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Acimed 2006; 14(3)
María Teresa Freyre de Andrade: fundadora de la bibliotecología cubana*

Lic. Dania Montes de Oca Sánchez1 y MsC. Zoia Rivera2

Resumen

Se realiza un breve esbozo de la vida y la obra de la destacada intelectual cubana María Teresa Freyre de Andrade, fundadora de la bibliotecología cubana; se analizan sus aportes al campo de la bibliografía y su extenso quehacer como bibliotecaria antes y después del triunfo de la Revolución.

Palabras claves: Personajes, bibliografía, bibliotecarios, Cuba.

Abstract

An outline of the life and work of the outstanding Cuban intellectual María Teresa Freyre de Andrade, founder of the Cuban library science, is made. Her contributions to the bibliographical field and her extensive work as a librarian before and after the triumph of the Revolution are analysed.

Key words: Famous persons, bibliography, librarians, Cuba.

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Cita (Vancouver): Montes de Oca Sánchez D, Rivera Z. María Teresa Freyre de Andrade: fundadora de la bibliotecología cubana. Acimed 2006;14(3). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol14_3_06/aci06306.htm Consultado: día/mes/año.

Hablar sobre María Teresa Freyre de Andrade no es una tarea fácil.

María Teresa se entregó a la labor bibliotecaria con una pasión que mantuvo hasta el día de su muerte. En la Biblioteca Nacional , en ocasiones, parece verse por los pasillos, chequeando, preguntando, compartiendo o simplemente como una usuaria más, en busca de algún que otro libro en los catálogos. Siempre dispuesta, educada, cordial, atenta a todo aquel que por alguna razón se dirigía a ella, con su esperada y amable sonrisa. Sin temor a equivocación, puede decirse que ella fue una de las figuras más importantes para el desarrollo bibliotecario en Cuba en todos los tiempos, porque muchas de las cosas que ella creó todavía se mantienen, a veces, intactas y otras, modificadas por el tiempo.

Mujer e intelectual

María Teresa Freyre de Andrade y Escardó nació en San Agustín de la Florida, Estados Unidos, el 27 de enero de 1896. Provenía de noble cuna, de una familia de abolengo y estirpe patriótica. Su padre, Fernando Freyre de Andrade y Velásquez, fue abogado en ejercicio, veterano de la Guerra de Independencia con grados de General del Ejército Libertador; contrajo matrimonio el 8 de diciembre de 1889, con Concepción Escardó y Pedro.

María Teresa se educó en un ambiente de amor a la patria, donde con frecuencia se recordaban los detalles de la guerra en que su familia participó. Después de varios títulos obtenidos en el extranjero, ninguno de ellos de nivel universitario, María Teresa, a la edad de 42 años, ingresó a la Universidad de La Habana.

En abril de 1930 fundó y dirigió la revista “Mañana dirigida a los niños, con especial énfasis en la educación y formación de los más pequeños.

En 1932, tras el asesinato de sus tíos Gonzalo, Leopoldo y Guillermo Freyre de Andrade a manos de los sicarios de la dictadura machadista, María Teresa se vio obligada a partir hacia el exilio.

En esta etapa de su vida, María Teresa desarrolló una amplia actividad contra el gobierno de Machado y publicó en 1933, junto a Enrique Martínez y en nombre del Comité de Jóvenes Revolucionarios Cubanos, el folleto “El terror en Cuba”, obra de acento antimperialista donde denunció los horrores del régimen machadista y en particular el asesinato de sus tíos.

Al caer la dictadura de Machado, María Teresa regresó del exilio y poco después contrajo matrimonio con su primo, el médico José María Velásquez.

En 1938, se graduó de la Ecole de Chartes con el Diplome Technique de Bibliothecaire.

A finales de los años 30, con una vocación bien definida, María Teresa empezó a desarrollar una serie de actividades relacionadas con las bibliotecas.

Durante su vida, se vinculó con diversas asociaciones e instituciones, como la Comisión Nacional de Cooperación Intelectual, la Asociación Bibliotecaria Cubana, la Universidad de La Habana, el Lyceum Lawn Tennis Club, la Asociación Cubana de Bibliotecarios, la Asociación Nacional de Profesionales de Bibliotecas, la UNESCO, la Biblioteca Nacional. En todas estas organizaciones se destacó como difusora y defensora de la labor bibliotecaria. Su trabajo trascendió los límites de las bibliotecas, ella impartió conferencias, preparó cursos, realizó entrevistas para la prensa plana y radial, participó en congresos, publicó artículos en periódicos y revistas de la época. Escribió para el “Boletín Bibliotécnico”, primera publicación dedicada a esta especialidad que se editó en Cuba. Desde su regreso, María Teresa se incorporó a la más prestigiosa sociedad femenina, el Lyceum Lawn Tennis Club, donde contribuyó a la apertura y quehacer de sus Biblioteca Pública y Juvenil, primeras de este tipo en el país.

Paralela a la labor mencionada, María Teresa mantuvo una intensa actividad política del lado de los que defendían las nobles causas, siempre en busca de una trinchera más para luchar por Cuba. Fue postulada como Senadora por el Partido del Pueblo Cubano (ortodoxo) en el año 1948 y sufrió prisión, en la cárcel de Guanabacoa, en varias ocasiones, después del asalto al Palacio Presidencial, según testimonio de su incondicional amiga Regla Peraza, quien la visitó en este lugar.

Por la misma causa, María Teresa tuvo que asilarse en la Embajada de México; más tarde viajó de México hacia Francia.

Toda su vida, María Teresa la dedicó al estudio y desarrollo de las bibliotecas y de la cultura en general, fue una ferviente luchadora por su masividad y por el acceso a las bibliotecas de los sectores más humildes de la sociedad. Fundó escuelas para la formación bibliotecaria en momentos en que el país necesitaba de personal calificado para el desempeño de esta bella labor y demostró una preclara visión al priorizar la formación bibliotecaria, a la que siempre concedió una gran importancia. Fue una ferviente promotora del libro y la lectura y abogó por la divulgación y generalización del servicio de bibliotecas populares y el bibliobús.

A raíz del triunfo de la Revolución, asumió el cargo de Directora de la Biblioteca Nacional “José Martí”, y ello permitió materializar muchas de sus ideas, introducir en la práctica aquello que había aprendido en las bibliotecas del Lyceum y realizar importantes cambios, con repercusión nacional, en dicha institución y fuera de ésta. Allí, ella trabajó hasta el 6 de febrero de 1967, fecha en que, por razones ajenas a su voluntad, tuvo que abandonar la institución que tanto amó.

Tras una vida dedicada a su país y a su profesión, María Teresa falleció a las 7:20 a.m. del 20 de agosto de 1975.

A pesar de los innumerables aportes de María Teresa a las ciencias bibliotecológicas en Cuba y de ser una figura importante para la cultura nacional, nunca se reconoció su trabajo por medio de estímulo alguno durante su vida. No es hasta los años 90, que su nombre comienza a escucharse nuevamente, se realizan exposiciones, conversatorios y encuentros entre quienes la conocieron en el plano personal y laboral o han tratado distintos aspectos de su vida y obra. En el 2004, la Asociación Cubana de Bibliotecarios oficializó la creación del “ Premio Nacional María Teresa Freyre de Andrade” , que se otorga a personalidades destacadas por su trabajo en las bibliotecas públicas. Igualmente, la Asociación de Historiadores de Cuba creó, con carácter nacional, una distinción con el nombre de esta ejemplar mujer para aquellos bibliotecarios que apoyan la labor de los historiadores.

Fig. María Teresa Freyre de Andrade

Bibliotecaria de la república

El período de la república mediatizada en la vida de María Teresa fue especialmente fértil. Cursó estudios en importantes instituciones nacionales y extranjeras, viajó a innumerables países, fundamentalmente europeos, y con gran experiencia en el mundo de las bibliotecas. Practicó la docencia, laboró en instituciones internacionales, publicó algunos folletos relacionados con la técnica bibliotecaria y diversos artículos en los que expuso sus ideas, preocupaciones e iniciativas. Fue fundadora de las principales asociaciones bibliotecarias en las que con frecuencia desempeñó importantes cargos. Ganó prestigio y experiencia únicos en el campo bibliotecológico que hicieron posible su exitoso desempeño profesional.

Formación profesional

Después de su boda, María Teresa regresó a Francia, esta vez para cumplir su deseo de estudiar la técnica bibliotecaria en la Universidad de París. En 1936, de abril a julio, ella trabajó y tomó un cursillo en la biblioteca infantil L'Heure de Joyeuse de la Prefectura del Sena, donde se le expidió una certificación que consignaba las grandes aptitudes que poseía para el trabajo en bibliotecas públicas y, en particular, en las infantiles.

Del 1 de diciembre de 1936 al 15 de noviembre de 1937, ella trabajó y estudió los métodos de las bibliotecas francesas en Sorbonne.

Después de su regreso a Cuba, el 29 de septiembre del 1938, tras haberle realizado los exámenes correspondientes, el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana le otorgó el título de Bachiller en Letras y Ciencias.

En el curso 1938-1939, María Teresa matriculó la carrera de Ciencias Políticas, Sociales y Económicas. Estudió Derecho Diplomático y Consular y Derecho Administrativo, y concluyó la carrera en el curso académico de 1941-1942.

En años posteriores, ella obtuvo una beca de la ALA y viajó a los Estados Unidos donde matriculó dos cursos de literatura infantil, uno, en la Universidad de Columbia y otro, en la Escuela de Bibliotecarios de Pratt Institute.

Con estos estudios, María Teresa adquirió una sólida formación didáctica para enfrentarse a la precaria situación de las bibliotecas en Cuba, en una época en que más de 600 000 niños carecían de escuelas, especialmente en las zonas rurales. Había alrededor de un millón de analfabetos y un promedio de educación inferior al tercer grado, mientras que 10 000 maestros no tenían trabajo. Un reducido número de personas poseían o cursaban el nivel superior. Predominaba la deformación y mistificación de las manifestaciones culturales para acentuar el modo de vida capitalista.

Casi no existía producción de libros, “ [...] sólo se producía un millón de ejemplares al año y la industria gráfica se reducía a impresos comerciales. La ausencia casi total de editoriales hacía más grave esta situación; las ediciones de libros técnicos y científicos eran mínimas” .1

Durante la pseudo-república la suerte de las bibliotecas no fue mejor que la del resto de los organismos culturales y el movimiento bibliotecario fue víctima del desorden imperante. Los primeros intentos en la preparación técnica de personal bibliotecario se efectuaron a partir de 1936, por el Lyceum Lawn Tennis Club, en forma de cursillos (Lazcano Pinilla D. Lyceum Lawn Tennis Club en la bibliotecología cubana. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Bibliotecología y Ciencia de la Información]. La Habana: Facultad de Comunicación, 2001), (Frías Guzmán M. La formación de bibliotecarios universitarios en Cuba. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Bibliotecología y Ciencia de la Información]. La Habana: Facultad de Comunicación, 2000).

A partir de 1938, al celebrarse a escala nacional la primera reunión de bibliotecarios, la Asamblea Nacional Pro-bibliotecas, comenzó a organizarse el movimiento bibliotecario en el país. Existía solo un puñado de bibliotecas públicas, mal equipadas en mobiliario y con fondos que no excedían los 1 000 volúmenes. Las pocas bibliotecas escolares estaban mal dotadas y sin presupuestos, y por ello que no podían alcanzar la razón de ser de su existencia.

Según Setién, había alrededor de 483 bibliotecas, 108 de ellas eran públicas. Esta cifra no incluye las bibliotecas de universidades, escuelas primarias y secundarias reportadas como tales. Sin embargo, sí se consideraron aquellas bibliotecas de asociaciones privadas, hermandades y grupos económicos que prestaban un servicio público. De estas 108 bibliotecas, 42 estaban concentradas en la capital del país, 13, después de más de 20 años de creadas, no llegaban a los 1 000 volúmenes y 12 no alcanzaban esa cifra después de 10 años de existencia. Los bibliotecarios, por su parte, como el resto de los profesionales sufrían las consecuencias de la subestimación, la falta de desarrollo profesional y la indiferencia de los gobernantes de turno.2

En el período del gobierno de Batista, se creó, por l decreto Ley No. 1810 del 18 de noviembre de 1954, la Organización Nacional de Bibliotecas Ambulantes Populares (ONBAP) que se suscribían a las condiciones explicadas. Todas ellas dependían del amor de sus trabajadores que, en su mayoría, carecían de conocimientos especializados. Como bien dijera la propia María Teresa: “[...] existían edificios que albergaban libros y prestaban [...] un servicio, pero en el verdadero sentido de la palabra no habían bibliotecas [...] por que sin bibliotecarios éstas no pueden existir”.3

En estas mismas condiciones de abandono se encontraba la Biblioteca Nacional, fundada en 1901. Al crearse esta institución, no se consideró la posibilidad de enriquecer sus fondos con los de otras bibliotecas, de mayor antigüedad, en particular la de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP). Por otro lado, es necesario considerar que la biblioteca de la SEAP contaba con un buen local, mientras que la Nacional no pudo alcanzarlo hasta el año 1958. “La Biblioteca Nacional por aquella época se mantenía sin catálogos, casi sin empleados con un presupuesto anual de 7 000 pesos incluido el salario del director, sin más lectores que algunos viejos del barrio que venían a leer la prensa, y algunos estudiantes potenciales que el cierre de la Universidad y los institutos dejaban en el desamparo” .4 El presupuesto designado para las adquisiciones siempre fue muy bajo e inestable.

Entre 1948 y 1958 estuvo al frente de la Biblioteca Nacional, Lilia Castro de Morales. En este período, se logró, por fin, la construcción e inauguración del nuevo y definitivo edificio, así como un mayor apoyo presupuestario y la extensión del horario laboral hasta las 11:00 p.m. El número de usuarios creció, en 1956, hasta 22 594 y las estadísticas mostraron 25 980 títulos consultados. Por otro lado, en 1949, se renovó la publicación de la Revista de la Biblioteca Nacional, la revista cultural más antigua del país, suspendida en 1912.

La actividad profesional a lo largo de todos los años de existencia de la biblioteca, hasta 1959, se hizo muy difícil, debido a la falta de personal instruido en la técnica bibliotecaria, la inestabilidad por los cambios políticos, el abandono y desinterés de los gobernantes de turno. Según Graziella Pogolotti:

“En 1959, la Biblioteca Nacional contaba con un edificio terminado pocos meses antes. El vestíbulo, recubierto de mármol congelaba a los visitantes […] unos pocos lectores frecuentaban sus salones que, en aquella soledad producían el efecto de un monumento sin vida. Algunos empleados satisfacían la demanda del público. En los últimos 17 años, no se habían comprado libros, salvo algún diccionario y contados volúmenes encuadernados en piel […] la República mediatizada […] la había dejado en permanente abandono. Disponían de fondos valiosos cubanos sin organizar […] las ediciones más recientes databan de los primeros años del siglo”.5

En Lyceum y Lawn Tennis Club...

A su regreso de Francia, en 1938, María Teresa se incorporó al Lyceum que para aquel entonces contaba con una de las mejores bibliotecas del país y estaba enfrascado en la búsqueda de posibilidades para abrir una biblioteca pública.

Ante todo, María Teresa no sólo participó activamente en la organización de la nueva biblioteca, sino que también fue su directora. Implantó en ésta, por primera vez en Cuba, la estantería abierta y el servicio circulante para el público externo. Dicha biblioteca, según testimonios de Audry Mancebo, poseía, en un lugar visible, un plano que mostraba el ordenamiento de los libros en los anaqueles y había una bibliotecaria que orientaba a los usuarios y ejecutaba los procesos técnicos del catálogo.

María Teresa, se incorporó también a la labor que realizaba el Lyceum, desde el 1936, en la formación de los bibliotecarios. Sobre la base de sus conocimientos, impartió varios cursos de distintos temas. Formó parte del claustro de los profesores que, en 1940, ofreció el primer curso de la Escuela de Servicios de Biblioteca, creada por la Asociación Bibliotecaria Cubana con los auspicios del Lyceum. En este curso, María Teresa tuvo a su cargo la asignatura de “Obras de consulta y de bibliografía”. Era la primera vez que se incluía esta temática dentro de la actividad pedagógica bibliotecaria en Cuba; anteriormente, en el curso de María Villar Buceta, realizado en el propio Lyceum, se incluían las asignaturas de lenguaje, escritura, burocracia bibliotecaria, encuadernación, clasificación, psicología del lector, catalogación, musicalia y mapoteca.

Entre enero y marzo de 1941, María Teresa impartió otro curso, de ocho lecciones, titulado “Lecciones preliminares sobre el manejo y apreciación del libro y uso de las bibliotecas.” El curso era gratuito y estaba dirigido a todas las personas interesadas en el tema. En octubre de 1942, el Lyceum, en colaboración con la Asociación Bibliotecaria Cubana, empezó su segundo curso de Biblioteconomía que duró hasta marzo de 1943. En esta ocasión, María Teresa, otra vez impartió la asignatura de “Obras de consulta y bibliografía” .

Debido a su inclinación por el trabajo con los niños, María Teresa dictó, en abril de 1947, un cursillo de 12 lecciones sobre “El Arte de contar cuentos” y publicó, en el año 1952, en el número 31 de la revista Lyceum un artículo con este mismo título, en el que señaló la importancia de la hora del cuento para fomento de la educación y desarrollo intelectual de los niños. Relacionó las características del cuento, su surgimiento, evolución y desarrollo, y caracterizó esta actividad como un arte que debía ejercitarse por los especialistas como una labor de importancia. Enumeró los objetivos que se alcanzaban con esta actividad y mostró los errores que no debían cometerse a la hora de narrar un cuento.

También, conjuntamente con Raquel Robés, impartió un curso sobre “Bibliotecas escolares para maestros” .

En las asociaciones profesionales de bibliotecarios...

No podía faltar la integración de María Teresa, como parte activa en las asociaciones bibliotecarias de la época, ella fue fundadora y hasta gestora de algunas de ellas. En 1938, se le designó como Vocal de la Subcomisión de Bibliotecas, Archivos y Bibliografía de la Comisión Nacional de Cooperación Intelectual.

Asociación Bibliotecaria Cubana (ABC)

En el 1938, María Teresa participó intensamente como integrante de la Comisión Organizadora de la Asamblea Nacional Pro Bibliotecas, que se celebró en el mes de noviembre en el Salón de Actos de la Escuela de Ingenieros y Arquitectos de la Universidad de La Habana. Fue el primer intento de aunar esfuerzos por el desarrollo de las bibliotecas en el país y encauzar las gestiones esporádicas que se realizaban en beneficio del servicio social del libro. En esta asamblea, María Teresa fue elegida vicepresidenta de la mesa ejecutiva y vicepresidenta del comité permanente, encargado de velar por el cumplimiento de sus acuerdos. A pesar de haber tenido responsabilidades en la organización del evento, María Teresa no intervino como ponente en las sesiones de trabajo.

Uno de los acuerdos tomados en esta asamblea fue la organización de una asociación que agrupara a todos los bibliotecarios y amigos del libro; dicho acuerdo llevó a la creación, en abril de 1939, de la Asociación Bibliotecaria Cubana. En este año, María Teresa fue la vicepresidenta de la organización; en 1940, formó parte de su mesa ejecutiva y en 1941, pasó a ocupar la presidencia. Cabe destacar que durante el período en que formó parte de su mesa ejecutiva impulsó y dirigió la biblioteca infantil y el servicio público de bibliobús y colaboró en la campaña desarrollada por esta asociación a favor de las bibliotecas populares.

El 3 de enero de 1940, al celebrarse en el Ateneo de la Habana, la primera sesión de trabajo de esta Asociación, María Teresa leyó su ponencia titulada “Hacia la Biblioteca Popular”, un documento de gran valor por las ideas e iniciativas propuestas sobre este tipo de bibliotecas y su implantación en Cuba.

En este magnífico trabajo, María Teresa planteó la diferencia entre biblioteca popular y biblioteca pública. Al respecto, comentó: “[…] la biblioteca popular, cosa distinta de la biblioteca pública. En esta, el libro permanece quieto en su estante en espera de que el lector venga en su busca. Es más bien pasiva y si realiza alguna propaganda no es ese su rasgo dominante. La biblioteca popular, eminentemente activa, hace extenso uso de la propaganda y valiéndose de distintos procedimientos […] moviliza al libro y hace a este marchar en busca del lector”.6

En este documento, ella propuso un elaborado plan de trabajo para el establecimiento en toda la Isla de estas bibliotecas según condiciones y características del país. Relacionado con esto último, escribió: “[…] ¿qué nos queda por hacer? ¿lamentarnos? de ninguna manera. Eso es lo único que no tiene derecho a hacer el hombre. […] lo que hay que hacer es imitar el ejemplo que nos dan las organizaciones obreras de todo el mundo que […] han dado un gran impulso a la biblioteca popular. Este es un campo fertilísimo y fecundo que aún no hemos ensayado. Vamos a unirnos y trabajar. […] ; solo a través de una verdadera cooperación de elementos diversos podemos llegar a echar la semilla de la biblioteca popular en Cuba”.6

María Teresa, en la temprana fecha de 1940, utilizó el término de Universidad Popular cuando lo cree importante para el desarrollo de este tipo de bibliotecas, al decir:

“ […] se dará comienzo a otra actividad de gran importancia […] esto es la organización de cursillos de estudios sobre materias de interés que se encuentren representadas en la colección. De esta manera, no se haría una labor de conferencias que por ser unilateral nunca resulta muy efectiva. Se creará en embrión una pequeña universidad popular en la que se estudiarán materias diversas y los que tengan a su cargo los cursillos se encargarán de hacer trabajar a los que lo deseen sin perder de vista el poco tiempo que tienen disponible después de su jornada cotidiana”.6

En 1941, como presidenta de la asociación, María Teresa, logró obtener en el periódico El Mundo una sección que bajo el título de Bibliotecas aparecía en su magazín dominical El Nuevo Mundo . Este espacio fue mantenido por la propia María Teresa, conjuntamente con José M. Zayas jr. y Antonio Alemán Ruíz. Aunque la sección, a los pocos años de creada, desapareció por la escasez de papel, fue considerada la primera con carácter regular que publicaba artículos sobre el tema bibliotecario, en una publicación no especializada, según se recoge en el Boletín Bibliotécnico de 1941.7

Sólo existe en los fondos de la Biblioteca Nacional una carpeta con restos de esta sección, en los que felizmente se encontraron 3 artículos escritos por María Teresa: “Técnica y Amateurismo y “La división del trabajo en las bibliotecas”, partes I y II.

En el primero, se denunciaba la situación de las bibliotecas cubanas en las que, después de años de abandono por parte de los gobernantes, existía tendencia a ponerlas al día sin un estudio previo o base científica. Al respecto, María Teresa, opinaba que eso, lejos de favorecerlas resultaría muy dañino y con consecuencias ajenas a sus verdaderos propósitos. Por esto, la autora recomendaba hacer este trabajo ordenadamente, sin improvisaciones y con planes lógicos de desarrollo. Recalcaba también la necesidad de aunar el esfuerzo, coordinado no por localidades o en la capital, sino de manera general en todo el país. Aconsejaba María Teresa, el uso en este proceso de las técnicas creadas y aplicadas con éxito en países de mayor desarrollo, adaptadas a las condiciones y necesidades nacionales.

En los otros dos artículos, María Teresa, reflexionaba sobre la situación de las bibliotecas cubanas en las que era difícil la división del trabajo, debido a que en la mayoría sólo había una bibliotecaria que, con buena voluntad, realizaba lo que podía. Por ende, era imposible considerar a estos locales como biblioteca, más bien eran meras colecciones de libros. La autora manifestaba su inconformidad con esta situación e incitaba al cambio de este estado de cosas.

Asimismo, sobre la base de las ideas de Louis Shores, autor de “Basics Reference Books”, explicaba las cuatro divisiones en las que descansa el trabajo de cualquier tipo de biblioteca. María Teresa indicaba que producto de la falta de bibliotecas y la insuficiente labor de las existentes, los estudiantes carecían de la capacidad de apreciar y reconocer la buena literatura. Sugirió, para erradicar esta situación, la integración de todas las bibliotecas, independientemente de su tipo. Destacaba la labor de selección, y pronunciaba enérgicamente contra la tendencia a fundar bibliotecas sobre la base de donativos espontáneos, que a su parecer: […] las llenan [las bibliotecas] de libros inútiles y sin valor para el público que las frecuenta […]. 8 Y, finalmente, mostraba una caracterización de la posible división del trabajo en la labor de selección, donde indicaba normas para hacerla lo más útil posible. Como puede observarse, María Teresa utilizó esta sección como tribuna para denunciar situaciones, sugerir soluciones y manifestar sus inquietudes sobre las bibliotecas cubanas.

En 1941, a nombre de la Asociación Bibliotecaria Cubana , y conjuntamente con Berta Cartaya, María Teresa, publicó un folleto titulado “ Dos ensayos sobre bibliotecas escolares” . E l Boletín Bibliotécnico menciona que este ensayo fue leído en la inauguración de la biblioteca de la Escuela Superior de Guanabacoa.9 En el documento, María Teresa enfocaba la biblioteca como un vehículo apropiado para apoyar la educación en Cuba y abogaba por la necesidad de crear una red de estas instituciones a lo largo de toda la Isla. Resaltaba la importancia de utilizar la biblioteca para educar a todas las personas con el fin de que participaran por igual en la construcción de una sociedad democrática. En su trabajo, María Teresa enfatizaba en la falta de orientación bibliográfica que presentaban los estudiantes, producto de la escasez de bibliotecas en las escuelas. Como modelo a seguir, María Teresa indicaba a las bibliotecas escolares norteamericanas, adaptado a las necesidades y posibilidades nacionales. Según ella, la biblioteca escolar debía ser parte integrante y no sección anexa a la vida escolar. Al final del artículo, María Teresa exhortaba a los maestros a que, por gestión propia, abrieran bibliotecas en sus escuelas e intercambiaran sus experiencias al respecto.

El mismo año, María Teresa consiguió la ayuda técnica necesaria para desarrollar el proyecto de creación de la biblioteca de la Escuela Normal para maestros de La Habana. Con este fin, ella creó y presidió una pequeña comisión, integrada por Antonio Alemán Ruiz, el Secretario de la ABC y Jorge L. Diviñó, arquitecto y profesor de la Universidad de La Habana.

En el año 1942, María Teresa participó, en representación de la ABC, en el Primer Congreso de Archiveros, Bibliotecarios y Conservadores de Museos del Caribe, celebrado en La Habana del 14 al 18 de octubre. Este año, la asociación publicó un folleto de María Teresa, titulado “El servicio de bibliografía y referencia y la adquisición de libros en una biblioteca” . Este trabajo no perdió su vigencia y actualmente forma parte de la literatura especializada. Es significativo que María Teresa fue la primera, en Cuba, en comentar sobre la necesidad de incluir estas disciplinas como obligatorias en el estudio y llamar la atención sobre este tipo de servicio, su importancia y necesidad de dotar a todas las bibliotecas del país sin excepción de un personal que lo desarrollara. Sobre on esto, María Teresa escribió: " Este servicio, que no vacilamos en llamar piedra angular de la biblioteca, es de tal importancia que cualquiera que sea el tipo de la misma, desde las bibliotecas nacionales hasta las populares, no pueden cumplir su misión de cultura sin haberlo organizado eficazmente ".10

Este escrito refleja su amplio conocimiento sobre el tema, basado en las experiencias que en materia de referencia tenían los países europeos y los Estados Unidos. Y proseguía:

“Es evidente que hoy en Cuba no existe la demanda del servicio de referencia. Pero no ha aparecido por que no se conoce; algunas personas saben que existe en los Estados Unidos, pero son una exigua minoría los que lo han visto funcionar y han tenido el privilegio de disfrutar de sus beneficios. Esa demanda que no existe, hay que crearla y la única manera de hacerlo es creando la función, teorizando no se convence a nadie”.10

María Teresa, aprovechó la ocasión para indicar la situación que confrontaba Cuba con relación a la educación, la falta de bibliotecas y bibliotecarios en la enseñanza primaria, que, a su vez, llevaba a que los estudiantes no supieran como usar los catálogos y las obras de referencia. Esa educación, sólo mediante el libro de texto, no estimulaba, en opinión de María Teresa, el interés por la investigación en otras fuentes bibliográficas.

Ofreció también soluciones paliativas para trabajar con los usuarios desde cualquier biblioteca, aunque esta no tuviera las condiciones inmediatas para establecer este servicio. En este sentido, sugería como solución la organización de cursillos sobre el uso y manejo del catálogo y de las obras de referencia, así como sobre la función de los distintos tipos de enciclopedias.

Al referirse a la función del departamento de adquisición de libros dentro en una biblioteca, María Teresa recomendaba comenzar la selección por un estudio de las funciones de la biblioteca, su carácter y los usuarios. Planteaba y explicaba las herramientas que debían manejarse para esta labor, y la calificaba como una de las más delicadas que se realizan en la biblioteca.

Asociación Cubana de Bibliotecarios (ACB)

En enero de 1948, en el Lyceum, se celebró una reunión en honor a Marieta Daniels, representante de la Biblioteca del Congreso de Washington. Allí, María Teresa lanzó la idea de constituir una asociación que reuniese a todos los bibliotecarios del país, que fue acogida con gran beneplácito entre los participantes.

Tras sucesivas reuniones de esta junta, se constituyó, en ese año, la directiva de la organización que se llamaría Asociación Cubana de Bibliotecarios.

La constitución de la ACB , además de llenar el vacío que existía en el ámbito nacional en este sentido, respondía al acuerdo de la Asamblea de Bibliotecarios de América, celebrada en 1947, de crear en cada país americano una asociación que defendiera los principios e intereses de la profesión.

Las opiniones de María Teresa al respecto coincidían con las ideas de esta Asociación, la urgencia de capacitar a los bibliotecarios cubanos era evidente. Como vía para solucionar el problema, se indicaba la organización de diferentes cursos. Sobre la base de las experiencias adquiridas en las Escuelas de Verano de la Universidad de La Habana, se reclamaba la creación de la Escuela de Bibliotecarios, anexa a la Facultad de Artes y Letras. Al respecto, María Tersa se pronunció con decisión y firmó, junto a otros integrantes de la asociación, una moción que incluía el reclamo de que, los cargos vacantes o de nueva creación en las bibliotecas oficiales debían ocuparse por las personas que tuviesen de inicio un título universitario. En caso de ser una biblioteca especializada, se debía priorizar a aquellos que tuviesen, además de su título, algún estudio especializado en el campo bibliotecológico, fuera en las escuelas de verano o en algún otro centro docente.

Por otro lado, se planteaba la necesidad de que la Biblioteca Nacional se atendiera por las instituciones gubernamentales pertinentes y también se organizara, dentro del Ministerio de Educación, un sistema de préstamo a las bibliotecas escolares. Al respecto, María Teresa firmó, junto a la presidenta de la asociación, una moción para solicitar la creación de un servicio de préstamo de libros a las escuelas primarias y secundarias por parte del Ministerio de Educación.

El fondo circulante debía disponer, tanto de obras didácticas como de lectura suplementaria: libros de referencia, libros recreativos, revistas, material gráfico, etcétera. A este fondo, debían recurrir los maestros para obtener el material necesario para sus labores. Este servicio, dotado con los presupuestos del Ministerio de Educación, se prestaría por un personal idóneo, con instrucción técnica necesaria. Planteó que el funcionamiento de este servicio según su proposición no debía excluir la creación de bibliotecas escolares cuando existieran las condiciones para ello, sino que muy por el contrario, prepararía el ambiente para su fomento.

Con vistas a facilitar la propuesta, el territorio nacional debía dividirse en distritos, y establecer una oficina análoga en cada una de las provincias. En sus planteamientos, María Teresa se basaba en las experiencias obtenidas en la Biblioteca Juvenil del Lyceum, donde el trabajo similar y un gran laminario, suplía la falta de bibliotecas escolares y de materiales ilustrativos en las Escuelas Públicas del Vedado. Por otro lado, muchas de sus ideas surgieron a partir de los beneficios tangibles del proyecto educativo, desarrollado en la misma institución por Dulce María Escalona (Lazcano Pinilla D. Lyceum Lawn Tennis Club en la bibliotecología cubana. [Tesis para optar por el título de Licenciado en Bibliotecología y Ciencia de la Información]. La Habana: Facultad de Comunicación, 2001).

Con esta proposición, María Teresa vino a reafirmar su preocupación por la educación de los más pequeños y por la creación de bibliotecas o, al menos, de un servicio que se ocupara de fomentar el hábito de lectura desde las edades más tempranas, y que vinculara a la biblioteca a este tipo de enseñanza.

María Teresa, en el poco tiempo que estuvo al frente de la vocalía de propaganda de la ACB, tuvo logros significativos. Visitó las provincias con el fin de fomentar el interés profesional, realizar actividades a favor de su causa e intercambiar impresiones y experiencias. Logró el apoyo de la prensa en cuanto a la divulgación de la constitución de la ACB, de sus objetivos, planes y proyectos. Propuso que la Asociación otorgase una beca de estudios en los cursos de Ciencia Bibliotecaria de la Escuela de Verano y logró que el Consejo de Redacción del Diario de la Marina cediera dos columnas de su edición dominical para una sección fija, titulada “ Sobre bibliotecas” , para los artículos de corte bibliotecológico.

La convocatoria para la reelección de la directiva de la ACB , al año siguiente, se hizo en ausencia de María Teresa, que por encargo de la UNESCO, trabajaba en Francia. Tal vez, esa fue la razón por la que ella no fue electa para ningún cargo, aunque siempre se asesoró las diversas actividades, desarrolladas por la asociación, en la que, por motivos personales, causó baja en junio de 1952.

Asociación Nacional de Profesionales de Bibliotecas

María Teresa fue fundadora, en 1955, de esta asociación que, posteriormente, se convirtió en el Colegio Nacional de Profesionales Universitarios. El Órgano oficial de estas asociaciones lo constituyó la revista Cuba Bibliotecológica.

Bajo los auspicios de la Asociación , y la colaboración del Centro Regional de la UNESCO en el Hemisferio Occidental y de la Escuela de Bibliotecarios de la Universidad de La Habana , se celebraron, del 15 al 18 de abril de 1953, las Primeras Jornadas Bibliotecológicas. María Teresa, presidenta de la comisión organizadora, planteaba que e l propósito del evento era: […] el de reunir a todos los bibliotecarios y personas interesadas en los problemas del libro y de su difusión para cambiar ideas sobre los problemas que afectan a las bibliotecas cubanas y encontrar soluciones prácticas que tiendan a mejorar y desarrollar los servicios bibliotecarios en general […].12 Durante el evento, María Teresa presidió una de las cinco comisiones y presentó su ponencia “La biblioteca, el bibliotecario y la comunidad”, un informe multifacético, que abarcaba todas las cuestiones problemáticas del ámbito bibliotecario cubano del momento:12

"Ningún director de biblioteca logrará buen éxito si se empeña en elaborar él sólo el plan de trabajo. Es preciso interesar en esto a todo el personal, oír las opiniones que sustentan cada uno de los bibliotecarios que trabajan en la institución. Si no procede de esta manera, si no toma en consideración a sus colaboradores en esta etapa del trabajo, si más tarde no les concede cierta autonomía para desenvolver la tarea encomendada, si no siente cada uno que su iniciativa es apreciada y se valora su trabajo, irán perdiendo el entusiasmo y se extinguirá en ellos el espíritu creador indispensable a nuestro trabajo profesional ".12

En este sentido, María Teresa fue todo un ejemplo. Durante su desempeño como directora de la Biblioteca Nacional, cumplió con esta exigencia planteada por ella 6 años antes.

En 1954, del 4 al 8 de mayo, se celebraron las Segundas Jornadas Bibliotecológicas, en las que María Teresa fungió como vicepresidenta y coordinadora de la comisión organizadora. En esta edición, el trabajo del evento estuvo dirigido a la reunión de los profesores y maestros para que, en estrecha colaboración con los bibliotecarios, tomaran parte en los debates que se produjeran alrededor de los trabajos de base. Así, se pretendía lograr un práctico intercambio de ideas en beneficio de maestros, bibliotecarios y alumnos y despertar el interés de los maestros hacia las actividades de la biblioteca.

En esta oportunidad, María Teresa presentó una ponencia titulada “El servicio de consulta y referencia en las bibliotecas universitarias”. Las principales ideas, desarrolladas por la ponente, eran:13

Organizaciones internacionales…

Como se refirió en párrafos anteriores, María Teresa pasó un tiempo trabajando fuera de Cuba. El 4 de noviembre de 1949 ella fue designada para ocupar el cargo de programme specialist (especialista de programa) en la UNESCO en París, por espacio de un año. La División de Bibliotecas abarcaba todos los aspectos de la materia: bibliografía, documentación y bonos, fomento de bibliotecas públicas, etcétera. María Teresa laboró en estrecho contacto con todos los sectores del campo bibliotecario a nivel mundial, y fue Senior Assistant de Edward J. Carter, director de la División.

El trabajo en la UNESCO, le permitió a María Teresa realizar diversas tareas en múltiples países europeos, y adquirir una gran experiencia que le sirvió para su posterior desempeño en el trabajo en Cuba. Realizó varias funciones en el desarrollo de este cargo, participó en la preparación de los “ Manuales de bibliotecas públicas” de la UNESCO y de las bibliografías para el “ Cursillo superior de la UNESCO”, de 1951, sobre la función de las “Bibliotecas en la educación de los adultos”, que tuvo 4 semanas de duración.

En relación a este cursillo, María Teresa preparó un seminario, y para ello visitó las ciudades de Malmo, Norrköping y Estocolmo, encomendada por el propio Director General de la UNESCO , Jaime Torres Bodet. Como parte de su trabajo, del 7 al 10 de noviembre de 1949, ella participó en el Congreso para la Organización de la Biblioteca a Escala Internacional.

Como la selección de María Teresa por parte de la UNESCO honraba no sólo a ella, sino a todos los bibliotecarios cubanos, sus compañeros de trabajo y sus alumnos le ofrecieron en los salones del Lyceum Lawn Tennis Club una actividad de despedida. Su regreso a Cuba fue igualmente agasajado por amigos, compañeros y estudiantes. El trabajo desarrollado en la UNESCO por María Teresa mereció la felicitación de la alta dirección de esta organización.

Universidad de La Habana …

Las actividades descritas, María Teresa las alternaba con su trabajo, desde 1938, en la Universidad de La Habana. Allí, en la Biblioteca General, recepcionó y organizó la colección donada por la viuda de José Antolín del Cueto. Confeccionó y publicó el respectivo catálogo.

En esta biblioteca, ella también se desempeñó como Oficial de Bibliotecas Anexas, cargo que más tarde se denominó Oficial Encargado de Donaciones, Folletos y Libros Duplicados. A partir de diciembre de 1943, María Teresa fue nombrada como Jefa del Departamento de Hemeroteca. Respecto al trabajo realizado por María Teresa en este lugar, Marta Terry comentó: “Pienso que en la Biblioteca Central de la Universidad debe colocarse alguna tarja para recordar su paso por allí ya que, a mi entender, uno de los trabajos más importantes y de mayor mérito que ella desarrolló fue precisamente en esta biblioteca”.

También en la Universidad de La Habana, ella se incorporó activamente al funcionamiento de las Escuelas de Verano en la especialidad. Estos cursos, debido a su corta duración, abarcaban sólo las materias esenciales de esta ciencia. María Teresa, con su vasta experiencia en la materia, impartió allí la asignatura de “Bibliografía y referencia”. El 22 de mayo de 1947, ella fue designada Directora de los Cursos de Biblioteca de estas Escuelas, en sustitución de Jorge Aguayo. Es de señalar, que el colectivo de profesores que atendía las Escuelas de Verano había realizado estudios en escuelas e instituciones extranjeras, de primer orden en esta disciplina.

Al crearse, en 1950, la Escuela de Bibliotecarios, adjunta a la Facultad de Filosofía y Letras, María Teresa ganó, en oposición con Isabel Pruna, la Cátedra de Bibliografía y Referencia. En 1955, el Consejo Universitario le otorgó un título de fundadora de esta escuela.

En 1945, María Teresa viajó a los Estados Unidos de Norteamérica como becaria, comisionada por la propia Universidad por intermedio de la American Library Association, cuyo Jefe de Relaciones Internacionales la invitó a trabajar 4 meses en la Biblioteca Pública de New York. En este viaje, María Teresa pudo palpar el avance de esta biblioteca en cuanto a la extensión bibliotecaria y el préstamo a las escuelas en apoyo a la docencia, donde la biblioteca pública actuaba como una central distribuidora. Una vez más, María Teresa comprobó la utilidad de sus ideas expresadas en Cuba y la posibilidad de adaptación de las experiencias observadas a las condiciones nacionales. Por otro lado, ella reafirmó su convicción que lo que hacía falta era interés, personal calificado y presupuesto fijo y continuado.

Otras actividades…

El período de la República fue una etapa de grandes aportes y numerosas acciones por parte de María Teresa Freyre en pro del desarrollo de las bibliotecas en Cuba. Muchas de ellas, constituyeron un gran avance y sembraron precedentes que se mantienen hasta nuestros días como: el servicio de extensión bibliotecaria y de referencia, la creación de la red de bibliotecas públicas y escolares, la formación de los profesionales de bibliotecas de nivel superior, son hechos tangibles a lo largo y ancho del país.

El periodo revolucionario

Directora de la Biblioteca Nacional

En enero de 1959, al triunfar la Revolución, María Teresa se encontraba en el exilio en París, a donde tuvo que viajar después del asalto al Palacio Presidencial.

Identificada con el proceso revolucionario, regresó a Cuba en los primeros meses de 1959 y comenzó una nueva etapa de su vida. Como resultado de las reformas del gobierno a favor de la masificación de la cultura, pudo poner en práctica aquello que había aprendido durante sus años de trabajo bibliotecario, en los que se esforzó por aliviar la penosa situación de las bibliotecas del país y ponerlas al alcance de todos.

Entre los centros culturales intervenidos, se encontraba la Biblioteca Nacional “José Martí” y el cargo de directora le fue propuesto a María Iglesias (Maruja), una de las alumnas de María Teresa. Esta, rechazó el cargo y sugirió al Comandante en Jefe, la candidatura de su profesora: “Estábamos conversando en el pasillo, cuando de momento Fidel me comunica que me había designado Directora de la Biblioteca Nacional y a María Teresa pensaba mandarla de embajadora para Italia. Yo le dije que ella había sido profesora mía en la Universidad y tenía mucho conocimiento sobre las bibliotecas, por lo que ella pasó a ser la directora y yo, la subdirectora”.

Una vez asumida esta responsabilidad, María Teresa implementó una serie de importantes medidas para poner la institución a la altura de las circunstancias, y cambiar la imagen que el pueblo tenía de la Biblioteca Nacional.

A pesar de su delicada salud, María Teresa era una persona muy analítica, con mucho ímpetu y energía, le gustaba que todo estuviera en constante movimiento. Era enemiga del burocratismo y el esquematismo, partidaria de la creatividad. Se preocupaba por la salud de los que la rodeaban. Siempre trató de ver el punto de vista de los demás, según había defendido años antes en su ponencia “La Biblioteca, el bibliotecario y la comunidad” , fue una directora que hizo partícipe a sus trabajadores en las tareas a cumplir en la nueva sociedad.

Desde los primeros momentos, ella se convirtió en una directora ideal para la Biblioteca Nacional , totalmente abandonada. Con rapidez detectó las más urgentes necesidades y supo transmitir a sus subordinados el entusiasmo imprescindible para solucionar los problemas. Se nutrió de un colectivo de asesores, compuesto por historiadores, literatos, musicólogos, escritores de todos los géneros, y se valió de sus capacidades y conocimientos para trabajar estrecha y colectivamente en función de los objetivos propuestos. Graziella Pogolotti, Argeliers León, Juan Pérez de la Riva , Salvador Bueno, Alejo Carpentier, Oscar Pinos Santos, Fina García Marrúz, Cintio Vitier, Eliseo Diego, cada uno de ellos cooperó desde su especialidad y aportó toda su experiencia en respuesta al llamado de María Teresa.

Su primera resolución, dictada en calidad de directora de la Biblioteca Nacional, expresaba claramente la situación del momento y las perspectivas para el futuro: “Cincuenta años de atraso, reflejo sin duda de la organización económica, social y política del país hacen sentir hoy su peso sobre nuestras instituciones culturales. Años de incuria determinaron la paulatina decadencia de la investigación, tarea indispensable para la formación y el mantenimiento de una conciencia nacional, pero al mismo tiempo –y esto tiene quizás mayores y más graves alcances –se resquebrajaron los instrumentos destinados a echar las bases de una educación sólida que pudiera extenderse a todas las clases sociales”.14

Los objetivos inmediatos que se propuso María Teresa, fueron los siguientes:14

María Teresa, consciente de las funciones de una Biblioteca Nacional, realizó, sin embargo, transformaciones atípicas, sin precedentes en otros países, pero necesarias en las condiciones históricas que el país vivía: Sala Juvenil, Departamento de Extensión Bibliotecaria, Campaña de Lectura Popular, Biblioteca Circulante y el Departamento Metódico, con su Sala de Ciencia y Técnica, son algunos ejemplos.

Por un lado, la escasez de bibliotecas públicas y por el otro, la necesidad de apoyar la Campaña de Alfabetización, llevaron a emprender acciones dirigidas hacia la motivación por la lectura. Los recién alfabetizados, que constituían una gran mayoría, no debían olvidar aquello que acababan de aprender y los que sabían leer, tenían que acercarse más al mundo de libro y de las bibliotecas.

Reestructuración organizacional

María Teresa poseía los más vastos y modernos conocimientos bibliotecológicos de su tiempo y, al asumir la Biblioteca Nacional, ella rediseñó sus servicios y la dotó de una estructura departamental en función de los nuevos objetivos y con énfasis en los servicios.

En enero de 1959, la Biblioteca poseía 5 departamentos: Hemeroteca, Sala de Lectura, Restauración y Encuadernación, Almacenes y Departamento de Fostat, Laminación y Microfilm. María Teresa modificó esta estructura. De enero a mayo de 1959, se crearon los siguientes departamentos, encabezados por las graduadas de la especialidad:

En junio de 1959, se proyectó la creación de la:

Para esta fecha existían en la biblioteca, los departamentos de:

Estos últimos sufrieron modificaciones.

Así, desde el diciembre de 1959, la Biblioteca quedó dividida en 5 departamentos, los que a su vez se subdividieron en otros, cuya organización fue la siguiente:

2. Departamento de Bibliotecas Circulantes: Adultos y Juvenil.

3. Servicio de Extensión Bibliotecaria.

4. Departamento de Contabilidad y Suministros.

5. Archivo.

Servicios

Cuando María Teresa comenzó su trabajo en la Biblioteca Nacional , ésta contaba con muy pocos servicios, de hecho sólo existía, y de forma nada profesional, el servicio de préstamo en sala. Ella, según los conocimientos adquiridos en sus estudios en el exterior y la experiencia de trabajo en el Lyceum y otras bibliotecas, sabía que el usuario era la razón de ser de estas instituciones. Precisamente, hacia este enfocó ella todo el trabajo de la biblioteca, para convertirlo en el objetivo fundamental de la nueva estrategia organizativa.

Uno de los primeros servicios en oficializarse en la Biblioteca fue el de Consulta y Referencia. Este servicio no podía faltar, si María Teresa fue la que lo introdujo en Cuba, como profesora de esta especialidad durante varios años en los cursos de verano de la Universidad de La Habana. En sus inicios, este departamento dispuso de un laminario que servía para de referencia a maestros y padres, una idea adaptada de la Biblioteca Pública de New York y ensayada en la biblioteca del Lyceum. El departamento de Consulta y Referencia trabajó en relación con todos los demás departamentos de la Biblioteca y tenía a su cargo, entre otras funciones, la asesoría de los investigadores en su trabajo y la orientación de los lectores en la búsqueda de información. Para estos casos, el departamento celebraba entrevistas con los lectores y confeccionaba, cuando era necesario, listas de libros sobre distintos temas, que acompañaba de comentarios pertinentes.

Otro servicio atípico que María Teresa introdujo en la institución, fue el préstamo, en la Sala de Arte, de reproducciones de cuadros de distintos pintores famosos. En este sentido, María Iglesias Tauler (Maruja) afirma: “Dado que el momento exigía mayor cultura para el pueblo se le ocurre la idea de llevar el arte a las propias casas y centros de trabajo con el fin de que en cada rincón no faltara un pedacito de cultura para todos, desde el médico hasta el obrero, pero también con el objetivo de atraerlos hacia la lectura ”.

La Sala Circulante, por su parte, vino a materializar la idea de María Teresa de llevar el libro hasta cada hogar, a las personas que, por razones de trabajo, no podían visitar frecuentemente la biblioteca.

En aquellos momentos históricos, se concedió gran importancia a la literatura científico-técnica, por lo que una vez más María Teresa sumó la palabra a la acción, creó la Sala Técnica y participó en la confección de un catálogo colectivo que reunió toda la información necesaria para la localización de las publicaciones periódicas de corte científico-técnico. La Sala Técnica fue inaugurada el 25 de enero de 1965, en la clausura del primer Forum Nacional de Bibliotecarios. Esta sala trabajó estrechamente con los departamentos de Referencia, Metódico y Hemeroteca.

Debido a la falta de instituciones que desarrollaran o promovieran la investigación científico-técnica, María Teresa se volcó de lleno en la obtención y diseminación de este tipo de información, y le concedió una gran importancia para el desarrollo del país.

El Departamento Metódico, el que atendía directamente a la Sala Técnica , fue organizado y dirigido por la propia María Teresa, conjuntamente con Regla Peraza, este departamento fue el iniciador de los servicios de información y documentación en Cuba. Según la Regla Peraza:

“En este departamento se ponía en contacto a los especialistas con la literatura científico-técnica y según sus intereses se procesaba la información. Para esto se hizo relación con las instituciones, visitándolas por toda la Isla, para conocer sus necesidades. Se les preguntaba a los especialistas sobre lo que les hacía falta, y se visitaron desde fábricas hasta cooperativas para conocer lo que, por cada provincia, se debía comprar. También se confeccionaban listas bibliográficas sobre los temas solicitados, y se ponía al lado los lugares donde se localizaban para, a través del préstamo interbibliotecario, hacérselos llegar. También este departamento hacía fotocopia de libros o artículos de revistas por encargo”.

Con este departamento, la Biblioteca salía de su recinto y se trasladaba directamente al sector al que podía servir; surgía así el servicio que no espera por el usuario, sino que adelanta la información a la demanda. Se requería que su personal se mantuviera alerta a las necesidades e intereses de los usuarios y del país, para pasar la biblioteca de receptor pasivo a agente activo, incorporado a la producción.

Estas acciones constituían la materialización de lo planteado por María Teresa en su ponencia “ Hacia la biblioteca popular” en la que se recogen las principales pautas que caracterizaron el trabajo de toda su vida y que 19 años después ella logró aplicar, de una u otra forma, con las campañas de lectura popular, la extensión bibliotecaria, la red nacional de bibliotecas públicas y los cursos de superación.

Trabajo con los niños

María Teresa siempre se preocupó por la educación de los más pequeños y, al triunfar la Revolución, aprovechó la oportunidad para materializar sus ideas, y crear en la Biblioteca una sala para ellos.

Primeramente buscó al personal que, ante todo, gustara del trabajo con los niños, con sobrada experiencia y amplios conocimientos en este campo. Audry Mancebo no demoró en acudir a su llamado para crear una sala que atendiera todas las necesidades intelectuales y recreativas de los más pequeños y sirviera a su vez de apoyo a padres y maestros. Así nació la Sala Juvenil, según afirma Audry Mancebo, y que al decir de Maruja, fue la primera de su tipo en Cuba y Latinoamérica entre las Bibliotecas Nacionales. María Teresa y Eliseo Diego, en calidad de su asesor, hicieron una compilación de cuentos infantiles por edades. De esta forma, se materializaron sus ideas planteadas en el artículo titulado “La hora del cuento” , en relación con la importancia de este para el aprendizaje de los niños y la necesidad de que se adecuaran a sus edades.

En esta sala, Eliseo entrenó a un equipo de narradores de cuentos infantiles. Era una escuela para narradores, aunque todavía limitada a las bibliotecas y a estimular la lectura en los niños Para desarrollar este trabajo, se baso en la experiencia escandinava de “La hora del cuento” y la Biblioteca Nacional, en la persona de su directora y, con la colaboración de María del Carmen Garcini, se convirtió en la primera institución en realizar esta actividad en Cuba.

Como fruto de la labor de los bibliotecarios infantiles, en 1964, se habían inscritos en esta sala 12 274 lectores.

Adquisición y selección

María Teresa percibió que una Biblioteca Nacional debía priorizar la actualización de sus colecciones, actividad a la que confirió, desde siempre, una significativa importancia. Además de las fuentes tradicionales para el completamiento, María Teresa recurrió a otras, que permitieron ampliar los fondos de la biblioteca.

Con ese objetivo, ella se apoyó muchas veces en sus relaciones personales y de trabajo, por un lado y por el otro, en la recuperación de las colecciones de las bibliotecas particulares de los que abandonaron el país. De esta forma, enriqueció la pobre e insuficiente colección de la que disponía la Biblioteca, según los testimonios de Adelina López Llerandi.

Otro recurso que María Teresa utilizó magistralmente fue el canje internacional de publicaciones. Este fue una fuente inagotable de obtención de documentos que evitó la formación de vacíos en la colección.

Es de destacar la labor de María Teresa en cuanto al rescate de los fondos que de Cuba o sobre ella atesoraban las instituciones extranjeras. En este caso, María Teresa trató de que esos documentos, adquiridos mediante la venta de particulares y libreros, regresaran a Cuba en forma de microfilmaciones del original.

Organización de los fondos

Con vistas a organizar los fondos con métodos modernos, María Teresa veló por la aplicación del sistema de Melvin Dewey para su clasificación. Para lograr mayor rapidez en el procesamiento de los documentos, y para poder ponerlos, a las 48 horas de adquiridos, en manos de los usuarios, ella dictó una serie de medidas sobre su clasificación, catalogación y asignación de epígrafes. Posteriormente, sus modificaciones en el campo del procesamiento se generalizaron por toda la isla por medio de la red.

Dichas modificaciones se resumen en:

Campaña de Lectura popular

La idea original de esta campaña partió de Salvador Bueno, eminente intelectual cubano, y por ello María Teresa lo designó como director ejecutivo del proyecto.

En este sentido, María Teresa, elaboró una encuesta que circuló, primeramente, en la biblioteca y después se aplicó en todo el país. Esta encuesta tenía el objetivo de conocer las preferencias de lectura del pueblo para, a partir de estas, adquirir la bibliografía necesaria para desarrollar la campaña de lectura popular.

Las campañas se coordinaron con la enseñanza obrero-campesina y con las escuelas populares del Ministerio de Industrias, se obtuvo un gran éxito en ambos casos. Se extendieron hasta las provincias de Santa Clara, Cienfuegos y a Bayamo; sin embargo, no continuaron al cambiar la Biblioteca Nacional de estructura y de dirección.

Extensión Bibliotecaria

Este departamento, creado en 1959, se encargó de fomentar y asesorar a las minibibliotecas organizadas en varios sindicatos y a aquellas que surgieron en el interior del país como parte de la campaña por la lectura popular.

Este departamento tuvo una importante función en la orientación y creación de bibliotecas con pequeñas colecciones de libros de diferentes géneros que llevaron el préstamo de libros a centros laborales y barrios que no contaban con bibliotecas públicas.

Las colecciones de minibibliotecas se crearon con los fondos de la Nacional y se renovaban continuamente. En la selección de los libros, se ponía énfasis en los problemas políticos y sociales, sin descuidar la biografía y la historia.

Además de los libros, este departamento llevó a los centros de trabajo, películas, organizó charlas de arte y música y montó pequeñas exposiciones.

A las bibliotecas que se desplazaron hacia el campo se les llamó bibliotecas viajeras. Estaban equipadas con transporte de motores de doble tracción, capaces de desplazarse por los difíciles caminos y llevar el libro a los lugares en que, tal vez, sólo habían visto la cartilla de alfabetización.

María Teresa se sintió satisfecha, pero su trabajo no terminó ahí, sino que continuó para que en cada provincia se fundara una biblioteca pública.

Red de Bibliotecas Públicas

La situación de las bibliotecas públicas en Cuba era tan precaria que, al triunfar la Revolución , la Biblioteca , en su doble función de Nacional y Pública, asumió la dirección metodológica del resto de las bibliotecas. En los primeros años de la década de los años 60, se creó la Dirección Nacional de Bibliotecas (DGB), bajo la dirección María Teresa. Esto posibilitó que pusiera en práctica sus ideas sobre la integración de las bibliotecas existentes en el país. En esta etapa, ella no sólo las integró, sino que aumentó su número y creó una Red Nacional de Bibliotecas Públicas.

Estas bibliotecas se catalogaron como tipo A, B y C. Las del tipo A eran similares a la Nacional y se situaron en la capital de cada provincia. Su función principal consistía en recopilar la riqueza bibliográfica de su territorio.

Las del tipo B, contaron con los mismos departamentos que las anteriores, menos el de investigaciones. Su actividad principal giraba alrededor de la extensión bibliotecaria mediante las bibliotecas viajeras. En este sentido, la biblioteca de Cienfuegos “Roberto García Valdés”, primera de su tipo, realizó una destacadísima labor.

Las del tipo C se situaron en pequeños grupos poblacionales. Era la primera vez que se hacía con éxito un servicio de tal naturaleza.

María Teresa, en calidad de Directora de la DGB , atendía a cada una de estas bibliotecas personalmente y siempre, 2 ó 3 veces al año, viajaba a las provincias para controlar el buen funcionamiento de todas y cada una de las bibliotecas que integraban la red.

Un elemento de extrema importancia, y que surgió, en 1963, por la iniciativa de María Teresa, fue el boletín Bibliotecas. En su primer número ella escribió:

“[…] se impone un órgano de comunicación que venga a unir cada vez más a todos los que trabajan en este empeño y a mantenerlos enterados de la labor que se realiza. Por eso comenzamos a publicar hoy este boletín en el que ofreceremos contribuciones que recogerán las experiencias y los logros obtenidos por los compañeros que trabajan en diferentes campos de nuestra técnica bibliotecológica, resúmenes de artículos tomados de revistas extranjeras semejantes a esta, a fin de divulgar la forma de trabajo y los problemas que confrontan otros países. Consagraremos una sección a contestar las preguntas de carácter técnico que deseen formular los compañeros […]”.11

Estas palabras explican los objetivos de esta publicación, órgano oficial de la DGB. La importancia y significación de este boletín fue tal que continúa hasta nuestros días su publicación.

La Red de Bibliotecas Públicas posibilitó cumplir con el viejo anhelo de María Teresa de dotar a cada provincia, municipio, batey o caserío de una pequeña institución que permitiera a los pobladores satisfacer sus necesidades de información. Con esa verdadera revolución informacional, María Teresa se sintió satisfecha por ser parte de esta actividad. A pesar de su edad y el estado de salud, se sentía útil, se sentía ya cansada.

Capacitación bibliotecaria

La formación y superación profesional del personal que laboraba en las instituciones bibliotecarias era muy importante para María Teresa. Conciente de la necesidad de personal técnico, ante la extensión y aumento de la cantidad de bibliotecas y de sus servicios, ella, en 1962, fundó y dirigió, en sus primeros años, la Escuela de Capacitación de Técnicos de Bibliotecas con un programa que comprendía clases teóricas y trabajo práctico en la Nacional. A la par con los residentes en la capital, en la escuela, se admitían a los becarios de todas las provincias.

Para ingresar en esta escuela, era necesario someterse a un riguroso examen que contaba como colofón con una entrevista, realizada por la propia María Teresa. Ella también revisaba cada plan de estudios que se implantaba.

Esta escuela fue muy importante en los primeros años de la Revolución , la primera y única en su época. Actualmente, se mantiene para cumplir con los mismos objetivos para los cuales María Teresa la creó y se han abierto otras, con carácter similar, en otras provincias.

Al decir Maruja Iglesias, “[…] sin duda alguna, bajo su dirección la Biblioteca Nacional se convirtió en el centro cultural más importante de la época ”.

Sin duda alguna, la obra realizada en aquellos años, aunque se debió a un equipo de trabajo y a un determinado momento histórico, fue ideada por María Teresa, su guía y promotora de iniciativas, que supo escuchar a los demás y luchar contra la rutina y la autocomplacencia. A sus trabajadores, ella brindó el apoyo necesario y el estímulo adecuado. Ofreció el ejemplo del trabajo incesante. Con extrema disciplina, logró colocar a la biblioteca y al bibliotecario en el lugar que le correspondía dentro de una sociedad justa y revolucionaria.

Tenaz y optimista, con un espíritu inquieto, curiosa ante lo nuevo, cuando se piensa en el surgimiento y el desarrollo de la Bibliotecología en Cuba, el lugar cimero en este proceso pertenece, sin lugar a dudas, a María Teresa Freyre de Andrade.

Investigadores participantes

Los siguientes especialistas aportaron datos de gran utilidad para la elaboración y perfeccionamiento de la presente contribución:

Adelina López Llerandi

Audry Mancebo Melendez
Conchita Freyre de Andrade
Regla Peraza Sarausa
Josefina González
Marta Terry
María Iglesias Tauler
Salvador Bueno
Sidroc Ramos
Cesar García del Pino
Julio Domínguez

Referencias bibliográficas

  1. Jiménez X. La biblioteca y la educación comunista. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí 1981;XXIII(2):58-9.
  2. Setién Quesada E. El desarrollo de la Biblioteca Nacional durante 75 años y su influencia en el movimiento bibliotecario del país. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí 1977;XIX(1):59-94.
  3. Freyre de Andrade MT. El trabajo bibliotecario en Cuba republicana. Cuba Bibliotecológica 1953;2(1):8.
  4. Pérez de la Riva J. Los 75 años de nuestra casa. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí 1976;(3):5.
  5. Pogolotti G. La Pasión de servir. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí 1975;XVII(3):11.
  6. Freyre de Andrade MT. Hacia la biblioteca popular. La Habana : Imprenta Ucar García, 1941.p.13-16.
  7. Comentarios editoriales. Boletín Bibliotécnico 1941;IV(s.n.):4.
  8. Freyre de Andrade MT. La división del trabajo en bibliotecas II. El Nuevo Mundo 1941;1(3):25.
  9. Freyre de Andrade MT. Hacia la biblioteca popular. La Habana : Imprenta Ucar García, 1941.p.13.
  10. Freyre de Andrade MT. El servicio de bibliografía y referencia y la adquisición de libros en una biblioteca. La Habana : Asociación Cubana de Bibliotecarios, 1942. p.3.
  11. Freyre de Andrade MT. Editorial. Bibliotecas 1963;1(2):1.
  12. Jornadas Bibliotecológicas Cubanas. Recomendaciones y trabajos. La Habana : Comisión Nacional Cubana de la UNESCO , 1953. p. 5.
  13. Segundas Jornadas Bibliotecológicas. Informe final, recomendaciones y trabajos. La Habana : Comisión Nacional Cubana de la UNESCO , 1954.
  14. Freyre de Andrade MT. Resolución. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí 1959;1(1):1.

Recibido: 23 de enero del 2006. Aprobado: 13 de febrero del 2006.
MsC. Zoia Rivera. Departamento de Bibliotecología y Ciencia de la Información. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana. Calle G No.506 entre 21 y 23. El Vedado. Plaza de la Revolución. Ciudad de La Habana. Cuba. CP 10 400. Correo electrónico: zoia@infomed.sld.cu

1Licenciada en Bibliotecología y Ciencia de la Información.
2Máster en Comunicación. Profesora Auxiliar. Bibliotecología y Ciencia de la Información. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.

*Es una versión reducida del trabajo de diploma presentado en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en el año 2005, por Dania Montes de Oca Sánchez, para optar por el título de Licenciada en Bibliotecología y Ciencia de la Información, titulado “María Teresa Freyre de Andrade: fundadora de la Biblioteconomía moderna en Cuba”, realizada por el licenciado Rubén Cañedo Andalia. Su texto completo puede consultarse en la biblioteca de la citada institución.

Ficha de procesamiento

Clasificación: Artículo histórico.

Términos sugeridos para la indización

Según DeCs1

PERSONAJES; BIBLIOTECAS; CUBA.
FAMOUS PERSONS; LIBRARIES; CUBA.

Según DeCI2

PERSONAJES; BIBLIOTECAS; CUBA.
FAMOUS PERSONS; LIBRARIES; CUBA.

1BIREME. Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS). Sao Paulo: BIREME, 2004.

Disponible en: http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm

2Díaz del Campo S. Propuesta de términos para la indización en Ciencias de la Información. Descriptores en Ciencias de la Información (DeCI). Disponible en: http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf

 

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