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Dr. Miguel A. Galindo Sardiñas, personalidad representativa de la epidemiología cubana actual*

Introducción

Hace poco más de tres años la Sociedad Cubana de Salud Pública exaltó a la condición mayor de Miembro de Honor a nuestro querido e inolvidable Maestro, recientemente fallecido, el profesor Celestino Álvarez Lajonchere, eminente obstetra y salubrista cubano y el doctor Francisco Rojas Ochoa, entonces su presidente, me hizo el honor de invitarme a pronunciar su elogio.

De nuevo la antiguamente denominada Sociedad Cubana de Administración de Salud me honra al designarme para pronunciar el elogio del doctor Miguel A. Galindo Sardiñas, personalidad verdaderamente representativa de la epidemiología cubana actual, al ser elevado a la alta condición de Miembro de Honor.

Y como es imposible mencionar al doctor Galindo sin que inmediatamente nos venga a la mente la vacunación en nuestro país y su programa actual de inmunización, quiero que me permitan iniciar mis palabras de esta tarde con un breve recuento histórico de la vacunación en Cuba, que abarque desde sus inicios hasta el presente, para enmarcar en él la vida y la obra del doctor Galindo.

Breve recuento histórico de la vacunación en Cuba

No se ha podido saber con exactitud cuando y por quien se introdujo en Cuba el método de inoculación, pero sí se puede afirmar que ya en 1795 era conocido, pues una duda acerca de la eficacia del mismo se planteó en el Papel Periódico de La Habana en ese año y fue contestada por el doctor Tomás Romay Chacón.1

El 4 de febrero de 1802 la Real Sociedad Patriótica de La Habana encargó al propio doctor Romay, su más relevante figura científica, que emitiera opinión sobre el inmortal trabajo en el que Edward Jenner en 1798 anunció al mundo el descubrimiento de la eficaz inoculación preventiva contra la viruela, con la intención de buscar solución al más grave problema del cuadro epidemiológico de la Isla.

El informe favorable del doctor Romay dio inicio a activas acciones de éste que permitieron en febrero de 1804, a partir de pus vaccinoso de unos niños vacunados procedentes de Puerto Rico, comenzar su aplicación en La Habana y su distribución a distintas poblaciones de la colonia. Por eso al llegar a La Habana el 26 de mayo de ese año la expedición mandada por el rey Carlos IV a traer la vacuna a sus colonias de América a cuyo frente venía el Cirujano de Cámara Real Francisco Xavier y Balmis, éste quedó gratamente sorprendido al encontrar propagada la vacuna en el país.2, 3

El 13 de julio de 1804 ocurre un hecho de extraordinaria importancia en la historia de la medicina preventiva cubana, al establecerse en La Habana, a propuesta del doctor Balmis, la Junta Central de Vacunación, segunda institución en orden cronológico de la historia de la salud pública cubana, de la que fue nombrado el doctor Romay secretario facultativo y figura principal durante toda la existencia de la misma.

Desde su fundación contó para conservar y distribuir el virus vacuno con Juntas Subalternas en algunas de las principales ciudades del país y vacunadores en casi todos los pueblos menores, con lo que se logró sino erradicar, controlar el más importante problema epidemiológico del país, a pesar de no poder contar ni con la más mínima voluntad política del gobierno colonial español.

A la muerte del doctor Romay en 1849 quedaron disueltas las instituciones de vacunación y sus funciones pasaron a las Juntas Superior, Provinciales y Municipales de Sanidad, las que nombraron y supervisaron a los vacunadores hasta el final de la dominación colonial española en Cuba.4

El doctor Carlos J. Finlay Barrés que en 1881 había dado explicación a la historia natural de la fiebre amarilla, segundo problema en importancia del cuadro epidemiológico de la Isla, con su teoría metaxénica o del vector biológico en la transmisión de las enfermedades infecciosas, a partir de ese año no sólo va a continuar con la demostración de su doctrina con nuevas inoculaciones experimentales, sino que trató con éstas de prevenir el contagio de la enfermedad con la inmunización activa de sus inoculados. Él comprendió que no disponía de medio alguno para comprobar su teoría, con pruebas irrefutables, como no fuera el mostrar la inmunidad lograda en aquellos.

El 31 de enero y el 29 de febrero de 1884 leyó ante la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana su trabajo “Fiebre amarilla experimental comparada con la natural en sus formas benignas”, el cual encierra el resultado de sus experiencias. Con estos aportes se anticipa el doctor Finlay, evidentemente, a las investigaciones que Emil von Behring, Emile Roux y otros inmortales investigadores hicieron más tarde en el campo de la inmunología.5

En 1886, a sólo dos años de que Louis Pasteur probara brillantemente su descubrimiento de la vacunación antirrábica en el perro y a uno de que aplicara dicho método profiláctico en el hombre, en el caso del niño José Meister, de Alsacia, gravemente mordido por un perro rabioso, el Gobernador General de Cuba se dignó designar una comisión de médicos cubanos integrada por los doctores Diego Tamayo Figueredo, Francisco I. Vildósola González y Pedro Albarrán Domínguez, a la que se unió el doctor Andrés Valdespino y Suárez Macías, para que estudiarán la vacunación antirrábica con Pasteur en París y la aplicarán en Cuba.

La comisión estudió dicho proceder y trajo la vacuna, que introdujo también en Barcelona, la cual aplicó por primera vez en humanos en la isla, en el Laboratorio Histobacteriológico e Instituto Antirrábico de la Crónica Médico Quirúrgica de La Habana, propiedad del doctor Juan Santos Fernández y Hernández, el 25 de abril de 1887, trece días antes de la inauguración oficial del laboratorio.6

Durante la primera ocupación militar de los Estados Unidos en Cuba se estableció en 1900, el Servicio de Vacuna y el 24 de junio de 1901, por la Orden Militar No. 165, se dispuso y reglamentó la vacunación antivariólica obligatoria en Cuba y fijó los deberes de las autoridades para que cooperaran cada una en la medida de sus fuerzas, a la práctica de la vacunación.

Al Servicio de Vacuna, integrado en sus inicios por el médico norteamericano doctor Havard y por los cubanos doctores Juan Guiteras Gener, Dámaso Laine Garesché, Vicente de La Guardia Madan y Luis M. Cowley Valdés-Machado, todos figuras de gran prestigio científico, se le unieron otras vacunaciones durante el período republicano burgués.7

Los trabajos de perfeccionamiento de la vacuna antitífica daban ya resultados positivos en la primera década del presente siglo, realizados por Wright, Pfeiffer, Kolle, Beresdka, Russell y otros investigadores en distintas partes del mundo, cuando ya el doctor Horacio Ferrer Díaz, estudioso de dichas investigaciones los daba a conocer entre nosotros, estimulando con ello al doctor Mario García-Lebredo Arango, quien desde la dirección del Laboratorio Nacional de la Isla de Cuba hizo que el doctor Alberto Recio Forns diera comienzo al estudio y preparación de la vacuna.

En 1911 el doctor Juan Guiteras, Director Nacional de Sanidad, envió al doctor Recio a los Estados Unidos a que estudiara con Russell la vacuna preparada por éste. El 9 de febrero de 1912 comenzaba la vacunación en el Ejército Nacional dirigida por el doctor Ferrer, entonces alto oficial de la Sanidad Militar. Ese año en el Congreso de Higiene celebrado en Washington se hacía constar que Cuba era el único país de América Latina que había emprendido estos trabajos. En 1913 presentaba el doctor Ferrer ante la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana su famoso trabajo “Vacunación antitífica, observación sobre 2000 casos vacunados”8 y en 1917 el doctor Recio organizaba la preparación en gran escala de la vacuna antitífica en Cuba.9

En 1908 los doctores Albert Calmette, médico y Alphonse Guerin, veterinario, ambos franceses, informaron al mundo de las ciencias que una clase de bacilo tuberculoso bovino virulento que se había desarrollado en un medio de bilis y papas, se iba haciendo cada vez menos virulento a medida que pasaba de un tubo de ensayo a otro. Este descubrimiento sería el inicio de una serie de laboriosas investigaciones que llevaron a la preparación de la vacuna antituberculosa BCG., la que comenzó a aplicarse en el mes de julio de 1921, en París, por el profesor B. W. Halley. En Cuba, siete años después, el doctor Alberto Recio comenzaba la preparación de la vacuna Calmette-Guerin, para iniciar su aplicación poco más tarde en el país.9

A pesar de los notables esfuerzos de grandes figuras de la medicina cubana, la falta de voluntad política de los gobiernos durante el período de república burguesa impidió que pudieran ser llevados a la práctica social, en la medida necesaria, los grandes descubrimientos y aportaciones que en el campo de la medicina preventiva se producían en los más importantes centros científicos del planeta y que con gran rapidez eran conocidos en los círculos médicos de la isla.

Con la llegada al poder de la Revolución Socialista comienzan en Cuba grandes cambios en todos los sectores de la vida del país, que llevarán en el de la salud pública a la integración de la medicina privada, el mutualismo y el sistema de salud estatal, en un sistema nacional de salud único, estatal y socialista, que contará con la más completa voluntad política del Gobierno Revolucionario, para hacer realidad en la nación la aplicación de los principios de la salud pública socialista cubana.

En cumplimiento del primero de ellos, el carácter integral de las acciones de salud, con especial acento preventivo, se dará inicio al programa nacional de inmunización a toda nuestra población, comenzando con la campaña de vacunación contra la poliomielitis anterior aguda en 1962, dado el azote que constituía esta enfermedad para nuestra población infantil, endémica en la isla desde la primera epidemia de 1909.

Para llevar a cabo tal empeño se puso también en práctica de una manera fundamental e imprescindible desde entonces el segundo de los principios de la salud pública socialista cubana, la participación activa de la comunidad organizada la que a través de sus organizaciones básicas como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y apoyado el Sistema en otros dos principios como la gratuidad y la accesibilidad a los servicios de salud, se ha hecho una realidad la vacunación permanente en Cuba contra la poliomielitis anterior aguda, la tuberculosis, el tétanos, la difteria, la tosferina, la fiebre tifoidea, el sarampión, la rubéola, la parotiditis, la hepatitis B, la meningoencefalitis por meningococos B y C, para hacer realidad el sueño de nuestros salubristas del pasado y del presente, entre los que se encuentra el doctor Miguel A. Galindo Sardiñas, epidemiólogo de una modestia tan grande, como su capacidad de trabajo y su competencia, a cuya vida y obra científica he de referirme en el resto de mi conferencia.

Vida y obra científica del doctor Miguel A. Galindo Sardiñas

De origen campesino nació el doctor Galindo en la Finca Tínima, del barrio Céspedes, municipio Manguito, provincia Matanzas, el 29 de septiembre de 1932, hijo de Manuel Galindo Díaz y María Sardiñas Noa, ambos naturales del bario de Amarillas y la última de familia muy antigua en el municipio.10

Su nacimiento se produjo durante la profunda crisis económica de los años iniciales de la década de 1930 y el anterior a la caída de la dictadura del general Gerardo Machado Morales, por lo que la situación no podía ser más tensa, si se tiene en cuenta que el municipio era un feudo político del Partido Liberal y de don Carlos de la Rosa Hernández, vicepresidente de la República.11

Desde muy pequeño dio muestras el doctor Galindo de su amor al estudio y cursó todos los grados del sistema de educación estatal cubano de su época: la primera enseñanza en las escuelas públicas de la finca Tínima y el central azucarero Washington; la enseñanza primaria superior en la Academia Mederos del poblado de Santo Domingo, cabecera del municipio del mismo nombre en la antigua provincia de Las Villas; el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, dirigido entonces por el destacado pedagogo doctor Pedro Monteagudo, donde se graduó de bachiller en ciencias el 27 de junio de 1951 y la carrera de medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, en la época convulsa de los dos años finales del gobierno del doctor Carlos Prío Socarrás, todos los de la dictadura del general Fulgencio Batista Zaldívar y los dos primeros de nuestra Revolución Socialista.

Allí pudo vivir la lucha del estudiantado universitario contra la dictadura batistiana, sufrir la clausura de la Universidad durante más de dos años, para finalmente realizar los ejercicios de grado el 13 de diciembre de 1960, en el aula de clases de la cátedra de Medicina Legal y Toxicología en el Hospital Universitario “General Calixto García”, en los que logró la calificación de sobresaliente y que se le expidiera el tan ansiado título de doctor en medicina el 20 de diciembre del propio año, tras casi una década en nuestra querida Alma Mater.12

No puedo dejar de decir que su tribunal examinador lo integraron tres de mis más queridos e inolvidables Maestros y después dos de ellos entrañables amigos: como presidente el doctor Antonio Palacín Aranda, como vocal el doctor Zoilo Marinello Vidaurreta y como secretario el doctor Ramón Vidal Vidal.

El doctor Galindo va a pertenecer al tercer grupo de graduados que cumplió el Servicio Médico Social Rural en nuestro país y lo hizo en el Hospital “Héroes de Baire”, en el entonces municipio, después regional, de Isla de Pinos, actual municipio especial Isla de la Juventud, donde dará inicio a su larga y provechosa carrera como salubrista.

En Isla de Pinos, a la que fue por un año, estará durante algo más de ocho, primero como médico y director del Hospital “Héroes de Baire” y después como Director Regional de Salud Pública. No es posible dejar de pensar que además de su sentido del deber, lo retuviera la fascinación que ejerce la isla sobre los que viven en ella y que tan nítidamente lo dejara expresado el doctor Filiberto Ramírez Corría, en su extraordinario libro Excerta de una isla mágica,13 que tantas veces hemos leído y releído, siempre con renovado placer. Soy de los que mantienen la opinión de que la formación del salubrista requiere imprescindiblemente de años de desempeño en la base del sistema nacional de salud, pero que es preciso a su vez enriquecer esa práctica con conocimientos teóricos que deben llegar oportuna y progresivamente durante su ejercicio profesional.

El doctor Galindo con cinco años de práctica en el primer escalón del sistema nacional, tomó el Curso de Administración de Salud en la Escuela de Salud Pública de La Habana, de tan grato recuerdo, fundada en 1965 y dirigida entonces por su fundador el inolvidable doctor Carlos Martínez Reyes, donde se graduó con su trabajo de terminación “Información básica del Area de Salud de Isla de Pinos”, lo que unido a sus años de experiencia le ganó el título de Especialista de Primer Grado en Epidemiología, para regresar a su puesto de Director Regional de Isla de Pinos por otros tres años.

Pero nuevos e importantes cargos lo alejarán definitivamente de su “isla mágica”, como la llamara el doctor Ramírez Corría. En agosto de 1969 es nombrado Jefe del Departamento de Epidemiología de la Regional de Salud Pública de Guanabacoa y algo más de un año después pasa con igual cargo a la Regional de Salud Pública de Marianao, donde llega a desempeñar el puesto de Subdirector Regional de Higiene y Epidemiología.

Durante esta etapa de su carrera de salubrista en dos importantes municipios de la provincia Ciudad de La Habana, comienza en 1971 su labor como profesor de Epidemiología en la Facultad de Medicina No. 3, más tarde Facultad “Finlay-Albarrán” del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, que se extenderá hasta 1984 y aumenta sus conocimientos teóricos con dos nuevos cursos: “Epidemiología de las enfermedades crónicas” (1972) en el local central del Ministerio de Salud Pública y “Aseguramiento higiénico epidemiológico a eventos masivos” (1976) en Berlín, entonces capital de la República Democrática Alemana.14

Con una sólida formación teórico-práctica en epidemiología, ganada en dieciséis años de intenso trabajo en la dirección, el estudio y la enseñanza de tan valiosa rama de la medicina social, asciende en enero de 1977 a Jefe del Departamento de Epidemiología del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología de Ciudad de La Habana y en este importante cargo va a ver realizado el sueño de todo médico revolucionario cubano y que es llegar a desarrollar labor de ayuda internacionalista en un país del Tercer Mundo, cuando en diciembre de 1978 es nombrado Jefe de la Delegación Médica en Guinea Bissau, África Occidental, a sólo cuatro años de su liberación del colonialismo portugués, que lo había dejado convertido en uno de los países más pobres del planeta, triste lugar que aún hoy conserva y asesinado al Apóstol de su Independencia, el legendario luchador revolucionario Amilcar Cabral.15

Bajo el gobierno del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) y del presidente Luis Cabral, de cuya violenta deposición en noviembre de 1980 fue testigo, desarrolló una notable labor, no sólo como jefe de la misión cubana, sino también como Asesor del Viceministro de Higiene y Epidemiología, profesor de Epidemiología en el Hospital Simao Méndez y como ponente en la v Asamblea Nacional de Asuntos Sociales con el tema “Cuadro Epidemiológico Nacional”.

De regreso a Cuba en diciembre de 1980 y después de cinco meses como Jefe del Departamento de Desinfección, Desratización y Desinsectación del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología de Ciudad de La Habana es llamado al Viceministerio de Higiene y Epidemiología para ocupar el puesto de epidemiólogo a cargo del Programa Nacional de Inmunización, destino en el que verdaderamente se ha consagrado como higienista social.14 Después de veinte años de siempre ascendente carrera desde el área de salud, la regional y la provincia, llegaba al más alto nivel del sistema nacional de salud, como un verdadero ejemplo de lo que debe ser la formación y desarrollo de un salubrista cubano, hecho para servir a su pueblo y no para lucir grados científicos, que a mí se me antojan blasones de las viejas monarquías europeas.

Al frente del Programa Nacional de Inmunización ha realizado una labor durante estos últimos dieciocho años cuyo valor ha sido reconocido muy favorablemente nacional e internacionalmente y lo que Cuba ha logrado en este campo está expuesto en sus acuciosos informes y ponencias presentados en medio centenar de eventos científicos de Cuba y quince países extranjeros de cuatro continentes, algunos de ellos aparecidos en publicaciones nacionales e internacionales, que no sólo tienen valor científico sino también como documentos primarios para la historiografía de la salud pública cubana. Entre ellos no puedo dejar de citar, por reunir los dos valores citados a los siguientes: “Edward Jenner. Descubrimiento de la vacuna antivariólica y su propagación por el mundo” (1996); “Antecedentes del Programa Nacional de Inmunización en Cuba” (1984); “25 años del Programa Nacional de Inmunización en Cuba” (1985); “Logros alcanzados por el Programa Nacional de Inmunización de Cuba en los últimos 30 años” (1986); “Impacto del Programa Nacional de Inmunización sobre las enfermedades prevenibles por vacunas desde 1959 hasta 1987” (1989); “Programa de control de la Poliomielitis en Cuba. 1962-1990” (1991); “Informe preliminar del MINSAP de Cuba para optar por el Certificado de Erradicación de la Poliomielitis” (1994); “Vigilancia de la Poliomielitis en Cuba” (1986); “La inmunización en Cuba. Sus estrategias” (1997); “Programa Nacional de Control del Sarampión, Rubéola y Parotiditis. Logros alcanzados” (1986); “Experiencia cubana en la vacunación antirrubeólica” (1997); “Estrategia cubana para el control de la Hepatitis B” (1998); “Tosferina morbimortalidad. Cuba. 1962-1981” (1982); “Estudio de la morbilidad pos-tosferina. 1968-1985” (1986) y “Experiencia nacional e internacional en el empleo de la vacuna cubana antimeningocóccica B y C” (1993).14

En estas últimas dos décadas el profesor universitario ha superado el marco estrecho de su cátedra en la Facultad de Ciencias Médicas “Finlay--Albarrán” para llevar sus conocimientos a todo el sistema nacional de enseñanza médica superior y otros centros docentes o no del país y así lo vemos impartir cursos de posgrado sobre actualización en inmunología y actualización en vacunación en las Facultades de Ciencias Médicas de Sancti Spítirus, Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma en sus filiales de Bayamo y Manzanillo, Santiago de Cuba, Guantánamo y en la Filial de Ciencias Médicas de la provincia La Habana en San José de las Lajas, en Centros Provinciales de Higiene y Epidemiología de Pinar del Río, Ciudad de La Habana, Provincia La Habana, Matanzas y Guantánamo, en el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” y otros.14

Dado el prestigio alcanzado no es raro que la Organización Panamericana de Salud (OPS) lo nombrara Asesor Temporero en los Estados Unidos en 1981; que se le otorgara por concurso el título de Especialista de Segundo Grado (grado superior) en Epidemiología en 1985; que la Academia de Ciencias de Cuba en 1991, 1994 y 1997 calificara informes finales de investigaciones suyas, en colaboración, como resultados científico-técnicos destacados y que lo nombrara Miembro del Grupo de Expertos de Vacuna; que la Sociedad Dominicana de Pediatría lo designara Miembro Honorario en 1991; que la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología le entregara su Diploma de Mérito Profesional por más de treinta años de labor en la especialidad con relevante dedicación a la docencia, investigación y administración en 1996; que el Ministerio de Salud Pública de Cuba lo nombrara Presidente del Grupo Técnico Asesor y lo declarara Trabajador de Mérito de la Salud Pública en 1997 y que la Organización Panamericana de Salud (OPS) recientemente reconociera su notable labor al otorgarle su Premio de Inmunización 1999.14

La Sociedad Cubana de Salud Pública que agrupa en su seno a especialistas de todas las ramas de la medicina social no podía pasar por alto el reconocimiento a tan representativa personalidad de la epidemiología de nuestro país y en su sesión extraordinaria de esta tarde, a la que conjuntamente invitan el Ateneo “Juan César García”, como su Sección de Medicina Social; el Hospital Clínico Quirúrgico Docente “General Calixto García” y la Representación en Cuba de la OPS y la OMS, lo nombra en su categoría superior de Miembro de Honor en cumplimiento de la voluntad, como dirían los latinos, ab imo pectore de todos sus miembros.

Referencias Bibliográficas

  1. Romay Chacón T. Contestación a la duda sobre inoculación de la viruela formulada en el No. 77:306. Papel Periódico de La Habana. 1795;87:345-347 y 80:349-350.
  2. García Mayo M. La introducción de la vacuna en Cuba. La Habana. Ed. Alfa, 1938.
  3. López Sánchez J. Vida y obra del sabio médico habanero Tomás Romay Chacón. La Habana. Ed. Selecta. 1950.
  4. Delgado García G. Conferencias de historia de la administración de salud pública en Cuba. La Habana. Ed. Ciencias Médicas. 1996:32-36.
  5. Delgado García G. La Doctrina Finlaísta: valoración científica e histórica a un siglo de su presentación. La Habana. Cent. Nac. Inf. Cien. Med. 1982: 36-39.
  6. Quintana Rodríguez J. Louis Pasteur y los médicos cubanos (Nota sobre la introducción de la vacuna antirrábica en Cuba). Bohemia. La Habana. 1949; 40: 116-119 y 123.
  7. López del Valle J. A. Legislación y organización sanitaria y de Beneficencia de la República de Cuba. La Habana. Libr. Nueva. 1927.
  8. Ferrer Díaz H. Vacunación antitífica, observaciones sobre 2000 casos vacunados. Arch. Soc. Est. Clin. Habana. La Habana. 1913; 20(1): 11-18.
  9. Curbelo Hernández A. Historia de la Bacteriología. En: Curbelo A., Insua G. Texto de Bacteriología. La Habana. Ed. M. Fresneda, 1942: 1-43.
  10. Certificado de nacimiento de Miguel A. Galindo Sardiñas. En: Universidad de la Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 72598. P. 1.
  11. Riera Hernández M. Cuba Política. 1899-1955. La Habana. Imp. Modelo S. A. 1955.
  12. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 72598.
    13. Ramírez Corría F. Excerta de una isla mágica. México D. F. Ed. Olimpo. 1959. Galindo Sardiñas M. A. Curriculum vitae. Copia mecanografiada en Archivo de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública.
    15 Guinea Bissau. En: Los países no alineados. Praga. Prensa Latina. Agencia de Prensa ORBIS. 1982: 311-317.

* Conferencia leída en la sesión extraordinaria de la Sociedad Cubana de Salud Pública de 16 de septiembre de 1999. Salón de Actos del Hospital Clínico-Quirúrgico Docente “General Calixto García”, La Habana.

 

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