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Génesis y vigencia del pensamiento médico-social del doctor Gustavo Aldereguía Lima*

Formado como médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana entre 1913 y 1918, con un plan de estudios basado fundamentalmente en la medicina curativa, de marcado acento positivista y con una sola asignatura médico-social en 32 del curriculum docente, Gustavo Aldereguía, podemos asegurar que, inició su pensamiento como higienista en contacto con la realidad social del central azucarero “Santa Gertrudis”, en los alrededores del poblado de Banagüises, provincia de Matanzas, donde pasó los primeros cuatro años de su ejercicio profesional. De la labor realizada en esos años él mismo nos dirá en su “Relato Histórico y Curriculum Vitae” (1960):

“Inició y extendió la medicina preventiva en todos sus métodos y por todos los procedimientos entonces conocidos y a su alcance, en el ámbito y área posible de su demarcación y zona de ejercicio, dictó conferencias en el seno de las comunidades y poblados, divulgó conocimientos sanitarios sobre higiene pública y privada, vacunación, aguas, viviendas, vestido y sostuvo charlas esclarecedoras sobre asuntos de medicina social y de toda índole”.1

Por estas palabras no queda la menor duda que desde sus inicios las acciones de salud llevadas a cabo por el doctor Aldereguía no sólo eran curativas sino también de un marcado acento preventivo, donde no faltaba la divulgación como método de promoción y educación para la salud.

Con esta mentalidad médica, donde la formación académica fue modificada por la realidad del medio social, regresa a La Habana con la intención de especializarse básicamente en medicina interna y específicamente en enfermedades tuberculosas, principalmente en la de localización en el aparato respiratorio, considerada desde entonces como la enfermedad social por excelencia.

Durante tres años como ayudante graduado de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, junto al eminente profesor Luis Ortega Bolaños, va a lograr una sólida preparación, de enfoque predominantemente curativo, en medicina interna y tuberculosis pulmonar, pero no cesan por ello sus estudios autodidactas sobre medicina social, prueba de lo cual es que en la entonces recién creada Universidad Popular José Martí, la “hija querida” de su entrañable amigo Julio Antonio Mella, funda una Cátedra de Medicina Social que desempeña durante toda la existencia de dicha institución docente de 1923 a 1927.

Fig. 7. Dr. Gustavo Aldereguía Lima (1895-1970), en cuyo pensamiento médico social se destacan la promoción de salud, la rehabilitación del enfermo y la justicia en salud.

Aunque se desconocen documentalmente las ideas expresadas en su cátedra, pues no se conservan siquiera apuntes de sus clases, en esos años va a desarrollar con sus enfermos del Servicio de Tisiología del pabellón “José García” de la Casa de Salud Covadonga, una experiencia única en la medicina social en Cuba, a la que no se le ha dado toda la importancia que merece, al crear en 1929 la Fraternidad de Enfermos Tuberculosos “J. G.” para defender como principio inalienable de la salud pública el derecho que adquiere ante la sociedad el hombre enfermo, lo que aplicaba al caso concreto del enfermo de tuberculosis pulmonar.

Durante el tiempo en que ocupó la dirección del sanatorio antituberculoso “La Esperanza” (1933-1935) predicó entre sus pacientes estas ideas y los llevó a defender sus derechos, con actos públicos de protesta ante las autoridades políticas y sanitarias de la época y años más tarde (1949) logró fundar la Unión Nacional de Enfermos Tuberculosos y Exenfermos (UNETE) la que contó como órgano oficial con la revista mensual UNETE.2

Un gran paso de avance en el desarrollo del pensamiento médico-social del doctor Aldereguía lo va a constituir su contacto con la famosa Trudeau School of Tuberculosis de Saranac Lake, EUA, primero a través del estudio de la obra de su creador, el padre de la tisiología norteamericana doctor Edward Livingston Trudeau y sus discípulos y por último graduándose en ella en 1931.3

Gran parte de sus concepciones como higienista social en esta época están plasmadas en el programa para las oposiciones a la Cátedra de Patología, Clínica e Higiene Terapéutica de las Enfermedades Tuberculosas, que él títuló “Como debe enseñarse la Tisiología” (1928),4 donde aboga por una enseñanza no sólo en la atención hospitalaria sino en el dispensario como atención primaria y en el hogar del enfermo como verdadera unidad para la prevención de la enfermedad y para la promoción de la salud familiar.

Desde estos años también será el defensor más vehemente de la rehabilitación del enfermo, cuando en nuestro medio científico predominaba el marcado acento curativo y desde 1927 aboga por la rehabilitación ocupacional de los tuberculosos con el lema bien demostrativo de: “No basta curar cuando se cura, hay que rehabilitar siempre”.

La culminación de su pensamiento en este campo de la rehabilitación, lenguaje completamente desconocido en nuestros medios salubristas de la época, va a llevarse a cabo en la tésis de grado de doctor en medicina de su hijo Jorge Aldereguía Valdés-Brito, de la que es tutor e inspirador, la cual presentada en 1951 con el título de “La rehabilitación vocacional de los tuberculosos”,5 comprende desde el estudio del término rehabilitación, el desarrollo histórico de su aplicación en salud, las distintas corrientes de pensamiento al ser aplicado en el enfermo tuberculoso, hasta ideas originales de cómo llevarse a cabo en enfermos de nuestro medio.

Con un completo dominio de la higiene social a la que él define como la igualización de las clases en relación a la salud, se adelanta al desarrollo de la salud pública cubana en dos de los más importantes trabajos de sus últimos tiempos: “Epidemiología de la Tuberculosis” y “Papel de las comunidades en la lucha contra la tuberculosis”, ambos leídos en la Primera Reunión Nacional de Directores de Hospitales y Dispensarios Antituberculosos en noviembre de 1961 y publicados en su libro en colaboración Estudios sobre tuberculosis pulmonar (1963)6 en los que formula y fundamenta la necesidad de una higiene de masas, cuya aplicación no puede ser asegurada por el individuo ni por la familia sin ayuda de una voluntad política del Estado, de lo que se desprende la necesidad de que éste asuma toda la responsabilidad de la salud del pueblo y que sus acciones deben ser encaminadas a la comunidad y en ella a su unidad social que es el grupo familiar de individuos y estas ideas se expusieron tres años antes de que se comenzará la regionalización de las acciones de salud con la implantación del modelo de atención médica primaria del Policlínico Integral en 1964, las que tomaron como centro la comunidad con el modelo de Medicina Comunitaria en 1974 y llegaron al núcleo familiar, diez años después, con el modelo del Médico y Enfermera de la Familia.

Otra de las grandes vertientes del pensamiento del doctor Aldereguía en el campo de la higiene social lo fue indiscutiblemente, la que ocupa en estos momentos, el punto más álgido del discurso bioético moderno en un mundo neoliberal unipolar: la aplicación de la más amplia justicia en salud.

Por ella luchó denodadamente desde las páginas de la prensa y en sus libros y folletos a través de medio siglo de ininterrumpida rebeldía y allí podemos encontrar las páginas más emotivas y logradas de las producidas en esta lucha en nuestro país. Por todo lo expuesto, en estas breves palabras, queda demostrado que no es tarea difícil al estudiar la génesis del pensamiento médico social del doctor Gustavo Aldereguía Lima constatar la vigencia del mismo en las más modernas concepciones de la promoción en salud, curación y rehabilitación del enfermo, prevención de la enfermedad y justicia en salud.

Referencias Bibliográficas

  1. Aldereguía Lima G. Relato histórico y curriculum vitae. La Habana. Ed. Estarcida. 1960.
  2. Delgado García G. El pensamiento y la acción médico-social del doctor Gustavo Aldereguía. Cuad. Hist. Sal. Pub. 1997; 83: 133-152.
  3. Aldereguía Lima G. Informe elevado a la Junta Directiva del Centro Asturiano de La Habana acerca de la Reunión Anual Número Veinticinco de la Asociación Nacional de Tuberculosis Americana. En Aldereguía Lima G. Estudios sobre Tuberculosis. La Habana. Imp. y Libr. La Propaganda. 1930: 2-95.
  4. Aldereguía Lima G. Como debe enseñarse la Tisiología. La Habana. Imp. El Siglo XX. 1928.
  5. Aldereguía Valdés-Brito J. La rehabilitación vocacional de los tuberculosos. La Habana, 1951. Inédita (Copia mecanografiada en la biblioteca del Museo de Historia de las Ciencias “Carlos J. Finlay” de La Habana).
  6. Aldereguía Lima G. y otros. Estudios sobre tuberculosis pulmonar. La Habana, Emp. Consolidada de Artes Gráficas. 1963.

* Ponencia leída en Panel sobre Movimiento de Promoción de Salud de la Universidad de La Habana. Aula Magna. Universidad de La Habana, abril 25 del 2000.

 

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