La aplicación de los principios básicos de la ética médica en la atención geriátrica implica la particularidad de que para que la asistencia se brinde con excelencia debe evaluarse previamente de forma multidimensional al adulto mayor considerando los aspectos biológicos, psicológicos, sociales, económicos y su autonomía e independencia para las funciones ejecutivas como ser humano. En Cuba el Estado y el Ministerio de Salud Pública despliegan un programa nacional priorizando dicha atención integral a los mayores, el que debe perfeccionarse progresivamente, pues la explosión demográfica que se avecina impone este desafío, porque la composición poblacional estará inclinada hacia ese segmento si los índices de crecimiento se mantienen como hasta la fecha.
DeCS: ÉTICA MÉDICA; SERVICIOS DE SALUD PARA ANCIANOS;
ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN.
Desde una perspectiva conceptual muy general, el envejecimiento es la transformación
de cualquier aspecto de la realidad que acontece en el proceso de interacción
con el medio. 1,2 En lo que concierne a la
especie humana en particular, se reconocen tipos diferentes de envejecimiento,
entre los que sobresalen el individual y el demográfico o poblacional.
El envejecimiento individual es el proceso de evolución hasta ahora irreversible
que experimenta cada persona en el transcurso de su vida y envejecimiento poblacional
el incremento de la población de adultos mayores con respecto al conjunto
de la población a que pertenecen. Esta dualidad de interpretaciones hace
que el análisis del envejecimiento deba hacerse en 2 planos diferentes:
el social, con implicaciones y dimensiones del micromundo y macromundo, y el
individual.1-3 A su vez, este último
lo abordaremos de modo interdisciplinario y multidimensional por considerar
al adulto mayor como a cualquier humano, una mezcla indisoluble biopsíquica
en un contexto social y económico que responde al tipo de sociedad en
que se desarrolla e interactúa dialécticamente, y donde conforma
un conjunto categórico biopsico-social-económico, con elementos
emocionales y espirituales, regido por normas éticas desde aristas morales,
juridicolegales, culturales y religiosas.
En este trabajo pretendemos analizar desde el punto de vista eticofilosófico
y sociodemográfico el envejecimiento poblacional de la sociedad cubana,
por considerar de extremo interés el hecho de que según la tendencia
de este crecimiento, Cuba será el país del Tercer Mundo más
envejecido en los próximos cincuenta años. Insistiremos en las
causas fundamentales que conducen a dicha transición, o sea, hacia el
incremento de la proporción de adultos mayores en la composición
poblacional de nuestro país. Estas causas son: el incremento de la expectativa
de vida gracias a la adecuada política de salud de nuestro país,
en el descenso de la fecundidad, el saldo migratorio negativo y la disminución
de la mortalidad.
Debido a estas causas se incrementará la población de adultos
mayores y nuestra sociedad requerirá de grandes recursos humanos - formales
e informales - para solucionar los problemas que acarrea este envejecimiento.4
En el campo de la medicina, la disciplina que se ocupa del estudio de tales
aconteceres es la Gerontología Social, unida a la Epidemiología
Gerontológica. Pretendemos hacer una reflexión desde el punto
de vista sociológico de este fenómeno, considerado por muchos
como un reto. Cuba es excepcional, porque perteneciendo al Tercer Mundo exhibe
indicadores de salud que podrían parangonarse con los del Primer Mundo.
El otro aspecto, el envejecimiento individual, lo enfocaremos sobre la base
de la interpretación bioética o la aplicación de los principios
éticos en la atención al anciano cubano a través del método
de evaluación integral y multidimensional, que se torna imprescindible
cuando de adulto mayor se trata, pues en estas edades confluyen con mucha mayor
incidencia una concurrencia de enfermedades crónicas no transmisibles
de manera ascendente y repercusiones psicológicas, situaciones sociales,
dificultades económicas que afectan a este segmento poblacional al que
nosotros atendemos desde el punto de vista médico y donde con mucha frecuencia
se presentan situaciones o dificultades que son difíciles de solucionar
con la sola intervención del profesional de la medicina.
Aplicaremos las bases, principios y valores bioéticos para analizar los
problemas más álgidos que sufren nuestros pacientes. Intentaremos
pues, reflexionar desde un prisma eticofisiológico acerca de nuestro
papel como médicos en la atención multidimensional al adulto mayor.
La transformación de la sociedad cubana desde una entidad demográfica
poco envejecida a otra con un tanto por ciento de adultos mayores que cada día
crece en relación con los otros grupos poblacionales, ha sido un tema
poco debatido y poco tratado en ámbitos institucionales o científicos
hasta hace pocas décadas. Durante el dominio colonial español
y de la república capitalista dependiente, apenas se prestó atención
gubernamental ni se realizaron estudios particulares de importancia relevante,
por lo que no existe bibliografía de soporte para comparar con investigaciones
anteriores. No es de extrañar que en tales sociedades los gobiernos y
demás organizaciones competentes hayan hecho caso omiso de los ancianos,
de su asistencia en cuanto a la salud o la seguridad social y otros derechos
que conciernen al hombre por el solo hecho de serlo y que en el concepto humano
deben quedar implícitos 5 sin que se precise reclamarlos.
El derecho a la adquisición de un bien material o espiritual o a determinados
valores no necesita reclamos, porque pierden su esencia al no estar asignados.
Esto no implica que nos pleguemos absolutamente a un pensamiento eticofilosófico
aristotélico en relación conque todo hombre tiene derecho a la
felicidad durante el tránsito por la vida.
Pero sí creemos, como sentenciara Haring 6
en 1985, al conjugar los valores individuales y sociales de la salud y armonizar
los ámbitos del médico y el paciente que: "La salud personal
y la salud de la sociedad han de medirse con los criterios de libertad y de
compromiso común" . . . (sic).6, 7
En 1959 comenzaron a efectuarse cambios radicales en la atención médica
y social de toda la población en Cuba. En 1978 aparece el primer programa
de atención al anciano conocido por "Modelo de Atención Comunitaria".
En la década de los 80, al ponerse en vigor la Ley 24 de Seguridad Social
se amplían los Servicios de Geriatría del Sistema Nacional de
Salud en hospitales y áreas de salud comunitarias, toma un papel importante
el médico de la familia, surgen movimientos como los círculos
y las casas de abuelos, que demuestran la importancia priorizada y creciente
que muestra el Estado a la tercera edad.4
En 1987 comienzan a surgir diferentes servicios de Geriatría muy especializados,
con profesionales de alto nivel científico y con recursos de la más
alta tecnología, con el propósito de brindar asistencia médica
cualitativamente mejor y con un alcance cuantitativo poco despreciable. Ejemplos
de ello son el Hospital Clinico- quirúrgico "Hermanos Ameijeiras",
el CIMEQ y otros.
En 1992 se inaugura en La Habana el Centro Iberoamericano de la Tercera Edad,
con objetivos de carácter asistencial y evaluativo e investigativo-epidemiológico.4
Si bien hemos tenido logros incalculables en el campo de la salud y la seguridad
social, queda a nuestro futuro un conjunto de aspectos por analizar con profundidad,
que pueden conducir a reflexiones para investigar en los campos de la salud
pública y la demografía. El propósito sería mejorar
nuestra asistencia y por consiguiente la calidad de vida de los mayores.
El estado cubano y las organizaciones gubernamentales, de masas y no gubernamentales
trabajan con ese objetivo. Las líneas de estudio estarían encaminadas
a conocer: las consecuencias a mediano y largo plazo del proceso de envejecimiento
en nuestro país con sus condiciones concretas, las características
particulares de las personas de la tercera edad en cuanto a género, inserción
socio-clasista, nivel educacional, estado conyugal, lugar de residencia y otras
variables como potencialidades productivas, convivencia familiar y sus características,
condiciones de vida de los ancianos sin amparo filial, formas de violencia hacia
el adulto mayor, utilización del tiempo libre, recreación, vida
cotidiana de los institucionalizados y todo lo inherente al concepto social
de las personas mayores.4
En 1899 en Cuba habitaban sólo 72 000 personas mayores de 60 años (1 por cada 22 personas de la totalidad de la población). En 1953: 400,000 (1 por cada 15) y actualmente esa cifra se ha incrementado hasta 1,46 millones (1 por cada 8). 2 Este incremento ascendente y continuo de la proporción de adultos mayores es producto de la modificación de patrones reproductivos, mejoría en los índices de expectativa de vida, migraciones y descenso de la mortalidad y se conoce como transición demográfica. Se inicia con elevados niveles de fecundidad y mortalidad y finaliza con niveles similares pero reducidos de estas variables, luego de pasar por etapas intermedias de descenso, primero de la mortalidad y después de la fecundidad.
La mejoría de la esperanza de vida del cubano alcanza edades similares a las personas de los países económicamente desarrollados. Esta elevada expectativa de vida es consecuencia del desarrollo cientificotécnico alcanzado en el campo de la medicina, y a la política de salud de nuestro país, que es gratuita y está al alcance de todos. Cuba es ejemplo de modelo de salud. Ningún otro país del Tercer Mundo ha logrado indicadores como los nuestros.
Resulta difícil aceptar que el envejecimiento de una sociedad no se
debe estrictamente a causas relacionadas con el alargamiento de la vida humana
y a la reducción de la mortalidad en edades avanzadas, porque el acto
de morir se asocia inconscientemente a esta etapa de la vida. Sin embargo, la
mayoría de las muertes se producen en los primeros años de la
vida, en consecuencia, cuando desciende la mortalidad se benefician sobre todo
los niños, no los ancianos, lejos de envejecer, rejuvenecen. Luego, los
bajos índices de mortalidad por sí solos no son determinantes
en el envejecimiento poblacional. Las causas de este fenómeno están
a nuestro juicio localizadas en los problemas sociales, éticos, económicos,
culturales que enfrentan los jóvenes de nuestra sociedad. Problemas que
virtualmente estarían tan distantes de los adultos mayores. El análisis
reflexivo debería incluir actitudes de los jóvenes ante el matrimonio,
nivel de conocimiento al respecto, acceso y utilización de métodos
de anticoncepción de las parejas y en los motivos que conducen a las
familias a tener pocos hijos. En un sentido más conceptual, la forma
que adopta cada sociedad para darse continuidad a sí misma. Latinoamérica
en general, y Cuba en particular, deben considerar los acontecimientos por venir.
Enfrentar de manera universal cuáles son exactamente las causas en nuestro
contexto sociocultural que han provocado la disminución de la fecundidad
es una tarea que no debemos postergar.
Cada sociedad humana, cada formación economicosocial carga sobre sus
hombros su conciencia social y su forma de pensar, su propia cultura, sus concepciones
éticas y estéticas, su moral, su espiritualidad y otros valores.
Estos organismos sociales han tenido también similitud a través
de la historia, independientemente de una dimensión geográfica
de cada uno. En Cuba, a nuestro modo de ver, los saltos de una sociedad a otra
se han producido de una forma peculiar porque fuimos colonizados y nos implantaron
un modo de vida feudal-esclavista. Este condujo a movimientos independentistas
y al cambio hacia una república capitalista dependiente, con gran influencia
de otras naciones y con la reunión de muchas conciencias, producto de
mezclas entre diferentes formas o modos de vida.
En Cuba todo es mezclado; la raza, la religión, lo antropológico,
el arte, la literatura, la arquitectura, la música y todos los valores
que pueda asumir el humano en su tránsito por la vida. Así pensamos
también los cubanos, mezclando.
El hombre piensa como vive y actúa acorde a sus intereses, aunque hayan
matices entre grupos de hombres y entre uno y otro, así como dentro del
propio hombre en diferentes momentos y circunstancias.
El propósito de la existencia del hombre como criatura cósmica
está bien demostrado, que no es sólo reemplazarse como especie,
esto lo diferencia del resto del mundo animal, lo cual no niega que a través
de su evolución sufrió durante milenios transformaciones biológicas,
antropológicas, sociales, así como económicas, por citar
solo algunas.
Los humanos de esta época nos sentimos con una responsabilidad innata,
que es mejorar nuestra propia vida humana, nuestro mundo, interactuando con
él a través de una estrecha relación, que es tan importante
y que lo distingue. El propósito no es solamente alargar la vida, sino
mejorar la calidad de esta vida en cada época. Los jóvenes de
nuestra sociedad saben que es preciso dosificar la actividad humana, y si bien
es necesario trazarse una estrategia de realización como criaturas psicobiológicas
con determinada espiritualidad heredada y adquirida, saben también que
pueden cumplir la obra de la vida en otras vertientes como la social y la profesional.
Uno de los problemas más acuciantes que confrontan nuestros jóvenes
es el de la responsabilidad múltiple en varias esferas de la vida dentro
de nuestro contexto social. Esto podría explicar en cierta medida una
de las causas de reducción de la fecundidad. El cuidado y la educación
de los hijos en nuestros días se han tornado muy complejos en todo el
mundo y por lo tanto, en nuestro país. Toca también a nuestros
jóvenes y adultos no mayores, el cuidado de sus mayores. Estas condiciones,
unidas a otras como la facilidad y accesibilidad a medios anticonceptivos, al
aborto, y a otras regulaciones de la concepción, dificultades de vivienda
por migraciones desde el interior a la capital, varias generaciones compartiendo
una sola vivienda, conflictos intergeneracionales y otros desafíos no
menos trascendentes son factores que inciden en la fecundidad, y reducen sus
indicadores, así como también reducen los de la natalidad, a pesar
de los ingentes esfuerzos que el estado cubano viene realizando para dar solución
a estos problemas, aún los mismos son insuficientes como respuesta a
todos los requerimientos de la sociedad moderna en un país como el nuestro.
El saldo migratorio negativo de nuestro país es otro de los factores que contribuyen al envejecimiento poblacional, ya que por lo general y sobre todo en las últimas décadas - los que migran son mayoritariamente hombres jóvenes.
Las transiciones demográficas de otros países no se han desarrollado
como en Cuba. Estas han ocurrido en países con gran desarrollo socioeconómico.
Ejemplos palpables son los estados europeos y otros del Primer Mundo. Aquí,
el envejecimiento poblacional va acoplado al desarrollo socioeconómico
y cientifico-técnico. Esta concordancia es positiva, porque dota a esos
países de todos los recursos necesarios para enfrentar este fenómeno.
En Cuba, la evolución del comportamiento demográfico después
del triunfo de la revolución se ha debido más al progreso social
y cientificotécnico que al económico.
En otros países, la transición ha sido lenta y paulatina, ha demorado
décadas y hasta más de un siglo. Alemania tardó 70 años
para bajar su tasa de natalidad de 34 a 15 por 1 000. En Cuba, por el contrario,
cayó la cifra abruptamente de 35,1 en 1963 a 14 en 1981. 2
Este descenso ocurrió en menos de 20 años.
Hay otro hecho importante y especial que sucedió en nuestro país
y que hace que el envejecimiento se enmascare aparentemente, porque hay una
gran masa de jóvenes entre 24 y 38 años. Estos jóvenes
nacieron en un alza que se produjo entre 1960 y 1974, la cual alcanzó
3,6 millones de niños y que precedió a la citada brusca caída.
Esta brusca caída provocará que después del 2020 y hasta
el 2035 el envejecimiento se agudice aún más. Momento en que arribarán
a la tercera edad y a la jubilación los nacidos entre 1960 y 1974 del
siglo XX. Aunque se alargara en 5 años la edad de retiro, esto solo retardaría
por un quinquenio el enfrentamiento al problema desde el punto de vista laboral,
pero no daría solución total al conflicto.
Por otra parte, los países desarrollados tienen un saldo positivo de
inmigrantes, mientras que Cuba desde 1960 sufre lo contrario. En la década
del 60 al 70 emigraron niños y mayores de 60 años. Después
de 1980 los que emigran son mayoritariamente hombres jóvenes. Entre 1994
y 1997 el saldo migratorio externo del país fue de 123 044 personas.
Además, el acuerdo migratorio con los Estados Unidos que posibilita la
salida de 20 000 personas por año se mantiene vigente. Por tales razones
se podría afirmar que la agudeza y aceleración del proceso de
transición demográfica en nuestro país lo convertirá
en el más envejecido de América Latina, del Caribe y del Tercer
Mundo en los próximos 50 años.
Por otra parte, es bueno señalar que el proceso de envejecimiento poblacional
ha marchado unido a etapas de enfrentamiento político agudo y prolongado
con un país poderoso y cercano.
¿ Qué connotación posee este intenso y agudo envejecimiento
poblacional que se nos avecina?
Este fenómeno, en nuestra opinión y en la de muchos otros conocedores
más duchos y documentados provocará un inmenso impacto sobre la
vida económica, social y política del país. Influirá
también sobre la psicología social, los temas de conversación
y la vida cotidiana en general. Será uno de los fenómenos más
relevantes de nuestra historia como nación, con profunda repercusión
para la sociedad en su conjunto y para cada uno de los individuos. De estos
hechos se derivan los desafíos que a continuación exponemos:
Sólo el obligado desarrollo económico y tecnológico podrá estabilizar este desbalance que pondrá a prueba la inteligencia y creatividad de los cubanos, su espíritu de laboriosidad y de solidaridad intergeneracional, sus valores espirituales y su madurez como nación.
Una de las metas priorizadas de todas las sociedades, en las que la transición
demográfica ha elevado el tanto por ciento de personas mayores, es aumentar
los recursos de salud, de personal médico especializado y de equipamiento
médico para asistir a este tipo de personas, que por haber vivido al
menos 60 años tiene conformada una estructura histórica como ser
humano.
Las personas mayores deben ser asumidas por el resto de la sociedad como lo
que son: humanos que han tenido la dicha, la gloria, la satisfacción
y la oportunidad de transitar un gran trecho, un gran espacio a través
del tiempo, y han experimentado vivencias positivas, vivencias negativas en
su interrelación con el mundo, con la naturaleza y con la sociedad. Tales
seres humanos se han realizado en planos profesionales y personales según
la estrategia que se trazaron en un momento dado.
Llegar a la tercera edad es un orgullo y no un infortunio que todos debemos
interiorizar para con nosotros y para con los demás.
El adulto mayor está enmarcado en una edad que le hace diferente del
resto de los seres humanos que no han alcanzado la misma y el médico
geriatra debe ser muy juicioso, perceptivo, precavido, informado y sobre todo,
paciente.
Por lo general las personas mayores sufren más enfermedades que los no
mayores y a medida que envejecen crece esta posibilidad. Se supone que los adultos
mayores jóvenes (ancianos jóvenes) categoría de los que
se encuentran entre 60 y 74 años, padecen al menos de 1 enfermedad de
las crónicas no trasmisibles.
Los ancianos medios, entre 75 y 84 años sufren al menos de 2 de las crónicas
no trasmisibles y los ancianos viejos, aquellos que sobrepasan los 85 años
padecen 3 o más de estas entidades.
A medida que la edad avanza, estas enfermedades se entremezclan y se complican,
y provocan una fragilidad biológica cada vez mayor.
El anciano en ocasiones es frágil, tiene deficiencias de los órganos
de los sentidos, defectos de la memoria, inestabilidad para caminar, problemas
psicológicos reactivos y dificultades socioeconómicas, sobre todo
aquellos que sobrepasan los 80 años.
Todas estas eventualidades conducen a dependencia, soledad, aislamiento, problemas
a veces de mayor connotación y repercusión que los biológicos,
pero que no pocas veces concurren y se suman, resultan de una máxima
complejidad que sólo puede desentrañar un profesional con conocimientos
horizontales del ser humano y con amplias perspectivas. Ese sería el
papel primario del geriatra, aquí se detallan todos los problemas del
anciano: los biológicos, los psicológicos, los sociales, espirituales,
emocionales, económicos, juridicolegales, se pueden ubicar cada uno de
ellos en un orden apropiado de prioridades para el diagnóstico y la terapéutica
apropiados.
El especialista en Gerontología y Geriatría está convenientemente
capacitado para integrar y engranar de la mejor forma posible todos estos problemas
y darles solución en cuanto a diagnóstico, terapéutica
y educación al paciente y a sus familiares.
Toda persona mayor que concurra a un servicio geriátrico debe ser evaluada
de forma multidimensional: biológico-psicológico-socioeconómico
y funcionalmente. Esta última, la más importante evaluación,
nos permite conocer el grado de independencia o autonomía del adulto
mayor y la movilidad diaria: bañarse, comer por sí solo, vestirse
y otras, que pueden medirse cuantitativamente y definen la calidad de vida.
Existen otros parámetros más complejos que sirven para medir autonomía,
tales como las actividades instrumentadas y otras más complejas aún
que miden las capacidades de función como ser humano independiente en
el micromundo y macromundo, según las cuales en mi opinión, en
un futuro podrían tornarse indicadores de vejez saludable. Estos a su
vez podrían enmarcar el grado de desarrollo de determinados países,
como lo miden hoy la mortalidad infantil y la erradicación de enfermedades
infectocontagiosas, por citar 2 ejemplos bien conocidos.
Si aplicamos los principios éticos fundamentales a este tipo de asistencia
encontraríamos muchas situaciones interesantes.
Los dos principios éticos más importantes en la práctica médica, o sea en la ética clínica son: la no maleficencia y la justicia, seguidos de la beneficencia y la autonomía. Para muchos, la beneficencia es diametralmente opuesta a la maleficencia y viceversa.
"Lo primero es no hacer daño". Frase tan vieja como vigente. Frase que en nuestra profesión. En la que estamos autorizados y capacitados para atender e interactuar con otro ser humano en el plano de su salud, sus conductas, su forma de pensar o sentir, deberíamos repetirla cada día por la gran importancia que reviste en nuestra especialidad.
Una de las grandes peculiaridades que tiene la geriatría, por ejemplo
en el plano de la terapéutica es que, paradójicamente, siempre
que sea posible debemos curar o aliviar con la menor cantidad de fármacos
y en la menor dosis. De no ser así, la interacción entre diferentes
drogas y la sumatoria de efectos de cada una podrían conducir a situaciones
delicadas que incluso pondrían en peligro la vida o el bienestar del
anciano. En esta relación peculiar médico-paciente se debe ser
muy juicioso y analítico.
No lograr una comunicación adecuada dentro de cánones de respeto
y dignidad, se aleja de los principios eticomorales que deben distinguir al
profesional de la medicina que atiende al anciano. A este se le debe trasmitir
siempre, que la relación que establecemos con él es estrecha y
debemos tener presente que a veces requiere contacto físico: poner la
mano sobre el hombro del paciente o estrechar la de él. Este gesto en
geriatría tiene a veces más grandiosidad y beneficio que la actitud
diagnóstica más brillante. Logra la cercanía, la confianza,
la seguridad y hace sentir al anciano que el médico estará a su
lado "hombro con hombro" en la lucha contra algo común: la
enfermedad, el aislamiento, la soledad, la pobreza o contra todas ellas juntas.
En pocas palabras: lucha contra el sufrimiento humano.
Saber escuchar minuciosamente el alegato del enfermo da ventajas incalculables
para el médico y gran sensación de respeto hacia el anciano. Ello
implica beneficencia.
No evaluar al anciano como un conjunto humano de varias dimensiones y con serios
conflictos, a veces múltiples, es maleficencia.
No educar al adulto mayor y a sus familiares acerca de una enfermedad o situación
es también poco ético y reprobable.
No informar con detalle en qué consisten las investigaciones que se realizarán,
que muchas veces son molestas y trabajosas, denota insuficiencia profesional
y superficialidad en la relación médico-enfermo.
Sonreír en ocasiones tiene más valor que el mejor antidepresivo.
Esto es, a mi juicio, hacer el bien y siempre es posible y humanamente virtuoso.
La excelencia en la relación médico-paciente en nuestro ámbito
debe ser la meta de todos y cada uno de nosotros.
Mejorarnos cada día, buscando métodos y vías para brindar
nuestros servicios y aplicar los conocimientos científicos del modo más
humano posible es estrategia obligada en nuestra relación con el paciente.
Todos tiene igual derecho a recibir los servicios de salud.
El MINSAP el pasado año declaró mediante documento titulado "La
atención priorizada al adulto mayor" como una de las metas fundamentales
de la política de salud, todo lo relacionado con la atención al
anciano en los 3 niveles que posee la llamada tercera edad.
Es política de nuestro gobierno revolucionario en materia de salud la
prevención de enfermedades y la promoción de salud y esto es justicia
social. En geriatría estas directivas se concretan logrando que un mayor
número de personas mayores logren el alcance y disfrute de una vejez
saludable, con el propósito de mejorar la calidad de vida, la independencia,
tanto en el micromundo como en el macromundo del adulto mayor.
Asumir las potencialidades que el individuo lleva consigo mismo al arribar a
la séptima década de la vida, es también justicia desde
el punto de vista bioético.
Permitir la incorporación de los ancianos válidos en todas las
actividades donde pueden, deban y quieran continuar siendo útiles, en
el hogar, el barrio, el centro de trabajo y otros, de manera que no se conceptúen
como carga económica improductiva.
Respetar su espiritualidad, sus costumbres, cultura, moral, puntos de vista,
religiosidad, son derechos inalienables.
El hecho de ser mayor no resta derechos a decidir por sí mismo sobre
conductas médicas, investigativas o terapéuticas.
El anciano es un ser activo, no pasivo. Es ético concebir la relación
entre médico y paciente como una interacción entre sujetos activos.
Application of basic principles of medical ethic to geriatric care, involve
peculiarity of in order that assistance be offered with excellence, elderly
must to be previously assessed in a multidimensional way, considering biologic,
psychologic, social, economic features, and its autonomy and independence for
executive functions like a human being. In Cuba, State and Public Health Ministry,
develop a National Program giving priority to integral care for elderly, which
must be progressively improved, since imminent demographic boom impose this
challenge, because of population structure will be inclined to that age group,
if growth rates remain like until now.
Subject headings: ETHICS, MEDICAL;HEALTH SERVICES FOR THE AGED; DEMOGRAPHIC
AGING.
1Especialista de II Grado en Medicina Interna. Profesora Auxiliar.