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Diario de la Columna Invasora
"Antonio Maceo"*

por el
Dr. Sergio del Valle Jiménez **

Septiembre 20. Había luna, salimos temprano, a los 2 Km. comimos. Después caminamos hasta las 4:50 a.m. (20-sábado) pasando el Cimarrón y llegando hasta un pequeño monte de la finca La Trinidad a unos 3 kilómetros del río La Yegua.

En el trayecto se cruzó el camino que va a Vertientes, pasamos cerca de la línea de ferrocarril que va del Central Agramonte al Puerto de Santa María con sus tres cañoneros.
Los casquitos tenían emboscadas según los campesinos en:

Del cuartel del Central Agramonte al Puerto de Santa María hay unas 4 ó 5 leguas.

Se presentan dos campesinos que espontáneamente se brindan como prácticos (?) 12 p.m. Se ingresa al señor Antonio Fonseca, del Batey Trinidad, el cual, conociendo las posiciones enemigas, se brinda a pasarnos entre ellas (?).

Se cocinaba cerca del campamento. Teníamos temor de ser sorprendidos por los guardias pues se decía que estaban muy cerca.

6 p.m. Palabras de Camilo a la Tropa:

"Estamos pasando por una situación crítica, nos quedan largas jornadas muy peligrosas, donde posiblemente tengamos que abandonar los pocos caballos que tenemos, pues hay más de 1,000 soldados alrededor nuestro.

"Sé de la imposibilidad física de algunos de ustedes para caminar y sé que el peligro se acentúa cuando crucemos el río Las Yeguas.

"Por tanto, se le brinda una oportunidad a todos los enfermos y agotados de quedarse aquí, sitio relativamente seguro, donde tengo prácticos que se ocuparán de ustedes hasta que se repongan. Después, podrán reincorporarse. No hay deshonor en quedarse; al contrario, es una medida de seguridad para ustedes y nos brinda a nosotros una mayor movilidad, etc."

Sólo 3 aceptaron: Borrel, Benigno y Mayedo.

Comimos macho frito y arroz blanco y nos llevamos carne frita de vaca para el otro día.

7:30 p.m. Estábamos en marcha, cruzamos el río Las Yeguas y lo volvimos a cruzar inmediatamente por equivocación de los prácticos, atravesamos el cañaveral de la finca La Trinidad y el río, pasamos la línea del ferrocarril que va de la Playa Santa María al Central Agramonte. Todavía no se había pasado la línea cuando a uno de los escopeteros desgaritados del "Che" se le escapa un tiro de la San Cristóbal. Sabíamos que los soldados nos tenían preparada una "Trocha" de la Playa Santa María al Central Agramonte, pasando una ronda (carro-tren) cada 10 minutos.

A las 11:30 la ronda se demoró algo más de 30 minutos, tiempo que aprovechamos para pasar.

Después nos extraviamos, el práctico quería dirigirse hacia la costa (unas 5 leguas). Por fin a las 4 a.m. acampamos en un guanal que no ofrecía ninguna garantía.

El práctico que se nos unió ese mismo día, Antonio Fonseca, se había ido. Estaba peligrosa la situación.

Hace un mes que salimos de la Providencia (Oriente)

9 a.m. Estamos incómodos, impacientes, con la sensación inminente de combate, aquel guanal, donde apenas había uno que otro árbol y con el antecedente del guía escapado, el ruido de los motores cerca, los carros-trenes patrullando la línea, la avioneta dando vueltas por encima de nosotros, nos mantenía en tensión; se redoblaron las postas, se pusieron vigías en las copas de los árboles, se exploró el camino varias veces. Teníamos hambre y sed, y sabíamos que nuestra situación era debida a la falta de prácticos.

Después de las 3 p.m. el Comandante ordenó al Tte. Delfín que se pusiera ropa de civil, y acompañado del guía más joven, tratara de ver a un señor que vivía cerca y del cual tenía referencias de que podía sernos útil.

Antes de oscurecer apareció el señor Nelson Almanza, nos aclaró que estábamos en la finca Enceiba, de la Cía. Vertientes, a 2 kilómetros de Casa Vieja, lugar peligroso cerca de un terraplén y de la línea del ferrocarril, con 300 guardias a 2 kilómetros de la misma finca donde estábamos. Prometió sacarnos unas 5 leguas adelante a través de travesías; además nos dijo que podía resolver el problema de comer algo, también nos comunicó que a media hora de donde estábamos hay un monte cómodo y seguro.

Salimos del guanal al oscurecer con luna, llegamos a una casa donde nos dieron café con leche, queso, galletas y se consiguió alguna mercancía.

Con gran entusiasmo se emprendió de nuevo la marcha. Camino bueno. Inconvenientes: Se extraviaron cuatro compañeros, casi todos Oficiales.1

Apenas habíamos caminado dos leguas cuando acampamos (4 a.m.).

22 de septiembre. En la finca San Nicolás, pues el tiempo, ya no alcanzaba para pasar el terraplén oscuro. Se habló con el señor de la finca para cocinar en cuanto amaneciera.

Lunes 22:

Pasamos el día muy bien, con buena alimentación y descanso. Al mediodía se sintieron ruidos de carros y disparos en la línea. Nos imaginamos que se trataba de traslado de tropas del Ejército mercenario. Después llovió.

Fig. 7. Cmdte. Dr. Sergio del Valle Jiménez.

Después de comer (tercera vez en 17 días) pasamos el terraplén que va de la Playa Santa María a Florida, constantemente patrullando. Tratamos de no dejar rastro. A las 4: 20 acampamos en un cayo de monte, rodeados de pantanos con una plaga infernal. Se avanzó 2 y media leguas.

Martes 23:

En la mañana Nelson el práctico fue a explorar y habló con dos individuos que nos servirían de prácticos en 10 ó 12 kilómetros.

El primer tramo a través de pantanos, marabú y manglares, se comenzó a las 4:30 de la tarde. Después, esperamos un rato hasta que cayeron las tinieblas para continuar la segunda jornada, donde alternaron los caminos buenos con los pantanos.

A las 8:30 llegamos cerca de un terraplén hasta donde los prácticos conocían.

Dicho terraplén comunica las arroceras de los Aguilera y es patrullado. Se decidió seguir caminando, pero a través de los potreros y bordeando el terraplén.

Miércoles 24:
Nos llamaron muy temprano, pues el monte era claro y los aviones estaban molestando.

Se ordenó a Senén que acompañado de uno de los prácticos tratase de explorar y conseguir algún campesino que nos orientase como práctico.

Al mediodía 3 aviones ametrallaban y bombardeaban todo el monte de la costa a varios kilómetros de nosotros. Nos preocupaba Senén.

Al oscurecer partimos; Senén no había llegado. Teníamos la esperanza de que estuviera perdido. Pero Senén no es de los que se pierden; seguro que lo han sorprendido los guardias.

Era una rara coincidencia, Senén perdido, y la jornada fue dura, hasta los caballos se quedaron en el fango (tembladeras).

A las 4 a.m. (25 de septiembre) acampamos en un cayo de monte rodeados de sabanas de palma cana y guano, con mucha plaga, desorientados, sin agua, sin comida y sin prácticos. La zona que acabamos de atravesar, según el práctico, está llena de cocodrilos.

Aviación bombardeando por primera vez aquella zona. Se caminó algo, perdimos el rumbo, fuimos varias veces a parar a la costa. Se exploraba buscando alguna casa habitada para buscar orientación. Acampamos a eso de las 4 a.m. (25 de septiembre) en un cayo de monte rodeados de potreros. Se dejó cerca en un terraplén al Tte. Delfín con 4 números, su misión era ver si veía algún transeúnte para detenerlo, indagar nuestra situación y que nos sirva de práctico.

9 a.m. Desesperados por el hambre, Camilo ordena preparar la yegua de Nené. Se prepara la candela, se mata la yegua y se reparte en raciones por Pelotón. No se puede asar por culpa de los aviones y de unos tiros que se sintieron cerca.

Después de las 3 p.m. aparece Delfín acompañado de dos empleados de la arrocera de los Aguilera, y más atrás, los guardias. Se tomaron las medidas oportunas, recoger, preparar armas, postas, emboscadas, exploración del terreno, etc.

Dice Delfín que en la turbina de la arrocera encontró a tres trabajadores, que les preguntó si había guardias cerca y les comunicó que estaban perdidos y que necesitaba un individuo que los sacara hasta un lugar seguro.

Quedaron en que uno de ellos (Edilio Sanabria, negro grande con cara de luna) fuera al Batey para hablar con un señor que conocía bien la zona. Al cabo de las dos horas de espera aparecieron los guardias, teniendo Delfín que regresar apresuradamente al campamento con los otros dos individuos. Parece que el tal Sanabria dio el chivatazo.

Los guardias rodearon un monte a unos 2 kilómetros de nuestro campamento, lo tirotearon, ametrallaron, morterearon, haciendo gran alarde de valentía, y gritaban: "¡Ríndanse que están rodeados!" La aviación seguía dando vueltas.

A las 7:10 p.m. partimos; los dos empleados de la arrocera nos servirían de guías.

Atravesamos la arrocera y los montes de Cayo Toro, que pertenece a la Cía. Baraguá de Ciego de Ávila. Al poco rato llegamos a unas chozas de carboneros; no estaban, pero aprovechamos para asar la carne de yegua. Todavía sentíamos el traqueteo de la 30 de los soldados.

Partimos a las 12:30 a.m. (26 de septiembre), llegamos a la finca-vivienda de los carboneros: Nieves Rodríguez, Raúl Núñez y José Chamorro.

Con ellos acampamos en la Finca Santana.

Viernes 26 (10 a.m.)

Almorzamos y desayunamos algunos pedazos de carne de yegua asada.

A las 4 p.m. avanzamos hasta la casa del mayoral, donde la vanguardia está preparando la comida:

Cordero, arroz blanco, plátano verde sancochado.

Después se trató el problema de conseguir un hombre dispuesto y conocedor de la zona que nos adelantara un poco.

Nos llevaron a casa de un viejo: Fernando, de Oro de Baraguá, que nos serviría de práctico hasta el puente sobre el río Lituabo.

Partimos, cruzamos la línea que va de la Playa a Baraguá y acampamos en la finca Asiento de Baraguá, propiedad del señor Eladio Otero -más de 100 caballerías. Para seguir adelante teníamos que cruzar un puente sobre el río Lituabo, a cuyos lados sólo hay pantanos y tembladeras. O sea que el puente es el paso obligado.

El día 27 de septiembre nos encontrábamos acampados en el pequeño guanal, a la orilla de un camino vecinal. Nuestros hombres exploradores se llegaron a una casa de la cual ya teníamos referencia y allí tuvimos noticias de que el mayoral de la finca era chivato - el nombre de esta finca es "Asiento de Baraguá". Sobre las tres de la tarde una de nuestras postas cogió prisioneros a tres señores vestidos de campesinos, luego después de interrogarles supimos que dos de ellos eran miembros del Ejército del Tirano y el otro el chivato del cual ya teníamos noticias. El cabo Trujillo, uno de los prisioneros, nos dijo que era bastante difícil cruzar la zona pero que él era bastante práctico. En esta finca asamos dos vacas, lo cual constituyó nuestra comida.

Por la tarde procedimos a amarrar al cabo Juan Trujillo Medina y darle las instrucciones precisas y las consecuencias que sufriría si caíamos en una emboscada enemiga; esa noche, según el cabo Trujillo, que era inspector de las emboscadas, nos dijo que el enemigo tenía 29 kilómetros en línea recta ocupados por emboscadas y por otros lugares, que habían empleado para esa noche un total de 7 batallones de infantería, siendo de 400 soldados cada batallón. A las siete de la noche salimos de este lugar, atravesamos varias fincas y al pasar por el Central Baraguá le pasamos a unos diez cordeles a una emboscada enemiga; en la Colonia Guanales oímos la Radio Rebelde. Al atravesar la colonia San Francisco cogimos a un señor llamado Jorge Pérez, el cual se encontraba parado en el camino por donde nosotros íbamos. Pasamos por la Colonia Santa Teresa, también burlándonos del enemigo al pasarle a menos de diez cordeles de distancia. Atravesamos la línea de los Ferrocarriles Occidentales de Cuba, y acampamos en un cañaveral.

Domingo 28 (7 a.m.)

El cabo nos dijo que estábamos frente a la finca de los Dumenigo. Camilo me autorizó para ir a Ciego de Ávila, tratar de hacer contacto con el Movimiento y conseguir mercancías. Me afeité, me puse la ropa del guardia y paré en la Carretera Central un Ómnibus Especial.

Fui a casa de los Dumenigo y les planteé el problema. Se consiguieron las mercancías y pude hablar con el Coordinador de Ciego, explicándole nuestras necesidades. Quedaron en conseguirnos prácticos y camiones y algunas medicinas.

Pero tenían que hablar con Camilo; los cité para después de las 7 p.m. en la finca de los Dumenigo.

Mientras mis compañeros se asaban en el cañaveral a las 2 p.m. sin alimentos y sin agua, yo estaba almorzando en "Los Leones", con aire acondicionado y frente al Capitán de la Policía.

A las 8 p.m. se pasó la Carretera Central con bastante facilidad a pesar del excesivo tránsito. Inmediatamente se repartió la mercancía y se quedó con el señor Florido, encargado de conseguir una rastra, prácticos y algunos artículos de necesidad para la tropa.

Dormimos temprano en el monte con la esperanza de que todo había cambiado.

¿Mañana el viaje sería en rastra?

Lunes 29 (6 a.m.)

Dormimos bien en el monte de los Dumenigo, nos levantamos contentos y agradecidos de poder seguir esta lucha contra el Tirano. Todo había cambiado; estábamos en un lugar relativamente seguro (1 kilómetro de la Carretera Central), se estaba preparando comida, y se había tratado con la Dirección del Movimiento de Ciego de Ávila para seguir el resto del viaje en carros.

El mayoral de la finca nos trajo la noticia de que 3 camiones de guardias habían pasado por la Carretera Central rumbo a Baraguá y que, además, el tránsito por carretera a Baraguá, estaba suspendido.

¿Creerán que estamos allá? O… ¿Estará el" Che"?

Aviones sobre nosotros todo el día. Al oscurecer una tempestad de agua y truenos.

9 a.m. Ninguna noticia sobre los camiones.
10 p.m. Nos enteramos por Dumenigo que la Dirección (el señor Coordinador doctor Florido y el señor Arbelio) no había conseguido nada y que no podían trasladarse a la finca porque estaba lloviendo. Una patrulla al mando del Comandante Camilo se dirigió al "Batey Quesada", se consiguieron dos camiones con sus choferes, se recogió el resto de la gente en el camino de La Habana. Dueños de los camiones:

Ramiro Ortiz, Enriqueta Quesada; choferes: Raúl Hernández Rodríguez, Agustín Rivero.

30 de septiembre. Los carros se atascaron en la entrada de la colonia Jacinta de los centrales Baraguá y Pina, a las 6 a.m.

Se sacaron los carros con un tractor y se escondieron, se tomaron todas las casas del pueblo, el teléfono, se detuvieron a todas las personas que llegaban y nos instalamos en la Escuela Pública No. 12.

En la tienda compramos todos los víveres y comestibles, estábamos por la libre. Se gastaron más de 400 pesos.

Los habitantes de la colonia nos dispensaron la mejor acogida que recuerdo desde que estamos en el llano y pasamos un día verdaderamente feliz.

El capitán Pinares, hoy comandante, hizo de maestro, ganándose la simpatía de todos los niños, comprando refrescos; se les hizo almuerzo y se les regaló un peso a cada uno. Ofrenda floral a Martí. Cantaron el Himno Nacional, gritaron a toda voz "Viva Cuba Libre" y quedaron con el comandante que al otro día iban a pedirle a la maestra que les hablara de Martí, por qué luchó, por qué murió.

A todos los detenidos trabajadores de la colonia se les pagó un día de haber. Comimos y nos despedimos del pueblo alegre y simpático que supo brindarnos el bienestar que necesitamos. Se sueltan los presos excepto los guardias y el montero y se les dio dinero para el pasaje, ropa, etc.

Se cogieron tres individuos de Ciego y uno de Santa Clara: Pedro Nodal Loyola, Mario Lima Olazábal, Alberto Valle Ríos y Prudencio Nodarse.

Le pasé un telegrama a Toña.

Ingresados: Pedro Nodal Loyola, 30 de septiembre.

Mario Lima Olazábal, 30 de septiembre. (Trabaja Rosales).

Alberto Valle Ríos, 30 de septiembre. (Algo de minas) Santa Clara (traidor).

8 p.m. Los tractores pusieron los camiones en el terraplén que sale a la carretera de Morón. Transitamos por ella durante algunos minutos, la dejamos por un desecho que resultó pésimo, al pasar la Trocha de Júcaro a Morón, algunos kilómetros más al norte de donde la pasó Maceo se sintió un tiro. Se habían dejado los camiones y el cruce fue a pie, se cortaron los hilos telefónicos y se exploró una casa que había allí sin encontrar nada. Se continuó el camino a pie.

En la carretera de Ceballos ocurrió un accidente, se le fue un tiro a la posta al montar el Garand y darle el alto a un campesino. Al cruzar el acueducto de la ciudad de Ciego de Ávila paramos para ver si podíamos conseguir gasolina y resultó que en este lugar se hallaba un apostadero de 4 soldados de las tropas enemigas. Uno de apellido Montejo disparó contra uno de nuestros compañeros y éste le dio muerte; uno de ellos llamado José Ruiz se dio por prisionero y uno llamado Leandro Castellanos se dio a la fuga. Antes de retirarnos le dimos fuego al acueducto y continuamos nuestra marcha por donde íbamos. Poco después algunos carros se quedaron sin combustible y los otros se atascaron y tuvimos que abandonarlos. Pocos minutos después de abandonar los carros nos encontramos con un señor llamado Ramón Hernández y González, el que nos pensaba trasladar hasta un monte cercano a su casa. Por motivo de esto se enviaron al Tte. Delfín Moreno y el soldado Germán Barrero para que nos esperaran en la casa del señor Hernández. Por motivo de cogernos el día atravesando un cañaveral nos quedamos en ésta.

Miércoles 1° de octubre

A las 12 p.m. recogemos, pues habían pasado unos 30 guardias a pocos cordeles de nosotros. Al poco rato se sintieron camiones, en total, 6, repletos de guardias.

Camilo ordenó hacer un cordón a lo largo de toda la caña con trincheras de piedras y allí estuvimos mirando a los guardias durante toda la tarde. Se sintieron tiros detrás del monte que teníamos al frente. Por fin los camiones se ubicaron, pero vinieron llenos y algunos iban casi vacíos. Seguro que tenían emboscadas preparadas.

7 p.m. Sin comer ni tomar agua, emprendemos la marcha. Al llegar a la casa del práctico, nos enteramos por la hija del viejo que el Tte. Delfín Moreno había sido sorprendido por los guardias, que "el abuelo" había podido escapar pero que todos los papeles - el diario de Camilo durante los meses que con anterioridad había estado en el llano- habían caído en poder del ejército.¡ Qué penosa la muerte del hermano Delfín y qué grave problema los papeles en manos del ejército!

Continuamos la marcha, poco antes de llegar a la tienda.

En contra de la voluntad del práctico se desechó ese camino, acampando a las 4 a.m. (2 de oct. 58) en un monte pequeño, rodeados de caña y según el práctico a más de unas leguas de Marroquí.

Jueves 2

Se sintieron algunos tiros un poco lejos de nuestro campamento, que nos puso en actividad. Al mediodía la posta detuvo a un campesino que vivía a pocos metros del campamento y el cual nos comunicó que los guardias habían dormido en Marroquí, que un grupo se había quedado emboscado en el camino de la tienda que habíamos desechado y que estábamos en los campos de Marroquí a una legua del Batey.
Nos consiguió un práctico familiar de él y un pedazo de queso y azúcar que fue nuestro desayuno, almuerzo y comida.

8 p.m. Caminamos hasta las 2 a.m. (3 de octubre 58) donde descansamos mientras en una tienda se conseguían mercancías.
Estaba lloviendo. A las 3:30 a.m. partimos de nuevo con algunos prácticos que se brindaron a buscarnos un lugar donde acampar.
A las 4 a.m. acampamos en la finca Santa María, barrio de Managua, T.M.C.A. en un pequeño monte.

Viernes 3

Por la mañana se repartió la mercancía, se hicieron los preparativos para cocinar en una casa cerca. El monte donde estábamos no ofrecía mucha seguridad, pues estaba rodeado de 4 caminos, dos de ellos transitables, por vehículos pesados. Además, la noticia de que estábamos por allí, había volado como la paloma. Un campesino nos dijo que el maestro de una escuela cercana había mandado a todos sus discípulos para las casas, pues los rebeldes estaban cerca.

Teníamos también a 3 leguas el cuartel de Majagua y poco más lejos el de Ciego de Ávila y el de Jatibonico.

3 p.m. Nos trajeron la noticia de que cinco camiones con guardias habían pasado rumbo a Marroquí.

Hacía dos días que no comíamos nada caliente; el arroz con frijoles y la yuca nos supo a gloria.

Se engrosa a los hermanos Diosdado y José González Salas, de 17 y 24 años, naturales de Majagua.

Emprendimos la marcha alrededor de las 7 de la noche, a través de fincas y potreros; atravesamos el terraplén que va de Campajuelle a San Felipe; a las 11 p.m. se detuvo la marcha para conseguir mercancías en una tienda.

Octubre 4

Continuamos a la 1:30 a.m. (octubre 4). Sin darnos cuenta estábamos en el firme de una cordillera.

A la izquierda teníamos una vista preciosa del pueblo de Florencia.

A las 2 a.m. acampamos en un monte de las lomas de Marroquí, (lomas del americano) finca americana.

Caminamos unas 2 leguas. Estábamos en Morón, T.M.

Los guardias parece que nos esperan en el pueblo de Marroquí, pues han hecho trincheras y están muy preparados.

Noticias: 5 individuos fueron muertos por los soldados cuando se iban a unir a nuestras fuerzas. (?)

Chocaron los guardias entre sí en Marroquí, habiendo varias bajas (?)

El día 5 de octubre. Nos encontrábamos acampados en "Los Hoyos de los Indios" -en este lugar nos azotó otro ciclón. En este lugar los vecinos, aunque pobres, hicieron todo lo posible porque nosotros quedáramos satisfechos en todo. Por la noche pensábamos ponernos en marcha, pero el ciclón estaba tan fuerte que era casi imposible caminar, algunos hombres se caían por la fuerza que poseía el viento.

El día 6 lo pasamos en ese lugar de igual forma y por la noche salimos en marcha; al llegar al río Jatibonico, éste se encontraba crecido y tuvimos que cruzar una soga de un lado al otro para que los hombres pudieran pasar. Después de las 12 de la noche, más o menos, ya habíamos cruzado la línea divisoria entre las provincias de Camagüey y Las Villas. Caminamos algunos kilómetros y llegamos a un lugar conocido por "Las Llanadas"; éste fue el primer campamento de nosotros en la provincia de Las Villas. En este lugar todo fue espléndido e hicimos contacto con los escopeteros que operaban en esta zona.

* DÍAS DE COMBATE. Colección Uvero. La Habana. Instituto Cubano del Libro. 1970: 275-292.
** Comandante del Ejército Rebelde.

1 Los compañeros a que se refiere en el Diario, aparecieron más tarde y se reincorporaron a la columna (N. del R.).

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