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Rev Cubana Cir 1996;35(2)
Hospital General Provincial Docente "Carlos Manuel de Céspedes" Bayamo, Granma

Quistes y fístulas del conducto tirogloso. Nuestra experiencia

Dr. Manuel Estrada Sarmiento1
  1. Especialista de II Grado en Cirugía Maxilofacial. Profesor Principal de Patología Bucal. Secretario del Comité de Intervenciones Quirúrgicas y Presidente del Consejo Científico. Hospital General Provincial Docente "Carlos Manuel de Céspedes", Bayamo, Granma.

RESUMEN

Se realiza una investigación observacional, retrospectiva y descriptiva de 65 pacientes con diagnóstico clínico e histológico de quistes y/o fístula del conducto tirogloso, con el objetivo de conocer su comportamiento en nuestro medio durante el período 1963-1993. De los 65 pacientes 43 eran masculinos (66,1 %) y 22 femeninos. El 20 % con una edad inferior a los 10 años. Nueve pacientes (13,8 %) tenían antecedentes de cirugía previa. Se manifestaron como una tumoración cervical en 54 pacientes y en 6 como una fístula. La técnica quirúrgica de Sistrunk se empleó en 62 pacientes (95,4 %) en los restantes la exéresis simple del quiste. La mortalidad operatoria fue nula. Tres pacientes (4,6 %) presentaron sepsis de la herida. El seguimiento mínimo de los pacientes fue de un año. Dos pacientes mostraron recidivas y fueron reintervenidos a los 10 meses. Esta entidad es relativamente frecuente con predominio en las primeras décadas de la vida. Una terapéutica adecuada conlleva a la resolución de ésta con mortalidad nula.

Palabras clave: QUISTE TIROGLOSO; FISTULA; GLANDULA TIROIDES; LENGUA.

INTRODUCCION

Los quistes y fístulas del conducto tirogloso constituyen una afección congénita desarrollada sobre la persistencia de restos epiteliales embriológicos en el trayecto de la glándula tiroidea, que sigue desde su aparición en el suelo faríngeo durante la tercera semana de vida hasta llegar en la sexta a su situación anatómica definitiva. Este trayecto, denominado conducto tirogloso de His o Bochdalek, se oblitera y se reabsorbe entre la séptima-octava semana de vida intrauterina. Cuando esto no sucede o se realiza parcialmente, o cuando por motivos desconocidos las células indiferenciadas de su tercio medio se diferencian e inician una actividad secretora,1 aparecen los quistes del conducto tirogloso.1-4

Los quistes tiroglosos y su fistulación constituyen una de las afecciones congénitas más frecuentes del cuello1,2 y representan una importante entidad en el diagnóstico diferencial de las neoplasias del cuello.1,3 Se ha reportado el desarrollo de carcinomas en la pared del quiste.4-8

Esta afección representa del 66 al 72 % de los procesos congénitos del cuello.1-3 Para Anton-Pacheco9 los quistes del conducto tirogloso son la tumoración más frecuente de la línea cervical media, aunque otros autores los sitúan en segundo lugar, tras las linfadenopatías inflamatorias o neoplásicas.3,10,11

El tratamiento debe ser quirúrgico, mediante la técnica descrita por Sistrunk,1-16 en la cual debido a la íntima relación embriológica del conducto tirogloso con el hueso hioides, esto debe resecarse en su parte central, y continuar la disección por los músculos suprahioideos hasta el foramen caecum en la base de la lengua.

El objetivo de este trabajo es presentar la experiencia de nuestro Servicio en el tratamiento de los quistes y fístulas del conducto tirogloso.

METODO

Se utilizó como universo el total de las historias clínicas de los pacientes inscritos en el Servicio de Cirugía Maxilofacial del Hospital General Provincial Docente "Carlos Manuel de Céspedes" de Bayamo, diagnosticados clínica e histológicamente como afectados por quistes y/o fístulas del conducto tirogloso. En el período comprendido desde 1963 hasta 1993 ambos inclusive, se confeccionó el proyecto para una investigación de observación, retrospectiva y descriptiva y un formulario para recoger de las historias clínicas las siguientes variables: edad, sexo, antecedentes, manifestaciones clínicas, tiempo de evolución y tamaño, localización, exploración física y complementaria, tratamiento, complicaciones posoperatorias y recidivas. Las historias clínicas que no reunían los parámetros propuestos fueron eliminadas para quedar integrado nuestro material de estudio por 65 pacientes, 43 masculinos y 22 femeninos con edades que oscilaron entre 5 y 36 años.

Una vez verificada la información, los datos fueron procesados y los resultados que se obtuvieron se presentaron en tablas de números absolutos y de tanto por cientos.

RESULTADOS

La tabla 1 refleja la edad y el sexo de los estudiantes. La mayor incidencia se puso de manifiesto en el grupo de 10 a 19 años de edad con 37 pacientes (57,0 %). El 77 % de la serie se encontró entre los 0-19 años de edad. Las edades oscilaron entre 5 y 36 años con una media de 16,1 años y se destaca el hecho que sólo el 20 % de los pacientes eran menores de 10 años.
TABLA 1. Quistes y fístulas tiroglosas con diagnóstico hístico confirmado según edad y sexo
 
Grupo de edades (años) 
Masculino
Femenino
Total
No.
%
No.
%
No.
%
0 - 9
10
23,2
3
13,6
13
20,0
10 - 19
24
55,8
13
59,1
37
57,0
20 - 29
6
14,0
5
22,7
11
16,9
30 - 39
3
7,0
1
4,5
4
6,1
Total
43
66,1
22
 
65
100
El sexo masculino fue predominante con 43 pacientes (66,1 %). La relación entre uno y otro sexos fue de 1,9:1.

En 9 pacientes (13,8 %) existían antecedentes de cirugía previa, que consistió en 3 ocasiones en el drenaje de un absceso cervical y en 6 en una exéresis presuntamente radical.

En 49 pacientes el quiste se identificó como una tumoración cervical anterior asintomática (figura).

FIGURA 1

El síntoma predominante en los pacientes con fístula cervical (16,9 %) fue la secreción, unas veces intermitentes y otras en forma continua (tabla 2).

TABLA 2. Manifestaciones clínicas en pacientes con quistes y fístulas tiroglosas
Manifestaciones 
No
%
Tumoración cervical indolora
49
75,4
Tumoración cervical dolorosa
5
7,7
Fístula
11
16,9
Total
65
100,0
  El tiempo de evolución de la entidad patológica fue variable, desde un mes hasta 30 meses y 6 años, y fue el promedio de 5,5 años.

El tamaño de los quistes en 41 pacientes (63,1 %) fue menor a 3 cm y en 10 mayor de 4 cm (tabla 3).

TABLA 3. Quistes y fístulas tiroglosas según tiempo de evolución y tamaño
Tiempo de evolución (años) 
- 1 cm
1 - 3 cm
4 - 6 cm
Total
No.
%
No.
%
No.
%
No.
%
- de 1
5
35,7
7
17,1
-
-
12
18,5
De 1 a 5
9
64,3
34
82,9
10
100,0
53
81,5
Total
14
100,0
41
100,0
10
100,0
65
100,0
En todos los pacientes la localización de los quistes y fístulas ocurrió en la región cervical anterior, 38 en la línea media y 27 lateralizados (21 a la izquierda y 6 a la derecha), en el 63,1 % de la serie de afección se encontró al nivel del hioide (tabla 4).
TABLA 4. Localización topográfica de los quistes y fístulas tiroglosas
Localización 
Línea media
Derecha
Izquierda
Total
No.
%
No.
%
No.
%
No.
%
Suprahioidea
7
18,4
5
23,8
2
33,3
14
21,5
Al nivel del hioides
26
68,4
11
52,4
4
66,7
41
63,1
Infrahioidea
5
13,2
5
23,8
-
-
10
15,4
Total
38
100,0
21
100,0
6
100,0
65
100,0
En los datos recogidos en la exploración física se destacó el ascenso de la tumoración con la deglución en 54 pacientes. La consistencia de los quistes fue dura en 49 pacientes y elástica en 11. La piel que los recubría presentaba signos inflamatorios en 5 pacientes.

Como exploraciones complementarias se realizaron estudios ecográficos en diferentes pacientes. En los 2 casos de recidiva se realizó fistulografía.

El tratamiento quirúrgico de elección fue en 62 pacientes (95,4 %) según técnica de Sistrunk. En 3 pacientes se efectuó la exéresis del quiste sin resección del hioides. En todos los casos se envió la pieza resecada para estudio anatomopatológico.

Los hallazgos de anatomía patológica fueron de quistes tiroglosos y se identificaron 3 tipos de epitelio: escamoso, cúbico y columnar. No hubo evidencia de neoplasia ni de tejido tiroideo.

En 3 pacientes (4,6 %) existieron complicaciones posoperatorias (infección herida quirúrgica). Todos los pacientes tuvieron un seguimiento mínimo de un año. Se detectaron 2 recidivas a los 6 meses y fueron reintervenidos 10 meses después. Una por neoformación del quiste y otra en forma de fístula cervical.

No se reportó mortalidad en la serie.

DISCUSION

La afección del conducto tirogloso tiene una mayor incidencia en la edad infantil, generalmente en la primera década de la vida.1-4, 9,13,16 Esta se presenta del 60 al 80 % de los casos antes de la segunda o tercera décadas,1-4,16 aunque su aparición en edades avanzadas no es infrecuente,17 datos que se corresponden con nuestros hallazgos.

El sexo masculino mostró una mayor incidencia, resultado que concuerda con la mayoría de las series revisadas,2-4,9,13,17 pero discrepa de Ortiz1 pues en su investigación predominó el femenino.

El 13,8 % de nuestra serie presentó antecedentes de algún tipo de tratamiento quirúrgico previo. Publicaciones recientes1,2,9,13,16,17 plantean que estos antecedentes oscilan entre el 12,5 y el 33,3 %. Ello se debe a que los quistes del conducto tirogloso con frecuencia se infectan, al ser tratados mediante incisión y drenaje, o bien a una incorrecta intervención.

Como señalan otros autores,1-17 excepto en los casos con infección, los quistes del conducto tirogloso se manifiestan como una tumoración asintomática.

El aumento de tamaño de la tumoración tras procesos infecciosos respiratorios es un hecho conocido,1,2,11 se atribuye a un aumento en la secreción del epitelio del quiste junto a una dificultad en el drenaje habitual por edema de la mucosa lingual del foramen ciego.1-4

La localización típica de los quistes y fístulas del conducto tirogloso es la línea media cervical,1-9,11,13,16,17 aunque se pueden presentar ligeramente lateralizados, más frecuentes del lado izquierdo. En nuestra investigación pudimos corroborar lo planteado.

La exploración física aporta como datos de mayor valor diagnóstico, además de la localización, el ascenso de la lesión con la deglución al exteriorizar la lengua debido a su relación con el suelo de la boca. Datos que se observaron en 54 pacientes.

El diagnóstico clínico es generalmente sencillo, pero se deben realizar estudios complementarios con el fin de descartar afecciones asociadas o comprobar que la tumoración no sea un tiroides ectópico, con este fin siempre se debe efectuar una gammagrafía.1-4,9,16,18

Como exploraciones complementarias se realizaron estudios ecográficos19 en diferentes pacientes. La realización de una fistulografía en caso de recidiva, junto con la inyección de colorante es recomendada por la mayoría de los autores1-4,9,13,20 para asegurar una exéresis completa. En nuestra serie se realizaron 2 estudios fistulográficos.

El diagnóstico diferencial se debe realizar con las siguientes entidades: tiroides aberrante, nódulo tiroideo, linfangiomas cervicales, quistes branquiales, dermoides, lipomas, adenopatías inflamatorias o neoplásicas.1-17

El único tratamiento efectivo de los quistes es el quirúrgico, el cual realizamos precozmente, al igual que otros autores,1,2,4,9,11-17 con el fin de evitar complicaciones que dificultarían la cirugía.

La técnica quirúrgica universalmente aceptada es la descrita por Sistrunk.1-17

Al igual que otros autores 1-4,9,13,16,17 en la mayoría de las intervenciones quirúrgicas dejamos un drenaje para evitar los hematomas y seromas.

La mortalidad en esta cirugía es mínima, nula en nuestra casuística. Nuestra cifra de complicaciones 4,6 % es menor a la reportada por Ortiz de Solorzano,1 6 %. En general estas complicaciones son muy discretas, y son las más comunes: la infección de la herida quirúrgica, el edema pasajero de la glotis y la celulitis cervical. La principal causa de recidiva la constituye la exéresis simple del quiste o fístula sin resección del hioides, que alcanza cifras de 12,7 a 68 %.1,9,11,16

Con la técnica de Sistrunk el índice desciende ostensiblemente a valores comprendidos entre 0 y 5 %.1,2,9,11 Las recidivas suelen ser de aparición precoz, entre 30 días y un año. En nuestra serie se presentaron 2 recidivas a los 6 meses del tratamiento de los quistes donde no se realizó la técnica de Sistrunk. Resultados que se corresponden con lo planteado por los autores consultados.1-4,7-9,12-17

Es obligatorio someter el tejido extirpado a examen histopatológico con fines diagnósticos y para descartar la existencia de neoplasias, pues se ha llegado a encontrar tejidos neoplásicos malignos originados en estos quistes.5-8

CONCLUSION

Nos encontramos ante una afección congénita relativamente frecuente, con predominio en el sexo masculino y en la segunda década de la vida, en la que la terapéutica quirúrgica asentada en un adecuado conocimiento de sus bases embriológicas conlleva a la resolución de ésta con nula mortalidad.

SUMMARY

A observational retrospective, and descriptive investigation of 65 patients with clinical and histology-cal diagnosis of cysts and/or fistulas of the thyroglossal duct was carried out to know their behaviour in our enviroment during the period 1983-1993. 43 of the 65 patients were males (66,1 %) and 22 females. 20 % of them were under 10 years old. Nine patients (13,8 %) had undergone surgery before. Cervical tumour was found in 54 patients and fistula in 6. The Sistrunk's surgical technique was used in 62 patients (95,4 %), where as in the rest it was used the simple exeresis of the cyst. Operative mortality was null. Three patients (4,6 %) presented incision sepsis. The minimun follow-up lasted one year. Two patients relapsed and were operated on again 10 months later. This affection is relatively frequent with predominance in the first decades of life. An adequate therapeutics leads to the resolution of it with no mortality.

Key words: THYROGLOSSAL CYST; FISTULA; THYROID GLAND; TONGUE.

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Dr. Manuel Estrada Sarmiento. Plaza del Himno No. 6, entre José Joaquín Palma y Padre Batista, Bayamo 85 100, Granma, Cuba.
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