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Rev Cubana cir2003; 43(1)

Hospital Pediátrico Universitario "William Soler"

Servicio de Anestesia Cardiovascular. Cardiocentro

Manejo anestésico de la hipertensión arterial

Dr. Lincoln de la Parte Pérez1

Resumen

La hipertensión arterial eleva de forma inaceptable el riesgo en los pacientes sometidos a anestesia y se hace necesario un tratamiento meticuloso antes de la operación con el objetivo de controlarla. Se señalan los agentes de premedicación con los cuales se obtienen mejores resultados. Se realiza una revisión actualizada de las técnicas y agentes anestésicos empleados en el paciente hipertenso. Se expone el tratamiento médico preoperatorio actualizado, así como el tratamiento de las crisis de hipertensión arterial durante la anestesia.

DeCS: HIPERTENSION/quimioterapia; HIPERTENSION/prevención & control; FACTORES DE RIESGO; COMPLICACIONES INTRAOPERATORIAS/prevención & control; COMPLICACIONES POSTOPERATORIAS/prevención & control; AGENTES VASODILATADORES/uso terapéutico; BETAANTAGONISTAS ADRENERGICOS/uso terapéutico; ANESTESIA/efectos adversos.

La hipertensión arterial (HTA) se considera uno de los factores de riesgo más importante en la predicción de la evolución posoperatoria. Se estima que se puede disminuir del 2 al 3 % el riesgo de infarto del miocardio por cada milímetro de mercurio que disminuya la presión diastólica.1

El objetivo fundamental es disminuir la presión arterial por debajo de 180/110 sin comprometer la función de los órganos vitales. El riesgo de la hipertensión implica el daño a órganos vitales tales como corazón, cerebro y riñones. El riesgo de infarto del miocardio está aumentado aun en los pacientes con hipertensión sistólica mayor de 160 mmHg.1,2 Por otra parte, es interesante destacar que no existen datos que señalen que el tratamiento antihipertensivo adecuado afecte la conducción anestésica. El tratamiento antihipertensivo, especialmente los b-bloqueadores y los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA) deben continuarse hasta momentos antes de la operación y continuarse después de la recuperación anestésica.2

Un grupo importante de los pacientes hipertensos desconoce su enfermedad y por lo tanto no recibe tratamiento alguno y los que han sido diagnosticados anteriormente llevan tratamiento adecuado solamente en un pequeño por ciento.3

Es frecuente que la TA registrada al ingreso en el hospital sea normal y suele mantenerse dentro de valores aceptables durante los días siguientes. Un factor desencadenante suele presentarse el día anterior al conocer la fecha de la operación y otro grupo importante se descompensa al llegar a la sala de premedicación. Estos pacientes muestran frecuentemente una respuesta exagerada e hipertensión arterial con las maniobras de la laringoscopia e intubación de la tráquea y son más propensos que otros pacientes a padecer de isquemia miocárdica.1

Si tenemos en cuenta que la hipertensión arterial afecta alrededor del 20 % de la población adulta cubana y que de esta población, el 10 % debe ser operado durante el transcurso de su vida en una o más ocasiones, por padecer enfermedades que necesitan tratamiento quirúrgico, llegamos a la conclusión que se hace necesario realizar una actualización periódica de esta enfermedad y su relación con la anestesia.

Tratamiento preoperatorio

El objetivo fundamental del tratamiento preoperatorio mediato es llevar las cifras de presión arterial hasta valores normales antes de la operación. Al controlar la presión arterial, se detiene el daño a las arterias y los síntomas desaparecen o mejoran, las complicaciones son mucho menos frecuentes y la vida del paciente se prolonga de forma significativa. Se disminuye el riesgo de infarto del miocardio, hemorragia cerebral e insuficiencia cardíaca.1,4

Los pacientes con hipertensión crónica estable, que muestren durante el chequeo preoperatorio, cambios electrocardiográficos (isquemia, arritmias) insuficiencia cardíaca congestiva, deterioro de la función renal, síntomas de déficit neurológico, deben diferirse hasta que se realice un estudio más completo, reciban tratamiento adicional y se reviertan estos cambios si es posible.3

Es cierto que la presión arterial puede controlarse en pocos minutos, momentos antes de la operación, con tratamientos parenterales agresivos, pero este tratamiento agresivo de la presión arterial lleva a complicaciones tales como hipotensión ortostática, hipovolemia, alteraciones electrolíticas deficiente perfusión a órganos previamente acostumbrados a altas presiones de perfusión y a inestabilidad hemodinámica durante el perioperatorio. El riesgo anestésico aumenta de forma significativa.1,3,4

En los últimos años se han desarrollado varios esquemas de tratamiento para el control de la hipertensión arterial, pero la mayoría de los médicos prefieren el uso de los b-bloqueadores y los inhibidores de la ECA. Excepto en los pacientes mayores de 65 años de edad el objetivo del tratamiento es disminuir la presión arterial a valores inferiores a los 140/90 mm Hg o lo más próximo a este nivel que fuera tolerable. El tratamiento debe iniciarse con un diurético y un sedante. Si estos fármacos son ineficaces, los medicamentos más adecuados para el tratamiento inicial son los b-bloqueadores y los inhibidores de la ECA. La elección del fármaco inicial debe realizarse guiándonos por la edad del paciente, así como por las enfermedades asociadas, que puedan representar una contraindicación para ciertos fármacos (asma y b-bloqueadores) o una indicación especial de ciertos fármacos (angina de pecho y b-bloqueadores o anticálcicos). Preferimos iniciar el tratamiento con solo un fármaco, a menos que la HTA sea grave. Sin embargo, existen combinaciones de un diurético con b-bloqueador o un inhibidor de la ECA en tabletas únicas, en dosis subterapéuticas de cada compuesto, que juntos tienen una acción antihipertensiva con efectos adversos mínimos.5

Los esquemas y dosis de tratamientos más utilizados y eficaces para el control de la HTA preoperatoria se describen a continuación.

Fármacos inhibidores de la ECA

El uso de los inhibidores de la ECA (conocidos comúnmente como "priles"), se ha convertido en una práctica frecuente para el control de la HTA en nuestro medio. Estos agentes producen una excelente vasodilatación arterial y se han convertido en el tratamiento de elección en la HTA y de la insuficiencia cardíaca congestiva (ICC), al producir una adecuada reducción de la poscarga.2 Este grupo de fármacos por lo tanto reduce la presión arterial, produce vasodilatación y aumenta el gasto cardíaco.2,4,5

El captopril, el agente más utilizado y disponible en nuestro medio, comienza su acción entre los 30 y 60 min después de su ingestión oral, posee una vida media plasmática de 3 a 4 horas, se elimina por el hígado y es necesario administrarlo al menos 3 veces al día en dosis de 12,5-50 mg para un control efectivo de la presión arterial. Excepcionalmente algunos pocos pacientes se controlan con pequeñas dosis 2 veces al día. Una desventaja de estos agentes es que no se dispone de preparados parenterales.

El enalapril comienza a actuar entre 1 y 2 horas después de su ingestión oral, tiene una vida media que oscila entre las 12 y 24 h., se elimina por el hígado y se administra en dosis de 5 a 40 mg, dividida cada 8 a 12 h. Este fármaco se ha utilizado por vía parenteral para el control de la presión arterial, en dosis iniciales pequeñas de 0,6 mg por vía intravenosa cada 8 h., y aumentarlo gradualmente hasta 5 mg intravenoso cada 6 a 8 h si fuera necesario.2

El lisinopril comienza más lentamente entre 2 y 4 h, tiene una duración de 24 h, lo cual lo convierte en más recomendable para el control del hipertenso crónico, que de esta forma solo toma una tableta al día; se elimina por el hígado y se administra de 10 a 40 mg al día.

Otro agente de acción similar a los anteriores, el losartan, un antagonista específico de los receptores de la angiotensina II se está utilizando con buenos resultados por algunos pacientes en nuestro medio. Una ventaja de este fármaco es la disminución de efectos secundarios desagradables como la tos seca. Este fármaco se presenta en tabletas de 25 y 50 mg y se administra en dosis promedio de 25 a 100 mg por día en dosis única diaria o fraccionada cada 12 h. Su acción comienza a la hora después de la administración oral, y alcanza niveles óptimos a las 30-34 h y su efecto hipotensor se mantiene hasta 24 h.

Dentro de este mismo grupo de fármacos, el valsartan (Diovan) en presentación de 80 y 160 mg, se combina frecuentemente con una pequeña dosis de hidroclorotiazida (Co-Diovan: valsartan 80 mg + hidroclorotiazida, 12,5 mg) para un mejor control de la HTA. Tiene la ventaja de que habitualmente una sola dosis de 80 mg al día, es capaz de controlar la presión arterial en la mayoría de los pacientes. Su acción es máxima a las 2 ó 4 h después de la administración oral y se mantiene con un efecto aceptable hasta las 24 h. Es recomendable aumentarla discretamente en los días previos a la operación y reiniciar el tratamiento tan pronto sea posible en el posoperatorio inmediato. Puede aumentarse la dosis hasta los 320 mg por día. La función renal mejora habitualmente con el uso de estos agentes y la HTA se controla. Se observa una disminución de la resistencia vascular renal y un aumento del flujo renal y de la filtración glomerular.6

Fármacos b-bloqueadores

Los medicamentos b-bloqueadores se utilizan ampliamente en el tratamiento de la HTA con excelentes resultados. La presión arterial disminuye satisfactoriamente y la frecuencia cardíaca se mantiene estable o disminuye, lo cual es de gran valor en el paciente adulto. La bradicardia sinusal asintomática que producen incluso con una frecuencia cardíaca mayor de 40, no es peligrosa.

Poseen efecto antiarrítmico y son medicamentos de valor en el control de los extrasístoles auriculares y ventriculares.2

Es importante utilizar b-bloqueadores de acción selectiva b1 con el objetivo de disminuir las reacciones desagradables que se producen con el empleo de fármacos que producen bloqueo b2 (broncospasmo). Los b-bloqueadores producen depresión cardíaca que debe tenerse en cuenta en los pacientes con función miocárdica comprometida. Todos los b-bloqueadores son equivalentes en cuanto a eficacia antihipertensiva. Si el paciente padece también una diabetes mellitus, enfermedad arterial periférica oclusiva crónica o una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), hay que utilizar siempre un b-bloqueador cardioselectivo (atenolol, bisoprolol, metoprolol). Es importante tener en mente que la cardioselectividad es solo relativas y disminuye a medida que aumenta la dosis del b-bloqueador. Incluso los agentes cardioselectivos están contraindicados en presencia de asma o EPOC grave con componente broncoespástico.4,5 Los b-bloqueadores tiene efecto cardioprotector en los enfermos que han padecido un infarto del miocardio (IM) por tanto, estos medicamentos están indicados en estos enfermos hipertensos. Otros inconvenientes de los b-bloqueadores son una elevada frecuencia de efectos adversos del sistema nervioso central (SNC) como son: trastornos del sueño, fatiga, letargo y además al igual que los diuréticos, los b-bloqueadores pueden provocar disfunción sexual en el hombre y efectos adversos metabólicos, como alteración de la tolerancia a la glucosa, disminución del colesterol de las lipoproteínas de alta densidad y concentraciones aumentadas de colesterol total y triglicéridos.4

Los b-bloqueadores se clasifican de acuerdo con su vida media plasmática, como de acción prolongada, intermedia y corta. Los agentes de acción prolongada como el atenolol (dosis diaria habitual 25 a 100 mg al día), se metabolizan en el hígado y se excretan por el riñón en forma de compuestos solubles en agua. Los compuestos de acción intermedia como el propranolol (40 a 320 mg/día cada 6 a 8 horas), se metabolizan rápidamente por el hígado, y se calcula que aproximadamente el 80 % del fármaco es metabolizado durante la primera circulación hepática. Esto explica porque la dosis intravenosa es 1/10 de la dosis oral. Los agentes de acción corta como el esmolol, se inactivan dentro de la sangre por esterasas de los glóbulos rojos, con una vida media muy corta de aproximadamente 8 min, que no depende del metabolismo hepático.2

El esmolol es un potente agente b-bloqueador cardioselectivo que ha ganado popularidad en los últimos años gracias a su rápido inicio y corta vida plasmática, de modo que si aparecen reacciones desagradables, puede ser descontinuado rápidamente.

Éste se administra en infusión continua en concetración de 10 mg/cc (2,5 g en 250 cc) para administrarse en dosis de ataque de 0,5 mg/kg lentamente en 2 min seguido por una infusión continua que oscila entre los 5 y 300 µg/kg/min. Se puede administrar también en dosis intravenosa intermitente de 10 a 50 mg, y se ajusta según la respuesta del paciente.2,7,8 Este fármaco ha demostrado ser muy efectivo para bloquear la respuesta adrenérgica que se produce como respuesta a un número de estímulos en el perioperatorio, incluyendo la laringoscopia y los estímulos que se producen al despertar y con la extubación.9,10

El metoprolol (lopresol, en tabletas de 20, 40, 50 y 100 mg ámpulas de 5 mg) con duración de acción intermedia, se considera adecuado para el control mantenido de la presión arterial en dosis intravenosas intermitente entre 1 a 5 mg cada 4 a 6 horas, según respuesta del paciente.2,5

Los b-bloqueadores son agentes de gran valor para el control de la hipertensión arterial y de la taquicardia perioperatoria, utilizados como agentes únicos o combinados con un vasodilatador como el nitroprusiato de sodio, especialmente en la inducción de la anestesia, la manipulación de los grandes vasos y la recuperación del paciente de alto riesgo con hipertensión de difícil control. Se utilizan además para la conversión de ritmos rápidos, como son: la taquicardia supraventricular y la fibrilación y el flutter auricular. Poseen efecto protector sobre el miocardio en pacientes con enfermedad de las arterias coronarias y en la estenosis aórtica por su efecto inotropo y cronotropo negativo.2,7,8 Se ha demostrado que la administración aguda de atenolol, en pacientes con enfermedad de las arterias coronarias disminuye significativamente la mortalidad durante la hospitalización, para procedimientos quirúrgicos no cardiovasculares.11

Premedicación

Las benzodiacepinas son agentes con magnificas propiedades (ansiolíticos, hipnóticos) y mínima repercusión sobre el sistema cardiovascular, los cuales los convierten en excelentes agentes para ser utilizados en la premedicación del paciente hipertenso de alto riesgo. Los empleamos de la siguiente forma:3

Premedicación mediata:

Diazepam 1 a 2 tabletas (5 a 10 mg) por vía oral, 4 pm, 10 pm y 6 am.
Premedicación inmediata. Utilizamos uno de los siguientes fármacos:

a) Diazepam 0,2 mg/kg por vía intravenosa (10 a 20 mg).
b) Midazolam 0,2 mg/kg por vía intravenosa.
c) Flunitrazepam 0,01 a 0,03 mg/kg intravenoso (1 a 2 mg).

Esta dosis puede repetirse de 30 a 60 min después, según el grado de sedación alcanzado y estado físico del paciente.

Las benzodiacepinas producen una excelente sedación, son relajantes musculares, anti-convulsivantes e inducen el sueño suavemente, sin repercusión sobre el sistema cardiorrespiratorio cuando se administran lentamente por vía intravenosa, en dosis terapéuticas.1,12

En los pacientes que padecen de dolor y ansiedad están indicados los narcóticos, asociados o no a las benzodiacepinas. El talamonal en dosis de 0,02 a 0,05 cc/kg resulta un excelente agente y se utiliza ampliamente en nuestros hospitales.

Un paso de gran importancia para el control de la ansiedad lo constituye la visita preoperatoria el día antes de la operación, donde conversamos con los familiares y el paciente y les explicamos de forma comprensible el proceder y que nuestro objetivo primordial es evitar el dolor.

Es durante esta visita donde después de explicarle los procedimientos a que va a ser sometido el paciente, le solicitamos su aprobación. Si el familiar o el paciente no entienden o se niegan, volvemos a explicarle todo de nuevo y solicitamos ayuda de otros profesionales, junto a los cuales valoramos todo en conjunto. Ningún paciente o familiar desconoce los procedimientos ni estos se realizan contra su voluntad. Escuchamos atentamente sus preocupaciones y evacuamos sus posibles dudas. Alguien escribió que saber hablar es un don de la naturaleza, pero saber oír es una virtud. Casi siempre basta con oír con atención e interés las preocupaciones de los pacientes y sus familiares, para lograr el alivio de la ansiedad. El paciente que padece de hipertensión arterial no puede ir al salón con temores o preocupaciones que pueden aliviarse con una simple conversación.

Técnica y Agentes Anestésicos

El objetivo fundamental en esta etapa de mantener una óptima dinámica cardiovascular, una presión arterial estable sin fluctuaciones importantes y simultáneamente suprimir el dolor y ofrecer las mejores condiciones operatorias, puede alcanzarse con diferentes agentes y técnicas anestésicas.1,3

La anestesia regional es la técnica de elección en las operaciones de extremidades inferiores y del abdomen inferior. Pueden administrarse ansiolíticos como las benzodiacepinas para lograr una mejor sedación del paciente.

El ketalar está contraindicado en el paciente hipertenso y además su uso en el adulto está muy limitado por la alta incidencia de fenómenos desagradables (alucinaciones, delirio) que se producen después de su administración1,3 aunque en otros pacientes si se emplea adecuadamente es aún un agente de gran utilidad.13,14

El tiopental es el agente de inducción más popular en nuestro medio y ha pasado satisfactoriamente la prueba del tiempo. En dosis de 4 a 6 mg/kg de peso, administrada lentamente, produce una inducción satisfactoria con repercusión mínima sobre el sistema cardiovascular. Se ha utilizado junto con una atomización amplia de la faringe y cuerdas vocales, antes de la intubación de la tráquea para evitar los reflejos. Este agente asociado a los narcóticos constituye una excelente combinación, que se caracteriza por su estabilidad hemodinámica en el paciente hipertenso.

Los narcóticos y dentro de ellos el fentanyl, se emplean con excelentes resultados en la anestesia del paciente que padece HTA y al que se le somete a procedimientos prolongados en abdomen y tórax. La dosis de fentanyl para la inducción como agente único es de 10 a 20 µg/kg y el mantenimiento debe ser como mínimo de 25 a 50 µg/kg. Las dosis muy bajas no garantizan una analgesia adecuada y se produce elevación de la presión arterial. La narcosis se completa con benzodiacepinas (midazolam) o una pequeña cantidad de agentes halogenados (isoflurano, 1 %).

Los opiáceos de forma general tienen una repercusión mínima sobre el sistema cardiovascular y se observa que no modifican la contractilidad (remifentanil, sufentanil y fentanyl). Sin embargo, el alfentanil posee efecto inotropo negativo relacionado con la dosis que se elimina con la administración de calcio. Este agente produce la mayor disminución en la presión arterial en los pacientes coronarios sometidos a derivación, cuando se le compara con fentanyl y sufentanil). Se ha reportado que el remifentanil induce una disminución de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial durante la inducción de la anestesia, que puede ser significativa.15,16

La neuroleptoanestesia (NLA) ofrece muchas ventajas en el paciente hipertenso. El droperidol produce una vasodilatación secunadaria al bloqueo a-adenérgico, que es muy beneficiosa en el paciente hipertenso. Debe tenerse especial cuidado al administrar esta combinación en los pacientes que están sometidos a régimen intensivo de diuréticos y en aquellos que reciben vasodilatadores, en los cuales puede presentarse una hipotensión arterial profunda, que disminuirá la perfusión coronaria, sobre todo en los pacientes con enfermedad de las arterias coronarias.3

Tratamiento de la crisis hipertensiva

Antes de administrar fármacos antihipertensivos durante la anestesia, deben evitarse o corregirse los siguientes agentes desencadenantes: dolor, reacción a la intubación endotraqueal, anestesia superficial, hipercapnia, hipoxia e hipotermia.

Para el control de la crisis de hipertensión arterial pueden emplearse diferentes agentes como son los vasodilatadores, los b-bloqueadores (analizados anteriormente) y otros que veremos a continuación.

De forma general encontramos 2 clases diferentes de pacientes hipertensos: la hipertensión con predominio de vasoconstricción y la hipertensión hiperdinámica. El enfoque del tratamiento es diferente. La hipertensión con predominio de vasoconstricción se presenta en pacientes con hipertensión renovascular crónica y se caracteriza por una elevación significativa de la presión diastólica, aumento de la resistencia vascular arterial sistémica con gasto cardíaco normal o disminuido y frecuencia cardíaca normal o disminuida. Estos pacientes se benefician con los vasodilatadores y los priles. Sin embargo, los b-bloqueadores pueden disminuir significativamente el gasto cardíaco y el suministro de oxígeno, en algunos de estos pacientes.

La hipertensión "hiperdinámica", se presenta frecuentemente en el posoperatorio y se caracteriza por hipertensión sistólica, amplitud del pulso, aumento del gasto cardíaco y de la frecuencia cardíaca y elevación de la resistencia vascular sistémica. Estos pacientes se benefician de la administración de b-bloqueadores. Un vasodilatador puede aumentar la taquicardia refleja y el consumo de oxígeno miocárdico.

Vasodilatadores

La nitroglicerina (venodilatador, disminuye la precarga, la congestión pulmonar y el edema) y el nitroprusiato de sodio (vasodilatador mixto) son agentes confiables para el control de la presión arterial durante el perioperatorio, especialmente en las operaciones cardiovasculares.2 La nitroglicerina (NTG) disminuye selectivamente la presión diastólica del ventrículo izquierdo sin disminuir la presión diastólica de la aorta, y promueve un mejor balance miocárdico de oxígeno.
Cuando este agente disminuye significativamente la presión arterial es signo de sobredosis. En este caso disminuya la dosis de infusión o administre volumen. La NTG vasodilata preferentemente los vasos de conductancia y de esta forma dirige más sangre hacia los vasos isquémicos, por lo tanto es el agente indicado si se sospecha isquemia miocárdica.2 El nitroprusiato de sodio (NTP) dilata los 2 tipos de vasos del miocardio (epicárdicos de conductancia e intra miocárdicos de resistencia) y en presencia de algún grado de obstrucción en las arterias coronarias, deriva la sangre de las zonas isquémicas (robo coronario). Este agente tiene además otras limitaciones para su uso como son: la disminución excesiva de la precarga, y se necesita volumen para garantizar el gasto cardíaco adecuado y prevenir la hipotensión arterial. Respuesta hiperdinámica al NTP que se produce sobre todo en el posoperatorio, mediada por liberación de catecolaminas y activación de la angiotensina. Se caracteriza por aumento de la amplitud del pulso arterial, empeoramiento del gradiente transmiocárdico, disbalance miocárdico de oxígeno y peligro inminente de isquemia miocárdica.2 En estos casos es prudente añadir un b-bloqueador como el esmolol o el metoprolol el cual eliminará la taquicardia refleja, disminuirá la amplitud de la presión del pulso y permitirá el control de la hipertensión arterial con una dosis menor de NTP. Otro problema relacionado con el uso del NTP es la toxicidad por el tiocianato. Las dosis recomendadas de nitroprusiato son de 1 a 5 µg/kg/min.

b-bloqueadores

Pueden emplearse esmolol y metopropol por vía endovenosa en las siguientes dosis:

  1. Esmolol:
  1. Metoprolol: 1 a 5 mg intravenoso cada 4-6 h según respuesta.

Labetalol

El labetalol combina un bloqueo a-adrenérgico débil (1/10 de la potencia de acción de la regitina) con un efecto b-bloqueador no selectivo (1/7 de la potencia del propranolol), que resulta en un efecto combinado inotrópico y cronotrópico negativo, con vasodilatación que resulta satisfactorio para el control de la HTA.17,18 El labetalol (trandate, Glaxo Laboratorios) se presenta en tabletas de 100 y 200 mg y ampolletas de 100 mg (5 mg/cc). La dosis oral promedio es de 200 mg 2 veces al día. La dosis intravenosa inicial es de 2,5-5 mg, la cual produce disminución de la frecuencia cardíaca a los 2 min seguida por una disminución de la presión arterial. Si la presión arterial no disminuye lo suficiente, debe aumentarse progresivamente la dosis hasta un máximo de 100 mg. Cuando se obtiene la respuesta deseada, se administran dosis de mantenimiento cada 2 a 4 h.

En los pacientes con hipertensión diastólica con predominio de la vasoconstricción este agente actúa fundamentalmente como vasodilatador, sin producir taquicardia refleja, y en los pacientes con hipertensión posoperatoria hiperdinámica actúa como betabloqueador, pero sin vasoconstricción refleja. Su efectividad en el control de la hipertensión durante la anestesia se compara con el esmolol, pero con menor reducción de la frecuencia cardíaca.2

El labetalol está indicado en:

a) Hipertensión hiperdinámica con frecuencia cardíaca mayor de 90 e índice cardíaco aumentado.
b) Taquifilaxis al NTP.
c) Hipertensión endocraneana (El labetalol no aumenta la presión intracraneana o el flujo sanguíneo cerebral).
d) Toxemia gravídica. El labetalol no es tóxico para el feto.

Summary

Arterial hypertension increases in an unacceptable way the risk in patients receiving anesthesia. Therefore, a meticulous treatment is necessary before surgery in order to control it. The premedication agents with which better results are obtained are stressed. An updated review of the techniques and anesthetics used in the hypertensive patient is made. The updated postoperative medical treatment as well as the treatment of the crisis of arterial hypertension during anesthesia are dealt with.

Subject headings: HYPERTENSION/drug therapy; HYPERTENSION/prevention & control; RISK FACTORS; INTRAOPERATIVE COMPLICATIONS/prevention & control; POSTOPERATIVE COMPLICATIONS/prevention & control; VASODILATOR AGENTS/therapeutic use; ADRENERGIC BETA-ANTAGONISTS/therapeutic use; ANESTHESIA/adverse effects.

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Recibido: 11 de junio de 2002. Aprobado: 21 de julio de 2002.
Dr. Lincoln de la Parte Pérez. Servicio de Anestesiología Cardiovascular, Hospital Universitario "William Soler" San Francisco y Perla, Altahabana, municipio Boyeros, Ciudad de La Habana, Cuba.

1Médico especialista de II Grado en Anestesiología y Reanimación. Profesor de la Facultad "Enrique Cabrera".

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