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La investigación médica en sujetos humanos en Cuba (1804-1960)*

Introducción

Es tema muy debatido en la actualidad, tanto nacional como internacionalmente, el de la legislación que regule la investigación médica en sujetos humanos.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando en los juicios de Nuremberg el mundo estremecido conoció de dichas prácticas realizadas por médicos alemanes nazis con prisioneros provenientes de campos de concentración, se llevaron a cabo los primeros intentos de regulación de las investigaciones en sujetos humanos, que se concretaron en el Código de Nuremberg de 1947.

Años más tarde la XVIII Asamblea Médica Mundial completaba las ideas del Código de Nuremberg en su Declaración de Helsinki (Helsinki I) de 1964. En la xxix Asamblea Médica Mundial de 1975 se revisó la Declaración anterior y se aumentó su campo de aplicación en la Declaración Helsinki II.

En 1982 fueron emitidas por el Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (COICM) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) las Propuestas Internacionales para la Investigación Biomédica Relacionada con Seres Humanos, documento que completa hasta el presente los esfuerzos que se realizan por parte de la comunidad internacional para delinear no sólo los principios de la ética mas apropiada a las investigaciones biomédicas en seres humanos sino también para crear y elaborar pautas generales sobre este complejo y delicado tema.1

Recientemente al revisar dicha documentación como asesor de la tesis de grado “Consideraciones éticas y jurídicas en torno a las investigaciones biomédicas en seres humanos”,2 me vi estimulado a precisar documentalmente las investigaciones médicas realizadas en sujetos humanos en Cuba de los cuales he recogido información durante años en mis archivos, parte de la cual quedó incluida en dicho trabajo de diploma y que algo mas completa expongo brevemente en el presente estudio.

Las investigaciones médicas en sujetos humanos en Cuba en el siglo XIX

El doctor Tomás Romay Chacón a partir de los granos de tres niños vacunados en Puerto Rico nueve días antes, comenzó la vacunación exitosa en La Habana el 10 de febrero de 1804. Sus primeros resultados los informó en una detallada Memoria sobre la introducción y progreso de la vacuna en la Isla de Cuba que leyó en la junta general de la Real Sociedad Económica de La Habana el 12 de diciembre de 1804 y que fue publicada en la Imprenta de la Capitanía General al siguiente año.

Esta notable labor sin embargo no puede ser considerada como verdadera investigación médica en sujetos humanos, pues nuestro ilustre compatriota no estaba ensayando un método original cuyos resultados se ignoraban, sino que era un decidido partidario del mismo por conocer sus resultados y quería con la aplicación de la vacuna inmunizar la población del país contra una de las dos enfermedades más importantes del cuadro epidemiológico del archipiélago cubano en su época.

Pero el doctor Romay quiso también probar la efectividad de la vacuna, para lo cual sí realizó una verdadera investigación en humanos, la primera llevada a cabo en Cuba y que consistió en inocular el 23 de marzo de 1804 con pus proveniente de lesiones de pacientes afectados de viruelas naturales a cuatro niños vacunados un mes y medio antes, dos de ellos hijos suyos.

El resultado de ésta demostración fue informado por el doctor Nicolás del Valle y de la Vega, Protomédico Regente de la ciudad de La Habana, al Gobernador General de la Isla, Marqués de Someruelos, y publicado en el Papel Periódico, Suplemento al No. 34 del 26 de abril de 1804. En el se dice que, “el doctor Romay convencido de un modo incontestable que la vacuna preserva de las viruelas naturales participa a V. S. que intenta inocular el pus varioloso a algunos niños vacunados y que ejecutó dicha operación en presencia de los siguientes facultativos: Roque Oyarvide, José Bohorques, Bernardo Cózar, Francisco Xavier Córdova y Marcos Sánchez Rubio. Que reunidos estos médicos sin la presencia de Romay, concluyen que los resultados en nuestro país son idénticos a los obtenidos en Europa hasta el presente”.3 Estos resultados y otras observaciones de casos no provocados experimentalmente los informará el sabio médico cubano en su artículo “Refutación a los antivacunadores”.4

Las siguientes investigaciones documentalmente conocidas hasta el momento son las realizadas por el doctor Carlos J. Finlay Barrés a partir de 1879 con el objetivo de demostrar su entonces hipótesis de la transmisión metaxénica de las enfermedades infecciosas, en el caso concreto de la fiebre amarilla por la picadura de la hembra del mosquito clasificado actualmente como Aedes aegypti.

Esta fecha la precisó el Reverendo Padre Overed, de la Compañía de Jesús, cuando ante notario público testificó, junto a otros, que: “Fui inyectado por el doctor Finlay, que usó conmigo el mismo procedimiento ya descrito por el Padre Gutiérrez Lanza, en el año 1879”.5 La “inyección” que no es sino la picadura provocada por la hembra de la referida especie de mosquito se llevó a cabo en la finca “San José” en Marianao, lugar de aclimatación de los sacerdotes de dicha orden religiosa recién llegados a Cuba.

Las investigaciones en humanos de Finlay continuaron desde entonces hasta finales del siglo en que ya reunía 104 inoculaciones perfectamente protocolizadas.

El 20 de mayo de 1900 se nombra la IV Comisión Médica del Ejército de los Estados Unidos para el Estudio de la Fiebre Amarilla presidida por el mayor Walter Reed e integrada, además, por los doctores James Carroll, James W. Lazear y Arístides Agramonte Simoni. A principios de agosto de ese año se entrevistan sus miembros con el doctor Finlay y comienzan sus trabajos de investigación en humanos en la propia finca “San José” donde el sabio cubano había iniciado los suyos.

El doctor Carroll que se deja picar por un mosquito infectado, reproduce cinco días después una forma grave de fiebre amarilla de la que logra sobrevivir y el doctor Lazear que también se había dejado picar muere de la afección el 25 de septiembre de 1900. Del 11 al 31 de agosto fueron inoculados 11 soldados voluntarios, 10 de nacionalidad americana y uno inglesa.6

La Comisión puso en práctica también otros modelos de investigación con humanos. Dividió los voluntarios en dos casetas de madera bien protegidas por tela metálica. En una la ventilación era nula y en ella pasaron 20 noches con ropas de fallecidos de fiebre amarilla impregnadas de vómitos, excrementos y sangre de dichos fallecidos. Dos grupos pasaron por esta experiencia sin que se afectara su salud.

En la otra caseta con magnífica iluminación y ventilación se situaron otros dos grupos de voluntarios separados por tela metálica. Los miembros de uno se dejaron picar por mosquitos infectados. Los miembros del otro se protegieron rigurosamente para no ser picados. Los que sufrieron las picaduras se contagiaron y ninguno de los que no fueron expuestos contrajeron la enfermedad.7 Estas investigaciones en humanos fueron las últimas realizadas en el siglo XIX en nuestro país.

Las investigaciones médicas en sujetos humanos en cuba en el siglo XX

El doctor Walter Reed presentó las conclusiones finales de las investigaciones de su Comisión durante el iii Congreso Médico Panamericano, celebrado en La Habana del 4 al 7 de febrero de 1901.

El doctor Juan Guiteras Gener, eminente patólogo, clínico y sanitarista cubano, firme partidario de las ideas de Finlay sobre inmunización contra la fiebre amarilla por la provocación de formas leves de la enfermedad, decidió llevar a cabo en 1901 investigaciones a ese respecto en el hospital de enfermedades infecciosas “Las Animas”, de La Habana, que el dirigía. De siete casos inoculados por las picaduras de mosquitos infectados, cuatro enfermaron con formas graves y de ellos tres fallecieron, entre los que se encontraba la enfermera norteamericana Clara L. Mass, que fue picada por dos mosquitos y falleció el 24 de agosto de 1901.8

Esta fatal experiencia marcó permanentemente al doctor Guiteras y lo convirtió en un tenaz opositor a toda forma de aplicación del ensayo experimental en humanos desde los altos cargos que ocupó en la dirección de la sanidad del país.

Tan real es ésta afirmación, que siendo el doctor Guiteras Director Nacional de Sanidad lo visitó su gran amigo y exdiscípulo el doctor Alberto Recio Forns, eminente laborista clínico que dirigía el Laboratorio de Investigaciones del Hospital “General Calixto García”, con la intensión de obtener de él, el consentimiento para producir y aplicar en humanos la vacuna antitífica que se venía ensayando en Gran Bretaña y cuyas ventajas aún se desconocían.

El doctor Guiteras negó el permiso, pero le afirmó al doctor Recio que cuando dichas investigaciones avanzaran más y los resultados fueran los deseados, esas experiencias serían tomadas en cuenta y aplicadas en el país lo que cumplió poco tiempo después al conocer las investigaciones del doctor Russell con soldados en San Antonio, Texas, EUA., en los que el investigador norteamericano aplicó con éxito la vacuna antitífica producida por él y envió el doctor Guiteras al doctor Recio a dicho lugar, quien a su regreso rindió detallado informe de las investigaciones del doctor Russell y trajo la vacuna, que mas tarde produjo en su laboratorio y aplicó en nuestro país.9

Un médico cubano convencido de la necesidad de la investigación en seres humanos para la comprobación de hipótesis terapéuticas lo fue el doctor Matías Duque Perdomo, coronel del Ejército Libertador y primer Secretario de Sanidad y Beneficencia de Cuba.

Desde inicios del siglo ensayó tratamientos originales con hidrozono (1903) y agua oxigenada (1904) en pacientes de fiebre puerperal cuyos resultados publicó en Cuba y Estados Unidos de América, pero los estudios que llevó a cabo por mas tiempo fueron los ensayos de tratamiento de enfermos leprosos con mangle rojo (Rhizophora mangle, Lin.) desde 1901 en una de las casetas de madera del Hospital Número Uno, actual Hospital Facultad “General Calixto García”.10

Sus primeros resultados los presentó ante el III Congreso Médico Panamericano celebrado en La Habana en 1901 y resultados posteriores se publicaron en Londres (1903) y Noruega (1909). En 1905 vio la luz una monografía suya en francés sobre sus investigaciones con el título Traitement de la Lepre par Le Paletuvier du Manglier Rouge, recibida con agrado en círculos científicos de Francia y citada por el famoso Profesor Widal de París en su tratado de clínica médica (1925).11

Tan convencido estaba el doctor Duque de la necesidad de la investigación en seres humanos que en 1928 solicitó la autorización del presidente de la República para que los condenados a muerte, con su consentimiento y la aprobación oficial, fueran utilizados en beneficio de la humanidad inoculándoseles tumores cancerígenos para, posteriormente, efectuar en ellos intervenciones quirúrgicas. Si curaban cumplirían 10 años de prisión al cabo de los cuales se les devolvería la libertad.

Esta idea no fue aceptada por el Ejecutivo de la nación pero obtuvo alguna acogida en revistas científicas y religiosas extranjeras, en las que se llegó a proponer ampliar la propuesta del médico cubano a todas las enfermedades de curación desconocida. Ese mismo año el doctor Duque presentó su proyecto ante la Junta Nacional de Sanidad que tampoco lo aprobó.12

Hombre de gran tenacidad y valor personal a toda prueba, demostrado muchas veces en los campos de batalla de la Guerra de Independencia, el 9 de octubre de 1937, por voluntad propia, fue inoculado con extractos de tumor canceroso por su amigo y discípulo, el doctor Gustavo Odio de Granda, que dejó un nódulo en el punto de inoculación que desapareció a los pocos meses y casi cuatro años más tarde, el 24 de febrero de 1941, murió en La Habana a consecuencia de un cáncer laríngeo.13

Por los años de la década de 1930 el doctor Francisco León Blanco, eminente anatomopatólogo cubano, realizó importantes estudios sobre el Mal del Pinto o Carate en Cuba y México, que arrojaron mucha luz sobre aspectos desconocidos de la enfermedad como su etiología, lesión inicial, diseminación, evolución y período secundario, a lo que agregó haber logrado por primera vez producir la enfermedad experimental en el hombre inoculándose así mismo con material conteniendo Treponema carateum.

Los primeros resultados de esta inoculación los publicó en México D. F. (1939) bajo el título de La trasmisión experimental del Mal del Pinto de persona a persona14 y los resultados finales en otros tres artículos aparecidos en México D. F. y La Habana (1939-1940).15-17

El doctor Tomás Durán Quevedo, por muchos años profesor destacado de fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Habana, llevó a cabo por los años de la década de 1950 investigaciones en pacientes diabéticos del Hospital Universitario “General Calixto García” en los que aplicó un tratamiento original a base de azúcares cuyos resultados produjeron fuertes polémicas en las reuniones científicas de dicho hospital que llegaron a interrumpir definitivamente las investigaciones.18

Parte de esos resultados fueron presentados por el doctor Durán Quevedo en numerosos informes científicos entre ellos: Levolusa y diabetes (1953),19 “Diabetes mellitus: sacarosa, levulosa e insulina en el tratamiento de la diabetes” (1954),20 “Calidad del glúcido utilizado en la dieta y evolución de la diabetes infantil” (1956)21 y “La calidad del glúcido utilizado en la dieta de los diabéticos” (1956).22

A partir de 1936 el doctor Agustín Castellanos González, eminente pediatra cubano y colaboradores, entre ellos muy particularmente el notable radiólogo doctor Raúl Pereira Valdés, comenzaron a realizar estudios experimentales en humanos para crear y perfeccionar el método de la aortografía torácica retrógrada, lo que les permitió detectar una gran cantidad de anomalías cardíacas que por otros métodos resultaba imposible.

Por este gran aporte recibió el doctor Castellanos González reconocimientos internacionales, como entre ellos que la Sociedad Interamericana de Cardiología tomara el acuerdo de que su retrato apareciera en el mural sobre historia de la cardiología, junto a las más importantes figuras de esta especialidad en todo el mundo, que pintaría el genial muralista mexicano Diego Rivera en el Instituto Nacional de Cardiología de México, extraordinaria obra plástica que se develó en mayo de 1944 durante la inauguración del i Congreso de la Sociedad Interamericana de Cardiología, celebrado en la capital azteca.23

Entre los trabajos que recogen los resultados de sus más importantes investigaciones se encuentran: “La angiocardiografía radio-opaca” (1937),24 “La angiocardiografía en el niño” (1938),25 “Sobre el diagnóstico angiocardiográfico de la comunicación interventricular” (1938),26 “On diagnosis of solitary interventricular comunication, by means of post-morten angio-cardiography” (1938),27 “La angiocardiografía” (1938),28 “Tronco arterial común persistente. Su diagnóstico intravitam por la angiocardiografía” (1938),29 “The actual state of angiocardiography” (1939)30 y “Un nuevo signo radiológico indirecto en el diagnóstico de la coartación de la aorta por la aortografía retrógrada superior” (1946).31

Para continuar estos estudios experimentales y para otros no experimentales en seres humanos se creó en 1951 la Fundación Agustín Castellanos en el segundo piso del actual Hospital Infantil “Pedro Borrás” de La Habana, la que mantuvo sus actividades hasta 1960 en que cerró sus puertas al marcharse de Cuba su creador.32,33

Consideraciones finales

Las investigaciones médicas en sujetos humanos en Cuba, que como hemos expuesto se realizaron durante siglo y medio, costaron algunas vidas de investigadores y de voluntarios en nuestro país, no obstante lo cual en ningún momento se aprobó una legislación que regulara esta práctica ni tampoco que la prohibiera, a pesar de que uno de los mas importantes funcionarios de la sanidad cubana, el doctor Juan Guiteras Gener, que ocupó la jefatura de la Dirección Nacional de Sanidad (1909-1921) y la Secretaría de Sanidad y Beneficencia (1921-1922), fue su más tenaz opositor y no la permitió durante su largo mandato, pero esta negativa no estuvo respaldada por legislación alguna, como también ocurría en la totalidad de los países del mundo hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, no todo fue doloroso en las investigaciones en humanos en Cuba, pues sus resultados permitieron, al doctor Finlay dar al mundo un descubrimiento de la magnitud de la teoría metaxénica del contagio de enfermedades infecciosas con la cual se completó el conocimiento de la historia natural de muchas enfermedades y se pudieron poner en práctica medidas encaminadas a su prevención, por todo lo cual su autor fue proclamado como uno de los grandes benefactores de la humanidad y al doctor Castellanos aportar al mundo su método diagnóstico de la aortografía torácica retrógrada, que permitió detectar cardiopatías que por otros métodos era imposible hacerlo y elevar al investigador cubano a ser considerado como uno de los fundadores de la angiocardiografía mundial.

Referencias BibliogrÁficas

  1. Galende Domínguez, I.: Problemas éticos de la utilización de seres humanos en investigación médica. Ed. Med. Clin. Barcelona. 1993.
  2. Rojas Maset, A.; A. Stuart Herrera y M. E. Monzón Moreira: Consideraciones éticas y jurídicas en torno a las investigaciones biomédicas en seres humanos. Trabajo de Diploma. Universidad de la Habana. Ciudad de la Habana. 1994. (Inédita).
  3. Valle, N. del: Vacuna. Extracto del oficio dirigido por el Dr. Nicolás del Valle, Protomédico regente de esta ciudad al Señor Marquéz de Someruelos. Papel Periódico de La Habana. Suplemento al No. 34 del 26 de abril de 1804.
  4. Romay Chacón, T.: Refutación a los antivacunadores. En: Obras Completas. Tomo I. Academia de Ciencias de Cuba. La Habana, 1965. pp. 177-182.
  5. Testimonio del Reverendo Padre Overed. En: Copia No. 70 otorgada a 3 de diciembre de 1934. Ante notario de La Habana Dr. Armando Álvarez Pedroso. Imprenta “El Siglo XX”. La Habana (sin fecha). p.10.
  6. Domínguez Roldán, F.: Carlos J. Finlay. Su centenario. Su descubrimiento. Estado actual de su doctrina. 1ra. Ed. en español. Cultural S. A. La Habana, 1942. p. 100.
  7. Delgado García, G.: La doctrina Finlaísta. Valoración científica e histórica a un siglo de su presentación. Cuad. Hist. Sal. Pub. No. 65. La Habana, 1982. p. 47.
  8. Portal, H. del: Clara L. Mass. La heroína desconocida. Dirección General del Inst. Finlay. La Habana (sin fecha).
  9. Rodríguez Expósito, C.: Dr. Juan Guiteras. Apuntes Biográficos. Editora Cubanacán. La Habana, 1947. p. 223.
  10. Los progresos de la ciencia. El Fígaro. La Habana, agosto 5 de 1906.
  11. Duque Perdomo, M.: Trabajos del autor. En: Elementos de Anatomía Descriptiva. Fisiología. Higiene. Puericultura por el Dr. Matías Duque. Libr. Cervantes, Habana, 1926. pp. 183-184.
  12. Ideas del Dr. Matías Duque sobre condenados a muerte. Periódico Excelsior. La Habana. agosto 2 de 1928.
  13. Peraza Sarauza, F.: Vidas cubanas. Matías Duque. Periódico El Mundo. La Habana. febrero 24 de 1947.
  14. Medicina. 19 (335): 17-22. México D. F. Marzo 1939.
  15. León Blanco, F.: Segunda Nota sobre la trasmisión experimental del Mal del Pinto de persona a persona. Medicina. 19(359): 121-129. México D. F. mayo 1959.
  16. Idem: Tercera Nota sobre la trasmisión experimental del Mal del Pinto de persona a persona. Rev. Med. Militar. 2(10): 20-27. México D. F. sept.-oct. 1939.
  17. Idem: Cuarta Nota sobre la trasmisión experimental del Mal del pinto de persona a persona. Rev. Med. Trop. Bact. Clin. y Lab. 6(1): 32-39. La Habana, enero-febrero, 1940.
  18. Delgado García, G.: Historia de seis cátedras de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. 1900-1962. Informe de investigación presentado y aprobado ante la Vice-rectoría de Investigaciones del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana. 1991. pp. 34-35. (Inédito).
  19. Presentado en la Sociedad Cubana de Endocrinología. La Habana, Junio 25 de 1953.
  20. Presentado en el XIX Congreso Internacional de Fisiología. Montreal, agosto de 1953.
  21. Presentado en el XIX Congreso Internacional de Fisiología. Montreal, agosto de 1953.
  22. Ponencia oficial ante la I Reunión Anual de la Sociedad Cubana de Endocrinología. Matanzas, octubre 16 de 1954.
  23. Delgado García, G.: Historia de cinco cátedras de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. 1900-1962. Informe de investigación presentado y aprobado ante la Vice-rectoría de Investigaciones del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, 1993. pp. 30-31. (Inédito).
  24. Arch. Soc. Est. Clin. Habana. 30(9-10): 39. La Habana, 1937.
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  33. Castellanos González, A.: La Fundación “Agustín Castellanos”, para investigaciones cardiovasculares. Rev. Cub. Ped. 31(9): 503-516. La Habana, 1959.

* Revista Bimestre. III Época. 82(7): 102-112. La Habana, julio-diciembre, 1997.

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