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Rev Cubana Enfermer 2002;18 (1):5-7
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Editorial

Finalizando el primer año de este tercer milenio apenas comenzado, la enfermería cubana muestra logros e insuficiencias, con un balance que se inclina hacia los primeros, a pesar de las múltiples dificultades en el desarrollo de su diaria labor, tal y como ocurre en el propio desarrollo de la profesión.

La imprescindible presencia de este profesional en todos los programas del Sistema Nacional de Salud (SNS), especialmente en la Atención Primaria de Salud (APS), y muy particularmente en el Modelo del Médico y la Enfermera de la Familia (MEF), hace quizás mucho más ostensible en estos profesionales que en cualquier otro del sistema, la disminución de este recurso humano.

Si se pudiera captar la realidad actual en una instantánea fotográfica, lo primero que llamaría la atención es el desempeño de las los enfermeras/ os en los diferentes campos de acción. La ciencia y el arte de cuidar tiene como primera responsabilidad moral profesional, precisamente, prodigar cuidados a sanos y enfermos, a personas, familias y comunidades. En este sentido, en el campo de la asistencia, la enfermería cubana está enfrentando 2 tareas muy importantes: la primera, en el APS. Se trata de su participación activa, consciente y responsable en el Análisis de la Situación de Salud (ASS), la investigación clínica, epidemiológica y social más importante que se realiza en todo el SNS, con el objetivo de diagnosticar el estado de salud de la población a su cargo, identificar las posibles soluciones, coordinar las estrategias de intervención adecuadas, y promover, desde el inicio de todo el proceso, la participación activa de la propia comunidad involucrada. La segunda tarea de importancia en el campo asistencial, especialmente en los niveles secundario y terciario del SNS, es la aplicación del método científico de la especialidad, el Proceso de Atención de Enfermería (PAE), con mayor nivel de cientificidad cada vez, a pesar de la no generalización de su práctica por razones derivadas de la insuficiencia de este recurso humano.

En cuanto al campo de la docencia, si bien se ha venido logrando una mayor calidad en los egresados de la educación técnica y universitaria, se ha identificado la necesidad de incrementar la superación científica de los profesionales de la especialidad en los 3 niveles de atención; pero muy especialmente en las enfermeras de la familia. Las necesidades de aprendizaje identificadas no están sólo relacionadas con materias propias de la especialidad, sino también con las que tratan otros contenidos imprescindibles para su mejor competencia y desempeño, tales como la comunicación social, la ética y la bioética y hasta la historia de la enfermería para reforzar la motivación y vocación profesional. En este sentido, se ha tratado de superar estas insuficiencias mediante cursos posgrados, diplomados dirigidos a mejorar el desempeño, y maestrías que favorezcan el dominio del método y técnicas de investigación clínica, epidemiológica y social por parte de las enfermeras. Ya se inició la maestría en enfermería y un número, aún discreto, de jóvenes enfermeras/os se han iniciado en el plan para alcanzar el grado científico de Doctor en Ciencias de la Salud. A esta elevación de la competencia y el desempeño, ha contribuido también el proceso de categorización docente, al aumentar no sólo el nivel profesional sino también profesoral de las enfermeras. No obstante lo anterior, se hace evidente la necesidad de ampliarlo para disminuir la relación estudiantes-profesor y elevar así la calidad de la docencia, especialmente en la educación en el trabajo, que constituye la forma fundamental de organización de la enseñanza en esta especialidad. Una importante decisión política se ha tomado para enfrentar la escasez de recursos humanos en enfermería, al inaugurar la Escuela de Enfermeras de El Cotorro, donde estudiantes de preuniversitario han iniciado ya sus estudios como enfermeras/os técnicas/os con un novedoso Plan que permitirá su rápida incorporación a la asistencia directa. En cuanto al campo de la investigación, aun son pocas las/os que participan, en tanto que investigadoras principales o coinvestigadoras en proyectos de investigación biomédica o epidemiológica, están ausentes en la investigación propia de enfermería, a pesar de que son cada vez más las enfermeras que alcanzan el grado de Magíster en diferentes ciencias y, por tanto, están aptas para enfrentar el proceso de investigación. No obstante, resulta contrastante el hecho de que no son pocas las enfermeras que publican trabajos en nuestra Revista y en otras pertenecientes a diferentes especialidades médicas, y sociales.

En la actividad gerencial, se han identificado un grupo de problemas a los cuales se les viene ya aplicando soluciones halladas por consenso entre gerentes y profesionales de los distintos niveles e instituciones. Entre ellos se encuentran el insuficiente monitoreo, evaluación y mejoramiento de actividades relevantes de enfermería, las irregularidades que se presentan en la asistencia con la coordinación de actividades docentes de pregrado, el bajo aprovechamiento de los recursos disponibles, así como una aún pobre representación de enfermería en los comités institucionales del SNS.

En la educación en ética y bioética, ha resultado bien destacada la incorporación temprana de un número considerable de profesoras y profesionales de enfermería en general, en los cursos de superación en esta disciplina. Probablemente porque las enfermeras identificaron bien pronto las afectaciones provocadas en el sistema de valores morales profesionales por la crisis económica de los años 90, como resultado del recrudecimiento del bloqueo norteamericano y la caída del campo socialista en Europa del Este. Esta situación repercutió desfavorablemente en la propia atención de enfermería, e incrementó las insatisfacciones de la población con estos profesionales. Como resultado de su toma de conciencia está su integración, en forma mayoritaria, a las Cátedras de Bioética más destacadas de las Facultades de Ciencias Médicas del país. Tienen, además, una activa participación en las Comisiones de Ética Médica de sus instituciones. Con estos antecedentes, ha sido la enfermería cubana, la primera profesión de salud que ha constituido una Comisión Nacional de Ética y Bioética, que viene trabajando desde 1996. A todo lo anterior, se suma la presencia de las enfermeras cubanas, en la Comisión de Bioética de la Asociación Latinoamericana de Facultades de Enfermería (ALADEFE) y en la Comisión de Ética de la Federación Panamericana de Profesionales de Enfermería (FEPPEN), y ha asumido, en esta última, en el período 1997-2001, la presidencia de ella.

La colaboración internacional en el campo de la salud ha contado con un número no despreciable de enfermeras y enfermeros procedentes de diferentes regiones de nuestro país, tanto técnicos como profesionales, que se desempeñan normalmente en diversas instituciones pertenecientes a los tres niveles de atención. Alguno de los colaboradores son enfermeros especializados y docentes. Su competencia ha estado bien ligada a la dedicación, responsabilidad y solidaridad mostrada en su desempeño y ello les ha hecho distinguirse en las tareas realizadas, por difíciles que hayan resultado las condiciones de la colaboración.

La enfermería cubana tiene que enfrentar los nuevos retos de este milenio, entre los que se encuentra el alto desarrollo tecnológico que conspira contra la humanización; pero también debe esforzarse por aprehender las nuevas técnicas de la información automatizada, para hacer más calificado su trabajo y mantener actualizados sus conocimientos.

Este año 2002 marcará un momento histórico en la enfermería cubana: se conmemorará el centenario de la graduación de las primeras 7 enfermeras, formadas en el antiguo Hospital Nuestra Señora de las Mercedes. El mejor homenaje a las pioneras de la profesión es aplicar con amor la ciencia y el arte de cuidar a ese ser humano irrepetible, con sus necesidades físicas y sociopsicológicas, que espera un trato personalizado, humano y cálido, para él y su familia. ¡Amar los cuidados que se prodigan; pero sobre todo, amar a quien se prodigan los cuidados! ¡ Ése es el gran reto!

Lic. Martha Guillén Fonseca .
Profesora Auxiliar. Hospital Clinicoquirúrgico “Hermanos Ameijeiras”. Directora de la
Revista Cubana de Enfermería.

Lic. María del Carmen Amaro Cano.
Profesora Auxiliar. Facultad de Ciencias Médicas “General Calixto García”
Miembro del Comité de Redacción de la Revista Cubana de Enfermería.

 

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