprimió un gran impulso al desarrollo de las bibliotecas
públicas en los Estados Unidos. Hasta cierto grado, el desarrollo de la
comunidad fue una preocupación de las bibliotecas, al menos, desde el surgimiento
de las bibliotecas públicas financiadas a mediados del siglo XIX.
Sin
embargo, no es hasta la publicación de "Library and the community",
de J. Wheeler y de "American public libraries and the diffusion of
knowledge", de W. S. Learned, en la década de los años
20, que comenzó el desarrollo de las bibliotecas en este sentido. Este
es el punto que marca el inicio de una atención seria a la educación
de los adultos por parte de las bibliotecas, al menos en los Estados Unidos.
En estas publicaciones, se reconoció la importancia de las bibliotecas
del siglo XIX, de los pioneros que concibieron a la biblioteca como expresión
de la comunidad y se ofreció una visión de los servicios bibliotecarios
comunitarios con una función mucho más agresiva e interpretativa
de la sociedad. Learned, planteó la responsabilidad de las bibliotecas
en la captación de los no usuarios y la función activa educacional
de esta en la comunidad, hecho por el cual recibió críticas.
Como planteaba, es posible realizar un esfuerzo mucho más significativo,
si el bibliotecario está persuadido de que los problemas que enfrenta la
comunidad es una base firme para el desarrollo de programas y servicios de información.
En este sentido, es hacia la década de los años 20, que se
acepta la creación de los servicios de referencia formales para asistir
y facilitar el acceso a las bibliotecas y a sus colecciones. La asistencia a los
estudiantes fue uno de los factores prácticos que la desencadenó,
junto a ella nació la concepción de un trabajo mucho más
activo para el bibliotecario, como un agente importante en la educación
y en la imagen de la biblioteca pública como institución educacional.
También, las bibliotecas de las compañías crecen.
Las bibliotecas de las compañías se identifican completamente
con los intereses temáticos de la firma los cuales de por si no son los
de los bibliotecarios. El único propósito de la biblioteca es brindar
la información que necesitan los especialistas y el personal de operaciones,
con el objetivo de soportar las actividades de la compañía.
En el año 1921, Herbert Hoover, expresó que la función
del bibliotecario de negocios es acumular y preservar datos de valor para los
ejecutivos, así como organizar la información de forma tal que pueda
disponerse, cuando se requiera, de ella con un mínimo de demora (Special
Libraries, Abril 1921). No existe duda sobre el valor de dichos servicios para
las firmas de negocios más poderosas, cuando éstos se organizan
adecuadamente y el bibliotecario tiene un concepto claro de las posibilidades
de su posición. El planteamiento, "conocimiento es poder", es
tan cierto para los negocios como para otras actividades. El bibliotecario de
los negocios puede hacer de su servicio una parte integral de la organización
y convertirse en un factor positivo, tanto para el aumento de las ganancias como
para el desarrollo de las normas constructivas de los negocios
Los servicios de las bibliotecas de compañías presentan el distintivo de las bibliotecas especializadas: el servicio individual. El énfasis se ubica en la función de información. El bibliotecario de los negocios no sólo suministra la fuente de información sino que también, a menudo, proporciona la información.
En el ámbito de los servicios, aunque los centros bibliográficos
han existido de alguna forma desde que surgieron las bibliotecas nacionales y
se conoce que las bibliotecas monásticas algunas veces mantenían
registros del contenido de otras grandes bibliotecas de su época, no es
hasta 1 929, en Roma, que se planteó la necesidad de que en cada país
existiera una biblioteca responsable de las publicaciones nacionales. La creación
de centros de servicio bibliográfico comenzó en este siglo con la
creación de la Central Library for Students en Gran Bretaña en 1916
y la Cámara Central del Libro de Rusia en 1920.
A partir de 1925, puede apreciarse el inicio de la publicación de varias bibliografías de bibliografías.
Como
ocurrió en décadas anteriores la educación de los bibliotecarios
vuelve a ser objeto de críticas. En 1918, C. C. Willianson, escribió
el trabajo titulado "The need for a plan for library development". En
1923, "Training for library services". En los Estados Unidos, la proliferación
de escuelas con normas inadecuadas para la formación obligó a la
ALA a desarrollar un programa para su acreditación.
El año
1 923 puede tomarse como el momento donde la actividad bibliotecaria se convirtió
en una profesión. Ello es el resultado de la publicación del informe
de C.C. Williamson a la Carnegie Foundation, titulado "Training for
Library Service", donde se defendía sólidamente la necesidad
del entrenamiento profesional de los bibliotecarios y su preparación. Según
Williamson, el objetivo primario de la profesión apuntaba hacia
la alfabetización universal - ayudar a las personas a aprender a leer y
ofrecerles materiales para la lectura. Hoy el analfabestismo ha desaparecido casi
totalmente de los Estados Unidos, pero su lugar lo ha tomado la alfabetización
en información.
En su informe, Williamson retó a los bibliotecarios a distinguir, sin ambigüedad, entre las tareas profesionales y clérigas. En 1927, la American Library Association publicó el documento titulado "Proposed Classification and Compensation Plans for Library Positions" que marcó el inicio de una larga serie de esfuerzos para determinar las tareas propias de la profesión bibliotecaria.
En las primicias del desarrollo del mercadeo de la información,
en 1 923, se creó el Adversiting-Industrial-Commercial Group, cuyos antecedentes
proceden de 1 921, en la SLA. Este se convirtió en 1964, en Adversiting
and Marketing Division. A principios de los 20, comenzaron a publicarse en "Special
Libraries" trabajos sobre la publicidad bibliotecaria. Por ejemplo, Padin
C. C. Marketing information. The Basis of successful sales policy. Spec Libr 1921,12:164-5.
El término "adversiting" utilizado de forma aislada, resulta,
en cierta medida, incompleto por cuanto la publicidad es solo una parte de las
actividades del mercadeo de bienes y servicios, así como el resultado de
un largo proceso de investigación y diseño que le antecede. De aquella
forma, el énfasis principal se ubicaba en la publicidad.
Por
esta década, se realizaron varios estudios métricos de la información.
En 1 923, se introdujo el término "bibliografía estadística"
en el trabajo titulado "Statistical bibliography in relation to the growth
of modern civilization", publicado por H. E. Wyndham en el número
uno del volumen 30 de Library Trends.
En materia de tecnología, en 1920, J E Smathers desarrolló una máquina de escribir electromotriz. En 1 928, la aparición en el mercado de la cámara Eastman Kodak Recordax, generó un impulso para el desarrollo de la microcopia práctica del material documentario a gran escala.
Desde comienzos del siglo XX,
se desarrolló el equipamiento para el procesamiento electromecánico
de la información con vistas a proveer información rápidamente.
En 1 936, R. Parker introdujo la máquina de Hollerith para
el control de la circulación en la Universidad de Texas. Así comenzó
el uso del equipamiento automático para el procesamiento de los datos en
las bibliotecas.
Durante las décadas de los 20 y 30, surgieron
las máquinas contadoras, para el cálculo y la tabulación,
así como los lectores de tarjetas. Los dispositivos electromecánicos
redujeron considerablemente las operaciones repetitivas requeridas para preparar
los informes. En cierto sentido, el desarrollo del equipamiento para el procesamiento
de la información impulsó el progreso de los sistemas de administración.
En 1938, el físico norteamericano C.F. Carlson, combinó el principio de revelado de imagen con el de los colorantes pulverizados, propuesto por el profesor húngaro P. Selengi. Su aplicación práctica se inició hacia 1950.
En 1930, se creó
un servicio modelo de información, ajustado a la medida de los hombres
de negocios en el Bussiness Information Departament de la Cleveland Public Library.
En 1 933, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, informó sobre
la existencia de 119 bibliotecas en asociaciones comerciales. Aunque la historia
inicial de las bibliotecas de negocios en la compañía esta pobremente
documentada, ellas aparecieron como resultado de la necesidad de mantener un orden
y un control sobre los libros y publicaciones periódicas dispersas en las
diferentes áreas de las firmas. Esto parece ser un antecedente temprano
de la función coordinadora que actualmente se atribuye a la biblioteca
desde la perspectiva de la gerencia de la información.
Por estos años, puede ubicarse el comienzo real de la información corporativa para la industria de seguros, nacida de la publicación de "Securities Acts" entre 1933 y 1934, y diseñada para ofrecer a los clientes analfabetos la información existente en materia de seguros.
Como resultado del desarrollo de la actividad de la información,
en 1 931, se creó el Instituto Internacional de Documentación. En
1938, se convirtió en la Federación Internacional de Documentación
(FID). La documentación, según su visión, se definió
como la "reunión, clasificación y distribución de los
distintos documentos en los diversos campos de la actividad humana".
En los Estados Unidos, la documentación mostró características
particulares, debido principalmente al desarrollo de las emulsiones fotográficas
de grano fino y de una cámara en miniatura que empleaba una película
cinematográfica de 35 mm con una base de acetato no explosiva. La nueva
tecnología, tomada de la industria cinematográfica, posibilitó
el uso de la microfotografía en las bibliotecas.
A mediados
de los años 30, muchos pronosticaban que los microfilms suplantarían
con el tiempo al libro convencional, que las tarjetas de los catálogos
incluirían los microfilms de los textos y que las copias que circularían
mediante el préstamo serían aquellas realizadas en ellos.
En
1936, durante la conferencia de la American Libraries Association en Richmond,
Virginia, un número de personas interesadas en la reproducción documentaria
se reunieron y formaron un grupo especial dentro de la asociación.
En este y en otros encuentros posteriores, se discutió acerca de
la microfotografía en las bibliotecas, las normas de excelencia en la manufactura
de los equipos y las películas, así como de las nuevas técnicas
de fotografía, de procesamiento fotográfico y su evaluación.
En 1938, dicho grupo comenzó a publicar la revista titulada "Journal
of Documentary Reproduction" la cual, debido a la Segunda Guerra Mundial,
dejó de publicarse en 1943.
Bajo el creciente interés
en los nuevos métodos de la reproducción documentaria, se creó
en 1 937, el American Documentation Institute con el fin de posibilitar que la
información científica estuviera disponible a la prensa pública.
Dicho instituto se proponía cuatro grandes objetivos, a saber:
Durante la segunda guerra mundial el
trabajo del instituto cesó. Ante esta situación resultó necesario
retomar otros avances tecnológicos importantes disponibles con el fin de
establecer sobre una base sólida el futuro de la institución.
En 1935, Waston Davis, quien sirvió en varias ocasiones como director del instituto, diseñó una máquina para la búsqueda mecanizada de literatura semejante al Selector Rápido de Ralh Shaw el cual lo hizo famoso en aquel tiempo. Poco tiempo después, se creó el sistema Minitarjeta por Eastman Kodak. Todos estos instrumentos fueron únicos en el uso del microfilm como soporte para la información.
Hacia la década de
los años 30, la creciente complejidad organizacional de las bibliotecas
evidenció la falta de una preparación adecuada entre los bibliotecarios
para cumplir sus responsabilidades administrativas. Joeckel, uno de los
pioneros en esta esfera, por aquella época, sugirió que los "administradores
de las bibliotecas deberían buscar modelos de gerencia en los campos de
la administración pública, de los negocios, de la industria y de
la educación con el fin de compararlos con los de la bibliotecas.
Este punto de vista recibió un gran apoyo a lo largo de los debates
en el "Current Issues in Library Administration", que se celebró
en 1938 en el Instituto de la Universidad de Chicago. Los trabajos de Joeckel
pueden considerarse como una bibliografía decisiva en la historia del estudio
de la administración de las bibliotecas.
En 1936, R. Munn publicó "Conditions and trends in education for librarianship", un trabajo que marcó pautas en materia de educación bibliotecaria.
En la década del 30, pero en 1 934, Bradford,
un distinguido documentalista y bibliotecario británico, descubrió
la forma de identificar las fuentes de información más productivas
en un campo determinado del conocimiento. En 1937, S. Bradford observó
que dos tercios de la literatura científica no se cubría en la literatura
secundaria, mientras que un tercio lo era por varios servicios. Según datos
posteriores parece alcanzar un 50% cada una de estas clases de literatura. El
año 1 939 puede considerarse como el punto de inicio de la llamada ciencia
de la ciencia, con la publicación de "The social function of science",
de J. D. Bernal.
En 1 932, comenzó a publicarse "Helminthological Abstracts" que abrió la era de los servicios bibliográficos especializados temáticamente.
Durante
esta década, el tratamiento de los temas humanos y sociales cobraron un
auge en la literatura, como manifestación de la inconformidad de la sociedad
con un enfoque totalmente deshumanizado del hombre como factor en la producción
de bienes industriales.
En la primera mitad de la década, hubo una gran crisis, una fuerte depresión económica durante la cual muchos se prepararon e instruyeron para cuando terminara la recesión. Ello fue un factor importante en el desarrollo de las bibliotecas y sus servicios.
Al parecer, a causa de la crisis se generó un interés, aunque
preliminar, por temas económicos y gerenciales: calidad, eficiencia, etc.
A lo largo del siglo XX, las crisis económicas y las grandes guerras constituyeron
importantes puntos de giro en su historia.
Este período de
neocapitalismo, producto de la crisis que se desencadenó en 1929, constituyó
un falso cambio por cuanto preservó la hegemonía burguesa. Durante
esta etapa, el desarrollo científico y tecnológico que se generó
se convirtió en un componente esencial del capitalismo industrial. A su
vez, se produjo un crecimiento exponencial de la información; la información
clave para el progreso económico se genera en el binomio ciencia - tecnología.
La preocupación de los años 30, durante los cuales ocurrió
la gran crisis económica en los Estados Unidos, por los presupuestos básicos
de la administración llegaron a los 60; sin embargo, en este momento, con
el desarrollo de trabajos que presentaban técnicas para el análisis
de la relación costo - beneficio, era posible evaluar los distintos los
programas del gobierno.
Después de la segunda guerra mundial,
la administración pública entró en un período de desconfianza
y autocrítica. El movimiento en favor de las relaciones humanas de los
años 30, en los 70 cobró un interés en el desarrollo organizacional.
Las ciencias de la información movieron su énfasis de cómo
hacer una tarea específica hacia una visión amplia del lugar y las
funciones de la información y de sus servicios en la sociedad. Muchas de
las investigaciones del sector de la administración pública se relacionan
con el estudio de la actividad en grupo y su forma de estructuración.
La toma de decisiones y su evaluación han ganado en popularidad,
su enfoque gira alrededor de cómo es posible mejorar el trabajo y obtener
una mayor productividad. El empleo de medidas de productividad ha ganado un considerable
interés para los investigadores y el gobierno.
Si bien en los
años 50, la productividad se relacionaba con la cantidad de trabajo, el
número de horas o de dólares gastados; ahora además, se requiere
de la combinación con el concepto de calidad y otros aspectos.
Los
estudios de la administración científica y de las actitudes que
estimulan al individuo a reunir las demandas del trabajo ceden ante el enfoque
hacia las relaciones humanas, surgido en los años 30, y que se impuso después.
En cuanto al diseño del trabajo, se combinan las demandas de este, los
intereses del individuo y las tecnologías actuales con el fin de alcanzar
una organización y un diseño socio-técnico.
Desde
la década de los 30, también se emplean los sociogramas o diagramas
socio-métricos para determinar las relaciones que se establecen en los
colectivos humanos. Ellos son útiles para identificar los enlaces pero,
sobre todo, para describir la red de información y de comunicación
que existe en la organización, la cual no debe verse como contrapuesta
a la red formal. Las redes, según el fin que persigan los enlaces, pueden
clasificarse en amistosas y de consejo. Las primeras se basan en la necesidad
natural que presentan las personas de interacción social. En las redes
de consejo, el fin es la consulta con individuos significativos, los cuales se
perciben como poseedores de información importante que facilita el logro
de los objetivos de trabajo. La consulta con expertos y colegas constituye una
vía sumamente importante de comunicación científica entre
los especialistas.
Con estas técnicas es posible identificar
colegios invisibles, usuarios porteros y otros. Algunos individuos son más
capaces de adquirir, procesar y utilizar información que otros.
En
1937, N. Ruvakin y M. Bethman, publicaron "La psichologie de la bibliotheque
populaire". Hacia estos años aparece un cierto interés por
la bibliopsicología, estudio del libro en relación con el lector
y la bibliosociología, estudio del libro en relación con la sociedad.
Aunque desde finales de los años 60, se investiga, con frecuencia, en este
particular. Dichos estudios cobraron auge durante los 80.
A su vez, aparecen los primeros antecedentes identificados sobre el tratamiento de los temas económicos en el contexto bibliotecario. Se trata del artículo de C. B. Joeckel, titulado "The goverment of the american public library", publicado en 1935.
Otro antecedente es el trabajo de E. B. Stanford,
editado bajo el título "Library extension under the WPA. An appraisal
of an experiment in federal aid", de 1944.
Aunque los servicios
de consultoría para los negocios nacieron en las bibliotecas durante los
años 30, no es hasta finales de la década de los años 40
y en la de los 50, que el trabajo de consultoría se desarrolla debidamente
en la industria y los negocios.
Durante la década de los 20 y los 30,
no existió tampoco una verdadera conciencia de investigación en
la disciplina como medio para ampliar el saber sobre la especialidad.
El advenimiento de la computadora digital en la década de los años 40 tuvo un gran efecto sobre la sociedad. Entre 1934 y 1939, en Alemania, Honrad Suze construyó dos máquinas electromecánicas de cálculo que se acercaban bastante a lo que sería el primer computador. En 1941, se construyó el primer dispositivo que puede considerarse una computadora, la Z3, diseñada por Honrad Use. . En 1 944, apareció el Mark I y en 1 947, la ENIAC.
En los primeros años, la computadora se utilizó para la solución
de los problemas científicos. Muchos científicos especularon acerca
de que solo unas pocas máquinas servirían para satisfacer las necesidades
de todo el mundo.
La llamada era prehistórica de la computación
comienza en un momento impreciso de la historia de la humanidad y se extiende
hasta alrededor del año 1950. En diferentes partes del mundo, se emplearon
dispositivos para la realización de distintos cálculos matemáticos:
todos ellos fueron máquinas analógicas de naturaleza mecánica,
hidráulica, neumática o eléctrica. El ábaco, un fósil
viviente, representa la cima de la evolución en esta etapa.
En
1947, el ingeniero Von Newmann predijo el advenimiento de la era de las
computadoras. El demostró teóricamente que una máquina binaria
simple podría solucionar cualquier tipo de problema. El almacenamiento
de la información podría realizarse en cintas magnéticas.
Pronto se reconoció que la utilidad de una computadora no se limitaba
a la solución de los problemas matemáticos y científicos
sino que era capaz de almacenar grandes volúmenes de datos alfanuméricos.
En los negocios, las computadoras se han utilizado para solucionar los
problemas relacionados con la contaduría, el control de inventario y del
personal, así como para el almacenamiento de datos importantes para la
administración, entre otras. La computadora se ha empleado en prácticamente
cada operación concebible de los negocios. Su capacidad para almacenar
y reorganizar datos es una de las claves de su utilidad en las operaciones de
negocios.
Durante la década de los años 40, surgen los primeros sistemas de información en línea. Antes de esta década, los sistemas de recuperación de información eran únicamente manuales; los índices y los catálogos en forma de tarjetas o impresos. Estos dispositivos eran precoordinados y no podían manipularse; presentaban una organización lineal (monodimensional) y capacidades muy limitadas para la búsqueda y la recuperación de la información.
Los años 40 aportaron
el único y el más significativo de los avances en la historia de
la recuperación de información: los sistemas de recuperación
poscoordinados, manipulables. Estos, aún eran prácticamente manuales.
Los primeros fueron los de Batten y Cordonnier que se basaban en
el principio de la coincidencia óptica, el de Mooers que empleaba
tarjetas señaladas en los bordes y, un tiempo más tarde, el de Taube,
el sistema Uniterm.
Los primeros sistemas poscoordinados presentaron
ventajas significativas con respecto a sus predecesores. Son los antecedentes
directos de los modernos sistemas computarizados.
De hecho, las formas
básicas de organización de ficheros utilizados en los sistemas modernos
para la recuperación de información, las introdujeron Batten
y Mooers durante los años 40.
Como se refirió,
en 1 939, Ralph Parker, instaló el sistema de Hollerith para el
control de la circulación en la biblioteca de la Universidad de Texas,
a mediados de las años 40, experimentó entonces su empleo para el
control de la adquisición de las publicaciones seriadas.
Por
estos tiempos, los bibliotecarios estuvieron interesados moderadamente en sistemas
semejantes. En 1942, la Montclair Public Library de New Jersey, instaló
"dos máquinas especialmente diseñadas para el préstamo
de libros" que registraban automáticamente las transacciones en tarjetas
perforadas Sistemas similares se instalaron para el control de la circulación
en la biblioteca de la Universidad de la Florida, la de Georgia y la de Virginia.
Hacia 1945, pueden ubicarse las primeras ideas sobre el hipertexto, surgidas con los trabajos de Vannevar Bush, un científico consejero del presidente de los Estados Unidos, quien publicó en ese año un artículo donde proponía la idea de crear una máquina, MEMEX, en la cual podría residir una masa sustancial de conocimientos organizados y útiles. Para ese año, Vannevar Bush había ideado "un dispositivo mecanizado donde un individuo pudiera almacenar sus libros, registros y comunicaciones de forma tal que pudiera consultarlos con gran rapidez y flexibilidad... una extensión de su memoria", compuesto de "una mesa . pantallas translucientes ... un teclado y un juego de botones" con "facilidades para la consulta de los registros mediante un esquema común de indización".
Con el fin de la
segunda guerra mundial, las bibliotecas de los negocios se convirtieron en el
centro de la información vocacional y de negocios para miles de veteranos
y hombres con negocios pequeños.
Creció enormemente la demanda de literatura sobre los negocios en las universidades y estas se desbordaron de estudiantes en busca de entrenamiento profesional. Como existía poca información y poco espacio se hizo necesario ampliar los locales y los subsidios. Los servicios bibliotecarios se ajustaron, poco a poco, a los requerimientos de las firmas industriales y comerciales.
Las bibliotecas especializadas
se orientaron a la satisfacción de las necesidades y los intereses de las
personas y de las organizaciones a las que servían mediante el ajuste de
sus colecciones y servicios a los parámetros temáticos o de otro
tipo, dictados por sus direcciones y sus objetivos.
Un ejemplo de
ello, son las bibliotecas ingenieriles, las cuales nacieron en forma de servicios
especializados dentro de las bibliotecas públicas de los Estados Unidos.
Las bibliotecas de las compañías se auxiliaban ampliamente de las
bibliotecas públicas, académicas y otras, al resultarles imposible
atesorar extensas colecciones o abarcar todas las temáticas relacionadas
con su materia principal, como ocurre con las bibliotecas ingenieriles a las cuales
le es difícil alcanzar todo lo relacionado con medidas de seguridad, ambiente,
factores humanos, uso de computadoras, etcétera.
De las 1010
bibliotecas industriales existentes en Estados Unidos en 1940, 340 eran económico
- técnicas y 246 técnico - comerciales.
Estas se duplicaron
en los Estados Unidos en el período que va desde el fin de la segunda guerra
mundial hasta 1965. En 1965, las bibliotecas industriales constituían el
mayor por ciento de las bibliotecas científicas y técnicas, 1275
de las 2221 bibliotecas especializadas ubicadas en organizaciones comerciales
(57,4%). En 1965, la General Electric Company mantenía 47 de dichas instituciones,
IBM 23 y General Motors, 26. Estas poseían colecciones pequeñas
generalmente.
Las organizaciones industriales estuvieron entre las
primeras en desarrollar centros modernos de información. Las organizaciones
comerciales estaban preocupadas con los costos y el tiempo que los ingenieros
empleaban en la búsqueda de literatura técnica para mantenerse actualizados
sobre los nuevos avances y la solución de problemas específicos.
Los centros de información técnica que seleccionan, analizan y editan
información para ellos son bienvenidos en la industria.
Entre
el año 1941 y el 1956, existió una preocupación mayor por
los problemas sociales. Aunque al principio el enfoque de la adquisición
estaba dirigido hacia los libros de interés literario e intelectual, después
se extendió con fuerza hacia las áreas técnicas, científicas
y comerciales. Un ejemplo de ello es la creación en 1948, del Research
Information Service en la John Crear Library para las ciencias nucleares.
De 1946 al presente, se ha incrementado notablemente la cantidad y la calidad de las bibliotecas técnicas y comerciales, especialmente en las compañías.
En materia de servicios bibliográficos,
durante la segunda guerra mundial, se utilizó ampliamente el microfilm,
particularmente las emulsiones Diazo, para la copia y la distribución de
los documentos capturados y otros materiales de inteligencia. Sin embargo, para
el desarrollo de la ciencia de la información, resultó mucho más
importante el trabajo inicial que realizaron diversas agencias gubernamentales
en el análisis de las materias de los documentos mediante un equipo de
tarjetas perforadas creado por la IBM.
En la Central Information Division
de la Office of Strategic Service (OSS), J. H. Shera y sus colegas experimentaron
técnicas primitivas para la indización de materiales censurados
que se interceptaban en el correo extranjero.
A finales de los años
40, cuando resurgió el American Documentation Institute, aparecieron nuevos
intereses que estaban dirigidos a derribar la supremacía del microfilm
como una ocupación de la documentación. Para aquel entonces, ingresaron
al instituto cierto número de personas con intereses distintos a la microfotografía.
Como resultado, los programas del instituto se ampliaron considerablemente.
Durante el año académico 1948-1949, se impartieron cursos sobre documentación en dos escuelas de bibliotecas, por primera vez, en el currículo de una escuela de bibliotecas de los Estados Unidos. El primero fue el curso de Helen Focke en la School of Library Science en la Western Reserve University y el segundo el de Margaret Egan, que se ofreció en la Graduate Library School de la Universidad de Chicago.
En el campo de la catalogación, hacia 1940,
comenzó la preocupación por sus costos; la reevaluación de
los métodos; la pobre organización y administración de sus
departamentos, regidos comúnmente por la tradición; el crecimiento
desmesurado de los catálogos y la necesidad de ahorrar tiempo. En este
período, se origina una gran crisis de la catalogación, caracterizada
por su falta de pragmatismo, de simplicidad, así como su excesiva laboriosidad
y dudosa utilidad práctica.
En 1941, se edita una versión
revisada del código de 1908. Una nueva edición simplificada apareció
en 1949.
La necesidad de mantener copias de los catálogos en
bibliotecas y de una distribución amplia de estos en forma económica
y práctica resucitó los catálogos en forma de libro, el advenimiento
de la era electrónica posibilitó su retorno, la primera edición
impresa de uno de estos catálogos correspondió al período
1942-1946.
En materia de administración,
Wasserman ha afirmado que desde 1940 hasta los años 70 no se alcanzaron
progresos significativos en la teoría de la administración bibliotecaria
que fueran más allá de las proposiciones introductorias de Howard.
Y afirmaba: "la "tiranía mezquina" y el "desorden excesivo"
estaban entre las características principales de la administración
de muchas bibliotecas en los Estados Unidos hasta hace menos de 20 años.
Durante la segunda mitad de la década de los años 40, los
trabajos de Wiener y de Shannon sobre la cibernética y la
teoría matemática de la comunicación respectivamente anunciaron
el advenimiento de una nueva área científica de trabajo interdisciplinario,
la ciencia de la información. Dicha ciencia se desarrolló a partir
del surgimiento en los años 40 de diversas disciplinas en los campos de
la comunicación y la conducta.
En 1 948, C Shannon formuló
la teoría de la comunicación, que cobró un auge especial
entre los años 60 y 70, sobre la base de un enfoque cuantitativo. Ella
es la base de los sistemas modernos de transmisión digital.
En
1 943, E. Wight, publicó "Public library finance and accounting",
y en 1946, J. Wheeler, editó "Progress and problems in education
for librarinship" ambos son antecedentes, tanto de los estudios económicos
en el sector bibliotecario como de la preocupación por la educación
en este sector. Los estudios relacionados con los problemas eduacionales y económicos
de las bibliotecas ganaron fuerza paulatinamente hasta alcanzar un gran relieve
en las décadas de los años 70, 80 y 90.
Al final de
la segunda guerra mundial y durante los 25 años que le siguieron, muchos
países subdesarrollados se encontraron ante la necesidad de llevar su desarrollo
desde el siglo XVIII hasta el XX. El libro se reconoció como un componente
indispensable en el éxito de cualquier programa de crecimiento nacional.
La industria norteamericana del libro hizo un gran esfuerzo en este sentido.
En el período que siguió inmediatamente a la primera guerra
mundial, el capitalismo sufrió un conjunto de transformaciones. En este
contexto, el estado adquirió una participación especial en la vida
económica de la sociedad que generó una ruptura parcial y aparente
con los patrones del liberalismo clásico.
Desde el final de la segunda guerra mundial hasta 1956, las actividades del sector de la información se caracterizaron por los intentos de mecanización, la formación de numerosas organizaciones aisladas entre ellas para la investigación en documentación y un interés creciente por parte del gobierno en el problema de la información.
Los años 50 aportaron los primeros dispositivos
de entrada y salida mecanizados: los sistemas de procesamiento de tarjetas perforadas.
Estos fueron los predecesores inmediatos de los sistemas computadorizados de los
años 60. Durante esta década, la recuperación se caracterizó
por el trabajo fuera de línea, el procesamiento en tanda y el uso de la
cinta.
Las primeras computadoras surgieron en esta década. Las
computadoras de la primera y la segunda generación realizaban muchas de
las tareas que anteriormente ejecutaban los equipos de tabulación y contaduría,
solo que con una mayor rapidez.
Con el desarrollo de la electrónica
durante los años 50, apareció una nueva clase de equipos: las máquinas
electrónicas para el procesamiento de datos que inician la era antigua
de la computación. Estos equipos se construyeron con válvulas electrónicas
compuestas por un cátodo de filamento incandescente que emitía electrones
los que más tarde reunía un ánodo en un campo eléctrico
de aproximadamente 100 v.
Las ciencias electrónicas se perfilaban
como las disciplinas que soportarían los nuevos equipos con técnicas
de representación digital basadas en dispositivos binarios. Las únicas
máquinas que sobrevivieron fueron las computadoras binarias. Hacia finales
de la década de los años 50, las grandes computadoras digitales
se encontraban en el centro del espectro informático. El proceso de evolución
estaba en su comienzo. Las primeras computadoras eran muy grandes y sus partes
inflexibles. Las válvulas electrónicas, el componente activo por
excelencia de estas máquinas, disipaba tanto calor y su volumen era tan
grande que requerían de costosas instalaciones de refrigeración
para su conservación.
Las válvulas electrónicas,
al igual que los bombillos, tienen un período de vida limitado a causa
de sus componentes incandescentes. Si se considera que el período de vida
de una válvula era de 1 000 horas, una computadora con 1 000 válvulas
presenta un tiempo medio de falla de una hora. Sin embargo, como las válvulas
podían cambiar su estado a mas de 10 000 conmutaciones por segundo, durante
una hora de vida útil, las computadoras realizaban cientos de cálculos
con absoluta precisión. Además, podían generar extensas listas
con sus veloces impresores de cadena y almacenar información en cintas
magnéticas o en memorias de anillos magnetizados. La entrada de datos se
ejecutaba mediante tarjetas perforadas.
Ahora bien, las máquinas
de las dos primeras generaciones trabajaban fundamentalmente con cinta; es decir,
la mayor parte de la información procesada se registraba de manera secuencial.
De esta forma, un fichero de circulación pudiera ordenarse en una cinta
mediante una secuencia numérica de usuarios con préstamos. Si alguien
se interesaba en recuperar el expediente de préstamo de un usuario a partir
de este fichero, necesitaba examinarlo totalmente para localizar la información.
Es así que los sistemas computacionales que trabajaban con cinta tomaban
períodos relativamente largos de tiempo para recuperar la información.
El largo tiempo que empleaban para recuperar los datos impidieron la utilización
efectiva de aquellas máquinas en los sistemas de administración.
Debido a la naturaleza secuencial del almacenamiento en las cintas también
fue ineficaz interrelacionar los datos de diferentes ficheros. Por esta causa,
una biblioteca que tuviera dos ficheros almacenados en cintas diferentes: uno
con la información referente a los catálogos y otro con los registros
de circulación, guardaría campos con información redundante,
al ser muchos de los datos sobre la circulación de los documentos idénticos
a los registrados en el fichero del catálogo -ISBN del libro, título,
editor, fecha de publicación y otros.
Entre 1936 y 1957, hubo
poca actividad en las aplicaciones en materia de procesamiento automático
de datos en el sector bibliotecario. Durante este período, se introdujo
algún equipamiento pero no se empleó de forma extensa. Aunque las
computadoras digitales se habían empleado durante, al menos, una década
en este período, aún no se había reconocido su importancia
para las bibliotecas.
Los primeros sistemas de recuperación computadorizados surgieron
en la década de los años 50. A finales de esta década, aparecieron
también los primeros sistemas para el manejo de las bases de datos.
En la conferencia anual de 1950, del Graduate Library School, Ralph
Shaw describió, por primera vez, la teoría que fundamentaba
al Rapid Selector (Selector Rápido), en aquel entonces en proceso de desarrollo.
En 1937, F. Keppel, el entonces presidente de la Carnegie Corporation
de New York, se proyectó al mundo de las bibliotecas, con el propósito
de idear una máquina para la búsqueda bibliográfica que utilizaría
el equipo de Hollerith, así como tarjetas perforadas para los índices
de autores y de materias que sustituirían el catálogo convencional
de la biblioteca y a otras publicaciones bibliográficas tradicionales.
Sin embargo, fue el ensayo histórico de Vannervar Bush titulado,
"As we may think", que se publicó, por primera vez, en el Atlantic
Monthly en 1 945 el que encendió la imaginación, tanto del público
en general como del mundo académico. Sus ideas contiuyen los primeros antecedentes
del hipertexto y el web. Se abrieron así las puertas de una nueva era para
la ciencia de la información y la documentación.
Entre
1945 y 1963, se desarrollaron trabajos dirigidos a la creación de índices,
según la frecuencia de aparición de los términos en un texto.
Entre 1950 y 1958, Boxendale y Luhn, trabajaron en este sentido. En 1958,
se creó el primer sistema automático de asignación de índices,
un índice KWIC.
La automatización de los catálogos
ocurre antes que la creación de sistemas de este tipo para la adquisición.
En 1950, se publicó "Serials Titles Newly Received", de la Library
of Congress.
Los displays eran sumamente necesarios para obtener una
mayor precisión en la catalogación. Igualmente, se requería
de equipos de alta velocidad para imprimir grandes volúmenes de información.
En 1950, la Library of Congress produjo un catálogo de libros mediante
tarjetas perforadas y la King County Public Library de Washington preparó
otro en 1951.
En 1950, estuvieron disponibles
para el público las máquinas Xerox.
Entre 1957 y 1967,
ocurrió un desarrollo importante de la inteligencia artificial. La inteligencia
artificial es un nuevo campo de amplia perspectiva en la ciencia moderna. Su origen
generalmente se lo asocia con una pequeña conferencia celebrada en el Darmouth
College con el auspicio de la Fundación Rockefeller (The Darmouth Summer
Research Project on Artificial Intelligence, 1956).
Los primeros ensayos
de satélites de comunicación se realizan entre 1958 y 1960. La primera
comunicación transatlántica se produjo en 1960. (Diccionario Enciclopédico
Salvat, Salvat Editores, Barcelona, 1973.)
En el ámbito de la
impresión, el desarrollo ininterrumpido de la tipografía generó
en relativamente poco tiempo la tecnología offset y el huecograbado. Las
necesidades de estos procedimientos, que utilizaban preferentemente la película
fotográfica para la preparación de las planchas de impresión,
fomentaron la invención de la fotocomposición.
La fotocomposición surgió con la invención de Photosetter en 1950, una componedora fotográfica.
En el área
de la bibliografía, la creación de los centros nacionales mostró
una tendencia creciente a partir del fin de la segunda guerra mundial hasta mediados
de los años 50 donde el énfasis se trasladó al desarrollo
de instituciones con patrones temáticos específicos como la defensa,
la educación, la medicina y otros. La bibliografía tuvo una función
inicial de identificación que facilitó primero el registro, la recopilación
y el inventario. Con posterioridad, la localización se convirtió
en el centro de la atención.
El proceso de especialización
de las instituciones de información, así como de las redes de ellas
parecen marcar la implantación definitiva de la especialización
en la actividad de información. Este es un largo proceso que comenzó
con la especialización de las revistas primarias, continuó con los
instrumentos de búsqueda y recuperación de información y
que hoy alcanza tanto a los productos y servicios de este sector como a su actividad
profesional propiamente dicha. La especialización en la actividad informacional
es el resultado del crecimiento de la bibliografía mundial, la incapacidad
de las instituciones e individuos para su procesamiento, así como de la
necesidad de obtener mayores índices de calidad en los servicios.
La bibliografía científico-técnica crece constantemente.
Aunque los estimados de títulos de revistas en esta esfera varían
ampliamente de un autor a otro, el World List of Scientific Periodicals contenía
25 000 entradas en su primera edición publicada entre 1925 y 1927; 36 000
en la segunda edición, publicada en 1934; más de 50 000 en la tercera
en 1953 y más de 65 000 en la cuarta.
En su conferencia anual
de 1950, el Graduate Library School presentó los resultados de una encuesta
que se realizó sobre la clasificación y la organización bibiliográfica
en las ciencias físicas, sociales, y humanísticas, así como
de la importancia de estas esferas del quehacer humano para la bibliotecología,
particularmente para la bibliotecología especializada y la documentación.
La primera bibliografía impresa fue "Liber de scriptoribus
ecclesiastes" de Johames Trithemius (1 462- 1 516), una lista de autores
y títulos con 3 000 páginas y un índice alfabético
de casi 1 000 autores, publicado en 1 492. Ello muestra la importancia que para
ese momento había adquirido este tipo de material. Sin embargo, no es propiamente
hasta finales del siglo XIX e inicios del XX que se reconoce la importancia de
la literatura secundaria como vía para superar la crisis de la información.
En 1950, se creó el Instituto sobre Organización Bibliográfica.
Los intentos para organizar la bibliografía a nivel internacional, en especial
los del grupo de Bruselas y los de sus sucesores, pusieron de manifiesto la necesidad
de un cuerpo completamente nuevo de técnicas para la organización,
el análisis de las materias, la descripción bibliográfica
y la anotación que diferirían notablemente de los empleados en la
práctica tradicional de las bibliotecas; a esta nueva tecnología
se le denominó documentación.
Por estos años, las computadoras se habían convertido en una necesidad mundial y de los sistemas de información ante el crecimiento de la información y de las obras impresas. Durante la década de los años 50, se desarrollaron varios catálogos mediante máquinas tabuladoras. La flexibilidad y la adecuación necesaria para su manejo lo proporcionó el uso de las computadoras.
En el otoño
de 1950, la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura
de las Naciones Unidas (UNESCO) patrocinó dos conferencias en París
en la que se reunieron muchas de las figuras líderes a nivel internacional
en la actividad de documentación y bibliotecas para considerar como podría
obtenerse una cooperación internacional para la empresa bibliográfica
en general y una cooperación similar en las ciencias sociales.
A
estas conferencias iniciales, siguieron otras más cortas sobre los mismos
temas, las cuales generaron discusiones provechosas y un contacto internacional
útil. Sin embargo, de ellas no se derivó ningún programa
formal para lograr la cooperación internacional porque ninguno de los participantes
tenía autoridad legal como para comprometer a sus respectivos gobiernos,
sin lo cual no era imposible coordinar las actividades.
Desde 1952
y hasta finales de la década de los años 50, el American Documentation
Institute, se convirtió en un campo de batalla en el cual competían
filosofías, métodos y técnicas de análisis temático
del conocimiento registrado. Calvin Mooers, probablemente el inventor del
término "recuperación de la información", desarrollaba
el código Zato; Mortimer Taube que promovía los catálogos
unitérminos y la indización coordinada, fundó más
tarde la Documentation Inc.
En 1955, James Perry y sus colegas
establecieron el Center for Documentation and Communication Research de la Western
Reserve University. Ellos se interesaron por los problemas liguísticos
del análisis documental y la recuperación, de los "factores
semánticos" especialmente y de la "función de los indicadores"
en los códigos semánticos. Hasta comienzos de los años 60,
las páginas de la American Documentation reflejaron éstos y otros
intereses, mientras que en Europa, la FID bajo la dirección de Donker
Duyvis, se ocupó mayormente de la promoción del sistema de la
clasificación de la CDU.
Si bien la FID persistió en
la interpretación del significado del término "documentación"
en conferencias mundiales como las de Dorking, en Inglaterra en 1957 y en Elsinore,
Dinamarca en 1964 (Ahternon), así como en revistas internacionales tales
como "Journal of Documentation", "Aslib Proceedings", ambas
de Aslib y la revista de la India fundada por S. R. Ranganathan, "Library
Science with a Slant to Documentation", el término comenzó
a emplearse, cada vez con mayor frecuencia, para referirse a cualquier método
bibliotecario no convencional útil para el análisis temático
de los registros gráficos o actividad de investigación relacionada
con ello.
Aunque a mediados de los años 50, el American Documentation
Institute luchó por sobrevivir en medio de la agitación que experimentó
el campo de la información científica y la organización tembló
al borde del desastre financiero, el lanzamiento del satélite soviético
"Sputnik" el 7 de octubre de 1957 reavivó las esperanzas de supervivencia
y desarrollo del instituto. Este y otros logros de la URSS, hechos en materia
de documentación, situaron las necesidades de información al frente
de las exigencias de la comunidad científica. El senador Hubert Humphrey,
en aquel entonces presidente del subcomité del Committee on Goverment Operations,
sostuvo una serie de encuentros con el objetivo de impulsar a la National Science
Foundation de los Estados Unidos a incrementar el apoyo a las investigaciones
que estuvieran dirigidas a la búsqueda de métodos mejores de organización
y recuperación de la información científica).
En este esfuerzo, el centro de la actividad se movió hacia las agencias gubernamentales: la National Science Foundation; el National Institute of Health y la National Library of Medicine; la Library of Congress y la Air Force Office os Scientific Research por mencionar solo algunas. Igualmente, se involucraron industrias tales como la IBM, la General Electric y Eastman kodak junto con fundaciones de investigación como la Battelle Memorial Institute, la RAND Corporation, y System Development Corporation y universidades tales como el MIT y la Western Reserve
En 1955, S. Rothsteins, publicó "The
development of reference services through academic traditions", una monografía
en la que señaló que las bibliotecas especializadas, en aquellos
momentos, se movían hacia el perfeccionamiento del servicio a sus clientes
y no hacia la expansión de las colecciones. Es un análisis histórico
sobre la instrucción bibliotecaria en función del servicio al público.
Se pasó así de la asistencia en la localización
de libros a la identificación, análisis, interpretación,
evaluación, reempaquetamiento y reorganización de la información,
generada por una variedad de fuentes con el fin de presentar información
inmediatamente útil al usuario.
Estos servicios crecieron igualmente
en el ambiente legislativo, los laboratorios de investigación industrial,
los negocios, la industria, el gobierno y hasta en las instituciones de salud.
Los servicios de referencia especializados constituyen un escalón cualitativamente
superior en el campo de los servicios bibliotecarios. Pueden considerarse antecedentes
de los servicios de consultoría y de valor añadido.
El
desarrollo de los servicios de referencia transcurre desde el trabajo de asistencia
elemental a los usuarios en la localización de documentos hasta el momento
en el que se realiza un fuerte énfasis sobre la entrega de información
auténtica y relevante mediante el uso de servicios diferentes para distintas
categorías de usuarios. Este proceso tuvo lugar principalmente en las organizaciones
con actividad lucrativa y servicios limitados a ejecutivos especializados e investigadores.
La entrega de información sobre documentos parece que se impuso
en agencias de corredores de información y en centros de información
especializados, cuyo desarrollo ocurrió fuera del contexto tradicional
bibliotecario. La mayoría de las bibliotecas se situaron en posiciones
intermedias entre la más conservadora y la más liberal.
En
1958, el programa de información de la NASA Scientific and Technical Information
Division, incluyó un servicio de diseminación selectiva de información
bajo los auspicios de la Space Act.
Entre 1950 y 1970, las bibliotecas
comerciales se reorganizaron y comenzaron a considerarse como esenciales en las
operaciones de las firmas.
Aunque las bibliotecas públicas
tuvieron hasta la primera mitad del presente siglo una importante función
en este campo y la creación de las bibliotecas en la industria y el comercio
es posterior al surgimiento de estas en la esfera cultural y científica,
su desarrollo en un sector, donde se exige de las organizaciones una efectividad
y eficiencia superior a la tradicionalmente requerida para sobrevivir en la esfera
pública, ha provocado que estas en un período muy corto de tiempo
obtuvieran notables logros en materia de información, los cuales constituyen
desde hace aproximadamente dos décadas símbolos del avance de esta
actividad.
En este período, la literatura económica
creció notablemente debido a la expansión y la abundancia, así
como del incremento significativo de los presupuestos de la nación dedicados
a la investigación y el desarrollo. El crecimiento y el perfeccionamiento
de las estadísticas producidas por el gobierno; el valor creciente del
papel de los economistas en los negocios, dentro y fuera del gobierno; el crecimiento
de los departamentos de investigación; el de los graduados de escuelas
de administración de negocios; el de las casas editoras especializadas
en publicaciones de negocios, así como el de las organizaciones privadas
como las fundaciones, con programas activos de publicaciones, ejercieron una influencia
en la generalización de las bibliotecas de los negocios.
Las
bibliotecas nacionales de ciencia y técnica, símbolos del progreso
en ese sector de un país, cobran auge a partir de este momento. En 1957,
se creó Japan Information Center of Science and Tecnology. En 1927, se
había creado la Red Nacional de Bibliotecas de Ciencia y Tecnología
en la URSS. En 1959, se estableció la Technische Informatiosbibliothek
- Biblioteca de Información Técnica - en Alemania Occidental. Aunque,
la Biblioteca Nacional de Ciencia de Canadá tiene sus antecedentes en 1924,
su reconocimiento formal no se produjo hasta 1966.
En 1958, la International
Conference on Scientific Information de 1958, celebrada en Washington es el acontecimiento
que mejor caracteriza a la transformación de la documentación en
ciencia de la información. Esta reunión fue el producto de la cooperación
del ADI, FID, NAS y el National Reserch Council. Los debates de aquella conferencia
concluyeron con la extensión de las fronteras de acción de la documentación
la cual, a partir de aquel momento, incluyó a esferas tales como la lingüística,
la traducción automatizada, la indización y la condensación
automatizada, la educación profesional de los especialistas en información,
así como otras áreas relacionadas.
En 1959, se empleó,
por primera vez, el término ciencia de la información para designar
el estudio de los conocimientos registrados y su transferencia en el sentido más
amplio.
Una subvención por tres años de la National Sciences
Foundation en 1959, abrió una nueva era de desarrollo para el American
Documentation Institute. En 1962, el número de sus miembros ascendió
a más de mil.
En 1958, Wasserman planteó que la
"administración de bibliotecas es paralela a la administración
pública, es sólo una extensión de la administración
pública".
En 1951, Price realizó su primera publicación sobre el tema de la estadística bibliográfica, cuyos antecedentes se ubican en las décadas del 20 y el 30.
La década de los años
60 es el período de tiempo donde se produjo la primera gran explosión
tecnológica en el campo de la información.
A mediados
de los años 60, las computadoras y las tecnologías asociadas se
convirtieron en una de las fuerzas más explosivas en el desarrollo de la
sociedad norteamericana.
Durante el período de transición
que experimentó la tecnología de la información entre los
años 50 y 60, se produjeron avances importantes como la introducción
de la terminal de vídeo y el teclado, los discos magnéticos y otros.
Sin embargo, los elementos que generaron el salto cualitativo principal fueron
el transistor y la teoría del estado sólido. La invención
del transistor, anunciada años antes, se produjo a partir del estudio de
las propiedades de los semiconductores.
Un elemento más pequeño
sin filamentos incandescentes, razón por la cual no disipaba calor, con
un período de vida útil ilimitado reemplazó a la válvula.
Este nuevo elemento, el transistor, generó una avalancha tecnológica
inimaginable. Comenzó así la segunda era de la ciencia de la computación.
Aunque el transistor redujo el tamaño de la computadora a unos dos
metros cúbicos y la necesidad de refrigeración de los equipos que
se sustituyó por la ventilación, la conducción de energía
era aún necesaria para trasmitir las señales eléctricas entre
los voluminosos paneles de las computadoras y los dispositivos de memoria y almacenamiento.
Los transistores y los circuitos electrónicos todavía disipaban
una cantidad considerable de calor. Cualquier desbalance podía producir
un aumento de la temperatura por encima de los 100 grados Celsius capaz de quemar
el transistor.
El tiempo promedio entre las fallas ya no se medía
en horas sino en días o semanas. Cada vez, las computadoras incorporaban
un número mayor de circuitos, es decir de transistores, con el fin de obtener
una aumentar su potencia de cálculo. Los transistores conmutaban a mayores
velocidades con lo cual las computadoras realizaban miles de operaciones por segundo.
En 1967, y para marcar el inicio de la era moderna de la computación,
apareció el primer circuito integrado, resultante del desarrollo de la
tecnología de los semiconductores el cual inició una nueva era tecnológica
en la historia de las computadoras.
Los circuitos integrados, surgidos
en el denominado Silicon Valley, se conocen actualmente como "chips"
o "microchips" contenían un único chip (substrato de silicio),
muchos transistores (al principio docenas, después miles) que conformaron
unidades de trabajo complejas.
Al ser menor el tamaño de los
componentes, se redujo la distancia entre ellos con lo cual disminuyó la
potencia necesaria para el envío de las señales eléctricas
entre ellos y aumentó la velocidad de conmutación de los circuitos.
Los problemas térmicos relacionados con la disipación del calor
y las fallas prácticamente desaparecieron.
A finales de los
60, aparecieron las memorias de semiconductores, como una variante de los circuitos
integrados, a finales de los años 60, las grandes computadoras tenían
128 y hasta 256K de memoria RAM. Veinte y cinco años más tarde,
esa cantidad de memoria podía encontrarse en una agenda de bolsillo.
Las computadoras presagiaban un cambio radical en los patrones normales
de la vida. Comenzaron a cristalizar los bancos de datos nacionales y regionales
y los sistemas a tiempo compartido que servían simultáneamente a
grandes y pequeñas firmas en las operaciones comerciales.
La
década de los años 60 fue un período de avances tecnológicos
increíbles, se perfeccionaron los equipos y sistemas para el procesamiento
de la información y las comunicaciones. Esto posibilitó que agencias
gubernamentales como la National Aeronautics and Space Administration, el National
Institute of Mental Health, la National Library of Medicine y la Atomic Energy
Commission crearan sistemas de información nacionales. Pronto se crearon
organizaciones como el Science Information Exchange, el National Referral Center
y el Committee on Scientific and Technical Information.
En esta década,
surgieron las computadoras de tercera generación que empleaban componentes
miniaturizados, creados para usarse en el espacio de los programas. Las capacidades
de almacenamiento masivo de datos disponibles proporcionaban acceso confiable
de alta velocidad a billones de unidades de información almacenadas. En
este tiempo, comenzaron a considerarse las computadoras como máquinas para
el procesamiento de la información diferente a la numérica. Surgieron
microtecnologías sofisticadas que se asociaron con las computadoras, los
medios para la comunicación de datos, la televisión y los sistemas
de comunicación vía satélite.
Las computadoras
de tercera y cuarta generación que se desarrollaron durante la década
de los años 60 introdujeron innovaciones que redujeron los problemas relacionados
con el acceso secuencial a la información. El almacenamiento en disco permitió
el acceso aleatorio a los datos, redujo la dependencia con el almacenamiento en
cinta y la necesidad de guardar datos redundantes. Debido a que se podía
acceder aleatoriamente a los datos a partir fue posible almacenar cada elemento
sólo una vez y utilizarlo cuantas veces fuera se necesitara en diferentes
sistemas.
Fue posible entonces interrelacionar datos procedentes de distintos sistemas. El acceso aleatorio a los datos a partir de los nuevos dispositivos de almacenamiento permitió la recuperación rápida de la información. Este logro y el perfeccionamiento de las telecomunicaciones facilitaron el uso práctico de las terminales.
Desde
1969, la NASA llevó varios hombres a la Luna con el proyecto Apolo, en
una aventura tecnológica que marcó un hito en la historia de la
ciencia de la información. La tecnología espacial para esta aventura
estaba lista desde años antes, cuando el Sputnik dió la vuelta al
mundo con J. Gagarin. Sin embargo, en aquel momento, las computadoras no
eran suficientemente confiables. Lograr equipos confiables y poderosos requirió
esperar por la introducción de los circuitos integrados los cuales permitirían
asumir el riesgo de un viaje espacial de varios días que se realizaría
bajo el control total de computadoras que no debían fallar.
Si
importante fue el proceso de cambio, no menos lo fue la disponibilidad de servicios
e instalaciones de comunicación económicas, eficientes y compatibles.
Solo mediante los canales de comunicación es posible la realización
práctica de muchas de las potencialidades de las computadoras para el progreso
económico y social. Las líneas de comunicación hacen posible
los sistemas en línea y el procesamiento en tiempo real, mediante el uso
de sistemas de tiempo compartido que hacen accesible las computadoras a múltiples
usuarios.
En 1966, se creó la Federal Communications Comission
(FCC) en Estados Unidos. Ella llama a la revisión de las políticas
de comunicación, a determinar los intereses del público y a examinar
la adecuación de las instalaciones, los servicios y las prácticas
de la comunicación. Es el punto de inicio del desarrollo descomunal de
los enlaces telefónicos entre computadoras que se une al desarrollo de
los satélites.
En 1964, M. McLuhan, planteó su idea sobre la "aldea global". Pero, al mismo tiempo que el pensamiento del hombre volaba hacia las redes, se producían notorios avances en el uso de las computadoras en las bibliotecas y sus servicios. A comienzos de los años 60, surgieron múltiples proyectos de automatización de bibliotecas. La utilización de las computadoras para la búsqueda de información en las bases de datos, por ejemplo, se convirtió en una realidad en esta época.
En 1961, la National Library of Medicine comenzó un proyecto de
mecanización, denominado MEDLARS con el fin de crear un sistema para el
análisis de la bibliografía médica y la recuperación
de información. En 1968, Medlars desarrolló un proyecto piloto denominado
"Proyecto AIM-TWX (Abridged Index Medicus-Teletypewritter Exchange)"
para la realización de búsquedas bibliográficas mediante
teletipos. Igualmente, desarrolló un sistema para la producción
y la búsqueda en el Index Medicus. En el mismo año, la Universidad
de California inició un trabajo, que se considera pionero, para el control
de las seriadas.
Entre 1958 y 1959, se realizó un experimento
de catalogación en cuna por parte de la Library of Congress para facilitar
juegos de tarjetas junto a los libros que fracasó.
En 1963,
se inició el "Ontario New Universities Library Project", en la
Universidad de Toronto, un proyecto para producir catálogos computadorizados
de libros en cinco nuevas bibliotecas universitarias y en el mismo año
apareció el "King report". El proyecto "Automation and the
Library of Congress" posibilitó de automatizar muchas de las actividades
de grandes y prestigiosas bibliotecas.
En 1965, Baltimore County Public
Library, publicó Book Catalog, un producto impreso totalmente computadorizado
con alrededor de 55 000 títulos.
En 1965, la UCLA y la Universidad
de Colorado comenzaron a ofrecer servicios de búsqueda en tanda en las
bases de datos de MEDLARS. En 1966, las universidades de Harvard, Alabama y Michigan
introdujeron servicios similares. Desde 1967, la National Library of Medicine
de los Estados Unidos suministra estos servicios en sus computadoras.
El
desarrollo de los sistemas de manipulación de información fuera
de línea tropezó con las dificultades que planteaba la comunicación
hombre-máquina, la complejidad y las irregularidades de la producción
de las seriadas que impedían una comunicación eficiente.
El
trabajo experimental para la recuperación de la información en línea
data, al menos, del año 1963.
En 1964, Kessler condujo
el primer experimento significativo de recuperación en línea en
el Massachussetts Institute of Technology (MIT).
En 1968, se creó
uno de los primeros sistemas en línea en la biblioteca de Laval University
en Quebec, Canadá. El más eficiente de estos resultó ser
el de la biblioteca biomédica de la UCLA que operó entre 1963 y
1971.
El primer sistema de recuperación en línea que
operó a gran escala fue el RECOM (Remote Console), de la National Aeronautics
and Space Administration (NASA) que entró en operación en 1969.
A partir de 1971, Medline utilizó el ORBIT de la System Development Corporation.
En 1970, se creó el New York Times Information Banks.
En 1969,
entró en servicio parcialmente el primer catálogo de referencia
en línea, denominado Experimental Library Management Systems (ELMS) en
la biblioteca de Los Gatos en California. Constituyó probablemente uno
de los primeros signos de virtualización en las bibliotecas. Se superó
así la concepción limitada de la automatización como herramienta
auxiliar para la impresión en papel, es decir de aquella que concibe a
la computadora de la misma forma que se utilizan otros recursos cuando se realizan
los procesos de forma manual y que caracteriza al período de transición
entre el papel y el soporte electrónico.
Los sistemas de información
al igual que las disciplinas científicas crecieron primero internamente
antes de integrarse en el trabajo multidisciplinario de las entidades de información,
después se unieron entre sí para formar los sistemas nacionales,
regionales e internacionales. Este nivel de interconexión condujo al estado
de globalización que caracteriza al mundo de hoy en materia de información.
En este sentido, el proyecto de la OCLC (Ohio College Library Center),
puesto en práctica en el año de 1967, resultó ser el más
eficiente de los catálogos compartidos de su época.
En
mayo de 1964, se instaló, en la Southern Illinois University, el primer
sistema computadorizado para el control de la circulación como resultado
del hallazgo de la semejanza existente entre los procedimientos para el control
de la circulación de los fondos bibliotecarios y los inventarios industriales.
Desde la década de los 60 las bibliotecas han utilizado tecnología
en general. Pero su primera aplicación en las bibliotecas fue al control
de la circulación de los documentos. El carácter rutinario y simple
de la actividad, su laboriosidad, gran consumo de tiempo, la dificultad para generar
estadísticas, la multiplicidad de ficheros a manipular, la redundancia
de sus datos e inestabilidad del personal que labora en ella determinaron que
fuera la primera en automatizarse.
Para esto, se emplearon hasta los
60, los sistemas de procesamiento pre- computadoras, los equipos de registro de
unidades.
En 1965, el "Report of a Planing Conference of Information
Transfer Experiment", llamó a bibliotecarios, ingenieros, industriales,
publicistas, autoridades del gobierno y a los especialistas en información
a la "formulación de un programa coordinado" de experimentos,
denominado "INTREX", que se esperaba podría "proporcionar
un diseño para la conversión de una gran biblioteca universitaria
en un nuevo sistema de transferencia de información el cual podría
comenzar sus operaciones a inicios de la década de los años 70".
Entre 1965 y 1973, el Massachussets Institute of Technology desarrolló
el proyecto INTREX (Information Transfer Experiments), que ofreció por
primera vez la posibilidad de acceso a un texto completo.
Antes de
1960, en Estados Unidos, existían nueve sistemas en cinco bibliotecas especializadas
diferentes para este propósito. Estos sistemas no utilizaban computadoras
sino equipos de registro de unidades. El primero computarizado apareció
a comienzos de los años 60 en la biblioteca del Lincoln Laboratory en Lexington,
Massachussetts.
Hacia 1964, muchas bibliotecas universitarias comenzaron
esta práctica.
En 1966, se creó un sistema de control
de la circulación que operaba parcialmente en línea en la biblioteca
del estado de Illinois.
El primer sistema en línea para el control
de la circulación con capacidades completas para el manejo de las solicitudes
de los usuarios se instaló en Bell Telephone Laboratories en New Jersey
en 1968. Otro semejante se ubicó en la Eastern Illinois University en el
mismo año.
En 1968 también, la Washington State University
creó uno de los primeros sistemas en línea para el manejo de la
adquisición en 1968. Otro, nació en la biblioteca pública
de Decatur. Este manejaba información comercial, órdenes de compra,
contabilidad y otros elementos. Numerosas bibliotecas especializadas comenzaron
su uso a mediados de los años 60. En 1969, se utilizó para esto
terminales con pantallas. Asimismo, la University of Massachusetts desarrolló
BOSS (Books Orders and Selection Systems).
La cumbre de los esfuerzos
de automatización en el área de las bibliotecas se alcanzó
con el Proyecto MARC (Machine Readable Cataloguing) de la Biblioteca del Congreso
que se desarrolló entre 1965 y 1974. Dicho proyecto pretendía crear
un formato para los datos de la catalogación, aceptable como norma nacional,
que pudieran comprender las máquinas, así como posibilitar su exportación,
intercambio y uso por las diferentes computadoras que probablemente se utilizarían
en la automatización de las bibliotecas. El desarrollo de las normas facilitó
el trabajo en red. El proyecto MARC, el más significativo de automatización
de bibliotecas en esta etapa de desarrollo, fue decisivo en este empeño.
El progreso real en la computarización de los catálogos provino
de este gran empeño.
En ninguna otra área fue tan intensa
la labor de automatización como en la producción de catálogos.
En 1970, existían 112 sistemas para estas funciones en Estados Unidos.
Evolución histórica de la centralización y la descentralización
de las redes. Su éxito creó los fundamentos para nuevos avances
en el campo de la catalogación que de otra manera hubiesen sido imposible
y generó una norma internacional en crecimiento. MARC e Intrex constituyeron
la base para la próxima era de la automatización de las bibliotecas:
la de los sistemas en línea. La mayoría de los proyectos de automatización
de las bibliotecas de mediados de los años 60, incluyendo los basados en
MARC, eran sistemas de procesamiento en tanda fuera de línea.
En
tales sistemas, los datos y los programas se proporcionan a la computadora mediante
tarjetas y cintas perforadas o magnéticas. La computadora procesa y genera
el resultado deseado (sean listas impresas, tarjetas de catálogos impresas,
informes, tarjetas perforadas para el control de la circulación u otros).
Durante el procesamiento, la computadora completa o alguna parte de ella se dedica
a la realización del trabajo.
La adquisición de programas
para la realización de los diferentes procesos bibliotecarios transitó
desde la elaboración de éstos en la propia institución hasta
la obtención de sistemas comerciales. La carencia de conocimientos sobre
el mercado bibliotecario constituyó, al parecer, el problema principal
para la producción de programas de uso bibliotecario específico
por parte de compañías que comercializaban programas para computadoras,
en lugar de la falta de capacidad tecnológica.
Muchos sistemas
se elaboraron sobre la base de la experiencia en el trabajo de la biblioteca de
la compañía sin considerar otras bibliotecas enfrentaban problemas
diferentes y funcionaban de forma diferente. Hasta cierto punto, la carencia de
diseños comerciales puede deberse también al hecho de que las grandes
compañías tenían fuertes intereses en otras esferas de la
actividad social.
La primera área objeto de automatización
en las bibliotecas fue la de procesamiento, los catálogos fueron los primeros
en recibir sus beneficios. Su producción y actualización constituía
un trabajo sumamente monótono, agobiante, tradicional y rutinario, razones
por las cuales resulta comprensible que constituyera una de las primeras necesidades
en el marco de estas instituciones. Es bueno recordar que los ordenadores en sus
primeras etapas de desarrollo tuvieron como función primaria la de facilitar
la realización de operaciones intelectuales simples y repetitivas.
Mas tarde, le siguieron procesos cada vez más complejos hasta la
actualidad en la que ninguna de las áreas del trabajo bibliotecario se
halla excluido de este trabajo.
A pesar de los esfuerzos realizados
por lograr el uso de un formato único de catalogación desde 1965
por parte de la Biblioteca del Congreso y la existencia de una norma para el intercambio
de datos catalográficos legibles a las máquinas, las bibliotecas
empleaban múltiples formas para la preparación de sus catálogos.
En alguna medida, la tendencia hacia la creación de redes reflejaba
el deseo por parte de los bibliotecarios de una seguridad sobre el control del
acceso a las computadoras. Las redes ofrecían un medio propio a los bibliotecarios
que evitaba compartir las computadoras con usuarios no bibliotecarios en un ambiente
institucional. Este deseo se basa en los problemas que originaron los proyectos
bibliotecarios implementados en grandes computadoras de propósito general
en las universidades.
Durante los años 60, la forma de trabajo
más común. Pero ella resultó en un verdadero desastre para
la eficiencia de las operaciones y de los servicios bibliotecarios. El interés
por la búsqueda de alternativas que permitieran extender el uso de las
computadoras creció, aparecieron entonces las minicomputadoras.
Aunque
se instalaron varios sistemas mecánicos a finales de los años 50
y principios de los 60, la mayor parte de ellos se ubicó en pequeñas
bibliotecas especializadas. Típicamente, estos sistemas utilizaban equipos
normalizados de perforación de tarjetas, denominados en ocasiones, equipos
de "registro de unidades" porque la tarjeta perforada como unidad de
registro era el centro de su operación.
Con excepción
de formas experimentales, no se utilizaron computadoras hasta alrededor del año
1961. En este sentido, la automatización de las bibliotecas se rezagó
a la de los negocios, la industria y la ciencia. El retraso no se debió
a la falta de interés y entusiasmo por parte de los bibliotecarios; la
mayoría de las personas consideraron a las computadoras sólo apropiadas
para los cálculos numéricos y sus programas se orientaron fundamentalmente
a los negocios y las aplicaciones científicas. Incluso, resultaba difícil
para la mayoría de las bibliotecas obtener un equipo de registro de unidades
mientras sus instituciones paternas - universidades, gobiernos locales y negocios
no las adquirieran. Estos equipos de registro de unidades por su naturaleza, estaban
limitados en el volumen de procesamiento que podían realizar: sólo
ejecutaban tareas bastante simples en forma secuencial bajo el control de un panel
de cables en el tabulador.
El único medio de "comunicación"
con las máquinas era mediante las perforaciones en las tarjetas (o de forma
alternativa, en cintas perforadas). La comunicación con los usuarios del
sistema se limitaba a informes impresos o a las mismas tarjetas. La capacidad
de manipulación y de análisis de los datos era escasa. El almacenamiento
de los datos, en caso de extracción, solo podía realizarse en las
tarjetas perforadas.
Las computadoras de propósito general que
aparecieron en los años 60, iniciaron una segunda era en los sistemas de
automatizados para las bibliotecas. Los equipos que empleaban tarjetas perforadas
continuaron utilizándose, pero su uso disminuyó gradualmente. La
mayoría de los sistemas de los años 60 utilizaban las tarjetas perforadas
como medio de entrada, por lo tanto, el suministro de la información a
los sistemas no se diferenció, en gran medida, de la de los sistemas de
registros de unidades.
Sin embargo, una vez que los datos estuvieran
almacenados, se podían realizar muchas más operaciones en una sola
"corrida" o procesamiento. Aun más, los sistemas podían
"recordar" la información almacenada con respecto a las solicitudes
de libros en curso, los libros en reserva o en préstamo, las publicaciones
periódicas recibidas y otras, en cinta magnética. Además,
la información podía transferirse automáticamente dentro
y fuera de la memoria central de la computadora según se requiriera para
la realización de las operaciones. La rapidez de las operaciones, así
como la capacidad de manipulación y de análisis de los datos se
incrementaron significativamente, a menudo por varios órdenes de magnitud.
La creciente disponibilidad de computadoras y los avances que éstas
experimentaron en el procesamiento de los datos propiciaron rápido desarrollo
de los sistemas automatizados para las bibliotecas durante los años 60.
Otra de las causas fue el reconocimiento creciente de toda la sociedad de que
la computadora podía utilizarse eficazmente en trabajos que no tenían
que ver con números. Para algunos, de hecho, la unión de la computadora
con la biblioteca pareció una alianza natural; "una biblioteca es
un sistema donde se almacenan conocimientos de forma tal que facilite la identificación
y recuperación según se necesite, definición con la cual
puede también conceptuarse a una computadora".
El crecimiento
del volumen de información pública a manipular, es uno otro de los
factores que explican el aumento de la actividad de automatización en las
bibliotecas. Probablemente, la urgencia creciente de responder a muchos problemas,
en especial, los de carácter médico, social y militar, contribuyó
poderosamente a la introducción de las nuevas tecnologías en las
instituciones de información.
Entre 1957 y 1962, la mayor parte
del trabajo de automatización fue experimental y de desarrollo. Las computadoras
digitales a diferencia de las máquinas de tarjetas perforadas, comenzaron
a utilizarse en las bibliotecas. Algunos de los equipos en uso, antes de 1957,
obtuvieron una mayor, aunque todavía relativamente lenta, aceptación.
El procesamiento de datos en máquina resultaba económicamente ventajoso
por dos razones: una, un registro básico podía utilizarse para diferentes
funciones y dos, los costos de desarrollo y de programación podían
compartirse por cierto número de bibliotecas. Los primeros trabajos realizados
en el campo del almacenamiento de la información y de la recuperación
tuvieron como objetivo principal la recuperación de los documentos.
La mayoría de las computadoras se utilizaron a medio tiempo debido
a que al número limitado de aplicaciones bibliotecarias de una computadora
lo cual produjo un costo demasiado alto para cualquier biblioteca, afrontable
solo por las grandes bibliotecas. Durante estos años, aun cuando las computadoras
digitales se emplearan a tiempo completo, solo se automatizaron funciones aisladas
de la biblioteca en lugar de todas sus actividades.
Aun cuando la información
electrónica (datos legibles para las máquinas) se originó
cerca de finales del siglo pasado (1890), la aparición de los productos
y servicios de información electrónica en forma comercial es relativamente
reciente - finales de los años 60 y principios de los 70.
Entre 1965 y 1975, se planteó la importancia de los sistemas de recuperación de datos que ofrecieran respuestas específicas a solicitudes concretas, lo que evidencia el nacimiento de una nueva etapa del desarrollo social donde la información es más importante que los documentos. Estos sistemas son un antecedente seguro del nacimiento de los trabajos de inteligencia artificial y los llamados sistemas expertos. Tales sistemas no pudieron desarrollarse en aquellos momentos.
El término
"en línea" se refiere al hecho de que el usuario está
en comunicación directa (en línea con) con la base de datos que
desea interrogar y con la computadora en la cual está base de datos está
almacenada. La búsqueda es una conversación entre el usuario y el
sistema. Debido a esta razón se les denomina frecuentemente como interactivos
o conversacionales.
En un sistema en línea, la computadora atiende
a una o más terminales conectadas al mismo tiempo para realizar trabajos
particulares; el usuario de la biblioteca se "conecta" a la computadora
y es capaz de comunicarse con ella cuando lo desee. La computadora procesa de
forma simultánea o virtualmente simultánea, al conceder a cada usuario
(y cada trabajo) una fracción de minuto o un segundo de tiempo, continuar
al próximo y retornar al primero con o sin que el usuario se percate de
ello: tiempo compartido.
A mediados de los años 60, las computadoras
eran tan rápidas y potentes que posibilitaron a varios usuarios acceder
simultáneamente a ellas; surgió así el tiempo compartido.
Como las respuestas de un usuario común, que debe teclear sus comandos
mediante un dispositivo de entrada (el teclado de la terminal), emplean desde
fracciones hasta varios segundos, tiempo durante el cual la computadora es capaz
de ejecutar miles de operaciones, las computadoras pueden dividir su atención
entre diferentes usuarios para aprovechar el tiempo en el que los recursos del
sistema están completamente disponibles.
Una vez que concluye
la atención a un usuario en particular, el sistema almacena en la memoria
el estado exacto de todos sus registros, carga los registros de otro usuario,
cumple las órdenes recibidas durante el tiempo que el usuario anterior
ofrece nuevas instrucciones y así sucesivamente. Las grandes computadoras
permitían que cientos de usuarios se conectaran simultáneamente
para realizar sus tareas de forma tal que cada uno se sintiera como el dueño
absoluto de la máquina.
En los sistemas en línea, la
comunicación entre el hombre y la máquina superó significativamente
a la de sus predecesores: los sistemas fuera de línea. Se eliminó
la necesidad de generar numerosos y amplios informes, así como la búsqueda
manual en ellos al poder almacenarse en la memoria de la máquina. Al considerar
las complejidades de la información bibliográfica y las operaciones
editoriales que realizan las bibliotecas, éstas son enormes ventajas. En
efecto, desde los sistemas simples de registro de unidades a los sistemas fuera
de línea y de éstos a los en línea, ocurrió un considerable
perfeccionamiento de la comunicación entre el usuario y el sistema, entre
el hombre y la máquina, hecho el cual es un elemento decisivo en el desarrollo
de la automatización en general y de las bibliotecas en particular.
La clave de estos sistemas era que la información almacenada (generalmente
en discos magnéticos) estaba disponible en todo momento o a lo sumo en
algunos segundos, sin el empleo de las tarjetas perforadas. La mayor parte de
tales sistemas proporcionan la "interacción" o, incluso, la "conversación"
con la computadora: en respuesta a una solicitud, el sistema solicita más
información, el usuario la suministra y la computadora prosigue con la
conversación en dependencia de las respuestas a sus preguntas.
Cuando
se celebró la conferencia donde se originó el proyecto Intrex, había
comenzado al menos un experimento en el uso de los sistemas en línea para
propósitos bibliotecarios. En la misma institución, donde tuvo lugar
la mencionada conferencia, el M.I.T., se inició el Technical Information
Project en el cual, a partir de la indización de varias docenas de revistas
de física, se empleó uno de los primeros sistemas de trabajo en
línea de tiempo compartido (el Proyecto MAC, basado en una IBM 7094) para
la "búsqueda en el conjunto de referencias mediante terminales".
En 1967, comenzaron dos grandes proyectos que años después culminarían con la creación de sistemas en línea que posibilitaban el acceso, en segundos, a un conjunto mucho mayor de datos bibliográficos: el de Ohio College Library Center (OCLC) y el de la Stanford University. Ambos se concibieron para al acceso a cientos de miles de registros de catálogos disponibles mediante el proyecto Marc, y otros tantos procedentes de otras bibliotecas. Al año siguiente, los sistemas en línea operaban regularmente en un grupo de bibliotecas de los Estados Unidos y se crearon sistemas para el control de la circulación en línea en Bell Telephone Laboratories y en la Eastern Illinois University. La Laval University, en Quebec, utilizaba un sistema en línea para el control de las publicaciones seriadas y la Washington University empleaba otro para las adquisiciones.
Con
posterioridad al desarrollo del formato MARC, se realizaron diversos intentos
para crear redes regionales que utilizarían éste como base para
el almacenamiento y la comunicación de información bibliográfica.
En año 1966, la Ohio College Association aprobó el concepto de una
base de datos bibliográfica distribuida la cual comenzó a funcionar
rápidamente. BALLOTS, un sistema para la automatización bibliográfica
de las operaciones de las grandes bibliotecas de tiempo compartido, comenzó
a trabajar como un sistema de bases de datos distribuidas en 1967. Después
de los intentos por elaborar un sistema, el Pittsburgh Regional Library Center
se incorporó al OCLC en un esfuerzo cooperado que se emprendió en
1970.
NELINET, (originalmente la New England Library Information Network)
y SOLINET (en sus inicios la Southeastern Library Network), que nacieron como
redes regionales, realizaron la tarea de réplicar el OCLC para las necesidades
locales.
El interés de las bibliotecas por la creación
de redes de cooperación nació, entre otras causas, de la necesidad
de las bibliotecas de adquirir su propio equipamiento como resultado de las dificultades
que originaba el uso compartido de las máquinas con sus instituciones paternas.
En los años 60, en general, se introdujo la automatización de las
bibliotecas a nivel institucional. Los primeros trabajos publicados sobre automatización
y redes trataron algunas de las desventajas de la cooperación. No obstante,
la cooperación y las redes se consideraron incuestionablemente como sinónimas.
Entre 1900 y 1960, la centralización del poder, la autoridad y la
responsabilidad fueron características esenciales de la administración.
La centralización, como estilo de estructuración organizacional,
es más apropiada en ambientes de guerra, en depresiones y en la dirección
de una economía creciente; sin embargo dicha tendencia ha disminuido en
los últimos años. La descentralización es una propensión
incuestionable en la automatización de las bibliotecas.
Una
red de computadoras descentralizada es aquella que distribuye el poder computacional,
el procesamiento y las funciones de control entre diversos nodos de la red. Las
bases de datos distribuidas son bases interconectadas que residen en localizaciones
físicas diferentes en una red. Una red distribuida presenta un diseño
en el cual cada nodo se conecta con los demás directamente o mediante un
nodo intercambio. Una red centralizada de computadoras es una configuración
en que una máquina o grupo de ellas localizadas en un punto central posibilita
la potencia de cálculo, el control de las telecomunicaciones y de los programas
del nivel de aplicación; el procesamiento se ejecuta en un ordenador o
grupo de ellos ubicados en un sitio que provee el poder y controla la red.
En 1968, Licklider, a la vez que predijo que las redes locales de computadoras
se implementarían más pronto que las grandes distribuidas geográficamente,
pronosticó que el futuro de la comunicación hombre/máquina
se apoyaría en las redes geográficamente distribuidas.
Varios logros técnicos posibilitaron el avance de la integración en redes, el mejoramiento de la comunicación entre computadoras, teléfonos y teletipos. Sin embargo, no es hasta la aparición de las redes que posibilitaban el trabajo en línea que es posible para muchas bibliotecas compartir los mismos ficheros de trabajo y catálogos en tiempo real, como si trabajaran en una institución gigante. Se le concedió entonces una gran importancia a las comunicaciones, compartir recursos requería de sistemas poderosos de comunicación.
Por otra parte, a comienzos de los años 60, comienzan a utilizarse las computadoras para producir publicaciones, como antecedente directo de las ediciones electrónicas propiamente dichas. Se emplean para generar copias impresas.
Posteriormente, comenzaron a emplearse para la distribución
de copias impresas y electrónicas. Finalmente, las computadoras soportan
el proceso de elaboración, diseminación y uso de las publicaciones.
En 1965, Ted Nelson propuso el término hipertexto. A finales
de los años 60, Doug Engelbart comenzó a trabajar sobre estas ideas
y creó Intermedia, el primer sistema hipertexto que existió.
Entre el 1962 y el 1967, se realizaron experimentos para crear robots.
Los primeros antecedentes de esta área del conocimiento se sitúan
en el libro de Sir David Brewster, titulado "Letters on natural magic",
que se publicó en 1833.
Los sistemas inteligentes, como herramienta
automática de razonamiento lógico inferencial, resultan muy útiles
para la solución de problemas, la enseñanza y otros propósitos.
En 1960, se produjo un descubrimiento sumamente importante para el
futuro del registro de la información: el del Láser (Light Amplification
by Stimuled Emission of Radiation).
En 1960 apareció la fotocopiadora
automática.
En 1 963, se introdujo el término "reprografía"
en el Primer Congreso Internacional de Reprografía que se celebró
en Alemania. La reprografía es una disciplina relacionada con el registro
de la información.
Aunque los experimentos con telefacsímiles
comenzaron en 1 948, no es hasta 1967 que se instaló un sistema operacional
en la Universidad de Pensilvania. En la década siguiente, en los años
70, las críticas fundamentales a estos equipos eran sus costos, deficiencias
técnicas y baja velocidad de transmisión.
El factor más
significativo que estimula el cambio en las bibliotecas es la revolución
electrónica.
Las primeras innovaciones condujeron a lo que Michael
Buckland, ha caracterizado como "la biblioteca automatizada", en la
cual las colecciones de documentos se encuentran en forma impresa fundamentalmente,
aunque sus procedimientos se hallan computarizados. En esta etapa, se produjeron
avances como la catalogación en línea, la automatización
de la circulación y los catálogos de acceso público en línea.
Todo esto permite cumplir las tareas de la biblioteca tradicional en forma más
rápida, precisa y eficiente.
El período entre 1962 y
finales de los 70 presenta la infancia de la automatización bibliotecaria.
Sin embargo, existían muchas aplicaciones para el procesamiento automático
de datos en las bibliotecas y centros de información, particularmente en
los Estados Unidos.
Aún con todo lo referido, la utilización
de las computadoras resultó limitada en extremo, en los años 60.
Hacia 1974, se produjo una declinación dramática de los costos
de almacenamiento en máquina y de las terminales.
Sin embargo, las
fuentes de fondos para proyectos de automatización local prácticamente
desaparecieron. De igual forma, ocurrió con los subsidios federales que
fueron abundantes durante los años 60 y se eliminaron en los 70. Las fundaciones
se mostraron menos propensas a financiar proyectos, a menos que estos fueran innovadores.
Los presupuestos propios de las bibliotecas se mantuvieron estáticos o
se redujeron en lugar de incrementarse. Se podían hallar fondos para proyectos
de cooperación que redujeran los costos de operación pero no para
la experimentación.
A pesar de la incapacidad de la ciencia de la información para
poner en orden su casa intelectual, las tecnologías de información
penetraron rápidamente en su campo de acción. Es oportuno decir
que ciencia de la información no es igual a máquinas ni a tecnología.
Sin embargo, es una realidad que sin la tecnología, fuera imposible desarrollar
una proporción significativa de los procesos propios de la ciencia de la
información.
Las máquinas son solo hardware si se destinan
incorrectamente a tareas que se supone realizan. De igual forma, ocurre si se
comprenden incorrectamente sus capacidades y limitaciones con respecto a cada
tarea.
Durante los años 50 y los 60, se creyó que la
tecnología era una panacea. Se pensaba que lo único que se necesitaba
era una computadora más rápida y potente. A finales de la década
de los años 60, existían algunos avances tecnológicos importantes,
que permitieron vislumbrar cuán profundos y complejos eran los problemas
intelectuales. Un ejemplo significativo en este sentido el de los aspectos relacionados
con la medición de la relevancia que surgieron con los esfuerzos evaluar
el rendimiento de los sistemas de recuperación.
En 1964, Hillman
señaló que los criterios de pertinencia humanos recibieron poca
atención en las discusiones teóricas sobre la efectividad de los
sistemas de recuperación de la información. Él demostró
que el método más evidente para definir los conceptos y su relación
no era confiable. Esto, por supuesto, tuvo "serias consecuencias teóricas
y prácticas al cuestionarse los fundamentos sobre los que se asentaban
las bases de los sistemas de recuperación de la información.
Cuadra y Katter señalaron la inestabilidad psicológica
de la pertinencia y se criticó el uso del criterio de relevancia sin un
examen crítico como base para la medición de la efectividad de los
sistemas de recuperación de información.
En esta etapa,
el concepto de información científica no se consideraba como una
noción interdisciplinaria, relacionada con la actividad bibliotecaria.
Su introducción generó un gran cambio. Dicho concepto que era visto
como algo perteneciente a una disciplina externa, se comprendía intelectualmente
de forma inadecuada. La contribución de este nuevo concepto para la educación
de los bibliotecarios y su pensamiento fue muy significativa; sin embargo, dicho
concepto no se integró a los programas como un todo sino que se estudió
en cursos separados.
La aparición del concepto de información
y los avances de la teoría de la comunicación y de la información
produjeron una verdadera revolución en esta disciplina. Se buscaron entonces
nuevos métodos de enseñanza, creció la importancia de las
investigaciones en la educación y aumentó la de la educación
continua para el personal profesional y de apoyo.
Los avances registrados
en materia de información y tecnología durante la década
de los 50 y los 60, aunque a la luz del desarrollo actual puedan parecer insignificantes,
impulsaron de forma decisiva la aparición de un nueva área del conocimiento:
la ciencia de la información.
Otros antecedentes importantes
en el nacimiento de la nueva disciplina son un informe del comité que asesora
al presidente de los Estados Unidos en 1963 y los trabajos de Mikhailov, Chernyi
y Giliarewskii, publicados en 1966, donde se propone un nuevo nombre para
la recién creada área de estudio, Informática.
En
1968, H Borko elaboró una definición, con una visión
mucho más amplia, del campo de acción de esta ciencia en la que
se estableció la existencia de dos sectores: uno teórico y otro
aplicado. En este último, la ocupación fundamental la constituye
el diseño y el suministro de productos y servicios de información
que posibiliten un uso adecuado de la información.
Por aquellos
años, se indican igualmente algunas de las relaciones de esta nueva ciencia
con otras disciplinas existentes. En 1968, J H Shera señaló
la existencia de una alianza natural entre la ciencia de la información
y la Biblioteconomía.
A pesar de haber transcurrido más
de 40 años del surgimiento de las bases de la denominada ciencia de la
información, diferentes autores han señalado, en distintas ocasiones,
la ausencia de un cuerpo teórico que delinee un horizonte científico
para esta disciplina, así como el hecho de que su epistemología
se encuentra en proceso de construcción. La falta de estudios teóricos
en este sector sitúan a la ciencia de la información en un estado
de fragilidad teórico- conceptual significativa.
La historia
intelectual de una disciplina científica debe centrarse en la búsqueda
de sus fundamentos teóricos. En 1964, se trató de manera formal
aquellos aspectos que más tarde serían las bases de la ciencia de
la información durante la 27 reunión anual del American Documentation
Institute, la cual se celebró bajo el título "Parámetros
de la Ciencia de la Información". Este tema, se discutió con
frecuencia durante los años 60.
Un punto razonable para comenzar
el análisis sobre la búsqueda de los fundamentos teóricos
de la ciencia de la información es la teoría de la información
de Shannon.
Este trabajo es un buen ejemplo del gran esfuerzo que se
realizó durante aquella época para adecuar las medidas cuantitativas
de Shannon a espacios subjetivos y cualitativos. Kochen afirmó que
Shannon trató la cuantificación técnica; no así
el significado ni la transferencia de los conocimientos. "Sin embargo, el
uso del término información atrajo a los científicos, muchos
de los cuales no se ocupaban de la ingeniería en comunicaciones, a la exploración
de la aplicabilidad del concepto en sus campos de trabajo".
Múltiples
especialistas iniciaron sus estudios, confiados en que aquella fórmula
mágica de Shannon, abriría el acceso a innumerables secretos
de la información y proporcionaría una medida cuantitativa que constituyera
la base teórica científica de un campo mucho mayor carente de ella.
Lamentablemente, esta sobrextensión del alcance del concepto enunciado
por Shannon no fue más que un esquema intelectual para alcanzar
rápidamente"la riqueza".
Con el decursar del tiempo,
la mayoría de sus seguidores abandonaron el esfuerzo. La teoría
de la información, como se concibió originalmente, sobrevivió
a esta sobre - aplicación y maduró dentro de "una especialidad
matemática bien diferente de lo que es hoy la ciencia de la información"
(Kochen).
Brillouin advirtió posteriormente, "...
no se está en posición de investigar el proceso del pensamiento.
No es posible, por el momento, introducir en la teoría de la información
elementos que impliquen el valor humano de la información... las restricciones
que se han introducido capacitan para dar una definición cuantitativa de
la información como cantidad físicamente mesurable. Sin embargo,
esta definición no distingue entre la información de gran importancia
y una parte de una noticia que presenta gran valor para la persona que la recibe".
La evolución del término ciencia de la información
tuvo sus inicios en el concepto de "Economía de las bibliotecas".
La preferencia por el término "documentación" disminuyó
considerablemente. En 1966, la American Library Association sustituyó su
Interdivisional Committee on Documentation por una nueva sección: la Information
Science and Automation División con un órgano de información
propio, la Journal of Library Automation. Durante varios años, Eugene
Garfield y sus colaboradores, solicitaron un nuevo nombre para el American
Documentation Institute. En 1968, la organización se convirtió en
la American Society for Information Science (ASIS).
Y es que en los
años 60, existió un clima apropiado para el desarrollo de la ciencia
de la información. Ante todo, el interés por los problemas de la
información, tanto de parte del mundo científico como del gobierno
federal alcanzó un nivel sin precedentes en los Estados Unidos. Coincidentemente,
este período se caracterizó por un desarrollo tecnológico
acelerado.
El número de personas involucradas en la creación y utilización de la información científica y técnica creció rápidamente. La conmoción que produjo el lanzamiento del Sputnik, generó una intensa preocupación por el desarrollo tecnológico del país que impulsó un amplio programa de educación científica y de exploración del espacio con vistas a recuperar el prestigio perdido.
La información se convirtió en el punto esencial en este
empeño, hecho el cual se evidenció con el famoso Weinberg Report
de 1963. "La transferencia de la información es una parte inseparable
de la investigación y el desarrollo. Todos aquellos que se preocupen por
dichos procesos - científicos, ingenieros, entidades de investigación
académicas e industriales, sociedades técnicas, agencias gubernamentales,
entre otras- deben reconocer su responsabilidad por la transferencia de la información
de la misma forma que aceptan su responsabilidad por la investigación y
el desarrollo" (U. S. President's Science Advisory Committee).
Como
se observa, a lo largo de la historia, han ocurrido algunos acontecimientos ajenos
al sector de la información los cuales han servido como catalizadores importantes
en el desarrollo de este sector. Por ejemplo, el impacto que produjo el lanzamiento
del Sputnik, dio un impulso significativo al desarrollo científico y tecnológico
en los Estados Unidos, en el centro del cual se ubicó como un recurso esencial
la información. Internet es también un producto de ese evento, aparentemente
divorciado del desarrollo de las ciencias y las prácticas de la información.
Él marcó el nacimiento de una nueva era: la era de la información
y las redes. Otro acontecimiento, de gran relevancia en este sentido, fue la crisis
de los años 70.
El primero de ellos tuvo su efecto fundamental
en el desarrollo de una infraestructura nacional de información basada
en grandes instituciones y en poderosos medios tecnológicos, mientras que
el segundo ejerció su influencia esencial en la creación de una
infraestructura organizacional de información que posibilitara la integración
de la entidad a la infraestructura nacional, así como la accesibilidad
universal de todos los miembros de la institución a los recursos de información
tanto organizacionales como nacionales e internacionales. Los hechos mencionados
se enmarcan en la etapa que se ha considerado como de "desarrollo nacional"
en los Estados Unidos.
La ayuda federal para enfrentar los problemas de la información, no era nueva; de una forma u otra estuvo presente en este proceso desde tiempo. La Segunda Guerra Mundial generó un diluvio de información científica y técnica; sin embargo, los medios y los métodos para el control bibliográfico y la diseminación de la información recibieron insuficiente atención.
Prominentes
científicos, involucrados en el esfuerzo de la guerra, influyeron en el
congreso para que apoyara la investigación y el desarrollo en el uso de
la información técnica.
La situación privilegiada
que ostenta desde aquel momento dicho recurso a propiciado el interés por
el progreso de las instituciones de información -como intermediarias en
el proceso de la comunicación-, así como de las tecnologías
que facilitan su transferencia. Esta posición de la información
con respecto a los demás recursos de la sociedad moderna ha convertido
al sector de la información en una esfera de crecimiento tumultuoso, caracterizada
por cambios constantes en las concepciones, los métodos y los medios de
trabajo que en ella se emplean. De la misma forma que la puesta en órbita
del satélite soviético provocó un desarrollo acelerado de
la esfera de la información en los Estados Unidos, este y otros programas
igualmente ambiciosos generaron un crecimiento similar en esta esfera en la URSS.
Una proporción significativa de la ayuda que brindó el gobierno
norteamericano para el desarrollo de una infraestructura nacional de información
se recibió en los años 60.
Como resultado del desarrollo
de la ciencia de la información, desde 1940 hasta 1965 la utilización
de un sistema de información significó la toma racional de decisiones.
Ha existido una transformación análoga en el concepto de "sistemas
de información" en el contexto de la toma de decisiones.
Sin embargo, se presentaron también múltiples obstáculos a su avance. En 1966, Wilson expresó: "... se está probablemente hoy más distante de la comprensión del Memex que lo que se pensaba que se estaba hace 20 años atrás". No sólo los problemas mecánicos impiden el desarrollo, sino dificultades de orden cultural, filosófico y psicológico que es necesario vencer para que todo el conocimiento humano pueda estar disponible ...".
En el campo de la administración, la década de los años
60, presenta un resurgimiento de las ideas humanistas, planteadas por un grupo
de autores visionarios de los años 30. La diferencia fundamental con aquella
época es que, en esta ocasión, estas nuevas concepciones contribuirían
decisivamente a la implantación de un nuevo paradigma de desarrollo socio-económico,
proceso que interrumpieron la segunda guerra mundial y sus sucesivos conflictos.
Los intentos por transformar la administración de un arte en
una ciencia han generado que se trascienda el enfoque puramente científico.
Surgió así el concepto de "administración de los sistemas
humanos". Desde 1965, los sistemas de información para la administración
dieron paso a los sistemas de apoyo a la toma de las decisiones.
Los
sistemas de información para la administración probablemente han
existido de alguna forma desde que el hombre creó su primera estructura
organizacional primitiva. Siempre se necesitó alguna que otra información
básica para llevar a cabo los negocios de la organización de forma
efectiva.
Durante siglos, las estructuras organizacionales en las
bibliotecas han crecido en dimensión y complejidad. Los productos y servicios
que suministran estas organizaciones se han diversificado en oposición
a un producto o servicio único. Durante las primeras épocas, los
bibliotecarios limitaron el acceso a las pequeñas colecciones de libros
a solo un reducido grupo de usuarios calificados. Con el crecimiento de la literatura
y de su uso se incrementaron los servicios de las bibliotecas y las responsabilidades
de los bibliotecarios.
En la medida en que han crecido los servicios
y el personal de las bibliotecas modernas, se han complicado las tareas de la
organización y la administración de las bibliotecas. Es cada vez
más esencial poseer información precisa y actual sobre las operaciones
con el fin de comprender y administrar la organización con efectividad.
A su vez, durante siglos, las estructuras organizacionales en las bibliotecas
han crecido en dimensión y complejidad. Los productos y servicios que suministran
estas organizaciones se han diversificado en oposición a un producto o
servicio único. Durante las primeras épocas, los bibliotecarios
limitaron el acceso a las pequeñas colecciones de libros a solo un reducido
grupo de usuarios calificados. Con el crecimiento de la literatura y de su uso
se incrementaron los servicios de las bibliotecas y las responsabilidades de los
bibliotecarios.
En la medida en que han crecido los servicios y el
personal de las bibliotecas modernas, se han complicado las tareas de la organización
y la administración de las bibliotecas. Es cada vez más esencial
poseer información precisa y actual sobre las operaciones con el fin de
comprender y administrar la organización con efectividad.
La
administración de las bibliotecas científico-técnicas es,
a menudo, una actividad compleja, donde se conjugan disímiles factores
y elementos. En estas, se utilizan más comúnmente que las bibliotecas
de otras categorías. En las instituciones lucrativas, se emplean, con frecuencia,
técnicas y herramientas que facilitan la solución de los problemas
de las bibliotecas como el análisis de sistemas, la investigación
de operaciones, los estudios de mercado, entre otras. Las bibliotecas especializadas
se han visto más obligadas que otras organizaciones de su tipo a justificar
su existencia y a buscar vías maximizar los servicios con un costo mínimo.
Por esta razón, su trabajo se orienta significativamente a la búsqueda
de respuesta a los problemas y la valoración de su desempeño se
realiza sobre la base de sus resultados.
A su vez, desde finales de
los años 60, las bibliotecas han enfrentado crecientes recortes financieros.
Por tal motivo, el uso de enfoques científicos para la administración
de las bibliotecas se ha hecho cada vez más útil. Con el objetivo
de competir por los escasos recursos disponibles para el desarrollo de los diferentes
programas institucionales, las bibliotecas han utilizado con frecuencia métodos
estadísticos y mediciones cuantitativas que permiten evaluar casi todos
los aspectos de la ejecución de las operaciones y de las funciones de las
bibliotecas para mejorar la relación costo - efectividad y costo - beneficio
de los servicios bibliotecarios.
Entre los años 50 y 60, comenzó
a plantearse la necesidad de crear patrones nuevos de administración, más
productivos y humanos que propiciaran la participación de todos en la dirección
de la organización. Los factores que más inciden en la productividad
son la libre comunicación en todas las direcciones entre los miembros de
la empresa, la interacción amistosa, la cooperación en el trabajo
grupal y la preocupación por las personas, no solo por la producción.
El estilo participativo surge como resultado de la búsqueda,
que, con posterioridad a la segunda guerra mundial, se realiza de una teoría
de la organización que produjera mejores resultados para el gobierno y
los negocios en los Estados Unidos. Sus primeros antecedentes se sitúan
en los trabajos de F. J. Roethlisberger y W. J. Dickson quienes
en los años 20 introdujeron la escuela de relaciones humanas como antítesis
de la escuela de la administración científica.
Se realizaron
entonces cientos de estudios en organizaciones lucrativas, los que se consolidaron
en la teoría de R. Likert en 1961.
Bajo esta nueva concepción
ocurre un enriquecimiento del trabajo, el empleado desarrolla múltiples
tareas, ostenta una mayor responsabilidad, se establece una organización
flexible del tiempo, la rotación en el trabajo, una nueva dinámica
de dirección, una estructura más funcional y se incrementa la satisfacción
del personal, hecho que lo hace más productivo.
Estas ideas
pueden aplicarse, tanto en el sector lucrativo como en el no lucrativo.
En
1969, se realizó uno de los primeros estudios en esta área en el
sector bibliotecario: P. H. Spence. A comparative study of university library
organizational structure.
Entre 1900 y 1960, la centralización
- del poder, de la responsabilidad y de la autoridad - fue una tendencia de la
organización social.
En 1964, W. B. Rayward, exploró
la aplicación de la teoría de la organización a las bibliotecas,
aunque parece existir, al menos, un trabajo anterior en este sentido.
En
los años 60, se rediseña el trabajo para tomar en cuenta las necesidades
humanas y enfrentar las preocupaciones sociales que existían con respecto
al enriquecimiento del trabajo, la satisfacción del personal y los mecanismos
de retroalimentación.
Los principios más recientes señalan
la necesidad del rediseño del trabajo para satisfacer las demandas de la
tecnología. Esta área resulta de interés particular a los
administradores de bibliotecas. Es un propósito actual de este sector determinar
el efecto que tienen los diferentes tipos de presupuestos sobre el rendimiento
de las organizaciones, la forma en la que se consumen los fondos y lo qué
se recibe a cambio. Una de las prácticas más habituales es la contratación
de los servicios de consultores.
Durante esta década, también
los aspectos económicos tomaron un mayor interés.
El
tratamiento de los temas económicos no es solo propio del sector de la
industria sino de todo el mundo de las organizaciones.
Los primeros antecedentes del manejo de los temas económicos en el sector bibliotecario se sitúan en la obra de D. M.
Lamberton en 1921, pero su
desarrollo creciente parece comenzar en los años 60. En esta etapa tienen
especial importancia los trabajos de B. J. Marchak y F. Machlup.
En 1962, Machlup expuso, por primera vez, la idea de que la
economía debe dividirse en producción del conocimiento y producción
física. En esta clasificación, se identifica al conocimiento como
una inversión que tiene no sólo un índice personal de retribución
sino también un índice social elevado.
Los trabajos de
B. J. Marchak, "Towards on economy theory of organization an information"
(1954) y "Remarks on the economics of information" (1959) son pioneros
en este sentido.
En 1964, Lorentz JG presentó la primera
referencia identificada sobre un tema que domina la actualidad bibliotecaria:
el cambio y el artículo se tituló "The challenge of change"
El cambio como fenómeno es inherente a todo proceso de desarrollo.
La sociedad humana es una entidad en constante desarrollo y por lo tanto en cambio
permanente. Sin embargo, la percepción de los cambios constantes que ocurren
a nivel de toda la sociedad parece comenzar en la década de los años
60 y se extiende hasta la actualidad, período en el cual se produce una
notable aceleración del desarrollo científico y tecnológico,
a la vez que ocurren cambios trascendentales en todos los aspectos de la vida
de la sociedad moderna.
En la era de las limitaciones financieras,
las bibliotecas conceden una atención creciente a la relación costo-beneficio.
El criterio que justifica las adquisiciones es el uso. Si los documentos no se
utilizan, es difícil justificar su adquisición. Los análisis
de costo-beneficio implican la cuantificación del uso. En la segunda mitad
de los años 60, se observaron los antecedentes más agudos de este
nuevo modelo que emergió durante los años 70.
En 1967,
E. Stone, presentó su informe titulado "Training for the improving
of library administration, Universidad de Illinois, Graduate School of Library
Science, Champaign, 1967. R.D. Archibold, había presentado, en 1962, otro
denominado "PERT (Program Evaluation and Review Technique) management informations
systems, Hugher Aircraft Corporation, Culver City, California, con una técnica
para mejorar la eficiencia de las organizaciones.
El incremento de
los precios de las publicaciones junto a las restricciones financieras que han
sufrido las bibliotecas desde la década de los años 70, ha sido
un factor determinante en el cambio del modelo de trabajo bibliotecario durante
las últimas décadas. Estos factores fueron decisivos en el establecimiento
de la cooperación en el sector informacional y la creación de redes.
La supervivencia de la mayoría de las bibliotecas depende actualmente de
nueva forma de trabajo. El precio es el componente mayor de los productos de información
de hoy y la gran mayoría de ellos no se corresponden con los presupuestos
promedios de las bibliotecas.
Después de una década de
precios crecientes de las seriadas siguió otra de precios crecientes también;
las bibliotecas finalmente tomaron acciones. Entre el 1978 y el 1987, el precio
promedio de una suscripción de revista se incrementó en 190%.
A partir de la conferencia que sobre servicios de consultoría se
celebró en la Universidad de Illinois en 1967 y como parte también
de las necesidades de una mayor eficiencia en el sector de las bibliotecas, los
servicios de consultoría recibieron un fuerte impulso.
En 1975,
existían consultantes sobre temas particulares relacionados con las bibliotecas
como automatización, construcción, servicios de referencia y otros.
La década de los años 70 fue un período de presupuestos limitados en la que resultó necesario utilizar ampliamente los servicios de los consultores en esta actividad, aunque el interés por la automatización que predominó durante parte de dicha década opacó, en cierta medida, otras áreas como la investigación de operaciones.
En el ámbito de los servicios bibliográficos,
se inició un auge que se extendería hasta dos décadas después.
En 1963, existían 1885 servicios de indización y resumen, registrados
en la Guide to the World Abstracting and Indexing Services in Science and Technology.
En 1963, Gottschalk y Desmond, estimaron conservadoramente
que la población mundial de publicaciones periódicas en los campos
de la ciencia y la técnica se aproximaba a los 35 000 ±10%. Desde
entonces, el índice de crecimiento de la bibliografía científico
- técnica se calcula en cerca de un 2% anual en los Estados Unidos. A nivel
mundial este indicador presenta un valor superior.
A finales de la
década de los años 60, se calculaba en un millón los artículos
publicados en ciencia y tecnología.
En 1964, se crearon los
índices de citación, con el surgimiento del Science Citation Index.
Los servicios de información secundaria gubernamentales liderearon
el cambio de las bases de datos a sistemas en línea entre 1966 y 1970,
este liderazgo pasó a las organizaciones no lucrativas a mediados de los
70 y finalmente al sector comercial en el año 1975.
Los servicios
de información secundaria existen desde el siglo XIX, el acceso computadorizado
desde mediados de los 60.
En este contexto, despertaron el interés
en la comunidad bibliotecaria, hasta finales de los 60, los problemas relacionados
con la calidad de la indización, el solapamiento y el cubrimiento de la
literatura.
Posteriormente, los temas más frecuentes cambiaron.
Los aspectos tecnológicos, incluidos sus efectos sobre los costos, la actualidad
y calidad de la información en las bases de datos cobraron mayor atención.
En cuanto al uso de los servicios bibiliográficos, desde hace varias
décadas, se realizan estudios sobre el empleo de la literatura científico
- técnica.
En 1963, Davis y Bailey prepararon una lista
con las referencias bibliográficas de 438 estudios de uso publicados hasta
esa fecha. En 1967, Deweese añadió otras 109 para complementar
la lista anterior.
Atkin relacionó alrededor de 700
títulos de estos estudios que se desarrollaron durante el período
1950-1970.
En 1966, el American Documentation Institute, actualmente la American Society of Information Sciences and Technology (ASIST), inició la publicación del Annual Review of Information Sciences and Technology (ARIST), una serie dedicada a la revisión de los temas más importantes del campo de las ciencias de la información en cada momento. Precisamente, en este año, dicha serie publicó la primera revisión sobre necesidades de información y estudios de usuarios, realizada en esta área.
En el campo de las bibliotecas, en los años 60,
ocurrió un resurgimiento del interés por la educación de
los usuarios de las bibliotecas que coincidió con un período de
intensa búsqueda de valores. Para ello fue necesario regresar atrás
mediante la consulta de las experiencias anteriores.
A su vez, desde
finales de los años 60, los bibliotecarios enfrentaron crecientes y graves
problemas financieros hecho por el cual muchas de las facilidades en términos
de conveniencia han cedido su lugar a condiciones de una total supervivencia.
Esto, junto a la acelerada proliferación de las publicaciones, ha hecho
imposible financieramente para cualquier biblioteca científico - técnica
adquirir todas o la mayoría de las fuentes de información importantes
o necesarias. De esta forma, se ha impuesto la aplicación de diferentes
técnicas administrativas con vistas a maximizar la utilización de
los recursos limitados de la institución y proporcionar a los usuarios
mejores servicios a un costo menor.
En términos de recursos
de información, se ha concedido gran importancia a la integración
de los recursos existentes en bibliotecas relacionadas, así como al establecimiento
de diferentes redes de información para la cooperación. Ante este
clima, las bibliotecas científico - técnicas centralizadas parecieron
ser la opción más convincente.
Las bibliotecas nacionales
y las de ciencia y técnica continuaron su desarrollo. En 1969, en la Library
of Congress se creó un sistema de DSI que se amplió en 1974. En
1964, se fundó el Centro Nacional para la Documentación Científica
y Técnica en Bélgica. En 1969, se creó Canadian Selective
Dissemination of Information Program (CAN/SDI). En 1969, se creó el Centro
Internacional para la Información en Ciencia y Técnica. En 1974,
se creó Canadian On-Line Enquiry System (CAN/OLE).
Durante el
siglo XX, surgieron alrededor de 30 nuevas bibliotecas con estas características,
particularmente después de la segunda guerra mundial como producto del
proceso de descolonización y la aparición de nuevos sistemas democráticos,
hecho el cual se demuestra con solo analizar el período que va desde el
año 1945 hasta el 1965, donde se crearon 13 bibliotecas nuevas.
En
Estados Unidos, en la década de los años 60, existía una
gran red de bibliotecas de ciencia y tecnología - más de 6 000 bibliotecas
especializadas, la mayoría eran de ciencia y tecnología, así
como más de 200 sistemas de análisis de información y de
datos. Además, una gran cantidad de materiales de este tipo podía
obtenerse en las bibliotecas públicas y otras.
Entre los años
50 y 60, la integración de las bibliotecas con la comunidad alcanzó
un mayor auge. El establecimiento de las bibliotecas públicas a mediados
del siglo XIX, fue la agencia organizada en los Estados Unidos para la educación
informal de adultos como complemento a las bibliotecas escolares.
Los
bibliotecarios estuvieron más conscientes que nunca de la necesidad del
acceso público a los servicios que ellos suministraban. Las crecientes
expectativas sociales junto a los presupuestos declinantes acentuaron aún
más la necesidad; sin embargo, la evaluación de los resultados de
la actividad bibliotecaria es sumamente difícil por cuanto sus objetivos
eran vagos, las medidas no confiables y las normas incompletas.
Los
trabajos sobre el lugar y las funciones de las bibliotecas crecieron con posterioridad
a la segunda guerra mundial y en los Estados Unidos, alcanzaron gran popularidad
en los años 60. Como la actividad bibliotecaria se ha movido desde los
problemas relativamente fáciles relacionados con la transferencia de la
información a aquellos mucho más complejos que tienen que ver con
la transferencia de significados, se ha requerido de una mayor comprensión
de las teorías de la comunicación y del aprendizaje, para establecer
las funciones de las bibliotecas y los bibliotecarios en esta nueva etapa del
desarrollo.
En 1960, 67 bibliotecas públicas de Canadá
y Estados Unidos prestaban servicios de información sobre negocios, aunque,
en el primer cuarto del siglo XX, la New York Public Library Economic Division
y la Newark Free Public Library Bussiness Branch, poseían reconocidos servicios
de información sobre negocios.
A la vez, entre los años
60 y 70, creció el número de accionistas de 12 a 30 millones en
los Estados Unidos. Se incrementó el número de comerciantes. Entonces
fue oportuno el establecimiento de bibliotecas o el perfeccionamiento de las existentes
como fuente principal de información actualizada.
En el área
de las bibliotecas técnicas, en 1969, se creó COMPENDEX. Su antecedente
directo fue Current Information Tapes for Engineering (CITE). Posteriormente,
con la prontitud que se requerían los servicios de información,
surgieron las bases de datos textuales, soportadas en las nuevas tecnologías
de almacenamiento.
El problema de las bibliotecas para los ingenieros radica en la necesidad de vincular rápidamente a los usuarios con los documentos que ellos demandan con vistas a reducir los tiempos empleados en la búsqueda y la lectura de los materiales necesarios y aumentar así su eficiencia.
La educación, como parte de
la búsqueda de nuevos valores, mostró nuevos retos.
En
1962 se habló, por primera vez, sobre la necesidad de un "aprendizaje
para la vida" (lifetime learning), en el cual los médicos incorporaran
durante su formación de pregrado un conjunto de conocimientos y habilidades
básicas, así como una filosofía o estilo de trabajo que le
permitiera aprender constantemente y mantenerse actualizados, aunque la American
Medical Association, por ejemplo, había mostrado su preocupación
por este asunto desde 1906.
En 1965, la necesidad de una educación
continua atrajo abruptamente la atención con la publicación de la
obra de S. Rothstein, titulada "Nobody s baby. A brief sermon on continuing
professional education", a partir de cuya edición se desarrolló
un movimiento que actualmente involucra a todo el sector bibliotecario.
Durante los años 60, el incremento del número de bibliotecas y de personal creó una crisis en la fuerza de trabajo bibliotecaria.
Algunos de
sus factores contribuyentes fueron: el aumento de los subsidios federales a los
servicios bibliotecarios, el establecimiento de las normas mínimas para
las bibliotecas públicas y de investigación, la existencia de programas
inadecuados para la educación bibliotecaria y las reducciones de personal
calificado en las facultades.
En 1967, la conferencia de la ALA se
desarrolló bajo el tema "Library manpower needs and utilization",
con el fin de identificar qué se había hecho, qué se necesitaba
hacer y quíen lo haría.
En 1969, la ALA Office of Library Education, propuso nuevas políticas sobre la educación y la fuerza de trabajo bibliotecaria.
La creación de bibliotecarios altamente
calificados, capaces de anticipar y diseñar el cambio, así como
de desarrollar las disciplinas informacionales, se convirtió en el objetivo
primario de la formación en esta esfera.
Los currículos
y métodos de enseñanza deben diseñarse de forma tal que sean
útiles a una clase de educación en la que se enfatiza el futuro
por encima del aprendizaje de las prácticas del presente. La visión
del bibliotecario como agente del cambio, es mucho más dinámica
y produce una transformación de su imagen profesional. Dicha visión
surge producto de la inadecuación o crisis de incongruencia que se había
originado entre los requerimientos de la actividad práctica y la enseñanza
en esta área.
Es necesario observar que existen diferencias
entre educación en bibliotecas y en ciencias de la información,
aunque, desde 1961, se investiga en esta última área. Los programas
de educación no aparecieron hasta los años 1968 y 1969.
En
los años 60, se elaboraron sus primeros conceptos y definiciones, fundamentos
teóricos, relaciones interdisciplinarias, así como se establecieron
las bases preliminares de la actuación del nuevo profesional.
En
1962, se celebró una conferencia en el Georgia Institute of Tecnology con
el fin de debatir sobre los aspectos relacionados con la formación de los
especialistas en información. Los participantes en aquel evento destacaron
la necesidad de que los especialistas en información recibieran una instrucción
sólida en los temas vinculados con la búsqueda y recuperación
de la información.
La merma del número de bibliotecarios durante los años 50 y 60, seguida de un excedente crónico, constituyó un factor desequilibrante en el mercado del trabajo bibliotecario.
En el área de los procesos técnicos,
particularmente en la catalogación, entre 1965 y 1966, se concedió
el mayor peso a la sistematización de la catalogación centralizada
a nivel nacional (en los Estados Unidos) e internacional con el National Program
of Adquisitions and Cataloguing. Las operaciones de catalogación se aceleraron
mediante el uso de las entradas de las bibliografías nacionales que se
ofrecía dicho programa.
La Library of Congress se embarcó,
con fondos suministrados en 1966, en un programa sin precedentes de adquisición
de la literatura mundial y en una acción nacional de catalogación
centralizada para aliviar las necesidades apremiantes de las bibliotecas de investigación.
En 1967, un año después de iniciado el programa, se
habían vendido 74 millones de tarjetas impresas a más de 20 000
bibliotecas del mundo.
Las investigaciones
Aunque no como consecuencia
de los recortes finacieros experimentados por las bibliotecas, pero sí
como una vía para ser más eficientes, se dieron algunos pasos en
el campo de la metría aplicada a la información. Aunque su primera
denominación como disciplina, bibliometría, surgió en 1969.
La bibliometría presenta una serie de leyes o regularidades
empíricas que se determinaron de igual forma. Aunque la ocurrencia de diferentes
eventos a ritmos constantes permite la predicción de su frecuencia, pero
no explica sus causas. La teoría y la ciencia surgen cuando se pregunta
por qué, cuando se ofrece una explicación a los fenómenos.
La habilidad para hacer predicciones empíricas no conduce necesariamente
a explicaciones teóricas, la generalización de las observaciones
nunca generarán la teoría, la teoría surge no como una generalización
de datos o hechos sino producto de una hipótesis. (R. Carnap. Philosophical
foundations of physics, 1966).
Entre 1963 y 1965, B. C. Brooks,
planteó el interés existente sobre los aspectos económicos
de la bibliografía. El objetivo de los estudios relacionados con estos
aspectos era diseñar sistemas de información más económicos,
mejorar la eficiencia en el manejo de la información y descubrir nuevas
leyes empíricas. Al haber necesidad de una mayor eficiencia se requiere
de la cuantificación, de las estadísticas, de las matemáticas.
En 1969, esta área de investigación adquirió
un nuevo nombre, "bibliometría", la cual se definió como
la "aplicación de la matemática y los métodos estadísticos
al estudio de los libros y otros medios de comunicación". Dicha definición
se ha ampliado y perfeccionado desde aquel entonces aunque en la actualidad todavía
existen diferencias en cuanto a su verdadero alcance.
En los años
60, Raisig y Prichard denominaban a la "recolección e interpretación
de las estadísticas relacionadas con los libros y revistas" como "bibliografía
estadística".
Igualmente, se produjo un desarrollo de la
investigación de operaciones. Hasta la segunda guerra mundial fue un área
de estudio exclusivamente militar; en los años 50, se trasladó al
sector industrial. Cobró interés hacia los años 60, durante
los cuales se integró al ambiente académico y mayor relevancia en
los 70. En esta área del conocimiento, se buscaba la maximización
en el empleo de los recursos, la minimización de los gastos, la determinación
de los mejores puntos en el rendimiento de una actividad y sus niveles apropiados,
así como de la modelación matemática de la realidad.
Esta actividad se vincula profundamente con las metrías. Sin embargo, es difícil hallar bibliotecas cuyas actividades cambiaran su organización significativamente debido a la investigación de sus operaciones.
El
área donde más se ha trabajado es la administración de las
colecciones, su obsolescencia, distribución y disponibilidad; aunque, de
igual forma, son pocas las bibliotecas que han introducido técnicas de
administración de colecciones, basadas en los resultados de la investigación
de sus operaciones, tal vez porque requieren de una alta preparación matemática
y de que sus estudiosos alcancen posiciones directivas altas. Sus mayores aplicaciones
fueron de carácter bibliométrico.
En esta área
no se han realizado investigaciones en forma masiva. Los estudios de costo - efectividad
están dirigidos, por ejemplo, a determinar qué por ciento de la
colección circula, con el fin de hallar los tamaños más adecuados
de las colecciones.
El incipiente interés mostrado en los años
20 y 30, por la investigación de los aspectos sicológicos aplicados
a las bibliotecas y los lectores se reavivó. Se realizaron varios estudios.
En 1960, R. E. Maizel publicó el trabajo titulado "Information
gathering patterns and creativity", que trató sobre la relación
entre información y creatividad, un antecedente primario en esta área
del conocimiento.
Y como
parte de la nueva visión, que se implantaría posteriormente como
modelo social de desarrollo, surgió el término "sociedad de
la información".
Un año antes, en 1963, se acuñó
el término "industria de la información". Este se utilizó
aparentemente, por primera vez, por Tadao Umesao en el artículo
titulado "Joho sangyo ron" (Acerca de la industria de la información),
publicado en el número correspondiente a enero de 1963 de la revista Hoso
Asahi.
La industria de la información abarca a la información,
sus productos y servicios, los productos que facilitan su manejo, como los software
para computadoras, las tecnologías que permiten su soporte, su manipulación,
su comunicación, hasta donde es industria de la información, de
la comunicación, de la computación.
Un antecedente importante
de la industria de la información es la industria del libro. Otro antecedente
necesario fue el desarrollo tecnológico. Fue necesario que primero apareciera
la concepción de la información como producto, como mercancía,
que se desarrollara su valor de uso, no como algo cultural eminentemente, sin
valor práctico, útil, su valor económico.
En 1968,
se fundó la Industry Information Association como una asociación
comercial cuyo objetivo era promover el desarrollo de la empresa privada en el
campo de la información. Históricamente, la asociación se
desarrolló sin intereses comerciales con el predominio de actividades de
información de carácter eminentemente profesionales y la carencia
de una visión de la información como una mercancía comercial.
A principios de los años 60, se planteó la necesidad
de crear una asociación de firmas comerciales que produjeran o comercializaran
productos, servicios, sistemas y suministros de información.
La
frase "sociedad de la información" se imprimió, por primera
vez, exactamente en 1964. La invención se produjo en Japón.
Aunque, Fritz Machlup, un economista norteamericano, introdujo este
concepto, él lo denominó "industria del conocimiento".
Se reconoce que Machlup realmente no empleó el término "sociedad
de información". Sin embargo, se le debe dar crédito a su invención
sobre la base de que las ideas de la "sociedad de información",
estaban implícitas en el trabajo "The production and distribution
of knowledge in the United States" publicado por Machlup en 1962.
Su inclusión, en 1971, en un diccionario japonés sobre el
tema es un signo bibliográfico de que el término se había
establecido perfectamente para esa fecha. Hacia 1 970 dicho término disponía
de su equivalente en idioma inglés.
La sociedad de la información
es esencialmente una sociedad post - industrial.
Durante la década de los años 60, el desarrollo de los negocios, así como de la investigación científica y técnica condujo a una creciente especialización en las bibliotecas. Estas instituciones prestaron una profunda atención a los nuevos problemas que enfrentaban las operaciones bibliotecarias.
Las microcomputadoras
La aparición de las microcomputadoras
a mediados de los años 70 tuvo un impacto decisivo para las bibliotecas
ante el freno económico que para el desarrollo de estas constituían
los recortes de presupuesto de esos años 70.
La utilización de computadoras se ha incrementado con su evolución. Al principio resultaron accesibles solo a grandes instituciones con un soporte económico muy fuerte, las llamadas mainframes constituían una evidencia de la salud institucional.
Las minicomputadoras extendieron su uso hasta las instituciones de mediano
tamaño.
El desarrollo de los circuitos integrados generó
la aparición de computadoras poderosas de tamaños reducidos. A comienzos
de los años 70, surgieron nuevas marcas en el mercado que anunciaban poderosas
minicomputadoras orientadas a tareas específicas que luego resultaron apropiadas
para tareas generales. A la vanguardia marchó Digital Equipment Corporation
(DEC) que promocionó nuevos sistemas operativos. Simultáneamente,
docenas de marcas anunciaron sus minicomputadoras.
Sin embargo, no es hasta
la aparición de las microcomputadoras que dicho uso alcanza a los pequeños
negocios y los individuos.
Las microcomputadoras aparecen, como resultado
del desarrollo de los microprocesadores, en 1971.
Aún, hacia
finales de 1974, las microcomputadoras no habían penetrado masivamente
en el mercado por sus limitadas capacidades pero como tuvieron un impacto significativo
entre sus entusiastas condujo a su desarrollo comercial, hecho el cual generó
un efecto posterior de mucho mayor alcance.
La industria de los circuitos
integrados del Silicon Valley produjo nuevos chips más rápidos y
con un mayor número de circuitos integrados. Alrededor de 1974, dicha industria
logró colocar una CPU completa en un chip con su memoria RAM y las interfaces
de entrada y salida. Los primeros microprocesadores fueron de 4 bit pero, en poco
tiempo, se pudo integrar una CPU de 8 bits. Los líderes en la batalla de
los microprocesadores fueron la National Semiconductors, la Texas Industries y
Motorola. En el mismo año, surgió un poderoso contricante: Intel.
En aquel momento, podía preveerse el nacimiento de un producto revolucionario:
las microcomputadoras o las computadoras personales.
El año
decisivo para el desarrollo de las microcomputadoras fue 1977, año donde
se introdujeron las primeras producidas comercialmente. Con rapidez aparecieron
las torres de discos flexibles.
Entre 1977 y 1983 nació la
industria de los programas para microcomputadoras. En 1981, alcanza su clímax
con la introducción de la IBM PC, la máquina que finalmente constituyó
un elemento de normalización para la tecnología de microcomputadoras.
IBM alcanzó un dominio del mercado como resultado de una adecuada
estrategia corporativa comercial y técnica. Esta compañía
hubiera podido desarrollar computadoras mejores y más baratas tal y como
lo hacían otros fabricantes; sin embargo, el principio de compatibilidad
entre los productos y las aplicaciones de diferentes generaciones, establecido
por esta compañía con el fin de no defraudar a sus millones de clientes
alrededor del mundo, impuso una pesada carga al desarrollo de IBM.
Ahora bien,
si los productos de esta empresa norteamericana podían interconectarse
entre ellos, resultaban incompatibles con los de otros productores. A esto se
le denominó "arquitectura propietaria".
A finales
de los años 70, se hizo muy difícil para la IBM competir en un mercado
dinámico e incierto por lo cual decidió anunciar su arquitectura
normalizada para computadoras personales, "IBM PC", que no era más
que el diseño tecnológico de la microcomputadora que debía
acoplarse con las terminales IBM o equipos independientes.
Con posterioridad
a este hecho, IBM tuvo una gran recompensa: en cada nuevo producto que apareció
en el mercado se presentaba el logo de la compañía y se indicaba
mediante la frase "IBM compatible" que este cumplía con las normas
que había establecido esta empresa.
La "IBM PC" requería
de un sistema operativo en disco. Para ello, se seleccionó el Microsoft
DOS, desarrollado por Bill Gates.
El resto de la industria trató
de establecer normas para la fabricación de equipos que fueran capaces
de conectarse y comunicarse entre sí. Surgió la arquitectura de
los sistemas abiertos, el principal de ellos fue el UNIX, un sistema operativo
que permitía conectar diferentes computadoras.
El impacto de
las microcomputadoras se incrementó dramáticamente en los años
70 con la aparición de los sistemas en línea, la expansión
de las redes de telecomunicaciones, la declinación de sus costos y la multiplicación
de los recursos disponibles.
Los costos de las unidades de almacenamiento y de las teminales se redujeron dramáticamente mientras que los costos laborales continuaron su crecimiento. Cada uno de estos factores se convirtió en un argumento económico que impulsaba el desarrollo de las redes.
Los principales sistemas
fuera de línea se introdujeron en los años 60. Ellos imperaron hasta
comienzos de los años 70, cuando aparecieron los sistemas en línea
de recuperación de la información.
Según T
Saracevic, los trabajos de investigación en el área de recuperación
de la información realizados durante las décadas de los años
50 y 60, condujeron a la aparición de los sistemas en línea en los
años 70, así como al crecimiento e internacionalización de
la industria de la información. Esta área de trabajo es la responsable,
según el modo de ver del mismo autor, de una gran parte del desarrollo
de los productos y servicios de información. Sus contribuciones influyen,
tanto en el avance de la ciencia de la información como de la propia industria
de la información.
La recuperación de información
comenzó a utilizarse como expresión después de la segunda
guerra mundial.
El rápido crecimiento de la disponibilidad de
bases de datos legibles para las máquinas en el período que se extiende
entre 1965 y 1975 tuvo un gran efecto sobre el suministro de servicios de información
en los Estados Unidos y en otros países.
Aunque las computadoras
ofrecieron muchas ventajas para la recuperación de información,
los sistemas fuera de línea y de procesamiento en tanda presentaron limitaciones
importantes. Estos sistemas ofrecían "una sola oportunidad".
Los usuarios antes de realizar la búsqueda debían pensar en todos
sus enfoques posibles y construir una estrategia capaz de recuperar "de una
sola vez" toda la bibliografía relacionada. Un sistema fuera de línea
no es interactivo, heurístico e impedía una verdadera de exploración.
Otra desventaja era la demora de la entrega de los resultados de la búsqueda.
Una tercera desventaja era la delegación de la búsqueda.
La
historia reciente de los proyectos de automatización indica varias tendencias
fuertes que probablemente determinarán el curso del desarrollo en el futuro
cercano. Tal vez lo más destacado entre estas es el fuerte énfasis
puesto en el desarrollo de las redes de bibliotecas. Sin embargo, en esta etapa
aún muchas bibliotecas no se habían puesto de acuerdo sobre los
formatos de los productos finales, los proyectos resultaban demasiados particulares
y se ajustaban solo a las características de determinadas instituciones.
El formato MARC es el símbolo de la normalización. En la década del 70, surgió un gran interés por la normalización. Ella era una necesidad para el trabajo en red, tanto nacional como internacional. La compatibilidad era un requisito esencial para este tipo de trabajo, hecho con el fin de reducir los costos de mantenimiento y el desarrollo de las bibliotecas.
El desarrollo de la telecomunicaciones
durante los años 70 ejerció una gran influencia en el progreso de
los sistemas en línea al soportar físicamente las capacidades interactivas
de dichos sistemas. En la década de los años 70, cierto número
de redes comenzaron a brindar a sus usuarios la posibilidad de emplear las comunicaciones
telefónicas para realizar búsquedas en línea en las bases
de datos de las computadoras del host.
Desde que comenzaron a popularizarse
las computadoras, allá por los finales de los años 60 y principios
de los 70, surgió la necesidad de comunicarlas a fin de poder compartir
datos.
Una de las soluciones más baratas y eficientes era la
utilización de la red telefónica, al tener un costo razonable y
un amplio grado de cobertura. Pero la red telefónica no es un medio apto
para transmitir señales digitales, porque se perfeccionó para la
transmisión de voz.
Para poder transmitir datos binarios por
las líneas telefónicas comunes, entonces, era necesario acondicionarlas.
Con este propósito, debía crearse un dispositivo que pudiese convertir
la señal digital en una señal apta para transmitirse por la red
telefónica y poder efectuar la operación inversa, es decir, recuperar
la señal de la red telefónica y convertirla en la señal digital
original.
En 1 979, la empresa Hayes Microcomputer Products Inc., desarrolló
el primer modelo de módem denominado Hayes Smartmodem.
Un sistema
en línea frecuentemente se asocia con los términos "tiempo-compartido"
y "tiempo real". El "tiempo - compartido" expresa la posibilidad
de la computadora de compartir el tiempo de procesamiento entre actividades diferentes
e independientes. En el caso de los sistemas en línea, implica compartir
el tiempo de procesamiento de la máquina entre diferentes de terminales.
Un sistema en línea con tiempo compartido interactuará con cierto
número de terminales independientes de forma tal que cada usuario le es
posible, cada vez que lo requiere, utilizar el sistema con la impresión
de que él es el único usuario que emplea la computadora.
La
operación en tiempo real implica que la computadora recibe los datos, los
procesa y entrega los resultados lo suficientemente rápido como para que
estos se utilicen en algunas actividades en ejecución. En el caso de la
recuperación de información, el tiempo real implica que la computadora
reacciona lo suficientemente rápido como para interactuar con los procesos
heurísticos de búsqueda del usuario.
En los años
70, los servicios comerciales de información, que se basaron en las facilidades
del tiempo compartido, obtuvieron seguidores leales en pequeños pero claramente
definidos segmentos del mercado. En los 70, los vendedores de información
electrónica centraron sus esfuerzos en la explicación de la utilidad
de las nuevas tecnologías para sus futuros usuarios.
En 1975,
los sistemas en línea se habían convertido en aparatos rutinarios
de referencia. A partir de este año, se incrementaron notablemente los
servicios en línea, el acceso remoto, el número de bases de datos
disponibles y de sus usuarios. Por su parte, los costos de dichos servicios disminuyeron.
Se redujo además los costos del almacenamiento digital y de las comunicaciones.
Sin embargo, la enorme diversidad de lenguajes de búsqueda
y de vocabularios controlados imponía una enorme dificultad en la realización
de búsquedas múltiples. Surgió la necesidad de crear sistemas
capaces de explorar un conjunto de bases de datos interrelacionadas sin la necesidad
de que los usuarios o intermediarios reformularan constantemente sus estrategias.
Otras dificultades crecientes fueron el número creciente de
bases de datos en línea y los problemas relacionados con el respaldo en
originales derivados de la falta de correspondencia entre el desarrollo de los
sistemas en línea y de los de entrega de documentos. El crecimiento de
los servicios de entrega de documentos no se correspondía con el rápido
avance de los sistemas de búsqueda bibliográfica. Se esperaba el
avance tecnológico que permitiera la transmisión económica
de microimágenes o de texto digital de un almacén central a estaciones
remotas de usuarios de forma eficiente. Tal transmisión era tecnológicamente
posible pero económicamente no era atractiva en la mayoría de sus
aplicaciones.
En 1970, la Swanee Mission del Public School System en
Kansas, diseñó el primer sistema de catalogación en línea
para la producción de tarjetas de catálogos.
En 1971,
el OCLC anunció a sus miembros la posibilidad de realizar la catalogación
de sus fondos en línea (Olson y otros). Poco a poco, se enlazaron
múltiples bibliotecas del oeste de los Estados Unidos con el OCLC, debido,
en parte, a que BALLOTS y WLN no estaban preparadas para aceptarlos
como miembros (Reed y Vrooman). No obstante, el movimiento de unión
con el OCLC - mediante la afiliación a su red - fue una fuerza poderosa
de centralización que creó, de muchas formas, una red nacional.
Con posterioridad, se estableció la Library of Congress Network
Development Office, la cual realizó un trabajo importante en el control
de la autoridad (Bushinski). Malinconio expresó la necesidad
de la existencia de una autoridad central.
En 1972, se creó
en la New York Public Library un catálogo cuya única función
no era la impresión de juegos de tarjetas o de catálogos en forma
de libro sino que permitía además realizar búsquedas de información.
El último paso en el desarrollo de la automatización de los catálogos
es el surgimiento de los catálogos de referencia en línea. Su objetivo
principal es la utilización del catálogo en línea y no la
creación de catálogos de tarjetas ni de libros.
En 1974, existían poco más de una docena de sistemas en línea para la adquisición, al ser demasiado caros para los presupuestos bibliotecarios.
Los presupuestos declinantes y el crecimiento en espiral
de los costos de los documentos constituyó un poderoso estímulo
para la cooperación interbibliotecaria, así como para la adquisición
y utilización compartida de los recursos.
Las redes en línea
permitían conocer rápida y eficientemente los documentos que poseían
otras bibliotecas. Se hizo posible así compartir colecciones o documentos
caros y de escaso uso entre un grupo de bibliotecas, así como reducir el
número de copias adquiridas de forma duplicada. De igual manera, ocurría
con los datos bibliográficos.
Las redes automatizadas de bibliotecas
crecieron y prosperaron en los años 70. Hacia esta época, llegó
a compartirse una visión común sobre una red nacional de información.
A mediados de esta década, los avances tecnológicos y las consideraciones
políticas hicieron crecer la atracción por el procesamiento distribuido.
Proliferaron los esfuerzos cooperativos pequeños y los sistemas; algunos
se automatizaron, sin embargo el potencial de las computadoras para realizar el
trabajo bibliotecario en el futuro quedó implícito. De forma creciente,
las bibliotecas cooperaron con los proyectos de automatización.
El
ideal de una red nacional de información cedió a la proposición
de que las redes, los grupos, los sistemas y los consorcios de diversas dimensiones
y funciones, pudieran enlazarse mediante un protocolo de comunicación como
el Open Systems Interfase, lo que permitiría, en el caso del control y
el desarrollo de las redes locales, la combinación de los recursos particulares
con los de nivel nacional e, incluso, internacional.
En 1975, Degennaro
incitó a todos a cooperar. El afirmó que la era de la automatización
localizada de las bibliotecas terminó y este inhiba el desarrollo de las
redes. Al año siguiente, él reiteró su compromiso con la
creación de las redes y describió el deseo de unirse en redes como
un signo de madurez en la automatización de las bibliotecas.
En
1975, se creó WLN, una red bibliográfica en el estado de Washington.
Estos esfuerzos regionales representan el interés por la cooperación
el compartir recursos entre las bibliotecas de los Estados Unidos en una esfera
claramente definida. Sus inicios no estuvieron regidos por ningún plan
nacional.
En 1977, surgió el Network Computer Protocol (U.
S. National Commission on Libraries and Information Sciences - NCLIS).
En
1979, la National Library of Canada expresó que la interconexión
de dos o más redes bibliotecarias debía realizarse sobre una base
descentralizada. Guy Sylvestre, entonces bibliotecario de dicha institución,
estableció diversos comités para comenzar el trabajo de desarrollo
de una red bibliográfica nacional descentralizada.
En 1979,
Barrentine formuló el concepto de gateway (puerta de entrada), en
el que se concebía una red de valor añadido que proporcionara servicios
de comunicación comunes a todos los host (sitios) mediante una interfaz
"transparente" a la terminal del usuario.
A mediados de
los 70, en la actividad bibliográfica, con frecuencia, se pronosticó
la creación de una red nacional de computadoras en los Estados Unidos con
un cuerpo de coordinación.
Como se refirió anteriormente,
a finales de los 60, se creó el formato MARC para la transferencia de datos
bibliográficos en cinta magnética y comenzó la distribución
de copias del catálogos de la Biblioteca del Congreso, legibles en máquina
que las bibliotecas podían adquirir para su consulta.
Pues
bien, con el surgimiento de los sistemas en línea, a mediados de los 70,
muchas bibliotecas prefirieron acceder a los datos disponibles en el catálogo
de la Biblioteca del Congreso mediante los productos y servicios automatizados
que ofrecía dicha biblioteca.
A mediados de los 70 también, se desarrollaron los sistemas en línea para el control en tiempo real de la circulación.
Los
primeros sistemas expertos surgieron durante la primera mitad de los años
70. En 1971, los primeros sistemas de este tipo, MACSYMA y REDUCE, ejecutaban
manipulaciones algebraicas simbólicas.
En 1979, N. Negroponte
había creó un sistema de tipo hipermedia en el MIT. En 1983, M.
Kweger, sugirió el uso de la animación.
Por su parte,
las primeras demostraciones de una aplicación de la tecnología de
vídeo - disco en el trabajo bibliotecario se produjeron en 1975 en la conferencia
que celebró la Association for Educational Communications and Technology
en Texas y, en 1976, en la reunión anual de la American Society for Information
Science, en San Francisco.
Hacia 1970, se generalizó el uso de la fotocomposición.
En la década de los años
70, aumentaron significativamente las preocupación de los bibliotecarios
por los aspectos económicos de esta actividad.
La recesión
económica de los años 70 afectó a los servicios de información
en todas las naciones industrializadas. Y es que estas actividades deben dirigirse
como las de negocios, medir sus objetivos y resultados en términos de productividad
y calidad, así comenzaba una nueva era de tecnología y administración.
En 1973, Edwin B. Parker, anunció que las actividades
de información serían una parte creciente del ingreso nacional y
que las inversiones en este sector estimularían el crecimiento económico.
En el mismo año, Bell esbozó las características
de una sociedad posindustrial en la que las actividades económicas estarían
ubicadas fundamentalmente en los servicios, las ocupaciones serían principalmente
profesionales, técnicas y científicas y las tecnologías se
centrarían esencialmente en el manejo de la información. En esta
sociedad serían esenciales los conocimientos acerca de los sistemas y la
toma de decisiones basada en la información.
La productividad
de los servicios había experimentado un continuo crecimiento. Las capacidades
de los hardwares de computadoras se ha duplicado por cada dólar anualmente
durante las pasadas décadas y su demanda ha aumentado en gran medida. Desde
mediados de 1940, las industria de los servicios creció de forma acelerada.
A finales de los años 80, se empleaban en esta esfera, que
generaba dos tercios del producto nacional bruto, siete de cada diez trabajadores
norteamericanos. Primero, como se conoce, se desarrolló la manufactura,
la pesca, la agricultura y la ganadería; después, la industria,
el comercio, los servicios y finalmente la información.
Los
sistemas descentralizados, pequeños y autosuficientes, al contrario de
los grandes y complejos, que exigen una habilidad técnica especializada
e imponen la despersonalización de los individuos, son ideales en la sociedad
posindustrial.
La productividad de los Estados Unidos creció
en índices muy pequeños desde los inicios de los 70 e incluso descendió
en un año. Esto es el resultado, en parte, del cambio en la fuerza de trabajo
de las industrias primarias (la agricultura, la pesca, la minería, etc.)
y las secundarias (la producción) a los servicios (como los seguros, los
bancos, la administración y la transportación) -Machlup & Kagann-
en el cual no se había materializado el potencial amplificador de la productividad
que posee la tecnología. Algunos servicios se resistían a la introducción
de las nuevas tecnologías. Se requería trabajar más para
ofrecer cada vez menos servicios con menos calidad.
Los crecientes
costos del trabajo impusieron la introducción de las tecnologías
de la información. Por ejemplo, en 1970 el 59% de los trabajadores norteamericanos
laboraban en el sector de la información de la esfera económica,
la cual ocupaba cerca de la mitad de la fuerza de trabajo total.
En
1979, en el Reino Unido, los trabajadores ocupados en las actividades relacionadas
con la información alcanzaba cerca del 65% de la fuerza de trabajo.
Un acontecimiento de gran importancia para el avance e instauración
de un nuevo paradigma de desarrollo es la crisis que, en los años 70, estremeció
a la poderosa economía norteamericana y de los países de alto desarrollo
industrial. Ella generó cambios trascendentales en la organización
de las instituciones y de la sociedad los cuales reafirmaron la consideración
de la información como el principal recurso para su supervivencia y progreso
en una nueva etapa de desarrollo económico y social.
Como se
refirió antes, tanto el lanzamiento del Sputnik como las crisis de los
años 70 actuaron como agentes catalizadores, externos al sector de la información,
con una gran influencia en la evolución de esta esfera hasta su estado
actual. Ellos marcan los momentos del cambio de la documentación a la información
y del paso del paradigma tecnológico, como modelo de desarrollo bibliotecario,
al tecnológico gerencial, como una etapa cualitativamente superior del
desarrollo de la actividad informacional.
Esta crisis influyó
notablemente en la introducción de enfoques económicos en la administración
de las bibliotecas. Dichos enfoques parecen tener sus antecedentes en la década
de los años 30, cuando se produjo en los Estados Unidos otra gran recesión
económica.
Ahora bien, la información es un recurso nacional.
El acceso efectivo y la utilización idónea de la información,
en el ambiente de globalización que vive el mundo actual, requiere de la
creación y el desarrollo de redes para la transmisión de la información.
En la esfera de la ciencia y la tecnología, el rápido crecimiento
de la información científico - técnica, los costos asociados
con la obtención y el procesamiento de los nuevos conocimientos, así
como las presiones internacionales para la cooperación son factores que
han contribuido con al progreso de los sistemas de información científico
- técnica nacionales e internacionales.
La globalización, como
proceso de acercamiento universal, comenzó desde hace mucho tiempo. Un
paso intermedio en dicho proceso lo constituyó la nacionalización,
es decir la creación de bibliotecas nacionales responsables por la custodia
del patrimonio nacional y otras tareas.
En 1975, Aines y Day,
analizaron los planes nacionales de desarrollo de sistemas de información
científico - técnica en varios países, entre los que se destacaron
los de Canadá, Francia, Alemania Occidental, Japón, la URSS, el
Reino Unido y los Estados Unidos.
Los gobiernos fueron la principal fuerza unificadora para la planificación nacional de sistemas de información. Por ejemplo, en los Estados Unidos, la Ley Pública 91-345 estableció el NCLIS el 20 de julio de 1970 con el fin de informar al presidente y al congreso sobre el cumplimiento de las políticas nacionales en las bibliotecas y en la atención de las necesidades de información.
Dicha comisión
recomendó la ejecución de un programa nacional de desarrollo de
las bibliotecas que comprendía la creación de una amplia red nacional
capaz de soportar los servicios de información en todo el país.
En este contexto, las bibliotecas se consideraron como el componente
esencial del sistema nacional de información. El interés de la COSATI
se centró fundamentalmente en la integración de las bibliotecas
técnicas con otros sistemas, ubicados fuera del sector bibliotecario, en
el universo de un sistema o red nacional científico - técnica.
En los años 70, se reconoció ampliamente la importancia de
la información científica y tecnológica para el desarrollo
socioeconómico, particularmente en los países del Tercer Mundo.
De igual forma, crecieron las instituciones no bibliotecarias y los centros
de información especializados que utilizaban expertos en materias y medios
electrónicos, los corredores y los consultores de información. Durante
los años 70, con el fin de posibilitar una mayor accesibilidad intelectual
de los clientes a la información, se crearon los centros de información
y referencia, una alternativa de las instituciones de información para
adaptarse a las necesidades de los usuarios. En esta etapa de desarrollo, se requiere
solo de la habilidad de los usuarios para utilizar los servicios de referencia
convencionales y los recursos impresos al servicio a la comunidad. En ella, ocupa
un lugar central el suministro de información práctica para la satisfacción
de las necesidades humanas de información.
El camino recorrido
por la especialización de los servicios ha llevado a que, en el momento
actual, resulte imprescindible, en muchos de ellos, la utilización de expertos
de diferentes materias con calificación en asuntos de información
y en la entrega de estos servicios. La entrega de la información se impone
sobre la de documentos. Igualmente, ha ocurrido un crecimiento de la necesidad
de satisfacer las exigencias de información de la industria, la ciencia
y los negocios de manera rápida y precisa.
En la tendencia
liberal del diseño de los servicios, se subordina la función de
instrucción - fundamental en la conservadora - a la responsabilidad con
la entrega de la información de uso inmediato. El enfoque conservador,
según plantean los liberales, es ineficiente e irrealista ante el crecimiento
de la literatura. Los servicios que nacen de la concepción liberal de la
referencia ponen en peligro la existencia del bibliotecario inexperto en la disciplina
para la cual presta sus servicios.
El concepto contemporáneo
de biblioteca - escuela ilustra la persistencia de aquella concepción.
En 1978, se planteó que la biblioteca pública era un instrumento
de este tipo de educación; como consecuencia, el papel asistencial del
bibliotecario en el acceso a los recursos ha cobrado mayor fuerza día a
día. Otro factor que actúo sobre la adopción de este nuevo
modelo fue la necesidad percibida por las bibliotecas de justificar su existencia
y sus reclamos sobre el tesoro público, así como ante los ojos de
aquellos que financiaban su actividad.
En 1971, R. Ellis Lee, planteó la necesidad de identificar las necesidades de la población para perfeccionar estos servicios.
Actualmente, los servicios dirigidos
a la educación de la población continúan su ampliación.
Es oportuno recordar que la población rural de Estados Unidos en
1790 alcanzaba el 95% del total, en 1970, el 26,5%. Ha existido, por tanto, un
conjunto de fuerzas externas que han afectado la actividad bibliotecaria durante
las últimas décadas entre las que se desatacan: una severa erosión
del poder adquisitivo, una demanda elevada y articulada de servicios y el rediseño
del mundo de las publicaciones.
Ahora bien, es acertado apuntar, que
muchos de los avances en materia de perfeccionamiento de la efectividad y la eficiencia
en la sociedad se originan en el sector militar o privado y luego se extienden
al sector público. Este flujo es lógico, porque es en ellos precisamente
donde más fuerte resulta la competencia por la supervivencia. Es por esta
razón que, en muchas ocasiones, es útil cuando se enfrentan problemas
de estos tipos en ramas como la educación, la medicina, las bibliotecas
u otras, observar si en la esfera lucrativa de la sociedad existen soluciones
asimilables para su eliminación.
A su vez, el mundo actual presenta
una tendencia a la privatización de muchas actividades que tradicionalmente
han pertenecido al sector público de la sociedad con lo cual se busca una
rentabilidad mayor la que, a su vez, se deriva de la necesidad que presentan las
naciones de perfeccionar sus economías en un ambiente de intensa competencia
internacional.
Al principio de la década de los años
70, existía un grupo de conocimientos acumulados en estas materias cuya
utilidad tal vez no se valoraba adecuadamente. Para que esto tuviera lugar fue
necesario que ocurriera primero un conjunto de cambios cuantitativos que paulatinamente
minaron el avance de las economías más fuertes a nivel mundial cuyos
agentes causales afloraron de forma repentina durante la crisis que conmocionó
al mundo durante esta década. Dicha crisis mostró el agotamiento
del modelo organizativo, de producción y de desarrollo de las sociedades
más industrializadas y en específico de los Estados Unidos, y constituyó
un formidable catalizador para la introducción de nuevos enfoques y filosofías
de trabajo que crearan un ambiente laboral más humano.
A comienzo
de los años 70, W Goffman consideró la necesidad de institucionalizar
los procesos comunicacionales a partir del establecimiento de sistemas de información
en los diferentes niveles organizativos de la sociedad. Su concepción comprendía
la relación en estos sistemas de dos componentes fundamentales: uno humano
y dos, tecnológico.
Por esa misma fecha, se revisó en
los Estados Unidos la naturaleza del trabajo y se propusieron cambios para mejorar
la calidad de la vida laboral. En un informe al respecto de la Secretary of Health,
Education and Welfare, se enfatizó el alto costo que producía en
cuanto a calidad y gasto de recursos la insatisfacción con el trabajo,
así como la necesidad de realizar cambios que redujeran la caída
económica que experimentaba el país.
La década
de los 70 fue un período de experimentación y de algunos cambios.
Muchas organizaciones gozaban aún de éxito y buena salud después
de la terminación de la segunda guerra mundial. En 1971, se publicó
en Library Trends un trabajo sobre la administración participativa. Pero
no todos hablóaron sobre una administración con las concepciones
actuales.
Los métodos tradicionales de dirección causaban
una baja motivación por el trabajo, alto ausentismo, pobre calidad en los
productos, enfermedad mental y física, conflictos laborales y paralización
de los trabajadores.
Cuando la ineptitud y la incapacidad de América para competir internacionalmente, se hizo evidente a finales de los 70 y crítica en los 80, los ejecutivos finalmente comprendieron que los métodos tradicionales ya no resultaban útiles. Japón ya había implantado nuevos sistemas de dirección. Las empresas líderes primero y después toda la sociedad giró bruscamente hacia un nuevo modo de producción, enfoques dirección distintos y una cultura de la calidad.
Como todas las instituciones responden a las presiones
ambientales, las bibliotecas deben, entonces, ofrecer más con menos, así
como mejorar su sistema técnico, su estructura organizacional, la conducta
del personal, las políticas, el proceso de toma de decisiones y la forma
de solución de los problemas.
En este contexto, encuentran
aplicación múltiples técnicas gerenciales. Se requiere de
la visión de las oportunidades y de los cambios, de la aplicación
de instrumentos que faciliten el cambio y de consultores para la solución
de problemas mediante el consejo profesional. En 1969, B. Johnal publicó
un directorio de consultores para las bibliotecas con una gran cantidad de consultores
en una amplia gama de temáticas específicas.
A comienzos
de los 70, las bibliotecas comenzaron a interrogarse si muchos de los conceptos
económicos, gerenciales y mercantiles eran aplicables a su actividad. Entre
1970 y 1976, M. P. Marchant, probó algunos criterios económicos
para medir la eficiencia de las bibliotecas universitarias.
En 1972,
se realizó un taller sobre evaluación de servicios bibliotecarios
en la Universidad de Filadelfia. En él, se presentaron "The measuring
art" de E. R. Prospo y "Measuring the quality of information service"
de T. Childers.
En 1974, Library Trends publicó un trabajo
sobre la evaluación de los servicios bibliotecarios, titulado "Measuring
the quality of public libraries services".
En 1973, W. J. Baumol
y M. Matityhav publicaron el artículo titulado "The costs fo
library and information services". Un referencia anterior, en este sentido,
es "The economics of information" de G. J. Stigler, editado en
1961.
Desde la segunda mitad de los 60 y la década de los años
70, se observó un incremento de los estudios sobre costo - efectividad,
costo - beneficio y otros similares como respuesta a los problemas financieros
surgidos abruptamente durante los años 70, pero que comenzaron a evidenciarse
en la década de los años 60.
El mercadeo de los servicios
de información científico - técnica, como resultado de las
propias presiones económicas, creció.
En 1971, el director de
Defense Research and Engineering informó que, al menos, la mitad del financiamiento
de su organización lo generaban sus propios clientes.
En el
ambiente cambiante en el cual se utilizan los servicios bibliográficos,
en escasas ocasiones, existe una relación clara entre el uso y el beneficio.
Al mismo tiempo, durante el período que abarca entre el año 1950
y 1970, cuando los servicios de información y las bibliotecas recibieron
un fuerte apoyo financiero que les posibilitó crecer en espacio, alcance
y costos; no se evidenció interés alguno sobre los costos y beneficios
de los servicios bibliográficos.
Sin embargo, a partir de aquel
momento, las limitaciones presupuestarias especialmente los recortes para la adquisición
de servicios primarios y secundarios obligaron a realizar ajustes que han conducido
a la adopción de una posición más crítica ante el
crecimiento de los fondos. Actualmente las políticas de adquisición
representan un reto considerable para la inteligencia del mercado y la profesionalidad
de los especialistas que laboran en los sistemas de información. Después
de dos décadas de esfuerzos por solucionar problemas teóricos, tecnológicos
y de la producción de servicios de información, es necesario que
sus productores perfeccionen sus conocimientos sobre la función del mercado.
Ninguna evidencia ejemplifica de forma más adecuada la ausencia
general de consideraciones en materia de mercadeo entre las instituciones de información
como el hecho de que la primera aparición de un encabezamiento relacionado
con este tema en el ARIST se produjo en 1970. En aquel volumen se analizó
cierto número de trabajos relacionados fundamentalmente con la utilización
de los estudios de usuarios como una técnica útil en el mercadeo,
sin embargo de ninguna manera en ellos se manifestó interés por
otros aspectos del mercadeo.
El análisis de los temas tratados
desde 1971 en el ARIST revela una escasez similar de entradas bajo el tema "Mercadeo".
En ARIST de 1978, es posible identificar una referencia del trabajo de A. J.
Lotka, publicada en 1926, con el título "Mercadeo de la información".
La mayoría de los estudios se limitaron a analizar la relación que
existe entre los estudios de usuarios y el diseño de los sistemas de información.
En este sentido entre los años 50 y 70, se publicaron más
de 600 estudios sobre el comportamiento de los usuarios y la utilización
de los sistemas de información con una tasa anual de crecimiento de 30
trabajos. Igualmente, se han multiplicado los estudios de demanda, como parte
del nuevo modelo de desarrollo.
En 1969, apareció en ARIST la sección "Information needs and users", una década después que se publicara el trabajo titulado "An evaluation of user studies of scientific information".
A inicio de los años 70 también, comienza a impulsarse las investigaciones como parte de la actividad bibliotecaria, aunque sus antecedentes más directos, se ubican en la segunda mitad de los años 60.
En un análisis de los trabajos publicados por la revista College & Research Libraries entre 1957 y 1976, se halló que, en la primera década de este período, el 15% de todos los artículos fueron de naturaleza cuantitativa, mientras que en la segunda década alcanzaron el 43%; el 27% de los estudios de la segunda década especificaron estrategias de muestreo, mientras que lo hicieron solo el 18% de los de la primera (1978). Técnicas estadísticas como el análisis de varianza, la regresión múltiple y el análisis factorial no aparecieron en la primera década; en raras ocasiones, se utilizaron en la segunda. (Carpenter R. L. Statistical methods for librarians, 1978).
Durante la década de los años 70, la mayor parte (dos tercios) de los trabajos de investigación realizados en el área de la información se basaban en las tradiciones humanísticas. Sólo un tercio fue el resultado de investigaciones científicas.
Tradicionalmente,
ha existido una especie de rechazo en la propia profesión a someter su
actividad al escrutinio científico.
En materia de investigación
política, el establecimiento de políticas ocupó el centro
de la atención en los años 70. Las investigaciones políticas
son importantes para defender la posición de las bibliotecas en la sociedad.
En este sentido, deben realizarse estudios que relacionen variables de la actividad
bibliotecaria con variables políticas.
A comienzos de los años
70 y hasta los 80, varios autores contribuyeron a que la información se
considerara como un recurso clave para la organización.
Durante
estos años, se cuestionaron un conjunto de principios fundamentales, hecho
el cual puede considerarse como un signo de madurez disciplinaria. En este sentido,
en 1970, Saracevic desarrolló una reseña definitiva del concepto
de relevancia que reflejó una seria preocupación con respecto a
este principio esencial en la actividad de información.
Como se había evidenciado en los años
60, los recortes y las limitaciones presupuestarias dominarían el contexto
económico de las bibiliotecas en el futuro. A su vez, el volumen de ediciones
anuales aumenta vertiginosamente.
Sólo en el renglón
de las monografías, el Publishers Weekly publicó que, desde los
inicios de su edición en la década de los años 70 -y hasta
los años 80-, se habían añadido, cada año, 8 000 nuevos
títulos de libros científico-técnicos, editados en los Estados
Unidos. Como es obvio, pocas bibliotecas científico-técnicas pueden
adquirir todos o la gran mayoría de los materiales publicados que requieren
sus usuarios. 1979
En 1979, existían, además, 3 000 servicios
de indización y resumen, 2 000 de ellos pertenecían a la esfera
de la ciencia y la tecnología. El acceso a la gran mayoría de ellos
era pago.
Casi la totalidad de las bibliotecas científico -
técnicas empleaban cerca de dos tercios de su presupuesto en el desarrollo
de las colecciones en revistas.
La primera responsabilidad de una biblioteca
es el desarrollo de una colección que satisfaga, tanto las necesidades
actuales como futuras de sus usuarios.
Sin embargo, es necesario considerar
que casi todas las bibliotecas, orientadas o no a la investigación, se
encuentran bajo presiones financieras; por lo tanto, la "exhaustividad"
debió ceder su lugar a la "selectividad". La mayoría de
las grandes bibliotecas científicas y de investigación se ubican
en instituciones académicas, incapaces de ofrecerles un soporte financiero
en correspondencia con la inflación en los precios de las fuentes de información,
los aumentos en los costos del personal que emplea la biblioteca, así como
el incremento de las operaciones de la biblioteca y sus costos de mantenimiento.
La industria de la información produce beneficios económicos
notables, en un momento histórico donde la información es un recurso
clave. Una de las soluciones que hallaron las bibliotecas públicas a sus
problemas financieros fue la venta de productos y servicios de información
a la industria privada en materia de intereses y seguros, finanzas, créditos,
planeamiento de medios y de mercado, noticias de la industria y de los negocios,
entre otras. En las bibliotecas científico técnicas, ha existido
históricamente cierta retracción a manipular información
diferente a la especializada; sin embargo, esta junto a otros tipos como la económica,
la de mercado y la circunstancial han cobrado un gran auge en el contexto del
nuevo paradigma de desarrollo social que se ha impuesto en las dos últimas
décadas.
A finales de los años 70, se planteaba que la
crisis financiera podría persistir a lo largo de los años 80, cuando
las matrículas de los estudiantes, sobre las cuales se basa el financiamiento
institucional de la mayoría de las bibliotecas universitarias, se esperaba
que descendiera aún más.
En cuanto a la educación profesional de los bibliotecarios, desde
1973, se convirtió en uno de los temas objeto de revisión ARIST.
Al principio, se hablaba sobre educación continua; con posterioridad, el
interés cambió la de pregrado. Ello parece indicar que la profundidad
del cambio que se ha producido ha alcanzado las bases de la propia disciplina.
Sin embargo, en 1972, el examen de la literatura asombraba al lector
con lo poco que habían cambiado los currículosde estudios bibliotecarios
en los últimos 80 años.
En 1970, se observó un crecimiento rápido del número de programas de educación a pesar de la carencia de datos sobre el mercado del trabajo.
A partir de los años 70, la importancia de la información
interna sobrepasó a la de los datos rutinarios internos. El sistema de
información de la administración en las instituciones de información
se había limitado hasta las últimas décadas al procesamiento
de datos generados por la organización, típicamente informes basados
en la suma y el análisis de datos de transacciones. Se tardó mucho
en reconocer que estos datos resultaban de poca importancia en la toma de decisiones.
Otra tendencia que comenzó a evidenciarse fue la necesidad de un
abordaje multidisciplinario para la solución de los problemas actuales
de información. Tanto en el campo de las ciencias de la información
como en el de las comunicaciones se combinan un fuerte desarrollo del sector aplicado
con un progreso débil de su área teórica.
La década
de los años 70 señala un límite entre la sociedad industrial
y posindustrial, así como para el inicio del establecimiento del paradigma
tecnológico gerencial en la actividad informacional. A partir de ese momento
la información pasó a primeros niveles de prioridad como insumo
para ejecutar cualquier actividad y comenzó a producirse una democratización
institucional, que representó una profundización de la revolución
democrática a escala nacional.
Los años 70 fueron el momento donde se agudizaron profundamente las contradicciones existentes en el desarrollo económico, político, social y cultural de los países del primer mundo y que provenían desde la década de los años 20 y 30. La década de los años 60, así como sucedió con la de los 20, antecesoras ambas de las grandes crisis económicas del siglo, fueron períodos de gestación, donde ocurrieron movimientos sociales que presagiaron la crisis y el cambio. En la década de los años 60, se sumó además, el inicio de una nueva era tecnológica que revolucionaría el mundo.
Las redes
El desarrollo histórico y la introducción del procesamiento
automatizado de datos fue lento y arduo. A principios de los años 80, no
existían todavía bibliotecas que utilizaran la computadora digital
como base total del sistema, sino que eran solo el soporte para algunas funciones
aisladas. Se decía, en esa época, "si el pasado es prólogo,
esto aún tomará algún tiempo para su desarrollo". Existían
en aquellos momentos algunos problemas por superar como, por ejemplo, la localización
apropiada de los datos dentro de la red, la existencia de una información
dispersa que debía reunirse antes de presentarse al usuario final, así
como los aspectos relacionados con el control de los ficheros locales y no locales.
Durante largos años de trabajo para el desarrollo de las redes
de información constituyó un complejo problema la normalización
del intercambio de datos, la compatibilización de los equipos y la interrelación
de los sistemas, superados, en gran medida actualmente, como resultado de la aparición
de protocolos avanzados de comunicación que actúan como una especie
de intérpretes entre diferentes medios.
Los esfuerzos para la
creación de redes en el mundo de las bibliotecas se caracterizaron por
la acción de dos fuerzas opuestas: una dirigida a la centralización
y otra a la descentralización. Las fuerzas que actuaban en favor de la
centralización abarcaban: 1) el deseo de construir grandes bases de datos
para generar un índice bibliográfico universal; 2) la necesidad
de un fondo nacional de información; 3) la necesidad de imponer y mantener
las normas y 4) la disponibilidad de telecomunicaciones poco costosas. Además,
se han señalado las presiones de tiempo y económicas para compartir
los fondos en lugar de duplicarlos, la existencia de tecnologías avanzadas
y la proliferación de información legible para las máquinas.
Dos aspectos importantes de las redes de computadoras centralizadas
son: 1) qué existe en el centro de la red y 2) qué tipo de control
se emplea. En el centro de la red, puede haber uno o más de los siguientes
elementos: una base de datos, un sistema computarizado, un sistema de telecomunicaciones
y un grupo de personas. Una red puede considerarse centralizada, si cualesquiera
de estos elementos están presentes en su centro; sin embargo la distribución
de los demás elementos puede dar la impresión de que la red es esencialmente
descentralizada.
Por su parte, existen diversas vías para crear
una red descentralizada: 1) la distribución de las bases de datos, 2) la
distribución del procesamiento, 3) la distribución de la red de
telecomunicaciones y 4) la descentralización del gobierno.
Los
factores que influyeron a favor de la descentralización comprenden: 1)
el temor a la pérdida de la autonomía local y el control de las
operaciones; 2) el aumento en los costos de las telecomunicaciones; 3) los avances
tecnológicos, especialmente, la de las microcomputadoras y 4) el aumento
de los costos de los servicios de la red.
Los bibliógrafos mostraron
su preocupación con la creación de las redes, debido a la pérdida
de la autonomía que significaba la cooperación; sin embargo, consideraron
que era necesario un cambio y alentaron a las bibliotecas a unírseles.
Aunque transcurrió algún tiempo antes que se generalizara
una visión del tratamiento distribuido de la información, se publicó
un número creciente de trabajos en los que sus escritores mencionaron el
concepto de descentralización o de distribución del tratamiento
de la información.
Las comunicaciones fueron el factor clave
para la globalización y virtualización desde la segunda mitad de
la década de los 80.
Durante gran parte de esta década,
resultó profundamente intrigante la idea de enlazar diferentes sistemas
y grandes redes de computadoras. Las primeras redes dependían fuertemente
de la compatibilidad de los equipos y de las esperanzas de una red de bibliotecas
en la que todos los que pudieran participar se adaptaran a la imcompatibilidad.
El Open Systems Interface (OSI) de la International Standard Organization, constituyó
una promesa para el enlace futuro de las redes descentralizadas de computadoras.
La sofisticación de los sistemas y de las redes de bibliotecas alcanzaron
un punto donde el proyecto de automatización de la biblioteca se hizo casi
obsoleto.
En 1982, Mccalum se preguntaba ¿cómo
es posible crear una base de datos nacional a partir de bases de datos diferentes,
generadas por múltiples instituciones con el fin de compartir los recursos
en todo el país y no solo aquellos de las instituciones participantes en
el sistema automatizado de las cuales su organización es miembro?.
En 1982, SOLINET creó el Local Access to and Management of Bibliographic
Data and Authorities (LAMBDA), un sistema para la automatización de las
bibliotecas locales.
En 1984, SOLINET desarrolló
otro proyecto, el Remote Communication Processor (RPC), un sistema para la comunicación
remota. Las redes del OCLC, que buscaban reducir los costos de las telecomunicaciones,
percibieron en la instalación de dichos procesadores una doble ventaja:
podrían servir no sólo como centros de conmutación, sino
de procesamiento para los servicios de la red tales como la producción
de tarjetas, el almacenamiento de las bases de datos regionales y los servicios
de correo y murales electrónicos. Esto constituyó un paso clave
en el desarrollo de las redes regionales como proveedores de servicios.
En
1983, entró al mercado de los sistemas locales con el lanzamiento de su
sistema LS/2000, que se instaló, por primera vez, en el Hampshire College,
antes de finales del propio año. Este sistema complementaba la base de
datos central del OCLC, la cual podían continuar utilizando los usuarios
como una fuente de información catalográfica actual y retrospectiva.
LS/2000 apoyaba la actividad de catalogación en línea, así
como a ciertos servicios técnicos en la biblioteca local mediante un sistema
de procesamiento basado en minicomputadoras. Este constituyó un paso importante
en la descentralización. Más tarde, el OCLC añadió
a la línea de los sistemas locales el SC-350, un módulo para el
control de las seríadas.
El Report of the Bibliographic and
Communications Network Pilot Project, publicado en marzo de 1984, declaró
el modelo técnicamente factible y propuso trabajar hacia el logro de una
red de información abierta, descentralizada y de ingreso voluntario que
funcionara a nivel nacional".
En 1984, se criticó la carencia
de participación federal en la creación de las redes (Rogers). Smith
y Parker describieron los esfuerzos cooperativos, así como su organización
y funciones con el fin de alentar la participación de las bibliotecas pequeñas.
En 1982, se había señalóado que los estados podían
ser el campo más rico para el desarrollo de las redes, debido a su potencialidad
de respuesta rápida y de financiamiento.
En 1983, Griham
había pronosticado "sin duda, el mundo de las redes en el futuro se
caracterizará por los niveles de agregación: local, regionales de
subestado, de estado, regional multiestados y nacional.
Pero durante esta
década, no se desarrollaron sólo las redes, sino que crecieron de
forma significativa también, los productos tecnológicos y los sistemas
automatizados para uso a nivel local.
En
1984, había aparecido Apple Macintosh en el mercado. La introducción
de las microcomputadoras se caracterizó por un período de exploración
de usos y limitaciones, búsqueda de aplicaciones y aceptación. Su
aplicación a tareas cada vez más complejas ha corrido en forma paralela
al desarrollo de sus capacidades.
La venta de las computadoras personales
se incrementó 30 veces - de medio millón a 15 millones- entre 1980
y 1989, según reportó el PC Week de diciembre 25 de este último
año.
Hacia 1989, los programas para realizar tareas propias
de las bibliotecas crecieron rápidamente. La creación de programas
de uso general comenzó poco después de la introducción de
la primera microcomputadora. Estos resultaron al principio sumamente lentos, estaban
muy limitados en su capacidad de almacenamiento de datos y dependían de
mecanismos inadecuados para la entrada, el almacenamiento y la salida de datos.
Estos programas de propósito general resultaban extremadamente limitados
para soportar el almacenamiento del volumen de información que manipulan
las bibliotecas en su actividad. Sin embargo, micros más baratas, rápidas
y poderosas condujeron a la masificación de su uso.
Ya en 1986, se
publicaron los primeros directorios de software dirigidos a las bibliotecas.
Como se sabe, las actividades que se automatizaron primero fueron las más conocidas, donde más experiencia poseían los bibliotecarios, las más monótonas y rutinarias como la catalogación y el control de la circulación. Las capacidades de las máquinas y la carencia de comunicación entre ellas al principio no permitían enfrentar otras tareas.
Posteriormente,
se hizo común organizar colecciones de datos legibles en máquinas
en bases de datos. Entre 1980 y 1989, el número de las bases de datos creció
de unas 600 a 4000, es decir, más de 6 veces, según Cuadra-Elsevier,
un directorio de bases de datos en línea de alcance mundial. En el mismo
período, el número de búsquedas en línea creció
seis veces, de cinco a 32 millones.
La realización de búsquedas
en línea en bases de datos se popularizó entre los usuarios finales
y los intermediarios. Sin embargo, antes de la aparición de programas amistosos
e interactivos para las computadoras personales de los usuarios en 1986, la mayoría
de los clientes finales dependían de los bibliotecarios médicos
y otros intermediarios para ejecutar sus búsquedas debido a la complejidad
de los lenguajes y la pobre retención de las habilidades de búsqueda
cuando no se empleaba regularmente.
En este período, la venta
de la información electrónica adquirió mayor importancia.
El movimiento de la tecnología desde el laboratorio de investigación
a la oficina proporcionó un número mayor de clientes potenciales.
En la medida en la que el uso de la tecnología se extendió del centro
de computación universitario o corporativo a los puestos de trabajo de
los usuarios individuales, se generalizó el empleo de los productos y servicios
de información en soporte electrónico.
En 1982, Boss pronosticó que las bases de datos se
situarían en computadoras de las bibliotecas locales. Los avances en materia
de almacenamiento mediante disco óptico aumentaron aquella posibilidad.
En 1982, la Biblioteca del Congreso junto con Integrated Automation
de California, emprendió el Optical Disk Pilot Program, uno de los proyectos
experimentales más importantes en términos de potencialidad para
el cambio de las bibliotecas futuras. El proyecto finalizó en 1988, año
en el que se hallaban disponibles en el mercado bases de datos sobre agricultura
y medicina en disco óptico.
Los discos compactos aparecieron
en 1985. El primero en ubicarse en el mercado fue el disco compacto para registrar
audio con una capacidad de 680 megabytes.
En 1984, en la reunión
anual de American Library Association, se presentó un sistema denominado
MARC and REMARC Videodisc Library System. En 1985, se publicó Bibliofile,
un CD-ROM con más de un millón de registros bibliográficos
en formato MARC en la reunión de invierno de la American Library Association
en Washington. En estos años, ocurrió la firma de acuerdos entre
bibliotecas y distintas compañías productoras de video-discos para
la producción de bases de datos en vídeo - discos. Una de las primeras
soportada sobre esta nueva tecnología fue ERIC.
En 1985, se
produjo uno de los primeros experimentos para crear revistas a texto completo
en forma electrónica; el proyecto ADONIS el cual reunió a varias
casas editoras encabezadas por Elsevier Science Publishers. Su principal motivación
era de carácter económico.
Entre 1985 y 1988, el uso
de los CD-ROM como un medio de almacenamiento para las bases de datos bibliográficas
experimentó un gran crecimiento.
Desde su surgimiento a mediados
de los años 80, los discos compactos han incrementado vertiginosamente
sus capacidades de almacenamiento, así como la rapidez de lectura. Su aparición
antes de que Internet entrara en su fase explosiva de desarrollo, posibilitó
su consolidación como un instrumento extremadamente útil para la
distribución de la información. Desde su primera aplicación
como discos de audio, evolucionó rápidamente. Con el surgimiento
de programas capaces de manejar grandes volúmenes de datos, se generalizó
su empleo para distribuir colecciones completas de publicaciones. Pronto, apareció
la posibilidad de combinar textos, audio e imágenes con lo cual se convirtieron
en un instrumento ideal para la distribución de programas multimedia.
El número de títulos de CD-ROM publicados ha crecido de 48
en 1986 a 6 500 en 1996 (The CD-ROM Directory). En 1995, Internet interconectaba
tres millones de computadoras y 30 millones de usuarios en todo el mundo, cifra
que se duplica cada seis meses.
En 1993, se distribuyeron 53.9 millones
de copias. El número de títulos multimedia se incrementó
en un 227% en el mismo año.
En 1995, el costo de la impresión
del master era de 1000 dólares y el de reproducción de otros 55
de 110 dólares. Con más bases de datos (incluso a texto completo)
en CD-ROM y un costo decreciente de los lectores de discos (de entre 300 y 500
dólares por unidad) puede esperarse que cada vez mas usuarios finales equipen
su computadora personal con estos dispositivos, hecho que crea un alza en el mercado
de los CD-ROM.
La competencia por la creación de discos con
una mayor capacidad de almacenamiento propició una alianza entre Sony y
Philips, fruto del cual surgió una variante de CD-ROM que permite almacenar
3.7 gygabytes para competir con Toshiba que desarrolló el Super Compact
Disc, un disco con una capacidad de almacenamiento de 5 gygabytes.
Según
el Scientific American, se estima que en 1996, se vendieron aproximadamente 35
millones de lectores de CD-ROM en el mundo. La segunda generación de CD-ROM,
basada en la tecnología denominada DVD -Disco Versátil Digital-,
permite almacenar 14 veces más información que los convencionales,
es decir,17 gygabytes. Su consulta por ambos lados se realiza por lectoras de
nueve velocidades. Se facilita así el almacenamiento de películas
digitalizadas, así como de programas multimedia de gran longitud. (Rodríguez
Reyes V. Los servicios de información en el próximo milenio.
INFOLAC 1997; 10(4):4-12).
Si se considera el costo menor, tanto de
su producción como de los lectores que emplean, es posible pronosticar
que este sustituirá la cinta de vídeo tradicional. Su capacidad
de almacenar videos y audio de alta calidad en forma digital, que lo convierten
en un medio excelente para el almacenamiento de películas de larga duración
en diferentes idiomas, con varias pistas de subtítulaje, hacen pensar que
la demanda por parte de los consumidores acelerará la fusión de
las tecnologías de vídeo y computación en el futuro. Un CVD
simple puede almacenar un millón y medio de páginas de texto en
ocho idiomas diferentes.
La revolución de las tecnologías
de vídeo, ocurrida a principios de los 80, permitió que, aunque
con cierta resistencia, crecieran las colecciones de videos en las bibliotecas.
La aparición del vídeo-disco, capaz de registrar en forma digital
tanto imágenes como sonidos y datos, tuvo un impacto decisivo en este crecimiento.
Otra
tecnología asociada fue el video-texto. La palabra video-texto es un término
genérico útil para designar un tipo de servicio de difusión
de información, que se auxilia del teléfono y el televisor doméstico.
La información codificada es posible leerla en un receptor doméstico
de televisión modificado. Se trata de un sistema de información
de bajo costo y fácil uso.
El primer experimento con esta tecnología,
denominado Channel 2000, ocurrió en el departamento de investigaciones
de OCLS. A mediados de los 80 aún esta tecnología se enfrentaba
con los problemas de la baja resolución de los videos.
La utilización
del telefacsímil, por su parte, se enfrentó con dificultades, tanto
de orden técnico como económico. Aún durante la década
de los 80, con la aparición de su tercera generación, estos equipos
carecían de la velocidad y de la calidad de impresión necesaria
para el servicio bibliotecario. La introducción de los scanners, con la
posibilidad de almacenar en forma de ficheros, páginas impresas de un documento
y del envío de estos mediante redes de computadoras interconectadas a nivel
mundial, introdujo una nueva opción para estos fines.
A mediados
de los años 80, se produjo la aplicación del láser a la actividad
editorial y poligráfica.
Probablemente, el primer sistema de correo
electrónico que se diseñó y comercializó para uso
específico de las bibliotecas fue OnTyme II en 1980.
En 1981,
T. Nelson, propuso el término hipertexto. En 1980, D. Thursh
y F. Mabry desarrollaron un libro de texto electrónico en el que se
utilizó hipertexto.
Las bibliotecas y las tecnologías
de información han corrido históricamente en el mismo sentido. Al
principio las bibliotecas iban delante, hoy van tecnologías. El momento
del cambio de las posiciones parece ser la década de los 80. Para esto
fue necesario que las tecnologías alcanzaran las capacidades de procesamiento,
almacenamiento y comunicación que exige el trabajo bibliotecario.
En los años 80, la utilización efectiva
de las computadoras comenzó a depender crecientemente de las instalaciones
y de los servicios de comunicación mediante los cuales los usuarios pudieran
obtener un enlace instantáneo entre ellos.
Como resultado del
desarrollo de las líneas de comunicación y de los servicios en red,
se produjo un gran avance en materia de servicios bibiliográficos.
La existencia de grandes distribuidores como BRS, Dialog, Data Star es
un antecedente directo del establecimiento de redes en gran escala que permitieran
el acceso universal a la información.
Según M. E.
Williams, en 1976, existían 301 bases de datos bibliográficas
y textuales; en 1979, 528 y en 1982, 773. En otoño de 1979, Cuadra relacionó
400 bases de datos numéricas, bibliográficas y textuales. En el
otoño de 1982, 1350.
Hacia 1980, existían unas 600 bases
de datos en línea. Según M. E. Williams, entre 1975 y 1983
el número de bases de datos creció de 300 a 1000, el número
de búsquedas de menos de un millón a más de ocho millones
y el número de registros en las bases de datos de alrededor de 50 millones
a cerca de 300.
Si se considera que en 1963, "A guide to world
s abstracting and indexing services in science and technology" relacionó
1 855 productos impresos de esta clase, y que, en 1980, existían unas 600
bases de datos en línea, pueden tomarse la década de los 70 como
el punto de virage de los productos bibliográficos impresos a los productos
en línea.
Las suscripciones a los productos impresos declinaron,
el uso de los productos y servicios en línea creció enormemente,
las ganancias procedentes de los productos impresos; sin embargo, hasta recientemente,
ellos subsidiaron a los productos en línea, que originalmente se consideraron
como un subproducto adicional.
Al principio las bases de datos en línea
no constituyeron el producto final sino un medio para generar productos impresos.
Sucedió que con la rápida caída de la venta de los productos
impresos, el precio de los productos en línea se convirtió sorpresivamente
en un factor crítico.
En este período, debutan las bases
de datos de texto completo, se generaliza la búsqueda a texto libre y se
discute si continuar indizando. El crecimiento de las bases de datos a texto completo
se produce hacia mediados de la década de los años 80, cuando la
consulta de los textos originales se conviertió en un problema priorizado
para la atención en el área de la bibliografía.
En
los 70, hubo un gran crecimiento de la venta de libros y revistas con carácter
lucrativo por parte de las casas editoras. El incremento de alrededor de un 10%
en los precios de las seriadas excedió los presupuestos de las bibliotecas
académicas de Norteamérica para su adquisición entre los
años 1986 y 1987. Sin embargo, el componente más importante parece
ser la venta de productos y servicios electrónicos (bases de datos) que
se fortaleció con el desarrollo de las computadoras y los servicios en
línea.
Entre 1975 y 1982, se acentuó la tendencia a realizar
negocios más lucrativos, muchos dirigieron su atención al desarrollo
de productos de interés para otros sectores como los de las leyes, las
finanzas, las computadoras, la administración, la publicidad y las patentes.
Una gran parte de los que emprendieron este tipo de negocios eran editores comerciales.
Los problemas relacionados con los costos y el mercadeo se sitúan
en la primera prioridad de la agenda de trabajo de la industria de la información.
La investigación de mercado es psicológica en muchos aspectos. En
1984, S. Fine, publicó, en el número cuatro del volumen 32
de Library Trends, por ejemplo, "Research and the psychology of the information",
dedicado al tratamiento de este aspecto de la investigación.
A
principio de los 80, el mercadeo aún no se encontraba establecido como
actividad en esta industria.
El mercadeo de los servicios de información
se encuentra en un estado inmaduro de desarrollo en comparación con el
de los bienes industriales. Las dificultades del mercadeo de los servicios de
información son: (1) un conocimiento relativamente bajo y una falta de
un acuerdo en cuanto a los requerimientos de los usuarios, sus deseos y necesidades;
(2) el medio subsidiado en el cual se utilizan la mayoría de los productos
y servicios de información científico - técnicos; (3) la
virtual imposibilidad de calcular el valor que aportan dichos productos y servicios
para mejorar la eficiencia, la realización de las investigaciones, el desarrollo
y el avance de los esfuerzos académicos (4) la carencia de un conocimiento
profundo sobre temas económicos de aquellos, fundamentalmente estudiosos
de las humanidades cuya actividad se desarrolla en un medio sin orientación
al mercado, quienes adquieren (o participan en la decisión de compra) de
los productos y servicios de información.
En 1966, casi dos
décadas antes, se analizaron en ARIST unos 20 servicios de indización
y resumen. Todos estaban relacionados con las ciencias duras y eran patrocinados
por organizaciones no lucrativas o de gobierno. Las ciencias duras son aquellas
ciencias de la naturaleza altamente formalizadas y que operan con instrumentos
matemáticos, cuyo caso paradigmático es la física. También
incluyen a la química, la genética y la biología molecular,
ramas que aplican la física y la química a los fenómenos
biológicos.
En 1981, las publicaciones electrónicas
aparecen como tema de revisión en ARIST. En este mismo año, apareció
Electronic Publishing Review, una publicación especializada en el tema.
Durante los años 80 y 90, aumentó la velocidad de composición
de las publicaciones y se redujeron sus costos, se mantuvo la calidad del producto
final, se facilitaron los procesos de arbitraje y edición, se agilizó
la distribución y se liberalizó un proceso antes relegado solo a
las casas editoras.
En el campo de los servicios bibliográficos,
la unión de los expertos en las diferentes materias que atiende una entidad
y los especialistas en información es una tendencia muy positiva, si se
pretenden crear productos y servicios de mayor valor añadido, porque unidos
es posible superar las limitaciones profesionales particulares de cada uno de
ellos, comprender y servir mejor a sus usuarios.
Las bibliografías
según su alcance pueden clasificarse en numerativas y selectivas. Esta
última, si se basa en criterios formales, puede realizarse por especialistas
en información. Ahora bien, si se requiere de valoraciones de contenido,
metodológicas o de presentación de los trabajos incluidos, sólo
es posible conformarlas a partir del trabajo conjunto de expertos en las materias
y especialistas en información. Las bibliografías selectivas poseen
un mayor valor añadido en las circunstancias actuales de superproducción.
Sin embargo, exigen de un trabajo multidisciplinario e integral.
La
especialización es el camino que han seguido los sistemas y servicios de
información como consecuencia de la misma tendencia en el quehacer social
en general. El crecimiento del conocimiento imposibilita abarcarlo todo. Los servicios
de alto valor añadido se erigen en contraposición con los servicios
indiferenciados. Los servicios de diseminación selectiva tienen un antecedente
seguro en el comienzo de la distribución de productos y servicios en materias
específicas. Esta expresan un nivel cualitativamente superior de especialización.
En los últimos 200 años, el número de revistas especializadas ha alcanzado cifras astronómicas. Hacia finales del siglo XX, los estimados del número de revistas científico-técnicas actuales varían ampliamente. Estos oscilan entre 35000 y 100000 títulos. Su proliferación ha impulsado la creación de distintos tipos de resúmenes, el desarrollo de las técnicas y medios para la indización y de los servicios de catálogos. También, ha aparecido la necesidad de un personal especializado que se enfrente con esta riqueza de información.
En el campo de la investigación, a mediados de los 80, la carencia
de métodos científicos de investigación en los programas
de educación condujo a la creación del Graduate Library School en
la Universidad de Chicago. Y se planteaba: "El problema de la falta de empleo
de métodos científicos de investigación en las ciencias de
la información es un problema que persiste actualmente todavía.
Existe una falta de comprensión en este campo sobre el trabajo del graduado.
Los intentos en este sentido han mostrado pocos resultados".
Sin
embargo, la estructura de los programas profesionales en el campo de la bibliotecología
evidencia que la investigación se considera un aspecto importante en la
formación de los bibliotecarios. En 1984, existían comités
relacionados con esta actividad en ALA, SLA y MLA en los Estados Unidos.
La consolidación de la investigación en el área de
las bibiotecas ocurrió hacia la década de los 80. A pesar de ello,
actualmente, es posible hallar todavía instituciones e individuos que laboran
en este sector que presentan una actitud de rechazo o de aislamiento con respecto
al desarrollo de las investigaciones como herramienta de actuación profesional.
Esto es una condición necesaria para la supervivencia de la profesión
en un mundo cada vez más permeado por la ciencia.
La alternativa
histórica fue la metodología fundamental de investigación
en bibliotecología y en ciencias de la información, hecho el cual
se demuestra por el volumen alcanzado en el cuerpo de las investigaciones realizadas
en esta esfera hasta la actualidad, aunque su popularidad decreció dramáticamente
entre los 70 y los 80.
Estas constituían el 33,2% de los enfoques
metodológicos utilizados en las investigaciones doctorales entre 1925 y
1972. Entre el 1973 a 1981, solo el 15,6%. La causa de esta disminución
fue la creencia de que la investigación histórica era un esfuerzo
perdido.
Por su parte, continúan el desarrollo las disciplinas
métricas y adquieren una gran popularidad por su contribución a
la eficiencia de los procesos bibliotecarios.
En 1980, R. Hjerppe
publicó una bibliografía sobre bibliometría, "A
bibliographical of bibliometrics and citation indexing and analysis", que
presentaba 2032 entradas. Otra, referida a un período anterior, demuestra
su crecimiento: A. Pritchard y W. Glem, titulada "Bibliometrics.
A bibliography and index, 1874-1959", disponía de 600 entradas.
Sin embargo, la carencia de un basamento teórico fuerte para estas disciplinas enfrenta críticas. Con respecto a la ley de Price sobre la distribución de la ventaja acumulativa, A. Rapport dijo: "Ninguna conclusión teórica puede derivarse solo porque un determinado número de curvas sean semejantes. Las conclusiones teóricas solo pueden ser el resultado de un razonamiento propuesto que implique que las curvas deben pertenecer a cierta clase."
En
materia de educación, en 1985, se produjo la primera conferencia sobre
educación continua para los profesionales de las ciencias de la información,
aunque desde comienzos de los 70 se habló sobre su importancia.
La
creación de una conciencia y de una infraestructura adecuada para el desarrollo
de la educación continua en el sector de las ciencias de la información
ha resultado extremadamente lenta en comparación con otras profesiones
debido, tal vez, al carácter eminentemente práctico de esta actividad
y la escasa generación de nuevos conocimientos que no requería de
una actualización continua.
La educación continua se fundamenta en el cambio, si las cosas no cambiaran la actualización no fuera necesaria. La celeridad que toma el desarrollo de la sociedad en general hace que sea necesario renovar constantemente los conocimientos, las habilidades y hasta las actitudes para realizar determinada actividad. En el sector de la información, dicha aceleración parece iniciarse en la década de los años 60.
En
materia de administración bibliotecaria, en 1967, RL Ackoff, atrae
la atención en el artículo titulado "Management misinformation
systems", el valor de la información externa de la organización
para su administración en los tiempos modernos.
La explicación
de las limitaciones de los sistemas de información para la administración
resultó un pasatiempo que duró más de una década y
media. No fue hasta años recientes que se percibió realmente los
errores de concepción que presentaban estos sistemas en su diseño,
incapaces de incorporar información externa sobre el mercado o el medio
de la institución, como su principal limitación.
Los
sistemas de información de las empresas se han convertido en un factor
crítico para el éxito; son esenciales para la toma de decisiones.
En 1982, la IBM creó una metodología denominada Business Systems
Planning (BSP), con el fin de facilitar a los administradores, proyectar y planear
sus necesidades de datos adecuadamente. Este constituía un soporte para
la toma de decisiones basadas en información.
Como se plantea
en la Harvard Business Review de 1983, la información que se utiliza para
la toma de decisiones en el mundo administrativo, es esencialmente cuantitativa
y permite el análisis matemático, las tecnologías para el
procesamiento de la información pueden aportar a la organización
una ventaja competitiva significativa.
Los cambios culturales, personales,
económicos y tecnológicos que ha experimentado la sociedad durante
las últimas décadas han forzado la introducción de las nuevas
concepciones que extienden la democracia a la vida institucional. Se requiere
cada vez de más innovación para poder sobrevivir; un clima organizacional
de participación estimula su aumento.
La supervivencia de la organización se sustenta en la adopción de estructuras y tecnologías que se correspondan con su ambiente. Las bibliotecas están situadas en el mismo centro de la revolución de las tecnologías de información. Este factor contribuye de forma decisiva a la existencia de un medio de vida para las bibliotecas experimenta rápidos y radicales cambios.
Las instituciones
de información trabajan sobre la gran turbulencia que genera la revolución
tecnológica actual. El recurso fundamental de la sociedad moderna es la
información. Este hecho a impulsado significativamente la carrera tecnológica
actual, por cuanto la capacidad para adquirir, procesar y suministrar información
proporciona una ventaja competitiva de enorme valor en el estado y condiciones
presentes.
Posiblemente la celeridad con la que se produce el desarrollo
tecnológico constituya la fuerza que más propicia la inestabilidad
dentro de la actividad bibliotecaria en particular y de la sociedad posindustrial
en general. El avance de las tecnologías se ha convertido en una fuerza
rectora del desarrollo que arrastra a toda la sociedad tras de si. Las bibliotecas
al ser instituciones cuyo objeto de trabajo es la información resultan
posiblemente las organizaciones más afectadas por estos cambios, con independencia
de que los nuevos modelos de crecimiento han alcanzado a todos los sectores de
la vida humana.
Las organizaciones centralizadas, formalizadas y estratificadas
son menos adaptables, dinámicas e innovadoras. Son más propicias
para desenvolverse en ambientes donde ocurran pocos cambios.
Los líderes
deben catalizar la innovación y la creatividad, mantener un alto nivel
de motivación en la fuerza laboral mediante la educación continua,
el desarrollo profesional y la promoción de la participación.
Los cambios tecnológicos han tenido un poderoso impacto en la administración
y la organización del trabajo. La tecnología actual ha hecho obsoleta
a la estructura tradicional de la organización. Dos importantes recursos:
los humanos y la información dominan en los 80.
La tecnología
es un medio para lograr un fin, no un fin en si misma, en el nuevo modelo el énfasis
cambia hacia la explotación efectiva de la tecnología. Se habla
más sobre la organización, la información, menos sobre la
automatización, sobre la sustitución de los obreros por las tecnologías
y más sobre como cambiar las formas de trabajar para lograr una mayor productividad.
La era industrial se caracterizó por la centralización,
la normalización, la estructura burocrática, el poco acceso a la
información, la actitud reactiva ante las emergencias, la inutilización
del intelecto del trabajador a plena capacidad, la desmotivación y la falta
de compromiso con la organización.
El modelo de desarrollo
posindustrial se caracteriza por la descentralización, el enfoque hacia
la calidad, la desmasificación, los ciclos cortos de producto - servicio,
la información y el conocimiento, la selección de los mercados,
la participación, la visión compartida por todos los miembros de
las organizaciones, el espíritu emprendedor y el estímulo.
La
irrupción de las ciencias económicas en la gerencia de las bibliotecas
procede de la emergencia de un nuevo paradigma de desarrollo social, producto
de la crisis económica que durante los años 70 afectó al
mundo, que caracteriza a la era postindustrial y exige la creación de instituciones
y sociedades más eficientes. En este nuevo modelo, la información
es el recurso clave, de ahí la necesidad de su correcta administración.
Estas condiciones influyeron decisivamente en la implantación de
sistemas de información en el sector público que emplearan las herramientas,
procedimientos y enfoques de estos sistemas en el sector privado con lo cual se
produce un regreso de las experiencias donadas a este sector en materia de sistemas
de información a finales del siglo XVII y principios del XIX, período
en el cual puede situarse su introducción en los sectores industrial y
comercial.
A partir de este momento, las organizaciones de estas esferas
comenzaron a reconocer el valor de la información y de una gerencia adecuada
para el éxito de su actividad, aunque este último aspecto demoró
varias décadas en ubicarse correctamente entre las prioridades de las administraciones
de las empresas. Ahora los sistemas de información tradicionales han regresado
con rasgos de efectividad y eficiencia característicos del área
comercial e industrial, donde la competencia exige insoslayablemente de ellas.
Se originó allí la transformación y se generalizó
después con el cambio de modelo de desarrollo social.
El concepto
de "información" se ha concebido bajo diferentes perspectivas.
En los años 50, significó la reducción de la incertidumbre.
En los 80, se reveló como el soporte para la toma de las decisiones.
El desarrollo de la actividad informacional ha transcurrido por diferentes
etapas. Primero predominó un interés cultural, un esfuerzo hacia
la preservación de los productos espirituales de la humanidad. Más
tarde, el servicio a las ciencias se convirtió en su objeto fundamental.
También a la industria y al comercio.
En el período de un mundo bipolar que caracterizó al panorama internacional entre los años 1940 y 1980, el centro del interés de esta actividad se trasladó al aseguramiento de los recursos de información necesarios para el desarrollo de los diversos programas nacionales los cuales constituían, en gran medida, manifestaciones de la intensa lucha que mantenían los dos bloques político-económicos por la supremacía mundial. Finalmente, la actividad informacional ha evolucionado hacia su definitiva internacionalización o globalización, es decir, hacia la accesibilidad universal a las fuentes y canales de información. Desde la etapa de desarrollo nacional hasta la actualidad, se ha observado una creciente participación del sector comercial, la industria de la información, en esta esfera de la actividad social. La participación gubernamental en los programas de esta área del conocimiento ha oscilado a través de las diferentes etapas históricas, según han surgido diferentes necesidades nacionales.
En 1980 el principio
básico que dominaba el crecimiento y el desarrollo de las bibliotecas académicas
en los Estados Unidos, era su importancia crítica y central en la vida
y la instrucción universitaria. Las colecciones y servicios se desarrollaron
para satisfacer las necesidades de los programas de instrucción de las
instituciones particulares. En el sector de las bibliotecas públicas, a
comienzos de la década de los años 1980, la visión de la
biblioteca pública se centró en el estudiante adulto con el objetivo
de mantener su posición social.
Se reafirma la idea de la necesidad
del trabajo multidisciplinario. En 1987, R M Dougherty planteó la
necesidad de la participación de los analistas de sistemas en el desarrollo
de las bibliotecas universitarias y de los centros de procesamiento de datos.
Asimismo, sucede con otras especialidades.
En 1982, se publicó "En busca de la excelencia". Durante los años 80 se extendió rápidamente la nueva filosofía de administración cuyo centro se ubicaba en el trabajador como el protagonista principal de la vida de la organización. Se introducen los círculos de calidad en la actividad bibliotecaria. En 1982, se publicó "Participatory Management in Libraries", de D. Sager, donde se dirigió la atención a cómo desarrollar una administración participativa en las bibliotecas.
Los
paradigmas de desarrollo biblioteco-informacional
El siglo XX fue un
período de un desarrollo excepcional en materia de bibliotecas. Ellas,
presentes en la sociedad desde hace varios miles de años, experimentaron
un crecimiento cuantitativo y cualitativo tan imprsionante, que puede afirmarse
que su historia es la historia del siglo XX. Dicha afirmación, aunque un
tanto discriminatoria con siglos de lento progreso, tiene su fundamento en hechos
reconocidos.
Según Kahn, desde el año 8 000 ane,
la tasa de crecimiento poblacional fue menor a 0,1%. En 1 776, dicha tasa comenzó
a crecer hasta un dos por ciento en la actualidad. Hacia el 2 250, según
las proyecciones, esta tasa de crecimiento poblacional anual decaerá, según
el mismo autor, a una cifra próxima al 0,1% nuevamente.
Por
lo tanto, con excepción sólo del período que va desde el
último cuarto del siglo XVIII hasta mediados del siglo XXIII, el crecimiento
poblacional fue y será constante. A este período, se le ha denominado
"la gran transición".
Kahn, al considerar
la evolución de la humanidad durante los últimos 200 años
ha caracterizado su transición como un cambio que ha llevado a la mayoría
de las personas en el mundo; de pocas a muchas; de pobres a ricos; de lo primitivo
a lo tecnológico; de lo rural a lo urbano; de lo sagrado a lo profano;
de lo real a lo administrativo; de lo parroquial a lo global y de la lanza a las
armas nucleares.
Respetados futuristas parecen estar de acuerdo en
cuanto a: uno, se está en el medio de una gran transición -algunos
van hasta el punto de afirmar que "probablemente esta década es la
más importante en la historia de la humanidad (1990) y dos, que los valores,
representados mediante símbolos y lenguajes diferentes, son "las variables
dominantes en todos los sistemas económicos y tecnológicos. El último
planteamiento muestra la importancia de la información en esta etapa de
desarrollo.
Durante una gran transición ocurren múltiples
cambios significativos y fundamentales casi simultáneamente, razón
por la cual cobra mayor importancia la capacidad de las instituciones sociales
para administrar frente ellos. Además, los cambios tienen lugar a diferentes
níveles y las instituciones sociales que se espera los manejen actúan
generalmente con más lentitud de lo que deberían. Es necesario la
planificación del cambio de las instituciones. Platt ha incluido también
el diseño de los sistemas complejos, que incluyen a los sistemas sociotecnológicos
y la creación de instituciones, en su lista de los ocho saltos evolutivos
mayores que ha experimentado la sociedad desde 1 945. Este es comparable por su
escala y significación con los seis más importantes de los 40 que
han tenido lugar desde hace más de 4 mil millones de años; la evolución
de la fotosíntesis, los animales terrestres, las herramientas, el pensamiento,
la domesticación y la selección, así como la investigación
y el desarrollo.
Durante el siglo XX, nacieron miles de nuevas instituciones
de información, variaron su tipología y conformación y cambiaron
sus soportes. Pero, también sufrieron cambios revolucionarios las disciplinas
asociadas con ellas, como era de esperar. En apenas 50 años, se pasó
del paradigma sociológico de desarrollo, al tecnológico y finalmente
al gerencial, que prevalece actualmente.
Un paradigma es un marco
conceptual que durante cierto tiempo proporciona un modelo de problema y solución.
Es un espacio, una dimensión del desarrollo que sirve de marco para el
progreso. Pero, ¿cómo nace un nuevo paradigma?
El exceso
o la rutina de la repetición temática sin nuevos resultados, la
carencia de innovación metodológica, la selección de hechos
o datos sin importancia, la ausencia de nuevas metas u horizontes crea el rechazo,
es decir, la oposición a lo antes aceptado, se produce entonces la crisis
que genera la ruptura y el cambio.
La ruptura se produce como consecuencia
de la comprensión por parte de ciertos grupos de investigadores, ajenos
a los grupos que liderean la corriente de pensamiento vigente, de un sentimiento
de agotamiento, de apatía o de insuficiencia para abordar asuntos consustanciales
a los nuevos logros. El avance de los primeros lleva al fraccionamiento de las
teorías centrales y los métodos utilizados hasta el momento se fusionan
con ellos para dar paso a los conceptos y métodos de un nuevo paradigma.
Sin embargo, por poderosa que sea la irrupción del nuevo paradigma
no se produce la sustitución completa de todo lo logrado hasta el momento.
El advenimiento de un nuevo paradigma no significa la sustitución o la
exclusión total de lo dominante anteriormente. Sería estéril
pensar que se puede partir de cero constantemente, condenando como inservible
los hallazgos teóricos, metodológicos y prácticos de las
escuelas de pensamiento anteriores. Paradigma no es moda, progreso no es destrucción.
Una revolución científica transforma la estructura conceptual
teórica del conocimiento establecido pero, en su mayor parte, los viejos
conceptos se conservan de forma modificada y las viejas observaciones adquieren
nuevos significados. Es un peligro pensar que solo es válido el último
grito.
En el paradigma sociológico, con origen en los años
50, el desarrollo de la investigación humanística-antropológica,
por ejemplo, cedió al conjunto disciplinario que conforma la bibliotecología,
los métodos inductivos, con los cuales fue posible obtener algunas generalizaciones
e inferencias que no tuvieron demostración posterior, su pedestal etimológico
se armó sobre la importancia del legado cultural que poseía la información
registrada y de las instituciones que las conservaban, así como sobre la
necesidad de su preservación a toda costa. Sin embargo, a mediados del
siglo XX, el empleo de los nuevos métodos de investigación como
el hipotético-deductivo, procedente de las ciencias naturales y formales,
provocó un gran cambio aunque prevalece parte de las concepciones de la
investigación histórica dentro de la plataforma programática
de las disciplinas bibliotecarias.
Aunque actualmente su conjunto
de realizaciones, permanece en estado estático, produjo contribuciones
importantes como: la historia de los registros gráficos, los esquemas universales
para la organización y la clasificación de los conocimientos y los
fondos, las normas para la descripción de los materiales bibliográficos
y no bibliográficos, los procedimientos para la conservación de
los fondos, las fuentes de consulta y referencia, entre otros.
Paralelamente,
entre 1965 y 1985 se conformó un bloque disciplinario nuevo, concebido
hasta aquel entonces como ajeno a la estructura conceptual-informativa vigente.
Surgió como respuesta a la incapacidad de los enfoques, procedimientos
y medios, de la época para satisfacer eficazmente las crecientes demandas
informativas en el sector de la ciencia y la tecnología. En él se
insiste esencialmente en la necesidad de desarrollar sistemas que realizaran búsquedas
rápidas, exhaustivas y multifacéticas. Se le dedica igualmente interés
al desarrollo de la teoría de la indización, del almacenamiento
y la recuperación de la información y al enfoque sistémico
que fundamentó después la automatización del resto de los
procesos. Su establecimiento como paradigma conllevó una nueva práctica
profesional, basada en el empleo de las computadoras, en novedosos modelos de
registro (bases de datos), de múltiples y sofisticados soportes (magnéticos,
ópticos,etc.) y finalmente a las autopistas electrónicas internacionales
por donde corre la información actualmente. Aún sus propuestas temáticas
gozan de amplia preferencia dentro de la comunidad científica del sector.
El paradigma económico, por su parte, se desarrolla entre los años
80 y el presente. Surge bajo el marco referencial de las ciencias económicas,
penetra con un replanteamiento de las ideas centrales del paradigma sociológico
y tecnológico en el sector en cuanto a la posición y el significado
de los intermediarios, de la información y de los destinatarios con respecto
al sistema y con una invitación a reflexionar sobre el desplazamiento socio-
económico, político y tecnológico que tiene lugar en el mundo
hoy. La información como recurso, los sistemas de información en
las organizaciones, la información para el comercio, como base de la innovación
y el desarrollo y como arma competitiva de especial importancia, constituyen algunos
de sus elementos novedosos.
Nuevos métodos y teorías
sacuden aquello que durante muchos años alimentó a la investigación
biblioteco-informativa, convirtiéndose en nuevos axiomas la subordinación
de los procesos y de los productos/servicios manuales a las posibilidades que
ofrecen las nuevas tecnologías, la vuelta al receptor o destinatario o
la consideración de que el usuario es lo primero para el sistema, el diseño
de servicios descentralizados de alto valor añadido y la reconsideración
de la información como un bien social de suministro gratuito, partiendo
de que es un recurso/producto/servicio que requiere inversiones y ocasiona gastos.
La crisis mundial de carácter económico que tuvo lugar en
los años 70 desencadenó una crisis en la esfera de la administración,
creó una desconfianza con sus principios, sus postulados se tambalearon,
se produjo una crisis de las ciencias de dirección, surgió un nuevo
paradigma administrativo en el cual el componente humano es el fundamental, la
satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de los trabajadores,
que exalta el lugar de las relaciones humanas en la creación de un clima
organizacional y que propicia la elevación de la productividad, del rendimiento,
resultado de los descubrimientos de las escuelas psicológicas que estudian,
desde la década del 20, las relaciones humanas. Surgió así
un nuevo modelo laboral con características más humanas.
En
el surgimiento de un nuevo paradigma laboral en el cual el obrero es el principal
protagonista, es el resultado, en cierto sentido, de la lucha que durante décadas
mantuvieron los sistemas capitalista y socialista, así como del agotamiento
del modelo de explotación tradicional de la mano de obra asalariada, el
estancamiento del desarrollo y de los niveles de crecimiento de la productividad.
El sistema y las instituciones capitalistas se percataron muy tardíamente
de que la carencia de atención al obrero fue uno de los factores que más
incidió en la extensión de las ideas socialistas entre los obreros,
así como que un obrero descontento era un freno poderoso al crecimiento
de la producción. Necesariamente tuvieron que cambiar los enfoques, como
sucedió en cierto momento del esclavismo cuando el dueño reconoció
que con más maltrato y más hambre su esclavo rendiría menos
y hasta podría huir y morir, casos en los cuales perdería su inversión
y fuerza de trabajo, hecho que reduciría su riqueza.
Los nuevos
capitalistas reconocieron que un obrero descontento producía menos, y si
iba a la huelga las pérdidas serían superiores, despedir a los obreros
en huelga podría costar aún más que atender sus demandas.
Llegó la hora de dejar de ver al obrero como el malo de la película
y el responsable de los errores, él es muy importante porque si está
contento producirá más y más dinero llegará al bolsillo
de sus patronos, de la compañía y todo irá mucho mejor, además
de evitar la propagación de ideas políticas diferentes prometedoras
de una vida nueva y mejor.
La insatisfacción de los distintos
sectores de la sociedad con la actividad bibliotecaria, la falta de correspondencia
de los productos y servicios con las necesidades de información es un factor
que ha estado presente desde comienzos del siglo, en cuya acción acumulativa
ha propiciado distintos estadios, ha marcado, ha generado, diferentes etapas o
momentos históricos, revoluciones. Las bibliotecas ante el creciente volumen
de información y la especialización de las necesidades especializaron
sus servicios o se especializaron ellas.
A pesar de que comúnmente
se considera la insatisfacción con los servicios bibliotecarios como una
cuestión actual, sus primeros signos aparecieron en época tan temprana
como los finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX.
Como resultado
de dicha insatisfacción, se desarrolló la documentación,
la cual se ocupó del estudio intensivo de los problemas relacionados con
el análisis y la sistematización de los microdocumentos (artículos
de revistas, descripciones de patentes, documentos no publicados, etc.), de la
bibliografía especializada, de la teoría y la práctica de
la clasificación multifacética y la mecanización de la búsqueda
de la información. El surgimiento de la documentación como disciplina
obedeció a la necesidad de procesar y gerenciar unidades de información
más pequeñas, con mayor profundidad, como el artículo de
la revista y el capítulo del libro.
La introducción de
un enfoque mercadológico entró en contradicción con los servicios
bibliotecarios, concebidos de forma impersonal e inespecífica. El diseño
de servicios ajustados a la medida de las necesidades de los usuarios, como los
que impone el nuevo modelo, tropezó con la estructuras jerárquicas
e inflexibles, con la organización y la administración.
La
presencia de un enfoque mercadológico en la actividad de información
fue uno de los factores desencadenantes de la revolución que experimentan
actualmente las ciencias de la información. Las bibliotecas históricamente
se han denominado a sí mismas como instituciones sociales, la bibliotecología
es una ciencia social, su objeto de estudio es el libro, la biblioteca y el lector,
el primero registra los conocimientos productos de la actividad cognoscitiva de
la sociedad, la segunda atesora y manipula al libro, la biblioteca preserva y
custodia al libro. Con qué otro fin se haría esto si no es con el
de que otros lo puedan utilizar.
Los archivos y las bibliotecas nacieron
de una fuente común: la acumulación de los documentos, del conocimiento,
de la experiencia y una necesidad común: la de preservarlos. Ahora bien,
si se preservan es porque en determinado momento se utilizarán. En las
bibliotecas, la utilización, el valor más inmediato de lo que se
cuida, el fin más social del trabajo se acentuó más que en
los archivos, que hasta muy recientemente no se consideraron como entidades con
un alto valor ni siquiera en las organizaciones donde tenían su mayor desarrollo.
La información no es solo un bien cultural, un patrimonio social,
indicador de la aceleración del desarrollo o de la productividad del trabajo
científico sino un recurso para el desarrollo y la dirección. La
importancia de la información para las organizaciones adquierió
un lugar tan preponderante que la responsabilidad de su administración
se transfirió a la más alta dirección.
Aunque
se habló desde hace mucho de que el usuario era el centro de la actividad
bibliotecaria,sin embargo, la acción, los métodos utilizados en
su atención no representaban en ningún momento esa idea, esa concepción.
Las estructuras y los servicios no eran un producto de esa concepción.
Los bibliotecarios imponían sus regímenes de servicio o atención
a sus usuarios, su modelo de trabajo, no se adaptaban realmente a las necesidades
de los usuarios quienes debían adaptar sus horarios y necesidades al trabajo
de la biblioteca o renunciar a su uso. Acaso una lista con 100 referencias bibliográficas
es un servicio humano para un médico ocupado con decenas de pacientes.
A pesar de existir un desarrollo de las ciencias mercadológicas
éstas eran ignoradas por los bibliotecarios, como resultado de que aquellas
se empleaban en un sector, el privado, contrapuesto al que estaban situadas la
mayoría de las bibliotecas mas importantes, el público. Hizo falta
décadas, para que con la crisis económica, la constricción
del estado, la necesidad de elevar su eficiencia, se introdujera un nuevo enfoque;
hizo falta que se considerara a la información como una mercancía,
que se despojara a las herramientas mercadológicas del ropaje exclusivamente
lucrativo con el que se vistieron durante décadas, que se descubriera su
utilidad en el sector no lucrativo.
Fue necesario hacer grandes cambios,
el cambio técnico que había que hacer fue de tal magnitud que necesitó
de las direcciones, de los administradores. Comenzó a considerarse al usuario
y el líder como los protagonistas del cambio. Se desarrollaron los conceptos
de líder. Para el volumen de transformaciones necesario hacía falta
líderes capaces de arrastar a todos, que vencieran la resistencia al cambio.
Aparecieron las necesidades de la educación continua para el dirigente.
Ellos eran los que debían dirigir el cambio, obstentaban entonces una gran
responsabilidad, además tenían que aprender primero e implementar
el cambio después. Las teorías de las ciencias administrativas se
derrumbaron, sus bases cambiaron casi totalmente, se impuso una escuela de pensamiento
con centro en el usuario y en las relaciones humanas, estas últimas como
un poderoso factor en la creación de un clima de trabajo que elevara a
productividad, el rendimiento de la organización.
Pero no sólo,
fueron los administradores quienes se vieron obligados a aprender con rapidez.
Las necesidades de educación continua aparecieron con gran fuerza en el
componente técnico de la organización, donde en las últimas
décadas se produjeron cambios acelerados sobre todo de orden tecnológico,
la revolución que sufrieron estas ciencias, ahora permeadas por la relaciones
humanas y el usuario como centro del trabajo organizacional, descalificaron a
una gran parte de los recursos humanos existentes en el sector bibliotecario.
La característica esencial del nuevo paradigma o modelo de desarrollo
es el pensamiento de afuera hacia dentro. Aunque este presenta un carácter
eminentemente económico, con una fuerte corriente gerencial, las ciencias
mercadológicas tienen un papel decisivo, son el primer escalón,
ellas simbolizan el pensamiento de afuera hacia adentro, son las que colocan al
usuario como centro de la labor organizacional. La llegada del nuevo modelo al
sector de los servicios es el producto del tránsito de la economía
del sector productivo al de los servicios. Al sector público llegó
por la presión de fuerzas externas como la necesidad de una mayor eficiencia,
las crisis económicas, el reconocimiento de su utilidad y necesidad, el
desbalance con el sector privado, etcétera.
Durante la crisis
de los 70, parece generarse "ciencias de la información", integración
disciplinaria, complejo científico multidisciplinario, y es que se requiere
de esta integración, de un trabajo multidisciplinario para enfrentar los
desafíos de los nuevos modelos y concepciones de trabajo en información.
La información es objeto de estudio de múltiples ciencias. Antes
se veían aisladas entre si y en pugna sobre como resolver los problemas
de información a nivel social, cada una pretendía demostrar que
su modelo era el más adecuado, hoy coexisten los diferentes modelos en
relativa convivencia porque ninguno ofreció la solución universal
y se observa una corriente fuerte que va desde las bibliotecas del sector industrial
y comercial a las del sector público, de las unidades más eficienctes,
un relativo consenso y cambio de las instituciones más tradicionales a
adoptar técnicas y otros elementos de las más modernas para elevar
su eficiencia.
La actividad bibliotecaria y la informacional más,
son actualmente el producto de la confluencia y aplicación, tanto de conocimientos
y metodologías como de medios procedentes de otras ciencias de forma semejante
a como ocurre con la medicina clínica. En la actividad de información
convergen múltiples afluentes o corrientes secundarias para formar una
gran corriente principal. Hasta cierto momento histórico, cada una de ellas
se desarrolló de forma independiente, hasta que se reunieron en un nuevo
modelo de progreso.
Las ciencias de la información propiamente
dichas avanzan vertiginosamente empujadas por la corriente de que producen, en
especial, los avances tecnológicos. Como resultado, ocurre un gran avance
de la actividad de información a nivel de toda la sociedad; sin embargo,
la impresión de ese gran avance aunque parece ser de las ciencias de la
información, no es propio de ellas sino de otras disciplinas. Otra tendencia
es la creciente participación en la actividad de información de
expertos en las propias temáticas de los usuarios. El desarrollo propio
de las disciplinas de la información se ha visto opacado por la introducción
de los procedentes de otras esferas.
La celeridad con la que ocurren
los cambios impiden ver reflexionar sobre los propios cambios muchas veces. El
cambio parece ocurrir de forma irregular y caótica, en forma geométrica,
se expresa en la pendiente de las curvas, hay una aceleración general del
desarrollo científico; sin embargo, muchos de los logros actuales en materia
de información son viejos sueños bibliotecarios que ahora bajo nuevas
y mejores condiciones del desarrollo material es posible realizar.
Con
la vertiente paradigmática sociológica quedaron claros: la importancia
de la preservación del conocimiento para la humanidad, la función
social de las bibliotecas, las reglas y los procedimientos técnicos para
su funcionamiento y para la explotación, tanto por intermediarios como
por destinatarios. La vertiente tecnológica modificó los soportes,
creó nuevos procedimientos para el almacenamiento y la búsqueda
y amplió la distribución de la información. La tercera, la
gerencial, critica abiertamente los sistemas y servicios jerárquicos, artificiales
y rutinarios que ocasionan gastos sin compensación económica e imagen
profesional manufacturera con heredada función pasiva, frente a la que
ofrece un amplio inventario teórico y metodológico que posibilita
su transformación.
El paradigma económico de desarrollo
hereda la tendencia tecnológica del modelo de progreso anterior aunque
se reubica su posición dentro del esquema de desarrollo con respecto a
la solución de los problemas.
La actual vertiente paradigmática
expresa no sólo problemas contemporáneas sino también aquellos
que no quedaron totalmente resueltos dentro de los marcos precedentes.
El
desarrollo de los sistemas de información pudiera dividirse en tres grandes
etapas: la primera relacionada con la producción, cuando se creó
la imprenta y aparecieron las publicaciones de todo tipo; la segunda, con la transmisión
y finalmente resuelta con Internet. Ahora se inicia una nueva era, la de los sistemas,
servicios y productos orientados al uso o consumo de la información. En
ella, es necesario desarrollar mecanismos para la revisión sistemática
de la información, así como para su rápida exploración
y conversión en conocimiento.
Parece que la información, en su escala organizativa:, datos, información conocimiento, le sucede como a las fuentes de información, que cada vez que una crece hasta cierto límite, es imprescindible crear otra que la abarque. Así sucedió con las fuentes primarias que se hicieron improcesables, surgieron entonces las secundarias, más tarde aparecieron las terciarias. La información experimenta una crisis similar, es tanta que es inabarcalbe, entonces es una exigencia el hallazgo de mecanismos de síntesis, de exploración que, a partir del análisis y la síntesis automatizada, obtengan información de tantos datos disponibles, como los de la minería de datos, y conocimiento, a partir de tanta información existente, como los de las revisiones sistemáticas. El crecimiento cuantitativo, la acumulación produce un cambio cualitativo que lleva a la siguiente.
La revolución de la información se sustentó en la
capacidad de almacenar y procesar información digital. A esto se añadió
rápidamente la capacidad de trasmitir información digital. Este
nuevo "ámbito electrónico" cree un "espacio de trabajo
virtual" que se une al tradicional.
Las tecnologías de
información sustentan su actividad en tres procesos: almacenamiento, procesamiento
y transmisión. En los últimos 15 años, ha crecido la capacidad
de almacenamiento, procesamiento y de acceso a Internet de las computadoras personales
en más de 100 veces. De forma aproximada, la capacidad de la computadora
personal se duplica cada 18 meses, período durante el cual el precio de
sus componentes se reduce a la mitad.
Las tecnologías de manipulación
de información son inherentes a las bibliotecas porque su objeto de trabajo
es la información, es lógico que una revolución o un desarrollo
acelerado de dichas tecnologías halla generado una revolución dentro
de este tipo de instituciones.
A lo anterior se une la emergencia
de un paradigma económico, donde el estudio de los mercados, las finanzas
y, sobre todo, la información tienen una importancia vital, superior a
la de otros insumos considerados hasta hace poco tiempo como los más decisivos
en la vida de una organización.
Dicho modelo se introdujo en
el sector bibliotecario más tradicional, como resultado, en gran parte,
de las presiones que experimentó el sector público en general para
hacer más eficiente su labor. Ello, le obligó a la adopción
de las experiencias de trabajo de las bibliotecas ubicadas en el sector industrial
y comercial, con mayores niveles de eficacia en su trabajo.
La conversión
de la ciencia en una fuerza productiva inmediata con una importancia determinante
para la industria y después para el comercio llevó a la creación
de entidades de información en estos sectores. Estas se permearon durante
años de un ambiente muy diferente al que se habían desarrollado
históricamente las bibliotecas tradicionales, custodios de la cultura universal.
Un nuevo medio en el que regía la competencia exigió de su adecuación;
las finanzas, por ejemplo, aquí son muy importantes; se invierte para ganar;
las ganancias se miden en forma tangible y el capital que se obtiene es su medida
más fiel; los que no aportan ostensiblemente a ese fin, se eliminan. Así,
las bibliotecas del sector privado, se nutrieron de las mejores armas para sobrevivir.
Las bases económicas y sociales de la vida del sector industrial
- comercial y público- fueron y son históricamente diferentes, la
supervivencia y el desarrollo del primero ha estado asociado con la obtención
de utilidades a partir de su actividad, la que se desarrolla con esos propósitos,
mientras que el segundo, financiado esencialmente por el estado, a partir de su
sistema tributario, ha crecido bajo la perspectiva de la necesidad de educar,
cuidar y defender a sus poblaciones y más recientemente de la concientización
de la exigencia de que para el desarrollo el principal recurso lo es el hombre.
Industria y comercio, producción y distribución, ciencia
y desarrollo están unidos directa e indisolublemente. Así una biblioteca
debe considerarse bajo una concepción amplia donde información no
es igual a información científica, es igual si es financiera, económica,
histórica, circunstancial, numérica o de otro cualquier tipo.
Muchas bibliotecas se desarrollaron durante un largo período histórico
en el marco de la ciencia, una gran parte de esta esfera se ha ubicado y aún
se ubica dentro del sector público de la sociedad, donde las exigencias
de una mayor eficiencia eran menores que el área privada.
Desde
hace siglos, los bibliotecarios estudiaron los aspectos económicos relacionados
con la administración de sus instituciones en el marco de la disciplina
biblioteconómica. Sin embargo, debido a las condiciones de su medio de
desarrollo, éstos no se realizaron con la sistematicidad y profundidad,
deseable en las últimas décadas. Y es que las bibliotecas han carecido
y carecen regularmente de medios sólidos para enfrentar los constantes
recortes de presupuesto que han experimentado en las tres décadas finales
del siglo XX. Con la introducción y generalización de un enfoque
económico en la administración bibliotecaria, dichos estudios han
crecido con celeridad, sobre todo en las últimas dos décadas, y
las publicaciones relacionadas con estos temas han experimentado un crecimiento
geométrico.
En cierto período histórico existió
una separación entre el desarrollo de las bibliotecas situadas en las organizaciones
industriales-comerciales y las ubicadas en entidades de carácter académico,
científico o cultural, al igual que se ha diferenciado, en cuanto al nivel
de aplicación de los resultados de las investigaciones, el quehacer científico
en el sector industrial y el académico. Distintos ambientes de desarrollo
impusieron la diferencia en el modo de responder a las necesidades y los requerimientos
de sus clientes o usuarios.
El sector industrial - comercial fue el
primero y el que con más crudeza recibió el impacto de las nuevas
condiciones económicas, creadas durante la década de los años
70. Derivado de la importancia que se le concede al capital en esta esfera de
la sociedad es lógico suponer que fueran igualmente los primeros en reaccionar
ante la crisis. Indudablemente sus bibliotecas tuvieron que ser las primeras en
introducir las nuevas concepciones, procedimientos, estructuras y otros elementos
necesarios para adaptarse a las nuevas condiciones; posteriormente, éstos
se generalizaron al sector público. Es un error considerar el trabajo de
información solo en el sector de la cultura y de la ciencia, aunque en
ellos sea donde este alcanzó su máximo esplendor durante siglos.
En las nuevas circunstancia, el usuario se convirtió en el centro
de la atención. Antes se producía, comerciaba y prestaba servicios
a sus espaldas, todo el trabajo de la empresa ahora está dirigido a su
captación y retención mediante su satisfacción sistemática.
Es precisamente en este acercamiento que nace el concepto de valor añadido
en el que cada entidad de una cadena de producción, comercio, servicio
u otra busca crear nuevos valores, es decir nuevos atributos en sus elaboraciones,
transacciones o prestaciones con el fin de hacerlos corresponder mejor con las
exigencias de sus clientes y, por lo tanto, satisfacerlos de forma mas completa.
En 1977, V. Giuliano, habló sobre la cuarta era de la información.
La primera según él es aquella en la que se crearon servicios de
información disciplinarios, como el Chemical Abstracts, orientados a satisfacer
las necesidades de información de los individuos dentro de una temática.
La segunda etapa fue la era orientada a la misión, en la que
los servicios se desarrollaron para apoyar determinadas misiones, por ejemplo,
colocar al hombre en la luna. La tercera fue la de los servicios orientados a
los problemas, diseñados para asistir a las personas en la solución
de problemas como el ahorro de energía y la contaminación.
La
cuarta era, según Carbo, es la de los servicios orientados o adecuados
al individuo. En ella, se diseña y reempaqueta la información en
productos y servicios hechos a la medida de las necesidades de los individuos,
que laboran en los negocios, en la industria. En esta era, se producen cambios
excitantes en la forma de identificar las necesidades de los usuarios y en las
formas de mercadeo y venta de los productos y servicios. Nacen nuevas direcciones
para la educación; en un campo rápidamente cambiante, es necesaria
la educación de los futuros colegas, perfeccionar sus habilidades y mantenerlos
actualizados con los nuevos avances, hay que enseñar a aprender.
A su vez, es necesario desinstitucionalizar al bibliotecario, integrarlo a las tareas donde sus servicios sean más útiles. La tecnología es un factor decisivo en este paso porque el bibliotecario puede ejecutar sus tareas profesionales fuera de la biblioteca, entregar información de forma económica y rápida y aumentar su calidad por medio de los recursos electrónicos disponibles actualmente.
La historia de las profundas transformaciones tecnológicas no comenzó
con la primera revolución industrial, cuyo símbolo fue la máquina
de vapor, en el siglo XVIII, ni con la segunda, donde la industria metalúrgica
y la química, experimentaron grandes cambios, sino que se iniciaron mucho
antes, por ejemplo, con la invención de la imprenta de Gutemberg
en el siglo XV, aunque debe decirse que estas no tuvieron una influencia social
y económica tan profunda como las revoluciones mencionadas.
La
imprenta de tipos móviles constituyó la primera tecnología
con una gran capacidad de transformación. La invención de la imprenta
produjo en su tiempo un impacto tan poderoso como el que generan las nuevas tecnologías
de información en la actualidad. Se produjo así, el paso del manuscrito
al impreso. Las "tecas" - bibliotecas y otras instituciones similares
- viven un momento similar al que le dieron nacimiento. Otra invención
tecnológica de gran importancia fue la microcopia, otra tecnología
de impresión, que posibilitó el ascenso a un nuevo escalón
de desarrollo en la teoría y la práctica de la información,
la documentación y fue su símbolo tecnológico, aunque su
efecto fue menor al de la imprenta.
La humanidad ha vivido 500 milenios
de comunicación oral, cinco milenios de comunicación escrita, cinco
siglos de impresión y apenas 40 años de comunicación electrónica.
La imprenta inauguró una nueva forma de comunicación, posibilitó
el nacimiento de la cultura intelectual, permitió masificar la educación,
base de la industrialización que se generó con posterioridad, a
la vez que creó un nuevo tipo de cultura. En la década de los 60,
se genera un nuevo cambio, nacen las denominadas tecnologías de información,
las cuales se masificaron e impactaron profundamente en la sociedad durante la
década de los 80.
La llamada comunicación mediática,
cuyos medios principales son la radio, la televisión, el cine y ahora las
computadoras, es parte de la revolución de las comunicaciones sufridas
por la humanidad durante el siglo XX. Junto a esta revolución se produce
una poderosa revolución en la Biología, las dos parecen ser los
rasgos más característicos de desarrollo de la ciencia y la tecnología
al final del siglo XX.
Las tecnologías de información
y comunicación han generado grandes cambios en la cultura, la cual es inconcebible
sin la presencia de las tecnologías mediáticas. La radio, el cine
y la televisión son medios básicamente de entretenimientos, las
nuevas tecnologías tienen un origen académico, aunque constituyen
actualmente un medio de entretenimiento. La información basada en la imagen
nace con el cine aunque sus antecedentes se ubican en las ilustraciones manuscritas
o impresas.
A partir de los años 80, apareció, en los
países más desarrollados, un nuevo sector de la economía,
el de la información, una nueva fase del desarrollo económico, como
la agricultura, la industria y los servicios, con una industria propia, la de
la información.
El centro del estadio actual de desarrollo de
las nuevas tecnologías se ubica en la creación y utilización
de redes globales de comunicación y la transmisión de información.
Existe actualmente una prepotencia de las tecnologías en el
cambio de la sociedad moderna, la ciencia careció durante siglos de una
fuerza tecnológica que la apoyara en su desarrollo, hoy las tecnologías
han tomado la delantera en muchas disciplinas y sectores de la sociedad, dominan
su actividad y arrastran tras de si al desarrollo científico.
Cada
una de las fases o períodos en que puede dividirse el desarrollo de las
disciplinas informacionales posee una tecnología y un conjunto de aportes
teóricos y prácticos que lo representan y caracterizan, sino para
cada período, sí al menos para cada gran ciencia de la información
como la documentación y la informática o para cada paradigma, cultural,
tecnológico y tecno-económico.
Existe, sin embargo, en
algunos países, sectores de la sociedad e individuos con una tendencia
a la satanización de las nuevas tecnologías, debido fundamentalmente
a la ignorancia.
El ritmo de desarrollo científico - tecnológico
actual produce un constante acortamiento del período que transcurre entre
la idea, el proyecto y la materialización de las nuevas ideas de desarrollo.
Las tecnologías constituyen la base del poderío actual de
los países, del dominio mundial, la competencia y la guerra se han trasladado
del campo militar y económico a la esfera tecnológica, durante los
próximos 10 años se producirán cambios tecnológicos
espectaculares. Las distancias que se crearán entre países desarrollados
y subdesarrollados serán enormes, existirán siglos de diferencia
en su progreso. El desarrollo se acelera o crece sobre la base del desarrollo
obtenido, razón por la cual cuanto más avanza un país más
rápido lo hará cada vez. Cuba, entre los países subdesarrollados,
tiene la particularidad de haber invertido en capital humano, por lo que posee
enormes potencialidades para su desarrollo.
El libro ha dejado de ser solo impreso, el libro es un objeto o soporte donde se inscriben signos decodificables , ahora el soporte es electrónico, para algunos se ha superado el modelo del libro impreso. La sociedad actual experimenta un cambio cultural enorme producido por las nuevas tecnologías, en el que la forma de estudiar y aprender, de comunicarse, de entretenerse, entre otras, han sufrido transformaciones radicales. Hay que cambiar la formación profesional actual en materia de información en el país, de la basada en el modelo de Gutemberg, en la cultura del impreso a un nuevo modelo, el del soporte electrónico, en la cultura electrónica y virtual. Hoy conviven dos grandes realidades, dos grandes espacios, el impreso y el digital, el virtual.
Una organización es una estructura social
creada por los individuos para soportar la consecución compartida de objetivos
específicos.
La estructura de una organización es una
distribución de funciones, autoridades, relaciones y patrones de comunicación.
La estructura sigue a la estrategia en el ciclo de vida de la firma industrial.
El diseño organizacional es el proceso de especificar una combinación
adecuada de características de esta clase para lograr el resultado deseado.
La teoría de la organización surge, al menos de la integración
de seis disciplinas: la antropología, la sociología, la sicología,
la sicología social, así como de las ciencias políticas y
económicas. Dicha teoría estudia la estructura, el funcionamiento
y el rendimiento de los individuos dentro de ella. La historia de las organizaciones
comenzó a principios del presente siglo. Su teoría, a pesar del
enorme esfuerzo investigativo, realizado en las tres últimas décadas,
se ha desarrollado de forma lenta y difícil.
Rice señaló
que la estructura de organización es igual a la de las redes de comunicación
y que la centralización o la descentralización de una organización
es más una función de reacción al medio que el resultado
de la introducción de las computadoras. De hecho, los teóricos de
la organización consideran que, en un estado estable, las instituciones
tienden a centralizar la toma de decisiones y la administración, mientras
que las que deben responder rápidamente a cambios ambientales, incluidas
aquellas con altos niveles de automatización, tienden a adoptar una estructura
descentralizada. Por lo tanto, la tendencia a la descentralización representa
también una reacción natural al tránsito de la profesión
bibliotecaria, en la medida en que ésta se traslada, desde un paradigma
de custodia a otro en el que la dirección de la sociedad se basa en la
información.
Durante la historia inicial de las computadoras
se pensó que las concentraciones centralizadas de poder computacional sería
la forma más efectiva de su empleo si se consideraba el costo para administrar
las organizaciones de servicios. Cuando dejaron de escasear y disminuyeron los
costos de los componentes de los hardwares de las computadoras y el costo dominante
lo alcanzaron los software y los operadores humanos, se pensó que la introducción
de los sistemas operativos centralizados sería la forma más efectiva
de distribución en atención a su costo.
Cuando aparecieron
facilidades como el tiempo compartido y los lenguajes de alto nivel que incrementaron
la productividad de los programadores e hicieron más efectiva la programación
distribuida, surgió el concepto de los sistemas de administración
de bases de datos (DBMs). Esto reforzó aún más la tendencia
a la centralización. Gran parte de la responsabilidad y la autoridad pasaron
al administrador de las bases de datos. La fusión de las computadoras con
los sistemas de comunicación, los cuales avanzaron rápidamente y
condujeron al nacimiento de las redes distribuidas, estimularon poderosamente
la creación de sistemas de administración de bases de datos distribuidos,
una tendencia vigente en la actualidad.
La creciente presencia de
las microcomputadoras incrementó esta tendencia. El amplio empleo de las
microcomputadoras en estaciones de trabajo interconectadas en redes locales y
el uso de lenguajes avanzados - que permitían a los usuarios finales aprender
a programar rápidamente - influyó en la distribuición del
poder computacional y fomentó, en gran medida, la descentralización.
El aumento en la demanda de servicios a la medida de las necesidades de
los individuos fue el factor más influyente en la descentralización.
La tendencia es la creación de servicios de alto valor añadido, es decir con un diseño cuyos resultados se adecuan de la mejor manera a las necesidades de los clientes. Esta adecuación implica el establecimiento de pequeñas líneas de comunicación entre el usuario y el proveedor de los servicios con la posibilidad de una retroalimentación sistemática.
Una de las mejores
vías para eliminar la rigidez y la inflexibilidad de las estructuras organizativas
de las bibliotecas es rediseñar su trabajo bajo una concepción de
trabajo en equipo. Esta alternativa puede ser un medio propicio para iniciar el
cambio organizacional.
El trabajo en equipo reduce la visión
de los límites y de las divisiones organizativas tradicionales en las bibliotecas.
Dicha reducción permite aumentar la adaptabilidad de las instituciones
de información a los rápidos cambios que se originan en sus condiciones
y entorno de trabajo. Este aumento se logra, en parte, mediante la disminución
de los niveles administrativos en la organización.
La desaparición
de niveles completos de administradores, a menudo preocupados por la protección
de sus territorios, facilita la creación de nuevos equipos de trabajo que
eliminan las antiguas fronteras. La capacidad integrar y desintegrar equipos de
trabajo en tiempos en los cuales con frecuencia surgen nuevos problemas y oportunidades
para cuya atención la estructura de la institución es inadecuada
es una ventaja organizacional importante.
El trabajo en equipo genera
una productividad y calidad mayor, así como una elevación de la
moral del personal. Esto es posible como resultado del mejor uso del talento de
los individuos, la sinergia que produce la reducción del aislamiento y
la responsabilidad que adquiere cada uno de los miembros del equipo con el éxito
de la operación.
Una organización en equipo posibilita
que el personal de todos los niveles contribuya con el desarrollo de la organización
como nunca antes. Al ocurrir esto, se reduce el número de aquellos quienes
diambulan sin interés, alegría o entusiasmo por la institución.
El ambiente de equipo ofrece un medio para poner fin a la inercia que induce la
ansiedad. Dicha ansiedad es el resultado de la sensación de pérdida
del control de la situación y de su destino profesional que experimentan
los bibliotecarios producto de la incapacidad organizacional de las instituciones
del sector para enfrentar los cambios sucesivos que ocurren sobre todo en la esfera
de las tecnologías de información. De esta forma, los bibliotecarios
y el personal de apoyo recuperan la capacidad de participación directa
en la conformación de su destino profesional.
Los costos del desarrollo de un ambiente de equipo se limitan al precio de la educación y el entrenamiento, así como al esfuerzo que requiere el cambio de mentalidad que lleva desde un puesto de trabajo verticalmente establecido, bajo una perspectiva autoritaria, hasta un ambiente de equipo. Como la mayoría de los bibliotecarios no han conocido otro estilo administrativo diferente al autoritario, la conversión requerirá de paciencia, educación y práctica.
Si para el funcionamiento de las instituciones de información
resulta más efectivo la transferencia de parte del poder central mediante
la creación de una estructura organizacional basada en el trabajo de equipo,
entonces es necesario autorizar a dichos equipos a administrar sus presupuestos.
Aun cuando existen bibliotecas que hasta cierto punto emplean la administración
descentralizada del presupuesto, el modelo predominante es aquel en el que la
administración de la institución retiene el control fiscal. Por
lo tanto, el ambiente actual es autoritario verticalmente tanto en términos
de la toma de decisiones como en la determinación del uso de los recursos
financieros. El resultado es la existencia de un clima organizacional que se opone
al cambio presupuestario incluso ante la presencia de argumentos sólidos.
Como resultado la mayoría de los presupuestos bibliotecarios se mantienen prácticamente inalterables año tras año. Por estas razones, no es suficiente entregar parte del poder institucional al personal mediante el rediseño organizacional de la biblioteca en forma de equipos, sino que debe entregárseles además un poder financiero que se corresponda con el ambiente de trabajo en equipo.
La integración vertical es una tendencia que domina en las organizaciones
desde finales de los años 70 y principios de los 80. Ocurre cuando una
empresa comienza a desarrollar actividades de negocios que realizan, bien sus
suministradores (integración hacia atrás) o sus distribuidores (integración
hacia delante).
Así, la necesidad de extender la base lucrativa
de la organización, de obtener un mayor control sobre el precio de los
productos y su distribución, de suministrar productos y servicios altamente
especializados y la necesidad de incrementar el contacto con los usuarios generó
que cada organización tratara de controlar un espacio mayor o toda la cadena
de información en su especialidad.
A principios de los 80, era posible encontrar muchas organizaciones que suministraban o planeaban proveer productos y servicios distintos a los tradicionales. Por ejemplo, los servicios de información secundaria ofrecían acceso en línea a las bases de datos que ellos producían, los servicios en línea desarrollaban bases de datos, los servicios de información secundaria ofrecían directamente diferentes productos y servicios a los usuarios y la gran mayoría poseían servicios de entrega de documentos.
El último tramo del siglo se caracteriza por acelerados cambios
en casi todos los órdenes de la vida. En lo económico, se han producido
transformaciones que han sustituido el orden hegemónico en Occidente desde
mediados de la década del 30 en sus paradigmas productivos y sus modalidades
de regulación. Desde fines del siglo XIX hasta esa década, según
la teoría regulacionista, las formas institucionales de la relación
salarial obedecían al modelo taylorista y a la llamada administración
científica del trabajo.
Este modelo regulatorio consistía
en la ausencia de medios distributivos de los frutos del crecimiento, lo que llevó
a que, por un lado, se generan una sociedad de masas asalariadas y, por otro lado,
a que los excedentes de la producción se orientaran a la acumulación
de capital y no ha satisfacer las necesidades poblacionales, al no reflejarse
en el salario los crecimientos en la productividad.
Pero, desde antes
de la década del treinta, otro patrón de relaciones productivas
y laborales (otro paradigma) se imponía progresivamente en aquellas empresas
productoras de grandes series de bienes homogéneos y de consumo durable:
el fordismo. Este orden laboral también implicó diferencias con
respecto al taylorismo ya que la producción masiva requería modificar
las pautas de consumo y normas de vida de los trabajadores. Las empresas otorgaron
mayores remuneraciones a los trabajadores considerándolos como consumidores
potenciales.
El sistema fordista presidió el período
de mayor crecimiento de los países centrales y del desarrollo del Estado
de Bienestar y el paradigma keynesiano.
Tras el fin de la Segunda
Guerra Mundial, se sucedieron tres décadas de crecimiento económico
ininterrumpido. Se produjo una demanda sin demasiada variedad ni calidad, relativo
pleno empleo, salarios que crecieron más que la productividad (basada sobre
todo en la intensificación del trabajo y la mecanización), demanda
creciente de mano de obra migrante y poco calificada, dinamismo tecnológico
que se tradujo en abundantes y más baratas mercaderías y en expansión
notable del acceso a bienes de amplios sectores sociales. Este período
tuvo su contraparte en nuestros países en el modelo de desarrollo basado
en la sustitución de importaciones.
El sistema político
y productivo correspondiente al estado keysiano, que dominó desde fines
de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los 70, más allá
de su denominación como modelo "taylorista-fordista", hacía
referencia a un sistema, y como tal, a un conjunto de factores interrelacionados.
Esta relación de interdependencia incluía aspectos macroeconónicos
y micro sociales. Así, el modelo de desarrollo no era sólo un paradigma
tecnológico o un modelo de Estado. Incluía una forma de producir
y una forma de "renumerar". La producción en masa y en serie
requería de alguien que consumiera y comprara. En lo laboral hacía
referencia a "modalidades contractuales" a largo plaza, a modalidades
de "contrato por tiempo indeterminado" limitando el derecho al despido
y programando aumentos salariales según los precios y la productividad
en general.
El fordismo implicó reconocer la importancia que
tenían las condiciones efectivas de reproducción de la fuerza laboral.
la mayor parte de esta tenía contratos de duración indeterminada
y gozaba de la cobertura de sistemas generalizados de seguridad social. Así,
en la mayoría de los países, se extendió la cobertura de
asistencia médica a la población ( sin contribución a un
seguro o con ella) y el Estado se definió como eje del proceso de prestación
de servicios.
La gran crisis de los países industrializados,
a mediados de los setenta, puso en cuestión ese régimen de acumulación
y por consiguiente ese patrón de relación salarial. El proceso de
transnacioalización de las economías y los desequilibrios a escala
mundial (crisis del petróleo y cambios en los precios de materias primas,
sobre todo) generaron en la mayoría de países centrales inflación
y recesión. Los acontecimientos ocurridos en los últimos veinte
años demuestran la crisis del paradigma fordista.
La superación
de las crisis provendría de nuevas formas de organizar la producción
y el trabajo tendientes al logro de mayor eficiencia productiva, al incremento
de la productividad, a menos costos, a mayor calidad y a una flexibilización
de la producción. En el mundo industrial, se ha procedido a introducir
innovaciones tecnológicas y organizativas tendientes a la reducción
del tamaño de las unidades productivas, a disminuir el verticalismo en
la gestión y a buscar la participación de los trabajadores en determinadas
decisiones, a la recon-centralización y descentralización de la
producción y a la subcontratación de partes del proceso productivo.
Se pone mayor énfasis en la adaptabilidad ante los cambios y en la incertidumbre
de los mercados mediante una mayor flexibilidad productiva, que emplea la microelectrónica,
nuevas formas de organizar la producción y se busca obtener mayor heterogeneidad
de series más pequeñas de productos. la competencia se ha hecho
más severa y exige calidad, plazos de entrega, precios y diseño.
En este contexto, el modelo de organización de las empresas japonesas
ha logrado imponer determinados estilos y formas de organización ("just
in time", "kan ban", "kaisen" o calidad total). En palabras
de algunos autores, se busca ahora la excelencia (léase, mayor competitividad
en función de ventajas comparativas) tratando de alcanzar los cinco ceros:
0 stock, 0 defecto, 0 tiempo muerto en la producción, 0 tiempo de demora
para responder a la demanda y 0 papel (es decir, 0 burocracia). Es el "tiempo
de la calidad" como objetivo esencial. Debe decirse que tras este auge casi
hegemónico de la calidad, lo que emerge es la necesidad de una gestión
diferente para los recursos humanos (un nuevo paradigma) basada en la participación
de los trabajadores, en su inclusión como "actores" y participes
de la cultura de la organización. Esta nueva opción no está
exenta de riesgos de mimetismo o de gatopardismo, pero hay que responder a nueva
exigencia de la producción y de los mercados.
La crisis del fordismo es una crisis estructural. Los cambios contextuales son de tal magnitud que redefinen sustancialmente las relaciones sociales y de trabajo, las que, por ahora, son definidas en término de una categoría central: flexibillidad. Se estaría, por tanto, en una nueva fase de regulación caracterizada por la flexibilidad de la relación salarial, llamada por algunos "postaylorismo". R. Boyer, enumera cinco "definiciones principales" de flexibilidad que remiten a cinco dimensiones de la relación salarial, que sugieren otros tantos significados:
Este esquema
plantea dos grandes líneas de flexibillidad: la primera es la numérica
o externa, que hace referencia fundamentalmente a la relación de la empresa
en el mercado de trabajo: la sustitución del actual modelo de "contrato
por tiempo indeterminado" por un modelo de flexibilidad en los procesos de
contratación. La segunda es la flexibilidad interna o flexibilidad tecno-organizativa,
al interior de la organización y que remite tanto al equipamiento flexible
(al tipo de organización de la maquinaria utilizada) como a la adaptabiliad
de la organización del trabajo, a la constitución de equipos de
trabajo, y a la polivalencia de los puestos.
Algunas de las tendencias principales
en el contexto macrosocial son:
En muchos
países de América Latina, cuya situación actual se caracteriza
por ajuste estructural, restauración productiva, desregulación de
mercados y competencia a niveles nacional e internacional, desocupación,
trabajo informal emergente, economía subterránea, etc., se plantean
o establecen planes de flexibilización de las modalidades de contratación
y de las relaciones productivas y laborales llamadas genéricamente "reformas
laborales". Estas consisten esencialmente en cambios del sistema normativo
que flexibilizan las relaciones contextuales. A nivel de la organización
productiva, se introducen tecnologías informatizadas e innovaciones organizativas
de la producción, el trabajo y la remuneración. Las empresas y los
sindicatos se ven obligados a actuar descartando estilos tradicionales.
Un ejemplo paradigmático del cambio en la sociedad es la transformación de las organizaciones, en particular de las empresas.
El sistema keynesiano,
con su eje central en el rol del Estado, un modelo económico de sustitución
de importaciones, y una tecnología basada en la mecánica, tuvo un
correlato en los modelos vigentes de organización del trabajo y en la configuración
de las organizaciones. Estas tenían estructuras jerárquicas burocráticas
y muchos niveles, y mostraban estrategias y comportamientos de control, junto
a complicados mecanismos para la gestión del recurso humano. En las organizaciones
productivas lo más importante era la cantidad de bienes o servicios producidos
y tenían demasiados departamentos escasamente intercomunicados.
Frente
a este esquema, en los últimos años ha surgido un nuevo modelo de
organización, "un nuevo modelo de empresa","una nueva tendencia
en organización". Nos encontramos en presencia de nuevos modelos de
gestión de mano de obra. La prioridad dada a la calidad hace que el recurso
humano sea decisivo y emerge una "nueva lógica de organización".
En este marco es central el "involucramiento" del trabajador en la calidad
de producción. Emergen nuevos sistemas participativos o formas de "expresión
de los trabajadores" a partir de la creación de "círculos
de calidad", "equipos de trabajo", "grupos de corrección",
etc.
Las instituciones tienden a disminuir el número de niveles,
a "descentralizarse" y a dividirse en minifábricas","unidades
de negocio" o "unidades de gestión", para controlar gastos,costos
y desperdicios y lograr mayor eficiencia y eficacia en su cometido. Se verifica
el ya famoso proceso de "externalización" o "terciarización"
a partir del cual se trasladan a unidades externas o periféricas actividades
que antes estaban "integradas" en la planta o empresas, reduciendo y
controlando costos al mismo tiempo; se subcontratan servicios como mantenimiento,
limpieza y seguridad.
Hay una "búsqueda global de flexibilidad",
con el objetivo de responder con rapidez a las variaciones de la demanda, y a
los nuevos desafíos que impone la competencia con menor costo y alta calidad.
El problema de la calidad no se remite a un nuevo producto que abunda en el mercado
de las consultorías y las empresas. Calidad supone capacidad para competir,
normas internacionales en la materia (ISO 9000, por ejemplo) y básicamente,
una forma distinta de analizar la organización, en palabras de Coriat,
"pensar al réves".
La calidad comienza a ser una demanda
de las empresas líderes a sus provedores y se extiende como nuevo paradigma
social, la demanda de la calidad se universaliza, y las exigencias en términos
de eficiencia y calidad se extienden a todos los ámbitos. Se exige más
de los productos de su presentación, de los servicios, de los tiempos de
espera, de la atención personal y profesional, etc. En el ámbito
de la producción de bienes y servicios, la apertura de las economías
y de los mercados es un factor decisivo para cambiar las reglas del juego y mejorar
los parámetros de calidad y costos
Estas estrategias tienen
un fuerte componente basado en el recurso humano. Cambia la organización
y el contenido del trabajo, se tiende a trabajar en equipos y el sistema de control
se va volviendo horizontal. Los nuevos métodos de producción y la
implantación de nuevas tecnolgías exigen nuevas calificaciones,
se reducen los niveles en la organización, etc. Cambia también en
conjunto de institutos legales que rigen las contrataciones laborales, se facilita
la "movilidad funcional", etc. El recurso humano cambia su "lugar
en la empresa", por lo cual tiene tiene que ser movilizado de otra manera.
Los principales cambios en la gestión de los recursos humanos son:
-
Tendencia a construir equipos de trabajo. Predomina la organización del
trabajo grupal y se tiende a que todos los trabajadores conozcan todas las tareas
del grupo, integrando tareas de control de calidad a las de producción,
lo que significa en la práctica flexibilidad en la asignación de
puestos de trabajo.
Los profundos cambios metodológicos,
financieros y organizacionales que experimentan distintos sectores de la sociedad
ocurren en el marco de una profunda transición cultural, moral y tecnológica.
Como se desafían y cambian constantemente los métodos, las estructuras
y las instituciones se ha socavado la estabilidad, se ha perdido la confianza
en la permanencia de las normas, de los valores y de las autoridades establecidas
en el pasado. La tendencia general es la desconfianza, el cuestionamiento e incluso
el descrédito en los propósitos y en las intenciones de las organizaciones,
en especial de aquellas vitales para el bienestar público.
Los
problemas de la transición han trascendido a todos los sectores de la sociedad.
La preocupación por la calidad emergió como el tema de la década.
La sociedad cambió su enfoque principal, dirigido durante los años
70 hacia el acceso a los servicios, a la contención de los costos en los
años 80.
Aun las organizaciones más sofisticadas carecen,
con frecuencia, de una integración total de los componentes de la gerencia
de calidad. El objetivo de la gerencia total de la calidad es la expansión
de sus procesos para incluir, además de la producción y los servicios,
a las actividades gerenciales, docentes, investigativas y de apoyo que se realizan
en la organización con el objetivo de mejorar la calidad de su trabajo.
Entre sus objetivos se hallan también, la maximización de los recursos,
tanto del proveedor como del consumidor y la educación de este último.
Durante los tiempos de la revolución industrial quien produjera
más tenía más éxito. En la revolución de la
calidad gana quien lo hace mejor.
Sinergia significa básicamente
que el todo es mayor que la suma de sus partes. En farmacología, por ejemplo,
ocurre la sinergia cuando un medicamento potencia o multiplica los efectos de
otro. Debido a las diferencias que existen entre los individuos es posible construir
un todo sobre la base de las fortalezas y compensar las debilidades. El perfeccionamiento
de la calidad requiere de una sinergia social a partir de la cual se generen mejoras
continuas de los productos y servicios.
En el logro una sinergia organizacional, la toma de decisiones de forma descentralizada es una cuestión primaria. Para lograrla, es necesario que los individuos más próximos a los procesos de producción o de servicio estén facultados para realizar cambios dirigidos al perfeccionamiento de dichos procesos. La reestructuración actual de las organizaciones debe dirigirse a la obtención de una sinergia permanente. Sin embargo, existen ciertas amenazas para su logro como son: la confusión, la falta de información, la pérdida de la energía, las fugas emocionales, la desconfianza en la habilidad de los líderes para cumplir con sus promesas, la carencia de los recursos claves, la ruptura de la iniciativa, así como la búsqueda de víctimas inocentes, entre otras.
La competencia puede igualmente destruir la sinergia; puede restar en lugar
de sumar.
La segunda guerra mundial forzó la utilización
de los diagramas de control de la calidad, elaborados por el doctor W E Shewart
de los Laboratorios Bell en los años 30, y posibilitó que los
Estados Unidos produjeran grandes cantidades de suministros militares en forma
barata. Inglaterra introdujo la aplicación de algunos elementos estadísticos
para el control de la calidad en el año 1935, basados en los trabajos de
E S Pearson.
Al parecer, las grandes guerras de la humanidad, en especial
las mundiales, tuvieron un gran impacto en el perfeccionamiento de las capacidades
organizacionales, al exigir un perfeccionamiento de las formas de producción
y de la maximización de los recursos. Con posterioridad a dichos conflictos,
sobre todo como resultado del levantamiento de la censura militar, las nuevas
filosofías, enfoques, modelos, métodos, técnicas y formas
de organización se trasladan al sector civil. Con ello, se producen cambios
y mejoras sustanciales en la producción y los servicios. Junto a esto,
la búsqueda e introducción de modelos más humanos de producción
y de organización parecen caracterizar el panorama social y laboral en
los períodos de postguerra.
Japón, un país devastado
por la Segunda Guerra Mundial, poseía pocas industrias. Los norteamericanos
estacionados en Japón quedaron sorprendidos con la ineficacia de su sistema
de comunicación telefónica. La pobre calidad e inconsistencia de
los equipos hizo que los Estados Unidos ordenaran el establecimiento de algunas
medidas básicas para el control de la calidad y el comienzo de un proceso
de educación en este sentido. El comienzo de la aplicación de un
control estadístico de la calidad se remonta a 1946 en Japón. En
1950, el doctor W E Deming realizó un taller para directivos de
ocho días sobre control estadístico de la calidad en Japón.
W E Deming estableció 14 puntos para la aplicación exitosa en una industria de un proceso de perfeccionamiento de la calidad:
Las organizaciones deben dirigir sus
esfuerzos hacia la eliminación de las inspecciones al final de la producción.
Cuando esto ocurre, la institución paga por los productos defectuosos.
Ellos deberán reelaborarse o descartarse, con lo cual se multiplicará
el esfuerso y los recursos invertidos en su producción. La obtención
de la calidad exige de la evaluación sistemática del producto durante
el proceso de elaboración. La calidad proviene del mejoramiento del proceso
de producción, de los suministros y del entrenamiento adecuado de los empleados
más que de la inspección.
Los mecanismos de control deben
engranarse al proceso de elaboración del producto y este debe velar por
el cumplimiento de los parámetros de calidad establecidos para cada una
de las etapas establecidas para su creación.
El precio deberá dejar de ser la única medida del éxito
de una organización. Las recompensas que ofrecen las organizaciones, los
gobiernos y la sociedad en general a los negocios sobre la base de los precios
de sus productos deberán cesar. Los líderes de la industria deberán
establecerse sobre la base de la calidad y del precio.
- Perfeccionamiento
constante de los productos y los servicios, a partir de la reducción de
las pérdidas y el mejoramiento de la calidad.
Una cuestión importante dentro del liderazgo empresarial es
el quehacer del supervisor. Este habrá de comenzar a verse como aquella
persona que evalúa, asiste y ayuda al empleado para perfeccionar su trabajo.
El miedo produce grandes pérdidas
económicas. Su acción paralizante inhibe la expresión de
las interrogantes y de los criterios de los trabajadores a sus superiores con
lo cual posiblemente se perderá la oportunidad de mejorar la producción
o el servicio. Para mejorar la productividad y la calidad se ha de crear un clima
de confianza y seguridad de los empleados en la gerencia.
Cuando los departamentos, secciones, áreas o unidades en las que se divide una empresa poseen objetivos conflictivos aparece la competencia. La competencia dificulta o detiene cualquier trabajo en equipo dirigido al hallazgo de oportunidades para el perfeccionamiento.
Las normas son cifras que no consideran la calidad y los métodos empleados en los procesos. Su empleo puede ser contraproducente porque los trabajadores cumplirán sus normas para cuidar su trabajo aunque la organización pierda.
Entre los grandes obstáculos que considera W E Deming para el establecimiento de un sistema de control de calidad en las organizaciones se hallan:
Estas
formas de evaluación destruyen el trabajo en equipos, incrementan la rivalidad
entre los individuos. Además, puede producir miedo, desanimar a las personas
y comprometer la movilidad de la gerencia.
Para ser efectiva la administración
deberá involucrarse profundamente con el trabajo que se realiza a fin de
comprender adecuadamente los negocios y ejecutar los cambios necesarios para mejorar
la productividad y la calidad. Los gerentes que saltan de un empleo a otro constantemente
en la compañía actúan su contra al ser incapaces de conocer
con profundidad el trabajo que se desarrolla en su área de acción.
A menudo, existe un conjunto de figuras desconocidas en la organización
sumamente importantes, así como lo es el efecto multiplicador positivo
que genera un cliente satisfecho.
El doctor J M Jurán,
otra de las figuras más prominentes en el desarrollo de los sistemas de
calidad a escala mundial, estuvo entre los primeros en reconocer que la calidad
no es un resultado accidental sino el producto de un planeamiento cuidadoso de
las acciones que engranan el proceso de elaboración del producto. En 1954,
como resultado de la incapacidad de América para comprender sus conceptos,
se trasladó a Japón para asistir con sus enseñanzas a los
japoneses en la transición del interés desde las actividades relacionadas
con el control de la calidad en las tecnologías a la totalidad de la gerencia.
Bajo la influencia de A V Feigenbaun estableció un nuevo enfoque
en el contexto de los sistemas de calidad, la gerencia total de la calidad.
Como resultado de la recesión que experimentaron los Estados Unidos
durante la década de los 70 y parte de la de los 80, en que sus industrias
sufrieron pérdidas de hasta el 40 por ciento de su ingresos anuales normales,
debido fundamentalmente a un pobre sistema de control de la calidad, los conceptos
y principios de J M Jurán hallaron un espacio en el sistema gerencial
de las industrias norteamericanas las cuales, desesperadas por la situación
reinante, buscaron un apoyo de donde sostenerse en su caída.
Existen varias premisas o conceptos esenciales que sustentan el perfeccionamiento de la calidad. Ellos son:
- El enfoque sobre la misión de la organización.
- El mejoramiento continuo.
- La orientación al cliente.
- El compromiso del liderazgo.
- El fortalecimiento en la toma de decisiones.
El mejoramiento en la toma de decisiones se obtiene al colocar tan cerca
como sea posible de la línea del frente de la producción o del servicio.
La clave para el perfeccionamiento radica en el fortalecimiento de las posibilidades
y capacidades de los empleados para decidir mediante una estructura la participación
y la autoridad compartida. La participación se divide en cuatro grandes
categorías: el establecimiento de los objetivos, la toma de decisiones,
la solución de los problemas y la participación en el proceso de
cambio.
Desde la perspectiva del perfeccionamiento de la calidad,
los empleados no crean los problemas, sino que constituyen el mayor recurso de
la organización.
- La colaboración y el traspaso de
las barreras que imponen las divisiones en la organización.
A
pesar de la existencia de una estructura vertical y jerárquica, la mayoría
de las funciones y procesos superan los límites de las disciplinas y de
los departamentos en las organizaciones. La utilización de equipos que
colaboran en el análisis y el mejoramiento de las funciones y procesos
de la empresa es un sello distintivo de las organizaciones que poseen un sistema
de perfeccionamiento de la calidad. Dichos equipos, que representan diversas disciplinas,
funciones y procesos, son capaces de identificar estrategias diferentes y, en
ocasiones, simultáneas para el mejoramiento.
- El enfoque sobre
el proceso.
Las deficiencias de la calidad ocurren con mayor frecuencia
como resultado de procesos deficientes e imperfectos que como consecuencia de
la incapacidad de los individuos. Los datos estadísticos son útiles
para planear el cambio.
- El enfoque sobre los datos y el pensamiento
estadístico.
Las medidas imprecisas y los enfoques punitivos son una práctica común que con cierta frecuencia se vinculan con los procesos de aseguramiento de la calidad. Este enfoque equivocado e improductivo es el resultado de la falta de medidas sólidas de calidad.
Taylor había identificado los siguientes
factores claves en el diseño de los empleos:
- Maximizar las
habilidades de los individuos.
- Maximizar el control administrativo.
- Minimizar el tiempo requerido para ejecutar una tarea.
Estos enunciados
pueden parecer lógicos, especialmente bajo la perspectiva económica.
Los costos de la mano de obra sin habilidad o semihábil son menores a la
hábil. La productividad aumenta si las tareas se realizan rápidamente.
Sin embargo, los empleos diseñados de esta forma con frecuencia presentan
costo humano y económico altos. Esta concepción tradicional para
el diseño del empleo descansa sobre la filosofía de la administración
científica o taylorismo cuyo creador fue F W Taylor. Taylor formuló
sus ideas en los Estados Unidos a inicios del siglo. Como capataz de una fábrica,
él sintió que los obreros eran improductivos. Sus planteamientos
para remediar esta situación fueron:
Durante los años 60, un conjunto de estudios mostraron que los empleos organizados de acuerdo con los principios de la administración científica se asociaban con actitudes negativas hacia el trabajo, así como con una pobre salud física y mental.
Dichos estudios sobre el trabajo simplificado generaron preocupación sobre lo que se denominaría "calidad de la vida laboral".
Los enfoques aparecidos por aquellos años
se soportaron sobre esta filosofía. Uno de ellos fue el "enriquecimiento
del trabajo", un concepto desarrollado por Herzberg, quien propuso una distinción
básica entre los factores higiénicos y los motivadores. Los factores
de la higiene incluían el pago, las condiciones de empleo, el ambiente
de trabajo y otras características extrínsecas a las actividades
propias del trabajo.
Los factores de la motivación contemplaban
el cambio de empleo, el reconocimiento, el uso de las habilidades, es decir, variables
relacionadas con la necesidad de crecimiento. La motivación y la satisfacción
pueden incrementarse mediante el aumento de las habilidades necesarias para realizar
el trabajo, el cambio frecuente de puesto, entre otros.
Otra vertiente
de pensamiento filosófico en este contexto es la de los llamados "sistemas
socio-técnicos". Surgida de los estudios realizados en los años
inmediatos a la posguerra, teoría socio-técnica enfatiza la necesidad
de integrar las tecnologías con las estructuras sociales en el puesto de
trabajo. Muy a menudo, las tecnologías se introducen sin considerar los
patrones de relación, los grupos de trabajo y posiciones que ocupan en
la organización. Igualmente destaca que los límites deben establecerse
de forma tal que no impidan la transmisión de información y el aprendizaje.
El diseño socio-técnico del empleo realza la autonomía, la
toma de decisiones y lucha por evitar la subordinación de los trabajadores
a las máquinas.
Los intentos de rediseñar el empleo bajo
la perspectiva de las ciencias sociales se centran en el incremento de uno o más
de los siguientes aspectos:
- Variedad
- Autonomía (la libertad de escoger los métodos de trabajo, organización y ocasionalmente los objetivos).
- Amplitud (extensión con la cual el trabajo produce un resultado final identificable con el que pueda señalarse a la persona).
En el rediseño del trabajo se distingue entre la ampliación
del conocimiento, donde se incrementa la necesidad de comprender los procedimientos
relacionados con la operación de las diferentes partes de la organización
y la amplitud de la tarea, donde se añaden al empleo más tareas
relacionadas con una misma parte de la operación de la organización.
Desde finales de los años 70, una teoría ha dominado el escenario
del rediseño del trabajo: el modelo de trabajo particular. Sus autores,
Hackman y Oldham, identifican cinco características núcleos para
la caracterización del trabajo, a saber:
Las características núcleos del trabajo producen un
estado psíquico crítico. Las primeras tres características
núcleos del trabajo se cree que influyen en la significación experimentada
con el trabajo. La autonomía afecta la responsabilidad experimentada con
los resultados del trabajo y la retroalimentación del impacto del trabajo
sobre el conocimiento de los resultados actuales del trabajo.
Existen
otros enfoques diferentes para el rediseño del trabajo, por ejemplo, el
ingenieril, en esencia, administración científica; el biológico,
que enfatiza la fisiología humana; el motor-perceptual, que destaca el
procesamiento humano de la información. Se infiere, por lo tanto, que los
enfoques motivacionales, como el modelo característico de trabajo, que
acentúa la satisfacción por encima de la eficiencia o la confiabilidad.
La administración científica promueve la eficiencia y el enfoque
perceptual-motor se encuentra relacionado con la confiabilidad. Los diferentes
enfoques contribuyen al rediseño del trabajo. Algunos estudios indican
que el impacto del rediseño del trabajo puede decaer con el tiempo.
Finalmente, debe señalarse que el interés en el rediseño del trabajo, surgió durante los años 60 y 70, cuando el mundo occidental se percibía como próspero y existía preocupación sobre la autorrealización mediante el trabajo. En los 90 las presiones competitivas a escala global se hicieron más fuertes. Existe un gran énfasis sobre la calidad, la satisfacción del cliente y el nivel de reacción a las necesidades de los clientes. Una de las vías para cumplir con estos retos es el abandono de las formas taylorista de trabajo. En su lugar, debe posibilitársele a los niveles más bajos de la organización ostentar responsabilidades, controlar su trabajo y participar en la toma de decisiones. Esto se define como fortalecimiento, porque los trabajadores se facultan para obtener sus objetivos de trabajo. Implica que ellos significan un amplio rango de habilidades - denominado flexibilidad funcional. Estas tendencias han renovado el interés en el rediseño del trabajo, con énfasis en su potencial para incrementar la competitividad de la organización.
Durante siglos el puesto de trabajo ha experimentado cambios tecnológicos.
Sin embargo, el término "nuevas tecnologías", se refiere,
en particular, al conjunto de cambios ocurridos a partir de los años 70.
Ellos son consecuencia fundamental de la invención y el desarrollo de los
microships, un menudo componente de los circuitos eléctricos que puede
combinarse para formar sistemas electrónicos mayores y más complejos.
Los microships han posibilitado la construcción de dichos sistemas de forma
mucho simples, económicos, de poco peso y pequeño tamaño.
Existen dos grandes formas de nuevas tecnologías en el puesto de trabajo:
- Las tecnologías avanzadas de manufactura.
Incluyen una amplia variedad de equipos que contribuyen al
proceso de manufactura, por ejemplo, los robots y los vehículos guiados
automáticamente.
- Las tecnologías de oficina
Su objetivo es el almacenamiento, la recuperación,
la presentación y la manipulación de información frecuentemente
en forma verbal y numérica. En la mayoría de los países se
ha exhortado a las organizaciones a invertir en las nuevas tecnologías
o enfrentar las consecuencias directas de un mercado internacional sumamente competitivo.
Dichas tecnologías intentan mejorar, tanto la productividad de una organización
a corto plazo y su flexibilidad a largo plazo en respuesta a las demandas del
mercado. En realidad, estos beneficios parece acontecer con relativa escasez.
Una de las razones para este alto índice de fracasos puede
ser que las organizaciones no pueden afrontar la adquisición de una tecnología
nueva que sustituya completamente la instalada.
Las razones más
comunes para introducir nuevas tecnologías en las empresas son reducir
los costos y la dependencia de mano de obra calificada; aumentar la productividad
y la calidad; para mantenerse al día, porque los competidores han introducido
nuevas tecnologías, porque son interesantes o para cambiar las relaciones
de poder entre los grupos en la organización.
Las tecnologías
se introducen con frecuencia sin considerar los objetivos de la organización
a largo plazo, como una vía para sustituir el personal, sin un orden y
una visión amplia de sus consecuencias no como una forma para su mejor
empleo y sin considerar cómo afectan el diseño de la organización,
aunque en esta forma, a diferencia de la anterior, se realiza un análisis
cuidadoso de costo-beneficio y una evaluación de las tecnologías
a introducir. Otro enfoque más moderno, pero escaso para la incorporación
de las nuevas tecnologías a la organización, es aquel destaca la
importancia de la compatibilidad de ésta con las características
individuales y organizacionales y expresa la decisión de evitar la selección
de las tecnologías más avanzadas e ingeniosas a menos que respondan
a las necesidades más amplias de la institución, principio el cual
provee una excelente oportunidad para revisar y tal vez para cambiar las prácticas
y estructuras de la organización. Bajo este enfoque Las soluciones que
posibilita son menos previsibles que cuando su introducción responde a
una necesidad específica y concreta. Requiere además, de un esfuerzo
considerable para asegurar una amplia participación del personal y, en
especial, de sus usuarios potenciales.
La introducción de nuevas tecnologías provee una oportunidad más para el fortalecimiento de los trabajadores y el enriquecimiento del empleo.
Consecuencias de la introducción de las nuevas tecnologías para las organizaciones como un todo.
- Centralización del poder
Uno de los temores más frecuentes a la introducción de las nuevas tecnologías es la tendencia a la puesta del poder en manos de un pequeño grupo élite dentro de la organización. Sin embargo, otras proposiciones plantean que ellas pueden equilibrar la distribución del poder. Las organizaciones altamente centralizadas pueden serlo menos en la medida en que los empleados de los niveles más bajos reciban más información que les permita desafiar las decisiones. Las organizaciones altamente descentralizadas serán más centralizadas en la medida en que la alta dirección posea un mejor acceso a la información, con anterioridad no disponible o negada a ellos. El poder de las tecnologías de información descansa en su capacidad de redefinir las posiciones, funciones y relaciones de las personas en la organización. El poder no es algo que las personas tienen, él se expresa en las relaciones entre los individuos.
- Integración de las funciones de trabajo
Las tecnologías de computación
indudablemente posibilitan que la mayoría de las personas trabajen más
tiempo en la casa. Es más fácil que antes obtener información
en la casa y comunicarse con el puesto de trabajo. Dichas tecnologías contribuyen
a incrementar el número de individuos que participan en la toma de decisiones.
Sin embargo, probablemente reduzcan el número de individuos y los niveles
de la organización involucrados actualmente en la toma de decisiones porque
la información necesaria y los sistemas de apoyo a la toma de decisiones
están fácilmente disponibles.
Las nuevas tecnologías
permiten integrar tareas antes separadas. Esto puede significar que los trabajadores
pueden también necesitar aprender un conjunto más diverso de habilidades
que las hasta ahora necesitadas para laborar efectivamente con las nuevas tecnologías.
Si se obtienen mejores resultados a partir de la introducción de las nuevas tecnologías, depende, en gran medida, de una cultura orientada hacia la flexibilidad, es decir, un énfasis sobre la descentralización, donde se le concede libertad a las diferentes partes de la organización para realizar sus actividades a su propia forma. Una empresa con una cultura como esta encontrará más fácilmente cómo beneficiarse a partir del uso de las nuevas tecnologías que aquellas instituciones con una cultura orientada al control. Esto ocurre porque una cultura orientada a la flexibilidad estimula a los individuos a pensar en soluciones que se ajusten más a sus necesidades, más que en las que acepta y dicta la alta dirección. Las organizaciones flexibles se hallan igualmente más abiertas al cambio.
Si bien, como se ha dicho, durante el siglo
XIX y principios del XX, existió poco interés por el tema de la
motivación laboral, según evolucionó la consciencia social
y surgió una nueva clase empresarial, las preocupaciones sobre los efectos
negativos de las pobres condiciones de trabajo en los empleados y sus níveles
de motivación se convirtieron en un tema de significación social.
A pesar de las notables mejorías en la actitud profesional
hacia la administración y en la preparación formal de los estudiantes
en las escuelas de ciencias de la información y bibliotecología,
los principales avances en esta esfera aún están lejos de satisfacer
las exigencias actuales.
El cambio es constante. Su causa, en gran
parte, es el desarrollo en espiral de las tecnologías de información
y las comunicaciones, la proliferación de los recursos de información
en diversos formatos, así como la precaria condición financiera
de muchas bibliotecas y sus organizaciones paternas.
Al igual que sucedió con muchas empresas norteamericanas en los años 90, se ha exigido que las bibliotecas realicen cambios sustanciales. Estas deben reducir sus dimensiones, economizar sus recursos y modernizarse al tiempo que mejoran la calidad de sus servicios con nuevos valores.
Las transformaciones ocurridas han revelado con
mayor claridad la debilidad interna de la organización convencional de
la biblioteca. Tradicionalmente, las bibliotecas se han organizado internamente
en estructuras jerárquicas de acuerdo con las funciones. En esta estructura,
la responsabilidad por la toma de decisiones se sitúa en la dirección
de la biblioteca y la autoridad disminuye en la medida en que descienden los niveles
de la pirámide organizacional.
Aunque esta organización tiene sus ventajas, es propensa a convertirse en una burocracia no comprometida. A menudo, resulta en una pobre comunicación, una estratificación organizacional, una iniciativa inhibida y un exceso de personal burocrático.
Además, la división funcional produce tensiones adicionales. La falta de coordinación dentro y entre los departamentos, así como la competencia entre las unidades por las prioridades, los recursos y los medios para obtener los objetivos de la biblioteca, aumentan la probabilidad de conflictos y malentendidos entre las diferentes secciones de la organización. Divididas las bibliotecas por los intereses de distintas facciones, los miembros de la organización centran su actividad en dominios limitados; pocas veces asumen una perspectiva holística y se resisten a los intentos por integrar sus esfuerzos con el trabajo de otros. En un medio estable, esta estructura ha demostrado funcionar con efectividad. Sin embargo, está claro que no posee las características adecuadas para enfrentar los desafíos de la era de la información electrónica.
Las
nuevas filosofías hacen énfasis sobre el poder de los empleados,
la participación y la responsabilidad colectiva; el trabajo en equipo y
la flexibilidad; así como la orientación hacia el cliente. La calidad
se define no sólo como "libre de errores", sino como un compromiso
con el perfeccionamiento de la organización para adecuarse mejor a las
necesidades de los usuarios. Aún es más importante el hecho de que
todas las nuevas teorías expresan la importancia de la creación
de un clima receptivo a la innovación y al cambio.
"Las corporaciones que tendrán éxito y florecerán en el futuro serán aquellas que son capaces de dominar el arte del cambio, así como de crear un clima que estimule la introducción de nuevos procedimientos y la búsqueda de nuevas posibilidades; la anticipación, la respuesta a las presiones externas y la atención a las nuevas ideas procedentes del interior de la organización".
La responsabilidad de las decisiones se transfiere al individuo del nivel
apropiado menor, en lugar de enviar la información hacia arriba y esperar
a que la decisión baje por la estructura jerárquica.
Está
surgiendo un nuevo paradigma de liderazgo en el cual el personal está directamente
involucrado en la solución de los problemas y la toma de las decisiones.
El administrador asume el papel de "coordinador" en lugar del de alguien
que está a cargo. El grupo de trabajo tiene autonomía en la determinación
de la organización general de su trabajo, así como también
una responsabilidad creciente en las decisiones.
Esto constituye un
cambio significativo en la estructura de la toma de decisiones. Significa un mayor
respeto hacia los empleados y sus conocimientos, así como también
una participación más activa en la organización. En la medida
en que el personal participe en la solución de los problemas y ejerciten
la autoridad para tomar decisiones que afectan a la organización, éstos
tendrán un mayor sentido del control y responsabilidad. Este sentido de
responsabilidad compartida genera que el personal tome y apoye lo que son, en
gran medida, sus decisiones. La nueva organización estimula el sentido
de participación en las decisiones y la aceptación de las consecuencias.
Existe una dicotomía entre lo que se denomina "cultura de la
solidez y cultura de la flexibilidad". La cultura de la solidez, o la organización
estable a la cual da origen, difiere de la organización flexible en varias
formas:
El problema
de la "planificación" es la necesidad de tomar decisiones correctas
a partir de datos incompletos o incorrectos - en el momento en que el dato esté
completo el futuro se le habrá adelantado al planificador." Se ha
argumentado que no es sólo importante la calidad de los datos sino el saber
cuáles datos acumular al igual que cómo interpretar y utilizar aquellos
que limitan la planificación basada en el conocimiento. El desafío
para nuestra profesión es ayudar a reducir la diferencia entre el conocimiento
que está disponible y el que se necesita para la planificación.
Las
bibliotecas necesitan ser flexibles para responder a los cambios. Necesitan considerar
las tradiciones establecidas, evaluarlas, mantener aquellas que aún son
útiles y descartar las que no lo sean. Igualmente, se requiere fomentar
una atmósfera, donde no se inhiban la creatividad y la improvisación
por miedo al fracaso. La expresión popular "si está roto, no
lo arregles", refleja la cautela tradicional de las bibliotecas.
En
tiempos turbulentos, la primera tarea de la administración es asegurar
la capacidad de la institución para sobrevivir, adaptarse a los cambios
rápidos y buscar nuevas oportunidades. Las bibliotecas y los negocios tradicionales
con administraciones autoritarias han tomado históricamente sus decisiones
a espaldas de sus trabajadores los que se limitan a esperar sus órdenes.
En las nuevas condiciones, surge la necesidad de crear un clima participativo
y un cerebro colectivo.
Se requiere de infraestructuras de información descentralizadas en red, la reorganización de los recursos humanos, del trabajo multidisciplinario. El cambio, su magnitud, su enfoque exige de una nueva forma de administración capaz de involucrar a todos los miembros de la organización. Se requiere de sustituir el estilo autoritario por uno participativo que estimule al trabajador a participar en la dirección, capaz de interesarlo en los resultados del trabajo. La formación y la organización de los fondos se orientó a la satisfacción de los usuario de la institución. El volumen y la celeridad de los cambios requeridos exigió que la educación se realizara de forma permanente.
Bajo
las condiciones expuestas, es lógico suponer que las bibliotecas tienen
razones válidas para desarrollar prácticas de recursos humanos que
atraigan, motiven, conserven y maximicen la productividad de todos los profesionales
que empleen.
En la actividad de información, abundan las carreras atípicas,
los ambientes atípicos, lo atípico se volverá típico
a corto plazo, la supervivencia dependerá de esto.
Aunque el fenómeno
de la diversidad profesional en las bibliotecas no es nuevo, se halla en crecimiento.
Las fuentes más importantes de atracción, motivación
y retención de la alta tecnología y los empleados profesionales
son las recompensas asociadas con el trabajo en sí, con el desarrollo de
la carrera laboral y los procesos organizacionales que incluye cómo se
evalúa el trabajo, cuán autónomos son los trabajadores y
cuán bien las personas trabajan unas con las otras.
Por su
parte, el reclutamiento de especialistas en relaciones públicas en las
bibliotecas parece tomar fuerza a principios de los 80, producto de la recesión
económica mundial de los 70. Esta tendencia, que se inserta junto al desarrollo
de productos especializados para satisfacer necesidades de segmentos específicos
del mercado y a la creación de un sentido mas comercial entre los trabajadores
del sector, forma parte de la concepción mercadológica que prima
en el nuevo modelo de desarrollo de las organizaciones.
Bell ha afirmado: "Los Estados Unidos
son ahora una sociedad posindustrial por cuanto la producción ha dejado
de ser la actividad central de su fuerza de trabajo".La sociedad pos- industrial
es una sociedad del conocimiento en dos sentidos: primero, las fuentes de innovación
dependen, cada vez más, de la investigación y el desarrollo y segundo,
el peso de la actividad de la sociedad - medido según la proporción
del producto interno bruto y el empleo- aparece con más frecuencia en el
campo del conocimiento.
La información es la mayor fuente potencial
de riqueza en una sociedad post-industrial. Han ocurrido cambios estructurales
en la mayoría de las economías de los países industrializados
- el conocimiento ha reemplazado a la tierra, al trabajo y al capital y se ha
convertido en el elemento principal en los sistemas productivos. Incremento en
la fuerza de trabajo empleada en el sector de la información. A principios
de siglo, este grupo comprendía menos del 18% de la fuerza de trabajo;
actualmente, representa cerca de la mitad de la población en edad laboral
y su cifra continúa creciendo.
Desde mediados del siglo XIX,
se había incrementado el control de la información como un medio
para que la sociedad dirigiera la revolución industrial.
La sociedad
de información se caracteriza por:
La posesión
de los medios de comunicación es tan vital para los sociedades pos-industriales
o de la información como lo fue la posesión de los medios de producción
para las sociedades industriales.
La infraestructura, las autopistas de la información, deben permanecer como una propiedad del sector público; los servicios que soporta dicha infraestructura podrían responder a los intereses del sector privado los cuales, a su vez, obedecen a las fuerzas del mercado sin excluir a otros como los de las academias o el gobierno.
La magnitud y la rapidez
con la que se suceden los hechos en el marco de la revolución de la información
atraen poderosamente la atención de toda la sociedad moderna. A pesar de
que es difícil de cuantificar, la revolución de la información
se ubica en la misma categoría de otros acontecimientos que han constituido
puntos de referencia en la historia de la humanidad.
La Revolución
Industrial tuvo una fuente importante, el descenso en un 50% de los costos energéticos
durante un período de 30 años.
De forma similar, el
costo de almacenar, procesar y trasmitir información ha disminuido un 20%
anual como promedio en los últimos 40 años. La información
se ha convertido en un insumo tan importante como los recursos humanos, naturales
y financieros para el desarrollo de las economías modernas. La información
es un factor sumamente importante en la producción que genera un aumento
de la productividad y una reducción de los costos.
Las tecnologías
de la información poseen un significado para la obtención del conocimiento
semejante al que tuvieron las carreteras y los ríos para la Revolución
Industrial. Las tecnologías de la información de forma general incluyen
todos aquellos medios que posibilitan el transporte rápido y eficaz de
la información. Comprende a las computadoras y a los dispositivos que soportan
las telecomunicaciones como los satélites, las fibras ópticas, los
sistemas telefónicos inalámbricos o normales, entre otros. Además,
abarca las aplicaciones de software y sus usos, como son la transmisión
de datos, las publicaciones electrónicas y otros.
La característica
esencial de las nuevas tecnologías de información es su capacidad
para trasmitir grandes volúmenes de información inmediatamente sin
consideración de la distancia existente entre el transmisor y el receptor.
Los motores claves de la revolución de la información son la creación
de información lista para el consumo y la habilidad técnica de distribuirla.
La interoperabilidad de los diferentes sistemas computadorizados es esencial en
la distribución de la información.
Los avances de la
revolución de la información muestran que la técnica no es
suficiente para impulsar la economía de la información. La tecnología
posibilita pero no produce. La creación de la información es, por
lo tanto, la base de la economía y el más crítico de los
dos motores.
Se requiere, por tanto, de un gran número de especialistas
capaces de transformar los datos crudos en información comercializable.
La industria de la computación es tres veces mayor que la de la
televisión y crece diez veces más rápido. Las compañías
norteamericanas vendieron 50 millones de computadoras personales en 1994, de ellas
un 60% a residencias y oficinas en casa.
El desarrollo alcanzado por
las computadoras es fundamentalmente el producto de la evolución de la
industria de las computadoras personales.
La revolución más
importante en la evolución de las computadoras personales comenzó
con el uso del procesador 80 286, que posibilitó un aumento sustancial
de las capacidades de estos equipos para el procesamiento de la información.
En la década de los 90, la aparición de un nuevo recurso, la multimedia,
propició el crecimiento de la demanda y el desarrollo de nuevas aplicaciones.
Según datos de la revista "PC Magazine", las computadoras
personales constituyeron alrededor del 80% del total vendido durante 1992.
En 1993, existían 3.6 millones de computadoras personales con posibilidades
multimedia en los Estados Unidos. En 1994, esta cifra creció a 13.4 y 2.7
millones en Estados Unidos y Europa respectivamente. El cálculo de 1995
estima en 22 millones los equipos con capacidades multimedia instalados.
En
1996, una computadora con capacidades multimedia, equipada para acceder a Internet,
es un producto al alcance de un consumidor de la clase media. Hace 20 años,
una máquina con sólo el uno por ciento de las capacidades de una
actual podrían adquirirlas solo instituciones de salud medianas o grandes.
En 1996, DataQuest informa una venta de unos 50 millones de equipos de
los cuales solo dos millones fueron a usuarios de América Latina. En 1999,
estas cifras se duplicaron.
El sector de la información emplea
actualmente cerca de un tercio de la fuerza laboral de los países de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo OCDE); esta cifra
alcanzó el 60% en el año 2000.
Cualquier intento de predecir
un futuro en el que el crecimiento del saber y las tecnologías asociadas
con ello constituya un aspecto esencial debe cumplir con los principios del cambio
exponencial. El conocimiento gana intereses acumulados; cuanto más se conoce,
más puede conocerse. Cuanto más competidores existan en el mercado,
más rápido será el crecimiento, más bajos los precios
hasta que llegue el momento en que solo los más aptos sobrevivan.
Las
tecnologías de información alterarán la sociedad urbana.
Si se mide el número de instrucciones que una computadora puede ejecutar
por segundo, según dólar invertido, se observa un aumento por un
factor de diez cada seis o siete años. Una máquina "Indy"
de Silicon Graphics - como las empleadas para realizar los gráficos de
"Jurassic Park"- con un precio de $150,000 costará, para el año
2000, $15,000; en el año 2006 unos $1,500 con lo cual la mayoría
de los hogares podrá adquirirla como una computadora de uso general.
Si se cumple la ley del "factor de diez cada seis años",
puede calcularse que alrededor del año 2030 las supercomputadoras tendrán
una capacidad de procesamiento de la información equiparable a la del cerebro
humano. Las tecnologías que soportan las redes de comunicación evolucionan
de acuerdo con el principio del crecimiento exponencial. La fibra óptica,
la columna vertebral de las redes modernas, tiene una amplitud de banda para la
transmisión de 60 THz. En Japón, NTT calcula que para el año
2015 su red será de fibra de punta a punta; para sobrevivir, otras naciones
industrializadas deberán seguir sus pasos.
El espacio cibernético
es una realidad. Su impacto sobre la humanidad será aún más
asombroso. Las computadoras tomarán decisiones mejores que los humanos
al tener acceso directo a todo el conocimiento mediante las bases de datos mundiales
y suficiente capacidad de almacenamiento y procesamiento para utilizarlo eficazmente.
Eventualmente existirán vastas piscinas del conocimiento que sólo
ellas podrán emplear con efectividad.
La estructura de las
compañías cambiarán radicalmente; muchas de ellas existirán
sólo en el espacio cibernético y su gestión será controlada
en su totalidad por procesos informatizados.
Las dos últimas
décadas del siglo XX serán recordadas como la era en la que se creó
un nuevo paradigma socio-técnico que se basa en las tecnologías
de información. Al igual que sucedió con la revolución industrial,
este nuevo paradigma ha transformado la base material de la actividad humana y
la organización social; ha aparecido un nuevo sistema tecno - económico.
El papel de la tecnología de información en el nuevo sistema no
defiere mucho del de la electricidad en la economía industrial. Pero, la
capacidad de operar en el paradigma informacional va más allá de
la instalación y el uso de las computadoras. Depende, antes que nada, de
la calidad de la mano de obra. La educación, en el sentido más amplio,
se convierte así en la inversión más estratégica,
lo más importante es la habilidad de generar nuevos conocimientos y procesar
información.
El poder personal e institucional depende, cada
vez más, del acceso a la información, del control de su procesamiento
y del conocimiento de su aplicación en la toma de decisiones. Las tecnologías
descentralizadoras como las computadoras, el fax, la radio, los satélites,
las videograbadoras y las cámaras de vídeo democratizan los flujos
de información y facilitan las comunicaciones. Dichas tecnologías
han creado capacidades que posibilitan que los ciudadanos establezcan alianzas
y redes entre ellos. En el nuevo modelo económico, la transformación
de la información en un producto básico se ha convertido en el medio
clave para la producción.
En una economía mundial, que se basa cada vez más en el conocimiento, la información, los medios para su diseminación son recursos económicos vitales. Las continuas reducciones en los costos de almacenamiento y transmisión electrónica de información son el producto de una ola de cambio tecnológico denominada revolución digital la cual afecta a todos los sectores económicos. La educación es una actividad crucial para alcanzar y mantener la competencia profesional de los individuos.
"Datos,
datos en todas partes y sin saber donde colocarlos". Esta es una adaptación
de "Agua, agua en todas partes y ni una sola gota para tomar," paradoja
del Antiguo Marinero a la deriva en un barco maldecido. Implica que aunque se
está rodeado de datos, estos no tienen la forma adecuada para su consumo
o utilización en la satisfacción de las necesidades humanas.
El empleo efectivo del conocimiento para enfrentar los principales problemas
sociales es tal vez el problema central del estudio de la información en
relación con la sociedad.
El paso de la cultura tribal a la
escrita- tipográfica constituyó una profunda transformación,
tanto para el individuo como para la sociedad tal y como sucedió con el
salto de la cultura escrita a la electrónica.
La crisis que
tiene lugar en la época actual en el campo de las ciencias de la información
puede compararse con las transmutaciones resultantes del cambio de la sociedad
acústica a la tipográfica.
La aparición y generalización
de las tecnologías de información generó cambios irreversibles
en la relación usuario-información. Dos de ellas, las más
importantes, fueron las vinculadas con la interactividad y la interconectividad.
La primera representa la posibilidad de acceso del usuario, en tiempo real, a
diferentes fuentes de información, así como las múltiples
formas de interacción entre el usuario y la información que se encuentra
en dichas fuentes. En ella, se libera al receptor de diversos intermediarios.
La interconectividad, por su parte, se refiere la posibilidad del usuario para
trasladarse de un espacio de información a otro, de una fuente de información
a otra, cuando lo desee mediante unos procesos transparentes para él.
La interacción en tiempo real con la información cuestionó
el carácter alfabético y lineal del texto documental. El uso de
la computadora tanto para la creación como para la lectura permitió
la desterritorialización del texto, el cual se liberó de las limitantes
que imponían la composición e interpretación lineal. El mensaje
se hizo individual, pudo dirigirse entonces a cada destinatario de acuerdo con
sus propias características.
El conocimiento, como etapa cualitativamente
diferente a la información en el camino hacia su aplicación, implica
el análisis y la interpretación de la información en el contexto
del problema que se pretende solucionar, la decisión que es necesario tomar
o la acción que se intenta emprender. El conocimiento requiere de una sabiduría
adicional, el cómo utilizarlo o cómo aplicarlo en una situación
específica. Para que la información se convierta en conocimiento
ha de adquirir primero un valor de uso, habrá que transformarse en información
"para si". Para esto habrá que adecuar la información
a las circunstancias y condiciones que caracterizan la situación donde
pretende aplicarse.
En los marcos de la gerencia del conocimiento se
asocia la información al "qué", el conocimiento al "cómo"
y la sabiduría al "por qué", como tres etapas cualitativamente
diferentes y escalonadas en el dominio del componente informacional de una situación
determinada, así como de su adecuación o valor de uso para un evento
específico.
El nivel de conocimiento que posee una organización
afecta significativamente su habilidad para interactuar con la información.
Cuanto más bajo es el nivel de conocimiento con menor efectividad se utilizará
la información y menor será su impacto en la situación en
que se emplee. Es necesario modificar la forma en la que aprenden las personas,
el aprendizaje en el contexto de los equipos de trabajo durante el enfrentamiento
de situaciones concretas, adversas al logro de los objetivos y metas trazadas,
constituye un ambiente favorable para adquirir nuevos conocimientos.
El
individuo se concibe como el máximo responsable de su propio conocimiento,
de identificar sus necesidades de aprendizaje, mantener y expandir el conocimiento.
Cada empleado debe construir, compartir y aplicar sus conocimientos, por una razón
elemental, si la empresa se desarrolla el individuo gana. A su vez, la organización
es la máxima responsable por la creación de un ambiente que estimule
el auto-desarrollo individual. Un mayor acceso a la información no necesariamente
genera cambio y desarrollo. El acceso a la información habrá de
concebirse bajo la perspectiva de la solución de los problemas que desafían
los empeños del equipo o de la organización.
La organización
con mayor capacidad de supervivencia es aquella que posea una mayor capacidad
de transferir el conocimiento, de crear un cerebro colectivo para actuar en diferentes
escenarios. En este sentido las tecnologías son solo el soporte material.
Los beneficios de una organización están actualmente relacionados
en forma directa con su capacidad de actuar inteligentemente.
La gestión
del conocimiento comprende la capacidad de utilizar con efectividad los recursos
de conocimiento disponibles en el momento preciso para alcanzar los objetivos
y metas propuestas. Los recursos del conocimiento incluyen la capacidad de manipular
y procesar información, de crear, de aprender, de saber cómo hacer,
de solucionar problemas, entre otras. Los trabajadores habrán de solucionar
problemas colectivamente en lugar de empeñarse sólo en la solución
de una parte del problema de forma aislada. La competencia de un individuo incluye
su capacidad para resolver problemas en su área de conocimiento, así
como para agregárle valor de uso a la información que recibe.
Se dice que una organización se encuentra orientada al conocimiento,
cuando sus miembros aprenden constantemente con el fin de resolver los problemas
que surgen sistemáticamente en el cumplimiento de sus objetivos. Una institución
de este tipo, se soporta en redes del conocimiento, con capacidad de articularse
inmediatamente para solucionar un problema. La gestión del conocimiento
es un aspecto central en la habilidad de una empresa para crecer.
La
gestión del conocimiento requiere del establecimiento de un conjunto de
procesos organizativos relacionados que buscan una combinación sinergética
de las capacidades de procesamiento de la información que suministran las
tecnlogías con la capacidad de creación e innovación de los
trabajadores.
El interés por los temas de la gestión
del conocimiento surgió hacia finales del año 1995, cuando la American
Productivity and Quality Center realizó un primer estudio sobre el tema.
El conocimiento se clasifica en tácito y explícito.
El conocimiento tácito es el que se asocia a las percepciones, la experiencia
y las estructuras anátomo-fisiológicas. El explícito es el
conocimiento que se soporta en un portador material que permite transferirlo,
en un documento. (contradice concepción propia). La transferencia del conocimiento
es un objetivo estratégico en la empresa, pero primero de ha de saber lo
que sabe cada organización, es decir, convertir en explícito los
conocimientos tácitos.
Para que la información produzca
un impacto en el cumplimiento de los objetivos y la misión de la organización,
es necesario que ésta transite al conocimiento, que éste se convierta
en inteligencia y que esta se utilice en la elaboración de los planes,
en la realización de las acciones y la obtención de los logros previstos.
El proceso de aprendizaje exige de la transferencia y el intercambio de conocimientos,
de un proceso de ósmosis organizacional. En este sentido, las redes informales,
donde no existe una estructura de poder ni poderes profesionales superiores establecidos
institucionalmente, son vitales.
La generalización de las buenas
prácticas, de las recomendaciones consensuadas, así como de las
revisiones actualizadas en los temas particulares de cada equipo de trabajo son
esenciales para acelerar la conversión de la información en conocimiento
al disminuir el tiempo necesario a invertir en su procesamiento. En ocasiones,
resulta más útil disponer de un sistema de referencia inmediata
a expertos que poseer un sistema de bases de datos y archivos.
La
gestión del conocimiento está compuesta de dos tipos esenciales
de elementos: uno hard, que abarca los mecanismos, redes, base de datos y otras
herramientas electrónicas que posibilitan compartir el conocimiento y otro
soft, que incluye los cambios de ambiente y de cultura necesaria para apoyar el
proceso de aprendizaje y de uso de buenas prácticas en la organización.
Lograr esto último es indudablemente el mayor reto de la empresa. Se conformará
así una red orientada al soporte del conocimiento, a articular las inteligencias
aisladas en el seno de la empresa.
Con frecuencia, produce mejores
resultados enseñar a los individuos a obtenerlo que transmíteselo,
por cuanto en un período de tiempo muy corto necesitará nuevos conocimientos.
El denominado aprendizaje para la vida es una filosofía de la enseñanza
que tiene como objetivo esencial la transmisión al alumno de aquellos conocimientos,
habilidades y actitudes que le permitirán durante toda su vida adquirir
los conocimientos que necesite de forma independiente mediante un conjunto de
fuentes y herramientas básicas que aprende a manejar durante su ciclo de
estudios.
La innovación y la creación del conocimiento
se logra mediante la realización de investigaciones aplicadas. Dichos conocimientos
han de incorporarse a los productos y servicios que genera la organización.
La gerencia ha transcurrido por diferentes etapas, en correspodencia con
los momentos vividos por el desarrollo de las ciencias de la información.
Así, por ejemplo, puede hablarse de la gerencia del libro- Bibliotecología,
la gerencia del documento- Documentación, gerencia de la información-
Informática, gerencia de la comunicación y gerencia del conocimiento,
que parecen corresponder con una etapa cualitativamente superior del desarrollo
de la Informática o con una nueva etapa aún sin nombrar.
Durante
el siglo XIX, ante la necesidad de enfrentar la producción de altos volúmenes
con rapidez, se produjo la mecanización de todos los procesos de producción
de los libros, con ello necesariamente creció notablemente el volumen de
la literatura disponible.
El volumen de la información existente
ha influido decisivamente en el cambio del objeto de trabajo de las bibliotecas.
Con el decursar de los siglos, ellos han cambiado, los objetos se han particularizado
y con ello, han aparecido nuevas disciplinas: la documentación, la informática,
etc.. El libro y documentos fueron los primeros objetos. Estos constituían
la unidad mínima de procesamiento informacional. Después, el artículo
científico original, la parte del libro, se convirtieron en el objeto de
trabajo.
Posteriormente, con el crecimiento de la bibliografía en
cada rama del conocimiento, se hizo necesario un mayor grado de especificidad
en los resultados de las búsquedas y entregas de información; apareció
entonces el documento como unidad de trabajo, podía tratarse del capítulo
de un libro, un artículo de revista, un material de conferencia, una ponencia
u otro similar.
Ahora bien, como el mencionado crecimiento continuó,
fue necesario nuevamente reducir la unidad objeto de trabajo informacional y apareció
entonces el concepto de información con matices más cualitativos
que cuantitativos, que representa una cantidad variable de ese producto pero que
resulta adecuada a las exigencias de sus solicitantes.
En la gerencia
de la información, el propósito es asegurar una transmisión
efectiva de la información entre los individuos de una organización
o entre ésta y sus usuarios. En este contexto, es muy importante el concepto
de archipiélago, que conforma en una organización sus diferentes
componentes. Es necesario crear una infraestructura capaz de integrar la información
que generan sus diferentes partes. Cada una de ellas produce y utiliza información.
Sin embargo, con frecuencia, las organizaciones carecen de un sistema de información
que relacione la información procedente de las distintas componentes, las
que permanecen aisladas entre sí, de ahí su denominación
de islas.
Hasta muy recientemente, el desarrollo de las bibliotecas
ha ocurrido de forma aislada y bajo diferentes denominaciones en los distintos
sectores. El cambio de paradigma de trabajo generó el nacimiento de una
nueva concepción en la cual la integración, la eliminación
de las islas de información es un requisito primario para la globalización
organizacional. Aún en muchas empresas, sistemas y sociedades persiste
actualmente dicho clima de aislamiento.
La biblioteca debe actuar entonces
como un agente coordinador para integrar en un sistema único de comunicación
las distintas partes de la organización y la sociedad en general.
El
énfasis actual en la información interna, tanto de las organizaciones
como de los países, en el ámbito mundial, indican la importancia
que ha cobrado para la correcta gestión de la organización.
En la etapa actual de desarrollo de la actividad de información,
los niveles de exigencias de este nuevo estadio de desarrollo social requieren
no solo de la entrega de información útil, sólida, es decir,
valorada y significativa, sino que además, es imprescindible que las bibliotecas
participen activamente en el proceso de percepción, comprensión
e introducción en la actividad del usuario de la información suministrada
mediante la utilización de los recursos necesarios con el fin de facilitar
la comunicación entre emisores y destinatarios o, lo que es lo mismo, en
el proceso del conocimiento de estos últimos.
Ahora, el conocimiento
sintetizable, extraible de la información es el objeto de trabajo más
importante. La informática, abarcó, entre sus objetos de estudio
hasta la información, con una parte dedicada a la transmisión y
otra a la transformación. El conocimiento, el objeto de trabajo actual,
pudiera ser la última fase de desarrollo, la más espléndida,
de esta disciplina o bien el gérmen de una nueva disciplina, aún
sin nombrar. En el sector de la salud, con el desarrollo de la medicina basada
en la evidencia y de la actividad informacional basada en evidencias, se ha revelado,
con un disfraz, con unos matices particulares, y un nombre vuelto a inventar,
el paso de los servicios de información en este sector, uno de los que
presenta un mayor crecimiento de la literatura científica disponible, a
una etapa cualitativamente nueva, la transmisión del conocimiento.
En la gerencia de la comunicación y del conocimiento, existe una
responsabilidad de las instituciones de información por el conocimiento,
por la conversión de la información en conocimiento. La información
es el reflejo de la realidad, el conocimiento exige como primer paso de la comprensión
del contenido de los mensajes recibidos, las bibliotecas pueden ayudar mucho en
la forma de presentación de la información con el fin de facilitar
su comprensión y el conocimiento.
En el contexto de la gerencia
del conocimiento, se ha revelado la función pedagógica de los servicios
de información como un aspecto crucial para su desarrollo en el contexto
gerencial actual. Los especialistas en información obstentan ahora como
nunca antes una responsabilidad por el conocimiento de quienes son sus usuarios,
por el perfeccionamiento de los productos y servicios que suministran con un fin
específico, facilitar la percepción, comprensión y utilización
de la información en sus actividades. Un ejemplo, de servicio de información
conforme a los requerimientos de la práctica de la gerencia del conocimiento
en una institución son las denominadas reuniones informativas, un evento
en el que a partir de una exposición primaria sobre algún aspecto
novedoso del conocimiento en el área de interés de sus participantes,
se debate sobre sus posibilidades de implementación para el mejoramiento
del quehacer organizacional.
En este sentido, los grupos de calidad son un factor aglutinante, la filosofía de la calidad integra y subordina actividades muchas veces independientes, la investigación y la educación se colocan en función de la solución de los problemas de la calidad, causados por deficiencias del conocimiento.
Históricamente, las bibliotecas fueron las
primeras instituciones sociales dedicadas al almacenamiento de los productos de
la cultura espiritual de la humanidad. Las insuficiencias de la teoría
bibliográfica y bibliotecológica se deben a la ausencia de leyes
y teorías que expliquen los hechos de estas actividades y posibiliten la
elaboración de una metodología científicamente fundamentada
para estas actividades, así como a la fragilidad de la base metodológica
que la sustenta caracterizada por la ausencia de métodos tales como la
modelación, la hipótesis y la experimentación utilizados
por las ciencias modernas, que hace que prevalezcan evaluaciones cualitativas
especulativas, sin análisis cuantitativo que las fundamenten.
Las
ciencias del complejo bibliológico-informacional pueden transformarse en
disciplinas verdaderamente científicas, si sus profesionales e instituciones
concedieran la prioridad apropiada y las energías necesarias a la investigación.
Existen campos del conocimiento que no requieren de una base científica
para su práctica; la investigación crea una base sólida para
la práctica y es un medio indispensable para su perfeccionamiento. El incremento
de las investigaciones científicas en todos los campos del quehacer humano
es una tendencia creciente en los últimos años que ha invadido hasta
las artes y los deportes como resultado de la amplia penetración de la
ciencia en la vida de todos los sectores de la sociedad.
Aun para
los que consideran a estas disciplinas como un arte, resulta esencial el desarrollo
de una sólida base soportada en la investigación. En este sentido,
T Childers afirma: "El arte puede perfeccionarse, no suplantarse por
la ciencia, no importa cuán apasionadamente esta área del conocimiento
se involucre en las investigaciones, el arte será la fuerza dominante,
porque estos campos son y serán esencialmente la práctica de un
arte". Sin embargo, es necesario transformar el arte en un arte vigoroso
que se soporte en la ciencia.
El número de investigaciones
que se realizan en el campo de las ciencias de la información es insuficiente,
muchas de ellas son de carácter aplicado, poco generalizables, episódicas,
fragmentadas y carecen de la relación necesaria entre ellas. Esto imposibilita
la acumulación y edificación de un conocimiento profundo. El énfasis
de las investigaciones se ubica en el desarrollo (cómo hacer las cosas
mejor) en lugar de en las investigaciones básicas (cómo comprender
las cosas mejor). Esto puede obedecer a que las instituciones están mas
ocupadas en responder a necesidades prácticas inmediatas. Es oportuno señalar
que la verdadera investigación nace cuando alguien se pregunta "Por
qué" y que sin explicación no hay ciencia. Ello ha llevado
a una crisis teórica de las ciencias de la información que se extiende
hasta el presente, donde el vertiginoso desarrollo de las tecnologías enturbia
y agudiza significativamente las principales deficiencias.
La madurez
de un área de estudio se valora por la actividad de investigación
que la soporta. El aumento de la actividad de investigación genera un aumento
del conocimiento, el que, a su vez, se refleja en la cantidad y calidad de la
literatura que se publica.
A pesar de obstáculos como la reducción
de fondos, la carencia de tiempo, así como la falta de entrenamiento y
de interés del personal, se ha impulsado considerablemente la investigación
en el sector. El número de tesis doctorales se ha incrementado notablemente
en los Estados Unidos desde 1940. Estos trabajos, sin embargo, están orientados
en su mayoría a la solución de problemas prácticos y emplean
con frecuencia métodos históricos. La investigación no es
aún parte de la conducta diaria de los especialistas en información.
Por ejemplo, existen evidencias de que aproximadamente el 60% de los doctores
que se gradúan no publican otros trabajos con posterioridad al de su tesis.
Es necesario cultivar una actitud crítica hacia los principios, políticas
y procederes bibliotecarios entre los estudiantes, proveer un conocimiento adecuado
sobre los métodos para la realización de las investigaciones, así
como estimular la ejecución de investigaciones básicas.
En
un estudio realizado con la revista "College and Research Libraries",
se halló que la encuesta fue la principal herramienta de investigación
utilizada y el cuestionario el medio de recolección de los datos primarios.
La mayoría de las investigaciones bibliotecarias se han caracterizado por
una excesiva descripción y una carencia de explicaciones para los hallazgos,
de los porqué de esos comportamientos, ni de las implicaciones para la
gestión bibliotecaria, es decir de su relación con la actividad
institucional. Hacia mediados de los años 80, es posible encontrar algunos
enfoques sociológicos en el diseño y la recolección de los
datos, pero solo, un limitado rango de técnicas para el análisis
de datos.
Se deben desarrollar modelos, hipótesis, teorías
y después probarlas. Es muy difícil con la particularidad que muestran
la mayoría de las investigaciones que se realizan en las bibliotecas extrapolar
sus resultados. Es necesario probar si lo general es útil en los contextos
particulares.
Es necesario la desmitificación de la investigación científica como actividad especializada, circunscrita y accesible solo a determinados individuos y grupos con elevados niveles de conocimiento que se han designado únicamente para tal fin. La investigación ha de convertirse en una actividad y en una actitud de todos ante el trabajo. Su masificación es una condición importante para el perfeccionamiento de todo el trabajo de la organización.
Las investigaciones psicológicas en la actividad informacional
están asociadas a la preocupación con los efectos de los estilos
administrativos sobre el clima institucional, la satisfacción con el trabajo,
los efectos de la tecnología y el comportamiento de los usuarios. Igualmente,
se relacionan con los patrones de la comunicación verbales y no verbales
de los bibliotecarios; en particular, en los procesos interactivos de referencia,
con el fin comprender el comportamiento del bibliotecario en su contexto profesional.
Dichas investigaciones se iniciaron, a comienzos de los años 50, con estudios
dirigidos a identificar las actitudes hacia los cambios y buscar las formas de
cambiarlas.
Determinar cuáles conductas incrementan la satisfacción,
estimulan el uso de los servicios bibliotecarios, mejoran el ambiente o promueven
las decisiones administrativas son algunos de los propósitos que se proponen
las investigaciones de carácter psicológico. Lograr una distribución
más económica de los recursos, es decir, suministrar un servicio
más efectivo es su fin esencial. Identificar los medios de atraer usuarios,
de convertirlos de potenciales a reales y de servir mejor a la comunidad es un
elemento vital en la conversión de la biblioteca en una institución
más accesible y más dinámica en la sociedad.
El propósito
de la investigación psicológica es observar, predecir y cambiar
actitudes. Si se conoce quién desea qué, puede ofrecérsele;
si se conoce quién vendrá, pueden ajustarse los horarios; si se
conocen los principales usuarios pueden ajustarse las colecciones para satisfacer
sus necesidades; si se conocen los subgrupos de la comunidad, puede programarse
la actividad de acuerdo con éstos y si se conoce cuántos están
satisfechos con qué, entonces sabremos qué se debe seguir haciendo.
Las redes humanas de comunicación cumplen con una función informacional
crucial en la organización. Hasta tanto los profesionales de la información
reconozcan su existencia y aprendan a trabajar con ellas en el planeamiento y
el suministro de los productos y servicios de información, los sistemas
de información nunca lograrán obtener una efectividad alta en el
suministro de sus recursos de información.
Durante los años
70, emergió un nuevo paradigma para la realización de los estudios
de usuarios, caracterizado por el enfoque a los valores del usuario, así
como por el análisis de la utilidad y el valor de los sistemas de información.
En éste, se examina cómo las personas cobran conciencia de su mundo,
cómo la información actúa en este proceso y cómo las
personas buscan información sobre determinadas situaciones en las cuales
su conocimiento es incompleto.
Por el contrario de como ocurría antes,
los sistemas se adaptan actualmente a los usuarios. Ahora existe un mayor énfasis
en identificar las características de los usuarios que en hallar el rendimiento
de los sistemas con medidas tales como la precisión y el recobrado.
Un sistema de información es una combinación de una o varias fuentes de información, las que unidas a un mecanismo de recuperación y acceso, permiten su manipulación o uso. Su fin hasta muy recientemente fue conectar al usuario con una o varias fuentes de información relevante, con la expectativa de que este será capaz de recuperar e interiorizar una porción de información necesaria para obtener un conocimiento que satisface una necesidad (etapa de transmisión de la información). El momento actual se caracteriza por la transformación de la información, por la gestión del conocimiento.
La ciencia y la tecnología han adquirido una enorme importancia
en la sociedad actual, debido, en gran parte, a la gran influencia que ejercen
en el desarrollo económico, político y cultural de los diferentes
países. Paralelamente, ha surgido la necesidad de evaluar el rendimiento
de la actividad científica y su impacto en la sociedad con el fin primordial
de adecuar convenientemente la asignación de los recursos destinados a
la investigación y el desarrollo, un punto indispensable en la planificación
y gestión científica de cualquier institución o país
para obtener una rentabilidad máxima en sus inversiones.
Desde
principios del siglo, se han empleado indicadores bibliométricos para medir
la actividad científica, basados en el análisis de datos cuantitativos,
proporcionados por la literatura científica y técnica. La utilización
de análisis estadísticos para el estudio y la valoración
de la producción científica y tecnológica constituye una
disciplina relativamente joven el mundo. Algunos de los primeros trabajos realizados
en el campo de la bibliometría fueron el resultado de una curiosidad innata
por entender el desarrollo científico. Así, el primer estudio de
esta categoría, de F J Cole y N B Eales en 1 917, analizó
los trabajos de anatomía, aparecidos según países entre los
años 1 543 y 1 860.
En 1 923, E W Hulme utilizó
el número de trabajos publicados para comparar la productividad científica
entre diversos países. Muy interesado en la relación existente entre
publicaciones científicas y la actividad económica, habló,
por primera vez de bibliografía estadística, un concepto predecesor
de la bibliometría. En 1 927, los trabajos de P L K Gross y E
M Gross contaron las referencias citadas en los artículos publicados
en J AM Chem Soc, como medio para identificar las revistas claves en un
tema.
En 1 939, los trabajos de J D Bernal fueron de los primeros
en abordar la función social de la ciencia en sus aspectos de política
y administración científica mediante el estudio cuantitativo de
la literatura y de los científicos. En 1 949, H H Fussler aplicó
esta técnica a la física y la química en los Estados Unidos.
Pero no fue hasta 1 963 que Price acuño el concepto de Ciencia de la Ciencia,
un término que abrió las puertas a la aplicación de los recursos
y métodos científicos al análisis de la propia ciencia.
Es a partir de los trabajos de Lotka (1 926), Bradford (1948)
y Zipf (1 949) que propusieron sus modelos teóricos de productividad
de los autores científicos, dispersión de las publicaciones y de
las palabras en los textos respectivamente, así como de otros posteriores
como Brookes, Kendall, Simon y Bookstein que se pudo
comprobar que la literatura presenta un comportamiento estadístico regular.
En 1 965, D J S Price, formuló la ley del crecimiento
exponencial de la ciencia, cuyo cumplimiento puede observarse durante los últimos
tres siglos. En 1969, A Pritchard definió el término bibliometría.
En 1 969, V V Nalimov y Z M Mulchsenko definieron la "cienciometría".
En 1 973, Price demostró que todas las distribuciones bibliométricas
se ajustan a distribuciones hiperbólicas de ventaja acumulativa, según
la cual el éxito genera éxito.
Hacia los años
60, se produjo un gran auge de los estudios bibliométricos para medir los
resultados de las investigaciones debido a dos causas fundamentales: el paso de
las bases de datos a formato electrónico, que facilitó en gran medida
la búsqueda de información y el crecimiento de la demanda de las
autoridades responsables de la planificación científica para evaluar
la eficacia de sus políticas. En este sentido, puede citarse el denominado
Informe Frascati, publicado en 1976 por la OCDE, donde se trató
el tema de la normalización de los indicadores para medir las actividades
de investigación y desarrollo.
En Estados Unidos, a partir
de 1 972, la Fundación Nacional para la Ciencia ha publicado cada dos años
Science Indicators, una compilación de indicadores para examinar el progreso
científico en el país. Los seminarios de la OCDE de 1 980 y 1 985,
dedicados al estudio de los recursos existentes par valorar el progreso de la
ciencia y los indicadores existentes par valorar el desarrollo de la ciencia y
la tecnología generaron una amplia bibliografía sobre el tema. Un
paso importante hacia la institucionalización de la Cienciometría
fue la creación en 1 978 de la revista titulada Scientometrics. En 1 980,
la Federación Internacional de Documentación (FID) creó el
comité de informetría de la organización, con sede en la
India. En 1 980, R Hjerppe realizó una revisión bibliográfica
incompleta sobre bibliometría, índices métricos y análisis
de citas en la que registró 2 034 trabajos.
El crecimiento
de los estudios métricos se inscribe dentro del esfuerzo por elevar la
eficiencia de las instituciones de información y la matematización
de la ciencia. Es una de las líneas de investigación de las ciencias
de la información.
Recibido: 19 de diciembre del 2003 Aprobado:
20 de enero del 2004
Lic. Rubén Cañedo Andalia
Red
Telemática de Salud en Cuba (Infomed). Centro Nacional de Información
de Ciencias Médicas. Calle 27 No. 110 entre N y M, El Vedado. C P 10 400,
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1 Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología. Red Telemática de Salud en Cuba (Infomed) Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas.