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Cuaderno de historia de la salud pública


Dr. Jorge Le Roy y Cassá

Dr. Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931)


92


Ciudad de La Habana
2002

Publicación de la Oficina del Historiador del MINSAP

Edición: Lic. Lázara Cruz Valdés
Diseño de cubierta: Lic. José Manuel Oubiña González
Diseño interior: Luciano O. Sánchez Núñez y Edda Martínez Aparicio

ã Dr. Gregorio Delgado García, 2002


ã Sobre la presente edición:
     Editorial Ciencias Médicas
     Ministerio de Salud Pública, 2002

Dr. Gregorio Delgado García
Facultad de Salud Pública
Calzada del Cerro No. 2003, esquina a Santa Teresa, Cerro,
Ciudad de La Habana, Cuba


Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas
Editorial Ciencias Médicas
Calle I esquina a Línea, El Vedado,
Ciudad de La Habana, 10400, Cuba.

Fig. 1. Dr. Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931).

Prólogo

Una de las personalidades más importantes de la medicina cubana de los últimos años del siglo XIX y primer tercio del siglo XX lo es sin lugar a dudas el doctor Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931).

De apellidos que son símbolos del más genuino patriotismo en nuestra historia, a menos de un mes de comenzada la guerra independentista iniciada en Yara el 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, su padre, el médico Eduardo Agramonte y Piña se incorpora a ella con su primo Ignacio Agramonte y Loynaz.

Unos meses más tarde se le une en los campos de la insurrección, su esposa, Matilde Simoni Argilagos, la que lleva consigo al hijo de ambos, Arístides, que tiene menos de un año de nacido. Con ellos estarán su hermana Amalia, abnegada esposa de Ignacio; su padre, el médico José Ramón Simoni y Ricard y dos tíos maternos médicos, Francisco y Rafael Argilagos y Guimferrer, este último héroe y mártir de dicha contienda.

Después de la muerte de su padre, la que ocurrió heroicamente en el combate de San José del Chorrillo el 8 de marzo de 1872 cuando ostentaba el grado de General de Brigada del Ejército Libertador, la familia cae prisionera y lograda su libertad, se trasladan Matilde y Arístides a la ciudad de Mérida, Yucatán, Estados Unidos Mexicanos, donde viven hasta 1880 y el niño cursa la enseñanza primaria en el colegio “El Afán”.

Trasladados a la ciudad de New York, Estados Unidos de Norteamérica, se gradúa Arístides de Bachiller en Artes en 1886 y su madre contrae segundas nupcias con el médico Joaquín Castillo Duany, después General de Brigada y Jefe de la Sanidad Militar del Ejército Libertador en la guerra independentista de 1895 a 1898.

En la afamada Universidad de Columbia en New York, se gradúa Arístides Agramonte de doctor en Medicina en junio de 1892, con merecidos honores como el premio Harsen. De estos triunfos escribiría José Martí en el periódico “Patria” el día 11 de ese mes y año: “El nombre de los padres es una obligación para los hijos, y no tiene derecho al respeto que va por todas partes con la sombra del padre glorioso, el hijo que no continúa sus virtudes. De dos cubanos jóvenes de la inmigración no podrá decirse nunca esto, ni de Arístides Agramonte, hijo de aquel fuerte y seductor Eduardo que está aún como vivo en nuestros corazones, ni de Ventura Fuentes[....] En el aula extranjera sostuvieron los dos el renombre del estudiante de Cuba: en el mármol extranjero aprendieron los dos a remendar los brazos rotos, a reanimar los pechos desmayados, a curar las heridas. Cuando, con justas lágrimas de orgullo, veían desde sus palcos los padres virtuosos el premio al talento y la constancia de sus hijos; cuando seguían al arrogante Arístides los ojos enamorados de su madre, la señora Matilde Simoni de Castillo [....]”( Martí J. Obras Completas. La Habana. Ed. Nacional de Cuba, 1963; 5: 373-374).

En los hospitales de la propia ciudad de New York, como médico interno y de visita por ejercicios de oposición (1892-1898), completa su formación clínica y logra una sólida base como patólogo y bacteriólogo. Enviado por José Martí cumple una misión secreta revolucionaria en La Habana en 1893.

Médico agregado al ejército de los Estados Unidos para tomar parte en la guerra hispano- cubano-americana llega a Cuba en abril de 1898 y terminada la contienda es nombrado en 1899 encargado del Laboratorio de Anatomía Patológica y Bacteriología de la División de Cuba establecido en el Hospital Número Uno de La Habana, hasta hacía poco Hospital Militar “Alfonso XIII” y en la actualidad nuestro querido Hospital Clinicoquirúrgico Docente “General Calixto García”. En esta institución va a ocupar por muchos años el cargo de médico de visita en su Servicio (caseta de madera) de Enfermedades Tropicales.

Incorporado a la IV Comisión del Ejército Americano para el estudio de la fiebre amarilla en junio de 1900, su labor realizada en ella si bien le ha ganado un puesto en la historia de la infectología mundial y que fuera propuesto, en unión del doctor Carlos J. Finlay Barrés, para el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, su posterior defensa de los trabajos de esa Comisión, que pretendió usurpar la paternidad del sabio cubano como único autor del descubrimiento del mecanismo de transmisión de la fiebre amarilla a través de la picada del mosquito Stegomyia fasciata, hoy clasificado como Aedes aegypti, y de las medidas para su prevención, le ganaron la antipatía de los médicos cubanos y la censura de los historiadores médicos de nuestro país.

A pesar del prometedor futuro que le deparaba la medicina norteamericana su indiscutible patriotismo lo llevó a quedarse en Cuba, donde desarrolló el resto de su labor científica. En la Universidad de La Habana obtuvo en ejercicios de reválida su título de licenciado en enero 25 de 1900 y el de doctor en Medicina el 30 de julio del propio año, en estos últimos presentó su tesis “La parasitología del paludismo en el hombre”.

En la Facultad de Medicina de la propia universidad habanera ocupó los cargos de profesor auxiliar y titular, por ejercicios de oposición, de la cátedra de Bacteriología y Patología Experimental y desempeñó su Decanato en 1927. En la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana resultó electo académico de número en mayo de 1911, sección de medicina, sillón No.1; en abril de 1924 pasó a la sección de ciencias, sillón No.26 y en julio de 1931 correspondiente en el extranjero. Fue presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana.

Coronó su brillante carrera de salubrista en Cuba con el cargo de Secretario de Sanidad y Beneficencia pero en momentos tan críticos de nuestra historia política, cuando las presiones injerencistas del Enviado Especial del Gobierno de los Estados Unidos, el tristemente célebre general de brigada y jurista Enoch H. Crowder, forzaron la cesantía en el cargo del eminente científico y patriota doctor Juan Guiteras Gener, que su aceptación del mismo fue recibida como una afrenta a los médicos dignos de Cuba.

Todo esto lo hemos tenido en cuenta al dedicarle a su vida y su obra el presente Cuaderno de Historia de la Salud Pública, pues pensamos que nuestras grandes figuras científicas deben ser presentadas con sus virtudes y sus errores, pero sin negarles el lugar, que por derecho propio, ocupan en nuestra historia.

Con el título “Dr. Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931)”, dividimos el Cuaderno en dos partes. En la primera colocamos el formidable elogio póstumo sobre el doctor Agramonte leído en la Sociedad Económica de Amigos del País por el doctor Jorge Le Roy y Cassá, uno de los más eminentes salubristas cubanos de su época, amigo y crítico del doctor Agramonte, con el que sostuvo importantes polémicas científicas. A continuación y del mismo autor, situamos la bibliografía activa del doctor Agramonte, la que transcribimos con la metodología empleada por su redactor. Como muestra de las polémicas sostenidas por estos científicos cubanos incluimos los siguientes trabajos: “ En honor de la verdad” por el doctor Agramonte y “ Por la verdad” del doctor Le Roy.

Uno de los colaboradores más fieles del doctor Agramonte en la cátedra de Bacteriología de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, entre 1924 y 1931, lo fue el doctor Arturo Curbelo Hernández, años después, mi maestro y orientador en el estudio especializado de las materias de su cátedra, quien siempre me habló con profundo respeto y admiración de su profesor y amigo. De él incluimos una síntesis biográfica del doctor Agramonte y la reseña que escribió en la Revista Cubana de Laboratorio Clínico cuando en 1953 se colocó una tarja de bronce, en homenaje al citado profesor, en la cátedra de Bacteriología. Es de señalar que el local que ocupaba esta cátedra en el tercer piso, ala derecha, del antiguo Edificio “Dr. Ángel A. Aballí” de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, actualmente sede de la Facultad de Biología, también llevaba el nombre del doctor Agramonte desde su inauguración en 1940 y lo mismo de 1927 a 1935 el hospital militar de La Habana.

Un artículo mío en que recojo las opiniones, no siempre favorables, de tres de sus discípulos sobre el doctor Agramonte, en diferentes épocas de su larga labor docente de tres décadas, completa la primera parte del Cuaderno.

La segunda con el título “Trabajos del Dr. Arístides Agramonte y Simoni” la integran: “Observaciones acerca de un supuesto parásito de la fiebre amarilla”, “Carta al Dr. Carlos J. Finlay”, “Sobre los casos ‘esporádicos’ de fiebre amarilla” , “Fiebres eruptivas” , “Profilaxis de la tuberculosis en Cuba” y sus ensayos académicos: “Elogio póstumo del doctor Ignacio Calvo” con el que ingresó como miembro de número en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y “Discurso de contestación al de ingreso en la Academia de Ciencias del doctor Alfredo Domínguez Roldán”. Se cierra el Cuaderno con “Discurso de contestación al de ingreso en la Academia de Ciencias del doctor Arístides Agramonte” por el doctor Federico Grande Rossi, su colaborador en la cátedra universitaria de 1900 a 1910 y uno de los médicos más cultos que ha producido Cuba.

La importancia de los trabajos del doctor Jorge Le Roy y Cassá, incluidos en el Cuaderno, para valorar correctamente la vida y obra del doctor Agramonte, le da derecho para ostentar su autoría.

Dr. Gregorio Delgado García.
Director de Cuadernos de Historia de la Salud Pública.
La Habana, julio 22 del 2002.


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