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Rev Cubana Hematol Inmunol Hemoter 1997;12(2)
Instituto de Hematología e Inmunología Ciudad de La Habana, Cuba

El trasplante de médula ósea en Cuba. Aportes del instituto de hematología e inmunología

Dra. Elvira Dorticós Balea, Dr. Alejandro González Otero y Dr. Profirio Hernández Ramírez

La introducción en la práctica clínica del trasplante de médula ósea (TMO) no ha sido una tarea simple, pues a pesar de que la técnica para la obtención y administración de la médula ósea es un procedimiento relativamente sencillo, los problemas relacionados con el acondicionamiento del receptor, los estudios de histocompatibilidad, las alteraciones inmunes que aparecen en el período postrasplante, la prevención y tratamiento de la enfermedad de injerto contra huésped (EICH) y de las infecciones que pueden ocurrir después del trasplante, así como las medidas de aislamiento del enfermo, hacen del TMO uno de los más complejos dentro del campo de la trasplantología moderna.

Para poder alcanzar el nivel de desarrollo actual de este tipo de trasplante, ha sido necesario efectuar una serie de pasos previos que en conjunto constituyen su historia.

Se ha señalado que el primer intento conocido de aplicación terapéutica de la médula ósea se produjo en el año 1891, cuando ésta se suministró por vía oral a pacientes con anemia. Con posterioridad, ya en el siglo actual, en las décadas de los años 30 y 40 se hicieron nuevas tentativas en que la médula ósea se administró por vía intramedular a algunos pacientes con leucemia, anemia perniciosa o aplasia medular.1 La primera comunicación sobre el uso de la médula ósea por vía intravenosa data del año 1939, cuando se trató de hacer un trasplante alogénico en una paciente con aplasia medular que recibió 18 mL por vía intravenosa de médula ósea de un hermano.2 Todos estos ensayos iniciales fracasaron, lo cual es muy comprensible, ya que en aquellos tiempos no se conocía el sistema HLA ni la necesidad de tratamiento inmunosupresor intenso del receptor, aún en los pacientes con aplasia medular grave.3

Después que se identificó a la aplasia medular producida por irradiación como una causa importante de muerte en la población japonesa expuesta a los efectos radiactivos de las explosiones de las bombas atómicas lanzadas en ese país en 1945, se aceleraron las investigaciones en animales relacionadas con la cantidad de irradiación corporal que era necesaria para provocar aplasia medular y se establecieron las bases para una aplicación clínica más racional del TMO.4-6

A finales de los años 50 y en los inicios de los 60, se hicieron varios TMO por diferentes investigadores.7 En 1969, Mathe comunicó los resultados obtenidos con la transfusión de médula ósea homóloga a las víctimas de un accidente por irradiación ocurrido en Vinca, Yugoslavia.8 En ese mismo año, Thomas publicó los datos sobre el uso exitoso del TMO singénico en 3 pacientes con leucemia linfoide aguda (LLA).9 En 1960 se comunicó por primera vez el TMO isogénico en la aplasia medular y en 1972 se refirieron los primeros TMO alogénicos con buenos resultados en el tratamiento de esta hemopatía.3

A partir de los primeros años de la década del 70 se incrementó el número de trasplantes alogénicos con éxito, debido a la introducción de la tipificación HLA para la selección de los donantes emparentados histocompatibles.7 A fines de los años 70 se comunicaron los primeros TMO autólogos exitosos en pacientes con linfomas y su uso se extendió en los años 80.10 Asociado con estos logros, avanzaron progresivamente los nuevos conocimientos relacionados con la terapéutica transfusional, con el desarrollo de las máquinas separadoras de células sanguíneas, con los métodos de crioconservación de las células hemopoyéticas, con el trasplante del donante no emparentado y con la incorporación de nuevas fuentes de células progenitoras de la hemopoyesis, como son la sangre periférica y la sangre del cordón umbilical.

La integración de todos estos avances cientificotécnicos ha dado lugar a que en la actualidad el TMO sea considerado el tratamiento de elección en muchos pacientes con enfermedades hematológicas o de otro tipo, que con otra cronducta tendrían una evolución fatal.

En Cuba, la aplicación del TMO también ha pasado por diferentes etapas y la introducción de los distintos avances obtenidos en el terreno internacional ha sido lenta.

Antes del año 1959, el número de hematólogos de nuestro país era muy reducido. De esta época sólo tenemos referencia de 3 niños con aplasia medular en que se intentó el TMO en el Hospital "Calixto García" alrededor del año 1956. En 2 de ellos intervino un médico de apellido Pineda. A uno de estos casos se le trasplantó un segmento de una costilla del padre y fue el único en que nos plantearon que hubo recuperación hematológica, (De Julien M, comunicación personal). El otro ensayo fue realizado por el Dr. Antonio Narquet Chediac, en el que también participó el Dr. Wilfredo Torres, y el donante fue un hermano gemelo. En este intento la médula ósea se administró por vía intramedular, sin que se apreciara respuesta hematológica (Torres W, comunicación personal).

Con posterioridad podemos considerar 2 etapas en relación con el TMO: de 1959 a 1984 y de 1985 en adelante, período este último que se inicia con la realización del primer TMO alogénico en nuestro país, que se hizo con todos los requisitos cientificotécnicos recomendados en aquel tiempo a nivel internacional.

De 1959 a 1984, en algunos centros hospitalarios de La Habana se hicieron alrededor de 15 intentos de TMO, todos en enfermos con aplasia medular. En la mayor parte de ellos la administración de la médula ósea se hizo por vía intramedular a nivel de la cresta ilíaca o espina ilíaca anterosuperior y en un volumen que no rebasaba de 50 a 60 mL en total. La compatibilidad exigida era sólo en los sistemas eritrocitarios ABO Rh y la negatividad de las pruebas cruzadas. Los donantes generalmente eran hermanos y en pocos casos se seleccionó a uno de los padres. En algunos enfermos adultos se usó prednisona en dosis de 60 a 80 mg diarios durante 2 a 3 semanas después de la administración de la médula ósea. El mayor número de estos ensayos clínicos se hizo en el Instituto de Hematología e Inmunología (IHI) por el grupo que dirigía el Dr. José F. Corral, al que se unieron después 2 de los autores de este artículo (Hernández P. Dorticós E.). Entre estos casos sólo 3 se consideraron en remisión, ya que evolutivamente mostraron una médula celular y recuperación de al menos 2 líneas celulares en la sangre periférica: una niña tratada en el Hospital Pediátrico "Pedro Borrás" (caso de los Dres. Ballester, Bernal, Perello y Rojo), un enfermo del Hospital Clinicoquirúrgico "Comadante Manuel Fajardo" (caso de la Dra. Hortensia Fernández) y otro del IHI (caso de los Dres. Corral JF y Rodríguez N).

Como en ninguno de estos intentos de trasplantes se usaron los métodos que en la actualidad se conoce que son necesarios para que se produzca la implantación de la médula ósea del donante, es más lógico pensar que en aquéllos en que hubo recuperación hematológica, ésta se haya producido de forma espontánea, en la que quizás pudiese haber intervenido algún mecanismo inmune, tal vez desencadenado por la administración del pequeño volumen de médula ósea alogénica.

Otros 4 casos que se destacaron en este período son 2 que se trataron en el IHI a principios de los años 70 en que ya se hizo el acondicionamiento con ciclofosfamida en dosis de 50 mg/kg/día durante 4 días, y la médula ósea se administró por vía endovenosa en un volumen de 10 a 15 mL/kg en forma similar a una transfusión sanguínea; otro en que se intentó un trasplante singénico en una enferma con leucemia mieloide crónica que presentaba una aplasia medular grave provocada por busulfán; y otro caso correspondiente a una enferma joven con aplasia grave y embarazada. Esta paciente tuvo un parto prematuro y el niño falleció pocos días después. Previo consentimiento de la enferma y de sus familiares se colocó a nivel de la cresta ilíaca de la paciente, médula ósea del recién nacido que se obtuvo inmediatamente después de su fallecimiento. Todos estos intentos también fracasaron.

Después de estos ensayos no se hicieron nuevos intentos de TMO hasta que no se crearon todas las condiciones necesarias para que se pudiese lograr un injerto efectivo.

En 1985 se realizó el primer TMO alogénico cumpliendo todos los requisitos de las ciencias médicas de ese momento. Se efectuó en el IHI por un equipo constituido por los Dres. Elvira Dorticós, Porfirio Hernández, Alejandro González y Catalino Ustáriz, y la Lic. Mercedes Reboredo. El paciente tenía una aplasia medular grave, estaba politransfundido y era refractario a las transfusiones de plaquetas. Como régimen de acondicionamiento se añadió a la ciclofosfamida la irradiación ganglionar total y transfusiones de plaquetas. Como régimen de acondicionamiento se añadió a la ciclosfosfamida la irradiación ganglionar total y transfusiones de granulocitos del donante, tratando de evitar el fallo de injerto, frecuente en esta enfermedad cuando los pacientes han sido muy tratados y han recibido múltiples transfusiones.11-13 El trasplante prendió, pero el paciente tuvo un fallo secundario del injerto y falleció por una sepsis por germen gram negativo.

En ese mismo año se realizó en el Hospital "Hermanos Ameijeiras" por el equipo formado, entre, otros por los Dres. José Carnot, Raúl de Castro, Adalberto Ballester, Wilfredo Torres, Bastanzuri Bages y la enfermera Odalis Duvergel, un trasplante autólogo a un paciente con un linfoma no hodgkiniano en que se empleó médula ósea conservada a 4 °C y que evolucionó favorablemente. Las unidades de TMO de ambos centros comenzaron a funcionar de forma estable a partir de ese momento.

En 1991 inició sus actividades la unidad del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) donde se realizó por los Dres. Mario Wilford, José Carnot, Elvira Dorticós y Porfirio Hernández, un trasplante autólogo a un paciente con una enfermedad de Hodgkin resistente.

Hasta 1995 se han realizado en Cuba 72 trasplantes: 47 autólogos, 24 alogénicos y 1 singénico.

Los pacientes trasplantados en el IHI hasta 1990 tenían enfermedad avanzada y aunque el trasplante prendió, la sobrevida fue corta debido a recaída de la enfermedad, sepsis y EICH. A partir de 1991 se hizo una mejor selección de los pacientes y se trasplantaron enfermos con mejores condiciones físicas y estadios más tempranos de la enfermedad, por lo que los resultados mejoraron. En la tabla se muestra un resumen de los pacientes tratados en el IHI.

TABLA. Características de los pacientes con trasplante de médula ósea

 
Año
Caso
Edad (años)
Sexo
TMO
Estado de la enfermedad Régimen de acondicionamiento
Prevención EICH
   
Causas del EICH
Aguda
(días)
Crónica actual fallecimiento
1985
1
24
M
Alo
AM Grave Politrans fundido
CFM+IGT
MTX+M PRD
-
-
F
67
Sepsis / fallo secundario del injerto
1986
2
13
M
Alo
LLA 4a RC
CFM+ICT fc
MTX+M PRD
I
-
F
27
Sepsis
1987
3
19
M
Alo
LLA 2a RC
CFM+ICT fc
MTX+M PRD
II
-
F
200
Recaída
1988
4
14
M
Alo
LLA 1a RC
CFM+ICT fc
CSA+ MTX
-
-
F
23
Fallo del injerto
1988
5
33
M
Alo
LMC CB
CFM+ICT
CSA+MTX
IV
-
F
67
EICH / sepsis
1989
6
16
M
Auto
LLA 2a RC
CFM+ICT
-
-
-
F
234
Recaída
1990
7
8
M
Auto
LLA 3a RC
CFM+ICT
-
-
-
F
129
Recaída
1990
8
24
F
Alo
LMA 1a RC
CFM+ICT fc
CSA+MTX
II
Extensa
F
603
EICH crónica
1990
9
14
M
Auto
LLA 1a RC
CFM+ICT
-
-
-
V
1830
-
1991
10
13
M
Alo
LMC fc
CFM+ICT fc
CSA+MTX
-
-
V
1740
-
1991
11
15
M
Auto
LLA 1a RC
CFM+ICT
-
-
-
F
365
Meningitis
1991
12
32
M
Alo
LMA 2a RC
CFM+ICT
CSA+MTX
II
-
F
46
Sepsis
1991
13
7
M
Auto
LMA 1a RC
CFM+ICT
-
-
-
V
1500
-
1991
14
5
M
Auto
Linf.linfo blástico
CFM+ICT
-
-
-
F
27
EVOH
1992
15
8
F
Auto
LLA 1a RC
CFM+ICT
-
-
-
V
1290
-
1992
16
8
M
Auto
LLA 2a RC
CFM+ICT
-
-
-
V
1200
-
1994
17
9
M
Auto
LLA 2a RC
CFM + ICT
-
-
-
F
45
Sepsis
1995
18
12
M
Alo
LMC fc
CFM+ICT fc
CSA+MTX
-
Locali zada
V
180
-
Leyenda: LLA: leucemia linfoide aguda; LMA: leucemia mieloide aguda; EICH: enfermedad injerto contra huésped; GT: irradiación ganglionar total; CT: irradiación corporal total; fc: fraccionada; CSA: ciclosporina; M PRD: metil-prednisona; MTX: metrotexate; CFM: ciclofosfamida.

En el quinquenio 91-95, con motivo de la ayuda cubana a los niños procedentes de áreas afectadas por el accidente nuclear de Chernobil, se estudiaron 24 pacientes con diferentes enfermedades hematológicas en la búsqueda de un donante HLA-idéntico. Sólo se encontró en un caso, pero no pudo trasplantarse, pues hizo una recaída de su leucemia linfoide aguda (LLA). Por ello, los 6 trasplantes realizados a estos pacientes fueron autólogos: 1 leucemia mieloide aguda (LMA); 1 linfoma linfoblástico y 4 LLA. De estos enfermos, 4 (67 %) se encuentran vivos y en remisión completa (RC).

El número de trasplantes realizados, la diversidad de enfermedades y el estadio de ellas en la serie total de pacientes, no permiten arribar a conclusiones, pero sí encontramos coincidencia con trabajos extranjeros en varios aspectos. Los 2 pacientes con leucemia mieloide crónica (LMC) que se trasplantaron en fase crónica (FC) evolucionaron favorablemente, mientras que el trasplantado en crisis blástica (CB) falleció precozmente. Esto coincide con los datos que indican que sólo entre el 15 y el 20 % de los pacientes en fases de transformación, evolucionaron favo-rablemente.14,15

El grupo de pacientes con LLA fue el más numeroso, pero la diversidad en cuanto al momento y tipo de TMO practicado no permite arribar a conclusiones. No obstante, aún en la literatura actual hay contradicciones con respecto a cuándo se debe usar este proceder, y en particular este momento se discute según se trate de pacientes pediátricos o adultos.16,17 Se trasplantaron 3 pacientes con LMA, 1 con un linfoma linfoblástico con infiltración de médula ósea y 1 con aplasia medular grave.

El procedimiento de extracción de médula que se utilizó inicialmente fue el de Thomas y Storb,18 que tiene el inconveniente de ser un sistema abierto de recolección y filtración de la MO, donde existe la posibilidad de contaminación, por lo que se han desarrollado nuevos métodos.19,20 Desde finales de 1988 se inició en el IHI el diseño de diferentes sistemas de filtración que llevaron a la construcción en 1989 de un filtro reutilizable de aluminio. La filtración de la MO se hace inyectando suavemente en el filtro el material medular inmediatamente después de cada aspiración y depositándolo en una bolsa plástica de transfusión conectada al sistema, sin otro tipo de manipulación.21 De esta forma se logró crear un sistema cerrado que limita la exposición de la MO al medio ambiente, y con ello se pudo sustituir a otros sistemas cerrados que emplean equipos comerciales desechables que tienen un alto costo.22

Después de extraída la médula, la forma más utilizada de conservación en los trasplantes autólogos ha sido la congelación mediante un congelador programado y conservación en nitrógeno líquido a -196 °C con el empleo de dimetilsufóxido como crioprotector.23 Este método requiere de un equipamiento costoso y por ello se desarrollaron otras formas de conservar la MO de una manera más simple y económica.

A partir de 1970 y hasta 1972 se hicieron en el IHI estudios de TMO experimental en ratas Wistar aplasiadas con ciclofosfamida (CFM).24,25 En estos experimentos se usó MO isogénica conservada a 4 °C y la viabilidad celular se determinó mediante la coloración de azul tripán. Los resultados de estas investigaciones mostraron que a medida que pasaban los días disminuía la viabilidad de las células conservadas en frío, pero con poca modificación en las primeras 96 horas. En los animales trasplantados con MO conservada durante 48 horas, el porcentaje de supervivencia fue del 80 % a los 60 días. En los animales no trasplantados, la mortalidad fue total a los 7 días. Estos resultados sugirieron que la conservación de la MO a 4 °C era un método simple que podía aplicarse en el TMO autólogo.

Estos experimentos sentaron las bases para el desarrollo años después en nuestro país, de la aplicación clínica de este tipo de TMO empleando médula conservada a 4 °C y para la realización de estudios más detallados sobre la viabilidad de las células hematopoyéticas conservadas a esa temperatura mediante la técnica de cultivo de MO in vitro.26,27 Experiencias extranjeras avalan también la utilidad de la MO conservada a 4 °C.28,29

Con este sistema de conservación de la MO a 4 °C durante 48 a 56 horas, se han realizado hasta el momento todos los trasplantes autólogos en Cuba.

A partir de 1988 se introdujo la ciclosporina A (CSA) en el régimen de profilaxis de la EICH en los trasplantes alogénicos, en combinación con un ciclo corto de methotrexate, pues la eficacia de esta asociación ya era conocida.30

En 1991 se comenzó a emplear la CSA en dosis bajas en los TMO autólogos. Se ha sugerido que la administración de CSA altera la reconstitución de la antitolerancia después del TMO autólogo y permite la inducción de una EICH autoinmune.31 Por otra parte, es conocido el efecto antileucémico, que se asocia con el EICH en los trasplantes alogénicos.32 Con las dosis bajas de CSA en el TMO autólogo se ha tratado de provocar un efecto inmunoterapéutico injerto contra leucemia que proporcione una acción antitumoral efectiva en este tipo de TMO, donde la recaída de la enfermedad es la causa más frecuente de fracaso terapéutico.33 En 5 de nuestros pacientes se administró la CSA en dosis de 1 mg/kg/día comenzando el día +1pos-TMO. Cuatro de ellos fueron evaluables y en 3 apareció EICH, la que ocurrió como promedio el día +14 con intensidad grado I-II limitada a piel, como han comunicado otros autores.31 En todos los casos hubo confirmación histológica mediante biopsia de piel de las zonas afectadas.

El régimen de acondicionamiento (RA) que hemos empleado ha sido CFM en dosis de 120 mg/kg divida en 2 dosis, e irradiación corporal total (ICT) 10 Gy, bien en dosis única o fraccionada, y en 1 paciente se hizo irradiación ganglionar total. En un estudio en 36 pacientes realizado en conjunto por el IHI y el Hospital "Hermanos Ameijeiras" se determinó la toxicidad causada por el RA, según un sistema internacional de grados (0-III), atendiendo a la morbilidad por órganos34 y se encontró que todos los enfermos presentaron algún grado de afectación, pero sólo 6 (16,7 %) tuvieron alteraciones graves, y de ellos uno falleció por una enfermedad venooclusiva hepática (EVOH). En general, la intensidad de la toxicidad fue baja e incluso menor que en muchos trabajos internacionales, a pesar de que el RA incluyó ICT en la mayoría de los pacientes (Morgan JD. Toxicidad del régimen de acondicionamiento en el trasplante de médula ósea. Trabajo para optar por el título de Especialista de I Grado en Hematología, 1995).

El TMO no sólo ha desarrollado los aspectos clínicos, sino también el trabajo multidisciplinario de diferentes laboratorios, con la aplicación de nuevas técnicas.

Un aspecto que se ha analizado en los TMO alogénicos efectuados en nuestro país, es el momento de la recuperación hematopoyética. En 19 pacientes se evaluó la media del número de células de MO infundidas, que fue de 3,05 x 108/kg de peso, y el número de unidades formadoras de colonias gránulo-monocíticas (UFC-GM) que fue de 12,79 x 104/kg de peso. La media del tiempo de recuperación de los neutrófilos fue de 18,3 días y la de las plaquetas de 20,8. No se encontró correlación significativa entre el número de células medulares infundidas y el día de la recuperación hematopoyética, ni tampoco correlación con el número de UFC-GM. (Díaz CV. Recuperación hematopoyética en el trasplante de médula ósea alogénica. Trabajo para optar por el título de Especialista de I Grado en Hematología, 1995). Estos resultados coinciden con los que se han comunicado por otros centros de trasplante.

Actualmente estamos evaluan- do la recuperación hematopoyética en los pacientes que reciben factores de crecimiento gránulo-monocítico (FC-GM) en el período postrasplante, con el fin de acortar el período de aplasia y disminuir el riesgo de infecciones.35 Esta respuesta la observamos en 4 pacientes en que empleamos FC-GM, así como mayor celularidad en la MO en comparación con los controles históricos.

También se han valorado diferentes reactantes que pueden utilizarse como indicadores biológicos en el TMO. Entre ellos se estudió el comportamiento de la transcobalamina II (TCII) y se halló un incremento importante y mantenido de ésta en 5 pacientes con TMO alogénico, el cual demoró como promedio 6 días antes de que el recuento de los leucocitos alcanzara las cifras de 1 x 109 y continuó su ascenso hasta cuadriplicar su valor inicial como promedio el día +25, a partir del cual comenzó a disminuir hasta sus valores normales. Estos resultados apoyan la hipótesis de que puede existir una activación del sistema fagocítico mononuclear que se hace evidente por el incremento de la TC II, antes de que las pruebas hematológicas iniciales expresen la aceptación del injerto, lo que le confiere gran valor a esta proteína como indicador precoz de la implantación y regeneración del trasplante.36,37

Otro reactante analizado fue la transferrina y los resultados sugirieron que podía ser útil en el diagnóstico de las complicaciones, pues en un estudio con 14 enfermos se observó disminución de la transferrina con aumento de las enzimas que miden la función hepática, cuando aparecieron manifestaciones de hepatotoxicidad por EICH o EVOH.38,39

Se han hecho estudios de polimorfismo enzimático eritrocitario a 6 donantes y receptores de TMO alogénicos y en 5 casos (83,3 %) se encontraron alelos diferentes; al menos en una enzima y en 1 paciente se encontraron diferencias en 4 marcadores. La detección de los alelos del donante en el receptor en los 5 casos se observó en las primeras semanas posteriores al TMO, por lo que estos estudios pueden ser útiles para establecer el diagnóstico de implantación del trasplante y el seguimiento evolutivo.40

También se han empleado técnicas de biología molecular. En los estudios pretrasplante de los pacientes con LLA no se detectó enfermedad mínima residual por la técnica de Southern. Los enfermos con LMC se han monitoreado con determinaciones periódicas del gen bcr/abl y los resultados concuerdan con los expuestos en la literatura.

Una de las mayores limitaciones para la extensión del TMO alogénico es el hecho de que sólo el 25 % de los pacientes que necesitan un trasplante tienen un hermano HLA idéntico que pueda utilizarse como donante.41 Sin embargo, la gran mayoría pueden tener un familiar que haya heredado algunos cromosomas en común con el paciente.42 Ante la posibilidad de encontrar un donante relacionado parcialmente compatible, se ha ampliado la búsqueda del donante en los familiares de los pacientes que tienen indicación precisa de TMO. Entre 1980 y 1991, en el IHI se realizaron estudios de HLA (loci A, B y C) a 167 pacientes con enfermedades hematológicas, a sus padres y hermanos. En el 49 % se encontró identidad con un hermano en estos 3 loci. En 7 casos que no tenían hermanos idénticos se estudiaron los tíos y primos y en 2 de ellos (29 %) se encontró un primo que compartía con el paciente estos 3 loci.43 Más recientemente se han estado ensayando en el IHI las técnicas de biología molecular para la tipificación de los loci DR y DQ. Este paso es imprescindible para crear un registro de donantes que pueda utilizarse para la adecuada selección de estos para los trasplantes no relacionados.44

Un aspecto que consideramos de interés destacar, es el desarrollo en nuestro centro de una técnica para el estudio serológico de los loci A, B y C con el empleo de células de MO en lugar de sangre periférica (SP). Se conocen las dificultades que se enfrentan para el estudio de compatibilidad en los pacientes politransfundidos o recientemente transfundidos. Con el empleo de células de MO hemos obtenido resultados similares a los de SP, lo que ha permitido la correcta clasificación de los enfermos en estas situaciones.45

En los últimos años se han continuado los estudios experimentales en animales. Una de las invstigaciones más novedosas es la utilización de los granulados e hidroxiapatita porosa (HA) como sitio de proliferación y medio de transporte de la MO. La HA es un material biocompatible que tiene una estructura y composición química similar a la matriz inorgánica del hueso humano y su porosidad superficial permite la proliferación penetrante de los tejidos. Al adicionarla a cultivos a largo plazo de MO, se observó que las células de la MO humana y animal tienen capacidad de adhesión y proliferación en la superficie y los poros de estos granulados, formando capas celulares sobre la HA que le confiere al sistema una conformación osteo-celular semejante al tejido hematopoyético in vivo.46,47

Se ha señalado que un microambiente adecuado tiene gran importancia para la hematopoyesis normal. Sobre esta base se realizaron experimentos con ratas aplasiadas, a las que se adicionó HA sola en un grupo, y revestida con MO en otro, y se comprobó una mejor recuperación histológica de la MO en los animales en que la HA se administró con MO.48

A partir de estos resultados se iniciaron experimentos empleando perros Beagles de una misma camada, aunque sin estudios de histocompatibilidad, los que se irradiaron con 1 200 rads y se dividieron en 3 grupos: uno que sólo recibió medidas de sostén, otro en que se administró MO por vía endovenosa y el tercero, en que la MO cultivada previamente con HA, se administró localmente en el fémur, en agujeros realizados con taladro quirúrgico. Estos estudios se hicieron en un número muy pequeño de animales y los resultados no permiten llegar a conclusiones (De la Torre E, comunicación personal).

A partir de 1988, el IHI fue aceptado como miembro del Registro Internacional de TMO, con sede en EE.UU., al que se informan desde esa fecha todos los trasplantes alogénicos; y desde 1995 nos incorporamos también al Registro Internacional de TMG autólogo. En ese mismo año un miembro de esta institución fue elegido miembro del Comité Asesor del Registro Internacional de TMO.

Los resultados en esos años constituyen una muestra del trabajo efectuado por el IHI en los aspectos clínicos, organizativos e investigativos, en un área de trabajo de gran auge con el mundo científico actual, como es el TMO.

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Recibido: 2 de febrero de 1996. Aprobado: 20 de febrero de 1996.

Dra. Elvira Dorticós Balea. Instituto de Hematología e Inmunología: Apartado 8070, Ciudad de La Habana 8, Cuba.

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