PÁGINA DEL EDITOR

 

 

En el aniversario 175 del natalicio de Finlay

 

On the occasion of the 175th anniversary of Finlay´s birthday

 

 

José Antonio López Espinosa

Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología. Investigador Auxiliar. Universidad Virtual de Salud de Cuba. Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas-Infomed.

 

 

 


El 3 de diciembre es un día que no pasa inadvertido, pues en una fecha como esa hace 175 años nació un niño que, tiempo después, en 1881, se convirtió en una figura que con justicia aparece en el gran cortejo de los cubanos y de los latinoamericanos mayores. Trabajador de faena noble y generosa y de altísimo espíritu en ciencia y en conciencia, consagró sus mejores atributos a tratar de comprender, saber y definir lo inexplorado, con el fin de perseguir, combatir y vencer el terrible maleficio de la fiebre amarilla. De ahí que, cada vez que se cumple un aniversario de su llegada a la vida, conforta el ánimo recordar la silueta viva y honrar la memoria del autor de una obra que, cual caja de joyas, alcanzó y sobrepasó la frontera de lo genial.

Carlos J. Finlay, quien combinaba las virtudes de un espíritu fervoroso con la agudeza del acero en la búsqueda de la esperanzadora solución contra el mal, abandonó los primeros derroteros erróneos en cuanto a la dependencia de ese de influencias atmosféricas, cambios meteorológicos o falta de higiene, para ir al meollo del asunto y llegar a la conclusión de que la transmisión se efectuaba por medio de un insecto chupador de sangre.

Ahora es fácil decirlo, pero ¿cómo llegó a esa conclusión? Para lograrlo tuvo que poner a prueba la blancura y la dureza como mármol de su carácter junto a la perseverancia y firmeza de su pasión para hacer valer su brillante idea. Las dificultades e incomprensiones en su faena diaria fueron para él algo así como una piedra áspera, donde precisamente se afiló la eficacia de una entrega sana y recta, signada por el ideal y consagrada al sacrificio.

Este hombre sencillo y modesto, tan humano en su trato y tan humilde con su contrato, no conoció los desmayos ni las vacilaciones ni los descansos en el borde del camino, pues todo él era rectitud inalterable y manantial inagotable de virtud, cada vez más fortalecida y crecida.

Con la pena permanente de su ausencia, queda siempre como alba nueva la vigencia de su gran espíritu y la vibración de su perenne quehacer. Esto es así porque cada día el sol quiebra la luz sobre la huella del muerto inolvidable y lanza rayos de oro a su memoria.

Como colofón al homenaje, es propicia la ocasión para adjuntar a este escrito un poema original del pedagogo y poeta cubano Raúl Ferrer Pérez (1915-1993), que dedicó al genio en 1952, y en el cual puso de manifiesto algo así como un canto a la poesía y a la vida (figura).

 

 


Recibido: 22 de octubre de 2008.
Aprobado: 30 de octubre de 2008.




Lic. José Antonio López Espinosa. Universidad Virtual de Salud de Cuba. Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas-Infomed. Calle 27 No. 110 e/ N y M, El Vedado. Plaza de la Revolución. Ciudad de La Habana. Cuba. Correo electrónico: jale@infomed.sld.cu