Descriptores DeCS: PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN; CIENCIAS SOCIALES; EDUCACIÓN EN SALUD.
El debate entre los abordajes cualitativos y cuantitativos no es un desarrollo novedoso ni exclusivo del campo de las ciencias sociales aplicadas a la salud. Consecuentemente, para apreciar mejor sus alcances e implicaciones es necesario vincularlo con la discusión más general que tiene lugar en la teoría socio-antropológica.
Los científicos sociales en salud que utilizan abordajes cualitativos enfrentan en la actualidad problemas epistemológicos y metodológicos que tienen que ver -entre otros- con el poder y la ética en la generación de los datos y el problema de su validez externa. No es posible ofrecer una solución definitiva a estas cuestiones, pero creemos que es impostergable una reflexión sistemática sobre ellas que parta del objeto de estudio que nos compete -la salud-, pero que se nutra del cuerpo teórico más general de nuestras disciplinas.
La intención de este artículo es sumarnos a este debate en curso, discutir algunos de los problemas centrales entre ambos métodos, un "encuadre" sintético de una discusión más bien antigua y mostrar con mayor detalle algunos de los problemas principales en torno a la integración de estos métodos que, a nuestro juicio, carecen de una solución satisfactoria y enfatizar en la necesidad de vincular el debate entre los abordajes cualitativos y cuantitativos en el campo de las ciencias sociales aplicadas a la salud, a los desarrollos de la teoría socio-antropológica más general.
Weber, en cambio, señalaba que "mientras en la astronomía los cuerpos celestes nos interesaban en sus relaciones cuantitativas, susceptibles de medición exacta, en las ciencias sociales nos concierne la tonalidad cualitativa de los procesos... cuya comprensión por vía de la revivencia es... una tarea... específicamente distinta de aquella que pueden o pretenden resolver las fórmulas de las ciencias naturales exactas en general".2
El debate contemporáneo, que algunas "modas" hacen aparecer como novedoso, reitera una vieja discusión, si bien con una diferencia: la perspectiva hegemónica era, entonces, la cualitativa y la corriente que tenía que legitimar su existencia era la cuantitativa.3 Al volverse dominante esta última, el debate entre lo cuantitativo y lo cualitativo continuó, sólo que son los defensores de esta última perspectiva los que han debido escribir desde una posición de subalternidad. A partir de la década de los 60 estos esfuerzos de reivindicación fueron acompañados por la aparición de textos, hoy clásicos, que señalaban la importancia de vincular la historia (el nivel macro) con la biografía (el nivel micro) y la subjetividad con la estructura social4 y que en su momento constituyeron las expresiones metodológicas de corrientes sociológicas en formación como la etnometodología y el interaccionismo-simbólico5,6 y que señalaban la necesidad de traer de regreso al "actor" dentro de la teoría sociológica.7
A partir del resurgimiento de las corrientes interpretativas, se han abierto de nuevo espacios para los métodos cualitativos. Estos abordajes han visto significativamente incrementado su grado de sofisticación con la incorporación de las perspectivas constructivistas que contraponen al ideal positivista de "descubrir" la realidad de la inevitabilidad del carácter "construido" de los conocimientos. Esta oposición de concepciones es uno de los problemas clave en el debate contemporáneo entre los métodos cualitativos y cuantitativos, y se refleja no sólo en las ciencias sociales en general, sino en la aplicación de éstas a los problemas de la salud. A partir del desarrollo del contructivismo social,8,9 la comparación entre ambos métodos no puede plantearse sólo en términos de una disputa en torno al objeto de la ciencia social -patrones colectivos de conducta medibles numéricamente contra los significados subjetivos que elaboran los autores10- sino que necesariamente deben recuperar el problema de la generación de conocimientos como práctica socialmente determinada y medida por el lenguaje.11
La literatura en torno a la posibilidad y deseabilidad de la articulación entre los enfoques cualitativos y cuantitativos en el área de la salud empieza a ser muy abundante y anula cualquier pretensión de exhautividad. Algunas publicaciones han sido específicamente desarrolladas para mostrar la utilidad de esta combinación;12 otras argumentan que el nivel de análisis en la investigación en salud pública y las ciencias sociales son equivalentes (el nivel poblacional) por lo que la aplicación de los diversos métodos de las ciencias sociales en la investigación en salud debería ser casi natural13 y otras, por el contrario, postulan la imposibilidad de una combinación entre los métodos estadísticos y los métodos cualitativos, a partir del carácter socialmente construido de toda actividad científica y de una consecuente falta de objetividad de sus datos -como la defendida por el positivismo.14,15
Junto a la literatura que busca específicamente tomar una posición sobre este tema, existe otro conjunto de publicaciones que combinan métodos cualitativos y cuantitativos de investigación en salud, pero sin un referente teórico de mayor envergadura en el cual anclar las propias posiciones. Esta superficialidad no sólo se manifiesta en el ámbito conceptual, sino también en el técnico: Casi no hay ejemplos de combinación de técnicas estadísticas complejas (regresión logística, análisis factorial, etc.), con técnicas cualitativas sofisticadas (historias de vida, entrevistas en profundidad, etc.).
El cúmulo de bibliografía sobre este tema provocó que comenzaran a aparecer intentos para su clasificación.16,17 Lo propuesto en algunas de estas clasificaciones pretende dividir la literatura entre puristas (los que postulan la imposibilidad de articular ambos abordajes), eclécticos (los que aceptan ambos enfoques como válidos) y pragmáticos (los que articulan ambas metodologías a partir del abordaje de su tema de estudio). A nuestro criterio, convendría superponerles otra clasificación, sugerida por Castro y Bronfman, que agrupe a los diversos autores según el objetivo predominante, explícito o implícito, que persiguen con su investigación. Si lo que buscan es enriquecer la teoría sociológica, esto es, si se hace sociología de la salud, entonces es fundamental apegarse a la tradición que se defiende y, en dependencia de cual sea, será más o menos pertinente combinar ambos abordajes.18 Por ejemplo, como señalan Castro y Bronfman en su trabajo, "un análisis funcionalista de la conducta de un enfermo tolera mucho más la combinación de métodos de un análisis fenomenológico, pero puede resultar, menos pertinenente; a la inversa, un análisis marxista de la reforma de los sistemas de salud es más permeable a la combinación de ambos métodos que un enfoque interaccionista-simbólico, y lo más probable es que resulte más pertinente".18
Hay que advertir que tanto la generación de teoría como la resolución de problemas constituyen 2 momentos de un sólo proceso: el de la investigación científica. Es legítimo privilegiar uno u otro, en función de los objetivos y del contexto del investigador, pues esto es en función del "interés cognoscitivo". Lo más importante es que estos sean rigurosos teórica y metodológicamente, y congruentes con su propio fin.
Vale destacar que aún existen algunos problemas en torno a la relación de estos métodos de investigación, los cuales todavía no están resueltos; y sobre los que quisiéramos referirnos a continuación.
En cambio, los métodos cualitativos parecerían encontrar una de sus fuentes de legitimación primarias en el hecho de que permiten una comunicación más horizontal -más igualitaria- entre el investigador y los sujetos investigados.21 Sin negar que algunos de los abordajes cualitativos como las entrevistas a profundidad y las historias de vida permiten un acercamiento más "natural" a los sujetos, es necesario reflexionar con más detalles sobre las condiciones que hacen posible este tipo de encuentros. En los países de América Latina, incluyendo a Cuba, la mayor parte de los estudios se hacen sobre/con sujetos sociales que viven bajo alguna forma de subordinación: de género (en el caso de las mujeres); sexual (en el caso de las minorías sexuales), etc. En muchos casos es precisamente, esa condición de subordinación la que da origen a su disposición a colaborar. Autores como Castro y Bronfman plantean18 que por más "democráticos" que seamos, el acceso a los grupos subordinados nos es dado por lo que nuestro status representa. Desembocamos así en un dilema que cuestiona de raíz el argumento planteado al principio de esta sección, en el sentido de que la investigación cualitativa se reivindica a sí misma a partir de su "naturalismo", de su supuesta habilidad de estudiar a los actores sociales en su escenario natural.
Sin embargo, planteado de esta manera, quedan fuera de la discusión algunos problemas esenciales que quisiéramos hacer evidentes. En primer lugar, para los que hacen ciencia social privilegiando el momento de generación de la teoría, en el nivel de la generalización estadística se refleja el postulado de que los hechos sociales, los que interesan a las ciencias sociales, son por definición colectivos, es decir, son comunes a un grupo de individuos en la sociedad; pero olvidan lo central de la argumentación: los fenómenos son generales si son colectivos pero "de ningún modo puede afirmarse que es colectivo a causa de su carácter general"1. Los fenómenos de interés de las ciencias sociales pueden ser definidos como colectivos de antemano e interesa verificar su generalidad sólo para probar que lo son y no como base para presumirlo. Sin embargo, la generalidad dentro de las ciencias sociales no parece reparar en esta precisión y tiende a tomar como equivalentes ambas direcciones analíticas. Un debate sobre el problema de la generalización de los datos debidamente anclada en la teoría sociológica debería dar más espacio a los procedimientos analíticos mediante los cuales se presume el carácter de "hechos colectivos" de los fenómenos de interés, más que centrar el peso de toda la argumentación en la necesidad de extrapolar a la población general los hallazgos.
En el caso de los que privilegian la investigación aplicada a los problemas de salud, en cambio, es mucho más entendible la necesidad de contar con hallazgos cuyo grado de validez externa sea determinable porque se pretende que de esta investigación se deriven políticas y programas de intervención concretos. Aquí se advierte un sesgo similar al anterior: la prenoción, presente en muchos evaluadores, de que un criterio para atribuir calidad a la ciencia social aplicada a la salud es que sea generalizable en sus hallazgos, es decir, la presuposición de que sólo los fenómenos de carácter general o mayoritario interesan a las disciplinas sociales. De alguna manera, los enfoques cuantitativos siempre preguntan, por lo general explícitamente, a los cualitativos: "¿Cuán generalizables son tus hallazgos?" Sin embargo, la corriente sociológica interpretativa ha postulado, desde sus orígenes, que los hechos que más interesan a las ciencias sociales son, justamente, lo contrario de cualquier generalización. Weber señalaba: "la ciencia social que queremos promover es una ciencia de realidad. Queremos comprender la realidad de la vida que nos circunda, y en la cual estamos inmersos, en su especificidad... queremos comprender... las razones por las cuales [un fenómeno] a llegado a ser así y no de otro modo"2. Esto es así por el carácter mismo del objeto de las ciencias sociales que señalamos con anterioridad: si los fenómenos que nos interesan son aquellos mediados por la interpretación de los individuos, entonces son las interpretaciones locales, las que nos interesan. De esta forma la pregunta que cabría hacerse sería: "¿Cuán particularizables son tus hallazgos? Desde esta óptica, un hallazgo sociológico general es aun un dato que requiere de "particularización", y "especificación" para poder tenerlo como realmente sociológico.18
Desde este punto de vista, entonces ambos enfoques están en igualdad de condiciones. Aceptar superficialmente que una limitación de los métodos cualitativos es su dificultad para generalizar, es aceptar de antemano que el ideal de las ciencias sociales es la generalización. Igualmente legitimo es adscribirse a la necesidad de hacer ciencia social que ilumine las particularidades y especificidades de los diversos y múltiples grupos sociales. Al nivel de las ciencias sociales aplicadas a la salud, la reflexión debe incorporar ambas posturas simultáneamente. ¿Cuán generalizables son tus hallazgos?, y cuán particularizables son tus generalidades?, son preguntas que deben ser contestadas, ambas, si se quiere mejorar el aporte práctico de las ciencias sociales en salud. La zona de equilibrio entre una tendencia generali-zadora y otra totalmente particularizadora estaría definida por una fórmula dialéctica que legitime a ambas posturas en la medida en que dialogue con la otra.18
En conclusión, la utilización de uno u otro método de investigación científica depende del momento que al investigador le interesa privilegiar (generación de teoría o transformación de la realidad) y del tema que se elige para investigar. Existen variadas formas de integrar ambos abordajes. Ellas conducen por diferentes caminos, producen diferentes resultados y tienen implicaciones variadas. Y no quisiéramos terminar sin recordar a C. Wright Mills, quien señaló que la investigación social es un proceso de artesanía intelectual en el que debe dosificarse con ecuanimidad el rigor y la imaginación. Su consejo sigue vigente: "sabed que los problemas de la ciencia social, cuando se formulan adecuadamente, deben comprender inquietudes personales y cuestiones públicas, biografía e historia, y el ámbito de sus intrincadas relaciones. Dentro de ese ámbito ocurren la vida del individuo y la actividad de las sociedades; y dentro de ese ámbito tiene la imaginación sociológica su oportunidad para diferenciar la calidad de la vida humana en nuestro tiempo".4
Subject headings: RESEARCH PROJECTS; SOCIAL SCIENCES; HEALTH EDUCATION.
1 Licenciado en Educación. Especialista
en Educación para la Salud.