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Breve reseña sobre la biblioteca pública en Cuba antes de 1959

MsC. Miguel Viciedo Valdés1

Resumen

Se abordan los principales antecedentes de la biblioteca pública cubana en el período prerrevolucionario, antes de 1959; las principales instituciones bibliotecarias creadas en la época colonial y su repercusión en la vida cultural de la sociedad y su permanencia en el tiempo, a pesar de los fracasos y la falta de apoyo financiero estatal; así como el deterioro de las bibliotecas públicas, durante 58 años, como reflejo de la depauperación política, económica y social de nuestro lperíodo republicano.

Palabras clave: Bibliotecas públicas, historia, Cuba.

Abstract

The main antecedents of the Cuban public library in the pre-revolutionary period, before 1959, the main librarian institutions created in the colonial epoch, their impact on the cultural life of the Cuban society and their permanence in time, in spite of the failures and of the lack of financial state support; as well as the deterioration of the public libraries for 58 years, as a reflection of the social, economic, and political impoverishment of the Cuban republican period, are dealt with in this paper.

Key words: Public libraries, history, Cuba.

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Cita (Vancouver): Viciedo Valdés M. Breve reseña sobre la biblioteca pública en Cuba antes de 1959. Acimed 2005;14(1). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol14_1_06/aci10106.htm Consultado: día/mes/año.

Emilio Roig de Leuchsenring, en su obra “Lo que es y para lo que es una verdadera Biblioteca Pública”, expresó: “Biblioteca pública creada y mantenida por el estado, no existió ninguna en la Isla de Cuba, durante la colonia. En lo que medió entre Estrada Palma y el final del gobierno de Grau, nada se hizo por superar la obra de etapa anterior, excepto en las instituciones que tienen sus orígenes en el siglo XIX”.1

Esta aseveración de Emilio Roig, contundente, fatalista, pero esclarecedora de la realidad de las bibliotecas públicas en Cuba desde finales del siglo XVIII hasta la década de los 50 del pasado siglo XX, se coloca en el umbral de un “período gris” para esta clase de instituciones en el país. Sin embargo, es necesario señalar que algunas de ellas, surgidas en los años de la colonia, contaron con cierto apoyo financiero privado y foráneo para su mantenimiento y el desarrollo de sus colecciones, mientras que otras, la minoría, creadas a principios de 1950, recibieron una escasa ayuda del gobierno que apenas les alcanzó para adquirir libros.

El acontecer de estas instituciones en Cuba, que se expondrá a continuación, evidencia su realidad contrastante con el florecimiento de las bibliotecas en la arena internacional de regiones europeas y de América del Norte.

Período colonial

Si se considera que el período colonial en Cuba abarca desde 1492, fecha del descubrimiento de la isla, hasta 1898, año en que se produjo la intervención norteamericana, entonces puede considerarse que en este lapso de tiempo se crearon dos bibliotecas públicas: la primera, la Biblioteca Pública de la Sociedad Económica de Amigos del País, en 1793, y la segunda, la Biblioteca Pública de Matanzas, en 1835. Pero, si se asume que la República en Cuba no se estableció hasta 1902, luego de aprobada y establecida la constitución, entonces a estos efectos fueron tres bibliotecas públicas las que se fundaron, porque habría que contemplar a la Biblioteca Municipal de Santiago de Cuba, inaugurada en 1899.

Estas tres instituciones bibliotecarias, con una marcada significación para la cultura local y nacional, constituyen los antecedentes más inmediatos de la Biblioteca Pública en Cuba. En este sentido, tuvo un significado especial la creada por la Sociedad Económica de Amigos del País, al ser la primera y la que mayor tiempo mantuvo un servicio sistemático en los años de la colonia y la república, gracias al apoyo de personas e instituciones privadas y también a cierto apoyo estatal en la época de la república.

La Biblioteca Pública de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP)

Las sociedades económicas de amigos del país fueron un resultado de la cultura anglosajona que se propagó por toda Europa como consecuencia de la Revolución Industrial Inglesa y el Iluminismo francés. Estas sociedades adoptaron diversos nombres, según se consideraran sociedades económicas o patrióticas, y su creación se relacionó con necesidades de carácter económico, la búsqueda de soluciones para el mejoramiento económico de un país, la obtención del reconocimiento como nación o al bien de la sociedad en general. Bajo este espíritu, nacieron las sociedades económicas de amigos del país en España y en su colonia de Cuba. “La fundación de la SEAP en Cuba, al igual que en los demás países se debe a la propagación de las ideas del “Siglo de las luces” y a la urgente necesidad de emprender las reformas de la vida de la sociedad en búsqueda de su propia personalidad y valor” (Martínez Gutiérrez K, Reyes León R. La Sociedad Económica de Amigos del País: su incidencia en la bibliotecología cubana. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Información Científico -Técnica y Bibliotecología]. La Habana : Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, 1977).

La SEAP se formó e integró con lo mejor de la intelectualidad cubana, los llamados hacendados o burguesía terrateniente azucarera y cafetalera, amantes del progreso económico, y por criollos y peninsulares en pro del bien de la Isla de Cuba a pesar de la monarquía española. La SEAP nació primero como sociedad patriótica, en 1792, en una época de luchas y contradicciones políticas y económicas entre clases, así como de influencia de importantes hechos foráneos como: La Gran Revolución Francesa de 1789 y la Revolución de Haití de 1791. La primera insufló en estas clases, el espíritu de libertad, fraternidad e igualdad que animó a la pequeña burguesía francesa aliada al campesinado en la Francia de Luís XVI; la segunda, acrecentó el miedo al negro por parte de los terratenientes esclavistas ante la posibilidad de que un fenómeno de esa magnitud incentivara una sublevación de esclavos en Cuba y pusiera en peligro el patrimonio económico de sus dueños.

El 11 de julio de 1793 se inauguró la Biblioteca Pública de la SEAP, la primera de Cuba, que contó para el comienzo con un fondo bibliográfico de 1 402 volúmenes, una cifra importante si se considera que esta hasta 1794 biblioteca sólo brindó servicios a los miembros de dicha sociedad. En 1794, el Capitán General Luís de las Casas, presidente de la sociedad, propuso abrir las puertas de la biblioteca a todo el que estuviera interesado en instruirse y recibir sus servicios ( Martínez Gutiérrez K, Reyes León R . La Sociedad Económica de Amigos del País: su incidencia en la bibliotecología cubana. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología]. La Habana: Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, 1977).

Este servicio, público a partir de junio de 1794, estuvo destinado a un grupo reducido de personas, porque en esa época en Cuba sólo podían instruirse a los que su condición y clase se lo permitía. No bastaba con estar interesado, la mayor parte de los habitantes eran negros y pardos de origen esclavo, este status limitaba, entre otras cosas, el derecho a la instrucción.

La Biblioteca de la SEAP, bajo la tutela de la iglesia, permaneció en el Convento de Santo Domingo desde 1800 a 1844. Ese lugar confrontaba problemas con el espacio y su estado se hizo deplorable. Gracias a la labor de José de la Luz y Caballero, director de la SEAP en 1838, algunas personas contribuyeron económicamente y realizaron donaciones de libros para la biblioteca.

En 1844, la biblioteca se trasladó al Convento de San Felipe, bajo la administración de la SEAP. Allí permaneció hasta 1856 en que sufrió un nuevo traslado.

Para el año 1882, la biblioteca atesoraba 21 078 volúmenes. El apoyo recibido durante estos años incrementó considerablemente sus colecciones, las cuales ascendían en 1899 a 41 487 volúmenes.

Los años de la república, contradictoriamente al panorama del resto de las bibliotecas públicas cubanas, fueron de beneficio para la biblioteca pública de la SEAP. Los esfuerzos desplegados por ilustres personalidades y próceres de las guerras de independencia en el siglo XIX, su incidencia en el ambiente cultural del país y el prestigio ganado en sus relaciones con bibliotecas de países de Iberoamérica y los Estados Unidos por medio del canje de sus memorias, contribuyó al crecimiento de sus fondos y a la cantidad de usuarios, así como a la permanencia en el ámbito cultural con el respaldo de instituciones privadas y del gobierno de turno.

Así “en 1943, el presidente de la República , Fulgencio Batista, acogió los deseos de la SEAP de levantar un edificio apropiado para instalar la biblioteca pública, y le concedió a la Sociedad los productos de un sorteo especial de la lotería nacional. Como resultado del sorteo, se le entregó a la SEAP la suma de $59 850,00” ( Martínez Gutiérrez K, Reyes León R . La Sociedad Económica de Amigos del País: su incidencia en la bibliotecología cubana. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología]. La Habana : Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, 1977), cifra que no recibieron de conjunto, en los años de creadas, las bibliotecas de la Organización de Bibliotecas Populares Ambulantes.

El dinero recibido permitió a la biblioteca de la SEAP adquirir los terrenos ubicados en la avenida de Carlos III, para construir el edificio que acoge hoy a la biblioteca. Los fondos para estas labores se incrementaron, cuando en 1946 el entonces presidente de la república Ramón Grau San Martín, decretó que la SEAP recibiera $131 098.42, fruto de otro sorteo especial, para culminar las obras constructivas pendientes.

El nuevo edificio de la biblioteca pública se inauguró el 9 de enero de 1948. La flamante biblioteca, a la altura de cualquiera de sus semejantes en Hispanoamérica, disponía de las condiciones adecuadas en espacio y equipamiento tecnológico de la época para el desarrollo del trabajo bibliotecario. La proyección de una biblioteca infantil dentro de la centenaria institución reafirmaba su condición de biblioteca pública, al ofrecer también sus servicios a este tipo de usuario.

La biblioteca pública de la SEAP con este nuevo empaque se convirtió entre 1950 y 1959 en el paradigma de lo que debieron ser las bibliotecas públicas cubanas en la república, si otro hubiera sido su contexto, si otra hubiera sido su suerte. Después de 1959, la Biblioteca Nacional José Martí, asumió la dirección de esta institución como parte de las bibliotecas públicas del país.

Actualmente, el mencionado edificio alberga a la sede del Instituto de Literatura y Lingüística y a la SEAP, renacida en 1994. La biblioteca aún continúa siendo pública, el acceso es libre, pero el uso y recuperación de sus colecciones sólo está disponible para profesionales e investigadores de las ciencias sociales.

Biblioteca Pública de Matanzas

La Biblioteca Pública de la ciudad de Matanzas, tuvo un origen similar al de la Biblioteca Pública de la SEAP , al ser el resultado de la gestión de personas ilustres, miembros de la Sociedad o Diputación Patriótica que, con carácter de filial se había fundado en Matanzas a instancias de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1827. Fue el presidente de esta Diputación Patriótica, José Agustín de Ibarra, quien propuso la creación de una biblioteca. Este proyecto estuvo obstaculizado durante seis años por la falta de un local apropiado, situación que se solucionó a principios de 1835 gracias a los notables esfuerzos de Tomás Gener y Domingo del Monte , miembros de la Sociedad , y el desembolso de cerca de $ 3 000 que hizo la propia Diputación.

“Tal como estaba previsto, el domingo 8 de febrero de 1835, a las 10 de la mañana, se produjo la inauguración de la Biblioteca Pública de Matanzas. El acto fue recogido por el periódico La Aurora, en su edición del día 10”.2

La segunda de las tres bibliotecas públicas, fundadas en el período colonial cubano, abrió sus puertas al público como resultado del empeño y la voluntad de intelectuales, personalidades y burgueses de la ciudad de Matanzas pero, para cerrarlas el 19 de febrero, a sólo 11 días de su apertura. Las intrigas políticas del Capitán General de la Isla, Miguel Tacón, quien no vio con buenos ojos la creación de una biblioteca pública sin la anuencia oficial de su gobierno y el de España, conspiraron contra tan noble acción.

El 12 de marzo de 1835 reanudó sus funciones la Biblioteca de Matanzas, y permaneció abierta durante 16 años para ofrecer sus servicios a un limitado circulo de lectores de clase acomodada, la burocracia citadina y algún que otro ciudadano de inferior estrato social. Esto evidencia las diferencias conceptuales de lo que se consideraba entonces una biblioteca pública y lo que se entiende actualmente.

Las dificultades financieras y las contradicciones en la búsqueda de soluciones para un espacio fijo donde radicarla, quebrantaron la vida activa de la Biblioteca de Matanzas que estuvo sujeta al cierre y traslado en varias oportunidades. Estas dificultades no impidieron que en el primer año, los fondos de la biblioteca crecieran, principalmente a partir de donaciones de particulares.2

Para el año 1836, la biblioteca contaba con 100 volúmenes, pero ese crecimiento de los fondos se estancó, porque después de 5 años, en 1841, sólo se habían incrementado 60 volúmenes.

En 1851, la construcción de un nuevo edificio para el Ayuntamiento matancero repercutió en el desalojo de la biblioteca del local que había ocupado hasta esa fecha. Los libros fueron trasladados hacia la residencia del Regidor Don Blas de la Cruz, y la ciudad de Matanzas quedaría nuevamente sin biblioteca por espacio de 13 años.

La biblioteca reabrió en 1864, pero la felicidad de los matanceros duró muy poco porque las inquietudes políticas y la agudización de las contradicciones entre criollos y peninsulares, entre metrópoli y colonia, cuya expresión más radical fue el inicio de la Guerra de los Diez Años, ensombrecerían el normal desarrollo de la institución. “En la medida en que la contienda bélica avanzaba, se fue acentuando la decadencia de la biblioteca. Estas circunstancias conducen finalmente a su clausura, en 1874”.2

Después de las guerras de 1868 y 1895, un nuevo plan de reapertura de la biblioteca fue puesto en marcha por Eduardo Díaz, director del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza y gobernador civil. El plan fue aprobado a finales de 1898 con la designación del bibliógrafo cubano Carlos Manuel Trelles y Govin como responsable de la biblioteca. Trelles contribuyó notablemente al cambio favorable de esta institución y logró, por concepto de donativos, principalmente, incrementar el fondo bibliotecario a la cifra de 12 400 volúmenes, a finales de 1899.

A pesar de que en el período de 1898 a 1912, el crecimiento de sus fondos evidenció el avance de la Biblioteca Pública de Matanzas, ella no llegó a convertirse en un apoyo para la educación popular en la ciudad. La malograda independencia del yugo español y el paso a la dependencia de los Estados Unidos fueron factores que entorpecieron el logro de este fin.

La “reanimación económica” de la biblioteca llegó en el período de 1906-1907. Por primera vez, desde su creación la biblioteca tenía un respaldo oficial del gobierno, al incluirse en el presupuesto económico del país para ese año. La suma de $500 anuales fue asignada para la adquisición de libros, cantidad que llegó a ser de $1 000 entre 1910 y 1921. Aunque posterior a esa fecha, el presupuesto se mantuvo con la cifra anterior, en dependencia de los vaivenes de la propia república, “pero representaba al menos un pequeño apoyo material para la institución”.2

El 27 de febrero de 1940, la Asociación de Amigos de la Cultura Cubana promovió la imposición a la biblioteca del nombre Biblioteca Pública Gener y Del Monte, para saldar así una deuda histórica de los matanceros con los creadores de esta institución en la ciudad. Al acto, asistieron prestigiosos intelectuales cubanos como: el Dr. José María Chacón y Calvo, Director de Cultura del Ministerio de Educación, el Dr. Emeterio Santovenia; miembro de la Academia de la Historia de Cuba y el Dr. Medardo Vitier, ex secretario de educación, entre otros.

En 1942, la Biblioteca Gener y Del Monte se reinstaló en una nueva edificación en la que permaneció hasta los primeros años de la Revolución Cubana. Luego, en 1962, como integrante de la Red de Bibliotecas Públicas del Consejo Nacional de Cultura, inició un período de transformaciones que cambiaron su estructura y organización en beneficio de su labor bibliotecaria.

Los cambios se tradujeron en mejorías que llevaron a la fusión de esta biblioteca con la biblioteca pública Ramón Guiteras, fundada en 1955, y a su establecimiento definitivo en el edificio que hoy ocupa, con nuevas proyecciones de trabajo en beneficio de la población de la ciudad.

Biblioteca Pública de Santiago de Cuba

La tercera y última biblioteca pública, la de Santiago de Cuba, se fundó prácticamente en las postrimerías del período colonial. Cuando la etapa insurreccional de 1895 terminaba con el fracaso para los cubanos después de varios años de abnegada lucha por lograr la independencia, el alcalde municipal Emilio Bacardí Moreau, “preocupado por la situación cultural de la población y la posible pérdida de objetos y documentos provenientes de nuestras guerras de independencia, tuvo la idea de crear un museo y una biblioteca”.3

La nueva instalación museo-biblioteca se creó el 12 de febrero de 1899, y como director se nombró a José Boffil, cargo que ocupó hasta 1927.

Como sus semejantes: la Biblioteca de la SEAP y la de Matanzas, la Biblioteca Pública de Santiago de Cuba, padeció los traslados de edificios en los años 1900, 1903 y 1927. Pero a diferencia de aquellas y tal vez, precisamente por haber nacido a finales del siglo, cuando otros aires soplaban además de las influencias extranjeras, la biblioteca-museo, en 1902, se encargó de la organización de bibliotecas públicas en diversos lugares de la ciudad de Santiago. Esta labor, desarrollada por la incipiente biblioteca vino a ser, al paso de los años, el antecedente histórico más remoto de la organización de la red de bibliotecas públicas en Santiago de Cuba, antes de 1959.

En 1922, luego de la muerte de Emilio Bacardí Moreau, su viuda Elvira Cape, junto a Juan María Ravelo Asensio y Jorge Chávez Milanés se hizo cargo del proyecto para el nuevo edificio de la institución. El 28 de octubre de 1922 se colocó la primera piedra en el solar cedido para esta obra en construcción y el 28 de agosto de 1927 quedó inaugurado el edificio.

La biblioteca abrió sus puertas con el nombre de Biblioteca Municipal “Elvira Cape” y el historiador y periodista catalán Ginestá Puncet como su director. Los únicos responsables de la atención al público fueron el director, su auxiliar y una empleada para la limpieza.

Desde su creación hasta 1959, la biblioteca tuvo aproximadamente 17 directores diferentes con excepción de Francisco Lara quien la dirigió en dos períodos diferentes 1942-1954 y 1946-1950. Esta inestabilidad en la dirección de la biblioteca evidenciaba la influencia de la adversa situación económica social republicana en el desarrollo de la institución. El cambio constante de directores no contribuyó al establecimiento de un plan o estrategia en función de la organización y mejoramiento de la biblioteca, al crecimiento de sus colecciones. La falta de apoyo estatal se reflejó en la precariedad económica y técnica que la caracterizó durante los años de república.

En 1956, la colección de la biblioteca ascendió a 22 000 volúmenes que no estaban clasificados ni catalogados. ¿Cómo entonces podrían identificarlos para ponerlos al servicio del público, si además de esto el museo y la biblioteca compartían un presupuesto anual de $800.00?

En este sentido, Rafael De Nacimiento señala: “En toda la seudorrepública la biblioteca se mantuvo como un simple almacén de libros, esto era el concepto más propagado que se tenía de un establecimiento de esta índole en esa etapa histórica de nuestra ciudad”.3

En estas condiciones, encontró el Gobierno Revolucionario la Biblioteca Pública “Elvira Cape”, en 1959. En 1962, como parte de los cambios que se produjeron en el país, ella pasó a formar parte de la Red de Bibliotecas Públicas del Consejo Nacional de Cultura al igual que la “Gener y Del Monte” de Matanzas.

El 19 de diciembre de 1963 la biblioteca fue inaugurada en su nuevo local de la calle Heredia, en el edificio de la antigua Sociedad Colonia Española de Santiago de Cuba, luego de reorganizarse por el personal técnico de la Biblioteca Nacional. El discurso de apertura fue pronunciado por José Antonio Portuondo, Rector de la Universidad de Oriente.

En octubre de 1967, la Dirección Nacional de Bibliotecas que radicada en la Biblioteca Nacional designó al bibliotecario Emilio Setién Quesada como Director Provincial de Bibliotecas Públicas de Oriente. La labor realizada por Setién Quesada en esta parte de la Isla, contribuyó a la creación de nuevas bibliotecas y al fortalecimiento de las existentes. Al concluir su misión, el 10 de enero de 1973, él dejó iniciados los planes para la creación de esas bibliotecas, lo que se materializó a partir de 1976 con la nueva división político-administrativa y la fundación de las 10 instituciones culturales básicas en cada municipio, propuestas por el Ministerio de Cultura.

La biblioteca pública en el período republicano

Apenas finalizada la Guerra Grande en 1878, se apreciaban evidencias del control económico que ejercían los Estados Unidos sobre el comercio exterior cubano en renglones económicos como el café, el tabaco y especialmente sobre el azúcar. Este último producto, muy cotizado en el mercado mundial por su alta calidad a pesar de producirse en plantaciones azucareras con mano de obra esclava, y en ingenios donde aún la tecnología para la producción industrial no estaba a la altura de la utilizada en otras partes del mundo, competía con el azúcar de menor calidad que producían, con mano de obra libre, países como Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, los que en aquellos tiempos habían abolido la esclavitud en sus territorios. Los Estados Unidos, además de controlar el comercio exterior, eran los suministradores de esclavos a los terratenientes esclavistas cubanos en un comercio ilícito y clandestino conocido como trata negrera, aún después de la prohibición del tráfico ilegal por Inglaterra en 1835 y de haberse declarado la abolición de la esclavitud por la República en Armas, en 1871.

El año 1898 marcó un cambio de metrópoli y la adopción de un nuevo s tatus. La colonia española se convirtió en neocolonia norteamericana. Los incidentes acaecidos con la explosión del acorazado norteamericano “Maine”, en aguas territoriales cubanas, “justificó” ante el mundo la intervención de las fuerzas armadas estadounidenses en el territorio nacional. Como consecuencia de este hecho bélico, conocido en la historia como Guerra Hispano-Cubana-Norteamericana, se firmó el Tratado de París en virtud del cual España entregó a los Estados Unidos la Isla de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y las Islas Guam.

En 1901, en asamblea constituyente fue aprobada la constitución que regiría los destinos de la república bajo la fiscalización del gobierno interventor. En 1902, se inició oficialmente la historia de la república mediatizada cuyo control económico y político se mantuvo en manos de los Estados Unidos por espacio de 58 años.

Una cadena de significativos acontecimientos de carácter nacional e internacional, que se expondrán a continuación, marcó el paso de la República y la decadencia de una nación que se sumió en el subdesarrollo económico y la depauperación de la sociedad cubana.

En la primera década del siglo, en 1906, se produjo la llamada “Guerrita de agosto” entre liberales y conservadores, que puso de manifiesto la inestabilidad política en el país y provocó la segunda intervención norteamericana en Cuba. Seis años después, en 1912, la sublevación del partido Independientes de Color fue otra muestra de esa inestabilidad que amenazó con poner a la isla al borde de una tercera intervención norteamericana.

En el contexto internacional, en 1914, comenzó la Primera Guerra Mundial que culminó con el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en 1917, el surgimiento del primer país socialista del mundo y una nueva formación económica- social. Bajo esta influencia, se creó en 1921, la Internacional Comunista.

Por otra parte, en la isla, Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena crearon, en 1923, la primera universidad popular. En 1925, se fundó el primer Partido Comunista de Cuba a instancias de Mella, Villena y Carlos Baliño, entre otros.

En ese mismo año, asumió la presidencia Gerardo Machado para protagonizar uno de los períodos más corruptos y críticos de la historia de Cuba, período de gobierno que reafirmó el carácter monoproductor y monoexportador de la economía cubana, y propició la huelga general y la Revolución del 30 con marcada tendencia antimperialista, en medio de la crisis económica desatada en el mundo, en 1929.

En 1939, se inició una segunda conflagración mundial que acrecentó la deuda e incrementó las ganancias de la oligarquía cubana dominante. Las puertas de Cuba se abrieron a la entrada de inmigrantes extranjeros que huían de la guerra. Posteriormente, en 1940, se convocó a la Asamblea Constituyente para la aprobación de la constitución más progresista de América en su época, así como a nuevas elecciones presidenciales.

La sucesión de un grupo de gobiernos entreguistas como los de Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás , en 1944 y 1948 respectivamente, culminaron con el golpe de estado de Fulgencio Batista en 1952, hecho violento que tuvo como respuesta el Asalto al Cuartel Moncada, en 1953, por Fidel Castro y un grupo de revolucionarios y el desarrollo de un movimiento de liberación nacional que tuvo su expresión más alta en el triunfo revolucionario de 1959.

Todos estos hechos ilustran el panorama socio-político interno de Cuba, muestran la imposibilidad de que Cuba pudiera soñar siquiera con tener bibliotecas públicas al estilo de las de Europa occidental, Estados Unidos o cualquier país de América Latina con un entorno económico más halagüeño.

Situación de las bibliotecas públicas en la República

En 1938, se celebró la Asamblea Nacional Pro Bibliotecas, evento organizado por un grupo de bibliotecarios e intelectuales cubanos entre los cuales se encontraba María Teresa Freyre de Andrade , quien fue electa su vicepresidenta. Uno de los acuerdos más importantes tomados en la asamblea fue la creación de la Asociación Bibliotecaria Cubana. Este acontecimiento evidenció la existencia de un movimiento bibliotecario en el país, a pesar de los desmanes de la República.

Fermín Peraza, destacado bibliógrafo cubano, fue uno de los defensores de la existencia de bibliotecas públicas organizadas y catalogadas, donde los actos de propaganda pública interesaran al ciudadano en la lectura (Casero Mesa E, López Quintero B. Bibliotecas públicas: Cuba 1933-1958. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología]. La Habana : Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, 2000). Pero las administraciones municipales, con el presupuesto que recibían, en lugar de crear bibliotecas con los recursos materiales y humanos necesarios para su funcionamiento, montaban salones de lectura con insuficientes colecciones, debido a la pobre asignación para cubrir las necesidades imprescindibles de servicios, adquisición de libros y salarios para el personal bibliotecario. Con relación a este asunto, otro intelectual connotado, Herminio Portell Vilá, aseguraba que había fundadas sospechas de que los créditos consignados en el presupuesto municipal se dedicaban a los gastos de politiquería sin considerar las necesidades de las bibliotecas instaladas en viejos edificios alquilados y sin condiciones adecuadas (Casero Mesa E, López Quintero B . Bibliotecas públicas: Cuba 1933-1958. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología]. La Habana : Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, 2000).

A pesar de esta crítica situación, se realizaron esfuerzos por parte de profesionales, asociaciones e instituciones culturales en pro del avance de estas unidades de información desde el punto de vista de su organización y de la superación profesional de los bibliotecarios. El panorama socioeconómico cubano no fue un valladar para que la intelectualidad cubana se desarrollara en el campo de la bibliotecología y que, en este sentido, pudiera estar a tono con el avance de otros países del mundo.

En medio de este entorno adverso, se aprobó en asamblea constituyente la Constitución de 1940 al mismo tiempo que el candidato a la presidencia Fulgencio Batista ganaba las elecciones. Esta constitución, favoreció la confección de una legislación relativa a las bibliotecas, su personal y asociaciones afines. El logro se debió al empeño de asociaciones y de cubanos interesados en el desarrollo de estas instituciones públicas.

La materialización de esta legislación se produjo desafortunadamente en el segundo período de mandato de Fulgencio Batista , en momentos en que la corrupción administrativa, el gangsterismo, la malversación de los fondos públicos, la suspensión de garantías constitucionales estaban a la orden del día; incluso se produjo la derogación de la Constitución de 1940. Si durante el primer período de gobierno, con la aprobación de una nueva constitución, no hubo una verdadera solución de los principales problemas que presentaba el país, poco podría esperarse en una segunda vuelta, provocada por un golpe de estado, donde el ambiente se tornó sórdido para las bibliotecas públicas.

A pesar de todo, se creó la Organización de Bibliotecas Ambulantes Populares (ONBAP), mediante el Decreto Ley 1810-1954 publicado en la Gaceta Oficial No. 275 el 26 de noviembre de 1954. “Su soporte económico sería el 40 % de la recaudación del sello de cultura….., a pesar de lo cual durante el primer año de la organización sólo recibió el 20 %” (Casero Mesa E, López Quintero B. Bibliotecas públicas: Cuba 1933-1958. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Información Científico - Técnica y Bibliotecología]. La Habana: Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, 2000).

Por primera vez en la historia de Cuba, se establecía, por ley, la creación de bibliotecas públicas con el apoyo económico del gobierno. Pero lo que se logró legalmente por medio de un documento no tuvo una expresión plena en la práctica. Los fondos financieros destinados para estos menesteres no se entregaron según las cantidades establecidas, y en las municipalidades que los recibieron, sus administraciones dispusieron de ellos como entendieron. Por tanto, no fue significativa la contribución al crecimiento de la red de bibliotecas públicas ni al mantenimiento de las existentes.

Al referirse a esta situación, en su artículo “El desarrollo de la Biblioteca Nacional durante 75 años y su influencia en el movimiento bibliotecario del país”, Setién expresó que “de las 108 bibliotecas públicas existentes, 13 no llegaban a los 1 000 volúmenes después de más de 20 años de creadas, 12 no alcanzaban esa cifra después de 10 años de existencia. Más de 12 no podían dar información sobre su colección. De estas bibliotecas, 42 estaban concentradas en la provincia de La Habana , fundamentalmente en el área metropolitana”.4

Para el año 1958, sólo se habían creado 21 bibliotecas populares con una asignación mensual de un presupuesto que ascendía a $225.00 para cubrir sólo gastos de personal, alquiler y mantenimiento.

No obstante, en el duro bregar de las bibliotecas públicas por los entuertos de la república, se distingue la labor desplegada por la prestigiosa institución femenina Lyceum Lawn Tennis Club desde su sede de Calzada y 8 en El Vedado habanero. Esta institución, desde su biblioteca pública, desarrolló, a instancias privadas, un conjunto de servicios bibliotecarios y actividades dirigidas a elevar la cultura de la población y a formar profesionalmente a bibliotecarios e interesados. Fue María Villar Buceta la iniciadora de los estudios bibliotecológicos en Cuba junto a personalidades de la talla de María Teresa Freyre de Andrade y Jorge Aguayo entre otros. Estos profesionales organizaron los llamados “ Cursos de iniciación bibliotecológica ” con un programa de asignaturas que incluía “Lenguaje”, “Escritura”, “Burocracia bibliotécnica”, “Encuadernación”, “Clasificación”, “Psicología del lector”, “El Libro y la imprenta”, “Catalogación”, “Musicalia” y “Mapoteca”.

El Lyceum, como comúnmente se le denominó, realizó una importante contribución a la bibliotecología cubana en la primera mitad del siglo XX. Paralelamente, un grupo de asociaciones trabajaron por lograr una mejoría en la educación y la cultura de Cuba, por ejemplo: la Asociación Cubana de Bibliotecarios, la Federación Nacional de Bibliotecas Públicas, la Asociación Cubana de Estudios Históricos Internacionales, el Instituto del Libro, la Asociación Bibliográfica Cultural de Cuba, Amigos de la Cultura Cubana e Índice de Matanzas, la Asociación de Amigos de la Biblioteca Nacional, así como otras radicadas en diferentes provincias.

No se puede dejar de mencionar algunas bibliotecas públicas que se fundaron a lo largo de 58 años y que, independientemente de la precariedad económica por la que pasaron, mantuvieron abiertas sus puertas, en la medida que las condiciones se lo permitieron, y brindaron servicios a la población que acudió a ellas. En este sentido, una de las primeras bibliotecas que se creó recién estrenada la república fue la Biblioteca Nacional , el 18 de octubre de 1901, en su sede del Castillo de la Real Fuerza, con Domingo Figarola-Caneda como director.

En 1920, se fundó la Biblioteca Municipal de La Habana que dirigió durante algunos años Fermín Peraza Sarausa . Esta biblioteca, que fungió como biblioteca central, tenía 2 sucursales de barrios: una en Santos Suárez y la otra en el Cerro. Ella tenía capacidad para 22 000 volúmenes y un horario para los servicios de tarde-noche. Las sucursales tenían capacidad para 2 000 volúmenes y solo ofrecían servicio en el horario nocturno.

La Biblioteca Municipal de La Habana realizaba una serie de actividades culturales para los usuarios con grandes esfuerzos, la mayoría dirigida a los adultos porque “le estuvo vedada siempre la organización de una sección especial para jóvenes, porque ello implicaba gastos que no podían cubrir con las sumas que se le habían fijado en los presupuestos municipales”.5

Otras bibliotecas que se crearon en el período, según señala Peraza , fueron: la Biblioteca Municipal “José de la Luz y Caballero” en Sancti Spiritus, en 1915; la Biblioteca Provincial “Martí” de Santa Clara, en 1926; la Biblioteca Municipal de Cienfuegos, en 1935; la Biblioteca Municipal de Camagüey, en 1938; la Biblioteca Municipal “Enrique José Varona” de Marianao, en 1941, la Biblioteca Pública de Santa María del Rosario, en 1941 y la Biblioteca Pública Panamericana “Habana”, en 1943.6

Las palabras de Emilio Roig con que se inició este trabajo referido a las bibliotecas públicas en la etapa prerrevolucionaria sintetizan la atmósfera de vicisitudes, calamidades, aciertos y desaciertos de un período de la historia de Cuba nocivo para esta institución, la más universal de las de su tipo como se expresó.

A la Biblioteca Pública Cubana, le sucedió lo que a la historia de la humanidad, salvando la distancia, en época del Feudalismo. Su desarrollo se estancó, aunque por suerte el pujante movimiento de liberación nacional que se gestaba como contrapartida a la corrupción política y administrativa, transformaría de manera radical la imagen antecedente.

Conclusiones

Investigadores participantes

Los siguientes especialistas aportaron datos de gran utilidad para la elaboración y perfeccionamiento de la presente contribución:

Referencias bibliográficas

  1. Roig de Leuchsering E. Lo que es y para qué es una verdadera biblioteca pública. Carteles 1941;22(23):81.
  2. Vento S, Ruiz R. La Biblioteca Pública de Matanzas. La Habana : Editorial Ciencias Sociales, 1980. (Historia de Cuba).
  3. Nacimiento Colarte R de. Apuntes para la historia de la biblioteca provincial “Elvira Cape”. 2 ed. Santiago de Cuba: s.e., 1988.
  4. Setién Quesada E. El Desarrollo de la Biblioteca Nacional durante 75 años y su influencia en el movimiento bibliotecario del país. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí 1977;68,19 (1):59-94.
  5. Robes Masses R. Bibliotecas juveniles. Revista Lyceum 1952;8 (31): 27-38
  6. Peraza Sarausa F. Directorio de bibliotecas de Cuba. La Habana : Ediciones Anuario Bibliográfico Cubano, 1944. (Biblioteca del bibliotecario).

Recibido: 1 de febrero del 2006. Aprobado: 7 de febrero del 2006.
MsC. Miguel Viciedo Valdés. Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena. Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Cuba. Obispo No. 59. Plaza de Armas. La Habana Vieja, Ciudad de La Habana, Cuba.
CP 10 100. Correo electrónico: mviciedo@bpvillena.ohc.cu

1Máster en Bibliotecología y Ciencias de la Información. Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena. Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Cuba.

Ficha de procesamiento

Términos sugeridos para la indización

Según DeCS1

BIBLIOTECAS/historia; CUBA.

LIBRARIES/history; CUBA.

Según DeCI2

BIBLIOTECAS PÚBLICAS/historia; CUBA.

PUBLIC LIBRARIES/history; CUBA.

1BIREME. Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS). Sao Paulo: BIREME, 2004.

Disponible en: http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm

2Díaz del Campo S. Propuesta de términos para la indización en Ciencias de la Información. Descriptores en Ciencias de la Información (DeCI). Disponible en: http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf

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