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Dr. Pedro Kourí Esmeja, Profesor Extraordinario: en el centenario de su nacimiento (1900-2000)*

Introducción

Al conmemorarse el cincuentenario de la fundación del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” con la celebración de un importante congreso médico de infectología en el Palacio de las Convenciones de La Habana, yo tuve el gran honor de leer una conferencia en su sesión inaugural, el 7 de diciembre de 1988 y en ella expuse que, a mi juicio, dos de los momentos más culminantes de la infectología cubana lo eran el descubrimiento de la teoría metaxénica del contagio de las enfermedades por el doctor Carlos J. Finlay y Barrés en 1881 y la fundación del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de La Habana por el doctor Pedro Kourí Esmeja en 1937.1

Si en aquel momento nos reunimos los infectólogos cubanos con muy numerosos investigadores procedentes de países de tres continentes, para conmemorar el medio siglo de existencia gloriosa de tan prestigiosa institución, muy oportuno y justo además, es el reunirnos nuevamente para recordar la vida y la obra fecundas del eminente parasitólogo cubano que fue su fundador, el doctor Pedro Kourí Esmeja, Profesor Extraordinario de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, al cumplirse en el día de hoy el centenario de su nacimiento.

En breves cuartillas me propongo exponer sus raíces familiares y nacionales; su sólida formación cultural y científica, toda realizada en instituciones cubanas; destacar el gran valor de su obra docente e investigativa en el campo de la medicina en general y de la infectología en particular, sin desechar su proyección social; sus grandes preocupaciones por la Universidad de La Habana, el gremio médico y la población campesina parasitada y por último su firmeza revolucionaria junto al destino mayor de su pueblo.

Origen familiar y formación científica

Dada la opresión política otomana ejercida sobre los pueblos árabes del Cercano Oriente y principalmente por la profunda crisis económica vivida por ellos, desde los años finales del siglo xix muchas familias sirias y libanesas de filiación religiosa cristiana maronita emigraron al continente americano estableciéndose en países, sobre todo, de religión cristiana católica, muy afín con la suya, a la cual se asimilaron.

Esta numerosa emigración llegará en parte a Cuba desde los años de la primera ocupación norteamericana (1899-1902) y ha dejado sus huellas en la medicina cubana con verdaderas familias de prestigiosos médicos como los Kourí Esmeja y los Chediak Ahuayda y en menor número los Chelala, Resik Habib y Selman-Houssein, entre otras.

Los Kourí Esmeja se acentaron inicialmente en Port-au-Prince, capital de la República de Haití, primera de las repúblicas de América Latina en liberarse del yugo colonial y más tarde emigraron a nuestra isla, en los comienzos del siglo xx estableciéndose en Santiago de Cuba.

Esta familia era de origen muy humilde, el padre Santiago Kourí Bschara, comerciante, había nacido en Monte Líbano en 1863 y la madre María Antonia Esmeja Cheadi en igual lugar diez años más tarde, ambos analfabetos, según consta en los certificados y declaraciones juradas de nacimiento de sus hijos. La integraban además diez vástagos: Juan Bautista, Julia, Manuel, Miguel, Pedro, María, Rosa, Esperanza, Mercedes y Luis, nacidos a lo largo de dicho recorrido.

El doctor Pedro Kourí Esmeja nació en Port-au-Prince el 21 de agosto de 1900, ciudad en la que fue bautizado por el ritual católico en la iglesia de San José.2 Muy poco tiempo va a vivir en la capital haitiana pues se traslada con su familia para Santiago de Cuba donde realizó todos los estudios primarios y en el Instituto de Segunda Enseñanza de la capital de la antigua provincia de Oriente se graduó de Bachiller en Letras y Ciencias, con las más altas calificaciones, el 19 de junio de 1919.

En este centro de enseñanza preuniversitaria va a comenzar su brillante carrera profesoral al desempeñar el cargo, por oposición, de alumno ayudante del grupo de cátedras de Física, Química y Ciencias Naturales en los dos últimos años, hasta su graduación. Esta temprana función docente dará nacimiento en él a una vocación por la botánica y la zoología en general, que lo llevará más tarde a matricular en la Facultad de Ciencias de la Universidad de La Habana el doctorado en ciencias naturales (1933-1934), pero el cierre universitario de 1935-1937 y sus muchas responsabilidades docentes y científicas evitaron que concluyera dichos estudios.

En la Escuela de Medicina de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de La Habana dejará una estela de brillantez académica, pocas veces lograda, que se continuará ininterrumpidamente con su carrera docente de 39 años, donde alcanzará los cargos y grados más sobresalientes.

Fig. 6. Dr. Pedro Kourí Esmeja (1900-1964). Parasitólogo cubano de prestigio internacional.

En las dos primeras asignaturas que examinó en el año inicial, Anatomía Descriptiva 1º. curso y Ejercicios de Disección 1º. curso, solamente logrará la calificación de aprobado, pero a partir de entonces alcanzará la nota de sobresaliente en las siguientes 31 asignaturas, con 24 premios ordinarios, el premio extraordinario “Dr. Alberto Inclán” de la cátedra de Ortopedia y el prestigioso premio extraordinario “Clin” (1925), equivalente al “González Lanuza” en la Facultad de Derecho, para merecer la denominación de Alumno Eminente con el Premio Beca de Viaje, que no pudo disfrutar, sin embargo, por no contar la Universidad, por esos años, con suficiente presupuesto para sufragarla.3

Durante toda la carrera disputó el primer lugar con el después eminente pediatra de fama internacional, propuesto para el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus aportes a la angiocardiografía con el método de la aortografía torácica retrograda, el doctor Agustín W. Castellanos González, quien obtuvo igual número de sobresalientes pero dos premios menos.4 Es de señalar que el doctor Kourí cursó dos asignaturas que por ser del nuevo plan de estudios de 1924 no tenía que cursar y que fueron Ortopedia y Parasitología y Enfermedades Tropicales, en las que alcanzó sobresaliente y en la primera los premios ordinario y extraordinario.

Fueron también compañeros de curso del doctor Kourí, alumnos verdaderamente brillantes que después lograron cátedras en la Escuela de Medicina como los doctores José S. Lastra Camps (Clínica Terapéutica Quirúrgica), Carlos F. Cárdenas Pupo (Clínica Médica), José F. Ferrer Rovira (Farmacología), Luis A. Rodríguez Sarabia (Fisiología), José J. de Castro--Palomino Díaz (Enfermedades de la Piel y Sífilis), Juan M. Rodríguez de la Cruz (Terapéutica), Arturo Vilela Peña (Anatomía Descriptiva) y Jaime Condom Cestino (Histología Normal y Embriología), los no menos brillantes cirujanos doctores Francisco González Monteavaro y Pedro M. Souza González-Echevarría, el ortopédico doctor José I. Tarafa Urdanivia y el parasitólogo doctor Rafael A. Calvó Fonseca.5

Los ejercicios para el grado de Doctor en Medicina los realizó el doctor Kourí el 9 de julio de 1925 en el salón de actos del Hospital Docente “General Calixto García” en los que alcanzó la nota de sobresaliente ante un tribunal integrado: como presidente, por el doctor Eusebio Hernández Pérez, profesor eminente de Obstetricia, y General de Brigada del Ejército Libertador de Cuba; como vocal por el doctor Antonio M. Valdés-Dapena Victorio, notable profesor de Terapéutica y como secretario el doctor Emilio Martínez y Pérez Vento, entonces joven y prometedor profesor auxiliar de Enfermedades de la Laringe, Oídos y Fosas Nasales, hijo del Padre de la Oncología Cubana doctor Emilio Martínez y Martínez.3

Durante la carrera desempeñó los cargos asistenciales de alumno interno, por concurso, primero del Hospital Docente “Nuestra Señora de las Mercedes” y después del Hospital Docente “General Calixto García”, así como también la plaza de alumno ayudante de la cátedra No. 8 Clínica Médica, la que obtuvo por pruebas de oposición el 17 de marzo de 1924 y desempeñó hasta su graduación.

Publicó su primer trabajo científico siendo aún estudiante con el título “Contribución al estudio del sistema nervioso de la vida vegetativa (Estudio anatómico y fisiopatológico del gran simpático)” (1922), sobre el que comentara el Maestro de la Bibliografía Cubana académico Carlos M. Trelles Govín, que se “relatan en él las investigaciones de orden quirúrgica y de orden experimental que ha llevado a cabo [el autor]”6, las que al parecer realizaba junto a su hermano el doctor Juan B. Kourí Esmeja, entonces joven cirujano, pero ya profesor auxiliar de Anatomía Topográfica o Anatomía Quirúrgica y que corrobora su segundo artículo “Un caso de sinfisiotomía subcutánea” (1924), en colaboración con el después profesor titular de Fisiología doctor José A. González-Rubiera Cortina, en aquellos momentos también estudiante, en el que describen la operación practicada por primera vez en nuestro país, un año antes, por el ayudante graduado de Obstetricia doctor Julio Ortiz Pérez.

Formación como infectólogo y labor docente

Médico recién graduado de tan sólida formación académica no podía perderlo su Alma Mater. A pesar de su entrenamiento quirúrgico y clínico su vocación por las investigaciones de laboratorio lo llevó a la infectología. Por su expediente obtiene la plaza de médico interno de su querido Hospital Docente General “Calixto García” que ejerce en el Laboratorio Central del que llega a ser jefe y apenas dos meses y medio después de su graduación obtiene, por prueba de oposición, la plaza de ayudante graduado (equivalente años más tarde a la de profesor agregado) de la cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales, en la que él voluntariamente había cursado sus materias en el primer año lectivo de dicha cátedra (1924-1925).

Tuvo como oponente en estos ejercicios al doctor José M. García Ávila y los trabajos a desarrollar consistieron en realizar: una coloración vital; las técnicas de concentración de huevos de helmintos de Teleman y Barthelemy; la técnica para investigar microfilarias en sangre y diagnosticar una lámina con corte histológico de hígado. Estas plazas duraban solamente un bienio por lo que tuvo que realizar, para conservar la suya, pruebas semejantes el 25 de junio de 1927 y el 26 de junio de 1929, en las que salió victorioso.7

Durante estos años va a desarrollar una capacidad de trabajo con la que asombraría siempre a sus colaboradores. Gana por oposición la plaza de médico interno de la Casa de Salud “Covadonga” del Centro Asturiano; parasitólogo y después director del Laboratorio Martínez Domínguez, fundado y dirigido por el destacado infectólogo, desaparecido prematuramente, doctor Manuel C. Martínez Domínguez; parasitólogo del Laboratorio Llanio-Embil, fundado por el profesor auxiliar de Parasitología y Enfermedades Tropicales doctor Enrique Llanio del Castillo y el farmacéutico y académico doctor Juan Embil Bollada y clínico de enfermedades parasitarias y tropicales en la Clínica Kourí, de su hermano el doctor Juan B. Kourí Esmeja.

De la labor realizada directamente con sus manos en el desempeño de dichos cargos, el propio doctor Kourí en uno de sus informes a la cátedra en 1936 nos ha dado la cifra de 14 085 exámenes de las diferentes técnicas parasitológicas practicadas entre 1927 y 1935, lo que nos explica su virtuosismo en el trabajo técnico manual.7

Como ayudante graduado en activo (1925-1930) desarrolla una labor no menos ardua: imparte las clases prácticas a todos los alumnos de los cursos y prepara el material docente utilizado en ellas con solo la ayuda de su fiel técnico señor Silvano Rodríguez, que nunca lo abandonara y en 1929 fue comisionado por el profesor titular de la cátedra doctor Andrés García Rivera y autorizado por el Decano de la Facultad para que impartiera un curso oficial de la asignatura a un grupo de 40 alumnos matriculados.7

Pero todo este trabajo no anula su producción bibliográfica. En 1927 y 1928 publica en dos partes en la Revista de Medicina y Cirugía de La Habana su monografía “Estudio de la hipertrofia difusa bilateral de la mama en la pubertad”, que es a mi juicio lo mejor que da a la imprenta en los años de la década de 1920 y a esta se unen su folleto Presencia de huevos infecundos de Ascaris lumbricoides en las heces fecales. Su importancia clínica, La Habana (1931), su magnífica monografía Amebiasis cutánea por Entamoeba histolytica (1933) en colaboración con el doctor José M. Bolaños Ramírez, publicada también en la Revista de Medicina y Cirugía de La Habana y sus artículos aparecidos en la revista Vida Nueva “Valor de la coloración por el método de Gram en la investigación de los protozoarios parásitos” (1930) y “Dos casos de distomatosis hepática humana producida por la Fasciola hepática” (1931) en colaboración con el doctor Rogelio Arenas Martorell.

El profesor titular fundador de la cátedra doctor Andrés García Rivera, hombre de gran preparación científica, que había publicado el programa de su asignatura en el folleto titulado Programa para el Curso Académico de 1925--1926 de Parasitología y Enfermedades Tropicales, La Habana, Cultural S. A., 1925, se dio a la tarea, inmediatamente después, de redactar un libro de texto para su cátedra el que salió de la imprenta en 1930 con el título Lecciones de Parasitología y Enfermedades Tropicales, La Habana, Cultural S. A., dos tomos, 1509 páginas y 398 figuras, con la colaboración del profesor auxiliar doctor Enrique Llanio del Castillo y del ayudante graduado doctor Pedro Kourí. La colaboración de este último, consistió en la preparación de casi la totalidad de las ilustraciones. Esta obra mereció felicitaciones especiales del Consejo Universitario, de la Asamblea General de la Federación Médica de Cuba y de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, así como de los profesores Gustavo Pittaluga Fattorini, entonces en la Universidad Central de Madrid y Salvá Navarro de la Universidad de Barcelona.8

La lucha estudiantil contra la dictadura del general Gerardo Machado Morales se acrecienta con la reforma constitucional y prórroga de poderes de 1928 y la muerte del estudiante Rafael Trejo González, el 30 de septiembre de 1930, al reprimirse brutalmente una manifestación estudiantil, precipita la clausura de la Universidad de La Habana en diciembre de dicho año, interrumpiéndose todas sus actividades hasta después de la caída de la dictadura el 12 de agosto de 1933.

Son años caóticos en que el doctor Kourí da salida a sus inquietudes políticas a través del movimiento del gremio médico que tiene como centro de acción la Federación Médica de Cuba, lo que no impide que publique su primer libro La distomatosis hepática en Cuba, La Habana, Cultural S. A., 1932, en colaboración con el doctor Arenas Martorell y reúna gran parte de sus artículos en colaboración con los doctores José G. Basnuevo Artiles y Arenas Martorell en un segundo libro Trabajos de Parasitología, La Habana, Cultural S. A., 1934.

A la caída de la dictadura el movimiento estudiantil revolucionario pide cuentas a la totalidad del profesorado universitario por sus responsabilidades políticas individuales durante la dictadura machadista, por lo que se inicia un largo y tumultuoso proceso de depuración que llevó a la renuncia al profesor titular y a la separación temporal del auxiliar, quedando únicamente en la cátedra el doctor Kourí, que no tenía nada de que arrepentirse, en su cargo de ayudante graduado.

El Consejo Universitario sacó a concurso la plaza de profesor auxiliar interino el 18 de noviembre de 1933 al que asistieron los doctores Kourí y Eduardo Ortiz Rivas, este último ayudante graduado de la cátedra de Trabajos de Análisis de Microscopía y Química Clínica, en la que después llegaría a ser profesor auxiliar. Es interesante saber que el doctor Kourí obtuvo por su expediente universitario 201 puntos y el doctor Ortiz solamente 88 y en total, el primero 563 puntos y el segundo 170.

Al tomar posesión de su nueva plaza el 22 de enero de 1934 pasó automáticamente a desempeñar las funciones de profesor titular interino jefe de la cátedra. No quiero dejar de citar el juramento que entonces hacían los profesores al tomar posesión de sus cátedras y que en el caso presente dice textualmente:

“Yo, doctor Pedro Kourí Esmeja, nombrado para el cargo de Profesor Auxiliar interino, de la Cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales, de la Escuela de Medicina, de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de La Habana, juro solemnemente que guardaré las Leyes de la República de Cuba, contra todo enemigo nacional o extranjero, que profesaré verdadera fe y lealtad a la misma y que me obligo libremente, sin reservas mentales y que no me anima ningún propósito de evadir este juramento. Así Dios me ayude”.7

Completamente formado como infectólogo y con casi 9 años de experiencia en la docencia de su cátedra, llega a la jefatura de la misma, a la que llama a colaborar a dos de sus más fieles seguidores los doctores José G. Basnuevo Artiles y Federico Sotolongo Guerra, con los que integrará la triología mayor de la parasitología médica cubana en los años posteriores.

Con un criterio diferente al mantenido hasta entonces en la cátedra, abandona la enseñanza enciclopédica de marcado acento taxonómico que incluía las especies de cualquier lugar del planeta de protozoos, helmintos, artrópodos y hongos parásitos al hombre, así como algunos parásitos vegetales, expuesta en conferencias magistrales y poca enseñanza práctica, para adoptar una metodología basada en el estudio teórico, en la observación práctica y en el hacer manual, para llegar a comprender y conocer la ciencia objeto de estudio y saber desarrollar en la práctica su tecnología.

Redujo, aparentemente, la materia a enseñar, comprendiendo en ella solamente las especies endémicas en el país y de posible penetración, pero la amplió con el conocimiento clínico de las enfermedades que producen en el hombre y su tratamiento, sometido este último a constantes cambios.

Para dar cumplimiento, de momento, a esos propósitos emprende la redacción de sus conferencias de clases, con el nuevo enfoque, que serán recopiladas y editadas mimeográficamente, para hacerlas llegar al alumnado, por el entonces estudiante y después destacado laboratorista clínico doctor Guillermo Anido Fraguio. Muchas de estas conferencias, más revisadas, aparecerán bajo el título general de “Lecciones de Parasitología” en la importante revista Crónica Médico Quirúrgica de La Habana durante los años 1934 y 1935.

Como fuente inagotable de material práctico para la enseñanza funda en 1936 junto al Laboratorio de Investigaciones de la cátedra, inaugurado con anterioridad, la Consulta Externa de Parasitología, primera de su clase en Cuba y ambos serán el embrión que dará nacimiento, por acuerdo de la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina y el Consejo Universitario de 8 de diciembre de 1937, al Instituto de Medicina Tropical, primer centro de investigaciones en la larga historia de la Universidad de La Habana.

Comienza entonces la etapa más brillante de la parasitología médica en Cuba, sin lugar a dudas. Tanto en lo docente como en las investigaciones los resultados son insospechados ni aún para los más optimistas. El doctor Kourí encuentra una total comprensión y gran ayuda para sus proyectos en el Rector de la Universidad, ingeniero José M. Cadenas Aguilera, uno de los más constructivos, que ha tenido nuestro primer centro de estudios superiores y del Decano de la Facultad de Medicina, doctor Ángel A. Aballí Arellano.

El mismo año de la fundación del Instituto, en el Pabellón “Domingo Cubas” del Hospital Docente “General Calixto García”, comenzarán los cursos de posgrado, que a partir de 1942 se incorporan a la recién creada Escuela de Verano y se mantienen ininterrumpidamente hasta la suspensión de actividades en la Universidad de La Habana, en diciembre de 1956, motivada por el inicio de la lucha armada contra la dictadura del general Fulgencio Batista Zaldivar. Estos cursos de posgrado eran los segundos que se impartían en la Facultad de Medicina, ya que en 1927 el profesor Aballí y colaboradores habían iniciado un entrenamiento teórico práctico en la cátedra de Patología y Clínica de las Enfermedades de la Infancia, de tres años de duración, con el fin de formar especialistas en Pediatría en nuestro país, que lamentablemente no duraron muchos años y sólo los disfrutaron médicos cubanos.9

Los de la cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales y el Instituto de Medicina Tropical desde un principio tuvieron una proyección internacional con alumnos, médicos y profesores de las Universidades de Cornell y New York de Estados Unidos, en forma permanente y muchos de países latinoamericanos como República Dominicana, Guatemala, Honduras, México o europeos como España. Todos ellos, una vez graduados, se sintieron siempre como parte del Instituto y ejemplo de esta afirmación lo es el ilustre parasitólogo guatemalteco doctor Francisco J. Aguilar que en su libro de texto Parasitología Médica, Guatemala, Lit. Delgado, 1987 y en su Revista de la Asociación Guatemalteca de Parasitología y Medicina Tropical ha dejado plasmado su eterno agradecimiento por la formación científica recibida en Cuba.10

En época tan temprana como 1939, cuando apenas comenzaba el Instituto a desarrollar sus actividades recibió la visita de uno de los grandes tratadistas del momento en laboratorio clínico en general, el doctor Robert B. H. Gradwohl, quien de regreso a Estados Unidos, impresionado, escribiría al Rector Cadenas: “Habiendo trabajado en la Escuela de Hamburgo y visitado la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, puedo decir con toda sinceridad, que Ud. tiene allí en su Universidad una oportunidad para rivalizar si no eclipsar, esas ambas Instituciones”.11

La docencia de pre y posgrado y las investigaciones que citaremos más adelante le traerán al doctor Pedro Kourí y a sus instituciones un reconocimiento absoluto por parte de las mayores personalidades de la parasitología médica mundial como los doctores Juan Basigalupo de la Facultad de Medicina de Buenos Aires; Ernest Carroll Faust y Charles F. Craig de Tulane University; Patrick Manson-Bahr de la Escuela de Medicina Tropical de Londres; Cesar Pinto del Instituto Oswaldo Cruz de Brasil; Jean G. Baer de la Universidad de Neuchâtel, Suiza; Eloise B. Cram y Maurice C. Hall del National Institute of Health de Estados Unidos; Robert Hegner de la Johns Hopkins University; Carlos C. Hoffmann de la Universidad de México; Louis Morenas de la Universidad de Lyon; Charles Joyeux de la Universidad de Marseille y otros muchos.

Maravillados por la metodología de su docencia teórica y práctica y por la calidad de sus medios auxiliares para la enseñanza, en diferentes épocas, dos de las más importantes figuras de la parasitología médica europea el profesor Biocca de la Universidad de Roma y el profesor Kalivoda, director del Instituto de Medicina Tropical de Praga, declararían que en Cuba se daban las mejores clases de esa disciplina en el mundo y ambos afirmaron que lo podían decir porque habían recorrido todos los centros de dicha especialidad existentes en Europa.12

Pero quizá lo que más consolidó el prestigio de su labor docente e investigativa fue su libro de texto. A partir de las copias mimeografiadas de sus conferencias y las más elaboradas publicadas en la revista Crónica Médico Quirúrgica de La Habana da a la imprenta con sus colaboradores Lecciones de Parasitología y Medicina Tropical, La Habana, El Siglo xx, 1940, en tres tomos. Los dos primeros que comprenden Generalidades y Helmintología Humana, respectivamente, aparecieron ese año y al siguiente el tercero, que en esta primera edición incluye Protozoología y Artropodología Médica, en total con 853 páginas y 343 figuras, en su mayoría originales.

En 1944 se hace una segunda edición de los dos primeros tomos y una tercera ampliada en 1948-1949, el primero Generalidades con 194 páginas y 35 figuras y el segundo Helmintología Humana con 771 páginas, 426 figuras casi todas originales y un cuestionario, que comprende los dos tomos, con 1196 preguntas. Del tercero se hizo una segunda edición con solamente Protozoología Médica en 1947 con 90 páginas y 27 figuras y se anuncia en él un cuarto tomo con Entomología Médica, que nunca se llegó a publicar, aunque quedó terminado con todas sus figuras intercaladas en el texto y del que se dio a la estampa un extracto en edición mimeografiada con el título Nociones Elementales de Entomología Médica, La Habana, 1962, 20 páginas y 5 figuras.

De conferencias de clases esta obra pasó a ser un verdadero tratado de la disciplina a enseñar sin perderse por ello su gran valor didáctico, pero ganando en erudición, ciencia propia producto de originales investigaciones, con figuras obtenidas de los casos vistos clínicamente y dibujos orientados por el propio doctor Kourí. Después de haber investigado toda la bibliografía médica docente producida en nuestro país no dudo en afirmar que esta obra es el mejor libro de texto escrito por autores cubanos.

Por esta misma época dará a la imprenta en folleto Cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales. Programa y Cuestionario. Curso Académico 1947-1948, 1ª Ed. La Habana, El Siglo XX, 1947, 31 páginas, en el que divide la materia a enseñar en dos parciales, en el primero agrupa: Generalidades y Nemathelmintes y en el segundo: Platyhelminthes, Protozoarios y Artrópodos, para finalizar con un cuestionario de 1262 preguntas. Del citado folleto se hicieron varias ediciones.

Esta extraordinaria labor docente era más que suficiente para dejar satisfecho a cualquiera que no fuera el doctor Kourí. Su amor a la Universidad de La Habana lo llevó a ocupar importantes cargos en momentos difíciles de la historia del alto centro docente. Por Decreto Rectoral de febrero 10 de 1938 se reconoce su derecho de ascenso en la cátedra y se le nombra en propiedad profesor titular, cargo del que toma posesión en igual fecha.7

Con la muerte del Rector Cadenas Aguilera el 14 de noviembre de 1939 y el asesinato del ingeniero Ramiro Valdés Daussá, profesor de la Escuela de Ingeniería y valiente revolucionario, el 15 de agosto de 1940, se agudiza en la Universidad uno de sus peores males en la época, el “bonchismo” o delincuencia organizada dentro de su recinto, el que aupará en algunos momentos y utilizará en su provecho el nuevo Rector doctor Rodolfo Méndez Peñate, quien llevará la institución docente a una verdadera crisis institucional que le costará el cargo en 1944. Es electo entonces como Rector el doctor Clemente Inclán Costa, profesor titular de Patología Experimental de la Facultad de Medicina y pediatra eminente, quien dará comienzo a un largo proceso de regeneración universitaria en el que colaboraron las más limpias figuras revolucionarias, entre ellas el doctor Raúl Roa García, Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y que le ganará al doctor Inclán la condición de Rector Magnífico, sólo conferida en la Universidad al presbítero Manuel Gómez Marañón en el siglo XIX.13

El doctor Kourí no podía permanecer ajeno a estos hechos que ocurrían en su querida Alma Mater. Con anterioridad había dado muestras de sus inquietudes políticas al integrar en su juventud con los doctores Gustavo Aldereguía Lima, José A. González-Rubiera, Juan M. Rodríguez de la Cruz, Federico Sotolongo y otros, la Liga Antiimperialista de Cuba, más tarde el Ala Izquierda Médica en la antigua Federación Médica de Cuba y en el partido médico Acción Inmediata.14

En 1940 por su personalidad científica y limpia ejecutoria cívica es electo miembro encargado de Asuntos Hospitalarios en la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina. En el trienio 1943-1946 es electo Vice Decano encargado de Asuntos Hospitalarios, cargo para el que es reelecto en 1946, 1949 y 1952, pero en estos tres trienios encargado de Escuelas Anexas. En 1955 cuando la lucha del estudiantado y del profesorado revolucionarios se intensifica contra la dictadura del general Batista, el doctor Kourí es electo Decano, cargo en el que esta cuando por acuerdo del Consejo Universitario de noviembre de 1956 se suspenden indefinidamente las actividades académicas y en el que permanece hasta 1958 en que se cumple su mandato, convaleciente de una grave hepatitis.7

La obra científica y su proyección social

Aunque sus trabajos científicos eran muy solicitados por las principales revistas médicas de Cuba el doctor Kourí quiso siempre contar con su propio órgano publicitario y así en 1935 funda con sus colaboradores y otros la Revista de Medicina Tropical y Parasitología, Bacteriología, Clínica y Laboratorio y en 1940 la revista Avance Medical, las que en 1945 se funden en la Revista Kuba de Medicina Tropical y Parasitología, la que existió como tal hasta 1960.

Conjuntamente con uno de sus más cercanos colaboradores, el doctor José G. Basnuevo, fundó el Laboratorio Kuba, de productos farmacéuticos, sobre todo antiparasitarios, de gran prestigio dentro y fuera de Cuba, lo que le dio un sostén económico no sólo a su familia sino también a la revista y reunió una gran biblioteca y hemeroteca parasitológicas que después donó al Instituto.

En esos órganos publicitarios, principalmente y en otras numerosas revistas extranjeras, aparecerá la totalidad de sus artículos científicos y los de sus colaboradores, que en el caso del doctor Kourí pasan de la cifra de trescientos. Imposible resulta en corto espacio dar una idea, aunque sea somera de la magnitud de esta obra tan basta, ya que no existe parásito intestinal en nuestro país sobre el que no haya realizado algún aporte digno de interés. Sólo haré referencia brevemente a algunos de los más importantes logros alcanzados en ella.

Junto a originales observaciones clínicas de fascioliasis estudia la histología y ovogénesis del parásito para comprobar, lo que es reconocido internacionalmente, que la cubierta externa del huevo de Fasciola hepática esta formada por las células vitelógenas y no por la glándula coclear como se aceptaba hasta entonces y crea una técnica efectiva para la búsqueda de huevos en la bilis obtenida por intubación duodenal.

La presencia en la ciudad de San Cristóbal en 1944 y en la de Pinar del Río en 1948 de cuadros epidémicos de un síndrome eosinofílico febril llevó al doctor Kourí y otros investigadores a realizar notables trabajos que demostraron definitivamente la etiología fasciolar del síndrome, que llegó a afectar a más de 60 personas en la primera de dichas ciudades y a más de 600 en la segunda.

Describió los primeros casos en Cuba, conjuntamente con el doctor Eduardo Ortiz Rivas, de giardiasis vesicular a través del sondaje duodenal y publicó una serie de trabajos bellamente ilustrados del ciclo evolutivo del Strongyloides stercoralis y su tratamiento con violeta de genciana.

Son muy originales y sorprendentes sus observaciones sobre el papel patógeno del Trichuris trichiura, sobre su biología, los aspectos clínicos del cuadro que designó como trichuriasis masiva infantil y sobre el tratamiento del mismo. Acerca del Diphyllobothrium latum demostró el mecanismo de formación del huevo así como la localización en testículos, en oposición a los admitido clásicamente. Descubrió y describió un nuevo parásito humano el Inermicapsifer cubensis que fue motivo de varias publicaciones y de interesantes intervenciones, aportes y discusiones entre los más destacados parasitólogos del mundo, sobre su nomenclatura y clasificación, que aún hoy perduran. En 1935 describió por primera vez en Cuba, con el doctor Alejandro Frade Meneses, el Clonorchis sinensis y publicó una estadística según la cual el 49 % de los chinos enfermos residentes en Ciudad de La Habana estaban parasitados con él y llevó a cabo interesantes estudios morfológicos, estructurales e histológicos sobre dicho helminto.

Informa con los doctores Federico Sotolongo y Vicente Anido Fraguio el primer caso de botriocefalosis encontrado en nuestro país y sobre las lesiones perianales de aspecto canceroso alerta a los clínicos sobre la posible etiología amebiana. Pero de lo más importante de su obra fueron los estudios hechos en colaboración con el doctor Basnuevo sobre terapéutica antiparasitaria que incluyeron investigaciones farmacológicas experimentales en animales y clinicoterapéuticas en el hombre.

A la malacología médica dedicó numerosos artículos sobre índices endémicos de infestación trematódica, hallazgos de furcocercaria en el molusco Drepanotremalucidum y otros en que estudió los caracoles como hospederos intermediarios de trematodes. Por último, el campo de la parasitología veterinaria, que tanto prestigió en Cuba su gran amigo el también sabio profesor universitario doctor Ildefonso Pérez Vigueras, lo abordó con originales investigaciones sobre parasitismo intestinal del perro y del cerdo, entre las que se destacan las que llevó a cabo sobre coccidiosis canina, piroplasmosis canina y Dipylidium caninum.

Pero él sabía muy bien que el parasitismo intestinal, como la tuberculosis pulmonar según frase feliz del profesor inglés sir William Osler, más que un problema médico lo es social y hacia ese campo también llevó su acción. En diciembre de 1938 es designado miembro del Comité de Lucha Contra el Parasitismo Intestinal, la Mortalidad Infantil y el Paludismo de la Federación Médica de Cuba, que a propuesta del doctor Federico Sotolongo se constituyó en esa fecha por acuerdo tomado en la Asamblea Médica Nacional de Santiago de Cuba.

A partir de entonces el doctor Kourí y sus colaboradores recorrieron toda la Isla en un plan de divulgación médica que no tuvo paralelo. Finalizado el ciclo programado por la Federación Médica, el equipo de parasitólogos continuó la divulgación antiparasitaria en pueblos y ciudades, a través de periódicos, revistas y de transmisiones radiales, para llevar a todas las familias cubanas los conocimientos elementales que les sirvieran para defenderse contra el parasitismo. Y no conforme con todo ello, que se hizo sin ayuda oficial alguna por parte del gobierno de la República, comienza en colaboración con los doctores José G. Basnuevo y Rafael A. Calvo Fonseca la publicación de una amplia serie de trabajos sobre porcentajes y distribución geográfica del parasitismo intestinal en Cuba, que fueron imprescindible guía para orientar sobre la ubicación de los focos de endemicidad de los distintos parásitos a través de toda la Isla.15

Y esta gran obra docente, investigativa y de proyección social tenía que despertar, como despertó, la admiración de muchos infectólogos del mundo y de todos los médicos cubanos. Por eso no hay libro de parasitología en América y Europa que no cite trabajos del doctor Kourí y sus colaboradores y una personalidad mundial como el doctor Robert B.H. Gradwohl le pidió su colaboración para la segunda edición de su tratado Clinical Laboratory Methods and Diagnosis, St. Louis, Mosby Company, 1938, dos tomos, que se repitió en la tercera edición, 1943, esta vez aumentada y actualizada la colaboración cubana con el título Parasitology and Tropical Medicine (Capítulo XIX), 393 páginas y 253 figuras y lo mismo hizo el doctor Juan Nacio, profesor de la Universidad del Litoral, Argentina, para su Tratado de Parasitología Digestiva, en tres tomos.

No podían ser menos los autores cubanos y el doctor Kourí y sus colaboradores redactaron con el título Coprología y Parasitología, cinco capítulos del libro Laboratorio Clínico. Técnicas e interpretaciones, La Habana, Cultural S. A., 1943, dos tomos, de los doctores Vicente y Guillermo Anido Fraguio y la parte de terapéutica antiparasitaria de los libros Manual de Terapéutica Clínica, La Habana, Cultural S. A., 1949 y Terapéutica Clínica, La Habana, Cultural S.A., 1954, del doctor Arturo R. Ros Rangel.

Últimos años

Completamente recuperado de la grave hepatitis que lo había alejado del Decanato de la Facultad de Medicina y que lo obligó, por primera vez en su vida, a unas largas vacaciones, el doctor Kourí recibió con alegría, como lo hizo lo mejor de su pueblo, la llegada al poder de la Revolución Cubana y con ella el reinicio de las actividades en su querida Universidad de La Habana.

Comienza entonces en la colina universitaria un largo proceso de lucha ideológica iniciada con la depuración política del profesorado, que esta vez se extendió también al campo de la ética profesional y que tuvo sus dos momentos culminantes: en febrero de 1959 cuando un grupo de profesores y alumnos, impacientes por hacer realidad la reforma universitaria, tomaron el alto centro docente, destituyeron al resto del profesorado y a la dirección del centro y en la reunión del claustro de medicina del 29 de julio de 1960 en que algo más de la mitad de los profesores presentes, en franca actitud contrarrevolucionaria, votaron en contra de la sustitución del Consejo Universitario por la Junta Superior de Gobierno y de los Decanatos por Juntas de Gobierno en las Facultades.

Estos hechos llevaron a la suspensión de empleo y sueldo, primero y a la separación definitiva, después, de gran parte del profesorado, a lo que se unió una inoportuna ley de jubilación forzosa por edad, lo que dejaría a la Facultad de Medicina, de 161 profesores con que contaba al suspenderse las actividades universitarias en diciembre de 1956, con sólo 23 de ellos cuando se juró la reforma universitaria el 10 de enero de 1962, aunque ya en esos momentos la Facultad contaba con otros 170 profesores.

La cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales y el Instituto de Medicina Tropical no sufrieron el menor cambio en todo este proceso. Ningún miembro de ellos fue ni siquiera acusado en las depuraciones y sólo el doctor Enrique Llanio se acogió a retiro, por su avanzada edad y sus muchos quebrantos de salud, el 1 de abril de 1959.16

Los doctores Kourí, Basnuevo y Sotolongo, tres de los más prestigiosos profesores de la Facultad de Medicina fueron del grupo de los ejemplares Maestros que permanecieron fieles a su pueblo en aquellos momentos de grandeza y peligro de nuestra historia y con ellos todo su personal técnico y de servicio.17, 18

Cuando las cátedras fueron transformadas en departamentos a finales de 1960 el doctor Kourí se mantuvo como jefe del Departamento de Parasitología y cuando este formó en 1961 con el Departamento de Microbiología, nuevo nombre de las antiguas cátedras de Bacteriología y Patología Experimental, el Departamento de Microbiología y Parasitología, también ocupó su jefatura con la categoría docente especial de Profesor Extraordinario.7

Los cambios frecuentes de planes de estudios en aquellos años pusieron a prueba la maestría pedagógica del doctor Kourí y sus colaboradores para llevarlos a la práctica sin sacrificar la alta calidad de su docencia que siguió siendo de las mejores del mundo.

Pero ahora era el momento histórico, además, de hacer realidad la lucha contra el parasitismo en el campesinado cubano, de la que había hablado el Comandante en Jefe doctor Fidel Castro Ruz en su discurso de autodefensa La historia me absolverá, como parte del Programa del Moncada y en la que venían trabajando el doctor Kourí y sus colaboradores desde hacía más de veinte años.

En una reunión en el Ministerio de Salud Pública, en su viejo edificio de la calle Belascoaín, el 16 de octubre de 1964, después de una brillante exposición sobre la preparación de docentes para la Facultad de Ciencias Médicas, en la que también expuso la pertinencia de su viejo proyecto de lucha antiparasitaria,14 fallecía repentinamente el doctor Pedro Kourí, no sólo una de las figuras mayores de la parasitología médica mundial sino también uno de los más importantes higienistas sociales de nuestra historia.

La posteridad esta siendo justa con su memoria, lo que no siempre ocurre con los grandes hombres. Su obra sigue reconocida en los más exclusivos círculos parasitológicos del mundo, pero lo que hubiera sido mucho más importante para él, es que la misma se ha continuado en la labor de sus hijos y descendientes, de sus viejos colaboradores, de sus discípulos, de las muevas generaciones de infectólogos cubanos y que el Instituto que él fundara, con su nombre desde 1964, es uno de los más importantes del mundo y constituye el verdadero símbolo de la grandeza de la medicina cubana revolucionaria.

Referencias Bibliográficas

  1. Delgado G. La historia de la infectología en Cuba y el 50 aniversario del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”. Conferencia inédita. (Copia mecanografiada en Archivo de la Oficina del Historiador Médico del MINSAP).
  2. Declaración Jurada [sobre inscripción de nacimiento de Pedro Kourí Esmeja]. En Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 6451.
  3. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 6451.
  4. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 6401.
  5. Graduados del Curso 1924-1925. En: Llanes T R. Anuario Médico-Social de Cuba. La Habana, Ucar García y Cía. 1937: 562-565.
  6. Trelles C M. Contribución de los médicos cubanos a los progresos de la medicina. La Habana. Imp. A. Dorrbecker. 1926: 13-14.
  7. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 11820.
  8. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 4174.
  9. La Sociedad Cubana de Pediatría. En Sociedad Cubana de Pediatría. Jornada Pediátrica de Santiago de Cuba del 10 al 12 de abril de 1936. Actas y Trabajos. La Habana. Molina y Cía. 1937: 5-22.
  10. Aguilar F J. Cincuentenario del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”. Rev. Asoc. Guat. Parasit. Med. Trop. 1988; 3(1): 33-35.
  11. Gradwohl R B H. Carta al Rector José M. Cadenas [Abril 22 de 1939]. En: Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 11820.
  12. Delgado G. Vida y obra del Profesor Federico Sotolongo Guerra. Cuad. Hist. Sal. Pub. 1989; 74: 6-43.
  13. Armas R, Torres-Cuevas E, Cairo A. Historia de la Universidad de La Habana. 1930--1978. La Habana. Ed. Cienc. Soc. 1984.
  14. Sotolongo F. El Profesor Pedro Kourí. El trabajador infatigable. Rev. Cub. Med. Trop. 1966; 18(2): 83-87.
  15. Sotolongo F. El Profesor Pedro Kourí como clínico parasitólogo. Cuad. Hist. Sal. Pub. 1989; 74: 118-124. 16. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 4635.
    17. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 11295.
    18. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 12404.

 

* Conferencia leída en acto central por el Centenario del Nacimiento del Dr. Pedro Kourí. Teatro del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” (IPK). La Habana, agosto 21 del 2000.

 

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