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Rev Cubana Aliment Nutr 1997;11(2):111-116
Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos

Uso de plaguicidas en Cuba, su repercusión en el ambiente y la salud

Luisa O. Vega Bolaños,1 José A. Arias Verdés,2 Tomasa Conill Díaz3 y María L. González Valiente4
  1. Licenciada en Bioquímica. Investigadora Aspirante. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos.
  2. Licenciado en Química. Investigador Auxiliar. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos.
  3. Especialista de II Grado en Medicina. Centro Nacional de Toxicología.
  4. Técnico-Especialista en Química. Centro Nacional de Toxicología.

Resumen

Se brinda información general acerca del uso de los plaguicidas en Cuba, los niveles de residuos en diferentes cultivos, así como una valoración sobre los datos de intoxicación aguda entre 1987 y 1995. Persisten concentraciones de etilen bisditiocarbamatos en muestras de tomate, cebolla y papa por encima de los límites máximos recomendados, establecidos en Cuba. Se analizan los diferentes factores que permiten argumentar sobre las posibles limitaciones de uso de los etilen bisditiocarbamatos en las cosechas, incluyendo los aspectos relacionados con la salud humana.

Descriptores DeCS: PLAGUICIDAS/envenenamiento; PLAGUICIDAS/toxicidad; RESIDUOS DE PLAGUICIDAS/envenenamiento; RESIDUOS DE PLAGUICIDAS/toxicidad; ETILENOBIS (DITIOCARBAMATOS)/envenenamiento; ETILENOBIS (DITIOCARBAMATOS)/toxicidad; ETILENO-TIOUREA/envenenamiento; ETILENOTIOUREA/toxicidad; CUBA.

En la actualidad no es posible una agricultura con altos rendimientos sin la utilización de medidas de protección de plantas, entre las cuales los plaguicidas químicos siguen teniendo una participación considerable, aunque los enfoques han cambiado considerablemente. Hoy se concibe el uso de los plaguicidas enmarcado dentro de un manejo integrado de plagas, enfermedades y malezas, lo que obliga a conocer profundamente las propiedades de estos compuestos, sus residuos en los cultivos y en el medio, así como sus aspectos toxicológicos.1

El uso de los plaguicidas no se limita al sector agropecuario sino también en la protección cuarentenaria, así como en el combate de vectores que provocan enfermedades al hombre.

Con el desarrollo en Cuba de las industrias azucarera, citrícola, tabacalera, cafetalera, arrocera y la producción de viandas y vegetales se incrementó sustancialmente la utilización de estos productos, hasta alcanzar la cifra promedio anual de 30 000 t de formulado en el período de 1980 a 1989. El mayor uso de los insecticidas se localizaba en los cultivos del arroz, las frutas y los vegetales; el 80 % de los herbicidas se empleaba en la caña de azúcar y el arroz. La mayor parte de los fungicidas se concentraban en los cultivos del tabaco, el café, los cítricos y el plátano.2

Los plaguicidas más utilizados en estos cultivos eran el paraquat, los ésteres del ácido fenoxiacético, propanil, ametrina, malatión, metil paratión, carbaril, dimetoato, metamidofos, diazinón, monocrotofos, endosulfán, los ditiocarbamatos (maneb, zineb, mancozeb y metiran), oxicloruro de cobre, azufre, benomil, disulfotón, triclorfón y tridemorph.3

En los últimos años se han introducido plaguicidas con toxicidades muy bajas hacia los seres humanos, selectivos y en dosis de uso pequeñas, de modo que la contaminación del medio por ellos sea mínima, pero sus precios en el mercado internacional son más altos.

Dentro de los plaguicidas utilizados en nuestra agricultura con una toxicidad aguda elevada se encuentran el metil paratión, monocrotofos, el paraquat, responsable de un elevado número de intoxicaciones, y el metamidofos. Además, entre los que presentan un riesgo crónico para la salud de los trabajadores están: el metamidofos, por su acción neurotóxica, el paraquat, zineb, benomil y lindano por sus efectos sobre la piel, por citar algunos.

A pesar de la información sobre el manejo y cuidado de los plaguicidas que se brinda por la Dirección de Sanidad Vegetal y el Ministerio del Azúcar a los cooperativistas, trabajadores agrícolas del sector estatal y campesinos privados, durante los últimos años se ha reportado un número considerable de personas intoxicadas por plaguicidas.

INTOXICACIONES AGUDAS POR PLAGUICIDAS

En la tabla 1 se presentan los datos sobre intoxicaciones agudas obtenidos por el Centro Nacional de Toxicología mediante vía telefónica de 1987 a 1995. La tasa de mortalidad es menor de 2,0 por 100 000 habitantes por año. La tendencia al aumento en los últimos años corresponde a las producidas por plaguicidas inhibidores de la colinesterasa para el 28,3 % del total, y le siguen los bipiridilos para el 13,5 %. Las edades más involucradas se encuentran comprendidas entre los 19 y 44 años. Las defunciones en las zonas rurales son más frecuentes que en las urbanas (Estadísticas de morbilidad y mortalidad por intoxicaciones agudas por plaguicidas 1987-1993. Centro Nacional de Toxicología). (Pérez R, González D, Conill T, Rodríguez E, González ML, Orosco A. Principales resultados de un estudio morbimortalidad por intoxicaciones agudas por productos agrícolas. Memorias de la I Jornada del PROECO-PLAGUICIDAS-CUBA, Metepec, Estado de México, 1992:47-9).
TABLA 1. Intoxicaciones agudas por plaguicidas, Cuba, 1987--1995
Años
Individuos mortalidad
Tasa de intoxicados 
(x 100 000 hab)
1987 
34
0,80
1988
157
0,77
1989
204
0,59
1990
324
0,89
1991
307
0,85
1992
310
1,10
1993
128
1,30
1994
93
1,50
1995
148
1,70
Además, el Centro Nacional de Toxicología ha creado un sistema automatizado (PLAGUISOF).4 Este sirve como un instrumento para un Sistema de Vigilancia de Intoxicaciones Agudas por Plaguicidas, que se está sometiendo a evaluación por expertos de algunos países de la región en colaboración con el Centro de Ecología Humana y Salud (ECO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Se espera tener validado el sistema en los próximos años. Sin embargo, todavía existe un subregistro de intoxicados, que se deberá reducir en los años venideros mediante la introducción de este sistema en todos los centros agroindustriales y de salud.

RESULTADOS DE INVESTIGACIONES

Las investigaciones sobre la aparición de residuos de plaguicidas organoclorados en la grasa, la sangre, la leche materna, y en la dieta de diferentes grupos de la población cubana han corroborado los efectos a largo plazo sobre la salud humana y el ambiente (Calvo M, Diez P. Resumen de las investigaciones de plaguicidas realizadas en el INHEM. Memorias de la I Jornada de Trabajo del PROECO-PLAGUICIDAS-CUBA, Metepec, Edo de México, 1992:29-32. Arias JA, Argote T, Vega LO. Evaluación de la ingesta diaria de plaguicidas clorados en dietas de diferentes grupos de la población de Ciudad de La Habana. Memorias de la I Jornada del PROECO-PLAGUICIDAS-CUBA, Metepec, Edo de México, 1992:33-7), y han permitido tomar medidas por el Ministerio de Salud Pública para prohibir el uso de estos plaguicidas, mediante la Resolución No. 268/1990 y la Resolución No. 181/1995, publicadas en la Gaceta Oficial de la República de Cuba.

Otros estudios realizados en trabajadores expuestos ocupacionalmente a plaguicidas organosfosforados (Rojas D. Resumen de Estudios de plaguicidas realizados en el Instituto de Medicina del Trabajo, 1990. Memorias de la I Jornada del PROECO-PLAGUICIDAS CUBA, Metepec, Edo de México, 1992: 21-4), han servido de base para mejorar las medidas de protección a la aplicación de estos productos.

A partir de 1989 la utilización de productos químicos en la agricultura y la salud pública descendió considerablemente por disminución de las importaciones (figura) (Datos suministrados por los ministerios de la Agricultura y la Industria Azucarera).2

Figura
FIGURA. Tendencia del uso de los plaguicidas en la agricultura, Cuba, 1987-1995.

Los estudios sobre la situación actual de los residuos de plaguicidas en diferentes cultivos por el Instituto de Sanidad Vegetal (Dieksmeirs G. Plaguicidas. Residuos. Efectos y presencia en el medio ambiente. Instituto de Investigaciones de la Sanidad Vegetal. Tesis para optar por el grado científico de Doctor en Ciencias Agrícolas, 1995), han demostrado que los niveles de residuos de la mayoría de las combinaciones cultivo-plaguicidas (alrededor de 915 muestras analizadas) son bajos y no presentan un riesgo apreciable para la salud de los consumidores. Sin embargo, todavía persisten concentraciones de etilen bisditiocarbamatos (EBDC) en muestras de tomate, cebolla, y papa (tabla 2), con valores superiores al límite máximo recomendado (LMR) establecido en Cuba, y especialmente en papa el 13,5 % de las muestras sobrepasan estos límites.3 Esta situación es preocupante, pues los ditiocarbamatos se utilizan en un grupo considerable de cultivos, las cifras de uso alcanzan valores altos todos los años, con un promedio anual de 2 500 t de ingrediente activo, y desde el punto de vista toxicológico, uno de sus metabolitos denominado etilen tiourea (ETU) representa riesgos para la salud humana. Además, las exportaciones de papa podrían ser rechazadas por los importadores, de no garantizarse que los residuos de ETU se encuentren por debajo de los niveles permitidos, lo cual acarrearía dificultades económicas al país.

TABLA 2. Residuos de ditiocarbamatos expresados en mg/kg en productos agrícolas, Cuba, 1990-1995
Cultivos 
Número de muestras
Intervalos
Tomate 
12
3,6 - 7,2
Cebolla
6
ND - 6,5
Papa
216
ND - 5,0
Pimiento
16
ND - 0,5
ND: No detectable ( < 0,5 mg/kg).

Los estudios experimentales sobre la transformación de los ditiocarbamatos en los cultivos y en el suelo, indican que éstos se metabolizan a ETU, o permanecen inalterados,5,6 y que los efectos de la degradación son favorecidos por las altas temperaturas y la acción de los rayos solares, que aumentan la velocidad de metabolización, sobre todo en el trópico.

Ensayos de alimentación realizados en animales de experimentación a altas dosis de ETU, han demostrado que éste produce trastornos en el tiroides, defectos congénitos y cáncer.7-9

En ratas preñadas a las que se les administró una combinación de ETU, T3/T4 y yoduro de sodio se constató la reducción de algunas de las respuestas teratógenas en comparación con los grupos a los que se había administrado sólo ETU. Estos resultados indican que el potencial teratógeno del ETU quizás sea, en parte, un efecto secundario de la toxicidad del compuesto para el tiroides.10

Los estudios epidemiológicos en trabajadores expuestos a maneb, zineb o mancozeb no han sido suficientes para demostrar la asociación entre la exposición a ETU y las anormalidades del tiroides, efectos comprobados en animales de experimentación.11-13

También se ha demostrado que cuando a los productos agrícolas se les ha aplicado EBDC y se someten a un proceso de calentamiento, una parte de este compuesto se convierte rápidamente en ETU. Los niveles de ETU presentes en los productos elaborados no guardan relación alguna con la concentración del compuesto en los productos sin elaborar, sino que dependen de las concentraciones de EBDC presentes en ciertas fases determinantes de la elaboración en la que tiene lugar el calentamiento, así como la duración de éste y la temperatura alcanzada.14

En Cuba no se han realizado estudios de residuos de ETU que permitan evaluar con mayor certeza el efecto de este compuesto en la exposición por medio de los alimentos, y solamente se han reportado los residuos de ditiocarbamatos como bisulfuro de carbono.

En un estudio de residuos del fungicida maneb en tomates, se encontró 0,28 mg de ETU/kg de tomate con 4 aplicaciones de maneb y después de 56 d de la última aplicación. Los residuos de ETU se redujeron a niveles no detectables después de los 101 d de la última aplicación. Sin embargo, se determinó un incremento del 17,5 % como resultado de la cocción.15

CONCLUSIONES

Las autoridades de salud deberían limitar el uso de los ditiocarbamatos en la agricultura, especialmente en aquellos cultivos que por sus niveles de consumo, niveles de residuos o tratamientos posteriores incrementen la posibilidad de la aparición de residuos de ETU o donde la seguridad de uso no pueda ser garantizada.

Estas consideraciones unidas a un análisis de riesgo-beneficio darán la solución definitiva a este problema.

SUMMARY

General information is given about the use of pesticides in Cuba, the levels of residues in different crops, as well as acute poisonings occurred between 1987 and 1995. Concentrations of ethylenebisdithiocarbamates over the maximum limits established in Cuba persist in samples of tomato, onion and potato. Possible limitations in the use of ethylenebisdithiocarbamates in crops, including those aspects associated with health, are analyzed.

Subject headings: PESTICIDES/poisoning; PESTICIDES/toxicity; PESTICIDE RESIDUES/poisoning; PESTICIDE RESIDUES/toxicity; ETHYLENEBIS (DITHIOCARBAMATES)/poisoning; ETHYLENEBIS (DITHIOCARBAMATES(/toxicity; ETHYLENETHIOUREA/poisoning; ETHYLENETHIOUREA/toxicity; CUBA.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. FAO. Guidelines for integrated control of rice insect pests. FAO Plant Production and Protection Paper 1979;14:115.
  2. Cuba. Ministerio de la Agricultura. Informe del Departamento de Estadística sobre el uso de plaguicidas en Cuba. La Habana: Editorial Centro de Información y Documentación Agropecuario, 1996.
  3. Lista Oficial de Plaguicidas Autorizados 1995/1996. República de Cuba. Registro Central de Plaguicidas.
  4. Sistema automatizado de plaguicidas (PLAGUISOF). Comercializado por la firma Copextel/Cuba 1993.
  5. FAO. Pesticida residue in food. Evaluations Part I Residues FAO. Plant Production and Protection Paper 1993;124:351.
  6. Marshall JW. Thermal decomposition of ethylene bisdithiocarbamate fungicides to ethylenethiourea in aqueous media. J Agric Food Chem 1977;25:357-61.
  7. Doerge D, Takazawa R. Mechanism of thyroid peroxidase inhibition by ethylenethiourea. Chem Res Toxicol 1990;3:98-101.
  8. O'Neil W, Marshal W. Goitrogenic effects of ETU on rat thyroid. Pestic Biochem Physiol 1984;21:92-101.
  9. EPA. Potential health effects of the EBDCs. Washington DC: Environmental Protection Agency, 1996:4-7.
  10. International Programme in Chemical Safety, ethylenethiourea. Pesticide Residue. Part II Toxicology. Geneva: World Health Organization, 1993;203.
  11. Kurttio P, Vartianinen T, Savolainen K. Environmental and biological monitoring of exposure to ethyle-nebisdithiocarbamate fungicides and ethylenethiourea. Br J Ind Med 1990;47:203-6.
  12. Wright WE. Health hazard evaluation report. National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH) ETA 1981;270:1012.
  13. Smith DM. Ethylenethiourea. Thyroid function in two groups of exposed workers. Br J Ind Med 1984;41:362-6.
  14. FAO/OMS: Residuos de plaguicidas en alimentos. Producción y protección vegetal 1993;122:63.
  15. OPS/OMS. Pesticides and health in the America. Washington DC, 1993:33. (Division of Health and Environmental Series; 12).
Recibido: 20 de febrero de 1997. Aprobado: 8 de abril de 1997.

Lic. Luisa O Vega Bolaños. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos. Infanta No. 1158, municicpio Centro Habana, Ciudad de La Habana 10300, Cuba.

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