Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos
Consultorio 12, Policlínico "Marcio Manduley", Centro Habana
Descriptores DeCS: EVALUACION NUTRICIONAL; MEDICOS DE FAMILIA; ESTADO NUTRICIONAL; VITAMINA E/sangre; ACIDO ASCORBICO/sangre; CAROTENO//sangre; HEMOGLOBINAS; INDICE DE MASA CORPORAL.
El incremento de la esperanza de vida requiere prestar mayor atención a la nutrición de los adultos mayores para que puedan mantener una vida saludable e independiente. América Latina y el Caribe, están viviendo cambios demográficos y epidemiológicos propios de las sociedades en transición. En el Caribe la esperanza de vida al nacer en 1995 fue de 74,3 años de edad, con un mayor predominio de las mujeres que de los hombres.1 En Cuba, las personas mayores de 65 años de edad constituyen en 1999 el 9,4 % del total de la población (Oficina Nacional de Estadística) y la esperanza de vida asciende a 75,7 años de edad. La esperanza de vida al nacer es uno de los indicadores de desarrollo humano y Cuba se clasifica en el mundo como país de desarrollo humano medio.2 En los Estados Unidos, en 1970 las personas mayores de 65 años constituían el 10 % de la población,3 ya en 1992 ascendía al 12,5 %4 con una esperanza de vida al nacer de 76,4 años de edad.2
En los ancianos se presentan características inherentes al proceso de envejecimiento que conspira con una buena nutrición, como son problemas en la masticación por dentición inadecuada, cambios metabólicos desfavorables, situación económica limitada por disminución del poder adquisitivo, y disminución de estímulos por dificultades en sus relaciones familiares o sociales.5,6
Las necesidades de energía disminuyen con la edad pero no la de proteínas, vitaminas y minerales. La deficiencia de micronutrientes en la dieta de los ancianos, tiene mayor importancia por los efectos adversos de los múltiples medicamentos que ingieren.4
El médico de familia, por constituir el eslabón primario de nuestro Sistema de Salud, debe conocer el estado nutricional de su población y especialmente de los adultos mayores, que no están incluidos en el Programa de Atención Primaria, para desempeñar una función importante en la diseminación de información sobre alimentación y nutrición .7
El objetivo de este estudio fue evaluar el estado nutricional de los adultos mayores de 65 años de edad de un consultorio del médico de familia.
Se utilizaron indicadores dietéticos, bioquímicos y antropómetricos. Los datos de la dieta se recogieron por encuesta semicuantitativa de frecuencia de consumo de alimentos, que tomó los 30 d anteriores al momento de la encuesta y que se hizo coincidir con el período de mayor cosecha de vegetales. Se utilizó el programa VAD para el cálculo de los porcentajes de adecuación.8
Se determinaron vitaminas E,C, carotenoides totales en suero y hemoglobina. La determinación de la vitamina C se realizó por el método colorimétrico de la dinitrofenilhidracina,9 la vitamina E por el método colorimétrico de Bieri10 y los carotenoides por el método de extracción con éter de petróleo.11 La hemoglobina se cuantiticó por el método de la cianometahemoglobina.12
Como variables antropométricas se utilizaron el peso y la talla. En los ancianos la talla se calculó mediante la fórmula de Chumlea que utiliza la distancia rodilla talón (DRT);13 el índice de masa corporal (IMC) se estimó con la utilización de la fórmula P/T2 y la ditribución de frecuencia se realizó según los criterios de Berdasco.14
Se utilizó el Programa Foxpro para la confección de la base de datos y el análisis estadístico se realizó mediante el Programa EPI-INFO 6; se obtuvieron las medias, desviación estándar, percentiles y porcentajes de acuerdo con las variables estudiadas.
| Nutrientes |
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| Energía |
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| Proteínas |
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| Vitamina A |
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| Vitamina E |
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| Vitamina B1 |
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| Vitamina B2 |
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| Vitamina B6 |
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| Niacina |
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| Acido fólico |
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| Vitamina C |
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| Calcio |
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| Hierro |
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n=65.
En los indicadores bioquímicos realizados no se encontraron ancianos con deficiencia manifiesta de vitamina E (alto riesgo), sólo un pequeño porcentaje con valores marginales (moderado riesgo), aunque sí llamó la atención que el 4,5 % de las personas tenía valores por encima de 1,6 mg/dL, que han sido considerados valores muy altos.
Se halló diferencia significativa de los valores entre sexos,
con predominio de mayor concentración en el femenino. Se encontró
solamente el 13,6 % del grupo con valores aceptables de vitamina C sérica,
resultado que no concuerda con los datos hallados en la dieta, donde existen
pocos ancianos con porcentajes de adecuación de vitamina C por debajo
de 70. La media de los valores de carotenoides está dentro de los
valores considerados como normales, pero sólo el 57,6 % de los ancianos
tenía valores mayores de 40 µg/dL. El 75 % de los individuos
tiene valores de hemoglobina dentro del intervalo de referencia, las personas
con anemia fueron remitidas a consulta especializada (tablas 2 y 3). De
este grupo se obtuvo que se suplementan con multivitaminas el 67,7 %.
| Variables |
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| Vitamina E (mg/dL) | |||||
| Total |
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| Sexo masculino* |
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| Sexo femenino |
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| Vitamina C (µg/dL) | |||||
| Total |
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| Sexo masculino |
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| Sexo femenino |
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| Carotenoides (µg/dL) | |||||
| Total |
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| Sexo masculino |
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| Sexo femenino |
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| Hemoglobina (g/L) | |||||
| Sexo masculino |
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| Sexo femenino |
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| Variables |
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| Vitamina E (mg/dL) |
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| Vitamina C (mg/dL) |
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| Carotenoides (µg/dL) |
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n=66.
Según el IMC, el 69,9 % de los ancianos están malnutridos,
el 24,6 % por defecto y el 44,2 % por exceso, con un predominio del sexo
femenino en este último grupo (tabla 4).
| IMC |
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| kg/m2 |
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| Desnutridos |
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| (<18,5) | ||||||
| Bajo peso |
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| (18,5-19,9) | ||||||
| Normopeso |
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| (20-24,9) | ||||||
| Sobrepeso |
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| (25-30) | ||||||
| Obesos | ||||||
| (>30) |
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| Total |
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El almacenamiento de frutas y vegetales, la principal fuente de vitamina C, puede conducir a la pérdida hasta del 80 % de esta vitamina; además, la mayoría de los procesos de cocción, especialmente la hervidura, disminuye el contenido de vitaminas en los alimentos y esta pérdida es aún mayor si se mantienen altas temperaturas por largo tiempo.15
Las diferencias encontradas entre los datos obtenidos de ingesta de vitamina C y valores séricos pueden deberse a deficiencias en el almacenamiento y la preparación de los alimentos que contienen esta vitamina y, por lo tanto, pérdida por oxidación en el momento de su ingestión; o por el propio proceso de estrés oxidativo que se produce en el organismo por el envejecimiento, que implica mayores cantidades de ácido ascórbico consumidos en el proceso antioxidante, o ambos. Estos valores de alto riesgo encontrados son incluso superiores a los reportados en otro estudio realizado en ancianos residentes en hogares en 1980 y donde los valores hallados de moderado riesgo son similares a estos resultados.16
Los datos de vitamina E pueden explicar en parte este hallazgo, ya que la vitamina C está implicada en el proceso de regeneración del tocoferol.
Los valores de tocoferol tan elevados encontrados en algunos individuos pudiera explicarse por la afectación de las membranas de los axones de gran calibre de nervios periféricos, que pudiera liberar hacia el torrente sanguíneo cantidades de vitamina E que debieran formar parte de la estructura de la membrana. Esto implicaría daño neurológico no detectado clínicamente que sería susceptible de revertir con un tratamiento oportuno.17,18
La interacción de los antioxidantes puede ocurrir potencialmente a diversos niveles: en los alimentos durante el proceso de preparación, en la vía gastrointestinal durante la absorción y en las células durante la utilización.19 Las bajas concentraciones de cualquiera de los antioxidantes vitamínicos parecen incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, y la combinación de concentraciones subóptimas tiene un efecto aditivo o sinérgico.20 En ancianos de los Estados Unidos se ha encontrado asociación inversa entre los niveles de ingesta y plasmáticos de vitamina C y los niveles plamáticos de carotenoides con la mortalidad, pero no en relación con la ingestión o los niveles plasmáticos de vitamina E.21
El IMC revela la prevalencia de deficiencia energética crónica en esta población. La malnutrición por defecto encontrada puede deberse a indiferencia ante los alimentos, apatía, pérdida del apetito o incluso a dificultades en la comunicación familiar, que no contribuye a que el anciano que se sustenta por seguridad social cubra sus necesidades de alimentación. La obesidad es otro de los aspectos que tiene que tener en cuenta la nutrición geriátrica, ya que en esta etapa de la vida hay una necesidad menor de energía por disminución de la actividad física; sin embargo, en muchas personas persisten hábitos previos de alimentación y se produce obesidad, lo cual aumenta la susceptibilidad de enfermedades degenerativas e incrementa la predisposición a enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes mellitus y osteoartritis entre otras.6 La malnutrición es probablemente responsable de muchos síntomas inespecíficos observados, como fatiga crónica, sentimiento general de enfermedad, pérdida del apetito, lo cual eventualmente conduce a una malnutrición.22
Los resultados indican la necesidad de acciones inmediatas en este grupo. Es evidente la necesidad de proporcionarles mayores conocimientos de nutrición a las personas que están directamente relacionadas con la alimentación de la familia, porque los hábitos en estas edades son difíciles de modificar, ya que se basan en las preferencias, prejuicios, indiferencia hacia la alimentación, temores de ingerir alimentos equivocados que produzcan ingestas o constipación. Esta es una tarea en la cual el médico de la familia puede desempeñar una función esencial desarrollando actividades educativas dirigidas a la selección de los alimentos que mayor beneficio reportan a este grupo de riesgo.
Subject headings: NUTRITION ASSSESSMENT; PHYSICIANS, FAMILY; NUTRITIONAL
STATUS; VITAMIN E/blood; ASCORBIC ACID/blood; CAROTENE/blood; HEMOGLOBINS;
BODY MASS INDEX.
Recibido: 15 de marzo de 1999. Aprobado: 28 de abril de 1999.
Dr. Gisela Pita Rodríguez. Instituto de Nutrición e Higiene
de los Alimentos. Infanta No. 1158, municipio Centro Habana, Ciudad de
La Habana 10300, Cuba.