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Memorias de un matrimonio internacionalista en Angola

por los

Dres. Dagoberto García Moreno* y  Noris Pompa Martínez*

INTRODUCCIÓN

Fiel a nuestras tradiciones y a los principios de la Revolución Cubana, como expresara en más de una oportunidad nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro: "Ser internacionalista es pagar nuestra propia deuda con la humanidad", cientos de miles de hombres y mujeres cubanos, de la Salud, Construcción, Educación, Militares y de otros sectores hemos cumplido con gran espíritu solidario esta honrosa y digna tarea.

El personal de la salud ha marchado hacia los más recónditos lugares de América, Asia y África dando lo mejor de sí, su experiencia, su eficiente y abnegada labor, su afecto y su sentimiento humano en el trato a sus nuevos pacientes.

Con nuestro trabajo no sólo demostramos lo que cada uno de nosotros vale interiormente como científico, como revolucionario, como persona, sino también los avances de nuestro Sistema de Salud y el desarrollo alcanzado por nuestra Revolución Socialista.

Ser médico internacionalista cubano no es un concepto nuevo entre los cubanos, pero sí ha sido gracias a la Revolución un concepto generalizado para todo el personal de la salud, que ha permitido con esta política que miles de personas en muchas partes del mundo reciban los beneficios de nuestra medicina, y de nuestra solidaridad humana.

También para nosotros cumplir esta tarea, cala muy hondo nuestros sentimientos revolucionarios; tiene una gran repercusión político ideológica en nuestra formación médica ciudadana y nos da la oportunidad de demostrarla, no importa donde, en cualquier lugar y a cualquier persona que la ayuda le es necesaria e imprescindible para vivir y prolongarle su existencia y poder hacerla más feliz.

En la declaración conjunta de los Gobiernos de la República de Cuba y la República Popular de Angola del 19 de marzo de 1984, firmada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y José Eduardo Dos Santos se expresa:

"El gobierno de la República Popular de Angola patentiza la infinita gratitud del pueblo angolano por la ayuda internacionalista del pueblo cubano, desde hace dos décadas a su lucha de liberación y testimonia su más ferviente reconocimiento a la generosidad, el sacrificio y el heroísmo de más de ciento cincuenta mil cubanos y cubanas que han pasado por tierra angolana aportando su inapreciable colaboración, tanto en el terreno militar como civil, para la independencia, la integridad territorial y la reconstrucción nacional de Angola, prestando con ello una contribución histórica a la causa de todos los pueblos del continente."

Por eso fuimos a Angola, a cumplir un sagrado deber con la humanidad y por ello, en estas memorias, queremos dejar constancia de nuestro trabajo, de la experiencia aportada y recibida, de las preocupaciones e inquietudes, de la nostalgia "gorrión" sentida por nuestros seres queridos y por nuestra lejana y hermosa patria.

Servirá a los trabajadores de la salud que saldrán a cumplir con su humano deber, pero servirá también para las futuras generaciones, porque esto forma parte de la historia internacionalista de nuestro pueblo.

Designación de la misión. Despedida

Designación de la misión

Queremos saber tu disposición a cumplir misión en Angola.

Fue a principios de febrero de 1980; el Director del Hospital Militar "Dr. Lino Rosell", me llamó a su oficina, de inmediato supo que estaba dispuesto a partir cuando se decidiese.

Me gradué de médico a principios de 1971, pues el aseguramiento médico a la zafra de 1970 no permitió hacerlo en diciembre de ese año. Graduándome de Especialista de I Grado en Oftalmología en abril de 1976.

Me desempeñaba en estos momentos como Jefe del Servicio de Oftalmología y Vice Director Técnico del Hospital Militar Docente "Dr. Joaquín Castillo Duany", de Santiago de Cuba, así como Profesor Asistente de la Facultad de Medicina No. 2 del ISCM-Santiago de Cuba.

Entregadas mis responsabilidades administrativas y docentes, cumplí diversas tareas asignadas en el hospital, me documenté sobre el país donde iba a residir por algún tiempo.

Así supe que Angola está situada en la costa atlántica del noroeste de África. Fue colonia de Portugal durante 500 años y alcanza su independencia el 11 de noviembre de 1975.

Con una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados, hace que sea 11 veces mayor que Cuba, sin embargo, con una población de 6 millones de habitantes, es casi la mitad de nuestro país. Sus vecinos son: Zaire, Zambia, Namibia y la República Popular del Congo.

De sus 16 provincias yo iba designado para Luanda, otras son: Zaire, Lunda, Bie, Huila, Cunene, Huambo, Cuanza Norte y Sur, Malange, Cuando Cubango, Moxico, Mocamedes y Cabinda.

Con casi un 98 % de analfabetos y una mortalidad infantil aproximada de un 55 %.

Es un país con una fauna muy rica en elefantes, hipopótamos, leones, leopardos, cebras, etcétera, con reservas para su protección.

Produce café, caña de azúcar, maíz, algodón, arroz y tabaco, entre otros; también tiene ganadería, rico en petróleo, diamantes, hierro, etcétera.

El pueblo angolano se ha dado a la tarea de la reconstrucción nacional dirigida por el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) y los cubanos en las distintas esferas estamos dando nuestra ayuda solidaria, no sólo por las conquistas alcanzadas sino para elevar su nivel de salud, pues un pueblo sin salud no puede desarrollarse.

La asistencia médica es uno de los derechos esenciales de todo ser humano, en Angola estaba prácticamente vedada para el pueblo, en 1968 había 325 médicos que laboraban en hospitales y clínicas privadas, a donde sólo tenían acceso las clases acomodadas de aquella sociedad.

Con estos breves conocimientos, continué los trámites del pasaporte, por lo que fui a La Habana en dos ocasiones, en una de ellas en compañía del doctor Autberto Millan (urólogo), que hacía sus trámites para Etiopía.

La misión de Noris fue designada, a punto de partida de yo estar en Angola. La estomatóloga, doctora Reyna Isabel, próxima a cumplir su misión no tenía relevo designado, por lo que a través de la Misión Militar y de la Embajada Cubana, solicité que ella relevara a Reyna, la cual fue autorizada y al concluir mis primeras vacaciones de 15 días en Cuba, Noris partió conmigo para Angola.

Noris, graduada en Estomatología en 1974 y de Especialista de I Grado en Prótesis Estomatológica en 1979, trabajaba en el Hospital Militar de Santiago de Cuba.

Despedida de Santiago de Cuba

Despedirse de sus familiares queridos y especialmente de sus hijos pequeños, considero que es una de las etapas más difíciles del inicio de la misión.

Daguito contaba con 10 años de edad y estaba en cuarto grado y Dallelys con 6 años, estaba en primero, nunca me había separado tanto tiempo de ellos, y aunque en esta primera etapa su mamá iba a estar junto a ellos, siempre se siente la ausencia, pero Noris la debía suplir.

Para mí fue también muy duro, pero nos sobrepusimos a los sentimientos y el tiempo nos ayudó a la compensación.

El 16 de abril de 1980 partí en avión desde el aeropuerto "Antonio Maceo" de Santiago de Cuba, asistieron para despedirme Noris y los niños, mi suegra Rosa, Elba mi vecina y su sobrina Amarilis, el doctor Enrique Gómez me llevó en su auto Lada.

El 17 de abril a las 9:00 de la noche, partimos del Aeropuerto "José Martí" de La Habana, en un vuelo de Cubana de Aviación, con escala en Cayo Sal y después de 15 horas de viaje a las 5:00 de la tarde del día 18, llegamos a Luanda.

Noris partió el 20 de septiembre de 1980 del Aeropuerto de Santiago de Cuba, esta despedida fue más triste y muy difícil para Noris y los niños, pues Rosa (su abuela) por mucho esfuerzo que hiciera nunca podría suplir la ausencia del padre y de la madre.

Mucho contribuyó en estos primeros días, la ayuda de los vecinos a mitigar nuestra ausencia de casi seis meses, Elba se ocupó todo el tiempo de repasarle y de los problemas de la escuela, y le estamos eternamente agradecidos, también a Rigo, Pucha, Consuelo y Nelly. Para bien, los niños se adaptaron y nuestro encuentro nuevamente los puso muy felices y aceptaban que debíamos regresar para terminar nuestra misión.

Llegada y adaptación

Fue un viernes 18 de abril de 1980, en Angola "Año del I Congreso Extraordinario del Partido y de la creación de la Asamblea del Poder Popular".

En el aeropuerto de Luanda, nos recibió un compañero de la Base Hospitalaria que nos llevó para el Hotel Amistad (antiguo Imperio).

Este hotel ubicado cerca del Banco Popular de Angola, con nueve pisos, tiene en la azotea la cocina y el comedor. En la habitación que me asignaron vivía el doctor Julio Olivera (cirujano). A la entrada del hotel, en la acera, está enchapado el nombre del "Hotel Imperio" y aún muchos angolanos, como durante la colonia, no se atreven a pasar por encima del nombre y se desvían por la calle.

La primera noche y las 3 ó 4 siguientes, me era muy difícil conciliar el sueño a las 11:00 de la noche, cosa que lograba a las 3:00 ó 4:00 de la madrugada, por la diferencia horaria con Cuba que es de 6 horas.

Al día siguiente de mi llegada (sábado), para no quedarme solo en el hotel fui con el grupo de médicos, enfermeras y técnicos que conforman el Grupo de Colaboradores Militares de la Salud, al campo de tiro de Grafanil, tuve tan mala suerte que estando mirando el lugar de donde salían las siluetas para el tiro, me picaron 1 ó 2 mosquitos, lo que fue suficiente para que diez días después tuviera mi primer paludismo.

Durante las prácticas de tiro con pistola, el psicólogo José Iglesias, que era el Responsable de Armamento del grupo, le disparaba a una lata, errando los tiros, yo le pedí probar y él accedió, acertando al primer disparo, él decía que era una "chamba", pero por fin me dijo: Si le vuelves a dar, te entrego esta pistola, no tuvo más remedio ese día que entregarme oficialmente mi pistola en el campo de tiro.

El lunes 21 comencé a trabajar como oftalmólogo del Hospital Militar Central de las FAPLA (Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola), nadie me entregó, pues la doctora Marina Benítez ya había cumplido su misión.

La estructura principal de este hospital fue construida en 1963, como Centro de Maternidad, pero con el incremento de la lucha armada del pueblo angolano, los colonialistas portugueses se vieron obligados a transformarlo en un Hospital de Evacuación, luego del triunfo de la Revolución Angolana, pasó a ser Hospital Militar.

El personal que dirige el centro, así como el personal administrativo y de servicio, es angolano. Los cubanos éramos: asesores de la dirección, la mayoría de los médicos (había 7 angolanos), enfermeras y algunos técnicos medios.

El director angolano era el doctor Raúl Pedro Hendrick Da Silva y su asesor el doctor Pedro Hugo González, del Hospital Militar de Santiago de Cuba, que en breve cumplió su misión y lo sustituyó el doctor Héctor Morales Viamonte.

El Subdirector facultativo el doctor Aires Espirito Santos y su asesor el doctor Omar Oliu (angiólogo), cumplida su misión lo sustituyó el también angiólogo doctor Rafael Castellanos.

La subdirección técnica la dirigía el doctor Veloso, con inclinaciones a ser oftalmólogo pero no se decidió, al principio me propuso ser su asesor, pero yo no podía llevar la carga de estas dos responsabilidades como en Cuba, pues era solo, por lo que fue designado el doctor Eduardo Boris Lescaille, radiólogo que sustituyó a la doctora Fedora Figueredo.

El compañero Jorge Díaz Aput, también santiaguero, era el asesor de Alexander, en la subdirección administrativa.

Este es un hospital terminal de los Servicios de Asistencia Médica Militar (SAMM) de las FAPLA, donde se reciben los heridos y enfermos de los frentes, donde además de la asistencia médica especializada se brinda calificada y hasta no calificada.

La asistencia médica tiene sus características, pues es un país que en tiempo de paz, se desarrollan determinadas acciones combativas irregulares, que producen heridos por armas de guerra que constituyen bajas sanitarias como tal, además de atender a militares, familiares y otro personal civil por enfermedades comunes.

La asesoría cubana ha permitido en estos años que el centro tenga una estructura administrativa parecida a la que tenemos en Cuba, lo que facilita nuestro trabajo asistencial.

En el hospital hay 2 salas de cubanos, una para medicina y especialidades afines y otra para cirugía y especialidades quirúrgicas. Los angolanos cuentan con sala de CCCV (cabeza, cuello y columna vertebral, para los angolanos era CPCV pues el cuello en portugués es pescozo); sala de medicina interna, sala de infecciosos (que atendía personalmente el doctor Kassesa, Jefe del SAMM), cirugía, ortopedia y prisión (esta sala era para presos o enfermos de la UNITA).

El centro cuenta además con una Unidad Quirúrgica con 3 salones y una Unidad de Terapia Intensiva (UTI). La clínica de psiquiatría para cubanos está fuera del centro, la cual dirige el doctor Ambrosio Rodríguez, éste al cumplir su misión lo sustituyó el doctor Abilio Díaz, que a pesar de su edad mantenía una gran vitalidad y voluntad y en sus guardias acompañantes hacía buenas terapéuticas con las "agujitas" que siempre tenía a manos.

Noris llegó el 22 de septiembre de 1980, y nos fuimos a residir al Edificio "La Cuca" (marca de cerveza angolana), en el apto. 3, frente a la Plaza de los Combatientes (antigua Quinaxixe), en este edificio vivía también el doctor Enrique Aymerich (cirujano) con su esposa y algunos compañeros del MININT, el resto eran angolanos.

Comunicarse con los angolanos no fue difícil, por cuanto muchos hablaban el español y otros el portuñol (mezcla de portugués y español) y muchas palabras significan lo mismo.

A nuestras consultas asistían muchos pacientes que hablaban dialectos y lenguas de las diferentes etnias angolanas como quicongo, quimbundo, umbundo, etcétera, pero recibíamos la ayuda de nuestra enfermera angolana Cecilia Casimiro, con el tiempo aprendimos a conocer muchas de estas palabras y poder comunicarnos.

Asistencia Médica

Nuestro servicio de oftalmología estaba incluido dentro del Departamento de CCCV, al frente del cual estaba el doctor Roberto Choy que a la vez era el neurocirujano; el doctor Sixto Moreno otorrinolaringólogo y la doctora Rita Díaz médico.

El doctor Sixto Moreno prácticamente cumplió dos misiones (42 meses), pues cuando estaba próximo a cumplir, le llegó el amor volando y se casó con la estomatóloga, la doctora Reyna Isabel y cumplió junto a su esposa; a los 20 meses, ya Reyna tenía 5 meses de embarazo y no era recomendable esperar más tiempo para viajar definitivamente, con su misión cumplida.

Por Sixto vino el doctor Andrés Sánchez y posteriormente se incorporó la doctora Francis Valdés. Por Reyna vino Noris, cuando el doctor Choy terminó, vino la doctora Irene Zamalea y yo pasé a ser el Jefe del Departamento; por la doctora Rita, vino el doctor Omar Perlacea y a mediado de mi estancia en Angola se incorporó el doctor Gildo Pérez, oftalmólogo, a los finales se incorporó la residenta de oftalmología, doctora Ángela Luaces.

Formaban el servicio la técnica de oftalmología cubana América Bonilla, la técnica empírica angolana Carolina, que aprendió con los cubanos, posteriormente se incorporan Ovidio y Aires (angolanos) y el técnico cubano Juan M. González; Cecilia Casimiro era la enfermera angolana y Sao la auxiliar de consulta angolana.

Consideramos en este aspecto de asistencia médica lo relacionado a la consulta externa, cuerpo de guardia, hospitalización, operaciones y trabajo asistencial fuera del centro.

Consulta externa

El área de consulta lo constituía la consulta como tal, donde teníamos una lámpara de hendidura soviética pequeña, pero era un auxiliar muy valioso, un oftalmoscopio de pila, que nos hacía muy difícil el trabajo por su uso excesivo y la falta de pilas, por lo que en las primeras vacaciones yo traje uno de Cuba que había sido dado de baja en el Hospital Provincial, al llegar los de alta precisión de la Carlz Seis. Este oftalmoscopio muy sencillo, viejo y con los lentes llenos de hongos, yo los había limpiado, pintado y hacía buen foco con una iluminación eficiente, al concluir la misión se lo doné al hospital.

En la consulta yo disponía de un tonómetro de Schiotz, algunas lancetas para extraer cuerpos extraños, y una cartilla de colores.

Había un local espacioso para la realización de las refracciones, 2 sillones con buenas condiciones, en la cartilla de lejos cada línea de letras tenía su iluminación independiente que dirigía el técnico desde el sillón, para que el paciente viera únicamente las letras que él quería. Teníamos un retinoscopio y una cartilla de Jaeger (para cerca).

Un local para curaciones con una camilla y un área de espera de consulta, todos los locales de trabajo tenían aire acondicionado.

De 1:00 a 5:00 de la tarde de lunes a viernes hacíamos la consulta externa y a pacientes ingresados (consultas y reconsultas). Una de las tardes era para atender a los militares cubanos, donde además se atendían a los combatientes de la Organización Popular Sudafricana (SWAPO) y a los militantes del Congreso Nacional Africano (ANC), con estos presentamos dificultades con el idioma, pues nosotros no dominamos el inglés como para mantener una conversación, aunque sí lo leemos; con mímica, escribiendo algunas palabras y otras que entendíamos, lográbamos comunicarnos, aunque la mayoría de las veces traían una sanitaria-traductora.

Otra de las tardes era para atender a los militares angolanos, otra para el Examen Médico de Control de Salud, otra para los civiles "con derecho", que en la práctica se atendían todos los civiles que fueran.

Atendimos unos 7 720 pacientes lo que hace un promedio de unos 80 semanal y 20 por consulta, en sentido general las patologías más frecuentes eran las ametropías (60 al 80 %), seguido de las lesiones oculares por trauma de guerra; en tercer lugar, otras lesiones traumáticas y en último orden las lesiones inflamatorias.

Tuvimos ocasión de extraer 4 filarias Loa loa que se encontraban debajo de la conjuntiva, incluso una que tenía 92 milímetros, una se me "escapó" pues desde que la vi y me trasladé con el paciente a la consulta, paso media hora y cuando llegamos había desaparecido, pues ellas se mueven muy rápidamente debajo de la conjuntiva.

Las filarias no sabíamos cómo extraerlas, era una experiencia nueva para nosotros, pero usé la lógica y después de echarle colirio anestésico en el ojo, con una pinza fina le hice presa de un extremo, con una tijera fina hice un pequeño ojal en la conjuntiva y con otra pinza hice presa de la filaria y la extraje, al menos le quité la molestia del ojo, pues se requiere tratamiento sistémico para eliminar los parásitos.

En una ocasión atendimos a una paciente angolana (María Antonia), amiga de Carolina y esposa del doctor Manuel Rui Monteiro (poeta, abogado del Presidente Dos Santos y que había sido Ministro de Información), debido a que manipulando un spray de insecticida, le cayó líquido en el ojo.

Desde el primer momento ellos me comunicaron que si el problema era importante, ellos tenían los recursos para viajar a ser atendidos en el exterior.

Le hicimos un minucioso, abundante y prolongado lavado con suero fisiológico estéril y luego teñimos con tirillas de fluoresceína sódica, resultado: más del 90 % del epitelio corneal había desaparecido.

Inmediatamente le puse una autohemoterapia subconjuntival (extraer sangre de una vena del antebrazo e inyectarla debajo de la conjuntiva), aplicamos colirio de atropina y ungüento oftálmico de antibiótico.

Le expliqué a la paciente que su situación era delicada, por las posibilidades de complicación que se podían originar, pero que nosotros podíamos controlarlas.

A los tres días repetí la autohemoterapia, se notaba por la tinción que el epitelio iba creciendo pero muy lentamente, pero no había indicios de complicaciones, nueva autohemoterapia en dos ocasiones cada tres días y prácticamente el epitelio había crecido completo, pero para sorpresa nuestra, se desprende en un 45 %, por lo que continuamos con igual tratamiento durante semana más.

Mientras tanto, esta situación iba generando inquietudes en otras esferas, pues María Antonia es profesora de Economía de la Universidad y miembro del partido; por otro lado las esferas de relaciones que tiene su esposo, hicieron que se generara una reunión presidida por el Director del Hospital Civil "María Pía", un oftalmólogo angolano que no sabe portugués, sino francés, el subdirector facultativo de nuestro centro, para convencerme que María Antonia debía ser enviada a tratarse al exterior.

El problema residía, en que como yo la había tratado desde sus inicios, era el que debía hacerle la remisión (relatorio) para que el Ministro de Salud, firmara la autorización de viaje, al exterior.

En aquella reunión nada cordial, se quiso poner en tela de juicio la evolución y el tratamiento de la paciente. Por los argumentos que yo expuse quedó demostrado a los presentes que la evolución había estado en correspondencia con el tipo de trauma y el tratamiento recibido y que éste había sido correcto.

En esa discusión pensé que debido a que yo era un extraño en ese país, lo más correcto para mí, en esta situación, era darle el relatorio y así se lo expuse a los presentes.

María Antonia muy apenada, me manifestó que ella estaba muy agradecida, pero que esas presiones no dependían de ella, ni siquiera de su esposo. Yo la comprendí. Ella me pidió que hiciera aparte de la remisión para el ministro, una para entregarla directamente al oftalmólogo en España.

Cuando se produce esta discusión, ya la paciente está prácticamente bien y cuando viaja a España, pues mucho mejor. Fue atendida en la Clínica Barraquer, allí le manifestaron que su ojo estaba bien que había sido correctamente tratada y que los principios terapéuticos de la Escuela de Oftalmología Cubana coincidía con la de ellos.

Es en estos momentos, cuando realmente justipreciamos nuestro trabajo y de los que nos rodean también, pues a partir de aquí, me convertí sin querer en el médico de la familia, pues no había problema de salud e incluso de algunas amistades, que no se consultase conmigo.

Muchos recuerdos en la asistencia médica tenemos en nuestra vida, pero generalmente nos quedan aquellos que más nos impactan, una tarde me llegó un joven angolano que en una riña, el contricante le mordió un ojo, cuando lo exploramos tenía múltiples desgarraduras y estaba lleno de sangre, por poco se los troza en dos.

Carolina llegó un día a mi consulta y me dijo: -Daguito yo quiero que tú me le dejes la cara bonita a una mujer que el marido con la hebilla del cinto le había hecho más de 20 pequeñas heridas en la cara. Yo le dije ahora estoy en consulta, llévasela un momentico al máxilo. Ella me dice que el máxilo la vio y le dijo que esas heridas cicatrizaban solas.

Terminada la consulta dediqué más de una hora, con seda 6-0 a darle dos o tres puntos de sutura a cada herida.

Noris en una oportunidad atendió al embajador soviético a las tres de la mañana, pues una espina de pescado se le había atravesado en el espacio interdental y tanto era la molestia que no podía dormir.

Los miércoles se atendían en Estomatología, la guarnición de la casa 1 (casa del general) y generalmente invitaban al departamento a almorzar, invitación que hacían extensiva a mí.

Asistencia estomatológica

El departamento tenía un salón (con un sillón) para atender cubanos y otro (con tres sillones) para atender angolanos. El doctor Matondo Miguel, era el Jefe Departamento, también trabajaban Felizarda, Pucha y Josefa.

El personal cubano lo formaban la doctora Noris Pompa y las técnicas medias Miriam Lafferté y Felicia León. No obstante, el doble de recursos humanos que tenían los angolanos, la productividad era similar. Los soviéticos se atendían en la parte cubana.

No obstante el esfuerzo personal en el trabajo, este se vio interrumpido en varias ocasiones por falta de agua (más de dos meses), falta de fluido eléctrico, falta de amalgama y mercurio, roturas de equipos, ausencias reiteradas de los pacientes por varias causas.

Se contaba con un Servicio de Prótesis Estomatológica, con el técnico cubano Edilberto López y dos técnicos empíricos angolanos, realizándose en 1980, 590 prótesis sobre todo parciales y 232 reparaciones a pesar de la falta de dientes, alginato, alambre y mufla.

Muchos angolanos necesitaban protésis parcial por los traumatismos dentales de la guerra. A los cubanos se les debe realizar las prótesis antes de cumplir la misión, para evitar estos inconvenientes.

Milián era un sanitario de la Base de Abastecimientos que se confundía fácilmente con un angolano, pero que todos estimaban en el hospital, no porque en ocasiones le ayudara a resolver algún problema alimenticio, sino por su forma de ser; se le cogía cariño. En una ocasión Noris le extrajo una muela y le dio una rebaja de servicio por 48 horas.

Pero Milián no cogió el reposo y ese mismo día salió en una caravana de abastecimiento al interior de Angola. Al regreso, por violación de las medidas de protección y seguridad, la UNITA le hizo una emboscada y Milián murió con 6 compañeros más. Su muerte fue sentida muy hondamente por todos.

Dentro de las actividades de la asistencia médica también realizamos exámenes médicos de aptitud y selección para integrar las Fuerzas Armadas, para ingresar a las Escuelas Militares angolanas y cubanas.

El peritaje médico era otra de nuestras actividades tanto para militares cubanos como angolanos y en ocasiones para algunos civiles angolanos.

El peritaje a cubanos casi siempre conllevaba el regreso a la patria, pues generalmente eran patologías adquiridas en Cuba y que fueron mal seleccionadas para cumplir su misión, como catarata, miopía superior a 6 dioptrías, ambliopías, y algunos casos de anoftalmos por lesiones de guerra.

Una vez perité a un sanitario cubano que llevaba 11 meses en Angola, en una unidad de exploración, donde había cumplido innumerables misiones con una patrulla en el interior de la zona enemiga. Tenía visión nula en un ojo, pero quería quedarse a terminar la misión, tuve que decirle que hasta ahora él y los que lo acompañaban habían tenido suerte, pues si a él le hubiera pasado algo en el ojo sano, la patrulla se hubiera visto en apuros con tal impedimenta.

El peritaje en los angolanos, en su inmensa mayoría era debido a lesiones de guerra: anoftalmo, ptisis bulbi y catarata traumática.

Hay veces que la ignorancia es mala consejera, pues a la semana de estar trabajando en el hospital, me consultó una enfermera rubia, de rostro muy agradable, que llamaba mucho la atención, todos la conocían, era Ana María González.

No vino a verme por estas cosas buenas, sino porque de un tiempo acá, incluso en Cuba con mucha frecuencia tenía queratoconjuntivitis, algo rebelde al tratamiento y sobre todo que era recidivante.

Estos pacientes con esta patología, son muy difíciles para el médico. ¿Qué hacer en estos casos? Yo le expliqué que la autohemoterapia subconjuntival resuelve ese problema en muchos pacientes y ella estuvo de acuerdo.

Pero como esa terapéutica la desconocían mucha gente, se formó tal revuelo que vino a verme la Jefa de Enfermería y el Subdirector Facultativo. Después de la explicación quedaron conformes y una semana después Ana María había mejorado ostensiblemente y durante la misión no presentó más problemas.

Nuestros equipos los arreglaba el técnico de electromedicina Gerardo Chávez.

Atendimos también a dirigentes del Partido, del Gobierno, en una ocasión al hijo del Padre de la Patria Angolana, Agostino Neto, para sacar una licencia de piloto, pero la miopía era tan alta que lo invalidaba para este riesgoso deporte.

Cuerpo de guardia

En el cuerpo de guardia existía el local de la consulta médica, un cuarto de curaciones amplio, uno de observación con 7 camas, un cuarto de rayos X para las urgencias, el dormitorio de los médicos con dos literas dobles y el de las mujeres con dos camas.

Hacíamos guardia en el cuerpo de guardia general cada 4 días, 4 médicos de diferentes especialidades, repartidas 4 horas de 08:00 a 24:00 horas y 2 de 00:00 a 08:00. Casi siempre yo hacía el turno de 16:00 a 20:00 o de 20:00 a 24:00 pues tenía trabajo por el día.

El Jefe de la guardia era un clínico o en su defecto un cirujano.

El número de pacientes oscilaba de 80 a 120, salvo que llegaran bajas del frente. Llegaban 2 ó 3 veces a la semana, entre 15 y 30 heridos y enfermos.

El trabajo aquí era muy dinámico y variado. En los angolanos se veían muchos casos de tuberculosis pulmonar, que en los inicios por desconocimiento nos expusimos al estar muy cerca de ellos y frente a sus accesos de tos, luego tomamos medidas. Estas entidades clínicas que en Cuba no vemos, nos obligaron a repasar los libros de Medicina Interna y actualizarnos sobre ella. Para las radiografías y sus alteraciones, siempre contamos con el apoyo de los técnicos de rayos X Pedro Pérez, Miguel Carvajal, Reynelio Rivero y el doctor Boris.

Otra entidad frecuente es el paludismo, entidad endémica en el país, que afecta a angolanos y cubanos. El cuadro clínico en los cubanos es algo florido, pues en ocasiones cefalea, decaimiento, sacrolumbalgia, febricula son suficiente para sospechar la enfermedad. La forma más grave del paludismo es la cerebral. Caminando le llega el paciente y de pronto delante de usted, se pone a convulsionar y tema por su vida, porque está grave.

Yo mismo tuve 7 paludismos con gota gruesa positiva, más otras 5 que siendo negativas hice tratamiento, muchas veces se discutió si era el mismo que no había curado. A los tres meses yo iba por mi tercera gota gruesa positiva, e hice por mi cuenta un tratamiento que le puse "lucha contra bandido", pues de no resolver el paludismo corría el riesgo de ser evacuado y yo tenía que terminar mi misión.

Comencé con cloroquina del esquema de 10 tabletas yo tomé 12; la primaquina en vez de 14 tome 18 (una tableta diaria); fansidar en tabletas una semana; quinina 10 días y por último 7 días de tetraciclina. Cuarenta y cinco días, pero después de eso me sentí mejor y me pasé un tiempo sin manifestaciones.

Siempre contamos con la ayuda en el laboratorio clínico del doctor Mario Pérez Benitez y cuando este terminó del doctor Pérez Atencio, así como de las técnicas de laboratorio Maydelin Yanes, Lourdes Guarde, Lázara Ortiz, Rosario Rodríguez, Zenaida Columbie y Nieves Iglesias.

Nieves era una técnica de laboratorio con cierta experiencia, eso le sirvió para que en una oportunidad viendo una extensión sanguínea, observara un tripanosoma. Era de un cubano que estaba asintomático, que se encontraba en la fase inicial de la enfermedad del sueño, por supuesto esto creó dudas y fueron especialistas de La Habana a Luanda a comprobarlo.

La medicina no puede ser dogmática, en una ocasión yo me encontraba haciendo guardia con un clínico recién llegado de Cuba (ya llevaba un año), él tenía varios años de experiencia en la especialidad, estaba atendiendo un cubano y yo le digo: -Eso es paludismo. Él me dice: -No es paludismo porque le falta esto y lo otro, porque la curva febril no es así.

Le dije: -te recomiendo -porque hace un año lo estoy haciendo- que frente a la duda poner tratamiento antipalúdico, pues aquí cualquier síntoma en los cubanos -como los que señalamos anteriormente- puede ser paludismo. Una semana después me dio la razón.

Vimos otro paciente que diagnosticado e ingresado como una sepsis urinaria, recibió tratamiento durante una semana, con evolución tórpida. Cuando se vino a sospechar un paludismo se le hizo una gota gruesa que fue positiva, pero demasiado tarde, pues hizo una hemólisis y falleció.

Esta experiencia nos decía: -No confiéis en el paludismo porque traiciona tu confianza y mata.

Otra entidad que veíamos frecuente en urgencia era la hipertensión arterial, angolanos que llegaban caminando al Cuerpo de Guardia con 300 y 180, sin cortejo sintomático acompañante. En su dieta ellos comen mucho funche (puré de yuca con su almidón y todo), con pescado salado (pescado que ellos salan y ponen a secar al sol).

La diarrea por amebas y los abscesos hepáticos amebianos también formaban parte de la guardia.

Los traumatismos por accidentes del tránsito, reyertas, agresiones, formaban parte de la dinámica del cuerpo de guardia.

En una ocasión llegamos al hospital a las 7:45 de la mañana, de pronto llegaron 5 ambulancias WAZ, pensamos que era un grupo de bajas masivas, pues en cada ambulancia caben cinco heridos. Cuando éstas se abrieron, en cada una, venía un solo paciente, acostado encima de un colchón de muelles.

En la cocina del batallón presidencial, el sargento Jefe de la cocina, ordenó limpiar ésta con gasolina, uno de los soldados le dijo que eso era muy peligroso y que él se iba, pero el sargento cerró la puerta de salida, no obstante, este soldado se mantuvo limpiando cerca de una ventana. Cuando los demás llegaron cerca del fuego, se produjo la explosión, el soldado que estaba cerca de la ventana, sin mirar, no perdió tiempo y se tiró por la ventana.

Fue el único que se quemó los pies y se salvó, los cinco restantes con un 100 % de quemaduras, comenzaron a fallecer a las 2 horas y a las 12, todos estaban muertos.

Los heridos de guerra constituyen una dinámica muy particular del cuerpo de guardia, que viene a ser la sección de Recepción y Clasificación de los Hospitales de Tiempo de Guerra. Diariamente llegan casos aislados por mina, proyectil de arma de fuego, etcétera.

La llegada de 20 ó 30 heridos pone a prueba la organización, los conocimientos y la experiencia para resolver en el menor tiempo posible los problemas que presentan estos heridos.

Nosotros teníamos experiencias en la recepción de bajas masivas en los entrenamientos que habíamos hecho en Cuba, tanto en nuestro hospital como en las Unidades Médicas de Tiempo de Guerra, en unas como Jefe de Recepción y Clasificación y en otras como Jefe de Hospital, habíamos visto siempre, estos entrenamientos como una realidad y los habíamos hecho con mucha seriedad. Cuando tuve que hacerlo con heridos reales, di gracias por saber, porque facilitaba la atención más rápida y eficiente a los heridos.

El equipo trabajaba muy unido y organizado, cada uno sabía lo que tenía que hacer, la clasificación era bastante rápida y antes de la hora, todos los heridos y enfermos estaban siendo atendidos por las respectivas especialidades.

Algunos de estos heridos angolanos, llevaban varios días y llegaban con las heridas cicatrizadas, sin infecciones, esto nos llamó mucho la atención, pues los cubanos heridos fácilmente se infectaban. En 36 angolanos que vimos con lesiones oculares por minas terrestres, ninguno se infectó.

Vimos un cubano que le explotó una mina terrestre, afectándole los dos ojos y a las 6 horas presentaba una endoftalmitis (infección del ojo) del ojo menos traumatizado, se quedó ciego. Otro que se encontraba a 5 metros del lugar donde explotó una mina antipersonal, no sintió nada en el ojo, sin embargo al día siguiente perdió la visión y presentaba dolor, cuando concurrió a nosotros a las 48 horas tenía una endoftalmitis.

Los heridos que llegaban al Cuerpo de Guardia requerían sangre, teníamos un Banco de Sangre, con sangre para cubanos y para angolanos por un problema epidemiológico, no obstante y en muchas ocasiones, al no haber sangre en el banco para angolanos, se utilizaba la de los cubanos. Maruca hizo una labor muy eficiente en este puesto.

A los cubanos nunca les faltó la sangre, pues todo el personal que se encontraba en Luanda y en la periferia estaban hemoclasificados, y con la relación en el Banco de Sangre, cuando se necesitaba sangre de un grupo específico se mandaba a buscar el donante, esa era otra de las actitudes positivas de nuestros internacionalistas.

Las bajas sanitarias de CCCV, afectados por minas; tenían quemaduras, heridas, etcétera., por lo que había que determinar entre los diferentes especialistas las lesiones principales que comprometían la vida del herido y luego los órganos y estructuras de las especialidades.

Aunque en ocasiones no había acuerdo entre dos especialistas sobre la atención a la prioridad, es de reconocer que la Dra. Teresa Pedroso (quemóloga) jerarquizaba de inicio estos heridos por las quemaduras en cabeza y cuello y una vez que se estabilizaba, los demás especialistas iban actuando de acuerdo con la importancia de las lesiones.

Nosotros estuvimos permanentes de guardia localizable de oftalmología durante 11 meses las 24 horas del día, eso nos limitaba mucho tomar bebidas alcohólicas en las actividades festivas, sencillamente no podíamos tomar para olvidar o eliminar la nostalgia "gorrión", teníamos que estar semisobrios y nunca nos pasamos de trago pues conocíamos la responsabilidad que teníamos.

A cualquier hora a cualquier día, me iban a buscar, estando en la casa, en el cine, en la playa o en los cumpleaños colectivos; siempre tuvimos la mejor disposición para atender los pacientes.

La llegada del doctor Gildo Pérez (oftalmólogo), mejoró mi situación, al dividirnos la guardia por semanas, en esto tuve un respiro y en mi semana libre sí me pasé de tragos en las fiestas.

Estomatología no hacía guardia física, pero siempre estaba localizable.

Estando de guardia un domingo a las 5:00 de la tarde, llegó una camioneta, de ella se bajó un angolano muy agitado y peleando, porque en una riña otro le había mordido la nariz y le había arrancado un pedazo y así no podía presentarse delante de su mamá, con ese hueco tan grande en la nariz.

Medio en broma y medio en serio yo le dije, que fuera a buscar el pedazo de nariz que yo se lo iba a pegar otra vez en su lugar. Media hora después llegó la camioneta con el pedazo de nariz en la cama, todo lleno de arena y nadie quería entregármela, hasta que la recogí de ese lugar.

La lavé abundantemente con agua corriente hasta quitarle toda la arena, luego la sumergí en una solución de estreptomicina. Acosté al paciente y le suturé el pedazo del ala de la nariz, cuando se miró al espejo se puso de lo más contento, pues no parecía que le había pasado nada.

Al día siguiente la doctora Teresa Pedroso me dijo: -Si se pega la nariz te lo voy a publicar internacionalmente, pues sería el primero en pegarse.

Efectivamente al pasar de los días, el cartílago fue necrosándose y retrayéndose, pero di tiempo a que Teresa, le sacara un "tubo" del brazo y le reconstruyera la nariz.

Cuando yo llegué la comida de la guardia era la misma que para los pacientes cubanos y angolanos, mucho funche con pescado, carne, etcétera, pero se logró, hacer una cocina para cocinarle a los pacientes cubanos y otra a los angolanos, lo que indudablemente mejoró la alimentación de éstos. La dietista Rosa Elena Escobar ayudó en esta empresa.

La guardia continuó con la comida angolana, hasta que después de mucho batallar, logramos que la comida de la guardia fuera igual que la de los pacientes, no obstante al existir en el comedor de la guardia de las dos comidas, al doctor Cirilo de Cha, dice gustarle más la comida cubana.

Nuestros muertos independientemente del lugar de Angola donde cayeran eran enterrados en el cementerio de Luanda, en el hospital se logró también hacer un cuarto al menos con aire acondicionado, pues cuando estaba abierto, el mal olor de los muertos angolanos de varios días, invadía todas las dependencias cercanas al cuarto.

La comisión de políticos trasladaba el cadáver de los cubanos en una caja, les despedían el duelo y los enterraban, cuando era tiempo para la exhumación, los restos eran guardados en cajas metálicas y puesto en los nichos en la Misión Militar.

Muchos compañeros hicieron guardias con nosotros y compartieron lo que hemos expresado, por eso quiero recordarlos en estas memorias: a los cirujanos Eduardo Gayle, Miguel Hernández, Jorge Arcia, Celso Domínguez y Manuel Ampudia.

Clínicos como Pedro Cruz, Amado Díaz, Pablo Hernández, Andrés Quesada y Martín Castellanos. Otros como Jorge Puertas y Daniel Simon (gran careca), dermatólogos los dos; los pediatras Mercedes Pérez y Jesús Hernández; la uróloga Guillermina Arellano y los técnicos de Fisioterapia, Pedro Camejo y de Ortopedia, Raúl Rodríguez "El wimbi".

Hospitalización

Los pacientes angolanos eran ingresados en la sala de Recobro, la cual tenía 25 camas, se me asignaron tres camas, pero este índice era relativo pues dependía de las necesidades de otras especialidades, pues por ejemplo neurocirugía tenía alrededor del 80 % de los pacientes, muchos de ellos con más de 1 año de ingreso por presentar paraplejias y por no existir otro centro donde enviarse para rehabilitación.

La Jefa de Enfermería del hospital era la Licenciada Teresa Rodríguez, y la de la sala de Recobro era Teresa Téllez, también en esta sala trabajan enfermeras angolanas.

Durante este tiempo ingresé 200 pacientes, el 53 % cubanos. Los cubanos se ingresan por cualquier situación de salud por muy sencilla que sea, incluso hasta por una conjuntivitis bacteriana.

En 1981, cuando el brote de conjuntivitis hemorrágica en Cuba, tal vez por una mala pesquisa al regresar a Angola, algunos las trajeron para acá, pero se detectaban al bajarse del avión y se aislaban inmediatamente, esto no constituyó un problema de salud para nosotros, no obstante, algunos angolanos se contaminaron.

Otros ingresos fueron por pterigión quirúrgico, queratitis, y algunos para peritaje, los menos fueron por lesiones oculares de guerra.

A los enfermos no se les daba el alta hasta su total recuperación, en los casos de evolución tórpida se peritaban y se enviaban a Cuba.

La mayoría de los ingresos angolanos (el 38 %) eran por lesiones de arma de fuego, produciéndole estallamiento del globo ocular, ptisis bulbi, catarata traumática para operar; cuerpos extraños corneales múltiples y profundos, productos de las explosiones de las minas que en suelo arenoso disparaban cientos de proyectiles secundarios.

El 8 % de los ingresados eran civiles, para operarse de catarata, de desprendimiento de retina y glaucoma.

En mi segunda etapa el doctor Gildo Pérez me ayudaba en algunas operaciones, ya que él desempeñaba el cargo de Segundo Jefe y le ocupaba mucho tiempo.

El pase de visita era diario a los casos de la sala y a los graves dos veces al día, incluidos los domingos, estando o no en la UTI.

En una ocasión tuve que realizarle una evisceración a un paciente que llevaba varios días en coma en la UTI, pues en estos pacientes hay tendencia de los ojos a mantenerse abierto, se debe proteger la córnea para evitar su desecación e infección secundaria, originando una úlcera corneal y como complicación una endoftalmitis, eso ocurrió y se procedió.

Los pacientes que presentaban quemaduras importantes por minas, y lesiones de CCCV, se ingresaban de primera intención en la sala de quemados.

El calor que desprenden las minas afectan considerablemente el interior del ojo. Vimos un paciente que le explotó una mina, sufriendo lesión por quemadura y onda de choque en un ojo, afectándolo tanto que llegó a perder la visión, sin embargo, el otro aparentemente sano, sin lesión alguna, se atrofió, como si el calor hubiera provocado una inhibición en la producción del humor acuoso.

Muchas enfermeras trabajaron con nosotros en la sala día a día, de noche y de día, dando lo mejor de sí por sus enfermos, hora a hora, minuto a minuto, mientras cumplían con esta labor tan humana, se encontraban lejos de sus hijos, esposos y padres y por ello, quiero recordarlas también sobre a todo a aquellas que no son mencionadas en parte alguna de estas memorias.

Eida Palomino, Delia Videaux, Dolores Martínez, Hilda Videaux, Gloria Martínez, Xiomara Bravo, Leyda Hernández, Vivian Ferras, Aida Souto, Heydi Peña, Santa Bravo, María Elena Córdova (la esposa de Pablo y que tan buenas comidas disfrutamos en su casa), Nancy Gutiérrez, Carila, Margot Comesaña, Magaly Cecilia, Xiomara Poutol, Dignora Martínez, Modesta Medina, Olga Lidia Romero y Esperanza Mesa.

Al Dr. Choy le entregamos una medalla confeccionada especialmente para él: la "Medalla del Percibeiro" (chinches), que en la sala de Recobro había por miles, donde los pacientes encamados inválidos, se quejaban de su picada sobre todo por las noches y las paredes manchadas de sangre eran huellas de una realidad. Estas procedían de un almacén que estaba debajo de la sala.

Esto se planteó en la dirección y no se quería creer, por lo que llevamos al Director, Dr. Hendrick a la sala, convencido de esto, mandó a cerrar la sala de inmediato, sellándose herméticamente y formolizándose por una semana. Había que ver los rollos de chinches muertas en las ruedas y articulaciones de las camas, en los interruptores de las luces.

Las camas y la sala se pintaron, se cambiaron los colchones y al mes los pacientes habían mejorado las condiciones de vida en un 100 %.

Al concluir el doctor Choy su misión me quedé como Jefe de la sala de Recobro.

Operaciones

Las operaciones electivas mayores y menores las hacíamos un día a la semana. El Jefe de Anestesia y Reanimación el doctor Estrada es de Santiago, siempre nos apoyó en nuestro trabajo, aunque siempre estábamos discutiendo, ambos nos estimábamos.

Estrada y Zulueta vivían en el Hotel Amistad, pero cuando querían comer comida hecha en casa, se buscaban un pedazo de carne de res y una garrafa de vino tinto y se aparecían en la CUCA. Noris les preparaba un buen congrí, una fuente de bistecs, tostones, ensalada y completamos con el vino tinto.

En el salón también trabajaban los técnicos de anestesia Lucia Gambino, Adoración Romero, Deysi Columbie y Berta Pareyuelos.

Disponíamos siempre del mismo salón, para evitarnos posibles contaminaciones en los ojos operados, salvo las urgencias que en ocasiones tuvimos que operar juntos a ORL, Ortopedia o Quemados.

Teníamos un instrumental quirúrgico aceptable, operábamos de todo menos trasplante de córnea y vías lagrimales por no tener instrumental. La anestesia generalmente era retrobulbar, cuando no se podía por piel, lo hacíamos por conjuntiva, en los ojos abiertos o con lesiones en piel y conjuntiva, se aplicaba anestesia general con ketalar.

Realizamos 136 operaciones de ellas 87 mayores (52 electivas, 35 de urgencias) y 49 menores (7 de urgencias). Veinticinco fueron a cubanos, 79 a militares angolanos y 26 a civiles angolanos.

Las operaciones a cubanos fueron 7 por heridas corneales, 3 evisceraciones y 12 pterigium. A los militares angolanos se les realizaron 32 evisceraciones, 13 enucleaciones, 8 cataratas traumáticas, y 10 pterigión, además de plastias de párpados, extracción de cuerpos extraños y granuloma conjuntival.

A los civiles angolanos se le operaron 12 cataratas senil, 2 estrabismos, 2 desprendimientos de retina, 3 carnicomas in situ conjuntival, 1 enucleación, 1 criocicloterapia, 1 recubrimiento conjuntival y 3 pterigión.

La mayoría de las cirugías por lesiones de arma de guerra, son muy traumatizante, no sólo ya para el paciente que sufre la mayor parte, sino también para el cirujano. En Cuba yo había hecho en todo mi tiempo no más de 2 ó 3 enucleaciones, por no ser una operación frecuente.

A los cubanos no se les realizaba cirugía mayor electiva, el que lo necesitaba constituía generalmente causa de peritaje y se enviaba a Cuba. Las operaciones menores electivas eran en casos necesarios, como el caso del pterigión congestivo que causaba molestias permanente, granulomas o papilomas conjuntivales, sin mayores riesgos quirúrgicos o de infección.

La mayoría de la cirugía convencional la resolvíamos, si tenemos en cuenta que en otros hospitales de Luanda, los desprendimientos de retina y los estrabismos los enviaban al exterior.

Al terminar el doctor Estrada su misión de más de 30 meses, lo sustituyó el doctor Eduardo Caballero, sin embargo las relaciones de trabajo no fueron iguales, y surgieron discrepancias al exigirnos que los pacientes angolanos debían ir al salón con grupo sanguíneo (práctica que en Cuba no se exige y en Angola muchas veces no había sueros hemoclasificadores).

Otra exigencia fue operar con hemoglobina mayor de 10 gm, cuando es difícil ver a una angolana con esta cifra, hasta el momento habíamos estado operando hasta con 8 gm los electivos, y los casos de urgencias algunos fueron operados hasta con 6, sin ningún problema, ya que la anestesia que usamos era retrobulbar.

Al doctor Zulueta lo sustituyó la doctora Leonor Ríos.

La UTI quedaba anexa a la Unidad Quirúrgica y la frecuentábamos porque siempre había algún paciente grave que tuviera lesiones oculares sobre todo por minas. Recordamos a las enfermeras: Aymara Rivero, que se sentía desconsolada cuando yo hice el edema angioneurótico y estaba tan edematoso que sólo en el cuarto intento logró canalizarme una vena, después de 4 intentos, una enfermera angolana; recordamos también a las santiagueras Xiomara Julber, Ofelia Díaz y Teresa Arias.

En una ocasión operamos simultáneamente junto a los ortopédicos Aymerich y Losa, Teresa la quemóloga y el máxilo Perlacea a un combatiente de la SWPO, que le había explotado una mina en las manos, amputándole ambos brazos y produciéndole múltiples heridas y quemaduras en el abdomen, tórax, cuello y cara, por nuestra parte ambos ojos estaban destruidos.

Trabajo asistencial fuera del hospital

Asistimos en varias ocasiones a Cacuaco, al chequeo médico de los combatientes cubanos que regresaban en barco, haciendo de clínico o cirujano en dependencia de las necesidades, generalmente el chequeo era por el día, pero el embarque era nocturno y había que permanecer allí, también en las recepciones de barcos desde Cuba.

También en varias ocasiones hacíamos la recepción médica de los vuelos procedentes de Cuba y Etiopía. Los cubanos que estaban en Etiopía hacían escala en Luanda cuando viajaban en ambas direcciones.

A Huambo fui en dos ocasiones, la primera fue el 8 de septiembre de 1981, cuando las tropas sudafricanas, habían realizado una ofensiva y estaban cerca del borde delantero cubano, se pensaba iniciar una contraofensiva y yo tenía la tarea de organizar una subsección de Base Hospitalaria de 500 camas con posibilidad de ampliarla a 700.

No más hicimos llegar y contactamos con el teniente Roberto Blaboa, Jefe de Servicios Médicos del RIM, e inmediatamente fuimos a ver al Jefe Servicios Médicos de la sexta región (no recuerdo su nombre), contactamos con el Jefe de la Brigada Médica Cubana doctor Ángel García Araújo y con Serguei, Jefe de la Brigada Médica Soviética el cual estuvo de acuerdo en cooperar con nosotros en el aseguramiento médico de las tropas.

Solicitamos una reunión con el Comisario Provincial de Huambo (este dirigente es plenipotenciario y sólo se subordina al Presidente de la República), el cual tenía conocimiento de nuestra llegada y facilitó la reunión de inmediato, quedando los acuerdos fundamentales plasmados en el acta de cooperación:

Se coordinó directamente con el doctor Lucas, Director del Hospital Militar Central de Huambo que debía liberar 400 de las 900 camas que tenía ocupada, comprometiéndose a su vez a seleccionar 35 enfermeras angolanas que fueran confiables, pues se conocía que muchas eran negligentes.

El doctor Emiliano, compañero nuestro de Santiago, era el Director del Sanatorio Antituberculoso por lo que no hubo problema en la liberación de las 125 camas, más disponíamos de 100 catres que había en el sótano de este hospital, teníamos además, las camas que había en el hospital de las FAPLA, que era atendido por cubanos y del Club de Oficiales que el Presidente había autorizado para ser utilizado como hospital en caso necesario.

En Huambo no había oxígeno, plasma, suero hemoclasificador, equipos de transfusiones, yeso y otros medicamentos que solicitamos al MINSA y 48 horas después se recibían.

Para garantizar la seguridad de los combatientes heridos, nos reunimos con los constructores del contingente cubano y los educadores, solicitando de los compañeros que tuvieran algún conocimiento de primeros auxilios o aun sin tenerlo que estuvieran en disposición, de ayudar a atender a los heridos junto a las enfermeras angolanas, más de 70 compañeros se brindaron (casi todos), actitud que es destacable en nuestros internacionalistas.

A las 72 horas de mi llegada a Huambo estaba garantizado todo lo necesario para una semana a carga máxima de heridos, pero me localizaron de Luanda, de parte del Director angolano que me presentara.

Lo que pasó fue que Morales nuestro Jefe de Grupo y Asesor de Hendrick, no consultó mi envío a Huambo, y en el Hospital de Luanda no había oftalmólogo para atender los pacientes, cuando le llegó la queja al Director, se formó el problema, no obstante yo estuve en Huambo una semana (que coincidía con el fin de semana) hasta que dejé todo puntualizado.

Fue una experiencia positiva, en una organización real de una sección de BH, cuando las realidades apremiantes de la guerra así lo exigían, pues hasta ese momento, yo lo había hecho en los planes y en maniobras.

El 11 de abril de 1982, a las 10:00 a.m., cuando el Doctor Morales me mandó a buscar a su oficina, yo me imaginé que era para decirme, que ya había terminado en Angola, pues prácticamente tenía los 2 años. Mi imaginación se fundamentó, en que conmigo trabajaba una residenta de oftalmología desde hacía tres meses, pero que ahora era que la habían designado oficialmente y que el doctor Gildo Pérez que aunque estaba fungiendo como Segundo Jefe tenía la mitad de mi tiempo y podía enfrentar algunos de los problemas de oftalmología.

Sin embargo, lo único que me dijo Morales fue: -Dagoberto prepárate que a las 2:00 p.m. sale el avión para Huambo, vas a sustituir al médico de los pilotos que sale de vacaciones. Algo anodadado, sólo pedí permiso para retirarme, pues nunca me imaginé que Morales pudiese hacerme eso a unos días en que yo debía salir también de vacaciones.

A mi salida de la oficina me topé con Gildo, y le expliqué que yo estaba cercano también a las vacaciones y que si en el hospital había 7 clínicos, yo no era el más idóneo para ese trabajo de médico de los pilotos, pues incluso en la Unidad de Funda, cuando el médico se iba de vacaciones lo sustituía uno de los dos clínicos con que contaba el hospital en esos momentos.

Gildo vio a Morales y éste le planteó que yo era el designado. Al final llegué a la conclusión que discusiones mal entendidas por Morales, en reuniones anteriores, la pagué yo con la ida a Huambo.

Esta nueva experiencia fue muy positiva para mí, pues yo siempre he tratado de sacarle el lado bueno a las cosas malas y por eso me ayudo a mí mismo. Los pilotos son personas que hay que exigirle el cumplimiento del horario de vida, sobre todo en los días que no hay vuelos, aunque nuestras relaciones eran magníficas, más de una vez a algunos tuve que prohibirle volar por tener alterada la presión arterial, sobre todo al Jefe del Escuadrón.

Los vuelos no eran diarios y eran vuelos de reconocimiento o bombardeo a las posiciones de la UNITA, para que las tropas de Lucha contra Bandidos actuaran inmediatamente.

En una ocasión participé en Búsqueda, Salvamento y Rescate, en Luete a 115 kms de Huambo, el helicóptero debía permanecer en el aire a 1 km del área del bombardeo. Si el avión es derribado, se debe rescatar el piloto en menos de 15 minutos, en nuestro caso por no tener motorrecursos el helicóptero permaneció en tierra, pero con toda la dotación lista. También había convencido al Jefe a volar en el Mig biplaza de exploración, pues como él era de mi tamaño podía usar su traje presurizado, no lo logré por tener que irme para Luanda.

Cuando no había vuelo, los pilotos se aburrían en la casa que quedaba frente al Hospital Antituberculoso. Marrero, piloto de Mig y Secretario del Comité de Base de la UJC y yo hablamos con el Jefe del Escuadrón, para hacer una exploración a la presa de Huambo, buscando un buen lugar, donde se pudieran bañar y descansar y donde se construiría un "ranchito" con algunas condiciones.

Salimos en el Jeep: Marrero, el piloto y copiloto del helicóptero, el paracaidista del grupo y yo. Entramos a la presa por donde está una Unidad Militar soterrada de cubanos, al no existir las condiciones que queríamos, decidimos explorar el inicio de la presa.

Cuando dejamos el camino principal y entramos al camino que conduce a un caserío, la gente comenzó a correr y a ponerse las manos en la cabeza, eso a nosotros nos pareció extraño, pero continuamos viaje por un camino que hace años no hay tránsito y los yerbazales del centro estaban muy alto. Analizando todo esto nos percatamos que estábamos corriendo peligro y no podíamos volvernos atrás, y tomamos algunas decisiones.

Nos topamos con un puente de madera que estaba en malas condiciones, por lo que nos bajamos y lo cruzamos caminando, el chofer pasó el Jeep pero casi con todo el cuerpo afuera, los angolanos que nos pasaban por al lado, con los bultos en la cabeza, nos recordaba en esos momentos, las películas con los safari africanos.

Pasado el puente, comenzamos a ver unos árboles grandes que había cerca del aeropuerto y nos empezamos a sentir con más seguridad.

Esa noche nos dimos varios tragos por estar sanos y salvos, sin siquiera sospechar por donde habíamos estado. Por la mañana del día siguiente, el contrainteligente nos informó que por el caserío por donde habíamos pasado, había en ese momento una columna de la UNITA con 100 hombres y que la gente corría y se ponían las manos en la cabeza porque creían que detrás del jeep venían tropas y por tanto el combate y que si hubiésemos regresado por el camino no hubiéramos contado el cuento.

Esa noche atacaron también un cuartel de la FAPLA que estaba en el inicio de la presa, matando a la guarnición de 10 hombres, pues ellos pensaban que nosotros estábamos en él.

Huambo es la tierra de Sabimbi, por lo que realmente hay mucha inseguridad, al día siguiente de nuestra llegada, un angolano pisó una mina y explotó al inicio del camino que va a la Candonga (mercado negro) que queda frente al aeropuerto, al lado de la Unidad de Exploración Cubana.

En otra ocasión en el lugar donde paraba el camión para recoger los paracaídas que los Mig utilizan para aterrizar, en ese mismo lugar pusieron una mina antitanque que por suerte, un jeep pasó primero la descubrió y no explotó.

Con los pilotos cumplí un mes, el médico de los pilotos no llegaba, por lo que llamé a Francis, Secretaria del Partido, para que gestionara mi relevo de Huambo por cuanto yo también debía irme de vacaciones, en eso llegó el médico y los pilotos (Marrero, Cancel, Eddy, etcétera) y me hicieron una despedida muy emotiva, como hermanos.

Docencia médica

En este aspecto estuvimos trabajando desde nuestra llegada. Le dimos clases a las alumnas de segundo año de enfermería, sobre situaciones clínicas más frecuentes en oftalmología, su tratamiento y prevención. Incluía cataratas, queratoplastia, glaucoma, desprendimiento de retina, estrabismo, miopía, conjuntivitis, orzuelo, cuerpos extraños y traumatismos.

Noris impartió clases sobre anatomía de la cabeza.

Impartí conferencias en el "Curso de Superación y Capacitación de Jefes de Departamentos y Adjuntos del sector Administrativo del Hospital Militar Central de las FAPLA". El hecho que en Cuba yo haya sido Jefe de Servicio y Subdirector técnico me facilitó la tarea, pues un tiempo atrás habíamos trabajado mucho en los "Planes de Mejoramiento en la Prestación de Servicio y el Trato a Pacientes y Familiares" y estos planes, con las características propias de los angolanos, se aplicaron en este hospital.

Elaboré el programa de estudio del "Curso para Técnicos de Oftalmología", siendo el responsable y a la vez profesor del mismo, participando también el compañero Gildo y la técnica América.

Este curso oficializado por el SAMM, contó inicialmente con 11 alumnos de las diferentes regiones del país, pero no todos los alumnos tenían un nivel mínimo imprescindible de conocimientos que le permitiesen asimilar una técnica y además en 6 meses.

Planteado el problema se autorizó hacer un examen de selección, quedando 6 alumnos, que culminaron el curso.

Este curso fue inscrito en el Ministerio de Salud Pública y al concluir sus estudios se le extendió el certificado de técnicos de Oftalmología.

Actividades Científicas y de Investigación

Podemos decir que en este aspecto trabajamos mucho, dedicamos muchas horas de nuestro descanso a conocer realidades que nuestro trabajo diario nos aportaba y no podíamos desaprovecharla, esto unido a la experiencia acumulada, más la que íbamos adquiriendo, nos facilitaba ir conociendo cada vez más esa realidad y por tanto mejorar nuestro trabajo y conducta.

Participamos en tres eventos científicos tales como la V Jornada de Medicina Militar y III de Técnicos Medios, celebrada en el Club Central de las FAPLA, en Luanda del 29 al 31 de mayo de 1980, acabadito de llegar como aquel que dice, pero con disposición de hacer mi primer aporte a este evento, presenté el trabajo "Oftalmotrauma en militares angolanos".

En el mismo se destacan las lesiones por minas como las más frecuentes, seguido por RPG-2, bazuca, proyectil, accidente del tránsito y otros, siendo frecuente la afectación de ambos ojos, con pérdida considerable y a veces total de la función visual.

Las secuelas como leucoma corneal, ptisis bulbi (atrofia), desprendimiento de retina, también afectaban considerablemente la agudeza visual.

En este evento fui miembro de la Comisión de Actividades Científicas y su presidente el doctor Aires do Espiritu Santos, africano.

El 13 de mayo de 1981, se celebró la Jornada de los Servicios Médicos de la Misión Militar Cubana en Angola, recibiendo felicitación del Jefe de los Servicios Médicos, por el trabajo organizativo realizado en la misma, presenté varios trabajos en la misma y participé como oftalmólogo en una Mesa Redonda sobre "Traumatizados de cabeza, cuello y columna vertebral", siendo el doctor Gildo, Moderador; doctor Choy, neurocirujano; doctora Francis, ORL y el doctor Alba, maxilofacial.

El I Simposio de Medicina Militar y de técnicos medios, se celebró el 9 de septiembre de 1981, siendo Presidente de la Comisión de Programa y Decoración, en este evento recibí premio entregado por el Teniente coronel Paiba Magallanes "bunda".

El 25 de noviembre de 1981, se celebró la Jornada de Ciencias Médicas de Angola, aunque yo no llevé trabajos, participé en la exposición de una ponencia por un compañero que no podía asistir.

En estos eventos fui presentando los trabajos científicos que iba terminando: "Lesiones oculares por artefactos de guerra", realizado con el doctor Gildo Pérez, destacándose la poca protección del ojo, su poca resistencia y los factores como fuerza de choque, la presión ejercida y la dirección del golpe que de acuerdo con su intensidad afectan gravemente al ojo.

Los artefactos de guerra producen todo tipo de lesiones oculares desde un simple hematoma palpebral hasta destrucción total del globo ocular con fractura de los huesos de la órbita.

Otro trabajo fue "Morbilidad oftalmológica y estadía hospitalaria en heridos de guerra", una conclusión de este trabajo es la baja tasa de infección de las lesiones oculares abiertas en los angolanos, llegaban en ocasiones con la herida del ojo cicatrizada a la piel del párpado pero sin haberse infectado y sin recibir antibiótico.

Estudiamos también los "Cambios en la excavación de la papila" en un grupo de angolanos jóvenes, teniendo un 68 % la papila normal y un 12 % con excavación grados II y III, por lo que nos indicaba que debíamos estudiar la posibilidad de glaucoma crónico, pero no existían las condiciones para ello.

"Ametropías en angolanos", fue otro de los interesantes trabajos realizados con la técnica América Bonilla, representando la Miopía simple un 62 % de los defectos refractivos, el Astigmatismo miópico compuesto en un 20 %, el Astigmatismo simple un 11,0 % y la Hipermetropía un 6 %.

Sobre causas de peritaje realicé tres trabajos sobre angolanos y cubanos, se destacaban en los cubanos, patologías por mala selección al realizarle el examen médico tales como: ametropías, cataratas, glaucoma, atrofia óptica y algunos, los menos, por lesiones de guerra. En los angolanos predominaban las lesiones por armas de guerra y sus secuelas y algunos se peritaron por ambliopía y estrabismo.

Un combatiente tiene que tener buenas condiciones físicas y psíquicas, para cumplir las difíciles y complejas misiones en la guerra, por eso el órgano de la visión es un auxiliar indispensable, y requiere un mayor cuidado y protección durante las acciones combativas sobre todo irregulares, pues generalmente son bajas definitivas.

Otro trabajo interesante fue el de "Loaiasis conjuntival", pues esta entidad la veíamos por primera vez en Angola, ni siquiera sabíamos como extraerla, como ya expliqué en otra parte de estas memorias.

Fui tutor de un trabajo, de nuestra enfermera angolana Cecilia Casimiro, sobre "Cuidados de enfermería sobre el paciente operado de catarata senil".

Realicé dos trabajos con la doctora Ángela Luaces, ya casi al final de mi estancia en Angola que ella se encargó de presentar, en la VI Jornada Científica de Medicina Militar y IV de Técnicos Medios, en Luanda, el 30 de marzo de 1983. Uno de ellos "Morbilidad quirúrgica oftalmológica" y el otro sobre "Morbilidad en consulta externa".

Participamos como coautor de varios trabajos con el doctor Gildo Pérez "La posición polo axial invertida en la localización de los cuerpos extraños intraoculares en heridos de guerra", trabajo que él había comenzado en Cuba y se desarrolló en Angola, yo gané experiencia con este método, cuando no se podía hacer, la polo axial normal.

Otros trabajos con Gildo fueron "Método radioanatómico en el estudio de los cuerpos extraños intraoculares" y "La evacuación de los heridos con cuerpo extraño intraocular". En algunos de estos trabajos participó también la doctora Caridad Perna, oftalmóloga y esposa de Gildo. Todos estos trabajos son de mucha importancia, pues los pacientes con cuerpos extraños intraoculares requieren su cuidado y la localización exacta para su extracción.

Junto con Gildo, Francis y Choy, participé en el trabajo "Herida combinada del globo ocular derecho y seno frontal con destrucción de ambos", donde pudimos apreciar una retinitis esclopetaria en el ojo izquierdo (aparentemente sano), que no es una entidad frecuente a ver.

Con el doctor Andrés Sánchez participé en la operación de un paciente y luego elaboramos un trabajo "Cuerpo extraño oculo facial excepcional" (Pieza de cañangulo).

El cañangulo es un arma de fuego rudimentaria, de fabricación casera, habitual en tribus de cazadores, construido por compresión. La explosión se logra con pólvora y el proyectil lo componen piedras, metales, palos, etcétera. En este caso era un pedazo de metal de 5 cm de largo por 2 cm de ancho, de forma irregular que le produjo estallamiento del ojo derecho, fractura del seno maxilar derecho y catarata del ojo izquierdo.

Reconozco la ayuda prestada en la obtención de algunos datos a las compañeras técnicas de estadística: Fidelina Padrón y Eugenia Alfonso.

Fui miembro del Comité de Fallecidos y participé en las reuniones Clínico-Radiológicas presentando cuerpos extraños oculares en varias ocasiones, en una ocasión tuvimos oportunidad de ver la placa de abdomen y a continuación la pieza anatómica, se trataba de un bazo gigante (mayor que un hígado normal) de una paciente con un paludismo crónico, que se había decidido por los cirujanos su extracción, por el fenómeno de espacio que estaba creando dentro del abdomen.

Noris realizó el trabajo "Análisis del trabajo estomatológico en militares cubanos y angolanos", participando además Miriam Lafferté, Felicia León, Edilberto López y el doctor Dagoberto García.

La realización de estos eventos científicos, en las condiciones existentes en Angola, demostró que se podían hacer eventos de calidad, y permitir que el personal angolano de la salud, se fuera insertando en la investigación científica y en el desarrollo de su futura medicina.

Al terminar mi misión, no había concluido con el aspecto científico, pues con los datos que traje, elaboré "Lesiones oculares por minas terrestres" y un trabajo que ha servido de guía para la confección de estas memorias "Nuestra experiencia en el cumplimiento de la misión internacionalista en Angola".

Estos trabajos fueron presentados en eventos hospitalarios, territoriales y nacionales y algunos de ellos publicados, tan rica experiencia médica no se puede perder.

Actividades Políticas y Culturales

Actividades políticas

Las actividades políticas indudablemente juegan un papel muy importante en el personal que cumple misiones fuera del país: las actividades de información política, tanto sobre nuestro país como del país donde estamos; la situación internacional; la orientación de las normas de convivencia con los naturales del país y el conocimiento de sus raíces históricas y culturales.

La emulación socialista juega un importante rol cuando prende en las masas, con su chequeo mensual, semestral y anual, el estímulo personal. Las cartas a los familiares, lograban el objetivo que se perseguía. Noris y yo salimos Vanguardia en varias ocasiones. Al CDR y a nuestros familiares llegaron cartas reconociendo nuestra actitud.

El 10 de febrero de 1981, se realizó un emotivo acto, donde además participó la juventud angolana. En este acto nos comprometimos a dar un día de haber mensual durante un año para contribuir al gasto de las Milicias de Tropas Territoriales.

Las asambleas de la disciplina eran muy ágiles, críticas y de mucha utilidad, pues en la medida que se resolvían los problemas planteados, se fortalecía la disciplina y contribuía a que todo el personal, se sintiera como en una gran familia.

Se realizó un gran acto de despedida a un grupo de compañeros que habían cumplido más de 30 meses y que por algunos problemas no les había llegado el relevo, al mismo asistió el Embajador de Cuba en Angola, Fracia Mestre, que les entregó certificado de reconocimiento por la labor cumplida.

Las bienvenidas a los que se iniciaban en la misión y la despedida a los que exitosamente la habían cumplido, formaban una dinámica política en nuestras actividades habituales.

La realización de plenos ideológicos, veladas de preguntas y respuestas, mítines relámpagos, conferencias, actos políticos, etcétera, matizaban las efemérides siempre recordadas: 1 y 28 de enero, 24 de febrero, 8 y 13 de marzo, 17 de abril, 1 de mayo, 26 de julio, 28 de septiembre, 10 de octubre, 7 de noviembre, 2, 3 y 31 de diciembre. El día de los padres y de las madres.

El 2 de diciembre asistimos al cementerio, a rendirle un merecido homenaje a nuestros caídos combatiendo por la libertad de otros pueblos hermanos, ahí estaba la tumba del General Raúl Díaz Argüelles, donde frente a su tumba, se dijeron unas palabras de homenaje.

El trabajo político era muy activo, siempre se estaba trabajando por algo, se saludaba la Asamblea de Balance del Partido donde participaba además la juventud angolana y al final todo el personal participaba en el brindis de la asamblea.

En 1980 yo fui miembro del Buró del núcleo del Partido y en la Asamblea de Balance de febrero 81 como educador. La doctora Teresa Pedroso (Caumatóloga) es reelegida como Secretaria General y la doctora Francis Váldes (ORL) como organizadora. Miguel Carbajal (técnico de rayos X) y María Elena Ricardo (enfermera del Salón de Operaciones), como miembros del Buró.

Al concluir Teresa la misión, Francis es elegida Secretaria General y se elige para el Buró como miembro, a Carmen Pruna (enfermera).

Considero que el trabajo realizado por el núcleo del partido, fue muy dinámico y previsor de los problemas que podían presentarse y si muchas veces no hubo dificultades, fue por este estilo de trabajo. Las reuniones duraban generalmente una hora, eso sí, los problemas la dirección los había analizado tan profundamente que había seguridad y claridad cuando se analizaban. Me gustó mucho pertenecer a este núcleo y nunca me había sentido tan bien en otro.

Con motivo del cumpleaños del Comandante en Jefe, se nos convocó a confeccionar un regalo, después de pensarlo mucho se me ocurrió hacer una maqueta que representara nuestras raíces, nuestro trabajo médico y el internacionalismo.

En la carta a Fidel se decía:

Compañero Comandante en Jefe:

Reciba a nombre de los Jefes, Oficiales, Suboficiales, Sargentos y Soldados de la Base Hospitalaria de Luanda, este presente en el aniversario de su natalicio, como expresión de la fidelidad y el cariño que profesamos por usted.

La maqueta representa:

Y usted sonriente, optimista, convencido, mira el desarrollo revolucionario de los 5 continentes en su avance incontenible hacia el socialismo. Fui delegado a la I y II Conferencia Extraordinaria del Partido de la Retaguardia de la MMCA.

Participábamos activamente en las actividades políticas de conmemoración de las efemérides angolanas: aniversario de las FAPLA, día de la independencia, y en otras actividades como la constitución del Comité del Partido (MPLA) en el Hospital, siendo invitado a este acto y expresé en nombre de nuestro Partido y del grupo de colaboradores, nuestra solidaridad con la lucha del Partido Angolano.

La preparación marxista y martiana, las actividades en saludo al II Congreso de nuestro Partido. La felicitación a los compañeros que cumplían años de edad, se celebraba en grande y en colectivo, donde cada mes un oficial diferente, era el responsable de su organización. Cuando a mí me tocó, lo celebramos debajo del puente del Río Kwanza a 80 kms de Luanda. Éste es un colosal puente y además pudimos apreciar la Barra del Kwanza.

Asistíamos también a las actividades políticas de la MMCA, a trabajo voluntario con la juventud, en la limpia de los nichos donde se encuentran los restos de los caídos en Angola.

Visitamos a Quifangondo, donde las tropas élites de Zaire y de Holden Roberto con sus mercenarios, recibieron la primera derrota por parte de las tropas cubanas y angolanas.

Allí hay una tarja que dice: Aquí será levantado un monumento a la Batalla de Quifangondo, primer escalón de la victoria definitiva. La lucha continua. La victoria es cierta.

Esperábamos con ansiedad los vuelos desde Cuba, no sólo por las cartas que recibíamos de nuestros seres queridos, sino también, por la prensa que dos veces a la semana, nos permitía mantenernos actualizados, de lo que estaba pasando en Cuba. También leíamos el Journal de Angola.

A todas las actividades políticas, culturales y recreativas, se invitaba al personal angolano a través del Partido y de la Juventud Angolana y ellos en gesto de reciprocidad nos invitaban a nosotros, donde reinaba gran camaradería y fraternidad.

Como podemos apreciar, no era mucho el tiempo de que disponíamos para aburrirnos y que el "gorrión" nos atacara, cuando no estábamos realizando trabajo asistencial, éramos docentes o estábamos inmersos en las investigaciones, cultura, deportes, etcétera. Nunca dormí siesta, porque siempre tuve el criterio que cuando me acostara, debía levantarme con el amanecer de un nuevo día.

Actividades culturales

Aunque las actividades culturales, siempre tenían un gran contenido político ideológico, estas estaban dirigidas a mantener activas nuestras raíces culturales y conocer las raíces de la cultura del pueblo angolano.

Celebrábamos mensualmente el Día de la Cultura, con diferentes manifestaciones de ésta, lo que eran del agrado de todos.

En una ocasión nos visitó y compartió con nosotros Jesús Orta Ruiz "El Indio Naborí" y otros compañeros de Palmas y Cañas, así como la Orquesta Maravilla de Florida.

Creamos un grupo de movilización a las actividades que le pusimos "Cejas y Pestañas", el requisito de ingreso era hacer una manifestación cultural pública, ya sea cantar, recitar, imitar, etcétera., cuando las actividades recreativas estaban flojas, la gente decía: donde está el grupo de "Cejas y Pestañas", el grupo se movilizaba y la actividad prendía.

Realizábamos actos culturales periódicamente, donde se presentaban cantantes, declamadores, squetch, cuentistas, en una ocasión seleccionamos al careca (calvo) mayor, siendo el ganador el doctor Daniel Simón.

Para conocer y profundizar nuestros conocimientos sobre las raíces culturales de los angolanos celebrábamos conferencias y visitas a lugares naturales y culturales.

Visitamos el Parque Nacional de Angola, lugar donde se puede apreciar impresionantes paisajes y entrar en contacto con los habitantes de la selva en su medio natural, pero a los 20 kms dentro del parque, se nos rompió una de las dos guaguas y ahí terminó el viaje.

El Museo de Ciencias Naturales, excelente lugar para conocer la fauna angolana, con sus bellas especies terrestres y marinas que van desde la exótica palanca hasta el fiero tiburón.

El Museo de las FAPLA, antigua fortaleza de defensa de los portugueses que queda frente a la bahía de Luanda, donde podemos apreciar parte de la Historia de Angola, desde el homo sapiens con sus rudimentarias armas, hasta la liberación del colonialismo portugués y la intervención extranjera, exhibiéndose diversidad de armas, como testimonio de los crímenes perpetrados contra el pueblo angolano.

En una oportunidad visitamos el Zoológico de Luanda, si realmente se puede llamar así. Con los recursos naturales y económicos, los angolanos pueden tener un gran zoológico.

También asistimos a la Fortaleza de San Pedro de Barra; al Museo de la Esclavitud, que queda fuera de Luanda, en la costa atlántica, por donde se embarcaban los esclavos africanos, en barcos negreros para América, ahí se ven algunas ollas, cazos para la comida como testimonio mudo de tanta crueldad.

Cerca de ahí pudimos apreciar el Mirador de la Luna, paisaje parecido a nuestro satélite que la erosión de los suelos, con el tiempo la ha modificado, dando la impresión de un paisaje lunar.

También leíamos la escasa literatura angolana que había, algunos libros de etnografía y de versos de Agostino Neto, de ellos hay uno que nos recordaba nuestra situación, decía así:

Dos años de distancia

Nostalgias -dices en la carta de ayer.

¿ Cuándo nos veremos?

¿ Pronto o tarde?

¿ Dime amor!

En los silencios

están las conversaciones que no tuvimos

los besos que no nos hemos dado

y las palabras que no dijimos

en las cartas censuradas

contra el dilema de hoy

vivir perseguido o mutilado

están nuestros días de sacrificio

y audacia por el derecho

de vivir pensando, vivir haciendo

libremente, humanamente.

Entre el sueño y el deseo

¿ Cuándo nos veremos?

¿ Tarde o pronto?

¿ Dime amor!

Por el trabajo cultural desarrollado, recibí diploma de destacado.

Tuvimos oportunidad de ver un carnaval, muy folclórico, primario de acuerdo con su cultura primitiva, aún no tiene el componente recreativo que le da el desarrollo.

Término de la misión

Noris terminó su misión el 17 de agosto de 1981. Meses antes la hermana que cuidaba a su viejo padre en el campo sufrió una quemadura y por complicaciones falleció. Esta situación afectó a la madre de Noris que cuidaba a los niños y ahora debía cuidar al viejo, por lo que se estaba afectando la atención de los muchachos.

El Grupo de Atención evaluó la situación e informó a Angola. Analizándose tan problemática situación y por el tiempo transcurrido se le dio cumplimiento exitoso de su misión.

En la evaluación se refleja:

Evaluación político-laboral de la doctora Noris Pompa Martínez.

Durante el cumplimiento de su misión fue J´ del Departamento de Estomatología del Hospital Militar Central, desempeñando el cargo con responsabilidad y cumplimiento de todas las tareas asignadas con calidad. Es militante del PCC.

Participó activamente en todas las actividades administrativas, políticas, culturales y científicas planificadas.

Presentó un trabajo científico y fue Secretaria de un salón en la Jornada de los Servicios Médicos de la MMCA.

En los controles y ayuda a su Departamento siempre obtuvo calificación de bien. En la Emulación Socialista fue destacada todos los meses y vanguardia un mes a nivel de Hospital.

Participó en la docencia de las alumnas de enfermería.

Participó activamente en la preparación militar y en la marxista obteniendo buenos resultados.

Asistió a los trabajos voluntarios planificados.

Sus relaciones humanas son buenas tanto con el personal cubano como el angolano que labora con ella.

Mantiene buen porte y aspecto.

Por su trabajo desarrollado fue estimulada en varias ocasiones en su tarjeta de servicio.

Entendemos que durante su estancia en la R.P.A. cumplimentó con calidad las tareas asignadas.

Dado en Luanda -República Popular de Angola- a los 17 días del mes de agosto de 1981. "Año de la Disciplina y el Control"

Francisca Valdés Pérez Héctor Morales Viamonte

Sec. Núcleo PCC J´ Grupo CMS. HMC-FAPLA

Posteriormente recibió la Medalla de "Internacionalista de 2da. clase" y la Medalla "Victoria Cuba-RPA."

Yo vine en mis cuartas vacaciones a los 25 meses, cuando debía haber venido de cumplimiento de misión, pues aún no habían mandado el relevo. Para mi alegría, cuando me faltaban diez días para retornar, me comunicaron que el relevo había sido enviado y no hacía falta que fuera a entregar.

Se considera mi cumplimiento de la misión el 18 de junio de 1982.

En mi evaluación se refleja:

Evaluación político-laboral del Compañero Dagoberto García Moreno.

Durante el cumplimiento de su misión internacionalista laboró como especialista de oftalmología del Hospital Militar Central de las FAPLA, así como J´ de Departamento de CCCV desde septiembre de 1981, cumpliendo con calidad sus funciones y obteniendo en todos los controles calificación de bien.

Fue miembro y posteriormente Secretario Educador del Buró del Núcleo del Partido del Grupo de Colaboradores, desarrollando un buen trabajo.

Participó en 3 Jornadas Médicas, presentando 17 trabajos científicos y recibiendo premios en 5 de ellos, asimismo laboró en comisiones preparatorias de las mismas.

Impartió clases en el Curso de Administración de Salud para Jefe de Departamentos Angolanos, en la Escuela de Enfermería y organizó y dirigió un curso para técnico de oftalmología con 11 alumnos.

Participó activamente en la preparación marxista, siendo sustituto de un grupo y obteniendo calificación de bien.

Fue Jefe de Departamento Vanguardia del Hospital, en la Emulación Socialista, cumplió exitosamente con la preparación combativa, obteniendo calificación de bien.

Participó en los trabajos voluntarios.
Fue miembro del Comité de Fallecidos y posteriormente del Comité de Terapéutica y de la Comisión de Cultura.
Recibió 11 estímulos por su trabajo.
Participó activamente en todas las actividades políticas, culturales y recreativas de la unidad.
Por todo lo antes expuesto consideramos que el compañero cumplió ejemplarmente su misión internacionalista.
Francis Valdés Pérez Héctor Morales Viamonte
Sec. Núcleo PCC J´ Grupo CMS. HMC-FAPLA.
Al igual que Noris recibí ambas medallas.
 

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