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Otros estudios del profesor Manuel I. Monteros Valdivieso

Vicente Rocafuerte y su extraviado "Rasgo Imparcial"*

Una polémica histórica entre Romay, Rocafuerte, Miralla y Tanco

En su largo y provechoso peregrinaje por Europa y Amerindia siempre llevó consigo, y en alto, el estandarte de la Verdad, de la Justicia y de la Libertad de los pueblos oprimidos, que reclamaban los privilegios de la mayoría para gobernarse a sí mismos. Ni su verba ni su pluma permanecieron inactivas. Y sus numerosos viajes contribuyeron eficazmente en el acercamiento de su intelecto, de sus condiciones de sociólogo, estadista y gobernante, de erudito y políglota.

Americanista convencido, fue uno de los pocos infantes políticos de recia envergadura y de granada relevancia que haya tenido Ecuador. Y es que en este preclaro hijo de la cálida Guayas _cálida en efectos y en clima- concurrieron una serie de factores especiales de cuna: nobleza de linaje, fortuna, talento, educación esmerada, amén de un conjunto de valiosas prendas aparejadas en lo moral y espiritual. Ellos hicieron de él uno de los americanos más conspícuos en el interín de los postreros años coloniales y la aurora de la era republicana.

Cursó estudios escolares en su ciudad matriz. Y muy niño lo enviaron a un exclusivo colegio aristocrático de Madrid. Más tarde pasó a Francia e ingresó en el colegio Saint Germain-en- Laye, de la alta nobleza, ubicado en las cercanías de París, donde perfeccionó su carrera literaria. Entre sus condiscípulos del Saint Germanin menciónanse a Jerónimo Bonaparte (rey de Westfalia y hermano menor del pequeño _gran Napoleón I), al príncipe Beauveau, al barón de Makeau, a los sobrinos del mariscal J. Murat y a otros distinguidos personajes de la laya: razones suficientes éstas por las cuales "fue presentado y admitido en la familia de Napoleón y que le facilitó el poder frecuentar los más brillantes salones de París", lo dice Manuel de Jesús Andrade en su libro Próceres de la Independencia.

Tendría un poco más de 6 años cuando arribó a la antañona y deslumbrante Lutecia; precisamente en el curso de los inolvidables históricos -por convulsos y cruentos- días de la toma de la Bastilla, donde el heroico pueblo parisiense se jugaba a cada instante la vida a cara o cruz... tríptico slogan: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Fue ésta -¡dura impronta espiritual!- su primera lección política que recibió en tan tierna edad.

En su estancia en París, dícese que conoció e hizo amistad por el 1803 con el gran venezolano Simón Bolívar, con el ecuatoriano Coronel Carlos Montúfar, con el colombiano naturalista General José María Cabal y otros más que no tardarían en ser hombres célebres en los anales de nuestra sangrienta y ruda contienda independentista.

De la entrañable y singular amistad que el Libertador le profesaba a nuestro compatriota y que le tenía en mucha estima y calibrada muy en altos sus valías, hay pruebas concluyentes. Y si no, léase esta introducción de una misiva que Bolívar le escribiera desde Bogotá, en 10-I-1821:

"Por fin tengo el gusto de escribir a Ud. ¿Se acordará Ud. que soy un antiguo amigo? Siempre me he acordado y me acordaré que Ud. lo es mío y que no puede dejar de serlo; pues ¿por qué no me ha escrito Ud.? Ud. debía ser patriota, honrado y el hombre de la naturaleza, como yo lo he llamado. ¿Por qué es Ud. ingrato?"

Y como dato curioso, en la postdata le decía: "No le pongo sus títulos porque no sé cuáles son, y con el Don estamos peleados".

Frisaba en los 24 años cuando regresó a sus patrios lares, año 1807 (M. de J. Andrade señala el 1803). Como individuo que era de ideas progresistas y de militancia liberal, pronto se incorporó a la patriótica lucha clandestina, empeñada en trizar las férreas ataduras que la España de ayer tenía remachadas en nuestros tobillos.

Su vertiginosa y brillante carrera política lo llevó en 1810, a la Alcaldía, a raíz de la Revolución Agostina, en 1811, fue Procurador General y en 1812, Diputado a las Cortes de Cádiz. Y embarcó a la Península al desempeño de su cometido.

Pero antes de llegar a la España de nuestros mayores, este dinámico y pertinaz viajero visitó "primero los países constitucionales de esa parte del mundo y preparóse así para trabajar por la Independencia y poder llenar los importantes deberes de representante colonial" (M. de J. Andrade) y recorrió Inglaterra, Suecia, Noruega y Rusia, en cuya opulenta capital _escribe Andrade- comió dos veces con la familia imperial.

Por enero de 1814 entró en Madrid. Y ya en Cortes, abogó con una entereza y bizarría ejemplares por la suerte de las naciones andinas; a la par que ejercitó una tenaz oposición a la tiránica y pésima gubernata de aquél cínico de Bayona: Fernando VII, quien acababa de ser repuesto en el trono por voluntad de Napoleón Bonaparte.

Y no sólo se limitó a ser un furibundo opositor sinó que su rebeldía de amerindio lo impulsó a desacatar ( en acción conjunta con el arequipeño Rivero) la orden de asistir al obligado besamanos y presentar al susodicho Rey, en acto ceremonioso, el rendido homenaje de su nación. Rocafuerte estimó aquel sumiso acto una humillante práctica de subordinación. Este incidente de hombre altivo, indómito y libre, trajo como consecuencia que se dictara contra él una orden de arresto por tan "tamaña" e inusitada desobediencia. Orden que no llegó a cumplirse porque logró fugar a tiempo de Madrid y ganar la frontera vecina.

Había partido con dirección a Francia. Llegado a Perpiñan, como no tenía pasaporte español, hubo de refugiarse temporalmente allí. Y el contumaz viajero, de vida pendular, aprovechó la coyuntura para conocer todo el Sur de Francia y casi todo el largo de la bota de Italia: Génova, Liorna, Pisa, Florencia, Roma y Nápoles llevando siempre a cuestas su buen "humor ambulante".

De Nápoles, regresó a Burdeos. Allí logró embarcar con destino a Guayaquil, tocando el puerto en Junio de 1817. Claro, no sin antes visitar La Habana y Panamá. Demás está decir que se vió imposibilitado de ejercer sus actividades revolucionarias, porque para poder salir de Burdeos, previamente había contraído un compromiso con las autoridades lugareñas en el sentido de alejarse de toda propaganda política... Y así lo hizo y lo cumplió: pues había puesto su palabra en prenda. Por espacio de dos años se excusó de intervenir en la política ecuatoriana.

Su espíritu intranquilo y fogoso, invariablemente en tesitura de demanda emancipadora, le hizo quebrantar el silencio impuesto y partió a Lima (1819), donde reactivó su labor de proselitismo por la causa; y gracias a la influencia del General José Lamar se libró de ser arrestado en junta del peruviano Riva Agüero y el chileno Joaquín Campino.

De hecho saltó a Cuba. Visita la capital habanera por segunda vez (o quizás por tercera), año 1820. Y estando aquí recibe la grata noticia de la resistencia de la restauración en España de la depuesta Constitución de 1812, en la que se promulgaba y ponía en vigencia a tan ambicionada libertad de imprenta. Oportunidad que la aprovechó para renovar su ministerio de sembrador de ideas avanzadas. A la sazón había hecho buenas migas, por la afinidad en ideario político de izquierda que perseguían, con intelectuales de la talla del colombiano José Fernández Madrid y del argentino José Antonio Miralla; en tanto que el pensamiento de derecha estaba representado, en esa misma época, por destacadas figuras cubanas como Romay, Arango y Parreño, Gener, etc.

El pleno goce y disfrute de la libre expresión mediante la letra impresa, condújoles a este trío de mosqueteros americanistas a entablar largas y enconadas polémicas con los continuistas o recalcitrantes apologistas del régimen monárquico español. Los tres acometieron con prudencia pero con brío. Escribieron profusamente en libros, folletos, opúsculos y artículos periodísticos con profundo celo patriótico y amplio sentido indoamericanista. A su encuentro salieron a batirse pluma en mano hombres de doctrinas conservadoras, como don Tomás Romay, Tomás Gutiérrez de Piñeiros, Diego Tanco, etc.

Las publicaciones de Vicente Rocafuerte, escritas en distintas capitales del mundo, aparecen calzadas con su verdadero nombre, y, otras, encubiertas con diferentes anagramas o seudónimos; tales como: "José Bejarano" tomado del nombre y apellido de su madre: Josefa Bejarano, NORAAJEB (anagrama de Bejarano), TERACROUET (compuesto de Roca-fuerte). Se sospecha que también utilizó el seudónimo de "Un Americano"; en la epístola dirigida a ese supuesto "amigo Henrique" (?), encabezada con el epígrafe: "Carta de un americano a un amigo suyo" (de fecha 14 de abril de 1820), atribuida a Rocafuerte, la forma así. Y a veces usó el anagrama "Teracrouet y Noraajeb" Rocafuerte Bejarano como pie de imprenta. De ahí la posibilidad de que algunos trabajos suyos permanezcan aún sin identificar.

Y es aquí, en la cautivante y cosmopolita Habana, donde redactó él un opúsculo difícil de hallar hoy, denominado "Rasgo Imparcial", motivación principal del pergeño del presente estudio, y cuyo texto lo reproducimos íntegro al final del mismo. Nos anima el simple hecho de no hallarse incluido en las Obras Completas de Vicente Rocafuerte el citado trabajo: al tiempo de su confección no se halló ejemplar alguno en bibliotecas públicas y privadas quizás de toda América. Se infiere, pues, que este raro documento deviene hoy en verdadera joya bibliográfica. Y, por una de esas curiosas casualidades, cayó en nuestro poder una copia fotostática que obraba en poder del estimado amigo y erudito historiador médico cubano Dr. José López Sánchez, la que utilizaremos en su reimpresión.

El "Rasgo Imparcial" hubo de dictarlo Rocafuerte con premura, casi momentos antes de partir a la Península hispánica; pues decía estar en la "Villa del oso y del madroño" en los iniciales días de Agosto, a donde iba en cumplimiento de una misión especial que le confiara Bolívar: la de informarse de las disposiciones en que se hallaban los revolucionarios generales españoles Rafael Diego Muñoz y Antonio Quiroga con respecto a las ambiciones independentistas de los americanos.

El escrito de Rocafuerte era una réplica al "Purga Urbem, o Lo más y lo menos", del ilustre sabio cubano doctor don Tomás Romay, de fecha 20 de mayo de 1820. Y la circunstancia de haberse ausentado intempestivamente de La Habana le impidió hacerse eco del vejaminoso artículo (panfleto, que en contra suya, escribiera el licenciado Diego Tanco). Pero... sus leales amigos el argentino José Antonio Miralla y el poeta colombiano José Fernández Madrid, autor de "Las Rosas", salieron en defensa suya con sendos artículos, en los cuales vapulearon merecidamente al tal Tanco por las mendacidades y ultrajes gratuitos vertidos en su libelo.

Del artículo de don Tomás Romay haremos luego una glosa suscinta, y del de Miralla transcribiremos también los párrafos más importantes a nuestro juicio. De este último lo hacemos en virtud de hallarse agotados los ejemplares y no es fácil su consulta; en tanto que el de Fernández Madrid sí puede leerse en el periódico habanero "Argos" fundado por ellos, político-científico-literario, de la fecha en cuestión. Más, antes, terminaremos de trazar someramente los rasgos característicos de mayor relevancia que adornaron la brillante carrera política del singular personaje que nos ocupa.

Ya de regreso de Madrid, entró nuevamente en la Historia, un día de Febrero de 1821. Coincidió en los precisos días en que se firmaba en Iguala (México) el famoso convenio entre Vicente Guerrero y ese audaz pícaro de Agustín Iturbide, que se hizo coronar Emperador. Rocafuerte, llamado por sus amigos, salió presto para México, patria de aquel por venerados sacerdotes: Hidalgo y Morelos. Allí "pudo prestarles _escribe el colombiano Manuel de J. Andrade- el servicio de embarcar en Tampico para Cuba el regimiento de `Zaragoza', uno de los capitulados españoles, destruyendo así un poderoso pretexto para la coronación del farsante Iturbide.

Los patriotas mexicanos nuevamente le confiaron la ardua tarea de ir a los EE.UU. e hicieron gestiones en el sentido de impedir que las autoridades norteñas reconocieron al nuevo gobierno. El presidente Monroe y su Ministro de Relaciones Exteriores Mr. John Quincy Adams lo acogieron con muchas deferencias, y la misión que llevaba la cumplió con lucimiento y efectividad.

Cuando pensaba regresar a México, a fin de recoger y llevar a Guayaquil a sus sobrinos en orfandad por fallecimiento de su hermana y de su cuñado el general español Gabino Gaínza, el ministro colombiano José María Salazar solicitó sus servicios para que fuera a Maracaibo a entrevistarse con el general Manuel Manrique y el almirante colombiano José A. Padilla, a quienes debía manifestarles la imperiosa necesidad de atacar la Isla de Cuba con los 3 000 soldados disponibles que tenían a su mando (incluyendo la escuadra de Padilla) y lograr su alzamiento en armas en pro de la causa de América. Aceptó gustoso el encargo; pero... el planeado ataque militar a la Isla de Martí no se llevó a efecto por deceso, en esos días, de uno de los jefes encargados en el movimiento revolucionario.

Corría el año 1824 y hubo de encaminarse a Londres de Secretario del general español Luis de Michelena y Mendinueta. El Gobierno mexicano le comisionaba esta vez gestionar ante el Gabinete Británico el reconocimiento de la independencia de México. Su objetivo lo alcanzó con habilidad, brillantez y éxito: en Diciembre de aquel año "la pérfida Albión" admitió a Michelena de Ministro Plenipotenciario y a Rocafuerte de Secretario. Michelena regresó al año siguiente a su país y Rocafuerte permaneció en Londres Encargado de Negocios. Al mismo tiempo, se le acreditó con el cargo de Ministro Plenipotenciario cerca del Rey de Dinamarca y del gobierno de Hannóver. Desempeñó con celo y eficiencia sus funciones diplomáticas.

En 1826 regresó a México para asegurar la aprobación del tratado de amistad, comercio y navegación con la Gran Bretaña; volviendo a Londres en Junio de 1827. Por esta época el estadista Rocafuerte concibió y acarició el "proyecto de una confederación económica hispanoamericana"; plan de ineludible creación para salvaguardar nuestras riquezas de la voracidad yanqui.

Por 1830 abandonó Londres con destino a México. Había solicitado sus letras de retiro. Más, al pasar por Francia, entró en París y visitó por unos días a su gran amigo el general María José Pablo de Moutier, marqués de Lafayette.

Por Febrero de 1833 él regresó a su ciudad natal. Intervino en la política del país. Militó entonces en el partido nacional llamado "El Quiteño Libre" y tomó su jefatura. Asistió al Congreso del 10 de septiembre de 1833 en calidad de representante por la Prov. del Pichincha. Por ésta época fue preso y desterrado por sus doctrinas liberales que las sostuvo con valentía. Conducido a Guayaquil para expatriación, sobrevino un cuartelazo, siendo entonces rescatado por el teniente Campos. Los complotados le ofrecieron la Jefatura del Gobierno. Mediante una asamblea popular le proclamaron Jefe Supremo el 20 de octubre de 1833.

En el interregno de los años 1833 al 1835 hizo tenaz oposición al régimen floreano (el colombiano Juan José Flores fue el primer mandatario que tuvo la República del Ecuador), por tal razón sufrió frecuentes persecuciones. La brega culminó en la batalla de Miñarica: 18 de enero de 1835, año en que la Convención de Ambato lo eligió para que rectorara la más alta magistratura nacional por un cuatrenio que vencía el 31 de enero de 1839. Su labor presidencial fue digna de todo encomio por progresista y fructífera en todos los ramos ministerales. En prenda a la brevedad de esta glosa nos abstenemos por ahora enumerar las múltiples empresas que acometió en beneficio de la nación.

Posteriormente emigró al Perú. Desde este vecino país coadyuvó al éxito de la llamada revolución "marxista": 6 de marzo de 1845, que impetuosa estalló en Guayaquil. En esta ocasión se le nombró Encargado de Negocios en la ciudad capitalina del Rimac. A fines del mismo año aceptó el nombramiento de Diputado por la Provincia del Pichincha y, como tal, asistió a la Convención celebrada en Cuenca, disuelta el 3 de febrero de 1846, tras de elegir al nuevo presidente de la Nación, a Vicente Ramón Roca. Ulteriormente fue electo Senador por cuatro provincias y también Presidente del Senado.

No sólo sirvió, pues, a México en calidad de diplomático sino también, y con abnegación a su querida patria. Ecuador le nombró Ministro Plenipotenciario ante los gobiernos de Bolivia, Perú y Chile. En Diciembre de 1846, llegó a Lima en cumplimiento de su misión diplomática. Y estando allí se enfermó de gravedad, falleciendo poco tiempo después, el 16 de mayo de 1847, a la edad de 64 años que cierra su luminoso ciclo vital.

He aquí, en apretada síntesis, el limpio pérfil de la trayectoria política de tan benemérito patriota ecuatoriano: un genuino Ciudadano de Amerindia.

Decíamos ha rato, el ilustre médico Dr. Dn. Tomás Romay, que abrigaba ideas conservadoras, había dado a la estampa "en un Diario del Gobierno" (fecha: 20 de mayo de 1820) su artículo "Purga Urbem". Allí hacía alusión indirecta a las faenas soliviantadoras de Vicente Rocafuerte y proclamaba que la Isla _y sus habitantes- mantendría incólume el tradicional "respeto a las autoridades" metropolitanas; que élla _Cuba- será "siempre fiel a la madre patria" y que, "ha preferido el más ilegal y despótico" de los gobiernos "a los héroes que experimentan por la anarquía las provincias disidentes" de América.

Romay se queja que haya quienes, "con mano sacrílega", pretendan arrebatarles la tranquilidad pública, la recta administración de la justicia y la "opulencia y prosperidad a que somos destinados". Señala que son los "presuntuosos", aquellos que "aspiran a mejorar su sistema de gobierno", los "primeros infractores de la Constitución" (acabada ésta de poner en vigencia) y, por ende, "los que intentan privarnos para siempre de la paz y de la tranquilidad que hemos gozado exclusivamente por más de veinte años".

Habla don Tomás de la falacia de los revolucionarios: "tal ha sido en todos los tiempos el lenguaje especioso de los Catilinas para desgarrar pérfidamente las entrañas de esa misma madre por cuya salud afectaban inmolarse". Nos añade a seguida que, a imitación de éstos, son "los parricidas de América" que "lograron establecer en algunas" provincias "de nuestro continente juntas supremas de gobierno, para disolverlas con la misma violencia que las originaron". Y añade "Porque no habiéndose propuesto obedecer ninguna ley, ni respetar autoridad alguna, sino satisfacer impunemente sus pasiones, arrogándose con la mayor impudencia lo que no había podido obtener por su ineptitud o sus crímenes, apenas han concedido una duración efímera a esos débiles simulacros de gobiernos".

En otra parte, Romay invita a que le digan "¿cuál es la forma de gobierno que han establecido los insurgentes en Méjico? o ¿Cuál la conformación de los subsistentes en Santa Fé de Bogotá, en Venezuela y en más provincias emancipadas de la Metrópoli?..." Y él mismo se responde: "Artigas acaba de asaltar á Buenos Aires y dejándola cubierta de sangre y de luto, la despojó de todas sus riquezas, al mismo tiempo que las tropas de Brasil avanzaban hostilmente en su territorio. Los habitantes de Santa Fé suplicaron al general Morillo los redimiera de las vejaciones que sufrían de los prófugos de Venezuela, y á esta provincia no han sido menos funestos los triunfos de Bolívar que sus derrotas y las bárbaras atrocidades de Boules".

En el parágrafo subsiguiente, sienta a modo de corolario "Desenga-ñémonos, compatriotas, las Américas no han producido más que un Washington [sic] y un Franklin, y la misma Europa, Grecia y Roma, patrias de héroes, no han sido más fecundas en los de ese género"....

Objeta que la Isla de Cuba carecía de "esos elementos y recursos" como posición geográfica, hacienda, disposición o carácter y educación física y moral de los habitantes, arbitrarios indispensables con los cuales la patria de Abraham Lincoln contó para su emancipación; peor aún -alega Romay- si se considera que Cuba es "en los últimos lustros la provincia más privilegiada de las España"[...] "Proyecto tan absurdo -refierese él al de la independencia- sólo ha podido abortarle algún cerebro enervado y seco por la indigencia, ó excesivamente exaltado por la intemperancia, ó será tal vez la erupción de un pecho inflamado por las pasiones más vehementes y atroces".

Más allá, alerta al cubano contra el "delirio" de los "insensatos", poniendo énfasis a su alocución, expresa "Purgadla, ciudadanos guerreros purgadla _a Cuba- de esos monstruos advenedizos que descubrió vuestra vigilancia, y acosais con el patriotismo más celoso y esforzado: nuestra gratitud no será inferior á la hospitalidad que habéis merecido". Don Tomás Romay concluye demandando respeto a la Constitución y a las autoridades, así como al cumplimiento de las obligaciones contraidas con España de nuestros mayores: que de la obediencia y observancia de unos y otros, "resulte el orden y la armonía social". Y, finalmente, él cierra su artículo formulando votos con entonación declamatoria: "¡Plegue al cielo, que jamás se interrumpan en esta isla _`ese orden' y `esa armonía'- que la lápida de la Constitución sea la Egida que la conserve invulnerable!".

Hemos manifestado ya que Rocafuerte respondió "en media hora" [Miralla] a la alusión de Romay con su "Rasgo Imparcial", como quien da con el pie en el estribo pues por esos mismos días tomó el barco con destino a España. Ello fue óbice para no enterarse del opugnante panfleto, de 20 páginas,

atestado de "personalidades y sarcasmos" que Diego Tanco1 le endilgó bajo el epígrafe "Breve contestación de el Imparcial" e insertado en "El Noticioso" de La Habana el 23 de Mayo de 1820.

Si Romay publicó su artículo el día 20 del mes y año arriba señalados, y el de Tanco apareció el 23, lógico es inferir que Rocafuerte dio a la estampa el suyo en ese intervalo así como su salida de La Habana a Madrid debió haber ocurrido en el curso de esos mismos días.

Pese a la fortuita casualidad de su ausencia, Tanco no se quedó sin la correspondiente y condigna respuesta. Tanto Miralla2 como Fernández Madrid le salieron al encuentro. Del artículo de este último, como ya lo tenemos advertido, no haremos su glosa; pero sí del primero, por tratarse de un folleto difícil de consultar. Miralla publicó el suyo bajo el rubro: "Análisis del papel titulado lo más y lo menos, etc" (Habana, Imprenta Palmar e hijo, Junio 10 de 1820).3 Le rebatió a Tanco muy severamente. He aquí algunos párrafos que entresacamos para servicio del lector.

Empieza el "Análisis" manifestando: "Examinemos pues el papel titulado `Lo más y lo menos del discurso del Dr. Dn. Tomás Romay', con el epígrafe "Purga Urbem;" del "Rasgo Imparcial" del ex diputado Don Vicente Rocafuerte; y de la breve "contestación del Impacial," etc, para ver si corresponde a su título, y si no contiene más errores que renglones tienen los tres que intentan analizar.

A seguido, expresa Miralla que no le interesa resolver el anagrama de "Tadeo Goncí", "sea quien fuere, no le he de volver los denuestos con que favorece a mi amigo Dn. Vicente Rocafuerte". Y adviértele, además que no devuelve golpe por golpe "por falta de material, o por cosa dificultosa, sino por ser oficio de verduleras; y por que en controversia semejante la delicadeza y buena crianza nos dictan emplear la moderación en las palabras reduciendo sus fuerzas a la energía de los pensamientos".

Más adelante, le espeta una filípica demoledora a la par que aleccionadora: "pues, Señor _la noticia- sepa Ud. que son cosas muy comunes y muy vulgares todas las que Ud., dice hasta llegar a la página 11ª. donde vuelve Ud. a lucir su erudición con transcribirnos el raro, rarísimo e inaudito verso de Horacio sobre el parto de los montes, que sin o dijera más abajo que Ud. lo aplica a Rocafuerte, yo creería que algún chusco se lo había dictado de intento para Ud. propio. Y a la verdad, que ha estado Ud. tan desgraciado en estas cinco o seis páginas con respecto a errores, que hasta mi barbero me dijo al leer el verso latino: Señor, ese caballero, no sabe el latín; porque sino en vez de 'parturient montes et erit ridiculus mus', había dicho `nascetu ridiculus mus' que son las palabras de Horacio".

Después, en los dos o tres párrafos subsiguientes, Miralla crítica al Lic. Diego Tanco de haber expresado que en el Continente Americano fue el criollo quien hizo la guerra contra el español. Le critica numerosos casos de criollos militando en el partido realista, y viceversa. "Sorprende verdaderamente _le reprocha_ el que un americano, según indica ser el Sr. Goncí, escriba en América sobre la revolución sin saber una palabra de lo que pasa y ha pasado en el Continente: y que un hombre que se dice ilustrado sea el eco servil de las ideas más vulgares".

A la insinuación de don Diego Tanco (o "Tadeo Goncí", su seudónimo anagramático) de que la Isla de Cuba no tenía escuadra para defenderse, ni había nación alguna que se comprometiera a protegerla en caso de guerra tan sólo por nuestra linda cara", Miralla le replica: "Si por nuestra `linda cara' se entiende la feracidad de la isla y lo precioso de nuestros frutos, entonces ésta es una especie de llamada; porque entonces nuestra `linda cara' sería el interés de la nación extranjera, y todas obran por este móvil universal: además que todos sabemos que el Henrique IV dijo que `París valía bien una misa', no faltan quienes digan "que la isla de Cuba vale muy bien una guerra".

Luego, a la interrogante que con cierta sorna Tanco formula en el sentido de "¿Quién no esperaría de la pluma de un exdiputado como Dn. Vicente Rocafuerte una refutación sólida, filosófica, moderada, etc.", el argentino le arguye: "El que entienda el castellano y hubiese visto el título de `Rasgo" no esperaría una `refutación' escolástica, y el que haya leído sabrá que no fue su intento hacer una `refutación', y habrá encontrado en su `Rasgo' esas cualidades, que recomienda el Sr. Dn. Tadeo: menos el que le detallase los argumentos del Dr. Romay: porque no puede ser eso, en un escrito hecho en media hora de tiempo y no tanto con el ánimo de refutarle cuando por evitar la mala impresión que debía producir dentro y fuera de esta isla".

E inmediatamente debajo le hace la consiguiente aclaración: "El parto de los montes de la página 11ª. ya queda contestado; y lo debe haber leído Rocafuerte y no muy bien entendido el Arzobispo de Malinas, no sé como puede ser; pues Rocafuerte aunque no usa de galicismos en castellano, entiende y habla el francés mejor que muchos Licenciados".

Y agrega a continuación: "Rocafuerte a quien lejos de faltarle educación y luces como Ud. dice, tiene de ambas mucho más que Ud. si no nos dá Ud. más pruebas de ello que `su más y su menos', dijo muy bien que ni el tiempo, ni el lugar, ni la oportunidad le permitan `refutar el papel del Dr. Romay'; por que tenía ajustado su pasaje y estaba esperando viento para embarcarse y pasar a Europa, abandonando aquí sus asuntos pendientes, sin otro objeto que ver si puede ser útil a la nación y a su país, trabajando como lo ha hecho siempre por la importante reconciliación de la España con las Américas; esta fue la razón porque ya que no tenía tiempo para refutar al Dr. Romay escribió, como se ha dicho, un `rasgo' para destruir la impresión y malos efectos que podía causar aquél, si se lo dejaba sin respuesta. Y el Dr. Romay ha dado en esta parte pruebas de su juicio y prudencia, por haber conocido su distracción, y no haber contestado a ninguno de los papeles que salieron contra él; y podía haberlo hecho, y sabe hacerlo mil veces mejor que Ud. Sr. Goncí. La premura con que escribió Rocafuerte, y el convencimiento que tenía de ilustración de La Habana (entendiendo por ésta algo más que saber leer y escribir, mal que le pese a Ud.) fueron la causa de indicar solamente las calificaciones que daba a las proposiciones del Dr. Romay; seguro de que bastaba indicarlas en un público semejante, para que se conociera la justicia de su aplicación. Esta misma premura y el entusiasmo que le es natural le hizo escribir en `plural' por un `singular' o poner una proposición `positiva' por una `condicional', con lo cual habría llenado mejor su intención: esta no podía ser la de atacar la ilustración de La Habana, porque él tuvo motivos de conocerla y admirarla, sino la de destruir la reputación de `sabio en política' que le suponía al Dr. Romay".

De seguida nos transcribe un párrafo interrogativo de "Goncí" en el cual ataca a Rocafuerte, y es el siguiente:

"¿Y qué pensaremos nosotros de Guayaquil... Juzgaremos de la educación y luces de aquella provincia por la de su digno representante? ¿Más bien no le podríamos reputar por un diputado de Buenos Aires o de Venezuela, que por el de un país `sometido' a la España, y que hace parte de su territorio?...

Y Miralla, indignado, le replica: `Sr. Dn. Tadeo ¿es posible que Ud. desconozca hasta este grado las reglas de moderación y buena crianza? Confieso que me avergüenzo hasta de contestar a semejantes grosería: y que a favor de ese rubor no me detengo en lo anticonstitucional que es allí la palabra `sometido', y vuelvo la hoja y con ella los lugares comunes con que acaba".

Tras de demostrarle a Diego Tanco que el "Purga Urbem" de Romay fue un discurso verdaderamente antipolítico porque no propiciaba la reconciliación entre los disidentes españoles y americanos _sobre las bases "de la justicia y del decoro" que Rocafuerte reclamaba-, pasa a informarnos que en el año 1814 "destruida la Constitución y la libertad de imprenta", cuando "temblaban casi todos, no ya de `ser' sino `de haber sido liberales'", impugnó, en el "Diario de Madrid", por antipolítico, el discurso de Benito Ramón de Hormida "contra las Américas" publicado en el "Mercurio Español" del 19 de septiembre de 1814.

Como "Tadeo Goncí" manifestara que por no fatigar su pluma, ni a quien lo lea, recomendaba, en última instancia, que le aplique "al Caballero Imparcial" "cuanto llevo razonado". A ello Miralla le ripostó:

"¡Desgraciado Imparcial! el Sr. Dn Tadeo se había comprometido por el título de su papel a enseñarnos `lo más y lo menos' de aquel; pero no hallado de `más' otra cosa que la moderación, y de "menos" las personalidades y sarcasmos, la endosa todo lo razonado; supongo que será lo `razonado' a favor y en contra de todos; por que aquello de que `es el eco de los pensamientos de Rocafuerte' que se le cuente a quien no haya leído ambos papeles; y lo de `que combinaron de acuerdo sus ataques' que se lo crea quien no sepa, como yo, que los hicieron muy separados y más bien el Imparcial escribió antes que Rocafuerte".

José Antonio Miralla remata su "Análisis" haciéndole saber que si bien el ex diputado ecuatoriano se hallaba ausente, no por eso "le faltaría un amigo que contestara por él" (...) "Créame Ud. _añadía.- que le tengo lástima Sr. Goncí: esperó Ud. que Dn. Vicente Rocafuerte hubiese tenido tiempo de estar en el golfo, y que todos los cientos juntos no le pudiesen hacer volver de pronto, para publicar Ud. su impugnación. ¡Qué generosidad! ¿Por qué no escribió Ud. como él en media hora y antes que saliera? Habría Ud. entonces tenido que renunciar tal vez para siempre el oficio de `escribidor'; no me habría Ud. hecho perder mi paseo de esta tarde por contestarle; y no tendría que enseñarle por último lo que sabe el chocolatero de la esquina _que la cosecha de cacao de Guayaquil, no es mediocre, sino de las más grandes de todas las conocidas".

Y a punto seguido, de aldehala, le endereza en obsequio suyo estas palabras: "De todos modos nada tiene que ver el cacao con los genios privilegiados que ha dado aquel país de la hermosura Americana, y mucho menos con el análisis que Ud. se había propuesto hacer de varios papeles, y por más empeño que Ud. se ha tomado en parecer gracioso, lo ha hecho Ud. como los que sólo saben escribir cuando tienen algún, papel francés, que aunque mal traducido, les venga a cuento".

Hasta aquí el comento del artículo de Miralla (abogando por Rocafuerte), cuyo contenido nos habíamos propuesto reproducir en parte.

Puesto ya en antecedentes el estudioso lector de la polémica sostenida hace la friolera de 140 años entre las destacadas figuras americanas: Romay, Rocafuerte, Miralla y Tanco, réstanos darle a conocer cabalmente el opúsculo de Rocafuerte, titulado "Rasgo Imparcial". De subtítulo lleva: "Breves observaciones al papel que ha publicado el Dr. Dn. Tomás Romay en el Diario de Gobierno de La Habana de 20 de mayo de 1820" (Habana: Imprenta de Dn. Pedro Nolasco Palmer e Hijo. Año 1820). Lo encabeza con la siguiente frase: "¿Quid enim laboro, nisi tu veritas explicetur? _Tul. Tusc. Quest)" que, según traducción literal, significa: ¿Para qué trabajo, sino para que la verdad sea conocida? o bien, en traducción libre, sería más o menos: ¿Trabajo realmente porque se aclare la verdad de los hechos?; O esta otra:¿ Para qué me esfuerzo en realidad, sino para buscar la verdad?...

¿QUIT ENIM LABORO, NISI TU VERITAS EXPLICETUR?

Tul. Tusc. Quest.

Cuando el Dr. Romay está encorvado todavía bajo el yugo de hierro que lo abrumaba y no puede levantar la cerviz y presentarse con toda la dignidad de un hombre libre, según él mismo se expresa en el Diario de Gobierno de 20 del corriente, ¡qué extraño es que su lenguaje sea tan servil, tan lleno de vulgaridades y tan poco digno de un americano ilustrado! Es muy difícil que los hombres rutinarios, aunque decorados del título de sabios, sepan elevarse a la altura de las circunstancias políticas, y tengan espíritu para presentar la verdad con toda la noble franqueza que caracteriza a un Ciudadano que sólo aspira, sin otras consideraciones ulteriores, a la paz, a la tranquilidad y al glorioso triunfo de la razón y de la justicia. No debe ignorar el Dr. Romay, las siguientes palabras del Arzobispo de Malinas: "la revolución de América no es un acontecimiento fortuito o inesperado; no es sino el producto necesario de los elementos que se desenvuelven y de que ella se componían; de los gérmenes que encerraba en sí misma; de las instituciones que la regían; de la ciencia, en fin, de las manos que la han gobernado. En América, como en todas partes, nada es efecto de la casualidad: la casualidad es la divinidad de los ciegos servida por la irreflexión: la razón por el contrario, no admite por móviles y por prueba de los acontecimientos, sino a la naturaleza misma de las cosas; la observación y la experiencia". Así es que falsamente se atribuye la separación de América de la España, a los parricidas, que no habiéndose propuesto obedecer ninguna ley, ni respetar ninguna autoridad, sino satisfacer impunemente sus pasiones, arrogándose con la mayor impudencia lo que no habían podido obtener por su ineptitud o sus crímenes. ¡Cuan diferente es este lenguaje de un verdadero esclavo que aún está abrumado bajo el yugo de hierro, al de los valientes guerreros, al de los héroes de España, al de los restauradores de la Constitución. Leed y comparad; veréis la generosidad en oposición de la pequeñez.

"El árbol de la libertad ha renacido en el mismo pueblo de su origen; un ejército destinado a pasar al nuevo mundo para morir matando a nuestros hermanos por que quieren lo mismo que nosotros deseamos, ha tenido la heroica resolución de arrostrar todos los peligros para defender los derechos del pueblo, y reparar los males que ha sufrido" _San Fernando 4 de febrero de 1820. Diario Constitucional de Barcelona.

Ni el tiempo, ni el lugar, ni la oportunidad, me permiten refutar el papel del Dr. Romay, tan lleno de arterias y de errores, tan falto de datos positivos sobre las Provincias disidentes de América y tan cargado de comparaciones4 tan falsas como mal aplicadas. El cuadro que presenta de las desgracias de la América y de las causas de su ruina, es muy parecido a las relaciones que contaban los ciegos de Madrid, cuando cayó la Constitución, y cuando se empeñaba el servilismo en desacreditar como infernal... ese código sagrado, único objeto de nuestros deseos, y término de nuestras lisonjeras esperanzas. No necesitaba el Sr. Dr. Romay infamar a los americanos del Continente (cuya conducta juzgará la imparcial posteridad) para probar que todo sistema de independencia es un absurdo en esta isla; que todo otro establecimiento que el de la Constitución sumergiría este hermoso país en un piélago de males incalculables. Basta echar la vista sobre el mapa de las Antillas, observar la extensión de la isla y de sus costas, el número de sus puertos, la escasez y variedad de su población relativa, y en fin, conocer un poco el actual sistema de Europa, para convencer al hombre más irreflexivo o el más exaltado que es físicamente imposible establecer aquí la independencia: basta en fin leer el mismo papel del Dr. Romay, para convencerse que no puede ser independiente un país en donde los hombres que tienen tanta reputación de sabios e ilustrados como el Dr. Romay, manchan su pluma exagerando los errores de sus hermanos, faltan de generosidad para conformarse al olvido general que prescribe la misma Nación, y no poseen bastantes luces ni conocimientos, para ver la gran cuestión de la América bajo su verdadero punto de vista.

La Habana, por su misma situación geográfica y la riqueza de su suelo, no ha sentido todos los efectos del despotismo como los demás puntos de la Monarquía Española; ha sido la excepción de la regla general. Desde el establecimiento del comercio libre, se han fijado en este puerto, la riqueza, la tranquilidad, la industria, la tolerancia y la libertad; y ahora que están todos los bienes5 asegurados y escudados por la augusta Constitución ¿habrá habaneros bastante6 insensatos que quieran mudar7 tantos beneficios reales y verdaderos por el quimérico proyecto de una inverificable independencia? No, no ha habido nunca tal plan ni proyecto de independencia. Algunos rumores indiscretos pueden haber alarmado un instante a algunos hombres que se asustan de palabras que no entienden, ni saben aplicar, mientras otros más astutos, más sabidos o egoístas, se valen de esas mismas falsas noticias para halagar (sic) los partidos y prepararse maquiavélicamente un camino, para conseguir empleos, y satisfacer la mísera ambición de honores y efímeras dignidades. La misma naturaleza nos está enseñando, que así como en el sistema planetario hay satélites alrededor de los planetas, asi hay Colonias anexas a las grandes naciones de Europa; y así como en el cielo la luna es el satélite más brillante y su órbita está determinada por este globo terráqueo, así la isla de Cuba es la colonia más hermosa de las Antillas y su felicidad es correlativa y está fijada por los destinos de la gloriosa España. Estas son verdades que no necesitan de pruebas, axiomas que dispensaban al Dr. Romay de haber escrito haciendo paralelos tan inexactos y tan indecorosos bajo la pluma de un americano que sólo debe respirar libertad, tolerancia y generosidad. No hablo de los malos efectos que puede producir en los países disidentes un papel tan impolítico en las presentes circunstancias, en que todos los votos de los verdaderos españoles se dirigen a la feliz pacificación de América; ni los temores e inquietudes que pueden tener los habitantes de la Península, leyendo en nuestros Diarios uno escrito tan formidoloso como el del Dr. Romay. Bastaba la proclama del juicioso Dr. Dn. Tomás Gutiérrez de Piñeres y demás papeles que se publicaron ese día, para haber disipado todas las dudas y todos los temores acerca de este punto y del establecimiento de una Junta Gubernativa. Ha venido ya tarde el muy intolerante epígrafe8 de purga urbem, texto9muy opuesto al espíritu de paz, de benevolencia y10 orden que tanto recomienda el Sr. Dr. Romay. ¡Cuánto mejor hubiera sido, que si quería lucir la elegancia de su estilo, hubiera revestido de frases floreadas, aliñadas y comparadas, los brotes de una alma generosa, de un verdadero americano que busca los medios de una pacificación general!¡ Que su brillante imaginación hubiera echado sobre el Océano unos grandes arcos triunfales para formar por medio de la Constitución el puente por donde han de pasar los héroes de uno y otro hemisferio (sic), que habiendo buscado y logrado el mismo objeto por caminos diferentes, se encuentran, se abrazan y se reconcilian para siempre con toda la ternura de unos hermanos, y con toda la sinceridad de unos verdaderos patriotas! Que el Océano se convierta en Leteo, que al surcar su seno todo español y todo americano, pierda la memoria de las desgracias, de los errores y aún de los crímenes pasados; que animados todos del espíritu de la gran familia española, y electrizados con los efectos de la sagrada Constitución, formemos establecimientos que tengan por base el conocimiento anticipado de nuestros recíprocos intereses, fortificados y corroborados por el poderoso lazo de origen común, de idioma y de religión. Renunciamos mutuamente a todo dominio, a todo monopolio, empleamos la fuerza para proteger y nunca para ofender. Justicia, benevolencia, generosidad y moderación, estos son los verdaderos lazos para los pueblos como para los individuos; esos son los verdaderos manantiales de la prosperidad pública. Estos son los motivos que me han inducido a escribir estas reflexiones. La verdad y la imparcialidad han guiado mi pluma; y sólo inspirado del deseo de calmar las pasiones y de contribuir en algo a la feliz pacificación de América bajo los auspicios de la Constitución,11 es decir de la justicia y del decoro, he podido romper el silencio que me había propuesto guardar.

Vicente Rocafuerte

* Revista del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte. 68: 228-244. Guayaquil, 1961.
1 Diego Tanco y Bosmeniel, n. en 1789 y m. el 1849. Nacido en La Habana. Se educó en Sevilla, donde fue condiscípulo y gran amigo del poeta español Alberto Lista. Emigró a Francia. Por el 1819 regresó a Cuba. Se adhirió a los constitucionalistas. Dióse a conocer por sus publicaciones políticas. En el 1821 fundó "El Amigo del Pueblo", para combatir al "Tío Bartolo" y a otros exaltados que tomaban la libertad por licencia. Escribió con el seudónimo "Tadeo Gonzí". Sirvió cargos concejiles. Suprimida en 1823 la Constitución, se dedicó a la abogacía. Tuvo un hermano llamado Félix, nacido en 1797. Vino muy pequeño a Cuba y aquí se educó. De notable espíritu abolicionista. En sus escritos usó el seudónimo "Frías". Ambos hermanos escribieron poesías que publicaron en 1833 en la colección titulada "Rimas Americanas". (Notas tomadas del "Diccionario Biográfico Cubano" de Francisco Calcagno).
2 José Antonio Miralla, escritor argentino. En 1817 la Revista de la Sociedad Patriótica le premió una memoria suya, calificada de "sobresaliente", y que trataba acerca de la necesidad de aumentar la población blanca en la Isla de Cuba. En 1822 publicó en La Habana una traducción castellana de las ultimas "Cartas de Jacobo Artis", de Hugo Fóscolo, las que Miralla tituló "Cartas de Jacobo Dortis" (Notas extraídas del Diccionario de Francisco Calcagno).
3 Gracias a la gentileza del historiador cubano Dr. Francisco J. Ponte Domínguez, quien conserva un ejemplar del mencionado impreso, es que poseemos una copia mecanografiada.
4 En la copia fotostática que tenemos la palabra "comparaciones" está algo borroso, poco legible, pero se entiende bien.
5 Poco legible "bienes".
6 "Habaneros bastante" está algo borroso.
7 La "d" de mudar no está clara.
8 "epígrafe", legible, aunque algo borroso.
9 "texto", poco claro.
10 La "y" no se vé, pero se adivina por la construcción de la frase.
11 La "C" mayúscula de Constitución no se ve en la copia fotostática por defecto de la antigüedad del folleto.

 

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