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PRÓLOGO

No es frecuente en la vida de los seres humanos el ser testigo del final y el comienzo de un siglo y un milenio. Esto nos lleva a serias meditaciones sobre variados motivos, que en mi caso, van desde el papel jugado por nuestro pueblo en los destinos de la humanidad, sobre todo en el último medio siglo de su corta historia, hasta la satisfacción personal de ver el arribo de los cincuenta años de existencia de una institución, la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública (1951-2001) y una publicación, Cuadernos de Historia de la Salud Pública (1952-2002), a las que he dedicado tres décadas de intensa labor intelectual.

Como en otras ocasiones he querido en ésta recopilar un grupo de mis trabajos expuestos en muy diversas ocasiones, ya como ponencias o conferencias en eventos nacionales e internacionales o en instituciones docentes superiores cubanas y extranjeras.

Los temas de estos diez y seis cortos ensayos abarcan el desarrollo histórico de la clínica en el mundo occidental; la historia de la enseñanza médica superior cubana desde sus orígenes hasta la actualidad; la influencia de la medicina austríaca en nuestro país; la importancia de la fundación en Cuba del primer Ministerio de Salud Pública del mundo en 1909, así como la economía y la salud pública en la isla cuando se firmó en La Habana el Código Sanitario Panamericano en 1924; la notable labor realizada por numerosos médicos cubanos en los campos de las ciencias naturales y de la antropología; la historia de la infectología y la ética médica o bioética en Cuba y el estudio de algunas personalidades de gran relevancia histórica en nuestras ciencias médicas como el bachiller Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa (1675-1728), primer profesor de medicina en la isla; el sabio parasitólogo de renombre internacional profesor Pedro Kourí Esmeja (1900-1964); la figura más representativa de la medicina social entre nosotros, el doctor Gustavo Aldereguía Lima (1895-1970); uno de los maestros de salubristas cubanos, doctor Arnaldo Tejeiro Fernández (1923-1998) y por último, quien para suerte de nuestra epidemiología sirve todavía a la patria con su diaria labor, el doctor Miguel A. Galindo Sardiñas (1932).

El título “Oficiando ante Higea” para este Cuaderno número 90, me lo ha sugerido el recuerdo de una frase del eminente historiador cubano don Gerardo Castellanos García (1879-1956), que sirvió de título a uno de sus libros, en la que afirma que la labor de un historiador es un “oficiar ante Clío”, la musa de la historia y pienso que mi labor como historiador de la salud pública cubana es un “oficiar ante Higea”, la diosa de la salud.

Dr. Gregorio Delgado García
Historiador Médico del MINSAP
Director de Cuadernos de Historia de la Salud Pública

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