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Acimed 2006; 14(5)

Artículos teóricos

Los valores del profesional de la información ante el reto de la introducción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación

Lic. Yanelis González Pérez,1 Lic. Yorbelis Rosell León,1 Lic. Yelina Piedra Salomón,1 Lic. Osvaldo Leal Labrada2 y Lic. Franklin Marín Milanés2

Resumen

Se reflexiona sobre la vocación y la formación de valores en los profesionales de la información. Se esbozan los valores necesarios para manejar adecuadamente las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y se indican nuevas pistas a explorar como resultado de una reflexión desde dentro de la profesión. Se expone cómo la lectura es una vía potencial para la formación de los valores de esta clase de profesionales y en la sociedad en sentido general, tanto en el ambiente tradicional como en el digital.

Palabras clave: Profesionales de la información, formación de valores.

Abstract

Reflections are made on the vocation and formation of values in information professionals. The values necessary for an adequate management of the new information and communication technologies are outlined, and new clues to be explored are indicated resulting from a reflection made from inside the profession. The way in which reading is a potential way for the formation of the values of this type of professionals and for society in general both, in the traditional and in the digital environment, is exposed.

Key words: Information professionals, formation of values.

Copyright: © ECIMED. Contribución de acceso abierto, distribuida bajo los términos de la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual 2.0, que permite consultar, reproducir, distribuir, comunicar públicamente y utilizar los resultados del trabajo en la práctica, así como todos sus derivados, sin propósitos comerciales y con licencia idéntica, siempre que se cite adecuadamente el autor o los autores y su fuente original.

Cita (Vancouver): González Pérez Y, Rosell León Y, Piedra Salomón Y, Leal Labrada O, Marín Milanés F. Los valores del profesional de la información ante el reto de la introducción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Acimed 2006;14(5). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol14_5_06/aci07506.htm [Consultado: día/mes/año].

"No basta con enseñar a un hombre una especialidad. Aunque esto pueda convertirle en una especie de máquina útil, no tendrá una personalidad armoniosamente desarrollada (…) De otro modo, con la especialización de sus conocimientos más parecerá un perro bien adiestrado que una persona armoniosamente desarrollada".

Albert Einsten, 1952, The New York Times

Las vocaciones y los valores se orientan, forman y educan. Estos conllevan un compromiso que se basa en el ofrecimiento de los esfuerzos personales a otros: los usuarios. Vistos desde el reflejo en los procesos educacionales, se puede hablar de orientación vocacional como el proceso que ayuda a valorar las distintas opciones profesionales que existen en la enseñanza.

La universidad pretende: “Ser espacio de reflexión, creación de conocimientos científicos y tecnológicos y de formación de valores, para coadyuvar a la continuidad histórica de la Revolución Cubana y al enriquecimiento cultural de la sociedad, desempeñando un papel principal en el desarrollo, difusión y aplicación de las ciencias sociales, naturales, económicas y exactas y en la formación integral y continua de profesionales con capacidad de liderazgo científico y político, identificados con la Revolución y el Socialismo”.1

En Cuba, la formación de los profesionales de la información garantiza explícitamente una instrucción hacia la actividad práctica, no así su crecimiento personal una vez graduado. Los mecanismos para formar una conducta ante la vida y el trabajo no son suficientes.

En este contexto sería oportuno preguntarse: ¿se es coherente con los planes de formación profesional que tiene la enseñanza universitaria? ¿Se desea un profesional capaz de realizar una actividad determinada con indiferencia hacia las incidencias que esto pueda tener en la sociedad, o un profesional que responda a un llamado consciente para construir una sociedad cada día mejor? Hoy, más que nunca, para el profesional de la información, por su lugar y función en los escenarios en que se desenvuelve, es necesario responder estas preguntas con claridad.

En la sociedad de la información, a la que cada día se reconoce como símbolo de progreso y transformación, se está ante la presencia de un elemento que la determina y que puede convertirse tanto en un regulador de los valores sociales como en un catalizador de antivalores. Se trata de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) como condicionantes de toda actividad; su uso y manejo implican una gran responsabilidad, por las disímiles repercusiones e incidencias que tienen en el desarrollo general de cualquier pueblo o nación.

A continuación, se pretende realizar algunas reflexiones sobre la vocación hacia el servicio que debe existir entre los profesionales de la información, a partir de ilustrar la necesidad que existe de fortalecer y consolidar una formación de valores en la enseñanza universitaria, con vista a crear en estos especialistas, una necesidad interior por realizarse personal y profesionalmente.

Desde el surgimiento de la profesión, la labor de información exhibe una vocación, un sentir altruista y una responsabilidad sobre los recursos de información que se ofrecen. Actualmente, esta responsabilidad es mayor cuando los canales de comunicación e información, se establecen sobre plataformas renovadas que intentan eliminar distancias y espacios entre el hombre y los recursos de información.

Los manejos adecuados de esta plataforma tecnológica – comunicativa, pueden generar puentes de contacto entre todos los hombres o posibilitar desencuentros y conflictos; por tanto, el profesional de la información ostentará, cada vez más, una función mediadora ante el acceso a la información que circula en esta nueva plataforma. Su desempeño debe estar respaldado primero por un condicionado respeto y amor al otro y por lo que se hace.

La formación de los profesionales de la información

La evolución del concepto formación profesional se ha abordado desde diferentes perspectivas. La mayoría de los autores concuerdan en que es un proceso mediante el cual se crea un profesional con una preparación profunda para que, una vez culminada su carrera, resuelva con eficacia, independencia y capacidad creadora los problemas más generales y frecuentes en su quehacer laboral.

A los efectos de la presente contribución, se define la formación profesional como el “proceso mediante el cual se adiestra al estudiante para la adquisición de conocimientos e información y el dominio de las nuevas tecnologías, donde se forma en el más amplio sentido intelectual y curricular, en la integración de la producción y la investigación, para que –concluida su carrera– sea capaz de resolver con eficacia, independencia y capacidad creadora, los problemas más generales y frecuentes de su quehacer laboral” (González Pérez Y. Influencia de la formación profesional recibida por los estudiantes de las carreras universitarias en sus hábitos de lectura. Observaciones no publicadas).

En sentido general, la enseñaza superior trata de preparar al especialista en una rama determinada del conocimiento. Ella persigue como objetivo que el estudiante comprenda que las asignaturas que se imparten como parte del plan de estudio permiten integrar los conocimientos necesarios para su futuro desempeño como graduado universitario.

Las especialidades universitarias, conformadas por un ciclo de asignaturas político-ideológicas y uno de las asignaturas básicas de la carrera, pretenden moldear un profesional idóneo.

Hoy, la formación de este profesional se basa principalmente en la instrucción de las competencias intelectuales y las destrezas que debe adquirir el estudiante mediante un conjunto de asignaturas que intentan explicar hechos históricos y actuales, que forman habilidades e intereses, con una formación de valores de carácter implícito en la instrucción, donde ocupa el lugar determinante el profesor como eje conductor de esta formación.

Es conveniente señalar que con frecuencia se deja solo en manos de la “correcta” relación profesor-alumno qué hacer en la labor docente, así como el espacio para la formación de valores, con la idea de que en este proceso de asimilación visual, comprensión de información pasiva o dinámica y de actitudes conducidas o estimuladas, conducirá a la formación o consolidación de los valores necesarios entre los estudiantes de las diferentes especialidades.

La formación de valores siempre va más allá, como producto de la personalidad que se relaciona con una realidad objetiva, se expresa por medio de conductas y comportamientos. Los valores solo pueden formarse si se estimula una apropiación de conocimientos como resultado de ejercicios de auto-reconocimiento, de valoración personal y de la actividad práctica a desempeñar. Solo, si es el resultado de un proceso consciente de lo que es emocional y racional en el estudiante, puede generarse una primera observación hacia dentro para luego devengar una observación hacia afuera. Lo primero es enseñarlo a conocerse y pensarse a sí mismo, para que después sepa por qué, para qué y cómo ofrecerse a otros.

Si se asume como obvia la formación de un profesional con valores sólidos e identificados con las necesidades de otros, y no se concibe como un proceso indisoluble de la educación, será muy difícil que la enseñanza universitaria genere un profesional éticamente sólido y con una vocación para los servicios nacida del respeto que se tiene a sí mismo y a lo que hace, con un sentido claro de su existencia y de su actuar.

Vocación de servicio: un valor que debe predominar en el profesional de la información

Actitudes, habilidades y conocimientos adecuados son los ingredientes necesarios para el buen ejercicio en cualquier profesión. La clara identificación del bien intrínseco de una profesión y el poder acceder a los medios materiales suficientes como para que la actividad se oriente hacia dicho bien intrínseco, suscita que los profesionales sientan la vocación. En el caso del profesional de la información, que su desempeño laboral se inserta en una inevitable relación con otros (usuarios de información. Es necesario asegurar un tiempo mínimo para desarrollar valores que garanticen una futura comunicación con el destinatario final de lo que se ofrece) servicios de información.

“La carrera de Bibliotecología y Ciencia de la Información tiene como objetivo egresar un profesional capaz de resolver con su actividad la contradicción que se produce entre la accesibilidad y disponibilidad de recursos de información y las necesidades, expresadas o no, de información y de formación de diferentes personas o grupos sociales”.2 “Para esto, el profesional debe lograr la correspondencia entre los recursos y los requerimientos de información, y esto implica, tanto la identificación de necesidades y recursos como la representación y organización de la información y la satisfacción de los destinatarios. Las acciones derivadas suponen la debida fundamentación histórica y teórica, y la utilización de una amplia variedad de procedimientos, técnicas y tecnologías”.2

Como antes se expresara, las vocaciones se orientan, se forman, se educan. Es decir, se estructuran a partir de aquellos valores que se adquieren en el desarrollo social del hombre. Un hombre que crece en familia, célula principal que matiza y condiciona su edificación personal, se vincula conscientemente a diversos procesos de enseñanza que constituyen un elemento de categoría en su formación, y pasa por diferentes etapas, desde la educación primaria a la secundaría, media y, por último, la superior o universitaria.

Cuando arriba a la universidad, está casi “hecho”, casi formado, condicionado por las tendencias y comportamientos que han madurado como parte indisoluble y determinante de sus actitudes y cualidades a la hora de enfrentar la vida. El estudiante que llega a la enseñanza universitaria distingue, como imperativos a respetar, como entes paradigmáticos, aquello que se le ha indicado como elementos valiosos: el bien, la verdad, la belleza, la felicidad, la virtud.

Sin embargo, el criterio para otorgarles valor varía según la condición que tenga para establecer una escala de valores. Esta quedará establecida de acuerdo con los criterios estéticos, esquemas sociales, costumbres o principios éticos que posee.

Teniendo en cuenta el análisis realizado por diferentes autores, se plantea que el estudiante puede definir su escala de valores a partir de:

Valores

Fin objetivo

Fin subjetivo

Mediante actividades como

Toda una persona dirigida por

Su necesidad a satisfacer

Religiosos

La figura de un dios

Alcanzar la santidad

Culto interno y externo, mediante la asimilación de virtudes sobrenaturales

 

Fe

 

Autorrealización; llega a convertirse en santo

Morales

La bondad

Alcanzar la felicidad

Virtudes humanas

 

Libertad en la razón

Autorrealización; llega a convertirse en una persona
Íntegra

Estéticos

La belleza

Gozo de la armonía

Contemplación, creación, interpretación

 

Lo hermoso

Autorrealización, llega a convertirse en una persona
Íntegra

Intelectua-les

La verdad

Alcanzar la sabiduría

Abstracción y construcción

La razón

Autorrealización, llega a convertirse en una persona
íntegra

Afectivos

El amor

Alcanzar agrado, reconocimiento, afecto, placer

Manifestaciones de afecto, sentimientos y emociones

 

La afectividad

Del yo y llega a convertirse en una persona
sensible

Sociales

El poder

Alcanzar fama, prestigio

Relación con hombre masa, liderazgo, política

Capacidad de interacción y adaptabilidad

Sociales; llega a convertirse en una persona famosa, un líder, un político

Físicos

La salud

Alcanzar bienestar físico

Cultivar la higiene, el deporte

 

El cuerpo

Fisiológicas; llega a convertirse en una persona atlética

Económicos

Los bienes, la riqueza

Alcanzar comodidad

Administración, especulación

Cosas a las que se concede valor convencional

Seguridad;
llega a convertirse en una persona de negocios

 

En la medida en que el estudiante establezca su escala de valores, podrá forjarse en su formación como profesional. El reto consiste en afianzar aquellos valores excelsos, que puedan reforzar el ideal de formarse como una persona íntegra y dedicada a los demás. Según el énfasis con que se realicen los intentos para conquistar estos valores, se podrá hablar de una autorrealización o una frustración, que puede desencadenar conflictos en la adquisición y conformación de conductas, actitudes o la degeneración de sus cualidades.

La formación del profesional de la información, por la función que tiene como facilitador de los medios de información y la comunicación del conocimiento en la sociedad, debe asumir este reto. Aunque en la universidad se recibe un joven casi hecho, no es menos cierto que, como enseñanza definitivamente superior, presenta una función determinante en su instrucción y educación. La universidad es la responsable de graduar a un profesional apto para transformar al mundo en una humanidad mejor.

Se habla de un profesional que sea protagonista de los procesos de aprendizaje y adquisición de conocimientos, sometido a una constante ruptura con los esquemas anteriores de comunicación, y que se convierte en eje fundamental de los accesos que se crean. Cada vez, adquiere más importancia entregar y cómo entregar aquello que es realmente valioso, de manera que los recursos para el aprendizaje y la generación de nuevos conocimientos no se aparten nunca de las premisas antes expuestas. Para eso, la formación del profesional no puede basarse en una formación netamente académica, sino en una cimentación integral, donde los valores se identifiquen, asimilen y asuman como agentes activos en los cambios sociales.

Formación de valores

Los valores son “contenidos transversales que se encuentran a lo largo y ancho del currículo”.3 Su formación, es un fenómeno complejo que se ha abordado desde las más disímiles aristas y en diversos contextos. Estos conforman la idea que tiene cada persona sobre cómo vivir (encuentro con las demás personas) y la decisión a favor de una manera de ser (desarrollo de un proyecto personal).

Los valores se forman en un proceso de socialización. Según Arana “en la medida que los seres humanos se socializan y la persona se regula de manera consciente, se estructura una jerarquía de valores que se hace estable, aunque puede variar en las distintas etapas de su desarrollo y en situaciones concretas”.4 Esto supone entonces que el desarrollo moral, como el crecimiento personal, requiere un aprendizaje.

Los valores éticos desde el plano profesional son elementos que inciden directamente en los procesos lógicos del intelecto, visto este último como el resultado del desarrollo de la actividad cognoscitiva a lo largo de la vida investigativa del ser humano.

Para el profesional de la información, en los procesos de análisis, generalización, abstracción, especificación, por solo citar ejemplos, cobra especial significación, la coherencia entre la capacidad científica e intelectual y los principios clásicos de la ética de un profesional, que deben arraigarse de manera consciente y casi automática. La determinación, el respeto a las ideas, la honestidad, son valores que, más allá de distinguirse como admirables, son indispensables para este medio.

La sociedad de la información se caracteriza por la heterogeneidad; coexisten en ella grupos con diferentes grados de desarrollo moral. Para conseguir una convivencia pacífica, una sociedad multicultural necesita guiarse por una ética de mínimos compartidos, que es la que se procura plasmar en las leyes.

La tradición occidental desde Kant, afirma que el ser humano no tiene precio, sino dignidad. Lo que condiciona que se sienta comprometido con un proyecto social.

En este aparte es conveniente indicar los elementos que se consideran para hablar de una formación de valores: “el valor tiene un contenido social empírico como ente de actitud o conciencia individual que, en forma colectiva, determina la estructura social mediante una estratificación igualmente social. Los valores son cuasi-axiomas, como imperativos a respetar, como entes paradigmáticos”.5

Es indispensable que cada nivel educacional, desde la enseñanza primaria hasta la media superior, se ocupe de crear y sentar las bases para el futuro profesional del estudiante, donde definitivamente se considere vital la formación de valores. No obstante, a la educación superior corresponde la pincelada final en este sentido, porque ella tiene la obligación de adecuar y potenciar los valores necesarios para el correcto desempeño de cada profesión. Esta es la esencia sobre la cual deberá trabajar cada especialidad. Para eso deberá emplear tanto las vías curriculares como las extracurriculares.

La nueva universidad por la que se trabaja hoy en Cuba persigue formar expertos con altos niveles de preparación, tanto profesional como política, con un fuerte compromiso con la sociedad en que viven.

La función de la universidad en su formación y consolidación se manifiesta activamente, porque no solo actúa como entidad que opta por la instrucción de los futuros profesionales, sino también porque ellos estén aptos para transformar el mundo, para lograr un mundo mejor, a partir de un conjunto de valores.

Los jóvenes constituyen el relevo en la escala generacional, y una acertada educación desde el punto de vista patriótico, ético y cultural garantiza, en gran medida, el futuro del país. El estudiante que hoy ingresa a la “Casa de Altos Estudios” debe hacerlo con la convicción de que su tarea es formarse integralmente para figurar en cualquier frente. Sobre esta base se revela la necesidad de fortalecer y consolidar la conformación de valores en este nivel.

Para desarrollar los valores de los estudiantes es preciso estar conscientes, ante todo, de que “son jóvenes que han seleccionado una carrera y su futura labor profesional constituye el centro alrededor del cual deben diseñarse las influencias instructiva y educativa”.6

El país, en proceso de perfeccionamiento, fue capaz de reconocer las carencias formativas desde el punto de vista profesional y en ese marco ha desarrollado un enfoque integral para la labor educativa y político-ideológica con los estudiantes. Dicha labor es liderada por proyectos educativos en sus respectivas dimensiones, capaces de cubrir el espectro formativo del proceso docente.

Es evidente la función determinante de la universidad, no solo como entidad cultural formadora de profesionales con sólidos conocimientos científicos, sino también como entidad que cultiva y fortalece los valores profesionales del estudiantado.

Como parte de una estrategia de la máxima dirección de la Revolución, la universidad, en cada época, se ha vinculado a la realidad social, cultural y política del país. Estas estrategias, no solo transitan por la solución de determinados problemas sociales, sino que son pautas que persiguen moldear e incorporar nuevos valores en el estudiantado.

Las ideas y las actividades son varias. Un hecho importante es la vinculación con los nuevos proyectos educacionales de la Revolución como ocurre con los trabajadores sociales, las sedes universitarias municipales (SUM) y los estudiantes de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI).

Otras tareas con igual significación, pero con una proyección más social, es la participación en actividades como: censos de población y viviendas, la aplicación de encuestas a los ancianos pensionados y residentes en ciudadelas y barrios marginales, el censo electro-energético, la participación en proceso de la Batalla de Ideas y de la Campaña Electroenergética, así como la docencia a estudiantes venezolanos. Estas labores han posibilitado la observación de la realidad del país desde una perspectiva más crítica y consciente; así como el conocimiento de la situación actual en otros países.

Formación de valores en el profesional de la información

El profesional de la información se ocupa de resolver, mediante su actividad, la problemática relacionada con el acceso y la disponibilidad de los recursos de información. Toma como punto de partida las necesidades de formación e información de las distintas comunidades o grupos sociales. Para esto debe reunir un conjunto de valores que, inculcados a lo largo de la carrera como componentes formativos de su personalidad profesional, tributen a su correcto desempeño y desarrollo en la sociedad.

El profesional de la información debe poseer, entre sus rasgos distintivos, el respeto hacia los usuarios a los que dirige su servicio, y para esto debe identificarse con su excelencia y funcionalidad. Debe tener, además, una visión de futuro y un pensamiento estratégico para identificar las oportunidades dentro y fuera de su medio, así como asumir nuevos retos políticos, sociales o culturales, y actuar como un catalizador del cambio.

La habilidad para la comunicación, tanto con los usuarios como con sus compañeros de trabajo, es otra de las características que debe reunir este profesional para garantizar la realización del trabajo en equipo. Aspectos como: su capacidad para sensibilizar a los que lo rodean sobre la importancia de su trabajo y de la influencia de la información en la toma de decisiones y en la investigación; el conocimiento de los temas que aborda la institución en que se desempeña; el trabajo en correspondencia con sus metas, objetivos y misión; así como su capacidad para irradiar conocimiento por medio de la diseminación de información relevante a cada área específica de la ciencia; contribuyen a elevar su sentido de profesionalidad.

A partir de esta reflexión, es válido aclarar que el profesional de la información debe identificarse con su profesión, profesarle amor e interés y; entre otras cuestiones, manifestar su vocación por el servicio al nivel más alto. Este profesional está llamado a ser un gestor y facilitador por excelencia en materia de acceso al conocimiento universal, si realmente desean ser líderes en la ejecución de los procesos relacionados con la organización, manejo y disponibilidad de la información en cualquier formato y contexto.

Relación entre los valores del profesional de la información y las NTIC

Desde los años 80, el impacto de las NTIC en las diferentes esferas de la sociedad es un foco delirante en los disímiles espacios de debate entre los profesionales de la información. Varios son los enfoques; estos giran en torno a los nuevos retos del profesional y la coherencia existente entre su formación académica y las nuevas tareas que en un renovado contexto socioeconómico se imponen. Pero algo es cierto y es que las NTIC representan el gran paradigma del siglo XXI y se han erguido como eje de una nueva sociedad: la “sociedad de la información”. La irrupción de las NTIC en las diferentes esferas sociales ha provocado un cambio sustancial y ha creado nuevos ambientes de comunicación.

Se plantea que “las NTIC han generado un cambio sociológico a nivel mundial”,7 y que marcan o caracterizan la sociedad global actual.  Entre los elementos que la distinguen, varios autores coinciden en que pueden señalarse los siguientes aspectos:7

Para los profesionales de la información, estos rasgos cobran significativa importancia, a partir de la función social que estos desempeñan. Ante este nuevo contexto, la presencia y apreciación de valores que en el individuo “cotidiano” pueden pasar de forma inadvertida, para el profesional de la información, por su ascendencia en determinadas áreas sociales, el reflejo de los valores que posee influye representativamente en la dinámica de su comunidad usuaria.

Vizcaya,8 señalaba que “la información es al conocimiento lo que el lenguaje al pensamiento: su forma de expresión”. En nuestros días, las NTIC son un importante eslabón en la forma de difusión de cada uno de estos elementos, donde los valores de profesional de la información, son determinantes.

A pesar de las potencialidades que las NTIC ofrecen, los valores del profesional condicionan su comprensión, interpretación y uso. En ocasiones se observa una actitud pasiva ante el crecimiento y poder de la tecnología, y el análisis del tema se aborda como si ella tuviera vida y leyes propias. Esta posición implica que ante su crecimiento no hay nada que hacer, sin recordar que la tecnología es, finalmente, una creación del ser humano y debe estar a su servicio y no convertirlo en su servidor o su esclavo.

Cuando se analizan temas como el que se pretende abordar en este trabajo, es importante referirse a las actuaciones que provocan el conflicto centro del análisis. Según Arana , dicha discusión se centra en la contradicción entre “el ser y el deber ser y derivado de ello entre el hacer y el saber hacer”.4 Es decir, según los valores que se posean, así será el uso que se hará de las tecnologías. La piratería (un término popularmente utilizado para referirse a la copia de obras literarias, musicales, audiovisuales o de software realizada sin respetar sus derechos de autor, es decir, sin el consentimiento del autor o sin obtener una licencia para su uso. La expresión correcta para referirse a estas situaciones sería copia ilegal o copia no autorizada y, en términos más generales, infracción al derecho de autor) y el plagio, por ejemplo, son fenómenos que generan el mal uso de las NTIC.

Varios autores han abordado el tema desde diferentes enfoques. Shapiro, por ejemplo, define Internet como “una gigantesca máquina de copia”.9 Villate, por su parte, señala que “por primera vez en la historia, la tecnología permite realizar copias perfectas, idénticas al original, y distribuirlas masivamente sin apenas costos económicos”.9 Barlow afirma: “Imagine el descubrimiento de un inmenso continente de dimensiones desconocidas. Imagínese un nuevo mundo con tantos recursos que toda nuestra codicia no lo pudiera agotar; con más oportunidades empresariales que empresas que pudieran explotarlas y un estado del bienestar que se extiende y desarrolla paulatinamente. Imagine un lugar: 1) donde los intrusos no dejan huellas, 2) donde los bienes pueden robarse un sinnúmero de veces y quedarse a la vez en posesión de sus dueños originales, 3) donde empresas de las que nunca oíste hablar pueden poseer datos de tus asuntos personales”.10

En total acuerdo con Doug Jonson , puede decirse que las acciones que en nuestra vida cotidiana nos parecen inadecuadas, por ejemplo, como la de un estudiante que roba un libro de la biblioteca porque no tiene dinero para comprarlo, un estudiante que copia el trabajo que le ha encargado un profesor, un estudiante que roba las llaves del despacho de dirección y cambia sus notas, en el mundo de la tecnología no nos lo parecen tanto. Así prolifera hacer copias ilegales de software, “copiar y pegar” para realizar trabajos para las clases, bajar música y películas de Internet, entre otras prácticas.

Otro aspecto censurable desde el punto de vista ético es la creación y difusión de virus informáticos, la propagación de productos que atentan contra la preservación de los sistemas de información, que son capaces hasta de dañar la estructura interna de una computadora.

Se plantea que, en los contextos del nuevo paradigma de la información, el profesional de la información “asume una gran responsabilidad no solo individual sino social. La sociedad coloca en sus manos las más avanzadas tecnologías para diseñar y estructurar de la manera más racional y eficaz posible, el flujo y almacenamiento de la información. Es su deber lograr un producto de la mejor calidad y altamente fiable para contribuir eficientemente a la toma de decisiones. La ineficiencia, la alteración de los datos, la indiscreción en la manipulación de la información sensible no solo atenta contra la seguridad social, sino que son actitudes éticamente reprochables desde el punto de vista profesional. Del mismo modo, el uso inadecuado de la información o la desinformación con fines nocivos, egoístas, individualistas o subversivos, nada tienen que ver con su profesionalidad”.11

Esto no significa que se descarte aquello que, desde el punto de vista objetivo, se reconoce como necesidad de compartir e intercambiar conocimiento. Varios proyectos están dirigidos a esto y es precisamente el uso de las NTIC lo que permite su efectividad. Por ejemplo, las listas de discusión y foros temáticos, así como el software libre.

La revolución tecnológica ha generado innumerables ventajas que han producido cambios en la forma de actuar y de pensar de la sociedad. Amoroso señala que nos encontramos ante “una parábola histórica”, porque “los adelantos pueden utilizarse en beneficio del desarrollo de la propia humanidad o para destruirla”.11 Esto nos lleva no solo a la aplicación de un nuevo sistema tecnológico, sino también a asumir la apropiación de un nuevo sistema de valores que condicione la conducta social, porque estos se encuentran en el primer eslabón de conexión entre lo tecnológico y la sociedad.

Una de las vías para potenciar y formar valores en la sociedad desde tiempos inmemoriales es la lectura, porque con la interiorización del contenido de cada documento, el individuo encuentra una forma de proyectarse ante la vida.

Con el surgimiento y desarrollo de las NTIC, el proceso de lectura ha adquirido nuevas dimensiones, sea por las nuevas formas de concebir el proceso de escritura, como el propio de la lectura.

Lectura - valores - tecnología

Desde que el ser humano sintió la necesidad de transmitir en el tiempo sus ideas, sentimientos, valores y conocimientos a otros, ha utilizado diferentes vías y formas para lograr su propósito.

La lectura se revela como un acto del pensamiento, un recurso indispensable para el aprendizaje. Este proceso, no solo constituye una actividad recreativa, libre y creativa que contribuye a la formación integral de cada persona, sino que se presenta, además, como una actividad con una influencia positiva en la calidad de expresión del sujeto, en un desarrollo de su sentido analítico y crítico, así como en un auto-conocimiento y conocimiento del mundo circundante, tanto afectivo como profesional.

Es necesario crear una conciencia de la lectura como un medio enriquecedor del conocimiento, y por eso, esta debe formar parte de las actividades y los ejercicios que se realizan a diario. Los profesores, por ejemplo, tienen una posición determinante en el asesoramiento y guía del estudiantado con vista a que estos exploren y descubran nuevos caminos y áreas del conocimiento mediante la lectura.

Otros protagonistas, en este sentido, deben ser los profesionales de la información, porque precisamente uno de los objetivos fundamentales de su quehacer es el fomento y desarrollo del hábito de la lectura, un proceso que se materializa en el trabajo con los lectores. Esta actividad tiene, como objetivo general, contribuir a la formación integral del hombre.

En el graduado de la especialidad de Bibliotecología y Ciencia de la Información, el proceso de lectura presenta una dualidad particular, porque este no solo debe ser un usuario constante de este proceso, sino un ejecutor y también alguien que lo potencie. Por esto, en su formación debe desarrollar una pasión por la lectura, así como hacerse un partidario de su hábito.

El profesional egresado de esta especialidad debe lograr un acercamiento de los usuarios de la información a los servicios, mediante la satisfacción de sus demandas y la atención a sus preferencias. Esta es la única alternativa posible para transformar sus actitudes mediante la promoción de la lectura; lo que se lee incide directamente en la formación de sus valores.

Según los postulados de Shera, puede plantearse que, al margen de todas las actividades que el bibliotecario debe realizar, su centro de atención debe ubicarse en la transferencia de información y su impacto sobre el individuo, con el objetivo de potenciar su profundización y obtener un enriquecimiento de la sociedad. En este contexto, las unidades de información desempeñan una función vital en la formación de valores.

La relación desarrollo de la lectura y soportes de la información se asocia a distintas condicionantes, tanto objetivas como subjetivas. Con el desarrollo de las NTIC y ante las posibilidades que estas brindan, la sociedad demanda la consolidación de valores, así como la concepción de un proceso de aprendizaje desde otra dimensión, a partir del aprovechamiento de las nuevas formas de la lectura, cada vez más amigables e interactivas.

La lectura no lineal, que se realiza a partir del hipertexto, hace que la secuencia, el tiempo y el espacio que los lectores comúnmente utilizaban para la lectura, cambiara radicalmente y se transformara en una actividad mucho más dinámica, en la que las relaciones entre el emisor de un mensaje (autor) y el receptor (lector, usuario) se hacen más estrechas e interactivas sobre la base de la propia naturaleza mixta del hipertexto, la mezcla de los sonidos, las imágenes, los colores y la escritura. Dicha mezcla de múltiples eventos propicia que la lectura se “mueva” en nuevas dimensiones: polimórfica, transversal y dinámica. Esta se ajusta más a la forma en que opera la memoria y posibilita asociar imágenes, sonidos, colores, etcétera. Esta facilidad permite al usuario combinar o emplear uno o más de los elementos antes mencionados en función de sus necesidades en cada momento y contexto específico.

El hipertexto presenta y abre grandes posibilidades para el enriquecimiento del proceso de aprendizaje con la combinación de textos e imágenes, pero no puede obviarse que su inclusión y uso en este proceso debe considerar elementos como la didáctica a seguir, la forma de organizar los contenidos, las características socio-psicológicas de las personas a quienes va dirigido y, por supuesto, los recursos tecnológicos necesarios para que estos se puedan aprovechar al máximo.

El desarrollo de este proceso debe conllevar implícitamente el acto de saber informarse selectivamente. No solo acudir al recurso de información para obtener la respuesta que se necesita. Para leer en este nuevo contexto, es aún imprescindible interiorizar lo leído. El mayor error de un lector se encuentra en el simple hecho de tratar de “grabar” las informaciones, ideas o definiciones que extrajo de una lectura, porque nunca obtendrá un conocimiento profundo si sus reflexiones no son fruto del raciocinio.

Aunque la lectura hipermedial potencia el crecimiento espiritual y profesional de sus usuarios, existen ciertos espacios en este nuevo mundo de las tecnologías y la información que resultan sensibles y que no se consideran benignos para el desarrollo de la sociedad, y por esta razón constituyen un punto de reflexión obligada para los próximos años en materia de formación de valores, tan necesaria para la adecuada utilización de las NTIC.

Así sucede, por ejemplo, con los sitios considerados productos pornográficos, otros que estimulan la drogadicción, la violencia, por solo citar algunos males de la sociedad moderna, permeados de información subliminal. Estos representan una forma encubierta y sutil de manipular la conciencia de los consumidores e incide sobre uno de los principales valores humanos: la dignidad.

El uso de la hipermedia no puede conducir a que se pierda la capacidad de analizar, razonar, cuestionar, elegir y criticar. Preservar y defender la identidad cultural e ideológica, sobre la base de una sólida formación moral y social, se convierte en un imperativo actual y debe ser una tarea asumida por todos los integrantes de la sociedad. La redefinición de estos postulados, desde la realidad de cada país, constituye una necesidad para desarrollar y potenciar el intelecto humano.

Según Heidergger, aunque la tecnología ofrezca nuevas perspectivas para humanizar el trabajo es importante no olvidar que “la esencia de la técnica no tiene nada de técnico, es siempre una forma social de relación con la naturaleza”.11

 

Referencias bibliográficas

  1. Universidad de La Habana. Misión. Disponible en URL: http://www.uh.cu/infogral/mision.htm [Consultado: 21 de abril del 2006].
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  3. Gremiger de Acosta C. El rol de la lectura en el aprendizaje de los valores: una visión constructivista. Disponible en URL: http://www.alonsoquijano.org/cursos2004/animateca/recursos/Hemeroteca [Consultado: 28 de marzo del 2006].
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Recibido: 16 de mayo del 2006. Aprobado: 2 de junio del 2006.
Lic. Yanelis González Pérez Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Calle G No.506 entre 21 y 23,. El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba. CP 10 400. Correo electrónico: yanelis@fcom.uh.cu

1Licenciada en Bibliotecología y Ciencias de la Información. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
2Licenciado en Bibliotecología y Ciencias de la Información. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Ficha de procesamiento

Clasificación: Artículo teórico

Términos sugeridos para la indización

Según DeCs1

CIENCIA DE LA INFORMACIÓN; VALORES SOCIALES; EDUCACIÓN PROFESIONAL; CUBA.

INFORMATION SCIENCE; SOCIAL VALUES; EDUCATION, PROFESSIONAL; CUBA.

Según DeCI2

CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN; ENSEÑANZA PROFESIONAL; CUBA.

INFORMATION SCIENCES; VACATIONAL EDUCATION; CUBA.

1BIREME. Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS). Sao Paulo: BIREME, 2004.

Disponible en URL: http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm

2Díaz del Campo S. Propuesta de términos para la indización en Ciencias de la Información. Descriptores en Ciencias de la Información (DeCI). Disponible en URL: http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf

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