EDITORIAL

 

 

El concepto de cicatrización ha sido identificado como el proceso de reparación tisular, y la respuesta que obtenemos del tejido, como reacción al daño local. Este proceso biológico complejo envuelve a la quimiotaxis, la reproducción celular, la producción de la matriz extracelular y la neovascularización.

El actual concepto del papel de las citoquinas ha desempeñado un importante rol a la hora de definir los motivos por los cuales resulta tan difícil la definición y conceptualización del porqué se dificulta lograr la cicatrización total en un paciente diabético que tiene una lesión en uno o en ambos pies. Durante muchos años, las respuestas han sido buscadas por los investigadores, los cuales han tenido pequeños éxitos en sus resultados, pero más ha florecido el fracaso que el logro de la tesis acertada o lo más cercana posible, a la solución de un problema de salud que ha trascendido las fronteras de diversos sistemas de salud en el mundo de hoy.

El pie diabético está considerado un importante problema de salud. Si revisamos la literatura del siglo pasado, encontraremos infinidad de publicaciones científicas, donde han sido expuestas diversas líneas terapéuticas luego de haber sido ensayadas, pero sin obtener el éxito ansiado.

En Cuba, donde la medicina y la ciencia han formado un lazo muy estrecho, tratando de dar soluciones tanto a problemas de salud nacionales como a otros muchos suscitados sobre todo en los países del tercer mundo, la búsqueda de respuestas a terapéuticas acertadas para el tratamiento del pie diabético, ha dado como resultado un elevado número de publicaciones científicas que han servido de base a los aportes científicos más recientes.

En los albores del siglo XXI comenzaron a aparecer con más frecuencia investigaciones que hablaban de la puesta en práctica de diferentes factores de crecimiento para el tratamiento de diversas enfermedades, dentro de ellas, el pie diabético.

Los factores de crecimiento son polipéptidos que controlan el crecimiento, diferenciación y metabolismo celular, regulando el proceso de regeneración tisular. Las tres fases de la curación de heridas: inflamación, fibroplasia y madurez, están controladas por factores de crecimiento presentes en pequeñas cantidades, aunque poderosos en su influencia en la reparación de las heridas. Pero en el diabético la pobre existencia o la ausencia de estos, no permiten la adecuada cicatrización a que ellos favorecen.

En el mundo de hoy existe un gran interés en manipular el ambiente celular de las heridas con proteínas, factores de crecimiento y terapias génicas. Son varios los factores de crecimiento investigados. El que más ensayos clínicos ha tenido es el llamado PDGF, factor de crecimiento plaquetario, el cual se recoge en diferentes libros como el más estudiado, inclusive el único que muestra ensayos clínicos. La cifra de 48 % de éxito en la curación de lesiones de pie diabético (siempre que estas tuvieran un buen índice de PTCO2 [presión transcutánea de oxigeno], adecuado flujo sanguíneo, y sin infección), fue saludada por los científicos como un éxito reconocido. Otros factores, como el VEGF, el fibroblast GF, o el KG (factor de crecimiento de keratinocitos,) no han mostrado resultados reconocidos a través de ensayos clínicos.

Es en este momento de entrecruzamiento de experiencias en derredor de estos factores de crecimiento, que irrumpe en la escena científica nacional e internacional el Heberprot-P, una nepidermina cubana, cuya fórmula es investigada a través de ensayos clínicos en sus cuatro fases, con resultados que demostraron la obtención de un 85 % de lesiones de pacientes diabéticos curados, incluyendo pacientes con flujo sanguíneo arterial comprometido y existencia de lesiones con infecciones clínicas locales presentes. El Heberprot-P constituye, con su aparición, la única fórmula capaz de tratar lesiones de 4 hasta 80 cm2 de área, con una eficacia sostenida.

Se trata de un producto genuinamente cubano nacido en los laboratorios del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, que hoy se utiliza en otros países además de Cuba, con resultados muy satisfactorios. Baste señalar que Venezuela, donde ya teníamos el antecedente de 21 pacientes totalmente curados con el Heberprot-P en el año 2007, cuenta hoy con 10 servicios de pie diabético en hospitales venezolanos que han logrado incorporar hasta el momento 730 pacientes aquejados de esta afección en sus diferentes grados de complejidad. Este país recoge en sus estadísticas solamente 5 amputaciones mayores, lo que no se eleva más allá del 1,2 % del total de pacientes incorporados.

Cuando examinamos las posibilidades terapéuticas de este producto cubano, nos convencemos poderosamente de que muchos conceptos anteriores establecidos para el enfoque médico-quirúrgico de nuestros pacientes pueden ser sometidos a nuevos análisis.

Así lo demuestran los procederes realizados por muchos colegas cubanos en diferentes partes de nuestro país y en otras tierras hermanas. Para poder incorporar este nuevo concepto terapéutico que hoy llega a nuestras manos, con la aplicación del Heberprot-P, necesitamos concientizar tres principios médicos inherentes a nuestra ética médica.

1. Tratar a todos nuestros pacientes de forma diferenciada, no rutinaria, o con patrones establecidos. Cada paciente es una individualidad, su lesión es inherente a él, no debemos generalizar el concepto quirúrgico que se va a practicar.
2. Encaminar nuestras acciones quirúrgicas a ser lo menos mutilantes posible.
3. Aprender a combinar adecuadamente nuestras normas terapéuticas y conocimientos medicoquirúrgicos, con la aplicación oportuna del Heberprot-P.

Muchas respuestas acertadas daremos entonces a nuestros pacientes. Ellos, sus familiares y la humanidad sabrán agradecer este gesto altruista de nuestros galenos de hoy, que han encontrado el camino de cambiar conceptos de antaño, a través de una tecnología cubana, que ha logrado introducirse tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

 

Marzo 26, 2009.
Prof. Dr. José Fernández Montequín