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Los médicos cubanos y las ciencias naturales*

Introducción

Quizá si por la gran importancia social de la profesión médica ha sido en todo tiempo proverbial la opinión sobre la gran cultura general que debe poseer todo aquel que la practique y es muy popular entre los médicos de habla hispana la frase, “El médico que sólo sabe de medicina ni medicina siquiera sabe”, que uno de los grandes Maestros de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana en la primera mitad del siglo XX, doctor Federico Grande Rossi (1861-1942), repetía muy a menudo a sus alumnos en la cátedra de Patología General.1

Esta frase, no me cansaré de aclararlo, no es original del médico cubano, ni tampoco del sabio profesor de fisiología de la Universidad de Madrid doctor Gregorio Marañon y Posadillo (1887-1960), como se ha dicho y repetido entre nosotros en los últimos años, sino del no menos erudito profesor de anatomía descriptiva y patología general de la Universidad de Barcelona doctor José Letamendi de Manjarrés (1828-1897), aunque el culto ensayista e historiador doctor Jorge Mañach y Robato (1898-1961) pensaba que podría ser del notable gastroenterólogo español doctor Juan Madinaveitía (1861-1938)2.

Tomando como punto de partida esta frase quiero hablar brevemente en esta conferencia sobre algunos médicos que se han distinguido en Cuba en los siglosXIX y XX por su cultura general enciclopédica, para pasar a estudiar, también con brevedad, las más importantes figuras médicas de ambos siglos que se destacaron en nuestro país por sus investigaciones o labor docente en el campo de las ciencias naturales, comprendiendo como tales la botánica, zoología, mineralogía, geología y paleontología.

Médicos cubanos de conocimientos enciclopédicos

Entre los muchos médicos cubanos de conocimientos enciclopédicos del siglo xix deseo nombrar dos de ellos que sobresalieron no sólo por su variada cultura en el campo de las ciencias y de las letras, sino por las numerosas carreras universitarias que estudiaron y por la colección de títulos que llegaron a poseer. Este no es el caso del doctor Ramón Zambrana Valdés (1817-1866) de extraordinario prestigio por su vasta cultura literaria, filosófica y científica, pero que solamente poseía los títulos que lo acreditaban como médico (bachiller en artes y bachiller, licenciado y doctor en medicina).3

El primero que citaremos es al doctor Antonio M. de Gordon y de Acosta (1848-1917)4, de fabulosa memoria, quien fue alumno y profesor del Colegio El Salvador, fundado por el sabio pedagogo don José de la Luz y Caballero (1800-1862), donde cursó los estudios de bachillerato en artes, aunque como incorporado el colegio al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, en esta última institución docente realizó los ejercicios para dicho grado en 1865.

Emprende entonces la carrera de medicina en la Universidad de La Habana la que interrumpe en cuarto año para marchar a Colombia, tierra natal de su padre, donde se doctora en medicina en el Colegio de la Nueva Granada, Cartagena de Indias (1869) y regresa a Cuba para graduarse de bachiller en medicina (1870), de licenciado (1871) y de doctor (1876), para obtener en total 20 calificaciones de sobresaliente en 22 asignaturas y 9 premios ordinarios.

Continúa a partir de entonces, de una manera increíble los estudios de todas las carreras que se cursaban en la Universidad de La Habana en su época y así se gradúa de bachiller (1876), licenciado (1879) y doctor en farmacia (1880); bachiller (1878), licenciado (1880) y doctor en ciencias, sección de física (1880); licenciado (1882) y doctor en derecho administrativo (1883); licenciado (1883) y doctor en derecho canónico y civil (1884) y licenciado (1883) y doctor en filosofía y letras (1884), pero lo más asombroso es que obtuvo sobresaliente en la totalidad de las asignaturas de las cinco carreras.5 También se graduó en la Escuela Normal de Maestros de La Habana (1892). Publicó dos libros, 19 monografías y más de un centenar de trabajos científicos. Sus conocimientos enciclopédicos le permitieron enseñar en el Colegio El Salvador Química, Física e Historia Natural y en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana: Disección Anatómica, Anatomía Descriptiva, Fisiología, Higiene Pública y Privada, Obstetricia, Historia Crítica de la Medicina, Terapéutica y Química Biológica. En su birrete de graduado lucía los colores: dorado de Medicina, violado de Farmacia, rojo de Derecho, azul de las Ciencias y celeste de Filosofía y Letras.6

El segundo que citaremos del siglo xix es al doctor Tiburcio Pérez de Castañeda y Triana (1856-1939)7 quien fue seminarista mayor del Real Seminario de Vergara, Guipúzcoa, País Vasco, donde realizó los estudios de bachillerato en artes para graduarse como tal en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Guipúzcoa (1871), continuó sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid donde se graduó de licenciado (1877) y doctor (1879), títulos que incorporó en la Real y Literaria Universidad de La Habana (1882 y 1886).

Viajó por esos años a Londres, en cuyo Colegio de Cirujanos obtuvo el título de cirujano (1881) y a París donde se graduó en su famosa Universidad de doctor en medicina (1882). En la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona alcanzó el título de licenciado en derecho civil y canónico (1881) y de regreso a Cuba en la Universidad de La Habana logró los de doctor en derecho civil y canónico (1884) y licenciado en derecho administrativo (1886).8

En la entonces única universidad cubana enseñó como catedrático auxiliar las siguientes asignaturas, en la Facultad de Medicina: Clínica Quirúrgica; Patología Quirúrgica; Anatomía Quirúrgica, Operaciones, Apósitos y Vendajes y Medicina Legal y Toxicología y en la Facultad de Derecho: Historia de los Tratados de España con las demás naciones, Elementos de Derecho Natural, Derecho Internacional Público y Derecho Internacional Privado.9

Destacado hombre de empresas dio muestras de grandes conocimientos de ingeniería, por lo que muchos de sus contemporáneos lo tuvieron como tal, así compró y prolongó el ferrocarril de La Habana-Pinar del Río y lo mismo hizo con el de Caibarien-Cienfuegos el que fusionó con el de Sagua la Grande; estableció la luz eléctrica soterrada en la capital de la Isla; canalizó los manantiales de Vento que surten de agua a la propia ciudad y compró y electrificó los tranvías urbanos de La Habana.

Además de las numerosas tésis que presentó, publicó diversos artículos médicos y de derecho y cuatro libros, entre ellos La explosión del Maine y la guerra de los Estados Unidos con España (1925), dedicado a Su Alteza Real María Cristina de Habsburgo-Lorena, reina madre de España. Por muchas décadas fue redactor hasta su fallecimiento a los 83 años de edad del Diario de la Marina, donde publicó más de 1 500 artículos de muy diversos temas que firmaba, sencillamente, como Tiburcio Castañeda. Por sus servicios a la madre patria el rey Alfonso xiii le otorgó el título nobiliario de Marqués de Las Taironas,10 tomándose la denominación de una hacienda de su propiedad en la provincia de Pinar del Río, donde por cierto se llevó a cabo una de las batallas más sangrientas de la Campaña de Occidente del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales (1845-1896) en 1896, de la que fue héroe el general del brigada pinareño Roberto Bermudez López (1871-1898) y en la que murió el estudiante de medicina Federico de la Torre y Latté (¿ - 1896).11

De los médicos de conocimientos enciclopédicos del siglo xx citaré también dos, a quienes tuve el gusto de conocer y uno de ellos fue uno de mis profesores de microbiología, los doctores Roberto de la Torre Campuzano (1901- ?) y Humberto J. Martínez Morejón (1901-?).

El doctor de la Torre Campuzano, hombre de una modestia tal que llegaba casi a la humildad, se graduó de bachiller en letras y ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana (1918) y de doctor en Medicina en la Universidad de La Habana (1924). Miembro de una familia de renombrados músicos, su padre don Gabriel de la Torre Álvarez (1853-1951) fue un notable pianista y profesor de música, al igual que su madre Lina Campuzano de la Concha y sus hermanas Marta, Ángela (1891-1918), María y Carmen.12 Comenzó a los nueve años a estudiar violoncello con su padre, lo que continuó en la Escuela Municipal de Música de La Habana con el profesor Antonio Mompó hasta completar dichos estudios, así como con su padre los de teoría y solfeo y armonía y composición. Marchó a París y en la Universidad de la Sorbona se graduó de profesor de francés (1928) y colaboró en Le Monde Musical donde lo nombraron redactor y a su regreso a Cuba y por muchos años fue colaborador con artículos sobre el movimiento musical en nuestro país.13

En la Universidad de La Habana se graduó además de doctor en filosofía y letras (1937), licenciado en derecho diplomático y consular (1947) y doctor en ciencias políticas, económicas y sociales (1947).14 De 1928 a 1960 fue profesor en su Alma Mater habanera de las asignaturas de Tecnología Médica del Francés y Curso Superior de Francés en el Instituto de Idiomas Modernos; de Francés en la Facultad de Ciencias Sociales y en la Escuela de Verano de Francés Elemental, Francés Adelantado, Historia de la Literatura Francesa de los siglos xvii, xviii, xix y Contemporánea, así como de Francés en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas.15 Lo conocí personalmente en el Ateneo de La Habana, estuve a su lado en la sesión de clausura del mismo el 5 de febrero de 1972 y lo vi por última vez en los cursos sobre historia del arte que se impartieron durante 1974 en el Museo Nacional de Bellas Artes, en los que coincidimos como alumnos, él con más de 70 años de edad.

El doctor Humberto J. Martínez Morejón fue durante 24 años profesor agregado de Patología Experimental y dos años de Microbiología en la Universidad de La Habana, hombre también de gran modestia se graduó de bachiller en letras y ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de la capital de la República (1917) y de doctor en la Facultad de Medicina de la universidad habanera (1922). Por concurso oficial obtuvo la plaza de ayudante graduado en 1934, a la que poco después se le cambió la denominación por la de profesor agregado (1937).16

Con el fin de superarse como docente de Patología Experimental matriculó simultáneamente las carreras de pedagogía y medicina veterinaria de las que se graduó de doctor en 1941 y 1943 respectivamente, pero lo asombroso es que obtuvo en las dos la calificación de sobresaliente en todas las asignaturas y 37 premios ordinarios en ambas para ser declarado Alumno Eminente y alcanzar las Becas de Viaje en las dos carreras,17 esto solamente lo había logrado en Cuba el doctor Domingo F. Ramos Delgado (1881-1961) en las Facultades de Medicina (1905) y Ciencias (1906).18

Tantos conocimientos no lograron colmar su sed de saber y emprendió seguidamente los estudios de ciencias naturales para realizar los tres ejercicios del grado de doctor, con nota de sobresaliente, el 27 de febrero de 1954. Publicó el primer libro cubano sobre virología Nociones sobre virus (Clínica y Experimental), La Habana, 1956, en colaboración con el doctor Eloy Padrón Ruiz (1916-?) y el mejor texto escrito en Cuba sobre la materia de su cátedra Apuntes de Patología Experimental, La Habana, 1ª Ed 1934, con numerosas reimpresiones.

Los que fuimos sus alumnos lo recordamos por su gran facilidad de palabras, sus asombrosos conocimientos y la naturalidad, sin afectaciones, de su trato en el aula y en sus conversaciones fuera de ella.

Los médicos cubanos en las ciencias naturales

A partir de la segunda mitad del siglo xix las ciencias naturales van a jugar un gran papel en la formación del médico cubano, pues el plan de estudios puesto en vigor en la Universidad de La Habana en 1863 incluía, como gran novedad del mismo, el Curso de Ampliación o Período Preliminar, verdadero primer año de la carrera de medicina, el que debía cursarse en la recién fundada Facultad de Ciencias.

Dicho Curso de Ampliación constaba de tres cátedras, las de Química General, Física Experimental e Historia Natural y esta última incluía la enseñanza de la zoología, botánica, mineralogía y nociones de geología. En el plan de estudios de 1881 se suprimió, pero por el de 1887 se volvió a implantar como Período Preparatorio y por el plan de 1899 (Plan Lanuza) se extendió a dos cursos que incluían entre otras asignaturas, las correspondientes a las ciencias naturales: Anatomía y Fisiología Animales, Anatomía y Fisiología Vegetales, Mineralogía General, Fitología y Zoología.19

Pero este plan fue sustituido un año más tarde por el conocido como Plan Varona donde se suprimió el Período Preliminar y no se volvió a implantar, entonces como Curso de Premédica, hasta el plan de estudios de 1928, que solamente duró dos años y el que comprendía entre otras, las materias de botánica y zoología.

Quizá lo que más influyó en la preferencia por las ciencias naturales de los médicos formados en Cuba en la época que va de 1863 a 1900 fue que estas enseñanzas las impartiera el más eminente de los naturalistas cubanos de todos los tiempos, el licenciado Felipe Poey Aloy (1799-1891), entre 1863 y 1880 y después de él, por varios médicos naturalistas de profunda vocación por dichas ciencias, los doctores Juan Vilaró Díaz (1838-1904), Manuel José Cañizares y Venegas (1833-?), José E. Ramos Machado (1839-1892) y Santiago de la Huerta y Ponce de León (1870-1941).

El doctor Vilaró Díaz fue el más prolífico, de los autores de textos de ciencias naturales en nuestro país, pues además de 4 programas de sus asignaturas publicó 7 libros: Historia Natural. Zoografía de Vertebrados (1882); Historia Natural. Aves (1884); Apuntes de Zoología (1884); Apuntes para un curso de Botánica, con una primera parte que apareció en 1886 y una segunda en 1887; Apuntes para un curso de Zoología (1887); Elementos de Botánica (1892) y Apuntes de Fisiología Vegetal (1893).20

El doctor Cañizares Venegas, miembro de una familia de médicos naturalistas notables nacidos todos en la ciudad de Sancti Spíritus, se distinguió más como profesor de Ampliación de Física, Física Superior 1º y 2º cursos, Física Matemática, Trigonometría dos cursos y Astronomía, aunque por varios años impartió Terapéutica y Materia Médica (1876-1879) en la Facultad de Medicina.21

El doctor Ramos Machado era natural de la Coruña, Galicia, España, pero se graduó de licenciado y doctor en medicina y farmacia en la Real y Literaria Universidad de La Habana. Muy estudioso de las ciencias naturales desempeñó la cátedra de Zoología y Mineralogía de 1888 hasta su fallecimiento en 1892.22

Y el doctor Santiago de la Huerta y Ponce de León, quien fuera un notable profesor de Geología, Mineralogía y Paleontología en la Universidad de La Habana por más de cuatro décadas y publicó obras de importancia como: La formación de los terrenos calcáreos de Cuba (1914), El petróleo crudo en México y Cuba (1914) y Las piritas cristalizadas de Pinar del Río (1917).23

Sin esta indiscutible influencia se distinguieron, con anterioridad, otros médicos en las ciencias naturales. El fundador de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y de la prensa médica en Cuba, doctor Nicolás J. Gutiérrez Hernández (1800-1890), cuando estudiaba la carrera de medicina matriculó en 1824 el Curso de Botánica que en el Jardín Botánico de La Habana explicaba el célebre hombre de ciencias español don Ramón de la Sagra y Peris (1798-1871), autor entre otras obras de una monumental Historia física, política y natural de la Isla de Cuba, publicada de 1837 a 1857 en 12 tomos. Como constancia del aprovechamiento del doctor Gutiérrez expidió de la Sagra a su favor un atestado laudatorio donde exponía que “durante el año había adquirido con una facilidad singular, correspondiente a su aplicación y bellas disposiciones, los conocimientos relativos a la organografía y fisiología vegetal, a la botánica descriptiva y a las aplicaciones al cultivo y a la aclimatación” y recomendaba a la Real Sociedad Patriótica para que se le concediese el título de alumno sobresaliente.24

Los cursos impartidos por de la Sagra se fueron haciendo extraoficialmente obligatorios para los estudiantes de la Facultad de Medicina de la época, pues después de que Carl von Linnaeus (1707-1778) había introducido radicales transformaciones en el campo de las ciencias naturales y de haberse aplicado dichos conocimientos a la medicina, como botánica médica, se hacían los mismos imprescindibles a los que ejercían esta profesión.

La vocación del doctor Nicolás J. Gutiérrez por las ciencias naturales lo acompañaría toda su vida y llegó a distinguirse en malacología, para recibir como merecido homenaje que su nombre figure en el subgénero Gutierrezum del género Chondropoma.25

El doctor Sebastián Alfredo de Morales (1823-1900) estudiaba medicina en la Universidad de La Habana cuando, por sus actividades independentistas, fue deportado a las Islas Filipinas donde estudió botánica con un fraile español y ejerció como médico alópata o sea los que siguen la doctrina fundamentada en el aforismo hipocrático contraria contrariis curantur o el empleo de medicamentos que en el hombre sano producen efectos diversos de los síntomas de la enfermedad que se quiere combatir. Años más tarde desterrado en Venezuela se graduó de doctor en medicina homeopática o sea la que se basa en el aforismo hipocrático contrario al anterior simila similibus curantur o aplicación de medicamentos que producen en el hombre sano síntomas semejantes a los de la enfermedad que se combate.

En sus viajes acopió moluscos con los que formó una valiosa colección. Entre los años 1884 y 1894 escribió su importante obra Flora de Cuba (1893) en 4 tomos, inédita, con la que alcanzó premio en París (1900) y fueron muy apreciadas sus colaboraciones por don Felipe Poey. Publicó además el libro Flora arborícola de Cuba, aplicada (1887).26

El doctor de Morales fue profesor y guía de su sobrino el doctor Manuel de J. Presas y de Morales (1845-1874), una de las mayores promesas de las ciencias naturales en Cuba que se vio frustrada por su prematura muerte a los 29 años de edad. Tantos eran sus conocimientos en malacología y botánica que a los 20 años sustituyó por unos meses en su cátedra a Poey, quien lo llamó “genio científico” y le encargó la introducción de su importante obra Repertorio Físico Natural de la Isla de Cuba (1865).

Se graduó de licenciado y doctor en medicina en 1867 y ese mismo año ingresó, con sólo 22 años, como académico de número en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, para ser considerado el académico más joven de todos los tiempos en nuestro país. Publicó obras de la importancia de Mariposas (1866) y Maderas de Cuba y Santo Domingo (1868). Felipe Poey escribió su biografía y la publicó en sus Obras Literarias (1888), allí expresó: “Estaba llamado a escribir mi biografía y por él hubiera mi nombre penetrado con algún esclarecimiento en los umbrales de la edad futura. A mí me toca, caro discípulo e inolvidable amigo, pagarte ahora esta deuda sagrada”.27

Al doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915), nuestro genial investigador, su afición por los estudios sobre la flora lo llevó a la lectura del importante Tratado de Botánica de Julio von Sachs (1832-1897), traducido por Philippe E. L. Van Thieghen (1839-1914), donde leyó el ciclo evolutivo del hongo Puccinia graminis, información que tan importante papel jugaría en la elaboración de su teoría del contagio de las enfermedades infecciosas por un vector biológico, con la que dio explicación a la historia natural de la fiebre amarilla. En sus estudios sobre botánica el doctor Finlay encontró siempre el apoyo de sus amigos Francisco A. Sauvalle Chancheaulme (1807-1879), José Blaín Cervantes (1808-1877) y Charles Wright (1811-1885), tres de las más sobresalientes figuras de la botánica en Cuba.28

El propio doctor Finlay para completar su teoría necesitó conocer la biología de los mosquitos de Cuba, para lo cual se hizo entomólogo asesorado por Felipe Poey y estudió las especies cubanas, según su biógrafo y amigo doctor Francisco Domínguez Roldán (1864-1942), para llegar a la conclusión de que solamente cumplía todas las condiciones como transmisora de la fiebre amarilla la hembra de la especie Culex mosquito, cuya amplia sinonimia comprende hasta la actualidad las denominaciones de Culex fasciatus Fabre, Culex calopus, Stegomya fasciatus, Stegomya fasciata, Aedes argentus y Aedes aegypti.29

Los estudios sobre la etiología de esta enfermedad convirtieron al doctor Finlay en nuestro primer bacteriólogo, pues fue él quien inició la preparación de medios de cultivos sólidos en Cuba (1886) con lo cual pudo identificar colonias y clasificar bacterias, junto a su colaborador el doctor Claudio Delgado Amestoy (1843-1916), aunque parece que por esos mismos años también lo hizo el médico militar español, graduado en la Universidad de La Habana, doctor Casimiro Roure Bofill (1836-1892).30 Las prioridades del doctor Finlay alcanzaron además la helmintología médica, pues fue el primero en diagnosticar en nuestro continente la Wuchereria bancrofti (1882) y en Cuba la Filaria inmitis en perros (1881) y quien primero escribió sobre Trichinella spiralis (1885).

Con su descubrimiento del papel del mosquito Aedes aegypti como vector biológico en la transmisión de enfermedades infecciosas el doctor Finlay incorporó la entomología a las ciencias médicas, como verdadero creador de la entomología médica,31 campo en el que años más tarde alcanzaría prestigio nacional e internacional el doctor José H. Pazos y Caballero (1867-1928).

El doctor Pazos Caballero fue discípulo predilecto de Poey con el que mantuvo una larga e ininterrumpida colaboración. Antes de ingresar en la Facultad de Medicina donó a su ilustre Maestro una colección de helmintos que fue llevada por éste al más alto centro docente cubano haciendo constar de quien procedía. Del doctor Pazos diría el sabio: “ya he corrido la voz entre los del gremio, que tenemos en ud., un pichón, que no tardará en ser aguilucho, hasta que águila cabal extienda sus alas sobre el horizonte cubano”.32

Fueron también maestros de Pazos el doctor Finlay y el sabio naturalista alemán radicado en Cuba Johannes C. Gundlach (1810-1896). Entre sus principales obras se encuentran Contribución al estudio de los mosquitos de Cuba (1909) y Catálogo de los Dípteros de Cuba, estudio en el que trabajó de 1903 a 1914.32

El doctor José I. Torralbas y Manresa (1842-1903), miembro de una familia de médicos y farmacéuticos notables, fue también un naturalista destacado. Durante varios años desempeñó la plaza de profesor de Biología y Zoología en la Universidad de La Habana, ocupó el cargo de Secretario de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y entre sus principales publicaciones se cuentan su tésis para el grado de doctor en ciencias “Los insectos y la selección natural de las plantas” (1890), sus Lecciones de Historia Natural (1882) y la monografía Las Palmas de Cuba (1899).33

Como geólogo se destacó el médico y farmacéutico doctor Pedro Valdés Ragués (1848-1930), catedrático de ciencias naturales en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y Secretario de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Entre sus obras de geología sobresale Formación geológica de la Isla de Cuba (1897), donde expuso de modo brillante sus ideas sobre la unión de nuestro país al continente en la era terciaria.34

Pero el más importante de los médicos naturalistas en Cuba lo fue, sin lugar a objeción alguna, el doctor Carlos de la Torre y de la Huerta (1858-1950), junto a Felipe Poey las dos figuras más fascinantes de las ciencias naturales en Cuba. Bachiller en artes en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana con nota de sobresaliente en todas las asignaturas (1874), se graduó de licenciado en ciencias naturales en la Universidad de La Habana (1881) con el Premio Extraordinario y de doctor en ciencias naturales en la Universidad de Madrid (1883), además de licenciado (1889) y doctor en medicina (1922) y licenciado (1888) y doctor en farmacia (1921) en el alto centro docente habanero.35

Fig. 8. Dr. Carlos de la Torre y de la Huerta (1858-1950). Doctor en Medicina, Farmacia y Ciencias Naturales. Como malacólogo alcanzó renombre mundial.

De extraordinarias condiciones para la enseñanza, desde los diez años impartió sucesivamente clases en los colegios Los Normales, San Carlos y La Gran Antilla de Matanzas, junto a su padre el destacado educador don Bernardo de la Torre Fernández, en materias de las enseñanzas primaria y secundaria, como ciencias naturales, geografía, lenguaje y unas lecciones de cosas y lecciones de conocimientos útiles, muy populares entre los alumnos.

Ganó por ejercicios de oposición las plazas de ayudante preparador de Física y Química y conservador del Museo de Historia Natural del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana (1880), de Profesor Tecnológico en la Escuela de Artes y Oficios de La Habana (1882) y de profesor de Historia Natural, Fisiología e Higiene en el Instituto de Altos Estudios de Puerto Rico (1883). Impartió clases de Ciencias Naturales en el Liceo Francés de Chihuahua, México (1897) y en la Escuela Zapata de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana de Lectura Explicada, Geografía y Estudios de la Naturaleza. En la Universidad de La Habana, siempre por brillantes ejercicios de oposición, obtuvo las cátedras de Anatomía Comparada, Zoografía de los Moluscos y Zoófitos (1885) y de Geología, Paleontología y Antropología (1900); fue electo Decano de la Facultad de Ciencias y Filosofía (1920) y Rector (1921), así como elevado a la máxima categoría docente de Profesor Emeritus (1938).

Su extraordinaria obra investigativa en el campo de la malacología lo sitúa entre los más grandes malacólogos que han existido en el mundo y su bibliografía activa sobre esta materia en particular y en las ciencias naturales en general asciende a 120 títulos publicados en Cuba y 30 en importantes revistas científicas extranjeras.

Su no menos sobresaliente labor como educador lo sitúa entre los creadores de las ciencias pedagógicas en nuestro país y su obra consta de los siguientes libros: autor principal y editor de Manual o Guía para los exámenes de los maestros cubanos (1901-1904), en cinco tomos y 1 780 páginas; Tratado Elemental de Geografía de Cuba (1905) en colaboración con el doctor Alfredo M. Aguayo Sánchez (1866-1948); Geografía de Cuba (1916) en colaboración con el doctor Aguayo, 7 ediciones; Nociones de Historia de Cuba (1904) en colaboración con el doctor Vidal Morales Morales (1848-1904); Principios de Moral e Instrucción Cívica (1908) en colaboración con el doctor Rafael Montoro Valdés (1852-1933); la colección de libros de lectura bajo los rótulos de El Lector Cubano y Nuevo Lector Cubano, que comprende: Libro Primero de Lectura (1904), en colaboración con el doctor Esteban Borrero Echevarría (1849-1906), también médico, pedagogo y naturalista; Libro Segundo de Lectura (1909); Libro Tercero de Lectura (1923); Libro Quinto de Lectura. Trozos selectos de autores cubanos (1928) y Primeras lecciones de lenguaje arregladas para uso de las escuelas públicas de Cuba (1904).

Este hombre verdaderamente extraordinario, paradigma entre nosotros del sabio en profundidad, extensión y diversidad de conocimientos tuvo tiempo para servir a la patria en el difícil campo de la política, como desterrado en México cuando la guerra independentista de 1895-1898; Consejal del Ayuntamiento, Teniente Alcalde y Alcalde de La Habana; Representante a la Cámara y presidente de dicho cuerpo legislativo y presidente del Consejo de Estado, organismo que sustituyó al Congreso de la República a la caída de la dictadura del general Gerardo Machado Morales, de la que fue tenaz opositor.36

Miembro de una familia en que se destacaron los doctores José M. Mestre Domínguez (1832-1886) en la filosofía y el doctor Antonio Mestre Domínguez (1834-1887) en la medicina, fue el doctor Arístides Mestre Hevia (1865-1952) de los discípulos predilectos de Poey. Se graduó en la Universidad de la Habana de licenciado y doctor en ciencias naturales, ciencias físico-químicas y medicina. En dicho alto centro de estudios desempeñó como profesor auxiliar las cátedras de Geología, Paleontología Estratigráfica, Mineralogía, Zoografía de Articulados, Zoografía de Vertebrados, Biología y Zoología, pero donde alcanzaría mayor prestigio sería en la de Antropología General y Antropología Jurídica, en la que sustituyó como titular en 1920 a su Maestro el doctor Luis Montané Dardé (1849-1936), también médico eminente.

Publicó numerosos artículos sobre zoología y biología y un libro de texto Curso de Biología (1910), además de otros dos para la cátedra de la que era titular: Antropología Jurídica (1921) y Antropología General (1924).37 Fue un destacado especialista en enfermedades nerviosas y mentales, jefe de sala en el Hospital Número Uno de La Habana, actual Hospital Docente “General Calixto García”.38

Verdadero erudito en la bibliografía y sinonimia botánicas el doctor Manuel Gómez de la Maza (1867-1916) se graduó de licenciado y doctor en medicina y ciencias naturales en la Universidad de La Habana, donde desempeñó la cátedra de Botánica y Fitografía. A su lado se formó uno de los más eminentes botánicos cubanos de todos los tiempos el doctor Juan T. Roig y Mesa (1877-1971) con el que publicó Flora de Cuba. Datos para su estudio (1914). Entre sus obras más conocidas se encuentran: Nociones de Botánica Sistemática (1893), Diccionario botánico de los nombres vulgares cubanos y puertorriqueños (1889) y Ensayo de farmacofitología cubana (1889). La parte de su producción científica más importante quedó inédita y el doctor José Álvarez Conde (1910-?) en su libro Historia de la Botánica en Cuba (1958) cita entre otras obras: Índice de los nombres vulgares de la Flora cubana, Diccionario botánico 5 tomos y Flora Cubana 10 tomos.39

Los médicos de Sancti Spiritus de apellidos Cañizares y García y de ambos, van a llenar de prestigios la medicina, las ciencias naturales y la vida política de nuestro país. Ya cité al doctor Manuel J. Cañizares y Venegas y una muerte absurda y trágica cortó en plena producción científica la vida de uno de los espíritus más selectos de la medicina cubana de la segunda mitad del siglo xix y primeras décadas del xx, el doctor Rudesindo García y Rijo (1852-1912).40

El doctor Felipe García Cañizares (1872-1953) se graduó de Licenciado en medicina y ciencias naturales en la Universidad de La Habana y realizó los doctorados en la de Madrid, para especializarse en Dermatología, Sifilografía y Urología en París.41 A su regreso a Cuba ganó en brillantes oposiciones la cátedra de Historia Natural en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana (1900) y en la Universidad en igual forma la de Botánica General, Fitografía y Herborización (1916) nada menos que frente al doctor Juan T. Roig y Mesa. Escribió para su cátedra universitaria el libro de texto Botánica General y Descriptiva (1919) y su carrera docente la coronó con la categoría de Profesor Emeritus. Formó con el doctor Carlos de la Torre la comisión que revisó la famosa obra inédita de Poey “Ictiología Cubana”.

Su hermano el doctor Santiago García Cañizares (1863-1946) de brillante historial en la guerra independentista de 1895-1898, en la que ocupó los cargos de Constituyente en Jimaguayú, Secretario de lo Interior de la República en Armas y coronel con consideraciones de mayor general por sus altas responsabilidades. En la paz tuvo una limpia ejecutoria como Alcalde de Sancti Spiritus y Representante a la Cámara por tres períodos consecutivos.42

Sus sobrinos los doctores Manuel (1884-?)43 y Felipe (1889-1954)44 Mencía García van a ocupar también lugares destacados en las ciencias naturales en Cuba. El doctor Manuel Mencía se graduó de doctor en medicina (1904) y ciencias naturales (1918) en la Universidad de La Habana. Ocupó los cargos de director del Hospital Número Uno, de director de la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana, Representante a la Cámara y Secretario de Sanidad y Beneficencia. En la Universidad de La Habana desempeñó junto a su tío la cátedra auxiliar, obtenida por oposición, de Botánica General, Fitografía y Herborización y más tarde la de titular de Botánica General y Botánica Criptogámica, en las dos por casi cuatro décadas. Ocupó el cargo de Decano de la Facultad de Ciencias por sucesivas elecciones durante nueve años, realizó viajes de estudios por Francia, Italia, Bélgica, Alemania y Estados Unidos. Tuvo el triste honor de pronunciar el discurso de despedida de duelo del doctor Carlos de la Torre y Huerta.

El doctor Felipe Mencía se graduó de doctor en ciencias naturales (1916) y en medicina (1918) en la Universidad de La Habana. Se especializó como médico radiólogo. En el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana ocupó los cargos de ayudante, conservador de los Museos, catedrático auxiliar y titular, por oposiciones, de Ciencias Naturales; director del Jardín Botánico y director de dicho centro docente secundario, donde disfrutó de gran prestigio como profesor e investigador. Al igual que su tío y su hermano fue académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

Investigador de una sólida preparación en muy diversas ramas de las ciencias naturales el doctor Mario Sánchez Roig (1890-1962) se graduó de doctor en medicina (1912) y en ciencias naturales (1913) en la Universidad de La Habana. Su obra científica abarca los campos de la protozoología, con estudios muy acuciosos sobre foraminíferos cubanos; la artropodología, con aportes como “Arácnidos de la Isla de Cuba” (1916); la malacología, con trabajos publicados sobre caracoles terrestres en los que da a conocer numerosas especies nuevas para la ciencia, pero sobre todo la paleontología donde realizó sus principales investigaciones, como: La fauna jurásica de Viñales (1920); La fauna cretácica de la región central de Cuba (1922); Revisión de los equidermos fósiles de Cuba (1924); El mioceno y el plioceno de La Habana (1920) y Contribución histórica a la paleontología cubana (1930).45

Por último no quiero dejar de mencionar al doctor Julio Fernández de la Arena (1899- ?), que aunque nacido en Tapia, Oviedo, Principado de Asturias, recibió en Cuba toda su formación científica. Graduado de doctor en medicina (1928) y en ciencias naturales (1934) en la Universidad de La Habana,46 se especializó en pediatría junto al Maestro indiscutido de esta rama de las ciencias médicas en Cuba, el doctor Ángel A. Aballí y Arellano (1880-1952) y en su cátedra de Patología y Clínica de las Enfermedades de la Infancia inició su carrera docente como adscripto en 1928. Realizó estudios de especialización en importantes centros científicos de Estados Unidos, como becario, sobre microdisección y citología experimental; biología de los protozoos y fisiología celular, permeabilidad celular y digestión intracelular en los protozoos.

En la Facultad de Ciencias de la Universidad de La Habana desarrolló una extensa y brillante labor docente: ayudante graduado de la cátedra de Biología (1934-1935), profesor auxiliar de Biología y Anatomía Comparada (1935-1943), profesor titular de Anatomía General, Anatomía Comparada, Embriología Comparada y Genética Humana (1943-1962), fundador y primer Decano de la Facultad de Biología (1962-1965) y profesor de Citología y Genética de la Escuela de Verano durante toda su existencia, también fue profesor titular de Histología, Anatomía y Fisiología Comparadas y Parasitología de la Escuela de Farmacia de la Universidad Nacional Masónica José Martí. Fue un consagrado investigador en los campos de la citología experimental y biología de los protozoos y creador de los ensayos en Cuba de la citología animal, histología comparada, embriología comparada, embriología general y embriología experimental, así como de la genética general, citogenética y genética humana.47

Consideración final

Como se puede apreciar en esta breve conferencia, donde no queda en modo alguno agotado el tema, no han sido pocos los médicos cubanos que sin dejar de ejercer su profesión, emprendieron con verdadero amor y constancia el estudio de las diferentes ramas de las ciencias naturales en las que han llegado a producir originales aportes investigativos, elaborar abundante bibliografía y desarrollar una muy alta calidad en la enseñanza.

Todo esto se corresponde con la larga tradición de cultura general que el médico cubano ha mantenido a través de nuestra historia llegándose a destacar en diferentes ramas de las artes, la literatura, la filosofía, la historiografía, las ciencias en general, el deporte y desempeñar un importante papel en la vida política, militar y social del país.

Labor de los médicos cubanos actuales y sobre todo de los que nos dedicamos a la docencia, es la de hacer que esa tradición lejos de decaer se consolide cada vez más en nuestra época, en que la cifra elevada de profesionales pudiera hacer pensar que no es tarea fácil el conseguirla, para que nunca pueda ser dicha con fundamento, entre nosotros, la famosa frase con la que inicié mis palabras: “El médico que sólo sabe de medicina ni medicina siquiera sabe”.

Referencias Bibliográficas

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  27. Obra citada en referencia 20: 267-269.
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  33. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. 13504.
  34. Obra citada en referencia 23: 203-204.
  35. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. 13550.
  36. Álvarez Conde J. Don Carlos. Vida de un naturalista. La Habana. Ed. Lex. 1958.
  37. Obra citada en referencia 20: 306-308.
  38. Cuerpo Facultativo del Hospital Número Uno. Bol. Clin. Mensual del Hosp. Número Uno. 1903; 1(1): 2.
  39. Álvarez Conde J. Historia de la Botánica en Cuba. La Habana. Ed. Lex. 1958: 298-300.
  40. Obra citada en referencia 22: 17.
  41. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. 5121.
  42. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. 5125.
  43. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 7133.
  44. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 5324.
  45. Obra citada en referencia 23: 216-218.
  46. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 10774.
  47. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 11180.

* Conferencia leída en la Sesión de Clausura del I Taller Nacional y II del ICBP “Victoria de Girón” de las Cátedras Honoríficas y Multidisciplinarias. ICBP “Victoria de Girón”, La Habana, julio 12 del 2000.

 

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