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Internacionalista: el mayor orgullo de este cubano

por el

Dr. Luis Valdés García*

... Y se hizo realidad el sueño

Una mañana de noviembre de 1984 recibí una llamada del doctor Rodolfo Rodríguez, Director Nacional de Epidemiología, el cual me informaba que estaba propuesto para cumplir una misión internacionalista en Nicaragua, para trabajar como asesor de Epidemiología en el Ministerio de Salud de ese país.

La noticia me sorprendió y me alegré mucho, había seguido de cerca el proceso de la Revolución nicaragüense, sentía simpatía por ese pueblo y la canción de Silvio "Canción Urgente para Nicaragua" me transportaba a veces a esa nación.

No tuve muchas precisiones acerca de la fecha de salida; pero era muy pronto y Rodolfo me sugirió que fuera ordenando mis cosas desde el punto de vista personal y laboral.

Esa noche hablé con María, mi esposa, no fue fácil, ella entendía mi compromiso, sabía que la misión internacionalista era algo que siempre había añorado; pero los temores a trabajar lejos, en un lugar no conocido, un país en guerra, eran situaciones que a ella le preocupaban y asustaban.

Tuve que conversar mucho con ella, infundirle confianza, explicarle que miles de cubanos ya habían pasado por esa experiencia y no tuvieron problemas, me hizo prometerle que me cuidaría, que no haría disparates y que me "portaría bien".

Luego hablé con el resto de la familia, con mi mamá, con mis hermanos y con mis hijos, todos me entendieron, todos me apoyaron no sin antes mostrar sus preocupaciones, especialmente por la situación de guerra que sufría ese hermano país.

Luego vino el período de trámites, visitas a Cubatécnica, recibir el módulo que se entregaba, etc.

El pueblo cubano estaba al tanto de lo que allá acontecía; se había trasmitido una serie televisiva sobre el asesinato del maestro Aguido Morales que causó un fuerte impacto en nuestro país.

En enero de 1985 ya era inminente la salida y fui liberado en los últimos días de ese mes, por aquella fecha ocurrió un lamentable accidente aéreo de una aeronave de Cubana de Aviación en el cual perdieron la vida varios compañeros, entre ellos el hijo de un gran compañero y amigo, el doctor. Rafael Figueredo.

Como era habitual, a todo compañero que iba a salir a cumplir una misión internacionalista el colectivo de trabajo le organizaba una pequeña actividad de despedida, la mía fue muy sencilla, muy bonita y emotiva, me desearon éxitos y suerte y que volviera pronto. También los compañeros del Consejo de Dirección me ofrecieron un acto de despedida.

El 15 de febrero de 1985 viajé a La Habana con mi esposa; pues ya conocía que el día 21 partía hacia Nicaragua, nos hospedamos en el Hotel Inglaterra y pasamos allí aquella semana.

El día 20 en la noche cenamos con mi hermano Heriberto (Toti), de forma espléndida, fue tanta la llenura que después tuvimos que caminar un rato para no sentirnos incómodos.

Esa noche fue difícil conciliar el sueño: María estaba tensa y yo ansioso, al fin llegó la hora, a las 5:30 a.m. me recogió un microbús cuyo chofer era un gran amigo, Malagón, pasamos por Ciudad Libertad donde se encontraba mi hermano, allí vivía ya que estaba estudiando inglés para salir a cumplir una misión a Etiopía como maestro.

La espera en el aeropuerto...; realmente no conocía a nadie del grupo que viajaba conmigo, María hacía un esfuerzo, yo por mi parte trataba de controlarla, hasta que hicieron el llamado por los altavoces.

El abrazo, los besos, el estrechón de manos, el abrazo a mi hermano... y la partida.

Ya desde el avión vi a través de la ventanilla a María llorando abrazada de mi hermano, fue una imagen triste que no he logrado borrar de mi mente.

El viaje a Managua era directo, sin escalas, su duración era aproximadamente de 3 horas, en este tiempo pensé mucho, tuve miles de interrogantes; pero me animaba el espíritu de trabajar mucho, de hacer mi mayor esfuerzo y poner en alto el nombre de Cuba, de la Medicina Cubana y de la Epidemiología, era un compromiso muy alto y había que cumplirlo.

Ya conocía por referencia que me estaría esperando en el aeropuerto el doctor Jorge Delgado; pero ni señas de él me dieron. Cuando el avión comenzó su descenso miré a través de la ventanilla y mi primera visión de la tierra de Sandino fue una gran masa de agua, era el Lago Managua; pero no me ubicaba y me preguntaba ?caramba, según mis conocimientos de geografía, Managua no está en costas; pero tanta agua de dónde sale? Ya luego me dí cuenta que sobrevolaba el lago; luego el aterrizaje y... ya estaba en Nicaragua.

Arribé a esta tierra en una fecha histórica, el 21 de febrero, aniversario del asesinato de Augusto César Sandino.

Al asomarme a la puerta del avión me golpeó un calor seco, típico de Managua, cuando iba descendiendo, al pie de la escalerilla estaba un hombre blanco, de bigotes, bajito, de biotipo atlético, sonriente; casi al mismo tiempo nos preguntamos: "¿Tú eres Valdés?" "¿Tú eres Jorge Delgado?", una mutua sonrisa, un estrechón de manos y así quedó sellada una de mis grandes amistades; acababa de conocer a uno de los grandes compañeros que he tenido en mi vida profesional y personal.

Jorge, espirituano, epidemiólogo, cumplía su misión en Nicaragua hacía casi 2 años, era el jefe del Laboratorio de Control en la Fuente, centro que se dedicaba al control de los viajeros cubanos y nicaragüenses que venían a Cuba y el objetivo principal de esa unidad era evitar el arribo de casos de paludismo y lehismaniasis a Cuba.

Después de recoger mi equipaje abordamos el jeep Lan Rover asignado a Jorge y salimos del aeropuerto, tomamos la carretera Norte y transitamos varios kilómetros, yo miraba; veía algunas casas, vallas, algunos talleres, pero buscaba agrupaciones de casas; pero nada, Jorge me hablaba, me enseñaba, pasamos cerca de la catedral de Managua, en ruinas, era lo que quedaba de ella después del terremoto de 1972. Un dato curioso era que sus relojes se habían detenido a la hora del sismo (según me comentaron).

Las ruinas de algunos edificios y amplios espacios de terrenos baldíos, allí había estado la ciudad de Managua.

Pasamos frente al Hotel Intercontinental, único edificio de 5 plantas que había soportado el sismo. Jorge tuvo un gesto gentil, llegamos a un sitio muy típico, "Los Antojitos", especie de una coctelería, allí tomamos una naranjada y vi una gran foto-mural de lo que era Managua antes del terremoto, una ciudad; pero entre el terremoto, la guerra contra Somoza y el descuido, no había Managua.

De allí nos fuimos a la misión médica, donde conocí al jefe de la misma, el doctor Pedro Damían Del Toro, también al segundo jefe, al doctor Aniceto Cabezas y al jefe de la brigada de Managua, el decano doctor Moisés Baly Baly, una institución de la Salud Pública. Luego de las presentaciones y la bienvenida me fui en compañía de Jorge para mi hogar transitorio: Villa Nejapa, un motel que se encontraba por la carretera sur, en las afueras de Managua. Al llegar Jorge me hizo la siguiente pregunta: "¿Bueno, qué te parece Managua?" Mi respuesta, "Managua no compay, manigua".

Después vino la etapa de adaptación y de conocimientos: nuevos ambientes, nuevas personas y el encuentro con los santiagueros que ya se encontraban prestando colaboración en el país, entre ellos dos trabajadores del Centro Provincial de Higiene de Santiago, ellos eran el ingeniero Jorge Ruiz y el técnico Luis Salas.

En los días sucesivos, mi visita al Ministerio de Salud, el cual estaba ubicado en el Complejo "Concepción Palacios", la presentación del Director General de Higiene y Epidemiología, Doctor Milton Valdés Jiménez y el colectivo de epidemiólogos nicaragüenses con los cuales trabajaría dos años: doctor Leonel Argüello, director de Epidemiología, un compañero muy joven, inteligente, trabajador, formado en Cuba, con el cual mantuve excelentes relaciones de trabajo y de amistad, que aún perduran.

Otros epidemiólogos eran los doctores Pedro Leyva, Felipe David García y Alcides González, a este último lo había conocido en Cuba en 1981 durante una visita que realizó para una evaluación del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) que se realizó en esa ocasión.

A mi llegada, Jorge me había comentado que una persona estaba esperando por mí, una amiga que no esperaba hallar en Nicaragua, Yolanda Arango, una enfermera colombiana que había estudiado la maestría en Salud Pública en el IDS en Cuba en 1977 y con la cual había establecido una profunda y linda amistad.

Jorge también me presentó a Juan Guillermo Orozco, un ingeniero sanitario, de nacionalidad colombiana y que trabajaba en la OPS en Nicaragua, con el cual establecí también una profunda amistad.

El domingo 24 de febrero, Jorge me invitó a conocer el volcán Masaya y también nos acompañó Yolanda, el paseo fue impresionante, este volcán es famoso; pues a pesar de estar en actividad permite asomarse a su cráter, el cual tiene un diámetro de más de 400 metros es algo fabuloso.

Alrededor de las 12:00 m. decidimos regresar a Managua y a Jorge se le ocurrió entrar a casa de Orozco, que nos quedaba en camino; para sorpresa nuestra cuando llegamos a su casa, él en unión de su esposa Lia y su pequeña hija María Guadalupe, la cual cumplía ese día 2 años salían a almorzar y entonces nos invitó.

Fuimos a un restaurante lujoso y Jorge en un momento me dijo: "Compadre, tú eres un tipo de suerte, yo llevo 2 años en Nicaragua y primera vez que visito este restaurante y tú a los 3 días de estar acá ya estás almorzando aquí".

Ese día comí por primera vez churrasco.

¿Epidemia de Leptospirosis?

En 1977, mientras estudiaba en el IDS en La Habana conocí a María Isabel Turcios, una nica buena gente, sandinista hasta los tuétanos, hermana de uno de los mártires de la Revolución: Oscar Turcios.

Apenas 5 ó 6 días después de mi llegada, Isabel ofrecía una reunión familiar y me invitó, creo que era el cumpleaños del esposo, Julio, que era oficial del Ejército Popular Sandinista (EPS).

Allí estaba también Yolanda Arango y fue una velada muy bonita, en un momento dado Isabel se acercó a mí y me hizo la siguiente pregunta:

"Lucho ¿ustedes producen o tienen vacuna antileptospirósica?" Mi respuesta fue: "no la producimos, pero tenemos".

Me dijo entonces: "¿Vos crees que puedan conseguir algunas dosis?"

Entonces fui yo el que preguntó "¿qué pasa, cuál es el problema?"

En una forma muy discreta me dijo que había sospecha de un foco de leptospirosis en una importante unidad de Managua, que habían fallecido dos reclutas y que querían conseguir vacunas para proteger a los nueve Comandantes de la Revolución.

Ya en un plano más profesional me pidió que si podía ofrecer alguna ayuda y le dije que estaba en mi mayor disposición; quedamos entonces en que el epidemiólogo del EPS fuera a verme para intercambiar sobre el problema.

La cena fue el miércoles y el viernes 1ro. de marzo por la tarde, el doctor Larry Valladares, epidemiólogo del Ejército Popular Sandinista (EPS) fue a Nejapa a verme.

Nos presentamos y me refirió que hacía unas tres semanas se venían presentando algunos casos entre soldados del EPS en una unidad estratégica de Managua y que ya registraban dos fallecidos.

El cuadro se caracterizaba por fiebre, cefalea, mialgias, postración, toma del estado general y rash. En algunos casos el hemograma tenía discreta leucocitosis, pero sin desviación a la izquierda.

Le pregunté entonces si estaban realizando algunos exámenes microbiológicos para el diagnóstico de leptospiras y me respondió que la técnica de campo oscuro en muestras de sangre, comentándole entonces que la misma era poco sensible y con bajo valor predictivo y que poca gente ya la usaba.

Después de charlar un rato, de darme detalles de los fallecidos, la evolución de los casos, el tratamiento y las medidas de control que se venían aplicando quedamos en que yo realizara al día siguiente una visita al Hospital Militar, donde se estaban ingresando los casos.

Cuando él se fue averigüé si en la brigada había algún microbiólogo y me refirió Jorge que en Villa Fontana, en la casa de los asesores, vivía un muchacho de Matanzas llamado Raúl González, que estaba como asesor de Microbiología.

Enseguida me comuniqué con él y me presenté, le pregunté si tenía alguna experiencia en diagnóstico de leptospira y me respondió que poca; sin embargo, coincidió conmigo en que mediante la técnica de campo oscuro la precisión era baja y los resultados falsos-positivos, frecuentes.

El sábado en la mañana recogí a Raúl, el microbiólogo, y nos fuimos para el Hospital Militar, allí nos presentamos en la entrada y a los pocos minutos apareció Larry Valladares, nos trasladamos a la dirección del hospital donde me presentaron al doctor Luis Ignacio Gutiérrez que fungía como director y que era toda una personalidad de la Medicina en el país.

Intercambiamos algunas impresiones y luego nos dejó solos, pregunté por el diagnóstico por campo oscuro y me respondió el doctor Valladares que lo realizaba un tecnólogo llamado "Tino"; a quien localizaron, el mismo nos invitó al laboratorio y allá Raúl y yo, Tino era un típico nica, moreno, simpático y quiso mostrarme una microscopia que estaba haciendo; aclaré que yo no era microbiólogo sino epidemiólogo, de todas formas insistió y lo complací; pero en realidad no tenía experiencia.

Luego fuimos a las salas a evaluar algunos casos de los que se hallaban ingresados.

Durante mis estudios de la carrera de Medicina en los años 69 y 70 había cursado el cuarto y el quinto años en Holguín, zona de alta endemia de leptospirosis y allí tuve excelentes profesores de Medicina Interna, entre ellos se destacaban el doctor Raúl Padrón, el profesor Guido Horta y el doctor Pérez Carril, en realidad vi muchos casos de leptospirosis y había aprendido la semiología de la enfermedad.

1ro. La fiebre, la precisión con que el enfermo refería el inicio del proceso mórbido.

2do. La marcada adinamia y toma del estado general, recuerdo que el profesor Padrón decía que los pacientes "estaban derrumbados".

3ro. Las fuertes mialgias, especialmente en los gemelos.

4to. El rash que aparecía y el íctero que solía acompañar al cuadro clínico (íctero azafranado).

En los pacientes evaluados aquella mañana esas manifestaciones no estaban presentes y quedé convencido de que aquello no era leptospirosis.

Regresamos a la dirección a discutir y estando allí llegó Tino nuevamente a dar unos resultados positivos y ahí se me ocurrió una idea.

Le dije, Tino tómame una muestra de sangre y procésala, él sonrió y presto me la tomó.

Larry continuaba sugiriendo el conseguir las vacunas; pero ya yo perfilaba otra idea, buscar ayuda de un laboratorio confiable que descartara la hipótesis de la leptospirosis y ese laboratorio estaba en La Habana.

Alrededor del mediodía volvió Tino y me entregó el resultado de mi prueba: "Positivo".

Ahí me dije Bingo y solté mi propuesta:

"Mira Larry, este método de diagnóstico no es confiable y mi propuesta es solicitar ayuda a Cuba con personal y medios especializados en el diagnóstico de leptospirosis". El me respondió que consultaría con la jefatura y al poco rato recibimos la respuesta, la cual fue positiva.

De allí mismo llamé a La Habana a la casa del doctor Rodolfo Rodríguez, me atendió la esposa ya que él no se encontraba y no regresaba hasta la noche; me atreví entonces a pedirle el teléfono de la casa del doctor Terry, Viceministro de Higiene y Epidemiología y me comuniqué con él.

La conversación fue breve y concisa, se habló lo preciso, sin detalles y le expresé mi criterio, que pensaba que no era ese diagnóstico. Su respuesta fue: "Está bien, yo me comunico con ustedes".

El miércoles siguiente, o sea, 72 horas después llegaron a Nicaragua los doctores Raúl Cruz de la Paz (Responsable Nacional de Zoonosis), Carlos López (Jefe del laboratorio de leptospiras del INHEM) y el profesor Pedro Más Lago, una de las figuras más brillantes de la microbiología en Cuba.

Se trabajó duro, se procesaron muestras, se evaluaron casos, había mucha presión, pero el resultado fue el esperado, aquello no era leptospirosis.

Unos días después regresaron a Cuba mis compañeros con la misión cumplida.

Se ponía de manifiesto una vez más nuestra solidaridad con un pueblo hermano y algo que enorgullecía a la misión médica cubana, la rápida y eficaz respuesta del Ministerio de Salud Pública de Cuba ante una solicitud de la República de Nicaragua para enfrentar un problema de salud.

Mi gran experiencia: la epidemia de dengue

El miércoles 20 de marzo de 1985, el doctor Leonel Argüello, director de Epidemiología me plantea que le habían informado que unos médicos cubanos que laboraban en el dispensario de San Rafael del Sur, una localidad cercana a Managua, estaban atendiendo varios casos y que tenían alta sospecha que el cuadro que presentaban esos pacientes era "dengue".

Le pregunté si habían notificado de algún otro sitio algo similar y su respuesta fue negativa. Entonces le sugerí visitar la localidad, entrevistarnos con los médicos y le pedí que tomaran medidas para yo poder evaluar algunos de los casos desde el punto de vista clínico.

Al día siguiente nos trasladamos a San Rafael del Sur, un pueblito de unos 15 000 habitantes. Llegamos alrededor de las 10:00 a.m. y fuimos directamente al dispensario, allí en la dirección me presentaron al director y rápidamente entramos en materia y pregunté por los médicos cubanos que habían planteado el posible diagnóstico de dengue y a los pocos minutos aparecieron los dos muchachos, digo muchachos porque eran dos compañeros muy jóvenes, que estaban realizando su primer año de posgraduado, ambos habían realizado su internado en Nicaragua y procedían de La Habana, sus nombres: doctores Roberto Somonte y Gustavo Gómez.

Se presentaron muy respetuosamente y me hablaron con mucha franqueza.

Me dijeron que habían trabajado en la epidemia de dengue durante 1981 en Cuba y habían visto muchos casos de la enfermedad y que realmente la clínica que estaban presentando los casos a los cuales ellos hacían referencia tenían mucha similitud a los que habían atendido 4 años atrás.

Pregunté si habían citado algunos de los casos y la respuesta fue afirmativa. No recuerdo cuántos casos evalué; pero el primero fue una señora, de unos 35 ó 40 años; la interrogué y me refirió que su cuadro había comenzado de forma súbita, caracterizado por fiebre alta, cefalea intensa, fuertes dolores osteomioarticulares, mucha astenia y dolor retrocular. La duración de esta sintomatología era entre 5 y 7 días.

En el resto de los casos que evalué, el cuadro era similar, añadiendo que en algunos aparecía rash cutáneo. Entonces fui al departamento de estadística y allí solicité a la técnica que si podía ofrecerme las atenciones médicas de urgencia brindadas en el dispensario desde el mes de septiembre de 1984; cuando me dieron los datos se observaba que a partir del mes de noviembre el número de atenciones médicas se incrementaba.

La enfermera de vigilancia epidemiológica se llamaba Gabriela Aragón, era muy lista y me ofreció informaciones valiosas, entre ellas que la población identificaba aquel cuadro con el nombre de "Quebradora".

Junto a Leonel Argüello, la enfermera Gabriela, los médicos cubanos y el director del dispensario, pedí visitar la comunidad y así lo hicimos. En muchas viviendas encontré personas enfermas, echadas en las hamacas con las fuertes mialgias y artralgias y la fiebre alta y mantenida.

Clínicamente aquello parecía Dengue, y epidemiológicamente estaba frente a un brote epidémico. Me faltaba algo: La vía de transmisión.

Pedí entonces algunos tubos de ensayo y en las viviendas visitadas recolecté larvas de mosquitos en los tanques que almacenaban agua. También le comenté a Leonel que hacía falta tomar muestras de sangre de personas enfermas y convalecientes para enviar a La Habana al Instituto de Medicina Tropical "Pedro Kourí", pues en mi opinión aquello era una epidemia de dengue.

Regresamos a Managua, llevaron las muestras de larvas al laboratorio de entomología y el diagnóstico fue que aquellas eran de la especie Aedes aegypti.

El jueves 21 se envían muestras de sueros al IPK para descartar dengue.

El miércoles 27 de marzo arribó a Managua el doctor Héctor Terry, Viceministro de Higiene y Epidemiología de Cuba, efectuaba una visita de trabajo para actualizar el convenio de colaboración entre ambos países.

El doctor Pedro Del Toro, jefe de la misión me dio la tarea de representar la Misión Médica Cubana en la atención al visitante y así lo hice.

Me puse muy contento cuando vi al doctor Terry, pues me unían a él lazos de afecto y amistad, también me había traído cartas de mi casa y algunas cosas que mi esposa me enviaba.

La visita duró cuatro días, fueron jornadas de intenso trabajo, de visitas a unidades, a departamentos, a laboratorios, etcétera. También se efectuaban reuniones con el jefe de la misión, generalmente en horas de la noche.

En algunas de las actividades de la delegación estuvo Jorge Delgado, por ejemplo un almuerzo ofrecido en el restaurante "La Marsellesa", allí nos sugirieron comer Langosta a la Thernidor, algo exquisito, allí Jorge volvió a comentar mi suerte, compadre ahora que me voy de Nicaragua es cuando aparecen estas oportunidades, nunca había estado en este lugar; también en una cena en el Sacuanhoche, otro almuerzo en los Gauchos, etcétera, siempre Jorge estaba bromeando con estas cosas.

El domingo 31 de marzo Terry regresaba a Cuba y fuimos a despedirlo al aeropuerto, estando allí en el pequeño salón de protocolo le informé de las sospechas de un brote de dengue en San Rafael del Sur; como era característico en él me preguntó "¿Cómo es eso? ¿ya Milton conoce de eso?"

Con el tiempo que disponíamos le informé qué se había hecho y las medidas que se habían orientado, me surgirío que lo pusiera todo "en blanco y negro".

El martes 2 de abril tenía clases con los estudiantes de medicina, a los cuales les impartía la asignatura de Epidemiología. Las clases se ofrecían en un aula del hospital Manolo Morales, situado en la Pista de la Resistencia.

Ese día, como era habitual, comencé mi conferencia a las 2:00 p.m., recuerdo que la misma era sobre Método Epidemiológico. En el transcurso de la clase, de momento veo parados en la puerta al doctor Del Toro (Jefe de la Misión) acompañado de Jorge Delgado. Enseguida pensé que algo grave ocurría y me vino a la cabeza que había sucedido algún problema en mi familia, mi vieja, los muchachos, María, en fin algo serio sucedía.

Pedí permiso a mis alumnos para una interrupción y fui al encuentro de los compañeros. Fue Del Toro quien me dijo: "Llamó el terrible (Terry) y me informó que lo que enviamos al IPK es positivo".

A continuación me dijo que cuando terminara la clase fuera para la misión.

Así fue, entonces me pidió que elaborara las indicaciones que debían emitirse para el control de la epidemia y fue cuando le dije la idea de realizar una encuesta serológica nacional para conocer la magnitud del fenómeno epidemiológico, la cual me aprobó.

Se elaboraron algunos documentos, entre ellos una carta dirigida al doctor Terry y con firma del doctor Milton Valdés, la cual decía:

Ministerio de Salud

Dirección de Epidemiología Nacional

Managua, 29 de marzo de 1985

Dr. Héctor Terry Molinert

Viceministro de Higiene y Epidemiología

República de Cuba.

Estimado amigo:

Con la situación epidemiológica existente en estos momentos en la República de Nicaragua, la cual se resume en la aparición de un brote de dengue en la localidad de San Rafael del Sur, a unos 40 kilometros de Managua tenemos algunas interrogantes aún no aclaradas que puedan dar una explicación a este fenómeno y lo más importante tener una dimensión lo más precisa posible del problema.

Estamos activando la Vigilancia Epidemiológica en el país buscando excesos de morbilidad en la población y con visitas a los hospitales y centros de salud buscando información sobre cuadros clínicos compatibles con la entidad, como una de las medidas que nos permita aproximarnos a conocer la extensión del proceso epidémico.

Es bueno que conozcas que durante el segundo semestre de 1984 en Managua, la población padeció un cuadro de fiebre, cefalea, mialgias, artralgias, etcétera, que nombraron "La Quebradora" y que retrospectivamente nos estamos preguntando si este fenómeno no sería también dengue.

En Managua se concentra más del 20 % de la población del país y resultaría de importancia conocer el grado de exposición que esta población tuvo al virus dengue, lo cual nos daría una idea de lo que aparentemente en este momento se aprecia como el inicio de un fenómeno, no es más que un momento de algo que ya comenzó en un período anterior.

En resumen, que quisiéramos realizar una encuesta serológica mediante técnica de inmunofluorescencia en papel de filtro para detectar anticuerpos contra el virus dengue en una muestra de la población de Managua, por lo que te solicitamos la ayuda del laboratorio de dengue del IPK para la ejecución de este trabajo de inestimable valor epidemiológico para la situación actual y futura respecto a la evolución del dengue en Nicaragua.

Esperando tu acostumbrada ayuda, se despide de ti con un fraterno abrazo,

Dr. Milton Valdés Jiménez

Director General de Higiene y Epidemiología

Apenas 2 semanas después Leonel y yo estábamos viajando a La Habana para sostener, primero una reunión con el doctor Terry y luego con el Profesor Gustavo Kourí y la doctora Guadalupe Guzmán para llevar a cabo una Encuesta Serológica para determinación de anticuerpos contra virus dengue.

Una vez más Jorge Delgado hablaba de "mi suerte"; pues a poco menos de 2 meses de haber llegado a Nicaragua viajaba a La Habana por razones de trabajo.

En esa visita conocí al doctor Kourí; pues lo había visto durante mis rotaciones por el IPK cuando cursaba residencia de Epidemiología, pero nunca había tenido la posibilidad de intercambiar con él.

Nuestra reunión fue breve, me preguntó el objetivo de la encuesta y le dí las razones, las cuales comprendió; entonces me remitió a ver a la doctora Guzmán.

Se precisó que el doctor José Bravo viajaría a Nicaragua, para juntos hacer el diseño muestral de la encuesta, lo cual fue cumplimentado en el mes de mayo, quedó todo arreglado para iniciar la ejecución de la encuesta en Junio de ese año.

También durante nuestra estancia en La Habana conocí a la compañera de Leonel, la que posteriormente sería su esposa, a Graciela Marshal de Varona, una linda camagüeyana con la cual mi esposa y yo establecimos una linda amistad.

En esa oportunidad conocí un grupo de nicaragüenses que se encontraban cursando la residencia de Higiene y Epidemiología en Cuba, entre ellos Pablo Cuadras, Manolo Morales y Gloria Elena Navas, con los cuales después compartiría experiencias de trabajo en Nicaragua.

La epidemia no fue evaluada en su real magnitud por las autoridades sanitarias y las acciones no tenían la intensidad que reclamaba la situación epidemiológica, eso ocurre con mucha frecuencia en el manejo de epidemias, por lo tanto el fenómeno seguía su curso casi espontáneo, también así ocurrió en Cuba durante la primera epidemia de dengue en 1977.

En mayo arribó Bravo a Nicaragua, ya nos conocíamos del IDS, donde desarrolló sus estudios como residente de Bioestadística.

El diseño de la encuesta fue mediante un muestreo por conglomerado polietápico, utilizando las estimaciones de la población nicaragüense el 30 de junio de 1985 y se agruparon las principales ciudades del país en cuatro estratos.

En total, en aquellos territorios existían 24 áreas de salud y se eligieron mediante muestreo aleatorio 12 de ellas; de cada área se seleccionó una de cada 30 manzanas y dentro de cada manzana seleccionada una vivienda cada 16.

En total había que visitar 295 viviendas y tomar 1 164 muestras de sangre en papel de filtro para procesar mediante la técnica de Inhibición de la Hemaglutinación.

El trabajo fue arduo; pues este era el diseño, pero tuve que ir en varias ocasiones a la dirección de censos para seleccionar las manzanas y establecer de esta forma las familias que participarían en el estudio.

El 15 de junio se inició la toma de muestra y para mediados de julio ya estaba concluida la tarea. Después de salir de la encuesta serológica a la cual presté toda la atención, me reinserté en la dinámica de la epidemia y me dí cuenta que no se estaba trabajando bien.

Fig. 4. Médicos internacionalistas cubanos en consulta de pediatría de un hospital rural de Centroamérica.
Fig. 4. Médicos internacionalistas cubanos en consulta de pediatría de un hospital rural de Centroamérica.

Una noche cuando llegué a la casa de Villa Fontana, que era el sitio donde vivíamos los asesores que trabajábamos en el MINSA, el compañero Luis Salas, ingeniero químico que trabajaba como asesor de los laboratorios de bromatología, se acercó a mí para plantearme su preocupación sobre el manejo de la epidemia y algunos comentarios que a él habían llegado, incluso de casos graves de dengue.

Esta conversación me hizo reflexionar mucho, pues provenía de un compañero que no era epidemiólogo; pero manejó un estado de opinión que para mí era una alerta.

Al día siguiente precisé con Argüello algunas cosas sobre el flujo y calidad de la información, el reporte de casos, los controles de foco, etcétera. y me percaté de que estábamos "embarcados".

Por la tarde, comenté con el doctor Del Toro esta situación y mi preocupación, proponiéndole pasar una carta al Director General de Higiene y Epidemiología sobre la situación, la misma fue aprobada por el Jefe de la Misión y decía textualmente:

Ministerio de Salud
República de Nicaragua
Managua, 16 de julio de 1985
Dr. Milton Valdés Jiménez
Director General de Higiene y Epidemiología
República de Nicaragua

Estimado compañero:

A finales del mes de marzo se estableció el diagnóstico de un brote epidémico de dengue a serotipo 1 en la localidad de San Rafael del Sur, así como la notificación de casos en algunas áreas de salud de Managua, en esa ocasión se estableció un plan de medidas que incluían las acciones de control de foco, incremento de la vigilancia epidemiológica, la toma de muestra sanguínea para el estudio virológico y la revitalización del Programa de Control de Aedes aegypti.

En esa ocasión visitaron Nicaragua los doctores Juan Tacoronte y Vicente García, los cuales precisaron el plan de lucha para enfrentar la situación epidémica planteada e hicieron insistencia en la necesidad de la lucha antivectorial como elemento primordial en el control de esta problemática.

Conocemos de la discreción con la que se deben manejar estos aspectos, sin embargo la discreción no puede llevar a la desinformación y en nuestra opinión, en estos momentos, las autoridades sanitarias del país no cuentan con una información veraz y certera del comportamiento que está exhibiendo este fenómeno.

La vigilancia epidemiológica es mediatizada, existen rumores que el cuadro conocido por la población como "la Quebradora" está ocasionando trastornos morbosos en distintas regiones del país y sin embargo por la vigilancia epidemiológica la información que llega es muy pobre, lo que no permite hacer una evaluación exacta de la situación ni ofrecer orientaciones precisas a la población.

No se tiene un estricto control de los controles de foco que se deben realizar ante casos sospechosos, no hay una información clara a la Dirección de Epidemiología de las acciones de lucha antivectorial que se están ejecutando, en resumen considero que hemos dejado evolucionar un tanto de forma espontánea este fenómeno.

Preocupado por esta situación y consultado con la Dirección de la Misión Médica Cubana en Nicaragua me he permitido hacerle estas observaciones para que sean valoradas por Ud. y para la toma de decisiones en el momento actual, pero lo que es más importante, que las mismas pueden ser decisivas o determinantes ante una situación epidémica posterior o en los años subsiguientes, que pueda provocar afectaciones incalculables.

Respetuosamente,
Dr. Luis Valdés García
Asesor Epidemiología MINSA

Al día siguiente le llevé la carta redactada al doctor Del Toro y añadió algunos párrafos; pero en esencia se plasmaba en ese documento la posición de la Misión Médica Cubana y el pobre cumplimiento de las medidas recomendadas por los Doctores Tacoronte y Vicente García dejadas en su visita de abril de ese año. Ya para esa fecha la Comandante Dora María Tellez había sido nombrada Ministro de Salud de Nicaragua y las cosas habían cambiado de tono.

También el doctor Rafael Figueredo había llegado a Managua para asesorar en la lucha antivectorial, otra muestra de nuestra ayuda internacionalista, digo esto porque otros asesores que estuvieron también en Nicaragua eran traídos por la OPS y devengaban honorarios altos; pero nosotros, incluyendo a Figueredo, toda una autoridad en el control del Aedes aegypti, estábamos allí por solidaridad, con mucha modestia y mucha moral.

Los rumores de la existencia de casos graves e incluso de fallecidos por dengue continuaban. Una noche recibí una llamada en la casa de Villa Fontana, era Milton Valdés, hablaba desde el despacho de la Comandante Dora María y lo hacía porque ese día había fallecido un hombre de 27 años con un cuadro que para los clínicos que lo habían atendido era un dengue hemorrágico.

Le pregunté la hora de ocurrencia de la defunción y me respondieron que había sido en horas de la tarde, pregunté si conservaban el cadáver en el hospital; pero ya se lo habían entregado a los familiares.

Entonces le dije a Milton que era necesario realizar la necropsia de aquel paciente para ver si tenía derrames pleurales, o ascitis, así como hemorragias mucosas. Se logró realizar la necropsia y los hallazgos anatomopatológicos fueron compatibles con dengue.

Como cosa curiosa esta era la segunda vez que tenía que sacar un muerto de su velorio para conocer su causa de muerte. El primero fue durante mi posgraduado en Manzanillo.

... aquel 4 de abril de 1972 fue histórico, a las 3:00 a.m. llegó el doctor Pedro Rodríguez (el búlgaro) a avisarme que habían recibido una llamada telefónica del Caney de las Mercedes porque había reportado un brote de diarreas en la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos.

Le dije que localizara al doctor Arquímides Hechavarría que era el jefe del laboratorio de Microbiología, buscara a Chang (un técnico de Higiene, especialista en agua) y luego me recogieran.

Antes de las 4:30 a.m. ya estábamos en camino a Las Mercedes y cuando llegamos nos encontramos un caos: el hospital de Ciudad Escolar lleno, gente con sueros hasta en los pasillos, algo realmente preocupante. Se mandó a buscar a la jefa de enfermeras, se apoyó el trabajo médico y a las 9:00 a.m. la situación era otra.

El diagnóstico fue rápido: Se dejó de clorar en el microacueducto de la Ciudad Escolar. El agua era de una fuente superficial, sin adecuada calidad sanitaria y esa fue la causa de que más de 900 alumnos y trabajadores corrieran a los baños aquella noche.

Después del mediodía íbamos a regresar a Manzanillo pero surgió un desperfecto en el jeep y nos demoramos, por esa razón llegamos a Manzanillo alrededor de las 4:00 p.m.

Cuando entré a mi oficina, la estadística María Dolores Blanco (Loló) desde su oficina, que estaba frente a la mía me dijo: Doctor Valdés, tengo incidencias que darle; un fallecido por fiebre tifoidea y una llamada del doctor Juan R. González Cansino (un excelente clínico que trabajaba en el Hospital Regional), porque tenía un caso con sospecha clínica de rabia.

Inmediatamente me encaminé al Hospital y fui al Departamento de Estadísticas, allí constaté que efectivamente había ocurrido una defunción de un paciente de 17 años, portador de una cardiopatía y que en el transcurso de una fiebre tifoidea se había descompensado y había fallecido.

Luego me dirigí al servicio de Medicina; pero allí me dijeron que no sabían del caso de rabia, ya Cansino se había ido a su casa y allá fui a buscarlo. Me confirmó que sí, que el paciente clínicamente padecía una rabia y que además había fallecido.

Cuando llegué al hospital ya los familiares habían retirado el cadáver.

Entonces fui para la Dirección Regional y hablé con el doctor Fernando Verdecia (el Director Regional de Salud) y le dije: "A ese hombre hay que hacerle la autopsia".

A las 7:00 p.m. salíamos para Media Luna el doctor Verdecia, el doctor Mario Hernández (vicedirector de Asistencia Médica), Loló, Pedro, el búlgaro y yo.

Llegamos y fuimos a las oficinas del Partido. Vimos allí al primer secretario, el compañero Aceval y le planteamos las razones de nuestra presencia y la sospecha que existía. Recibimos todo el apoyo del compañero y allá fuimos a la casa del difunto, hablamos con el hermano mayor y éste aceptó.

Hubo que trasladar el cadáver hasta Manzanillo; pues era donde teníamos Morgue, allí la doctora Concepción Ochoa, patóloga, realizó la necropsia.

A las 12 de la noche en una ambulancia Alfa Romeo, debidamente conservado fue enviado el encéfalo del fallecido, el cual confirmó mediante pruebas pertinentes que el paciente había fallecido de rabia.

¡Qué 4 de abril!

Con la evidencia de un fallecido por dengue el tono de la epidemia cambiaba totalmente, ya entonces los "rumores" se vieron con otra connotación.

Una mañana hablé con Leonel y le dije que teníamos que revisar qué estaba pasando con la mortalidad, pues era muy probable que estuvieran ocurriendo fallecidos por dengue y que no hubiéramos sido capaces de detectar el fenómeno.

Le sugerí visitar los hospitales de la ciudad de Managua y le propuse utilizar los alumnos de la maestría del Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud (CIES).

Él se encargó de hacer las coordinaciones con el Viceministerio de Docencia, con la dirección del CIES y de los hospitales y se acometió la evaluación rápida del problema.

El 12 de septiembre se ejecutó el trabajo y el sábado 14 discutí el informe con el Jefe de la Misión Médica, no tenía duda de que existía la presencia de dengue hemorrágico.

El domingo hubo una reunión en la casa de Monte Tabor, en las afueras de Managua, donde participaron los doctores Del Toro, Figueredo, Víctor (encargado de la comisión médica que evaluaba los casos que se remitían a Cuba para atención médica especializada) y yo; por la parte nicaragüense estaba la Ministro, Comandante Dora María Tellez y los doctores Milton Valdés y Leonel Argüello.

Se discutió la estrategia de lucha antivectorial y se decidió iniciar la fumigación aérea, hasta ese momento el trabajo de controles de foco había sido pobre y se discutió la necesidad de reforzar este aspecto.

Llegó el punto de la discusión, sobre la existencia de dengue hemorrágico y le dí lectura al informe que había redactado, el cual expresaba el resultado de la evaluación hecha en cinco hospitales de la ciudad de Managua en el período comprendido desde el 1 de junio de 1985 hasta el 12 de septiembre de 1985, donde se evidenciaba la presencia de casos graves y fallecidos con alta sospecha clínica de dengue hemorrágico.

Una vez presentado el informe, Figueredo cuestionó la existencia de dengue hemorrágico, al igual que Milton Valdés; pero Leonel y yo nos mantuvimos firmes. La Ministro fue tajante: "¿Qué hace falta hacer para enfrentar esto?"

Fue entonces que sugerí pedir a Cuba la visita de los doctores Erick Martínez y Francisco Zamora, profesores que habían tenido una destacadísima participación en la lucha contra la epidemia de 1981 en Cuba.

El siguiente jueves arribaron a Managua los profesores, junto con un patólogo del hospital "Hermanos Ameijeiras".

Luego de las presentaciones iniciales y de discusiones de algunos casos, se manejó con fuerza que los pacientes atendidos eran casos de dengue con manifestaciones hemorrágicas, pero no formas graves, o sea, fiebre hemorrágica del dengue o síndrome de shock por dengue.

Una de las razones más fuertes que se manejaba era la ausencia de casos en niños; pues todos los reportados eran en adultos.

Fueron pasando los días y el planteamiento del dengue hemorrágico se alejaba más; la fuerza de los profesores, su experiencia y sus criterios pesaban mucho, en realidad me dije:

"Bueno Luis Valdés, te equivocaste, eso le pasa a cualquiera", incluso hasta algunos compañeros utilizaron bromas conmigo.

En las reuniones de la Ministro asistía un clínico nicaragüense, Norman Girón, de gran prestigio como internista y era el único que apoyaba el diagnóstico de dengue hemorrágico, él consideraba que sí había FHD.

No obstante, había que aprovechar la estancia de los profesores y se programaron un grupo de conferencias para clínicos y pediatras sobre dengue hemorrágico.

Una tarde estaba convocada una conferencia por el Profesor Erick Martínez, a quien desde siempre he admirado como profesional, como profesor, como compañero y amigo. Erick tiene dotes pedagógicas excepcionales y realmente se disfrutan mucho sus conferencias.

Esa tarde la actividad estaba citada para el anfiteatro del Ministerio de Salud y había una gran concurrencia, yo tomé asiento y esperé el inicio de la misma. Unas filas más adelante y a mi derecha se encontraban juntos la Ministro y el doctor Zamora.

Se inició la conferencia y todos estábamos absortos; en un momento determinado ví que alguien se inclinaba al lado de la Ministro y hablaba con ella e inmediatamente salieron juntos ella y los doctores Zamora y Girón. Al cabo de 30 ó 40 minutos la jefa de despacho de la Ministro me dijo al oído: "Doctor Valdés, la Ministro le pide que cuando el doctor Martínez concluya su charla ambos se presenten en su despacho".

La Comandante tenía una oficina modesta, lo que más me gustaba era una especie de terraza o patio interior que tenía, donde existían unos balances del tipo "don Pancho" con una mesita de centro; la terracita estaba adornada con plantas y existía un ambiente muy agradable.

Cuando llegamos el doctor Zamora se puso de pie y le dijo al doctor Martínez: "Erick, acabó de atender un caso que es un dengue hemorrágico, una chica que se ha ido en un shock".

Más tarde conocí que el caso se trataba de una chica estudiante de medicina que había sido alumna mía en el curso de epidemiología, me dio mucha pena su muerte.

A partir de ese momento las cosas cambiaron, ya era otro el problema, se iniciaron recorridos por todo el país, se sostuvieron infinidad de reuniones, de conferencias, de evaluaciones de casos; el patólogo revisó los casos fallecidos que le habían hecho necropsia y se continuaron dando los consejillos diarios.

La prensa se hizo eco de la situación, aparecieron titulares y hasta entrevistas a los profesores Zamora y Martínez.

El lunes 14 de octubre, el diario Barricada, órgano oficial del Frente Sandinista publicó un artículo cuyo título era: "La epidemia de dengue. La guerra biológica: ¿otro crimen contra Nicaragua?"

Del 7 al 11 de noviembre recibimos la visita del profesor Kourí y del doctor Bravo, el objetivo era efectuar un análisis conjunto con las autoridades del Ministerio de Salud de Nicaragua sobre la epidemia de dengue, de igual forma analizar los resultados de la encuesta seroepidemiológica, evaluar la endemicidad del dengue en el país, definir si existía o no una epidemia de dengue hemorrágico, así como hacer el pronóstico de la enfermedad en el país.

Creo que a partir de aquel momento se establecería una relación profesional y de amistad entre el profesor y yo que perduraría hasta el día de hoy, además de fortalecer mi vieja amistad con José Bravo, un brillante estadístico, cuya modestia no tiene comparación.

En el informe final se plasmaban las siguientes conclusiones y recomendaciones:

Conclusiones generales

  1. La epidemia de dengue que actualmente existe en Nicaragua es producida por el virus del serotipo I y tiene características de dengue clásico.
  2. En el curso de la epidemia se han presentado 7 fallecidos cuyo cuadro es compatible con FHS/SSD. Esta manifestación grave de la enfermedad se ha observado en otras epidemias de dengue clásico en otros países.
  3. La amplia circulación del serotipo I con sensibilización de la población crea las condiciones para que con la introducción de un nuevo serotipo, en particular el II, se produzca una epidemia de dengue hemorrágico.

Recomendaciones

  1. Continuar con una fuerte lucha antivectorial que permita bajos índices de infestación para de esta forma eliminar la posibilidad de que la enfermedad tome carácter endémico y/o aparezcan nuevos brotes epidémicos a otros serotipos circulantes, en particular el serotipo II que pueda determinar una verdadera epidemia de FHD.
  2. Realizar una nueva encuesta seroepidemiológica en el primer semestre de 1986 que nos permita conocer con mayor exactitud la magnitud de la actual epidemia y el porcentaje de la población sensibilizada susceptible a padecer formas graves si circulan otros serotipos del virus.
  3. Mantener una vigilancia epidemiológica para detectar precozmente la circulación de un serotipo distinto al I.
  4. Dar los pasos necesarios para el montaje de técnicas de diagnóstico serológico (IHA) en el país.
Creo que esta epidemia de dengue agrupó un colectivo de trabajo estelar, Nicaragua, un país pobre, del Tercer Mundo enfrentó una situación nueva, seria, grave y contó con personas técnicamente muy calificadas.

Figueredo y un equipo de técnicos al frente de la lucha antivectorial, los profesores Erick Martínez y Francisco Zamora en la capacitación del personal médico y en el manejo de los casos, el profesor Kourí y el doctor Bravo por el IPK, la profesora María Guadalupe Guzmán y el laboratorio de virología del IPK, el cual brindó el diagnóstico etiológico y los serotipos circulantes, así como el procesamiento de las dos encuestas serológicas realizadas; además de los cientos de médicos cubanos que trabajaban en todas las regiones del país y que también ofrecieron su trabajo y su experiencia en la atención de casos y en el control de la epidemia.

¿Cuánto costó al gobierno y al pueblo de Nicaragua aquella asistencia técnica?

¿Cuántos millones de dólares tuvo que desembolsar el pueblo para pagar pasajes, estadía, asesoría técnica y atención médica?

¿Cuánto pagó por las investigaciones, los diagnósticos, las remisiones de muestras, el estudio de casos, etcétera?

La respuesta: N A D A

Eso fue solidaridad, eso fue una muestra de lo que tanto nuestro Comandante en Jefe ha planteado, cómo un país pobre, subdesarrollado, bloqueado brindaba ayuda a un país hermano que sufría un desastre en ese momento.

No fue la única vez, en muchas otras ocasiones, Cuba apoyó incondicionalmente a Nicaragua, sólo por citar un ejemplo más, recordemos la ayuda brindada a la Costa Atlántica cuando esa zona fue azotada por el ciclón Joan en 1989.

La epidemia fue controlada, se organizó la lucha antivectorial, se mantuvo la vigilancia epidemiológica y en el primer semestre de 1986 se llevó a cabo la segunda encuesta serológica nacional para determinación de anticuerpos contra virus dengue, o sea, en un período menor de 1 año se habían ejecutado dos estudios serológicos nacionales para evaluar la susceptibilidad-resistencia de la población nicaragüense al virus dengue.

Años después, he tenido noticias de la situación del dengue en Nicaragua. Hoy día la enfermedad es endémica, con frecuentes brotes epidémicos y con la circulación de distintos serotipos de virus dengue.

Mi trabajo en la Universidad y en la enseñanza de posgrado

Desde el segundo año de la carrera de Medicina me vinculé a la docencia, cuando concursé para plaza de alumno ayudante de Anatomía, ayudantía que desarrollé hasta culminar el tercer año de la carrera.

Luego, durante mi posgraduado en Manzanillo, impartí docencia en la escuela de enfermeras y a partir de 1974 en el Politécnico de la Salud No. 1 de Santiago de Cuba, como profesor de las asignaturas de Administración e Higiene y Epidemiología a cursos de técnicos de Higiene, de Estadísticas y cursos post-básicos de enfermería; actividades que interrumpí en 1976 cuando viajé a La Habana para cursar estudios de mi residencia.

En 1980, cuando regresé al CPHEM inmediatamente comencé a impartir clases de pregrado de Epidemiología en la Facultad No. 2 de Medicina; también en los cursos de posgrado en la residencia de Epidemiología, en la Administración de Salud, de Higiene y de Microbiología.

En ese mismo año fui nombrado Profesor Instructor y en 1984 promoví a la Categoría de Asistente.

A mi llegada a Nicaragua traté de vincularme inmediatamente a la docencia y a los pocos días se presentó a la oficina Conchita Vázquez, una enfermera colombiana que trabajaba en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua como coordinadora de la asignatura de Epidemiología.

Se acercó a mí para pedir ayuda, no sólo desde el punto de vista pedagógico, sino metodológico. Quedamos en sostener un nuevo encuentro en la Universidad y así lo hicimos, allí conocí a Nubia Herrera, enfermera nicaragüense que era la jefa del departamento de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina, allí también conocería a Mario Aguirre, a otros profesores del colectivo, a Azucenas Ceballos y al doctor Castellanos, este último cubano y que se encontraba allí en la Universidad cumpliendo un convenio con la UNAN y dando clases de Higiene del Trabajo.

Rápidamente organizamos un taller metodológico para preparar la asignatura, se diseñó el Plan de Actividades (P-1); el Sistema de Evaluación, etcétera.

Recuerdo que la asignatura la impartían Conchita y un alumno ayudante, al cual después le perdí el rastro; pues apenas acudió a un par de actividades y luego se enfermó.

En los dos cursos escolares que estuve en Nicaragua impartí clases en la Universidad y la experiencia fue bonita, a pesar de darme cuenta de que la Epidemiología allí era subestimada y muchas veces rechazada; pero creo que poco a poco fuimos trabajando para que ganara un espacio como asignatura, particularmente cuando las evaluaciones fueron tornándose más profundas, serias y sistemáticas.

Existía una seria dificultad: la falta de un libro de texto; los alumnos tenían que estudiar por notas de clases. Fue entonces cuando le plantee a Conchita que teníamos que escribir un manual, un folleto o un material que ayudara a nuestros alumnos y acometimos la tarea.

Entre Leonel, Conchita y yo escribimos Epidemiología. Notas de clases para estudiantes de Medicina, libro de 194 páginas.

También en la Universidad dicté algunas Conferencias Magistrales sobre otros temas, recuerdo uno de ellos:

Creo que el colectivo de profesores de la Universidad era maravilloso, personas muy modestas, muy trabajadoras y que desarrollaban su tarea docente con muchas limitaciones materiales.

El Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud (CIES) era un centro fundado en 1983; su director, el doctor Roberto Pérez Oliva era un salubrista, que si mal no recuerdo, había cursado estudios en el Instituto de Desarrollo de la Salud en La Habana. En esta institución se impartían las maestrías en Salud Pública y en Epidemiología, los coordinadores eran Roberto Pérez y el doctor Montiel, respectivamente.

Una tarde visité el CIES con Leonel Argüello y fui presentado al director y al resto de los compañeros, en realidad vi a Roberto con recelos y sentí como que era rechazado, nunca supe el porqué de aquella actitud, a veces he pensado que tal vez se basara en alguna mala experiencia con algún cubano o durante su estancia en Cuba.

No quise predisponerme y con Montiel, que era coordinador de la Maestría en Epidemiología, la comunicación fue muy franca y fluida, ya cuando nos retiramos llevaba en mi agenda la tarea de apoyar docentemente algunos módulos.

Impartí docencia de Epidemiología en ambas maestrías en el curso 1985-1986 y al siguiente año sólo en Epidemiología; la experiencia fue fabulosa, los estudiantes eran magníficos y hubo algo que los impactó y fue el desarrollo de actividades prácticas, especialmente las visitas a unidades hospitalarias, a policlínicos, la evaluación de programas, las visitas a determinadas áreas del MINSA, la participación en encuestas de prevalencia de Infecciones Intrahospitalarias, incluso la visita a un puerto para desarrollar una práctica sobre atención a naves que arriban al país procedentes del extranjero.

Definitivamente una de las acciones prácticas más relevantes en las que participaron estos alumnos fue la evaluación de la mortalidad asociada a la sospecha del dengue hemorrágico en los hospitales de Managua, actividad que pienso fue definitoria en el diagnóstico de aquella situación epidemiológica.

El CIES estaba ubicado en un complejo de edificios de dos plantas, llamado el Centro Cívico, allí se ocupaban dos plantas de uno de los edificios, era un espacio reducido, una pequeña biblioteca, la dirección, tal vez un par de aulas.

Luego en 1986 el CIES fue trasladado a otro local en la Universidad Nacional de Ingeniería, cerca de la Pista de la Resistencia, allá el cambio no fue tan grande; pero sí hubo alguna mejoría.

El tiempo, las relaciones de trabajo y la vida hicieron cambiar a Roberto Pérez, vio que nuestro interés era ayudar y cooperar para el desarrollo de la institución que él dirigía, hicimos talleres de capacitación pedagógica para profesores, discutíamos las evaluaciones, se tutorearon trabajos de terminación de maestrías y poco a poco fue recibiendo un mayor apoyo, incluso busqué un acercamiento de nuestra Misión Médica con el CIES y en eso el doctor Morejón, Jefe de la misión en 1986, me ofreció mucho apoyo, ya que dio facilidades para que nuestros especialistas pudieran desarrollar actividades docentes en dicha institución.

Al final me unió una excelente relación profesional con Roberto Pérez y con Montiel, compañeros de los cuales guardo un buen recuerdo.

En la maestría tuve excelentes alumnos, gente muy dedicada, entre ellos recuerdo a Yanet Alonso, a Patricia Etchegaray (mexicana y a la cual le tutoreé el trabajo de maestría), a Martha González, Reynaldo Reguero (Dominicano), a Gilberto (Salvadoreño), en fin, a un nutrido grupo de compañeros que al cabo de los años se desarrollaron hoy y hoy día laboran en organismos internacionales en Nicaragua o en otros países de Centroamérica.

El trabajo con la misión médica

La misión médica cubana en Nicaragua en 1985 era numerosa, contaba con un total de 12 Brigadas Médicas y más de 200 cooperantes.

En cada departamento existía una brigada, así que yo recuerde se contaba con las siguientes:

Fig. 5. Niños en el salón de espera de un hospital rural atendido por médicos internacionalistas cubanos en Nicaragua.
Fig. 5. Niños en el salón de espera de un hospital rural atendido por médicos internacionalistas cubanos en Nicaragua.
La brigada de Managua era la más numerosa, sus integrantes brindaban atención médica en el hospital Militar "Dávila Bolaños", en el materno "Bertha Calderón", en los pediátricos "Lenin Fonseca" y "La Mascota", también en la clínica del MINT (Ministerio del Interior), en unidades de Atención Primaria, o sea, en policlínicos y dispensarios, es decir que en el país creo que más del 60 % de la atención médica era brindada por profesionales cubanos, y en muchas regiones el 100 % por estos compañeros.

Existía una amplia gama de especialidades, clínicos, pediatras, cirujanos, ortopédicos, dermatólogos, otorrinolaringólogos, oncólogos, oftalmólogos, psiquiátras, cirujanos maxilofacial, cardiólogos, administradores de salud, epidemiólogos, higienistas, ingenieros sanitarios, microbiólogos, técnicos de laboratorio clínico, nefrólogos, técnicos de higiene, en fin que con la infraestructura hospitalaria que tenía el país en muchas ocasiones no se creaban las condiciones necesarias para el trabajo de nuestros especialistas.

Aquí conocí excelentes profesionales en el trabajo que tuve que desarrollar como miembro del consejo de dirección de la Misión Médica, el prestigio de nuestros médicos en el país era fabuloso, la población depositaba una gran confianza en los compañeros y no era sólo la población de pocos ingresos, sino todas las capas sociales, incluyendo los extranjeros residentes en Nicaragua y que trabajan en algún organismo internacional buscaban las vías para ser atendidos por nuestro personal.

La dirección de la misión radicaba en una casa ubicada en el barrio Bolonia, cerca del hospital militar; a mi llegada el equipo de dirección lo integraban:

Pedro Del Toro.......... Jefe de misión

Aniceto Cabezas........ 2do. Jefe de misión

Armando Báez........... Administrador

Moisés Baly Baly....... Jefe de la brigada de Managua

Jorge Delgado............ Jefe del Laboratorio de Control en la Fuente

La misión médica tenía vida orgánica, se celebra una reunión operativa semanal, generalmente los lunes en la tarde, además un Consejo de Dirección y la reunión con los Jefes de brigadas, actividad que generalmente se llevaba a cabo en Managua.

En las reuniones operativas se informaba el cumplimiento de las actividades de la semana anterior, así como la planificación de la que iniciaba.

Se comentaban las incidencias de la semana y el jefe de la misión daba las afectaciones, donde se incluían las visitas a las brigadas médicas en las distintas regiones del país.

Las visitas generalmente las hacíamos en pareja, nunca solos, en ocasiones nos quedábamos 2 ó 3 días en la brigada, visitábamos las unidades, nos reuníamos con los médicos de las brigadas y les ofrecíamos las conclusiones de la visita, se evaluaba la productividad médica, los aspectos de la disciplina, orden interior, condiciones de vida, alimentación de los compañeros, en fin, se mantenía un control periódico de todas las actividades, incluyendo la seguridad y la preparación militar de los cooperantes.

Hay que recordar que Nicaragua libraba una guerra contra las bandas contrarrevolucionarias que operaban al norte del país; la zona de Matagalpa, Juigalpa, Estelí, La Trinidad, eran áreas de fuerte actividad bélica y todas nuestras brigadas médicas contaban con medios para defenderse.

En este sentido tengo que comentar que los entrenamientos que hacíamos eran fuertes; los compañeros asesores que nos impartían las clases eran rigurosos, las caminatas eran respetables y las prácticas de tiro, de exploración, defensa circular, etcétera, eran muy completas y reales.

Recuerdo que mi primera preparación militar en tierra nica fue un domingo, la empezamos a las 6:00 a.m., íbamos de verde olivo, con fusil AK, mochila, canana, cargadores, etcétera. Comenzamos a caminar, los más duchos empezaron a comentar que íbamos para "la pijuda", así llamaban a una loma o cerro que era un dolor de cabeza, tanto para subirla como para bajarla, el nombre pijuda, es un calificativo nicaragüense que utilizan para resaltar algo, buscando un sinónimo, para nosotros sería algo así como "puñetero".

Fueron muchas las actividades de preparación, las prácticas y competencias de tiro, las caminatas, el arme y desarme del fusil, siempre que terminaban las prácticas, cuando regresábamos a nuestras casas había que limpiar todo el equipamiento, desarmar el fusil, limpiarlo, engrasarlo y dejarlo listo; pues en cualquier momento los compañeros de la misión militar podían hacer una inspección y encontrar deficiencias.

A cada cooperante le entregaban un módulo que incluía alimentos enlatados, parque bélico, hamaca, capa, paquete sanitario, etcétera.

Recuerdo uno de los entrenamientos; nos dieron el plan de aviso a las 2:00 a.m., nos vestimos y nos presentamos a Villa Nejapa, que era el punto de concentración. Comenzamos a caminar a eso de las 4:00 a.m., empezó a llover y estuvimos caminando hasta las 11:00 a.m., llegamos a Nejapa hechos talco, con un hambre pijuda, cuando llegamos a Villa Fontana la empleada no había ido a trabajar y Roberto, un compañero técnico de Química Sanitaria, al cual yo le había puesto "Tiburón", cocinó un caldo de gallina y luego un fricasé que fue histórico.

También yo participaba en las reuniones mensuales con los jefes de brigadas y generalmente yo les presentaba la situación epidemiológica del país.

En la Brigada de Managua ofrecía charlas, conferencias sobre distintos temas, recuerdo que hablé sobre desastres naturales, paludismo, dengue, rabia, tuberculosis, etcétera.

En las brigadas se llevaba a cabo una emulación y mensualmente se seleccionaban los destacados, también trimestral, semestral y anualmente.

En la reunión mensual de la brigada se analizaba la productividad, la disciplina, puntualidad al trabajo, en fin se evaluaba a cada cooperante.

Una actividad muy esperada por todos nosotros era la celebración cada mes del cumpleaños colectivo.

Generalmente esta actividad era un sábado, invitábamos a las amigas y amigos del trabajo y se compartía un rato, casi siempre esta actividad se celebraba en la casa de Villa Fontana, era una casa muy bonita y amplia.

La casa tenía un patio muy bonito, en el centro del cual había una fuente, allí pasábamos ratos muy agradables, aunque al día siguiente venían los lamentos de los que vivíamos allí; pues nos tocaba recoger, ordenar y limpiar el desastre de la noche anterior.

En los dos años que estuve allí, mes tras mes celebramos nuestros cumpleaños y ni en una ocasión conocí de una discusión, ni de un altercado, realmente nos llevábamos muy bien y nos cuidábamos de alguna indisciplina.

Otra actividad que realizábamos a través de la misión eran las guardias en la Embajada, a cada cooperante le tocaba una por mes, en cada guardia participaban 4 compañeros, 2 vigilaban el patio exterior y los otros la parte interior, siempre elegía la primera, era más fresca, se veía el cielo y era menos aburrida.

En estas guardias eran frecuentes los olores de los zorrillos, animales típicos de la fauna nicaragüense, cuya orina tiene un olor penetrante que se siente a varios metros de distancia y que caracteriza la presencia de estos animales.

Casi siempre me tocaba compartir la guardia en la embajada con Guillermo, un Oncólogo de La Habana con el cual hice buena amistad y conversábamos mucho en nuestras guardias.

El trabajo en la misión fue más intenso en el segundo año de mi estancia en Nicaragua, durante la jefatura del doctor Felipe Morejón Montalvo, mi antiguo director provincial.

Ese año se incorporó como segundo jefe de la Misión el doctor Guillermo Vaillant, pediatra, santiaguero, vicedirector provincial de Asistencia Médica y gran amigo mío.

También estaba el doctor Lorenzo Muñoz, un Estomatólogo que luego se casó con una nicaragüense y se quedó a vivir allá.

El secretario-oficinista en esa época era Ferrer, un negrito que era simpatiquísimo y el Administrador Juanito, un ingeniero que trabajaba en el Hospital "Hermanos Ameijeiras" y que Morejón lo trajo junto con él. También estaban los doctores Elpidio Santana como asesor de Obstetricia del MINSA y René Revilla, como jefe de la brigada de Managua.

Con Vaillant todos hicimos mucho rapor, Guillermo era aglutinador, promovía muchas ideas y como siempre extremadamente organizado y trabajador.

En aquella época Danilo Alfonso había sustituido a Víctor en el trabajo de la Comisión que evaluaba las remisiones a Cuba, era un especialista en Medicina Deportiva, a veces lo veo por la TV; pues se desempeña como médico del equipo Cuba de base-ball. Danilo le decía a Vaillant "Willy" y siempre lo estaba bromeando.

Guillermo trabajó intensamente en los aspectos científicos, organizó una biblioteca técnica para la misión, para lo cual recibió el apoyo del doctor Miguel Márquez, representante de la OPS en Nicaragua. Recuerdo que la inauguramos el 30 de noviembre de 1986; también logró la edición de un Boletín Científico de la misión médica cubana que circulaba al resto de las misiones médicas de otros países.

Organizaba y preparaba las Jornadas Científicas de las brigadas, en fin, que trabajó muy duro y fue una época bonita en la misión.

Existía una comisión disciplinaria en la misión, creo que no es necesario explicar sus funciones, Vaillant y yo éramos miembros de la misma y en más de una ocasión tuvimos que discutir casos de indisciplinas; también la integraba un representante de Cubatécnica, el compañero René; pero le decíamos "el gordo".

Los fallos de aquella comisión eran inapelables, por suerte durante todo el tiempo que trabajé en ella sólo tuvimos que culminarle la estancia en Nicaragua a tres compañeros y remitirlos a Cuba.

Las brigadas médicas cubanas en Nicaragua eran un símbolo de Cuba en aquel país, la disciplina, la entrega al trabajo, el nivel técnico de los profesionales, sus principios éticos y morales, el carisma de los médicos, el trato a la población, fueron estableciendo un prestigio tremendo, esto era un logro que ofrecía la Revolución Nicaragüense al pueblo y lo hacía con el apoyo de Cuba. Nuestros médicos, en muchos lugares trabajaban bajo difíciles condiciones; pero allí estaban, a veces en zonas peligrosas, pero allí estaban.

Por eso pienso que algún día la humanidad tendrá que reconocer el alto espíritu de solidaridad de nuestro pueblo, tendrá que enaltecer los valores que este pueblo ha cultivado y que ha practicado en tantos países de Asia, África y América Latina; algún día se editarán brillantes páginas del internacionalismo de nuestros médicos, de nuestros maestros, de los constructores, de los soldados, en fin, del pueblo cubano que ha dado hasta la sangre de sus hijos por la ayuda a otros pueblos.

Las investigaciones y el trabajo científico

Durante mi estancia en Nicaragua tuve la oportunidad de participar en la ejecución de varias investigaciones y de asesorar y/o tutorear otras.

Había alcanzado alguna experiencia como resultado de las tutorías de trabajo de terminación de residencias en el CPHEM de Santiago de Cuba y eso me sirvió de mucho.

Una de las primeras cosas en las cuales trabajé fue en el análisis de una Encuesta Serológica Nacional para determinación de anticuerpos contra virus de la poliomielitis. Concluida desde 1984, no se habían presentado los resultados de tan importante investigación.

La misma se había llevado a cabo con el apoyo de Cuba y el profesor Pedro Mas Lago era el virólogo responsable del estudio, toda una autoridad en la virología a nivel mundial y en el estudio de los enterovirus, en particular los poliovirus.

El epidemiólogo nicaragüense que se había encargado de toda la ejecución de la encuesta era Felipe David García y compartió conmigo el análisis de los resultados.

Luego vino la epidemia del dengue y la primera encuesta serológica para determinación de anticuerpos contra este virus. Esta investigación se realizó con el apoyo del Instituto de Medicina Tropical "Pedro Kourí", el diseño de la muestra la hizo el doctor José Bravo, bioestadístico del IPK.

Estuvieron representadas todas las regiones del país, excepto la Costa Atlántica.

Las muestras fueron tomadas en papel de filtro, todo el material lo proporcionó Cuba a través del IPK, tuvimos que seminariar a los encuestadores y a las personas que iban a tomar las muestras.

Ya yo tenía experiencias de la realización de algunas encuestas epidemiológicas, la primera en que participé fue la Primera Encuesta Parasitológica en Cuba en 1972, de la cual era el responsable el doctor Helenio Ferrer.

Después en 1983 trabajé en la 2da. Encuesta Parasitológica Nacional efectuada por el IPK y cuyos responsables fueron los doctores Migdonio Rodríguez y Esperanza Sanjurjo.

En otros estudios había participado, entre ellos algunas encuestas serológicas contra poliovirus; sin embargo no había tenido la oportunidad de trabajar a nivel nacional, sino en mi provincia.

La recepción de todas aquellas muestras, su revisión, su organización, empaquetamiento y envío al IPK fue de mi responsabilidad; pero todo se cumplió sin mayores contratiempos.

En total se recolectaron 1 164 muestras.

Las variables analizadas fueron edad, sexo, ocupación, así como la frecuencia de síntomas y signos y la distribución cronológica.

A 94 de estos casos se les realizó estudios serológicos y 34 resultaron reactores para un 36,2 % de positividad.

Durante el primer año de mi estancia en Nicaragua estuve muy ocupado en la atención a la epidemia de dengue, la cual fue controlada para finales del mes de octubre; ya para el segundo año tuve más tiempo y pude trabajar más en la ejecución de algunas investigaciones.

Uno de estos estudios fue la realización de una Encuesta de Morbilidad entre los cooperantes cubanos en Nicaragua. En este estudio trabajamos un grupo de compañeros, entre ellos el doctor Jorge Candelario González (había relevado a Jorge Delgado al frente del Laboratorio de Control en la Fuente); también un grupo de clínicos, entre ellos el doctor Nelson Herrera (Burumba), un matancero que era un poema, bien preparado y que siempre estaba gastando bromas, así como otros compañeros médicos generales y el doctor José Cos, especialista en Medicina del Trabajo, que procedía de la provincia Matanzas.

En este trabajo se encuestaron 636 cooperantes, de estos el mayor número (263) correspondieron a la misión de Salud, 103 a Constructores, 59 a Educación, 29 al MINAZ, 18 del MES, 11 del INDER y el resto de las misiones del MINCIN, Cultura, Comunicaciones, etcétera.

Se visitaron todas las regiones del país; se concentró, el mayor volumen de cooperantes en Managua (260 que representaban el 41,4 % del total de encuestados; pero se visitaron las regiones de Matagalpa, Puerto Cabezas, Estelí, Granada, Rivas, Juigalpa, Masaya, Jinotega, Chinandega, Carazo, León y Bluefields.

Como puede observarse, la presencia de los cooperantes cubanos era muy amplia, prácticamente en todo el país, y eso habla de la actitud de nuestros internacionalistas que desempeñaban sus funciones en lugares donde muchos profesionales nicaragüenses no iban a trabajar.

En el estudio se llegó a precisar que las enfermedades más frecuentes entre los cooperantes fueron las IRA, EDA, dengue, parasitismo intestinal, las micosis y las otitis.

Llamó la atención el bajo índice de hospitalización hallado (apenas un 2 %).

Se buscó la fuente abastecedora de los medicamentos, siendo la más frecuente las unidades del Sistema de Salud; además de otras variables como el peso y estado nutricional, se les realizó determinación de cloroquina en orina para conocer cuántos estaban realizando quimioprofilaxis.

Otro estudio en el cual participé fue el relacionado con la evaluación nutricional de los cooperantes cubanos, para el mismo conté con la ayuda de la Licenciada Myriam Vázquez, una excelente antropóloga-nutrióloga de nacionalidad colombiana que trabajaba en un Proyecto sobre nutrición financiado por una Universidad Canadiense.

Con Myriam y Luz Ángela, otra colombiana que trabajaba por la OPS, también en un proyecto sobre nutrición, establecí una profunda amistad, realmente disfrutábamos las reuniones sociales que se realizaban con los funcionarios de la OPS de Nicaragua donde se hablaba de mucho trabajo y se pasaban ratos agradables jugando cartas, oyendo música, etcétera.

También realicé otras investigaciones sobre determinación de cloroquina en orina entre los cooperantes cubanos en Nicaragua, la segunda Encuesta Seroepidemiológica para determinación de anticuerpos contra virus dengue, etc.

Entre las actividades investigativas realizadas se encontraban las tutorías de dos trabajos, uno de ellos a la doctora Patricia Etchegaray la cual estudiaba la maestría en Epidemiología y su trabajo fue sobre "Infecciones Estreptocóccicas: Estudio clínico-epidemiológico en un hospital infantil de Managua".

La otra tutoría fue el trabajo de Diploma de la doctora Martha Zequeira, el mismo versaba sobre la "Mortalidad por EDA en niños menores de 5 años en la Región III Managua durante 1985".

Curiosamente, esta colega se casó con un cubano, un muchacho santiagüero, cirujano y luego trajo a Martha a vivir a Cuba, hace años que no los veo y no sé si habrán decidido regresar a Nicaragua.

En 1986 realizamos la segunda Encuesta Seroepidemiológica Nacional para determinación de anticuerpos contra virus dengue.

Aquí también estuvo presente el doctor Bravo para el diseño muestral, el cual tomó muy en consideración el primero realizado en 1985.

Se diseñó una muestra para tener un 99 % de confiabilidad y una precisión de 2,5 %, de esta forma el tamaño de la misma ascendió a 1 834 personas; pero conociendo que en la primera encuesta hubo un 32 % de no respuesta y para obviar esto se le incrementó un 35 % a dicha muestra, lo que elevaba su tamaño a 2 476 personas.

Se seleccionaron 398 viviendas, ubicadas todas en zonas urbanas y 2 425 personas.

Se halló en un 19,9 % positividad, siendo las regiones II y III las que presentaron las mayores tasas de reactores con el 46,6 y 20,6 % respectivamente.

El título de anticuerpos de la población calculado fue de 1/40 y los mayores índices de positividad se hallaron en grupos de personas con edades mayores de 35 años.

Con esos resultados se calculó que entre 322 230 y 483 345 habitantes tenían anticuerpos contra los virus dengue 1, dengue 2 o ambos.

Lamentablemente y a pesar de haberse realizado los dos informes finales de ambas investigaciones, ninguna fue publicada.

Otros trabajos investigativos realizados durante mi estancia en Nicaragua fueron:

Participé en varias Jornadas Científicas, siempre de forma activa, dando conferencias, presentando trabajos y apoyando la organización de esos eventos.

En julio de 1985 se celebró la Jornada Científica Cubano-Nicaragüense de la Región III, en la misma brindé dos conferencias, una sobre dengue en Las Américas y otra sobre SIDA, enfermedad sobre la que existía poca información en Nicaragua.

En septiembre de ese propio año participé en la Jornada Cienctífica Regional del MINSA, aquí ya presenté el estudio del brote de dengue en San Rafael del Sur.

En noviembre presenté trabajos en la Jornada Científica Nacional y Coloquio Nicaragüense-Norteamericano.

En marzo de 1986 la Jornada Científica Nacional de la misión médica, luego la Regional y en noviembre del propio año de nuevo la Jornada Científica Nacional y el III Coloquio Internacional de Ciencias Médicas, donde recibí algunos premios por los trabajos presentados, entre ellos un tapiz de soga con la esfigie del Che, que aún conservo en mi casa.

Otro aspecto en el cual trabajé junto al doctor Vaillant fue en la puesta en circulación de un boletín científico, el Boletín de la Misión Médica Cubana.

La edición de este boletín la coordinamos con los "compas" del periódico Barricada. Durante mi estancia se publicaron dos números, no sé si luego editaron otros.

Este boletín además de distribuirse entre todos los cooperantes de la misión médica, se enviaba a las unidades del sistema de salud, así como a otras misiones médicas en Asia y África, conocí por una compañera de trabajo, que hasta Mozambique, donde ella estaba cumpliendo una misión había llegado nuestro boletín.

Considero que muchos cooperantes de nuestras misiones hallaban grandes oportunidades para desarrollar investigaciones, trabajos científicos, aumentar sus experiencias clínicas; pues muchas enfermedades, endémicas en esos países, estaban eliminadas en Cuba.

En Nicaragua por ejemplo, la tuberculosis infantil, el tétanos, la desnutrición proteico-calórica, entre otras, eran enfermedades que se observaban con cierta frecuencia, yo por ejemplo tuve la oportunidad de ver un caso de rabia humana, que no lo había observado antes.

Por último, hay que destacar la elevada preparación de nuestros profesionales y la vocación científica de los mismos, cómo emprendían, junto a los colegas nicaragüenses, proyectos investigativos, aspectos que elevaban aún más el prestigio de nuestros médicos en ese país.

La despedida

Una misión internacionalista es una experiencia única, todo es nuevo: el país, la gente, el trabajo y a medida que pasa el tiempo uno se va aclimatando.

Al principio se piensa que dos años serán como 20 años; pero luego te das cuenta que el tiempo vuela y ya cuando se aproxima la culminación, te empieza a invadir como una especie de nostalgia.

De la casa de Villa Fontana, donde vivíamos 5 compañeros (José Coss, Rafael, Wilton Gomero, Roberto Pérez Arduendo y yo), el primero que cumplía el tiempo de su misión era yo, pues Wilton y Roberto regresaban en marzo de 1987.

Ya desde septiembre y octubre empecé a realizar un conteo regresivo y todos los días cuando nos sentábamos en la mesa a desayunar yo decía:

"Bueno, me faltan 70!, luego 60, 50, 40, 20; así cuando se me olvidaba el chiste alguien decía, Valdés, te faltan tantos días."

En los primeros días de diciembre se convocó una pequeña ceremonia en la casa de Villa Fontana, fue a las 7:00 p.m.; asistieron los doctores Morejón y Vaillant, el compañero Noche, Consejero Político de la Embajada y el compañero Eladio por la Dirección de Cubatécnica, el objetivo era la entrega de la Certificación del Cumplimiento de la Misión Internacionalista, así como la "Medalla de Trabajador Internacionalista".

Esa noche recibimos esa alta condecoración 7 compañeros, entre ellos el doctor Leonardo Werthein.

Werthein, un gran epidemiólogo argentino, que desde 1963 vino a Cuba a través de la relación con el doctor Alberto Granado, el legendario compañero del Che.

En Cuba había trabajado por más de 20 años, hasta que en 1983 solicitó cumplir una misión internacionalista en Nicaragua y allí estaba junto a mí, concluyendo esa etapa de su vida.

El acto fue muy sencillo, pusimos las banderas de Cuba y Nicaragua, también conseguimos una grabación del Himno Nacional, con el cual se comenzó la actividad.

El compañero Noche dijo unas palabras sobre el significado de cumplir una misión internacionalista, no sólo cumplirla sino cumplirla bien; nos felicitó por el trabajo y por los resultados alcanzados.

A continuación nos entregó personalmente el Certificado de la Embajada y nuestra Medalla.

Los compañeros de la casa habían preparado un pequeño refrigerio y se hizo un modesto brindis y a las 8:00 p.m. habíamos concluido la actividad.

Así con esa sencillez, con esa humildad, pero con mucha grandeza política y moral se reconocía el trabajo de los cooperantes cubanos en Nicaragua, sin ostentación; pero con un gran contenido político y patriótico, valores por los que tanto ha luchado el Comandante en Jefe.

Se acercaba la fecha de mi partida, que estaba fijada para el 23 de diciembre, se hicieron muchas despedidas, en la Dirección de Epidemiología, en el CIES, con los compañeros de la Universidad, etcétera.

En la fiestecita de despedida que prepararon los trabajadores de la Dirección del Ministerio, recibí una agradable sorpresa; pues además de las secretarias estaban los doctores Milton Valdés, Leonel Argüello, Pablo Cuadras, Pedro Leyva y Altamirano, las enfermeras, en fin, todos los compañeros de la oficina, también estaban los compañeros de Villa Fontana, hasta Roberto, el chofer asignado para manejarnos un microbus VW viejísimo que tuvimos asignado mucho tiempo como vehículo para nuestra transportación.

Fue una actividad muy bonita, sencilla, se hizo una comida, fue en casa de un compañero que no recuerdo su nombre y en un momento el doctor Milton Valdés pidió decir algunas palabras, las cuales estuvieron llenas de elogios hacia mi trabajo.

Para mi gran sorpresa informó que se había decidido por la alta dirección del Ministerio otorgarme un diploma "Orden al Mérito" firmada por la Ministro de Salud, la Comandante Dora María Téllez, reconocimiento a las personas con un trabajo destacado en áreas de la Salud del pueblo Nicaragüense.

Fue una noche muy bonita y llena de anécdotas, de reflexiones, de proyectos y de planes para mi futuro regreso; pues ya se había decidido que volviera a través de la OPS a trabajos durante tres meses en el CIES.

El domingo 19 de diciembre fue el día seleccionado para darme una actividad por parte de la Dirección de la Misión.

Como a las 10:00 de la mañana llegué a casa del doctor Morejón; pues era usual que allí se celebraran este tipo de reuniones.

Ya Felipe estaba despierto y comenzamos a conversar, me brindó algo de tomar y preferí una cerveza Victoria.

Luego fueron incorporándose otros compañeros de la dirección de la misión y de Villa Fontana, el ambiente era muy agradable; pero me di cuenta que Vaillant no estaba y pregunté por él, fue cuando me enteré que el almuerzo estaba previsto en la casa de Monte Tabor, que era donde "Willy" paraba, me gustó la idea; pues allí trabajaba doña Petrona, la encargada de la casa, la cual cocinaba con una sazón formidable.

A eso de la 1:00 p.m. decidimos trasladarnos para Monte Tabor, cuando llegamos tamaña sorpresa recibí cuando al pasar por el patio vi que estaban asando un macho en púa, chanco, como le dicen al cerdo en Nicaragua.

El almuerzo fue congrí, cerdo asado, yuca hervida, ensalada y por supuesto cerveza.

Estuvo presente Leonel por la parte nica, así como otras amigas de mis compañeros.

Llegó el momento de los discursos, habló Muñoz y luego Vaillant; el primero hizo una síntesis de mi evaluación, luego Guillermo y por último hablé yo, había escrito lo que iba a decir y le di lectura al documento:

Queridos compañeros, compañeros no, hermanos:

Sabía que este momento sería muy emocionante y soy un hombre muy emotivo, por ello abandoné la improvisación para que no primara el estrés de este momento y redacté estas líneas.

Sé que resulta en extremo difícil expresar todo lo que quisiera en este momento, han sido dos años de intenso trabajo, de ricas experiencias, de mucha entrega; pero también he recibido mucho, pienso que mucho más de lo que hemos dado.

He tenido oportunidad de conocer y compartir mi trabajo con valiosos compañeros, tanto de la misión médica como de la dirección del Ministerio, he sentido el placer de trabajar con viejos y queridos camaradas; a todos ellos quiero agradecerles infinitamente la inestimable ayuda que me han brindado y las grandes manifestaciones de cariño, compañerismo y solidaridad humana que tanta falta hace cuando se está lejos de la patria y de los seres más queridos.

Pienso que tuve la suerte de trabajar estos dos años con un gran colectivo de compañeros, con ellos compartí la vida y ellos también me enseñaron, fuimos críticos, muy críticos, fuimos exigentes, muy exigentes, fuimos cuidadosos, muy cuidadosos, y de ellos siempre tuvimos una respuesta positiva, la que se debe esperar de un internacionalista cubano, a ellos también mi alta estimación y mi agradecimiento por toda su ayuda.

Se agolpan en mi mente muchos momentos importantes de estos últimos dos años, el posible brote de leptospirosis, la epidemia de dengue, la epidemia de meningitis, situaciones en que la misión médica jugó un papel destacado en el establecimiento de contactos con nuestro país para brindar el apoyo decidido de nuestro gobierno a este pueblo.

Fueron semanas de tensión; pero ahora puedo decirlo con orgullo, en esos hechos jamás me sentí como un asesor extranjero, me sentí como un nicaragüense más.

El trabajo realizado en las aulas de la UNAN y del CIES fue estimulante y además gratificante, ellos, mis alumnos también me ayudaron extraordinariamente y les doy las gracias y además quedo satisfecho con lo poco que pudimos transmitirles y seguros que serán consecuentes con esos contenidos.

Ha llegado la culminación de una de las realizaciones más importantes de mi vida, cumplir una misión internacionalista, eso, compañeros, no necesito explicarles qué significa para la vida de este humilde revolucionario. Me despido de Nicaragua, esta tierra de lagos y volcanes, esta tierra que ha sido una de las más generosas en cultivo de tayacanes de la libertad como Sandino, Carlos Fonseca, Rigoberto López, Ricardo Morales, Germán Pomares, Camilo Ortega, Oscar Turcios y otros tantos miles de hombres que han muerto y mueren por defender la libertad, la paz y la dignidad humanas.

Una vez más quiero reiterarles las gracias a todos ustedes: A Guillermo, mi entrañable hermano; a Felipe, por la confianza ilimitada que siempre ha depositado en mí; a Muñoz por la gran amistad y el apoyo que siempre me brindó; a mis compañeros de la casa de Villa Fontana, y a todo el colectivo de la Dirección de Enfermedades Transmisibles.

A todos, muchas gracias.

Tuve que hacer un esfuerzo muy grande para terminar de leer aquello, fue una gran emoción, eran dos años de mucha entrega, se mezcló todo, hasta las cervecitas que había tomado; pero superé el momento.

El jueves 23 de diciembre regresé a Cuba, fecha recordada en Nicaragua; pues en 1972 un día como ese ocurrió el sismo que devastó la ciudad de Managua.

Llegué un 21 de febrero, aniversario de la muerte de Sandino y salí un 23 de diciembre, aniversario del terremoto de Managua.
 

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