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Dra. Elena López Serrano: aspectos de su vida y su obra*
por el Dr. Gregorio Delgado García

Introducción

El Ateneo “Juan César García”, la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública, la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina y la Escuela Nacional de Salud Pública, no han querido, para rendir homenaje póstumo a la doctora Elena López Serrano, esperar el año que prudentemente recomendaba el fundador de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, doctor Nicolás J. Gutiérrez Hernández, debía dejarse pasar para llevar a cabo estos actos, “pues entonces –decía él– el encargado de presentar en ellos la nota biográfica, no correrá bajo la presión del estado de su espíritu impresionado por la muerte del amigo y lo podrá juzgar tal como ha sido y merece”.1

No lo han hecho estas instituciones, repito, dos de ellas en las que se desenvolvió por más de un cuarto de siglo la doctora López Serrano y me han pedido que lea su elogio póstumo a los nueve meses de ocurrido su fallecimiento, tomándose en cuenta como justificación del pedido, que fuimos compañeros de trabajo durante 27 años en la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública, el Instituto de Desarrollo de la Salud y la Facultad de Salud Pública; que hice su presentación ante la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina el 19 de agosto de 1975 y que prologué los dos libros que publicó como autora única.

Como pienso que es imposible hablar de ella sin mencionar a su padre, médico rural y de familias durante muchos años y el pueblo en que nació, rico de historial patriótico, elementos determinantes en su vocación médica e historiográfica, como preámbulo de mi Conferencia expondré una breve semblanza de la vida del doctor Pío López Rodríguez y de la historia de San Luis, municipio de la actual provincia de Santiago de Cuba, para después tratar algunos aspectos de la vida de la doctora López Serrano y de su fructífera labor en los campos de la bioestadística y la bibliografía e historiografía médicas cubanas.

El ejemplo del padre y la historia local

De ascendencia canaria, su madre y sus cuatro abuelos provenían de las legendarias Islas Afortunadas, nació el doctor Pío José López Rodríguez en la ciudad de Matanzas el 15 de marzo de 1900.2 En su ciudad natal cursó la enseñanza primaria y preuniversitaria, para graduarse en su Instituto de Segunda Enseñanza de Bachiller en Letras y Ciencias a los 21 años de edad.

La carrera de médico la cursó en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, bajo la influencia de la Revolución Estudiantil de 1923, lidereada por Julio Antonio Mella, de la que fue testigo, para graduarse de Doctor en Medicina el 31 de agosto de 1928. Como miembros del tribunal de sus ejercicios de grado figuraron dos de las más importantes figuras de la medicina cubana de todos los tiempos, los eminentes obstetras doctores Eusebio Hernández Pérez, General de Brigada del Ejército Libertador de Cuba, y Sergio García Marrúz, padre.3

Recién graduado, el doctor Pío López marchó a la entonces provincia de Oriente para ejercer como médico general en el central azucarero San Germán, municipio de Holguín, de donde pasó más tarde al poblado de Palmarito de Cauto, barrio rural fundado en 1903, perteneciente al municipio de Palma Soriano, donde conoció a la que sería su esposa de toda la vida, Candelaria Caridad Serrano Moro, con la que se casó en 1935 y tuvo dos hijas, Josefa Dolores y Elena de la Caridad.

De este barrio rural pasó al poblado de San Luis, cabecera del municipio del mismo nombre, donde desarrolló el resto de su larga labor profesional hasta su jubilación en 1959. Allí fue médico de familias, bien entendido esto como una manifestación del ejercicio secular de la medicina y no como un modelo estatal de atención médica primaria y ocupó los cargos de Jefe Local de Salubridad, Médico Municipal y Forense y Médico de la Delegación de la Clínica Mutualista Sagrado Corazón.4

Entre las funciones normales de un médico como miembro de la sociedad está su participación política, como lo ha dejado bien fundamentado el Profesor Emeritus de la Universidad de Alcalá de Henares, doctor Francisco Guerra, en su libro El médico político5 y el doctor Pío López, hombre de ideas liberales, influenciado grandemente por la Revolución Francesa y por la Revolución Industrial Inglesa, militó en el Partido Liberal después de su reorganización para la Asamblea Constituyente de 1940, ocupó el cargo de Consejal del Ayuntamiento por elección y aspiró, sin éxito, a la alcaldía municipal en las reñidas elecciones parciales de 1946.6

El poblado de San Luis fue fundado en 1827 en una caballería de tierra donada por los esposos Nicolás Iglesias y Juana Romero de su hacienda San Luis, de ahí su nombre y debió su crecimiento –según el historiador Ricardo V. Rousset Rodríguez,7 Comandante del Ejército Libertador– a la concentración de los habitantes de aquellos alrededores que durante la guerra independentista de 1868 a 1878 acudieron a dicho lugar para construir en él sus viviendas. Fue destruido en 1881 y reconstruido en breve plazo, para ser elevado a la categoría de Término Municipal al final de la guerra independentista de 1895 a 1898 por decreto de 1ro. de agosto de este último año, aunque comenzó sus funciones como tal el 11 de enero de 1899. Sus primeros alcaldes municipales nombrados lo fueron los Coroneles del Ejército Libertador José Valeriano Hierrezuelo y José Carbó Monet y por elección los también Coroneles José Rufino Chávez y José Ruiz Moreno.8

Pero lo que en realidad inmortalizó a este municipio en la historia de Cuba lo fue que en uno de sus barrios rurales, Majaguabo, en la finca Granada que después se llamó Las Delicias, propiedad de don Marcos Maceo, vivieron toda su niñez y juventud el Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, el Titán de Bronce, y sus hermanos el Mayor General José, el General de Brigada Rafael, el Teniente Coronel Miguel y el Teniente Julio Maceo Grajales, todos muertos en combate, los que llenaron de gloria las páginas de la historia de América con sus hechos heroicos y sus actitudes de dignidad patriótica. En la iglesia de San Luis casáronse Marcos y Mariana Grajales Cuello y en su finca, doña Mariana hizo jurar a toda la familia luchar por la independencia de Cuba hasta morir y así lo cumplieron.9

Los campos de San Luis fueron lugares de intensos combates en las tres guerras por la independencia de Cuba contra España y allí nacieron los valientes Generales de Brigada Luis Bonne Bonne y Prudencio Martínez Echeverría.10

Pero no sólo fue San Luis cuna de héroes en el siglo XIX; en las luchas por alcanzar nuestra definitiva liberación en el siglo xx han participado brillantemente no pocos de sus hijos, entre ellos el joven héroe de la Sierra Maestra y de la Invasión Comandante Joel Iglesias Leyva,11 a quien no dudamos hubiera incluido el historiador y médico, doctor Benigno Souza Rodríguez, entre sus “Niños Gigantes”;12 el no menos heroico Comandante Antonio E. Lusson Battle; el combatiente y dirigente político Julián Rizo Álvarez y sobre todo el legendario guerrillero de las contiendas de la Invasión y Bolivia junto al Comandante Ernesto “Che” Guevara de la Serna, Capitán Eliseo Reyes Rodríguez, a quien sus compañeros dieron el sobrenombre de “San Luis” en recuerdo de su nacimiento en la finca Santa Isabel, barrio Chamarreta, de dicho municipio y el que con sus hermanos: Juan Leví, Abel Jonás y Rubén, todos combatientes de la Sierra Maestra, han revivido en el siglo xx la tradición gloriosa de la familia Maceo Grajales.13

Nacimiento y estudios

En este poblado de tan rica tradición histórica nació Elena de la Caridad López Serrano en la casa número 3 de la calle General García, el 16 de junio de 1938.14

La enseñanza primaria la recibió en el Colegio de Religiosas María Inmaculada del propio San Luis, del que su padre era presidente de la Asociación de Padres y Amigos y en dicho plantel docente, por estar incorporado al Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba, pudo cursar sus estudios de bachillerato en ciencias, previo examen de ingreso en el preuniversitario santiaguero, donde se le expidió el título el 20 de febrero de 1957.15

En el colegio religioso conoció al entonces joven seminarista Pedro Meurice Estíu, natural de San Luis, en la actualidad prestigioso Arzobispo de la Arquidiócesis Primada de la República, Santiago de Cuba.

La gran admiración que sintió siempre por la labor abnegada de su padre la llevó a escoger la carrera de medicina como su futura profesión, para cuyo comienzo debió esperar dos años, hasta bien entrado 1959, pues por la situación de guerra civil que vivía el país en su lucha contra la dictadura batistiana, el Consejo Universitario había acordado desde noviembre de 1956 suspender las actividades docentes de la institución, las que no pudieron ser reanudadas hasta después del triunfo revolucionario.

Comienza pues el primer año de la carrera en los meses iniciales de 1959, como supuesto curso 1958-1959, al tratar la dirección universitaria de recuperar uno de los años perdidos con un curso breve pero intensivo, que sin embargo por las depuraciones profesorales y la lucha por la reforma universitaria no vendría a terminar hasta julio de 1960, momento álgido éste de la lucha ideológica en la Facultad de Medicina en que una gran parte del profesorado se declaró en franca rebeldía contrarrevolucionaria, para ser los miembros de dicho grupo suspendidos de empleo y sueldo y más tarde separados definitivamente de sus cargos.

Desde ese curso la doctora López Serrano comenzó a trabajar por propia iniciativa, como alumna cateto (honoraria), en la Sala de Veteranos del Hospital Universitario “General Calixto García”, en parte servicio de clínica de la Cátedra de Farmacología y allí va a conocer al profesor Armando Ruiz Leiro, clínico notable y consumado docente y poco después a quien constituye la figura más importante de la pedagogía médica cubana y maestro de clínicos, el profesor Fidel Ilizástigui Dupuy.

En estas funciones sus anécdotas van a llenar de alegría a su padre, que ya jubilado se traslada a La Habana con su familia y vuelve a vivir su juventud estudiantil en las experiencias de la hija querida. El tercer curso (1961-1962) coincide con la implantación del plan de la reforma de estudios de 1962, pero también con la cifra más alta del éxodo masivo de médicos en el país, lo que influyó, entre otros males, en que no pudieran cursar la asignatura de Anatomía Patológica, la que estudiaron en el siguiente curso comprendida dentro de las de Medicina Interna y Cirugía General.

Ese mismo año va a ser el más triste de su vida, pues vería morir en sus brazos, en el Pabellón Borges del Hospital Universitario “General Calixto García”, a su querido y admirado padre en junio de 1962.16 No obstante tan demoledor golpe de la vida, logró aprobar todas sus asignaturas: dos con Sobresaliente, tres con Notable y un Aprovechado. Junto a sus estudios médicos emprendió también el curso para quiropedista en el Instituto “Finlay” de La Habana, donde logró graduarse el 15 de mayo de 1963.

El sexto año o internado hospitalario lo cursará en la modalidad vertical y en la especialidad de pediatría, el que estudia en el Hospital Infantil Docente “William Soler” de La Habana, donde realiza su examen final con calificación de Notable (88 puntos), el 3 de noviembre de 1965. 15

Se graduaba pues la doctora López Serrano como miembro de la primera promoción de médicos que había realizado todos sus estudios en el período revolucionario de nuestra historia, por lo que masivamente ascendieron los 400 graduados de medicina y los 26 de estomatología la montaña más alta del país, el Pico Turquino (Pico Cuba) en la Sierra Maestra, para realizar allí, el 14 de noviembre de 1965, la ceremonia de graduación y recibir simbólicamente sus títulos de manos del Comandante en Jefe doctor Fidel Castro Ruz.17 Se le expidió el mismo el 2 de febrero de 1966, pero como debía ser firmado también por el Comandante en Jefe, lo recibió el 6 de diciembre de 1976.15

Ejercicio profesional y estudios de especialización

En diciembre de 1965 comienza su ejercicio profesional como médica posgraduada en pediatría en el Hospital General “Javier Rodríguez” del municipio de Guane, provincia de Pinar del Río, donde ya al siguiente mes es nombrada subdirectora. En esta doble función su labor es tan convincente que en enero de 1967 se le eleva al cargo de directora del hospital, pero sin dejar de desempeñar sus tareas como pediatra.

Entonces se produce algo verdaderamente insólito. Por escasear el personal idóneo para estos cargos en lugar tan apartado geográficamente, como lo era Guane en esta etapa del desarrollo en extensión de nuestro Sistema Nacional de Salud único y por la ya reconocida capacidad como organizadora de la doctora López Serrano, se le nombra además subdirectora de Asistencia Médica de la Regional de Salud Guane-Mantua y desempeña ambos cargos administrativos sin dejar de pasar visita, bien temprano en la mañana, en su sala de pediatría ni de asistir a sus consultas externas semanales.

Tan meritoria fue la labor realizada, que ganada ya para el campo de la organización y administración de la salud pública, fue seleccionada para pasar el Curso Básico de Administración de Salud en la Escuela de Salud Pública “Carlos J. Finlay”, situada en el antiguo Hospital de la Policía Nacional en La Habana, en aquellos momentos bajo la dirección de su fundador y profesor jefe del Departamento de Salud Pública, doctor Carlos Martínez Reyes, donde comienza en febrero de 1968 y termina exactamente un año después, en febrero de 1969.

Estos estudios le serían convalidados en 1974 para otorgarle el título de Especialista de Primer Grado en Administración de Salud y 12 años después se le acredita como Especialista de Segundo Grado en dicha rama de la medicina social.

Con los conocimientos teóricos adquiridos en la primera escuela nacional de salud del período revolucionario es situada en la provincia de Matanzas, donde ocupa el cargo de subdirectora de Asistencia Médica de la Regional de Salud Colón-Jagüey Grande de febrero de 1969 a enero de 1971. Pasa entonces a ocupar la ambicionada plaza de directora del policlínico “Mario Muñoz”, en playa de Varadero, de febrero a noviembre de 1971, de donde es reclamada en la Provincial de Salud Habana, para que ocupe la subdirección de Asistencia Médica en la Regional Ariguanabo, empleo que desempeña por algo más de tres meses a partir de diciembre de 1971.18

Estaba en aquel momento en la plenitud de su ejercicio profesional médico como organizadora de la salud pública. Con una buena formación pediátrica y graduada en la Escuela de Salud Pública de Cuba, había transitado exitosamente en su labor por las escalas municipal y regional del Sistema Nacional de Salud y un dirigente de la experiencia del profesor doctor Francisco Rojas Ochoa aquilató que estaba en condiciones de ascender al nivel superior de la organización de salud del país y la llamó a colaborar con él en la Dirección Nacional de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública en marzo de 1972.

Todo hacía pensar que sus éxitos como higienista social continuarían sin obstáculos en su corta pero destacada labor profesional y surge entonces el imponderable que hace temer por su vida. Una hipertensión arterial grave la obliga al reposo absoluto por un tiempo y un destacado médico internista le recomienda acogerse a jubilación temprana por incapacidad física.

Poniendo a prueba su fuerza de voluntad y tesón, la doctora López Serrano no siguió los consejos del facultativo y encontró en esos momentos toda la comprensión y el apoyo necesarios en el doctor Rojas Ochoa, quien le asignó tareas investigativas en su Departamento, que la llevaron a los campos de la historiografía y la bibliografía médicas cubanas.

Labor investigativa y publicaciones

En sus nuevas funciones dentro del Departamento Nacional de Estadísticas, emprendió tres importantes estudios orientados por el profesor Rojas Ochoa, cuyos resultados finales dejaron completamente satisfecho al citado dirigente.

Estas investigaciones, que constituyen referencias obligadas de posteriores estudios lo son: “Mortalidad infantil en Cuba (1900-1943). Diez primeras causas” 1973; “Causas de suicidio en Cuba. Estudio estadístico. 1902-1971” 1973, contiene 60 tablas estadísticas y “Mortalidad materna en Cuba (1900-1953). Primeras causas” 1974, contiene 50 tablas estadísticas.

Para realizar dichas investigaciones, tuvo necesidad la doctora López Serrano de consultar importantes fuentes documentales y bibliográficas en el Museo de Historia de las Ciencias “Carlos J. Finlay”, por lo que el profesor Rojas Ochoa me pidió que laborara adscripta a la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública, en aquel tiempo situada en la segunda planta de dicha institución, lo que se hizo efectivo desde 1973. Como en ninguna de sus actividades científicas ella dejaba margen a la improvisación, para adquirir los conocimientos teóricos que necesitaba en sus nuevas funciones, en la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana, tomó el curso “Metodología de la investigación en la historia”, impartido por la notable profesora Aleida Plasencia Moya, de octubre de 1973 a mayo de 1974.

Estaba en condiciones con este “armamentarum” teórico de emprender un estudio de mayor alcance histórico sobre la materia de sus investigaciones e inicia entonces su monografía “Desarrollo histórico de las estadísticas sanitarias en Cuba. Desde la conquista hasta nuestros días” 1974, en la que revisa la extensa bibliografía sobre el tema del doctor Jorge Le Roy Cassá, fundador de la Jefatura de Estadística General de la Junta Superior de Sanidad de Cuba, origen histórico del actual Departamento Nacional de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública y la deja actualizada hasta el período revolucionario inclusive.

Esta monografía, de indiscutible valor documental, no le satisfizo del todo en cuanto a su redacción, por lo que solamente publicó una síntesis de la misma en la Revista Cubana de Administración de Salud, con el título “Desarrollo histórico de las estadísticas sanitarias en Cuba” 1976,19 ensayo que le sirvió de trabajo de ingreso en la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina y unos años después tomó el “Curso de redacción para investigadores”, que se impartía en el Instituto de Desarrollo de la Salud, con el fin de mejorar aspecto tan importante de la labor intelectual.

En estos mismos años es que el doctor José López Sánchez, maestro de historiadores médicos cubanos y entonces director del Museo de Historia de las Ciencias le encarga y orienta la confección del índice alfabético de materias y onomástico de la revista Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, lo que la inicia en el campo de los estudios bibliográficos y le permite publicar su primer libro en colaboración Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1864--1958).Índice de autores y materias, 1974 y 1975, dos tomos.20

Con esta preparación teórico-práctica está en condiciones de emprender una obra de más alto alcance como investigadora en la bibliografía y la historiografía médicas cubanas, lo que hace con un entusiasmo que le durará el resto de su vida.

Inaugurado el Instituto de Desarrollo de la Salud en 1976, pasa a él como investigadora en su Departamento de Problemas Teóricos e Historia de la Medicina y al cerrar esta institución sus puertas diez años más tarde, es situada en la Facultad de Salud Pública, donde permanece en su Departamento de Historia de la Salud Pública como investigadora y profesora hasta su fallecimiento, siempre adscripta a la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública.

Es en estas instituciones en que va a desarrollar su laboriosa obra de investigación que expondremos brevemente, separada en dos partes: la bibliográfica y la historiográfica médicas.

La primera comprende la redacción de los siguientes índices bibliográficos de autores y materias. Publicados, como libro, “Boletín de la Sociedad Cubana de Pediatría y de la Revista Cubana de Pediatría (1929-1978)”, 1988, dos tomos;21 como folletos: “Repertorio Médico Habanero (1840-1843)”, 198622 y “Revista Médica de la Isla de Cuba (1858)”, 198623 y en publicación periódica, “Revista Cubana de Administración de Salud (1975-1985)”, 1987.24

Índices que permanecen inéditos, del siglo XIX: “Observador Habanero (1844-1848)”, “Repertorio Económico de Medicina, Cirugía y Ciencias Naturales (1854-1856)”, “Eco de París (1858-1859)”, “La Emulación (1863--1867)”, “La Hoja Clínica (1865-1866)”, “Gaceta Médica de La Habana (1878-1881)”, “Repertorio de Farmacia (1880-1885)”, y “ La Abeja Médica (1892-1895)”; del siglo XIX al XX: “Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana (1875-1940)”, “Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana (1881-1954)”, “Revista de Medicina y Cirugía de La Habana (1896-1951)”, “Progreso Médico (1898-1911)” y “Habana Médica (1898-1908)” y del siglo XX: “Boletín de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia (1909-1940)”, “Boletín del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social (1941-1958)”, “Asclepios (1915-1923)”, “Archivos de Medicina Infantil (1932-1960)”, “Archivos del Hospital Universitario General Calixto García (1949-1961)”, “Bibliografía de los Congresos Médicos Nacionales Cubanos” y “Bibliografía relacionada con la administración de salud en Cuba”, esta última comprende cuatro colecciones de revistas.

A esta importante obra de recopilación e indización de la bibliografía médica cubana aparecida en publicaciones periódicas hay que agregar sus muy numerosos artículos de análisis y divulgación de esta bibliografía, de los que citaré: “Prensa médica en Cuba: publicaciones del siglo XIX” 1984,25 “Cincuenta años de la Revista Cubana de Pediatría (1929-1979)” 1985,26 “Fuentes para la historia de la medicina en Cuba con anterioridad al año 1840” 1986,27 “Un libro de texto de higiene vigente en Cuba en el siglo XIX” 1986,28 “El Repertorio Médico Habanero. Primera publicación médica cubana” 1989,29 “La primera revista cubana de medicina tropical” 1990,30 “Dos curiosidades bibliográficas: Eco de París (1858-1859) y La Hoja Clínica (1865-1866)” 1995,31 “La prensa especializada y los estudiantes de ciencias médicas” 1993,32 “Revista de Administración Municipal de La Habana” 199433 y “Artículos relacionados con la psicología en la prensa cubana (siglos XVIII y XIX)” 1995.34

Y toda esta obra que la sitúa como una autoridad en el conocimiento de la bibliografía médica cubana, fue escrita en parte con serios padecimientos visuales, que la obligaron a trabajar en algunos momentos auxiliada de una lupa para poder leer las letras más pequeñas y que le impidieron completar el estudio de la bibliografía médica cubana aparecida en revistas del siglo XIX.

Su obra historiográfica médica comprende igualmente, la aparecida como libros, de autoría única “Efemérides médicas cubanas” 198535 o en colaboración como: “Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública y Cuadernos de Historia de la Salud Pública” 1994,36 en el que aparece su índice bibliográfico de dichos Cuadernos; “La salud pública y la juventud en el pensamiento del ‘Che’ Guevara” 199737 y “Citas sobre salud pública en las intervenciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (1980-1995)” 1996.38 Además el libro inédito “Efemérides y noticias médicas cubanas (1959-1999)”, de futura aparición en la colección monográfica Cuadernos de Historia de la Salud Pública.

La publicada en folleto como “La docencia de las ciencias médicas en el pensamiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz” 2000, en colaboración39 y una treintena de artículos en revistas sobre temas diversos de nuestra historia médica como: “Apuntes para la historia: Ingeniería sanitaria” 1976,40 “Enfermería. Notas cronológicas” 1976,41 “La salud pública en Cuba (1899--1925)” 1981,42 “Instituto Finlay. Primera escuela de administración de salud en Cuba” 1986,43 “Secretaría de Sanidad y Beneficencia: fundación y funciones” 198644 y “Sociedad de Higiene, última sociedad médica de Cuba en el período colonial” 199545 o sobre la vida y obra de grandes sanitaristas cubanos como los doctores Ambrosio González del Valle y Cañizo,46 Jorge Le Roy Cassá,47 Hugo Roberts Fernández Prendergast,48 Emilio Martínez Martínez,49 Enrique B. Barnet y Roque de Escobar50 y José A. López del Valle Valdés.51

Su última investigación histórica lo es “Reforma sanitaria en Cuba (1959-1970). Estudio histórico-analítico”, llevada a cabo en colaboración con el doctor Rojas Ochoa, la cual terminada fue enviada a la Organización Panamerica de la Salud en Washington, D. C., que en parte la había sufragado. Su protocolo fue presentado por sus autores ante la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina y en la tarde de hoy el doctor Rojas Ochoa nos ha leído una síntesis de su informe final.

Su obra investigativa, bibliográfica e historiográfica médicas, ya publicada o inédita, presente toda en la biblioteca y archivo de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública, la sitúa como autora imprescindible para futuros estudios sobre dichas materias en nuestro país.

Labor docente

Al inaugurarse la Facultad de Salud Pública del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana en 1986 y pasar a ella parte de las estructuras investigativas, docentes y administrativas del Instituto de Desarrollo de la Salud, su Departamento de Problemas Teóricos e Historia de la Medicina quedó convertido en Departamento de Historia de la Salud Pública en la nueva institución docente superior de posgrado, en el que se creó ese mismo año, la Cátedra de Historia de la Administración de Salud Pública en Cuba y tanto en el Instituto como en la Facultad sus departamentos citados sirvieron de local a la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública.

A sus funciones como investigadora se le unirían a la doctora López Serrano, a partir de entonces, actividades docentes para las cuales ya se encontraba preparada. Recién graduada del Curso Básico de Administración de Salud, al ser situada como subdirectora de Asistencia Médica de la Regional de Salud Colón-Jagüey Grande en febrero de 1969, comenzó desde ese momento a impartir la asignatura de Administración de Salud en la Escuela de Auxiliares de Enfermería “Dr. Mario Muñoz” de Colón y cuando ésta fue convertida en Escuela de Enfermería, con igual nombre, a finales de 1970, continuó en la impartición de la misma en dicha nueva institución docente, inclusive cuando ocupaba la plaza de directora del policlínico “Mario Muñoz” de Varadero, hasta que fue promovida en diciembre de 1971 al cargo de subdirectora de Asistencia Médica en la Regional de Salud de la Provincial Habana.18

En esos tres años se familiarizó con actividades docentes tales como la preparación de clases, mejoras de programas de la asignatura, introducción de medios auxiliares de la docencia para facilitar la comprensión de las materias, redacción de capítulos de manuales de texto y lo que es muy difícil para un dirigente, adecuar su tiempo para el cumplimiento estricto del horario y calendario de clases.

Por todo ello no le fue difícil compartir conmigo la enseñanza en la Cátedra de Historia de la Administración de Salud Pública en Cuba a partir de su segundo curso de 1987-1988 y si provechosa fue esta labor frente al alumno, considero que mucho más lo fue en la tutoría y asesoría de cerca de treinta tesis de residencia y de maestría, donde no sólo supo dar lo mejor de sus conocimientos, sino que se convirtió en verdadero “ángel tutelar” de sus alumnos extendiendo sus horarios de trabajo hasta su hogar en días libres, feriados y de vacaciones y sufriendo con ellos las peripecias de los ejercicios de grado. Para actualizarse en sus nuevas funciones, recibió de marzo 27 a abril 26 de 1989 el Curso sobre Tecnología Contemporánea de la Enseñanza, que se impartía en el Instituto de Perfeccionamiento Médico Número 1 de Moscú, capital de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.18

Junto a esta labor docente, donde daba salida a lo mejor de su espíritu, hay que unir las clases que impartía en la Cátedra de Administración de Salud y su participación como miembro de tribunales de exámenes de grado tanto de residencia como de maestría y era tal lo que disfrutaba en dichas funciones docentes fuera de su departamento, que nunca quiso seguir el consejo que tantas veces le dimos de abandonarla en base, argumentábamos, a la importancia de las investigaciones bibliográficas que realizaba y que indiscutiblemente se resentían, pero ella sabía que las limitaciones que le producía una insuficiencia circulatoria en miembros inferiores le impedían cada vez más su traslado a las instituciones donde estaban las colecciones de publicaciones periódicas médicas que necesitaba para un mayor caudal de resultados y quiso emplear el tiempo de que disponía en algo tan útil como la enseñanza y en estas funciones se mantuvo ininterrumpidamente hasta su fallecimiento ocurrido en su hogar de Calle 92 esquina a 3 B, barriada de Miramar, Ciudad de La Habana, en la tarde del 17 de marzo del año 2000.

El saldo de su vida

La doctora López Serrano recibió como parte de su superación personal numerosos cursos, pero de ellos guardó siempre especial recuerdo por el Introductorio del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana (1975--1976) impartido por el inolvidable biógrafo y compilador de las obras completas de José Martí, profesor Gonzalo de Quesada Miranda y el Curso Superior de Historia de la Filosofía (1986-1987) dictado en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CENIC) por el eminente pedagogo y profesor de filosofía doctor Gaspar Jorge García Galló.

Perteneció a la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina, Sociedad Cubana de Salud Pública y Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología, en las que se destacó como expositora de importantes temas extraídos de sus investigaciones. A pesar de sus limitaciones físicas participó en cerca de un centenar de congresos médicos internacionales y del país, jornadas científicas nacionales, provinciales y de instituciones, talleres y seminarios en los que siempre hizo gala, con sus ponencias, de originalidad y profundidad en el saber.

No fueron pocos los reconocimientos que recibió su labor, entre ellos: la Medalla “Piti” Fajardo (1990), por 25 años de servicio ininterrumpido en la salud pública cubana; Medalla Distinción por la Educación Nacional, del Ministerio de Educación Superior (1992); Educadora Destacada a nivel nacional del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (1993); Diploma por Actitud Destacada por más de 10 Años en la Docencia Superior (1995) y Distinción xx Aniversario del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (1996).18

Pero sobre todo, lo que da verdaderamente la medida de su legado intelectual es su obra bibliográfica, principalmente de las publicaciones periódicas médicas cubanas. Desde la primera, el Repertorio Médico Habanero (1840-1843), las conoció y estudió todas tanto del siglo XIX como del XX, para llegar a indizar las de más larga duración: Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1864-1958); Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana (1875-1940); Revista de Medicina y Cirugía de La Habana (1896-1951); Boletín de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia y del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social (1909-1958) y Boletín de la Sociedad Cubana de Pediatría y de la Revista Cubana de Pediatría (1929-1978) y el resto de las principales.

Nunca nos lamentaremos bastante de que no pudiera terminar tan importante obra, aunque su nombre queda igualmente en la cultura médica cubana como uno de sus más destacados bibliógrafos y nunca dejaremos de sentir su inesperado fallecimiento, cuando tanto se podía esperar todavía de su talento, cultura y ejemplo de firmeza patriótica, tesón en el trabajo y lealtad como compañera.

Referencias bibliográficas

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* Conferencia leída en homenaje póstumo a la doctora Elena López Serrano. ENSAP. La Habana, diciembre 22 del 2000.

 

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