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Rev Cubana Aliment Nutr 2000;14(2):86-93
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Evaluación antropométrica y de la dieta de enfermos de neuropatía epidémica al año de evolución

Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos

Arturo Rodríguez-Ojea Menéndez,
1Santa Jiménez Acosta,2 Isabel Martín González,3 Jorge Bacallao Gallestey,4 Raysa Moreno López5y María C. Romero Iglesias6

RESUMEN

En 1994 se examinaron 71 enfermos de neuropatía epidémica un año después del diagnóstico. Los casos mejorados presentaron más grasa corporal, mayor índice de masa corporal y menor pérdida de peso que los no mejorados. Al año hubo un aumento de peso corporal inferior al 1 % en ambos grupos. El consumo de nutrientes fue similar en ambos grupos e inferior a las recomendaciones, excepto para las vitaminas A y C y los folatos. Los enfermos presentaban una deficiencia energética aguda al momento de enfermar, resultante de un balance energético negativo. Al año, la mejoría clínica de la mayoría de ellos a pesar de una situación nutricional desfavorable, pudo responder a la disminución de las necesidades nutrimentales consecuencia de la adaptación metabólica, lo que permitió clasificarlos como deficientes energéticos crónicos. El estado nutricional de los enfermos no mejoró en relación con el momento del diagnóstico.

Descriptores DeCS: NEURITIS/epidemiología; EVALUACION NUTRICIONAL; DIETA; PESO CORPORAL; ESTATURA; GROSOR DE PLIEGUES CUTANEOS; INDICE DE MASA CORPORAL; CIRCUNFERENCIA BRANQUIAL

. En la etiología de la neuropatía epidémica (NE) han sido invocados factores nutricionales, tóxicos y biológicos.1,2 El estudio de casos y controles diseñado para evaluar la hipótesis de la posible asociación con una alimentación deficiente y la NE, realizado en la Isla de la Juventud, indicó una fuerte asociación entre una dieta deficiente y desequilibrada, y la aparición de la enfermedad.3 Por otra parte, la evaluación del estado nutricional de un grupo de enfermos con diagnóstico confirmado de NE, realizada en el momento de la incidencia máxima de casos en 1993, puso en evidencia deficiencias de vitaminas del complejo B y pérdida de peso corporal.4,5 Los pacientes de este estudio fueron reevaluados al año de evolución de la enfermedad, con el propósito de observar de forma comparativa los cambios ocurridos y estimar su relación con la evolución clínica individual.6 En este artículo se exponen los resultados de la evaluación nutricional antropométrica y el análisis de la dieta, y se discuten los resultados de dicha evaluación.

MÉTODOS

Fueron invitados a participar en el estudio los 91 enfermos de la investigación de 1993. A cada uno se le citó para ingreso hospitalario de 2 a 4 d, y el total fue dividido en grupos semanales de 10 a 15 personas. Se les realizó el examen clínico, neuroftalmológico y fisiátrico, toma de muestras biológicas de sangre y orina, así como evaluación antropométrica y encuestas general y dietética. Los detalles de la evaluación de los indicadores bioquímicos se presentan en otro artículo.6 La dieta se evaluó por medio de una encuesta semicuantitativa de frecuencia de consumo mediante entrevista individual, con el paciente hospitalizado. La encuesta se dirigió retrospectivamente para evaluar la frecuencia de consumo correspondiente a 3 meses antes del año de evolución de la enfermedad. La encuesta había sido aplicada anteriormente en el estudio de pacientes con NE y se obtuvieron buenos resultados.3 En la evaluación del contenido de energía y nutrientes de la dieta se utilizó el sistema de programas Nutrisis.7

Para el estimado de la recomendación de ingestión de energía diaria se consideró la calidad de la actividad física habitual, el sexo, la edad y el peso corporal deseable.8 Se utilizaron las recomendaciones de energía y nutrientes para la población cubana con la finalidad de estimar los porcentajes de adecuación de la ingestión de los nutrientes.8

Se realizaron las mediciones del peso y la talla, así como de los pliegues cutáneos tricipital, subescapular, bicipital y suprailíaco. Se calculó el índice de masa corporal (IMC) a partir del peso en kilogramos y la talla en metros al cuadrado. La composición corporal se estimó según los criterios Durnin y Womersly9 y se midió la circunferencia media del brazo, como indicador de la reserva energética.

Los enfermos fueron clasificados según los criterios del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) para la evaluación de la evolución clínica en 2 categorías a los fines de los cálculos estadísticos: "mejorados", que incluyó los pacientes recuperados y mejorados, y "no mejorados", los que no mejoraron y los que empeoraron. La evaluación clínica que se utilizó como referencia para la clasificación corresponde a la realizada al año del diagnóstico.

Tanto para las variables dietéticas como para las antropométricas se calculó la distribución percentilar y se compararon las medianas entre los pacientes en las 2 clasificaciones propuestas (mejorados vs. no mejorados) mediante la prueba de Kruskal-Wallis.

En el análisis de los datos se aplicó una sistemática semejante a la de la investigación de Gay y otros3 por ser el tema de investigación común, aunque en poblaciones y en momentos diferentes.

RESULTADOS

Entre abril y mayo de 1994 se examinaron 71 enfermos que consintieron participar en el estudio (78 % del total), de ellos 40 hombres (57 %) y 31 mujeres (43 %). Las edades promedio fueron para los hombres 45,7±12,5 a y para las mujeres 38,8±9,7 a. De este grupo, 28 pacientes presentaron la forma óptica (39,4 %) y 43 la mixta (60,6 %).6

En los enfermos que mejoraron se observó un menor porcentaje de pérdida relativa de peso corporal antes de enfermar, un IMC mayor al año, mayor peso corporal en grasa, mayor porcentaje de grasa corporal, mayor circunferencia del brazo, y en los enfermos no mejorados un porcentaje de peso corporal en masa magra superior. Los enfermos de ambos grupos presentaron un aumento de peso corporal inferior al 1 % y mantuvieron en su mayoría el mismo peso corporal que al momento del diagnóstico (tabla 1).

TABLA 1. Distribución percentilar y comparación de las medianas de las variables antropométricas de los pacientes mejorados (n=59) y no mejorados (n=9) en la evaluación del estado nutricional al año del diagnóstico
Variables 

antropométricas 

Percentil
25
50
75
Valor p
Pérdida relativa de peso        
antes de enfermar (%)        
Mejorados
7,9
13,9
18,8
 
No mejorados
13,8
19,5
26,2
0,05
Índice de masa corporal        
al año (kg/m2)        
Mejorados
19,8
22,5
23,9
 
No mejorados
16,8
19,1
21,4
0,008
Ganancia relativa de         
peso (%)        
Mejorados
94,2
98,4
104,9
 
No mejorados
88,2
101,94
106,9
0,9
Grasa (kg)        
Mejorados
9,6
12,9
18,2
 
No mejorados
6,8
8,3
9,9
0,003
Grasa (%)        
Mejorados
16,7
24,7
30,3
 
No mejorados 
13,5
18,2
19,5
0,04
Masa magra (kg)        
Mejorados
39,6
46,1
51,7
 
No mejorados
35,3
42,5
49,1
0,5
Masa magra (%)        
Mejorados
69,7
75,2
83,3
 
No mejorados
80,5
81,0
86,5
0,04
Circunferencia del brazo        
Mejorados
24,0
26,0
28,0
 
No mejorados
21,2
23,8
25
0,03

Las tablas 2,3 y 4 presentan los resultados de las evaluaciones de la dieta. En ninguna de las variables hubo diferencias significativas entre los 2 grupos. Las medianas del consumo de los diferentes nutrientes evaluados se comportaron indistintamente superior en uno u otro grupo. No obstante, el porcentaje de adecuación del consumo de energía, proteína total y animal y de grasa fue superior en el grupo de los enfermos mejorados.

TABLA 2. Distribución percentilar de la ingestión diaria de energía y macronutrientes y de los porcentajes de adecuación a la cantidad recomendada
Variable 

energética 

Percentil
25
50
75
Valor p
Energía total (kcal)        
Mejorados
1 327
1 749
2 630
 
No mejorados
1 093
1 506
2 074
0,2
Energía total (%)        
Mejorados
52,8
70,1
94,5
 
No mejorados
45,4
57,0
88,8
0,3
Energía sin alcohol (kcal)        
Mejorados
1 322
1 722
2 531
 
No mejorados
960
1 506
2 320
0,2
Energía sin alcohol (%)        
Mejorados
51,7
66,3
94,5
 
No mejorados
45,4
57,0
79,9
0,3
Proteína total (g)        
Mejorados
37,5
53,3
70,8
 
No mejorados
32,5
40,5
74,3
0,6
Proteína total (%)        
Mejorados
52,7
76,2
93,5
 
No mejorados
47,1
59,6
103,4
0,9
Proteína animal (g)        
Mejorados
10,3
18,4
26,1
 
No mejorados
6,9
10,1
24,1
0,2
Grasa (g)        
Mejorados
16,8
24,5
36,3
 
No mejorados
10,1
15,8
30,6
0,2
Grasa (%)        
Mejorados
22,1
33,0
52,7
 
No mejorados
17,9
25,0
38,5
0,3
Carbohidratos (g)        
Mejorados
227,8
312,0
460,1
 
No mejorados
189,6
304,4
347,3
0,3
Carbohidratos (%)        
Mejorados
63,9
85,6
123,2
 
No mejorados
57,6
87,2
101,7
0,5

En ambos grupos el valor de la mediana de la adecuación del consumo de energía y de energía sin alcohol se mantuvo igual o inferior al 70 % y el de grasa inferior al 35 %, en tanto que para la proteína fue inferior al 70 % en el grupo de los no mejorados (tabla 2). El valor de la mediana de la adecuación del consumo de vitaminas indicó cifras inferiores al 70 % para los enfermos mejorados en riboflavina y para ambos grupos inferior al 60 % en piridoxina y al 50 % en vitamina E. Los valores de las medianas de los nutrientes evaluados con la excepción del ácido fólico, vitamina C y vitamina A, presentaron porcentajes de adecuación inferiores a las recomendaciones (tablas 3 y 4).

TABLA 3. Distribución percentilar de la ingestión diaria de vitaminas del complejo B y de los porcentajes de adecuación a las recomendaciones. Mejorados (n=59), no mejorados (n=9)
Percentil
Vitamina  25 50 75 Valor p
Tiamina (mg)        
Mejorados 0,58 0,76 1,1  
No mejorados 0,65 0,73 0,98 0,8
Tiamina (%)        
Mejorados 57 76 106  
No mejorados 79 85 113 0,3
Riboflavina (mg)        
Mejorados 0,52 0,69 1,26  
No mejorados 0,60 0,97 1,14 0,8
Riboflavina (%)        
Mejorados 37 55 77  
No mejorados 51 79 90 0,3
Piridoxina (mg)        
Mejorados 0,92 1,17 1,61  
No mejorados 1,00 1,13 1,49 0,9
Piridoxina (%)        
Mejorados 44 54 77  
No mejorados 49 57 68 0,9
Ácido fólico (µg)        
Mejorados 173 223 299  
No mejorados 241 311 353 0,07
Ácido fólico (%)        
Mejorados 69 89 120  
No mejorados 96 125 141 0,07
TABLA 4. Distribución percentilar y comparación de las medianas de la ingestión diaria de vitaminas A, E y C, hierro y calcio y de los porcentajes de adecuación de la recomendación. Mejorados (n=59), no mejorados (n=9)
Percentil
Nutriente 
25
50
75
Valor p
Vitamina A (µg)        
Mejorados
494
795
1 177
 
No mejorados
699
803
1425
0,4
Vitamina A (%)        
Mejorados
65
106
147
 
No mejorados
87
100
203
0,4
Vitamina E (mg)        
Mejorados
3,3
3,9
5,6
 
No mejorados
2,7
4,4
4,8
0,6
Vitamina E (%)        
Mejorados
35
45
59
 
No mejorados
33
44
60
0,6
Vitamina C (mg)        
Mejorados
54,9
76,6
118,5
 
No mejorados
77,8
98,0
150,0
0,2
Vitamina C (%)        
Mejorados
92
128
198
 
No mejorados 
129
163
250
0,2
Hierro (mg)        
Mejorados
8,0
10,6
14,8
 
No mejorados
9,0
10,5
13,3
0,7
Hierro (%)        
Mejorados
49
77
109
 
No mejorados
74
88
105
0,3
Calcio (mg)        
Mejorados
251
386
567
 
No mejorados
295
545
591
0,4
Calcio (%)        
Mejorados
31
48
61
 
No mejorados
37
68
74
0,3

El valor de la mediana del aporte de energía a partir de las grasas se mantuvo notablemente bajo, en tanto se observó en ambos grupos una dependencia de los carbohidratos en general y del azúcar en particular como fuentes de energía, seguidos de las proteínas (tabla 5).

TABLA 5. Distribución percentilar y comparación de las medianas de la contribución de las proteínas, grasas y carbohidratos a la ingesta diaria de energía excluyendo el aporte del alcohol. Mejorados (n=59), no mejorados (n=9)
Percentil
Procedencia de la energía
25
50
75
Valor p
Proteína total (%)        
Mejorados
10
12
14
 
No mejorados
12
13
14
0,09
Proteína animal (%)        
Mejorados
3
4
5
 
No mejorados
2
4
6
0,6
Grasa (%)        
Mejorados
9
14
19
 
No mejorados
9
12
15
0,4
Carbohidratos (%)        
Mejorados
68
74
78
 
No mejorados
72
73
77
0,9
Azúcar        
Mejorados
12
17
28
 
No mejorados
16
16
17
0,4

El consumo de tiamina en proporción de la energía fue significativamente superior para los enfermos no recuperados, excepto para el caso de la energía proveniente del azúcar. También se comportó significativamente superior el consumo de riboflavina (tabla 6).
 
 

TABLA 6. Ingestión de tiamina, riboflavina y piridoxina por cada 1 000 kcal según la fuente de energía. Mejorados (n=59), no mejorados (n=9)
Percentil
Ingestión de vitaminas por 

cada 1 000 kcal

25
50
75
Valor p
Tiamina (mg)/        
/energía total        
Mejorados
0,38
0,46
0,54
 
No mejorados
0,48
0,54
0,57
0,01
Tiamina (mg)/        
/energía sin alcohol        
Mejorados
0,39
0,46
0,54
 
No mejorados
0,48
0,54
0,65
0,02
Tiamina (mg)/        
/energía de los carbohidratos        
Mejorados
0,53
0,61
0,74
 
No mejorados
0,68
0,74
0,82
0,03
Tiamina (mg)/energía        
del azúcar        
Mejorados
1,43
2,45
4,22
 
No mejorados
2,63
3,26
4,35
0,14
Riboflavina (mg)/        
/energía total        
Mejorados
0,36
0,50
0,54
 
No mejorados
0,50
0,53
0,55
0,05
Piridoxina (mg)/        
/energía total        
Mejorados
0,59
0,64
0,77
 
No mejorados
0,72
0,74
0,97
0,07

 

DISCUSIÓN

Este estudio evaluó la dieta y la condición antropométrica de 71 pacientes con diagnóstico de NE, un año después de enfermar. La evaluación del estado nutricional realizada al momento del diagnóstico en la mayoría de los examinados presentó un estado de deficiencia energética aguda (DEA), caracterizada por una deficiente reserva corporal de energía y una insuficiente ingestión de energía, macronutrientes y micronutrientes. Además, 49 enfermos (69 %) habían perdido peso corporal en un período de 3 meses anteriores del diagnóstico, de ellos 45 refirieron pérdidas superiores al 10 % de su peso antes de enfermar y 10 de éstos (22 %) superiores al 20 %, lo cual demuestra la magnitud de la DEA, con la consiguiente repercusión para la salud de los enfermos. Pérdida de peso desde algunos kilogramos hasta 20 ó 30 kg fue informada por el 80 % en pacientes con NE.10 Pérdidas de peso iguales o superiores al 10 % del peso corporal habitual en períodos de hasta 3 meses constituyen evidencias de afectación importante del estado nutricional.11

En ambos grupos se observó poca o ninguna recuperación del peso corporal en el período.

En 36 pacientes se confirmó un peso corporal al año, inferior al de la evaluación inicial al diagnóstico, lo que demuestra la no recuperación de las reservas energéticas.

La mayor afectación de la condición antropométrica de los enfermos no recuperados podría considerarse como una de las causas de la pobre o insuficiente recuperación de la lesión neurológica.

Estos elementos y los informados en otros estudios apuntan a la súbita disminución de la disponibilidad de alimentos, ocurrida como consecuencia de los ajustes macroeconómicos de inicios de la década de los 90 y al aumento de la actividad física,1-4 como 2 de los factores contribuyentes en la aparición de la DEA observada en estos enfermos. La tendencia a la disminución del peso corporal en población adulta aparentemente sana,12 en los momentos de mayor incidencia de enfermos con NE, apoya esta observación.

Resultados de una investigación realizada con voluntarios jóvenes del sexo masculino diseñada para estudiar la repercusión de una dieta insuficiente en energía (1 600 kcal, aproximadamente 2/3 de la recomendación del grupo), evidenciaron una reducción del peso corporal del 23 %, acompañada de una disminución del tejido graso superior al 70 % y de los tejidos metabólicamente activos superior al 20 %.13 A pesar de la composición heterogénea en edad y género del grupo de enfermos con NE que se analiza, al comparar los parámetros antropométricos con los del estudio de los voluntarios, se observaron cambios similares.

Por otra parte, al año de evolución, el 11 % de los enfermos mejorados y el 44,5 % de los no mejorados clasificaron como deficientes energéticos crónicos (DEC), lo que es expresión de un nuevo balance metabólico de las reservas de energía del organismo, con las implicaciones que esto comporta.14-17

El insuficiente consumo de energía, referidos en los porcentajes de adecuación de la energía de la dieta, fue notablemente inferior a las recomendaciones en ambos grupos y en especial para los enfermos no recuperados,8 lo que constituye causa reconocida de lesiones en los tejidos corporales.13,15-17 La evaluación de la dieta demostró también un insuficiente aporte de nutrientes tanto en los enfermos recuperados como en los no recuperados, que para ambos grupos fue comparativamente superior al de los casos e inferior a los controles del estudio de la Isla de la Juventud.3 Las excepciones a esta generalización fueron: el aporte de energía a partir de la grasa (inferior a los casos) y de la ingestión de riboflavina, ácido fólico, vitamina A y calcio (superior al de los controles). El balance energético negativo de estos enfermos se caracterizó por un aporte de energía deficiente a partir de la grasa, lo que suele ser causa de un hipercatabolismo del tejido adiposo y de las proteínas corporales, a pesar de los ajustes biológicos de la actividad metabólica del organismo que se desarrolla en sujetos en condición de DEA.16,17

La ingestión de riboflavina por cada 1 000 kcal de los pacientes con NE fue inferior a la observada en población adulta supuestamente sana en Europa.18 Dietas deficientes en energía, macronutrientes y micronutrientes, asociadas con una ingestión excesiva de carbohidratos en proporción a la ingestión de tiamina, pueden ocasionar la aparición de síndromes por carencia de tiamina y neuropatías semejantes a la NE de Cuba.19-21 Por otra parte, la lesión neurológica de tipo dying back descrita en pacientes con NE, se considera compatible con una causa nutricional, tóxica y metabólica.22 Ambos elementos sustentan la función de la DEA en la patogenia de la NE de Cuba.

En conclusión, los enfermos con NE refirieron en su condición antropométrica al momento del estudio los efectos de la DEA al inicio de la enfermedad, como consecuencia de un consumo insuficiente de energía y de nutrientes. Al año de evolución se observó la no recuperación del peso corporal, de manera que la mejoría clínica experimentada en la mayoría de los enfermos, a pesar de la persistencia de factores nutricionales adversos, pudo responder a la disminución de las necesidades de nutrientes resultante de los mecanismos biológicos de compensación metabólica. El nuevo equilibrio energético resultante clasificó para la mayoría de los pacientes como una DEC. El estado nutricional de los enfermos evaluados no mostró mejoría con respecto al momento del diagnóstico.
 
 

SUMMARY

In 1994, 71 epidemic neuropathy patients were examined one year after the diagnosis. The cases that had improved their health status showed more body fat, higher body mass index and lower weight loss than those who had not improve. During this period there was a body weight gain under 1% in both groups. Nutrient intake was similar in both groups but lower than that recommended except for vitamin A, C and folates. Patients had an acute energy deficiency at the time of getting sick as a result of an energy imbalance. After that year, the clinical improvement of the majority of patients in spite of an unfavorable nutritional situation could meet the decreased nutritional requirements derived from the metabolic adjustment. This led to their classification as chronic energy deficiency persons. The nutritional status of the patients did not improve if compared with that found at the time of diagnosis.

Subject headings: NEURITIS/epidemiology; NUTRITION ASSESSMENT; DIET; BODY WEIGHT; BODY HEIGHT; SKINFOLD THICKNESS; BODY MASS INDEX; BRACHIAL PERIMETER
 
 

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Recibido: 3 de febrero del 2000. Aprobado: 13 de marzo del 2000.
Dr. Arturo Rodríguez-Ojea Menéndez. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos. Infanta No. 1158, Municipio Centro Habana, Ciudad de La Habana, CP 10300, Cuba.
 
 

1Especialista de II Grado en Medicina Interna. Investigador Auxiliar. Profesor Asistente.
2Doctora en Ciencias. Investigadora Titular. Profesora Auxiliar.
3Investigadora Agregada.
4Doctor en Ciencias. Investigador Titular. Profesor Titular. Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana "Victoria de Girón".
5Técnica en Evaluación Antropométrica.
6Técnica en Asesoramiento Dietético

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