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Rev Cubana Endocrinol 2004;15(3):

Revisión bibliográfica

Hospital Clinicoquirúrgico "General Calixto García"

La obesidad y sus consecuencias clinicometabólicas

Dra. Lidia Esther Rodríguez Scull1

Resumen

La obesidad constituye un serio problema de salud mundial. En las últimas 3 décadas se ha producido un incremento importante de la cifra de personas obesas al punto de alcanzar magnitud de epidemia y de lo que es más importante: sus consecuencias clinicometabólicas. La obesidad está vinculada estrechamente con las principales causas de morbimortalidad y discapacidad. La resistencia insulínica (RI) es quizás su consecuencia más temible, ya que de ella se derivan una serie de alteraciones metabólicas y endoteliales relacionadas con el desarrollo de la enfermedad vacular coronaria: la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, las dislipidemias y la enfermedad cerebrovascular. En la medida en que aumenta el peso corporal, aumenta la producción de citoquinas y ácidos grasos libres con efectos sobre la insulina, disminuye la sensibilidad a su acción y de ahí derivan alteraciones de la pared y el tono vascular, así como del metabolismo de glúcidos y lípidos, que dan origen a estas consecuencias. Con la presente revisión nos proponemos profundizar en el papel del adipocito como órgano o tejido endocrino, y los mecanismos hasta ahora conocidos que dan origen a las complicaciones clinicometabólicas de la obesidad.

Palabras clave: Obesidad, adipocito, resistencia insulínica, consecuencias clinicometabólicas.

La obesidad es un serio problema de salud mundial. Su incremento epidémico en las últimas décadas y la relación que presenta cada vez más estrecha con las principales causas de morbimortalidad son fuente inagotable de preocupación y estudio para todos los profesionales vinculados con esta entidad.

Se estima el número total de obesos en más de 300 millones de personas,1 distribuidos a todo lo largo y ancho del planeta, con una mayor frecuencia en países desarrollados y un incremento en los países en vías de desarrollo y subdesarrollados.2

Por otra parte, la obesidad está vinculada con las principales causas de mortalidad: la relación obesidad-diabetes mellitus tipo 2 (DM2), es tan fuerte que el riesgo de los obesos a desarrollar esta última es 93 veces mayor al de las personas no obesas; la ocurrencia de muerte súbita es 3 veces mayor en obesos mientras la cardiopatía isquémica (CI) la enfermedad cerebrovascular (ECV) y la hipertensión arterial (HTA) son 2 veces más frecuentes en la población obesa que en la no obesa.3 La resistencia a la insulina (RI), importante marcador predictor de complicaciones clinicometabólicas, forma un binomio con la obesidad, ambas con mecanismos fisiopatológicos y genéticos probablemente comunes, las cuales tienen una importante incidencia en el desarrollo y mantenimiento de los trastornos bioquímicos relacionados con la DM2, la HTA la CI y la ECV.

A pesar de los avances en el estudio de las alteraciones moleculares y genéticas que promueven la obesidad, de los conocimientos farmacológicos derivados de estos estudios y de las grandes campañas de promoción de salud encaminadas a promover hábitos dietéticos saludables y contra el sedentarismo, el problema se incrementa y con él sus consecuencias.

El presente trabajo se propone ayudar en el conocimiento de la enfermedad y contribuir de alguna manera a su control.

Antecedentes

La obesidad se define como un exceso de grasa corporal total o de tejido adiposo.4 Desde el punto de vista práctico se utiliza para su definición el índice de masa corporal (IMC) por su buena correlación con la grasa total. El IMC es igual al peso en kg/talla en m2: entre 18 y 24,9 peso ideal; 25 y 29,9 sobrepeso; 30 y 34,9 obesidad grado I; 35 y 40 obesidad grado II y mayor de 40 obesidad grado III o mórbida.

El IMC resulta un medio de diagnóstico rápido y útil.5 Además, se ha demostrado que en la medida en que aumenta el IMC lo hace también la frecuencia de CI, HTA y DM;3 sin embargo, tiene el inconveniente de no estimar la distribución de la grasa en el organismo. Cuando esta última predomina en la parte central del cuerpo (obesidad central) aumenta la frecuencia de las alteraciones metabólicas y de las consecuencias derivadas de estas.6 Es por eso que desde el punto vista de evaluación de riesgos, la medida de la circunferencia de la cintura reemplaza al IMC.7 Una medida de la circunferencia de la cintura superior a 94 cm en el hombre y de 80 en la mujer, aumenta el riesgo de todas las complicaciones clinicometabólicas de la obesidad, y en especial de la resistencia insulínica.8

El adipocito como órgano endocrino

El adipocito es el determinante de la obesidad por ser el almacén por excelencia de la grasa y por su condición de órgano secretor de sustancias con efectos bioquímicos importantes. La cercanía de los adipocitos del abdomen al sistema portal hacia donde derivan las sustancias producidas por este y de ahí al hígado y a la circulación general, hacen especialmente peligroso su crecimiento.9 El adipocito produce:

Leptina: Hormona importante en la fisiopatología de la obesidad. Actúa a nivel del hipotálamo con disminución de la ingestión y aumento del gasto energético a través de su acción sobre el neuropéptido y la proteína relacionada con el agutí y los melanorreceptores. Tiene una acción simpática central mediada por la tirotropina, que favorece el incremento de la presión arterial, sobre todo en los estados hiperleptinémicos de la mayor parte de los obesos. Esta hiperleptinemia es específica a su acción anorexígena y no a su acción simpática; es por eso, entre otras razones, que el obeso mantiene el apetito y es propenso además a la HTA. Tiene efecto angiogénico y de agregación plaquetaria; aumenta la producción del inhibidor del activador tisular del plasminógeno, lo cual favorece los procesos tromboembólicos; estimula la lipólisis e inhibe la lipogénesis y participa en el sistema de señales de acción de la insulina a través de los sustratos del receptor de esta con efectos de bloqueo, que se postulan como unos de los posibles candidatos para la insulinorresistencia del obeso. Por otra parte, tiene propiedades inmunoactivas que acompañan su efecto anorexígeno, pero que promueven consecuencias proinflamatorias.10,11

Angiotensinógeno: Es primeramente producido por el hígado, pero su RNAm se expresa en el tejido adiposo. Es el sustrato del sistema renina- angiotensina, al ser capaz de convertirse en angiotensina I, precursor de la angiotensina II. Su expresión aumenta en la obesidad y, a diferencia de la producida en el hígado, su síntesis está mediada por el estado nutricional (mientras mayor es el peso corporal, mayor es su producción y viceversa) y está aumentada en el tejido adiposo visceral.12

Inhibidor del activador tisular del plasminógeno (ITP-1): En el proceso fibrinolítico encargado de la eliminación y/o limitación del coágulo a un lugar determinado, participa el plasminógeno, precursor de la plasmina, que es la enzima proteolítica de este sistema, y el activador tisular del plasminógeno, que estimula este proceso. El inhibidor se produce en el endotelio vascular con almacén plasmático y plaquetario y actúa primero sobre al factor Xa, después sobre el complejo factor VIIa/factor tisular de forma irreversible e independiente del calcio. La acción del ITP-1 distorsiona el proceso fribrinolítico normal, lo que favorece la tromboembolia. La producción del ITP-1 es estimulada por el factor de necrosis tumoral alpha, beta (FNT A y B) la interlekina-1, la insulina y la leptina. Existe una estrecha relación entre la grasa abdominal y el aumento del ITP-1. Este aumento forma parte del diagnóstico del síndrome de resistencia a la insulina.13,14

Interleukina 6: (IL6) Tiene una estrecha relación con el IMC. Un tercio de ella se produce en el tejido adiposo, y la grasa visceral sintetiza 3 veces más la cantidad que la subcutánea. En el tejido adiposo es producida no solo por el adiposito sino también por células inmunes, el estroma vascular, el endotelio y los monocitos. El hecho de provenir, en mayor medida, de la grasa visceral es importante en sus efectos: disminuye la producción de lipoproteína-lipasa (LPL), enzima encargada de la hidrólisis de los triglicéridos (TG) y de quilomicrones (QM) en las membranas celulares para permitir la entrada a la célula de sus productos glicerol y ácidos grasos libres (AGL) y aumenta la secreción hepática de triglicéridos. Estas acciones contribuyen a la hipertrigliciridemia de los obesos y a las complicaciones de la enfermedad. Es además un mediador inflamatorio, y el factor de necrosis tumoral alfa (FNT alfa) es capaz de aumentar su producción hasta 60 veces.15-17

FNTalfa: Producido por los macrófagos, el tejido adiposo expresa su RNAm y esta expresión es mayor en el subcutáneo que en el visceral. La cantidad total producida está muy bien relacionada con la adiposidad corporal y la hiperinsulinemia.11 Los TG y los AGL son inductores de la expresión de su RNAm. Tiene 2 tipos de receptores de superficie celular: el p-60, relacionado con las señales de insulina y el transporte de glucosa, y el p-80, vinculado con la insulinorresistencia y la cantidad plasmática de TG.18 Muchos son los indicios que apuntan a su relación con la RI, principalmente en animales, porque los estudios en humanos no son aún concluyentes. Lo cierto es que se encuentra incrementado en el obeso, y especialmente en los estados de insulinorresistencia. Es capaz, además, de suprimir la LPL a nivel de RNAm y proteico. Es también un inhibidor de la diferenciación celular de los preadipocitos, que al estar aumentado en el adipocito hipertrófico, se cree que tiene una función importante en la transformación de células del estroma vascular en adipocitos.19,20

Factor de necrosis tumoral beta (FNTbeta): Su expresión está aumentada en el obeso por estímulo del FNTalfa.11 El FNTbeta estimula la proliferación preadipositaria, lo que contribuye a la elevada celularidad del tejido graso del obeso.21

Factor de crecimiento celular (insulin-like growth factor): Produce proliferación de diferentes células. Es el mediador de la hormona del crecimiento.22

Ácidos grasos libres (AGL): La liberación de AGL en la mayoría de los obesos está aumentada. Este aumento de los AGL en la obesidad tiene graves consecuencias: por mecanismo competitivo con la glucosa, el músculo utiliza preferentemente los ácidos grasos cuando estos están elevados,23 con una disminución de la oxidación de la glucosa. Los AGL inhiben además la captación de glucosa dependiente de la insulina a nivel del sistema de transporte, fosforilación o ambos,24 así como la síntesis de glucógeno dependiente de insulina y disminuyen la oxidación de esta. Al antagonizar a nivel hepático la acción de la insulina, favorecen un estado de resistencia que lleva a un incremento en la síntesis de glucosa endógena.24 Los AGL, por otra parte, son responsables del 30 al 50 % de la secreción basal de insulina, y potencian también la liberación de insulina dependiente de la glucosa.25 El resultado final es la hiperglucemia, la hiperinsulinemia, y la insulinorresistencia. El incremento de los AGL está asociado también con el proceso inflamatorio visto en la aterosclerosis, ya que estos activan las vías de los factores de transcripción IkappaB y NkappaB que intervienen en los mecanismos de la inflamación a nivel endotelial, así como producen aumento de diaglycerol y protein kinasa C involucradas en los mecanismos de lipotoxicidad.26,27

Adipsina: Proteasa sérica que no es más que el complemento D, enzima iniciadora y velocidad limitadora de la vía alternativa del complemento, la cual es producida por el tejido adiposo. Todas las demás proteínas de la vía alternativa (C-3 y B, además de la D) pueden ser activadas indirectamente en el tejido adiposo por la acción de las citokinas y la adipsina. La adipsina o complemento D se encuentra elevada en la obesidad con un sistema regulatorio dependiente del incremento de la insulina y los glucocorticoides. La vía alternativa del complemento que no necesita de anticuerpos para su activación, como la vía clásica, participa en el proceso inflamatorio desencadenado en diferentes circunstancias y es, además, capaz de activar el factor C-3, común a ambas vías, lo que favorece la acción proinflamatoria de monocitos neutrófilos y macrófagos.28

Adiponectin (adypocyte complement-related protein, adipo Q): Muestra similitud con el factor C1q del complemento. Su secreción está modulada por la insulina, por lo que se cree que depende de factores nutricionales. Su función más importante es disminuir la unión de los monocitos a las células endoteliales, fenómeno siempre presente en la aterosclerosis, por lo cual su disminución en el plasma puede ser un indicador de macroangiopatía, en especial en el diabético. Está disminuida en el obeso.29

Acylation stimulates protein (ASP): Es el resultado de la unión del residuo terminal de arginina del factor C-3ª por las carboxipeptidasas. Como C-3ª es un producto final del complemento del cual el factor D forma parte, se le llama vía adipsin-ASP. Su función es la captación y esterificación de los ácidos grasos hidrolizados de los triglicéridos por LPL en el estado posprandrial vía diacyglycerol acyltransferasa. Aunque la adipsina está aumentada en el obeso, el producto ASP no sufre un aumento proporcional, lo que ha llevado a pensar que esta cumple un papel limitante en la velocidad de la reesterificación de ácidos grasos y del crecimiento del adiposito. En forma general, hay una disminución de ASP, de la actividad de la diacyglycerol acyltransferasa, de la síntesis de triglicéridos y de la esterificación, lo que lleva a un aumento de los AGL.30

Prostaglandinas: PGI-2 y PGF-2. Proinflamatorias y favorecedoras de la formación de la coagulación.31,32

Consecuencias clinicometabólicas de la obesidad

Resistencia insulínica (IR):

Los mecanismos que dan origen a la IR son complejos; sin embargo, la obesidad es el principal factor adquirido responsable de la disminución de la sensibilidad de la insulina.33 El término resistencia insulínica define la incapacidad de una cantidad conocida de insulina exógena o endógena para incrementar la entrada y la utilización de la glucosa por los tejidos periféricos, especialmente hígado, tejido adiposo y músculo, e implica la resistencia a los efectos de la insulina en la captación, metabolismo y almacenamiento de glucosa. Se expresa en una disminución del transporte de glucosa dependiente de la insulina y de su metabolismo en el músculo y en el tejido adiposo y hepático.34 Estos defectos son el resultado de alteraciones en el sistema de señales de insulina, ya que la unión de esta a su receptor, la fosforilación de los sustratos de los receptores de insulina y la actividad tirosinkinasa, indispensables para la acción de la insulina, están disminuidas en la obesidad,35 lo que tiene consecuencias directas negativas en el principal transportador de glucosa GLUT- 4, cuya acción depende de dicho proceso.36 El origen del problema es múltiple: por una parte está el incremento en la obesidad del FNTalpha, que distorsiona per se este sistema de señales y que puede alterar la expresión genética del GLUT- 4.37,38 Por otra, esta alteración del metabolismo glucídico tiene también consecuencias directas en el procesamiento de los lípidos. El aumento del tejido adiposo trae como consecuencia una serie de anormalidades que afectan la sensibilidad a la insulina. El aumento de los AGL, que acompaña al incremento del tejido adiposo trastorna el sistema de señales de la insulina y su transporte;39 Al mismo tiempo, potencian la secreción de insulina estimulada por la glucosa a corto y largo plazos, lo que contribuye a la hiperinsulinemia característica del estado de resistencia. Los AGL, por el llamado mecanismo Randle,40 compiten con la glucosa como fuente de energía, por lo cual su aumento lleva a la hiperglucemia y estos, a su vez, disminuyen la captación de glucosa dependiente de la insulina, y es aquí donde interviene el mecanismo de toxicidad de glucosa ya estimulado por los AGL . La oxidación de la glucosa es desviada a la vía de las hexosas, al final de la cual se forman la glucosamina 6, el fosfato y otras hexosas que son capaces de alterar el sistema de señales de la insulina.41,42

La relación obesidad-insulinorresistencia es un hecho comprobado, como lo demuestran numerosos estudios, en especial del EGIR (European group for the study of insulin resistance), realizados con método de referencia clamp euglucemia - hiperinsulinemia en 1 446 personas de uno y otro sexos, entre 25 y 55 años de edad, el cual mostró que cuando el IMC aumenta 10 puntos, la sensibilidad a la insulina disminuye en un 25 %.43 Esto se refiere solamente al IMC como medidor, pues si se usan parámetros como la distribución de la grasa, los resultados muestran una influencia negativa sobre la sensibilidad aún mayor.44-46 La distribución abdominal de la grasa amplifica los efectos de los AGL, el FNTalpha y las otras citoquinas sobre la acción de la insulina.

Consecuencias de la resistencia insulínica

La insulinorresistencia es un proceso inflamatorio crónico desarrollado a bajo ruido y un factor predecesor común a diferentes entidades que constituyen importantes causas de morbimortalidad: HTA, dislipidemia, DM2, unidas todas a la enfermedad coronaria, primera causa de muerte.47

El perfil metabólico de la insulinorresistencia incluye: obesidad abdominal, hipertrigliciridemia, disminución de la HDLc, hiperuricemia, aumento del inhibidor del activador tisular del plasminógeno 1, hiperagregabilidad plaquetaria y disfunción endotelial.48,49

Todas las sustancias producidas y liberadas por el adipocito tienen una acción directa o indirecta sobre el endotelio vascular.50

Este (como sucedió con el adipocito, que de solo almacenador de grasa es reconocido como un verdadero órgano) ha dejado de ser considerado solo como una capa de recubrimiento y de aislante, para ocupar el lugar relevante que le corresponde como inigualable órgano de múltiples y vitales funciones: modula el tono de la inflamación, es origen y blanco de hormonas, factores de crecimiento, sustancias vasocontrictoras y vasodilatadoras, factores hemostáticos y especies radicales, liga componente del complemento, expresa receptores de respuesta inmune, fagocita y destruye, por lo que constituye una superficie amplificadora sorprendente para la respuesta inflamatoria.51

Es en el endotelio donde se desarrollan la mayoría de los eventos que dan origen a las complicaciones de la obesidad y a la insulinorresistencia: la agregabilidad plaquetaria, la adhesividad, el depósito de lipoproteínas, la hiperreactividad y el crecimiento, así como la proliferación celular y la coagulabilidad, fenómenos directamente proporcionales a la sobreproducción de sustancias en un adipocito hiperplasiado y/o hipertrofiado.52

La insulina es un potente estimulador de oxidonitro sintetasa (ONS), generadora del óxido nítrico (ON), potente vasodilatador vascular e importante antioxidante.53

La hiperinsulinemia, la hiperglucemia y la dislipidemia de la insulinorresistencia son inhibidores de la acción de ONS, que favorecen la disminución del ON, la formación de superóxidos y la generación de cambios endoteliales, que van desde la vasoconstricción hasta la oxidación de lipoproteínas y la remodelación vascular.54,55 Tal es la importancia de la insulinorresistencia en la función endotelial, que ha sido recientemente redefinido como síndrome dismetabólico cardiovascular (CDS) y que se compone de dislipidemia, insulinorresistencia, obesidad y HTA, lo que incluye todos los elementos importantes del síndrome y subraya la implicación del sistema cardiovascular en este estado dismetabólico, porque todos los componentes del síndrome son factores de riesgo para la microcirculación coronaria, carótida, cerebral y periférica. Según este nuevo enfoque del problema, la insulinorresistencia se diagnostica con glucemias en ayunas por encima de 110 mg/dL y radio de la cintura mayor de 0,9. La presencia de DM2 ya es de por sí una garantía de la presencia de IR y añade 5 veces un riesgo.56

Obesidad, enfermedad coronaria y dislipidemia

La obesidad constituye uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad coronaria,57 y si el inicio de la obesidad es a edades tempranas, es decir, la niñez o la adolescencia, el debut de la enfermedad coronaria es también temprano. Se ha visto que una disminución de la sensibilidad a la insulina lleva aparejado un incremento en el riesgo de la enfermedad coronaria,58 lo que es de esperarse teniendo en cuenta todas las alteraciones que esta ocasiona. Pero es importante también tener en cuenta los cambios en el metabolismo lipídico que se desarrollan con la obesidad.

El perfil lipídico más común observado en el paciente obeso es un incremento de los triglicéridos (TG) expresado en un aumento de las cifras de las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), y una disminución de las lipoproteínas de alta densidad (HDL)57,59 al cual se puede añadir cualquiera de las otras alteraciones en dependencia de la confluencia de otros factores. Este perfil por sí solo es un gran promotor de daño vascular, ya que el gran flujo de AGL que provocan la obesidad y la IR, que tiene origen en la misma ingestión, y además en el incremento de la lipólisis y en el no proporcional incremento de la lipogénesis que se produce en el estado de resistencia insulinita, pone al hígado frente a una gran disponibilidad de fuente energética, y estos AGL estimulan entonces la síntesis de VLDL, ricas en TG.60 Este aumento de las VLDL trae consigo una disminución de las HDL, porque en presencia de la proteína de transferencia de esteres de colesterol (CETP) está estimulada la transferencia de TG de las VLDL a las HDL en intercambio con el colesterol de estas. Las HDL resultantes, enriquecidas en TG, son un buen sustrato para la lipasa hepática que hidroliza los TG, y quedan unas HDL pequeñas que en ese proceso se desprendieron de la Apo A-1 (proteína pequeña filtrada por riñon y degradada por el túbulo renal). A su vez, el encuentro VLDL con las lipoproteínas de baja densidad (LDL) favorece el intercambio de TG de las VLDL por los esteres de colesterol de las LDL. La posterior hidrólisis de las LDL-TG genera LDL pequeñas y densas.57,61 El resultado final es un perfil aterogénico porque:

  1. Las VLDL pueden atravesar la pared vascular y acumularse en la placa de ateroma, y al ser ricas en colesterol, liberar más colesterol por partícula a la pared.
  2. La disminución de las HDL y ApoA-1 significa menor cantidad de HDL involucradas en el reflujo desde la periferia, que es el primer paso reverso en el transporte de colesterol y significa, además, que las HDL no pueden cumplir su función antiaterogénica y antioxidante en el endotelio.
  3. Las LDL pequeñas y densas son más aterogénicas que igual número de LDL grandes (más ricas en colesterol), al penetrar más fácilmente la pared vascular y al ser también más fácil su oxidación (importante esta en el desarrollo de placa de ateroma).54,55

Si a todas estas circunstancias se añade el estado procoagulante que es favorecido por la obesidad y la IR, podríamos explicarnos el motivo del incremento del riesgo de la enfermedad coronaria que se produce con la obesidad.57,62

Obesidad y diabetes mellitus tipo 2

La DM2 es un trastorno heterogéneo derivado de prevalente IR, asociada a deficiente secreción de insulina o a prevalente defecto en la secreción de esta, asociado a un defecto en su acción,63 lo cual significa que la IR es una importante característica del proceso, y se estima que hasta el 85 % de los diabéticos son insulinorresistentes.64 La más importante causa de IR es la obesidad; sin embargo, la mayoría de los obesos (80 %)) no desarrollan DM2,33 y es que se necesita una base genética favorable para que esta tenga lugar. Pero la presencia de un propicio terreno, unido al incremento del peso corporal, hacen posible su aparición, y mientras más temprano comience la obesidad a instalarse, más temprano es también el debut de la diabetes; digamos que la edad de inicio de la DM2 está en relación con la edad de inicio de la obesidad. Es por eso que es más frecuente ahora el debut en la adolescencia y la juventud.65 Fisiopatológicamente, en la medida en que el peso corporal aumenta, disminuye la sensibilidad a la insulina.33,66 La respuesta es un incremento en la secreción de insulina por un aumento en la masa de células beta del páncreas. En las personas con predisposición genética para la DM2, este mecanismo falla y se ha comprobado una disminución de la masa de célula beta de hasta un 60 %, que es atribuida, tanto a una disminución de la regeneración de las células, como a un incremento de la apoptosis celular; este último constituye un factor muy importante.33

Los mecanismos del incremento de la apoptosis celular del diabético son complejos y en ellos intervienen la hiperglucemia y los productos de la glucosilación, los AGL y el polipéptido amiloide de los islotes.33,67,68

La confluencia de la DM2 y la obesidad tiene consecuencias catastróficas. Por una parte, la obesidad favorece su aparición y desarrollo, mientras que por otra, amplifica sus consecuencias. El riesgo de daño vascular es mayor y, por lo tanto, el de desarrollo de la enfermedad coronaria, carotídea, cerebral y vascular periférica, así como el de HTA.69-73

Obesidad e hipertensión arterial

El 50 % de los obesos desarrollan HTA en algún momento de la enfermedad.74 Los mecanismos son múltiples. Por una parte, está la hiperinsulinemia, que provoca aumento en la reabsorción de sodio (Na+) y agua; por el otro, el SNS desempeña una función importante. La actividad simpática aumenta con la ingesta, la hiperinsulinemia y la hiperleptinemia del obeso, además de que disminuye la vasodilatación arteriolar. El angiotensinógeno aumenta con el incremento del tejido graso, y la producción de ON está perturbada. La presencia de HTA en el obeso confluye frecuentemente con las alteraciones lipídicas, por lo cual añade riesgo a las alteraciones vasculares.48,75

Obesidad y enfermedad cerebrovascular

La enfermedad cerebrovascular es la tercera causa de muerte en el mundo desarrollado y su influencia en la morbilidad y discapacidad es también grande. La obesidad es un factor de riesgo importante para su desarrollo.76 Los cambios endoteliales, favorecidos por el incremento del tejido adiposo y la liberación de diferentes mediadores y sustancias por el adiposito, los cuales favorecen, a su vez, la coagulación y la adherencia plaquetaria, la posible confluencia de HTA, la dislipidemia, la enfermedad coronaria y la DM2, son elementos favorecedores de esta enfermedad y aumentan el riesgo de un evento cerebrovascular de 1,4 a 2,5, con excepción de la presencia de DM, que cuadruplica esta cifra. El más frecuente es el isquémico transitorio, seguido del infarto lacunar, aunque cuando la HTA está presente tiene varios mecanismos de génesis, aparte de la obesidad, y en este caso el hemorrágico adquiere dimensiones mayores.77-80

En conclusión, la obesidad es un serio problema de salud por las dimensiones epidémicas que adquiere y por las consecuencias que genera desde el punto de vista clínico-metabólico, con las principales causas de morbimortalidad y discapacidad, es decir, resistencia insulínica, enfermedad coronaria, dislipidemia, hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad cerebrovascular. Solo la acción directa sobre ella y los factores que la perpetúan harán posible lograr una longevidad más sana.

Summary

Obesity is a serious problem in world health. During the last three decades, there has been a significant increase of the figure of obese persons about to reach the magnitude of epidemics and of what is more important: its clinical and metabolic consequences. Obesity is closely linked to the main cause of morbimortality and disability: Insulin resitance is maybe its most feared consequence, since a series of metabolic and endothelial alterations related to the development of coronary vascular disease derived from it: diabetes mellitus, arterial hypertension, dyslipidemias and cerebrovascular disease. As body weight increases, the production of cytokines and free fatty acids with effects on insulin is higher, and the sensitivity to their action decreases, resulting in alterations of the vascular wall and tone, as well as of the metabolism of glucides and lipids that give rise to these consequences. With the present review, we propose ourselves to go deep into the role of the fat cell as an endocrine organ or tissue and into the mechanisms known up to now that bring about the clinical and metabolic complications of obesity.

Key words: Obesity, fat cells, insulin resistance, clinical and metabolic consequences.

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Recibido: 13 de marzo de 2004. Aprobado: 10 de agosto de 2004.
Dra. Lidia Esther Rodríguez Scull. Hospital Clinicoquirúrgico "General Calixto García", Ciudad de La Habana, Cuba.

1 Especialista de I Grado en Medicina Interna.

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