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Rev Cubana Endocrinol 1996;(7)2

Sección de Historia

Nicholas Paulescu: el gran olvidado en la historia del descubrimiento de la insulina

Dr. Isaac Salama Benarroch

En junio del año pasado llegó a mi consultorio de la Sección Diabetología del Hospital Nacional "Pedro Lagleyza", de Buenos Aires, una nota en la que se me informaba que la Federación Internacional de Diabetes había declarado el 27 de junio Día Universal de la Diabetes. Solicitaban dar una clase alusiva que cumplí.

En una de las diapositivas que expongo al comienzo de mis clases que dicto a pacientes diabéticos y oftalmólogos en cursos de posgrado, muestro una lista de investigadores que han puesto su esfuerzo y conocimientos para lograr beneficios que han llevado a mejorar el pronóstico de este síndrome que afecta ya a un millón y medio de argentinos.

En dicha lista figura como descubridor de la insulina en 1921 el Profesor Nicholas Paulescu, por el contrario a lo que habitualmente se lee, que los descubridores de la hormona fueron los canadienses McLeod, Banting y Best, en 1922. Lo que motivó que se les concediera el Premio Nobel de Medicina en 1923.

Paulescu, profesor de fisiología de la Facultad de Medicina de Bucarest, tuvo a su alcance la gloria del descubrimiento de la insulina pero no lo acompañó la suerte.

En 1916 comenzó a experimentar con extractos pancreáticos preparados en su laboratorio de la Cátedra de Fisiología.

La ocupación por Austria de Bucarest, durante la Primera Guerra Mundial, y los problemas de la posguerra en Rumanía postergaron sus trabajos durante 4 años. Pudo Paulescu aislar la insulina -por él llamada pancreína- y publicar su descubrimiento 8 meses antes que McLeod, Banting y Best.

Este hecho no fue reconocido hasta muchos años después, cuando ya no era posible rectificar el veredicto del Comité Nobel, que Paulescu reconoció como injusto, hasta su muerte en 1931.

El resultado de estas investigaciones fueron primeramente publicadas en el Traité de Physiologie Médicale, tome 11: Phénoménes de nutrition, Ed. Cartea Romanesca, Bucarest, 1920.

Al año siguiente (21 de abril, 19 de mayo, 9 y 23 de junio 1921, lee 4 comunicaciones a la Rama Búlgara de la Sociedad de Biología (París); No. 23 y 27 de julio. Vol. LXXX (1921) y en los Archivos Internacionales de Fisiología (Liegeaud París, pag. 85 Vol. 17 (1921).

En el Précis de Diabetología del Profesor Derot y Colaboradores (Francia, 1977) se lee textualmente en el Capítulo I L'insuline: " En fin, en 1921, Paulescu (153-157) puis Bantig et Best (12, 13, 14) démontrent l`existence de l'insuline. Cincuenta y seis años después de haber recibido McLeod y Bantig el Premio Nobel durante el Primer Congreso Internacional de Diabetología realizado en Bucarest en 1971, organizado por la Cátedra de Enfermedades de la Nutrición y Diabetes se prioriza a Paulescu en el descubrimiento de la insulina y en su ponencia dice textualmente: "El año 1971 marca el cincuentenario del descubrimiento de la insulina por Paulescu y los hechos que han impedido dar el Premio Nobel al autor rumano". En efecto, este premio fue acordado en 1923 a McLeod y Banting por el descubrimiento de la insulina. El sabio rumano había publicado, 8 meses antes que los canadienses, sus exhaustivos trabajos sobre el descubrimiento de la insulina -que él denominó pancreína- comenzados en 1916. Sus trabajos cubren los 3 metabolismos (glucídico, proteico y lipídico), mientras que los de McLeod y Banting citan de manera incorrecta los resultados obtenidos por Paulescu" (Datos extractados de la correspondencia entre Ion Murray y Pavel en el libro: The correspondence Lending Support to the priority of Paulescu in the discovery of insulin (Ion Pavel pág. 26, Bucarest 1986).

Ya Murray había iniciado este debate en otra publicación sobre el mismo tema en el British Medical Journal (11 de septiembre de 1969).

Siguiendo el ejemplo de Murray, un discípulo de Paulescu, el Profesor 1o. Pavel, Miembro de la Academia de Ciencias de Rumanía, decidió rehabilitar la memoria de su maestro, y con tal fin contactó con especialistas de todo el mundo. En su libro, que me hizo llegar para este trabajo, figuran nombres de prestigio científico como Funk, Levis, Tiselius, Martín y Young que aportan datos relevantes. En Argentina no pasó desapercibido este descubrimiento; en 1924, los Profesores Sordelli y Lewis escriben "En 1921, Paulescu comunica su completa experiencia con un extracto preparado con maceración acuosa del páncreas. Los resultados son idénticos a los obtenidos por Banting y Best en el descubrimiento de la insulina al año siguiente (Sordelli A, Lewis J, T. Instituto; Bacteriológico del D.N. de H. y de Histología. Facultad de Medicina de Buenos Aires pág.7, 1926). En España recoge la posta para reivindicar a Paulescu, el Profesor Luis Felipe Pallardo, presidente de la Sociedad Española de Diabetes, en 1971, quien en la XIII Sesión Científica de la Real Academia Nacional de Medicina de la cual era miembro, en su ponencia sobre el tema: Cincuenta años después: la insulinoterapia y sus limitaciones indicativas y sus posibles efectos iatrogénicos, dice textualmente al comienzo: "Ha sido acordado que el Día Mundial de la Salud de este año, celebrado hace algunas fechas, se dedicase a la diabetes mellitus destacándose de esta manera la importancia sanitaria y médico-social de esta enfermedad. No casualmente la celebración ha venido a coincidir con el 50 aniversario del descubrimiento de la insulina. Por cierto que este trascendental paso en la investigación se atribuyera a Banting y Best, cuando parece más cierto, que la prioridad de hallazgo es del científico rumano Paulescu, quien lo dio en publicidad en los Archivos Internacionales de Fisiología, el 31 de agosto de 1921, mientras que la comunicación de los autores americanos es de 8 meses más tarde" (Conferencia de la Real Academia Nacional de Medicina 27 de abril de 1971. Madrid, España. Publicada en el Tomo LXXXVIII de los "Anales" cuaderno tercero, Madrid, 1971).

El profesor Luis Rodríguez Miñón también ex-presidente de la Sociedad Española de Diabetes, en su reciente libro "La Diabetes, tres mil quinientos años de historia" (junio 1991) también reivindica a Paulescu con lujo de detalles (pag. 55 a 59) y que con su autorización transcribo:

"En el siglo XX es excepcional un descubrimiento realizado por un solo hombre cuando actualmente todo lo que se descubre es labor de equipo.

Fue hecho en un ambiente saturado por pequeños descubrimientos anteriores sobre diabetes. El descubrimiento no tuvo muchos precursores de la Universidad de Bucarest: Paulescu, que no fue un precursor sino uno de los descubridores de la insulina".

Todos estos hechos indican una historia increible y apasionante que ha hecho escribir al Profesor Serrano Ríos en su prólogo del libro de Rodríguez-Miñón las siguientes palabras: "La grandeza y la miseria que rodeó al descubrimiento de la insulina" (1991).

En el trabajo de Banting y McLeod publicado en The Jurnal and Clinical Medicine, 1922, Vol. VII No.5, pags, 251-256 se cita el trabajo de Paulescu en la siguiente forma: Paulescu ha visto que el extracto pancreático inyectado en la vena periférica no produce ningún efecto, y que una segunda inyección continúa sin producirlo".

Esta cita errónea, contraria a lo demostrado por Paulescu, es increíble, y más increíble que hayan pasado tantos años sin que se reconociera este error.

El Profesor Pavel, catedrático de Patología Médica de la Universidad de Bucarest, en tren de aclarar este hecho, escribe al Profesor Best pidiendo explicación a esta cita insólita y falsa.

Best, en carta del 15 de octubre de 1969 y que fuera publicada en su libro y cuya fotocopia adjunto a este trabajo, le dice que no recuerda bien los detalles después de tantos años, pero quiere dejar constancia del disgusto que ha tenido por aquel desgraciado error que cometieron entonces achacándolo a su pobre conocimiento del idioma francés.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y desea que los esfuerzos para honrar la memoria de Paulescu tengan éxito.

En una reunión organizada en la Sorbona de París, por la Asociación de Diabetólogos Franceses en 1972, a la que Best fue el invitado especial y con motivo de commemorarse el descubrimiento de la insulina, Pavel reitera su protesta y recibe las mismas explicaciones como disculpa por tal hecho.

La Academia de Ciencias de la República Socialista de Rumanía reclama los derechos de Paulescu por el descubrimiento de la insulina y escribe al Comité Nobel. El Profesor Tiselius, Director del Instituto Nobel, contesta con una carta y dice textualmente "He estudiado a fondo la documentación que me envían y la he discutido detenidamente con el Profesor Von Eulen, Director de la Fundación Nobel. El Premio Nobel cocedido a McLeod y Banting fue muy discutido desde el principio por haber dejado afuera a Best. En mi opinión fue Paulescu igualmente merecedor del premio aunque este investigador rumano no fue propuesto, el Comité Nobel de entonces podía muy bien haber esperado un año hasta tener la documentación correcta y enterarse mejor de lo que hacía. Desgraciadamente esto no tiene ya arreglo, y lo único que espero y deseo que en el aniversario del descubrimiento de la insulina se le rinda a Paulescu el homenaje merecido".

En el primer capítulo de Novedades en Ciencias Fisiológicas (edición 1982) el Profesor Michael Blissdel del Departamento de Historia, Universidad de Toronto, Ontario, Canadá, es terminante en su final: Paulescu en 1921, Banting y Best en 1922.

Se han hecho muchas conjeturas con el error cometido por los autores canadienses al revisar la bibliografía sobre el tema, citando erróneamente los trabajos de Paulescu. La explicación que dio en público el Profesor Best, durante la reunión efectuada en la Sorbona, citada anteriormente, que el error fue hecho por el desconocimiento del idioma francés, interpretando al revés las conclusiones de Paulescu. Explicación un tanto ingenua a mi juicio. Esto impidió por consiguiente que al Comité Nobel llegaran las conclusiones exactas de las investigaciones de Paulescu y no fuera tenido en cuenta para otorgarle el Premio Nobel.

Me ha escrito el Profesor Pavel desde Bucarest en varias oportunidades mediante la amistad que tenemos hace años. Me envió toda la documentación del caso y me ha solicitado que, dado mi interés, se conozca este hecho en América Latina.

Aprovecho, por consiguiente, con motivo del Día Universal de la Diabetes, para hacerlo en defensa de una verdad irrebatible que ha permanecido ignorada tanto tiempo.

Hace 60 años, en víspera de su muerte, Paulescu escribía estas desconsoladas líneas publicadas en Traité de Médécine, Vol. IV Sibiu Roumanie, Imprimerie de l'ecole militaire, pags., 63-64 (1930).

"Antiguamente yo creía y sostenía que un científico puede trabajar en perfecta seguridad convencido de que las fechas de sus publicaciones lo protegían contra la injusticia.

Yo no estoy dominado por orgullo y lucho contra este odioso vicio. Por cierto, sobre la publicación de mi descubrimiento no tuve la intención de publicidad, que podría haber afectado mi modestia, que considero que es la primera cualidad de un científico.

Pero no puedo ciertamente admitir otro odioso vicio, que es la mentira en otros científicos. Sería desastroso si tales deshonestas muestras tuvieran que ser introducidas en la ciencia, que debe permanecer limpia e inmaculada como la verdad que está representada".

Por consiguiente digo, como autor de este trabajo que el reconocimiento del profesor Paulescu en el descubrimiento de la insulina es una obligación moral en la historia de las ciencias del presente y del futuro.

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