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Contribuciones cortas

Bibliotecología: ¿ciencia o técnica? hacia un nuevo debate

Jorge del Castillo Guevara1 y Lic. Osvaldo Leal Labrada2

Resumen

La Bibliotecología es actualmente objeto de un profundo debate que busca dilucidar si esta disciplina es una ciencia o simplemente un conjunto de técnicas, si es el producto de una recolección de conocimientos y herramientas de distintos campos del saber y ello, entre otras causas, debido a una actividad histórica de investigación, desarrollada con un carácter práctico y aplicable, que la distanció del estudio de las aproximaciones epistemológicas y la investigación teórica, necesarias para la formación de una ciencia. Se examina el desarrollo de la Bibliotecología como campo de conocimiento. Se identifican algunos de los enfoques filosóficos y epistemológicos que pueden haber incidido en ella como paradigmas rectores de su evolución histórica. Se abordan algunos elementos de orden gnoseológico con el objetivo de aclarar las contradicciones que plantea el debate actual sobre el carácter científico o técnico de esta disciplina.

Palabras clave: Bibliotecología, epistemología.

Abstract

Library science is, at present, object of a deep debate that seeks to clarify if this discipline is a science or simply a set of techniques, if it is the product of a collection of know-how and tools of different fields of knowledge due, among other causes, to a historical investigation activity developed with an applicable and practical character that distanced it from the epistemological approaches and the theoretical investigation necessary for the formation of a science. The development of library science is examined as a field of knowledge. Some of the philosophical and epistemological approximations that could have influenced on it as ruling paradigms of its historical evolution are identified. Some elements of gnoseological order are dealt with aimed at clarifying the contradictions observed in the present debate about the scientific or technical character of this discipline.

Key words: Library Science, epistemology.

Copyright: © ECIMED. Contribución de acceso abierto, distribuida bajo los términos de la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual 2.0, que permite consultar, reproducir, distribuir, comunicar públicamente y utilizar los resultados del trabajo en la práctica, así como todos sus derivados, sin propósitos comerciales y con licencia idéntica, siempre que se cite adecuadamente el autor o los autores y su fuente original.

Cita (Vancouver): Castillo Guevara J, Leal Labrada O. Bibliotecología: ¿ciencia o técnica? hacia un nuevo debate. Acimed 200614(2). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol14_2_06/aci07206.htm Consultado: día/mes/año.

Desde los albores del siglo XIX, cuando Martín Scherettinger publica su estudio sobre la Ciencia de la Biblioteca , data la polémica sobre la Bibliotecología como campo del saber. Desde los primeros momentos de las bibliotecas, diferentes autores han estudiado su quehacer y hecho importantes aportes; así, por ejemplo, Calímaco, llamado posteriormente el creador de la ciencia bibliotecaria, director de la célebre biblioteca de Alejandría y cuya función no se limitaba sólo a la conservación y custodia de sus colecciones documentales, sino también a la enseñanza y la investigación, diseñó un famoso catálogo, compuesto por 120 libros sobre los manuscritos de la biblioteca.

La Bibliotecología ha experimentado un largo proceso de formación, con un marcado desarrollo de los procesos de carácter técnico, propios de su gestión, principalmente en las áreas del procesamiento analítico-sintético de la información, el almacenamiento, así como su recuperación y diseminación para garantizar la plena satisfacción de las necesidades de información de sus usuarios.

En la otra cara de la moneda, la Bibliotecología , al transcurrir por un largo período de estancamiento en el desarrollo de su propio cuerpo teórico-epistemológico, se debate hoy en el centro de complejas discusiones que redundan en estos temas; ellas parten de los diferentes enfoques planteados en el marco de las ciencias sociales y que se manifiestan directamente en las disciplinas científico-informativas y en la Bibliotecología como parte de ellas.

En este sentido, no son suficientes los intentos de Scherettinger, Ranganathan y otras personalidades del campo bibliotecario por otorgarle a esta disciplina un carácter científico.

En relación con este polémico tema, Conforti plantea que la Bibliotecología no presenta un carácter científico, porque no dispone de un sistema de leyes que la representen y que la actividad bibliotecaria se sustenta sólo sobre la construcción y diseño de procedimientos tendientes a solucionar problemas de orden práctico, con planes de acción, instrumentos y dispositivos que interactúan con la realidad.1

Goldhor , enfatiza el carácter práctico de la actividad bibliotecaria y establece que sin la presencia de generalizaciones universales y de leyes observables y confirmables, la Bibliotecología no puede asumirse como una ciencia.2

Existe entonces una marcada tendencia a observarla como una actividad de carácter técnico, al relacionar su función final con la composición y gestión de los registros bibliográficos.

Sin embargo, omitir otros criterios que la defienden como disciplina científica, sobre la base de ciertos elementos que escapan a los paradigmas que tradicionalmente han determinado el rumbo de las ciencias sociales y, en especial de la Bibliotecología , podría considerarse una visión reduccionista sobre el asunto.

Se persigue, sobre todo, resaltar la necesidad de un acercamiento al fenómeno bibliotecario, a partir de su base teórica y epistemológica, sin desconocer la importancia de aquellos aspectos relativos al tratamiento y gestión de recursos de información. Además, se propone determinar si la Bibliotecología constituye una disciplina científica o de carácter técnico.

Breve esbozo del desarrollo de la bibliotecología como campo del saber

Como afirman diversos estudios historiográficos, que señalan su génesis en las primeras sociedades clasistas, las bibliotecas son una de las instituciones más antiguas en la historia de las civilizaciones, y con ellas la práctica bibliotecaria,

Sin embargo, aquello que se entiende hoy por biblioteca en el plano conceptual, difiere de los primeros intentos por definirla.

Conceptualmente, se considera como “aquel lugar destinado al depósito de información registrada principalmente en forma de libros”.3

Por su parte, la Bibliotecología es la disciplina que aborda el estudio sistemático de las colecciones bibliográficas y la institución bibliotecaria, tanto en su aspecto histórico como técnico, así como en su proyección socio-cultural.4

Si se analiza el término etimológicamente, se aprecia que está compuesto por tres partes: biblion, que significa libro; teke, que significa caja, armario y logos que viene de discurso, tratado.

Según Rojas, la Bibliotecología “se ocupa de estudiar cómo ciertos documentos, por medio de una institución de información puede poner en contacto a los lectores con el mundo de la información”.5

Estas definiciones muestran los tres elementos que estudia la Bibliotecología : la biblioteca, las colecciones y los usuarios.

En la esfera bibliotecológica, se relacionan una serie de disciplinas entre las cuales se destacan:

No obstante, a este conjunto disciplinario y a los primeros atisbos de sistematizar la actividad bibliotecaria a partir del siglo III a.n.e. con la obra de Calímaco y, a pesar de existir trabajos, aunque, dispersos sobre catalogación y clasificación propios de aquel tiempo, no es hasta el siglo XIX, que puede hablarse de un comienzo de la ciencia de la biblioteca a partir de la obra de Scherettinger .

Hacia una ciencia de la biblioteca: contexto

La era contemporánea estuvo marcada por los cambios impuestos por la primera revolución industrial, ocurrida a finales del siglo XVIII principalmente en el Reino Unido y que afectaron directamente los procesos de producción. Esto se reflejó en un crecimiento desmedido de los productos manufacturados, la aparición de enormes fábricas con maquinarias sofisticadas para la época, donde intervenían muchos trabajadores y cada trabajador se ocupaba de una parte del trabajo; todo esto condujo a la necesidad de una capacitación y especialización entre los obreros y produjo una nueva idea sobre la función social del conocimiento. Por el propio proceso de industrialización, los habitantes de las zonas rurales comenzaron a emigrar hacia las ciudades en un proceso de urbanización cada vez más acelerado.

A todo ello, se suma, como resultado, una explosión científica y técnica que provocó una nueva situación en la esfera de la información con un aumento de la producción documental, que condujo a una ingente necesidad de desarrollar métodos y herramientas para el tratamiento de esa masa documental -procesamiento.

A manera de síntesis, pueden resumirse los acontecimientos ocurridos en este contexto, según el criterio de Radamés Linares de la forma siguiente: (Linares Columbié R. Bibliotecas y Bibliotecología. Observaciones no publicadas).

En estas circunstancias, se produce la génesis de una Ciencia de la Biblioteca, a principios del siglo XIX. Ocurre justamente en el año 1808, cuando Martín Scherettinger, publicó su estudio conocido por “Ciencia de la Biblioteca”, donde se explican las especificidades de la incipiente disciplina científica y donde se toman como punto de referencia, los procesos que ocurrían en el interior de la institución bibliotecaria como la búsqueda y recuperación de los libros.

Posteriormente, en el propio siglo, se evidencian relevantes aportes, por ejemplo, la publicación de dos obras que marcarían una huella importante en la teoría del acceso temático a la información, estas son: la “Clasificación Decimal” de Melvil Dewey, que responde por sus características a un lenguaje precoordinado, con estructura jerárquica y vocabulario controlado, muy utilizado por muchas bibliotecas en la actualidad; además las “Reglas para un Catálogo Diccionario” de Charles A. Cutter, precursor del conocido “Sistema de Clasificación Expansiva”, nombre que recibe su sistema de clasificación compuesto por siete tablas que permitían adaptarse al crecimiento documental en las bibliotecas.

Otros aportes relevantes para la Bibliotecología se observan más adelante con la aparición del sistema de “Clasificación Colonada” o “ Facetada”, creada por el bibliotecólogo y matemático indio S.R. Ranganathan quien propusiera además, las llamadas cinco leyes de la Bibliotecología , como un paso esencial para la consecución de una base científica para la Bibliotecología como campo del saber.

Acompañado de este crecimiento de la Bibliotecología , se establece todo un proceso de matematización del conocimiento científico, como uno de los rasgos que caracterizó a las ciencias sociales durante esta etapa de desarrollo con un enfoque positivista.

Aparecen entonces, a mediados del siglo XX, las aplicaciones de los estudios métricos en las disciplinas informativas, entre ellas la bibliometría, considerada la disciplina instrumental de la Bibliotecología aunque otros autores se refieren a ella como “bibliotecometría”.

Conceptualmente, la bibliometría se refiere al estudio de los aspectos cuantitativos de la producción, diseminación y uso de la información registrada.

Otros términos afines utilizados actualmente son: informetría, para los estudios relacionados a la ciencia de la información y archivometría, para la archivología.

Sin embargo, existe el criterio de que estas aplicaciones métricas, así como los modelos aportados por Bradford, Lotka,6 y otros, no deben considerarse leyes propiamente dichas, sino que las llamadas leyes métricas de la información sólo “ describen determinadas ocurrencias a partir de determinados factores que no siempre se cumplen”.2 No obstante, dichas disciplinas han realizado aportes enriquecedores al campo científico-bibliotecario.

Antes de pasar hacia otro tema y en aras de ganar una comprensión más fiel respecto a los acontecimientos que de una forma u otra influyeron en la Bibliotecología, se abordará brevemente el surgimiento de una disciplina que, entre otras consecuencias, generó una especie de replanteamiento a la Bibliotecología: la Documentación.

Debido al desarrollo industrial y tecnológico alcanzado en la década del 60 del siglo XX y ante la necesidad de ofrecer respuestas a determinados conflictos, cuya solución se hallaba fuera de las posibilidades de la Bibliotecología, emergió la Documentación, a partir de las ideas de Paul Otlet y Henry La Fontaine, quienes trabajaban en este sentido desde finales del siglo XIX.

Con esta nueva perspectiva, se amplió el concepto de documento, se concibió como “algo” que transmite información y que incluye escritos de todo tipo y otros objetos que dependen del uso que reciban. Otlet consideraba que el libro no era el único soporte de información existente y plantea la necesidad de procesar otros portadores como las fotografías, diapositivas, fotocopias, películas, etcétera.7

Además de la Documentación, aparecerían otras disciplinas que coadyuvarían al desarrollo de la Bibliotecología , como es el caso de la Recuperación de la Información y la Ciencia de la Información.

Hasta el momento, se han revisado una serie de elementos útiles para realizar una reflexión teórica sobre el desarrollo de la Bibliotecología en su intento por lograr una sistematización del conocimiento bibliotecológico, el autorreconocimiento y su legitimación como disciplina científica.

Algunos enfoques filosóficos y epistemológicos que han incidido en el desarrollo de la bibliotecología como Campo del saber

La ciencia

Según Patjovi, el objeto general de las ciencias es reflejar la esencia de la realidad.8

En este caso, se debe considerar que el autor cuando habla de realidad se refiere a la realidad objetiva, observable.

Autores como Mijailov, Cherny y Guiliarevskii consideran la ciencia como un gran sistema social que obtiene, transforma, acumula y transforma lógicamente la información científica.9

Según Sierra Bravo es: “un conjunto sistemático de conocimientos sobre la realidad observable, obtenidos mediante el método de investigación científico”.10

Para Ezequiel Ander-Egg es: “un conjunto de conocimientos racionales, ciertos o probables, que obtenidos de una manera metódica, que verificados y contrastados con la realidad, se sistematizan orgánicamente con respecto a objetos de una misma naturaleza, cuyos contenidos son susceptibles de ser transmitidos”.11

El Diccionario de Ciencias Sociales la define como: “un conjunto de conocimientos racionalmente coherente, verificables y refutables, que intentan describir las leyes de la naturaleza y del pensamiento, así como las estructuras y procesos de la organización cultural y social”.12

Fácilmente, puede observarse que estos conceptos coinciden en determinados puntos y que conllevan a ciertas particularidades. En ellas, se habla de conjunto de conocimientos racionales, probables, verificables orientados a la realidad observable y la descripción de leyes, que la rigen y ello, demuestra la influencia positivista que ha pautado el devenir de las ciencias en general. Según Goldhor una ley científica es “la expresión de relaciones universales invariantes entre dos o más variables”. Respecto a este criterio Setién plantea que las relaciones expresadas por una ley son estables, probabilísticas pero no invariantes necesariamente”.13

No obstante, desde otra arista, los científicos ofrecen una nueva mirada hacia las características de la actividad científica. En esta, produce una inclinación a la comprensión de las relaciones que se establecen entre los fenómenos de carácter humano y social. A partir de esta nueva visión, se generan nuevas reflexiones sobre los modelos a seguir, y se manifiesta una dicotomía en la forma de abordar, desde el punto de vista epistemológico, las ciencias consideradas humanas, sociales o de la cultura.

Por tanto, en el proceso de construcción de las ciencias sociales, desde el siglo XIX, se han manifestado dos modelos que describen respecto a su finalidad última, al objeto de la investigación social y función epistemológica:

Las diferencias entre estos dos paradigmas se originan en dos visiones filosóficas de las ciencias:14

A partir de estos paradigmas, se devela la epistemología de las ciencias sociales y se determina el rumbo de los procesos de construcción del conocimiento bibliotecológico.

Como se puntualizó anteriormente, el surgimiento de la Bibliotecología coincide con una serie de cambios sustanciales en el plano económico, social, científico y tecnológico. La revolución industrial, con todas sus consecuencias, condicionó la forma de abordar el conocimiento científico, y por ello, predomina en ella el enfoque positivista, el empirismo, el racionalismo científico, el pragmatismo… propios del paradigma físico, que sólo valida científicamente aquellos aspectos que pueden observarse.

El positivismo es una de las corrientes filosóficas más importantes en este contexto; fue creada por Augusto Compte (1798-1857), quien afirmó que las ciencias debían limitarse a describir el aspecto exterior de los fenómenos y prestar atención a las verdades provenientes de la observación. Esta filosofía se mantiene vigente hasta la actualidad.

Bajo este influjo positivista, neopositivista y el racionalismo científico se sustenta la psicología de la conducta, cuyos aportes se hicieron evidentes y presentes en las disciplinas informativas, tanto en la praxis informacional como en el terreno de la investigación. Este modelo predominó hegemónicamente a lo largo de la primera mitad del siglo XX, sobre todo en la psicología norteamericana.

El conductismo parte del principio de considerar como improcedente el estudio de los procesos mentales y de la conciencia, y aboga por el factor conductual como único elemento válido para la psicología, al ser sólo ella susceptible a la observación y la medición. Luego, este enfoque sería cuestionado por un grupo de destacados conductistas, que comenzó a orientarse hacia otra postura menos excluyente; éstos consideraban que procesos mediadores como la personalidad, la motivación y el conocimiento podían afectar la conducta de las personas. A esto, se suma la fuerte resistencia desarrollada por parte de la psicología cognitiva durante la segunda mitad del siglo XX.15

Por otra parte, es sobre esta corriente positivista y el enfoque conductista, que ubican sus antecedentes las disciplinas métricas de la Bibliotecología , así como los propios principios que conforman este campo.

Además, todo ello engrana de cierta manera con la concepción tecnocrática de la Bibliotecología , relacionada con aquellas actividades que redundan en el tratamiento de los registros gráficos -registro, control, transferencia de registros, etc.-, debido a la necesidad de un adecuado control de la creciente masa documental resultante de la explosión informacional ocurrida en la segunda mitad del siglo XIX. Esta postura “acentúa el carácter pragmático e instrumental de la Bibliotecología y la aproxima a las ciencias técnicas bajo el supuesto de que su objeto fundamental es la estructuración y administración de registros físicos de información” (Pérez Viñales M. La Bibliotecología y su construcción discursiva. Observaciones no publicadas).

Al considerar este aspecto, es indudable que la Bibliotecología dispone de un sistema de conocimientos, que tiene como objetivo responder a la creación y desarrollo de instrumentos y procesos dirigidos al tratamiento documental: reglas de catalogación, clasificación, sistemas de lenguaje documental, etcétera. Por esta razón, algunos autores desde una posición, pudiera decirse conservadora, prefieren considerarla una disciplina de carácter técnico.

Pero definitivamente esto no parece ser suficiente para comprender el fenómeno bibliotecario. Lo cierto es, que existe todo un conjunto de eventos que escapan a lo visible, a lo que puede demostrarse mediante la empiria, al alcance de los postulados de la psicología de la conducta y que ni siquiera la tecnología o las llamadas nuevas tecnologías de la información y la comunicación pueden explicar.

Por tanto, se requiere de la búsqueda de un fundamento epistemológico diferente, que posibilite la comprensión de los fenómenos considerados esencialmente humanos, porque como planteaba Dilthey, las ciencias del espíritu estudian realidades creadas por el hombre que son parte de su propia experiencia, a diferencia de las ciencias naturales que abordan aspectos externos, propios de la naturaleza (Pérez Viñales M. La Bibliotecología y su construcción discursiva. Observaciones no publicadas).

Es decir, mientras que las ciencias naturales emplean métodos generalizadores -procedimientos que buscan conocimientos generales en los objetos de investigación-, las otras dirigen su búsqueda hacia las individualidades, donde existe un fuerte predominio de los elementos de carácter subjetivo.

El paradigma subjetivo se desarrolla ante la necesidad de tratar el aspecto social, -donde tiene lugar el fenómeno bibliotecológico-, y busca un tipo de pensamiento distinto al propuesto por el paradigma objetivista, propio de las ciencias naturales. Con este, la búsqueda de la explicación sobre la realidad en las disciplinas informativas y la Bibliotecología, como parte de ellas, transcurre hacia corrientes de pensamiento más abstractas, donde se trata de hallar el porqué de las cosas. En esta nueva forma de abordar el conocimiento científico, se destacan dos enfoques principales: el hermenéutico y el fenomenológico.

La hermenéutica se identifica, como dice Budd, “como el proceso de descifrar que va desde los contenidos y significados manifiestos a los significados latentes, no explícitos”.13

El pensamiento hermenéutico puede explicarse como el proceso que busca develar los significados que parten de lo evidente y explícito, hacia aquellos que se encuentran sumergidos en las profundidades de sus contenidos y que se ofrecen de forma implícita.

Capurro la define como “el método de las ciencias del espíritu que permitiría mantener abierto el sentido de la verdad histórica propia del actuar y pensar humano”.16

El propio autor manifiesta, como se trató antes, que las llamadas ciencias del espíritu tienen como objetivo final llegar a la comprensión e interpretación de aquellos fenómenos que parten de lo humano y que por tanto, estas ciencias estudian realidades creadas por el hombre que forman parte de su propia experiencia.

Desde esta perspectiva epistemológica, en el que el acercamiento al fenómeno social se produce sobre la base de la subjetividad -hasta aquel entonces desconocido por las distintas posiciones del paradigma explicativo-, es donde el aspecto cualitativo de los hechos adquiere una marcada relevancia, y ocurre entonces, un posicionamiento del enfoque cognitivo sobre el conductismo tradicional.

Este enfoque, parte de la psicología cognitiva, una rama de la psicología que estudia los procesos cognitivos, es decir, aquellos procesos relacionados con el conocimiento -percepción, memoria, atención, pensamiento y lenguaje, que permiten al hombre tomar conciencia del entorno y del significado de sus acciones, y que intenta responder a dos interrogantes: ¿cómo funciona la mente humana? y ¿cómo conoce el hombre?

Este modelo comienza a desarrollarse en la década de los años 70; para ese entonces el hombre y su comportamiento vinculado a la información, se convirtió en el punto de referencia para algunos bibliotecólogos, precisamente en un momento donde las nuevas tecnologías de la información y la comunicación inundaban aceleradamente todo el quehacer de la vida cotidiana y en el que se hacía, cada vez, más evidente el impacto social que poseía el conocimiento.

En los años 80, surgieron una serie de propuestas dirigidas al fenómeno informacional, que incidieron directamente en la Bibliotecología , tanto en su entorno teórico como práctico, con una incipiente carga de elementos cognitivos. A pesar de considerarse la más tradicional de las disciplinas científico-informativas y del lento desarrollo de su cuerpo teórico, no escapó a la influencia del cognitivismo, que ofrece respuestas que están fuera del alcance de las posturas clásicas y tradicionalmente reconocidas y que enfocan su objeto de estudio en el paradigma institucional y físico. El paradigma institucional enmarca el fenómeno bibliotecario y su contenido a lo que acontece en el interior de la biblioteca. El paradigma físico es aquel que centra su atención exclusivamente en aquello que pueda ser observado, cuantificado y comprobado mediante la experimentación, como la conducta.

Es por eso, entre otros aspectos, que el enfoque conductista y, por consiguiente, el paradigma físico, se cuestionó a mediados del siglo XX por el paradigma cognitivo, que al decir de Linares Columbié, significó un reemplazo del conductismo, que había marcado la formación y desarrollo de la disciplina informativa y la defensa de aspectos subjetivos orientados hacia el mundo interior de los usuarios.17

Un reflejo de esto, ocurre en los estudios de usuarios, donde la variable necesidad de información se colocó paulatinamente en el centro de interés de los bibliotecólogos y el resto de los especialistas de las disciplinas científico-informativas.

Las bibliotecas, bajo el paradigma clásico, no consideraban la categoría “usuario” para el diseño de sus servicios; ellos, se diseñaban, a partir del sistema de información y los recursos tecnológicos; por tanto, los usuarios eran un elemento más y debían adaptarse al sistema, configurado de una manera, por así decirlo, arbitraria, al considerar sólo el criterio de los especialistas de información. Precisamente, el hecho de que los primeros estudios de usuarios, según algunos autores, se realizaran en la segunda década del siglo XX, no debe considerarse un hecho casual.

Entonces, pueden establecerse dos etapas en cuanto a la orientación de la práctica bibliotecaria:18

  1. Un primer momento donde las bibliotecas orientaron su gestión hacia el interior de la organización.
  2. Un segundo momento en el que se parte de la categoría usuario y sus necesidades de información para el diseño e implementación de sus servicios.

No obstante, tampoco los estudios de usuarios escaparon las tradicionales posturas basadas en la visión fisicalista, que tomaba en consideración aquellas variables sociodemográficas y que tienen un carácter inmóvil, estático, y que no reflejan los matices propios de las interioridades humanas.

Posteriormente, con las corrientes cognitivistas, se observó un cambio progresivo en los estudios de los usuarios de la información; no es suficiente abordarlo entonces, sólo sobre la base de variables neutrales o sociodemográficas; y comienzan a llamar la atención aquellos eventos que ocurren en el orden emocional y cognitivo de los usuarios; se presta mayor atención a las variables de tipo sociopsicológicas.

Como puede observarse, la Bibliotecología presenta un fuerte componente técnico y tecnológico, que ha llevado a que las investigaciones realizadas en torno a la disciplina bibliotecológica centren su atención en los procesos de organización, descripción, búsqueda, recuperación y diseminación de la información. Esto, unido a la visión tecnicista y mecanicista de un considerable número de profesionales que se dedican a la práctica bibliotecaria, condiciona el pensamiento de aquellos investigadores y estudiosos que insisten en catalogarla como una técnica, y niegan rotundamente su carácter científico, como afirman además que no cuenta con un sistema orgánico de leyes que la represente.

Reducirla a este criterio sería como navegar en un círculo vicioso donde sólo es posible un único punto de intercepción, sobre el cual gire todo el andamiaje de una disciplina que, a pesar de su juventud y aún incipiente cuerpo teórico, apunta hacia un horizonte más abarcador.

Al considerar que la Bibliotecología estudia elementos tan singulares como la información y el hombre en calidad de usuario, cuyas características principales se sustentan en categorías que no son lineales y estáticas, sino cambiantes e irregulares, puede considerarse, sin lugar a dudas, como una ciencia, no sobre la base del tradicional paradigma físico, sino sobre la base de un enfoque que reconozca el aspecto subjetivo que determina el comportamiento de su objeto de estudio.

Al decir de autores como Setién “la Bibliotecología clasifica como una ciencia social en tanto su objetivo de estudio responde a canales de comunicación cuyo origen y destino tiene carácter directamente humano, aunque puedan mediar elementos tecnológicos”.13

Por otra parte, para abordar el fenómeno bibliotecario debe considerarse un enfoque social; por esto, no resulta suficiente estudiar los procesos cognitivos de los individuos, sino que debe tratarse el entorno en el que se desenvuelven tanto los usuarios como los sistemas de información (bibliotecas).

Como afirma Hjorland, el conocimiento y los valores de la metodología científica no deben excluirse del mundo en el que coexisten, no se trata de estudiar sujetos aislados y abstractos sino de asumir una visión holística sobre estas categorías científicas sociales.19 Pudiera considerarse una postura estratégica y necesaria el hecho de considerar el carácter multidimencional del fenómeno bibliotecario. Es por ello, que cualquier acercamiento teórico a este campo desde una visión individualista y reduccionista corre el riesgo de considerarse poco objetiva y demasiado simplista.

Sobre esta línea de pensamiento es que, ante la hegemónica influencia cognitiva sobre la Ciencia de la Información y la Bibliotecología, se presenta un enfoque que considera el entorno social, tanto de los usuarios como del resto de los elementos y componentes que conforman el dominio científico-informativo: se trata del paradigma sociocognitivo del que habla Hjorland, a partir de las ciencias de la información y que afecta implícitamente la actividad bibliotecaria.

Como afirma Linares, el sociocognitivismo no intenta ser una crítica al cognitivismo ortodoxo, por el contrario, ofrece una visión de la realidad informacional que se dimensiona al universo sociológico y cultural, donde tiene lugar el paradigma analítico del dominio y su perspectiva psicológica social.

Finalmente, al considerar estos argumentos sobre los cuales se devela la Bibliotecología , no como una disciplina netamente técnica y normativa, bajo las concepciones clásicas positivistas, ni como una ciencia puramente cognitiva de carácter introspectivo, individualista y mentalista, sino como una rama del saber científico que ofrece respuestas respecto a los fenómenos que la ocupan, sobre una visión epistemológica social, puede considerarse como una disciplina científica o mejor aún como una ciencia social.

El carácter científico de la Bibliotecología se basa en el reconocimiento de los aspectos de orden social y cultural entre los cuales se debate el propio quehacer de la praxis bibliotecaria, que se determina, además, por las relaciones intersubjetivas e interculturales sobre la base de un proceso diálogo, de comunicación.

La actividad bibliotecaria, así como el estudio teórico de esta disciplina no puede orientarse sólo hacia procesos netamente técnicos y normalizativos de descripción bibliográfica para la recuperación de la información, debe considerar, además, algunas cuestiones relativas a los actores que intervienen en ella, tanto al usuario de los servicios de información como al propio bibliotecario que, “es un sujeto social con sus valores y cosmovisión puestos en juego en contextos donde priman las relaciones intersubjetivas …, sus acciones afectan a las comunidades y, al mismo tiempo, es afectado por ellas, en los procesos de intervención y transformación socio-cultural”.20

Por tanto, la Bibliotecología considera el estudio del fenómeno comunicacional, que se logra entre la biblioteca como sistema de información y la comunidad, de la cual forma parte y actúa como un agente de cambio, transformación y formación desde el punto de vista social y cultural.

La Bibliotecología , entonces, se inserta en el campo de las ciencias sociales, al orientar su cuerpo teórico y epistemológico hacia un enfoque más complejo que incluye al sujeto y su contexto socio-cultural, así como las mediaciones entre el sujeto y el conocimiento registrado.

Conclusiones

Referencias bibliográficas

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Recibido: 13 de marzo del 2006. Aprobado: 28 de marzo del 2006.
Jorge del Castillo Guevara. Facultad de Comunicación. Calle G No.506 entre 21 y 23. El Vedado. Plaza de la Revolución. Ciudad de La Habana. Cuba. CP 10 400. Correo electrónico: jorgehavana@yahoo.es

1Alumno de 4to año de la Licenciatura en Ciencias de la Información y Bibliotecología. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.
2Licenciado en Bibliotecología y Ciencia de la Información. Centro de Información. Agencia de Información Nacional. Profesor Adjunto de la Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.

Ficha de procesamiento

Clasificación: Artículo teórico.

Términos sugeridos para la indización

Según DeCS1

BIBLIOTECOLOGÍA; CONOCIMIENTO.

LIBRARY SCIENCE; KNOWLEDGE.

Según DeCI2

BIBLIOTECOLOGÍA.

LIBRARY SCIENCE.

1BIREME. Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS). Sao Paulo: BIREME, 2004.

Disponible en: http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm

2Díaz del Campo S. Propuesta de términos para la indización en Ciencias de la Información. Descriptores en Ciencias de la Información (DeCI). Disponible en: http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf

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