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Cuaderno de Historia 85:10-6
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Memoria del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Libertador*

por el General de Brigada Dr. Eugenio Sánchez Agramonte
 

El día después de haberse constituido el Gobierno de la Revolución, o séase el 20 de septiembre de 1895, reunidos los Dres. Santiago García Cañizares, Joaquín Castillo Duany, Fermín Valdés Domínguez y Eugenio Sánchez Agramonte, acordaron contribuir a la formación del Cuerpo de Sanidad Militar, proponiendo de Jefe al Dr. Incháustegui con el empleo de General de Brigada, por tener su antigüedad de Coronel de la Guerra de los Díez Años. La avanzada edad y la lenta enfermedad que le consumía; no permitieron a nuestro ilustre compañero realizar trabajo alguno; la muerte lo sorprendió a fines del mismo mes de septiembre del propio año.

El Dr. Joaquín Castillo Duany, nombrado por el Lugarteniente General Antonio Maceo, Coronel Jefe de Sanidad del 1er. Cuerpo, es ascendido en el paso por Camagüey del contingente invasor, en el mes de octubre del propio año, a Jefe Superior por el Consejo de Gobierno, al tener noticia oficial de la muerte del Dr. Incháustegui. Pocos días duró la Jefatura del Dr. Castillo; su presencia en el exterior se hacia necesaria a la causa y fué enviado. Sus trabajos se encaminaron a organizar el personal sanitario del contingente invasor de Oriente, con la colocación de los dos médicos que allí iban, el Dr. Sánchez Echevarría para la división de Infantería y el Dr. Hugo Roberts para la división de Caballería; ambos con personal de practicantes y repletos botiquines con instrumental quirúrgico.

Habiendo quedado vacante la Jefatura y siendo el que suscribe el más antiguo de los médicos, el General en Jefe C. Máximo Gómez lo propone al Consejo de Gobierno y es aceptado en sesión celebrada por ese alto Cuerpo, el día 4 de diciembre de 1895, en el campamento de "Ciego Potrero" (Sancti Spiritus).

Separado al día siguiente del Consejo de Gobierno, que permanece en las Villas, esta Jefatura marcha con el contingente invasor hacia Occidente, secundado con sus esfuerzos personales la labor titánica de los Generales Gómez y Maceo, y con su cooperación en la asistencia de los heridos, auxiliando al personal Sanitario subalterno, compuesto de los Dres. Hugo Roberts, Delatorre y Alberdí; de los Farmacéuticos Dres. Gonzalo Otazo y Miguel Antonio Torrens, con los ayudantes oficiales ciudadanos Aurelio Moreyra, L. Martínez, G. D. Amieba, Vivanco, Salas y Barreras, como así mismo organizando la Sanidad de los Cuerpos del ejército que se iban constituyendo a nuestro avance, para custodia de los territorios ganados al enemigo; así fueron destinado sucesivamente los Dres. Valdés Domínguez a la Jefatura de Sanidad del 1er. Cuerpo, en unión de los Dres. Veranes y Mascaró; para el 2do. Cuerpo el Dr. Ferrer de Jefe de Sanidad; el Dr. Molinet para Jefe de la Sanidad del 3er. Cuerpo; para el 4to. Cuerpo, de Jefe el Dr. Gispert, con sus compañeros Robainas y Soler, y para el 5to. Cuerpo al Dr. Hugo Roberts, destinando a su primera división (Matanzas) al Dr. Alfonso, con sus compañeros Dres. Saenz y Llanes. Habiéndose asistido en esta portentosa y heroica marcha, la exigua cantidad de 346 heridos, desde el 3 de diciembre, en Iguará, hasta el 27 de enero en el central "Lucía" (Guanajay).

Estando el 28 de enero de 1897 todo el país en revolución y necesitándose consolidar la organización en virtud de haber correspondido al movimiento de avance numeroso personal facultativo, se traslada al 1er. Cuerpo (Santiago de Cuba) para desde allí comenzar la obra de unificación, no sin antes destinar a médico del Cuartel del General en Jefe, al Dr. Gustavo Pérez Abreu, que se había incorporado el día 4 de enero en el poblado de Melena del Sur.

Ya en ese 1er. Cuerpo y en las cercanías del destacamento español de "Las Ventas de Casanova" encuentra este centro al Consejo de Gobierno a quien le manifiesta el objeto que le dirige allí y recibe de esta superioridad la orden, en virtud de deficiencia de la antigua, de que hiciese un proyecto de Ley Orgánica de Sanidad Militar, que reuniendo todo aquel elemento científico relacionado con la Sanidad, como médicos, farmacéuticos, dentistas, estudiantes y aficionados, resultase un aprovechamiento de conocimientos necesarios para la utilidad del esfuerzo que se proponía hacer al reconstituir el Cuerpo de Sanidad Militar. Presentada la Ley, fué promulgada en sesión celebrada el día 31 de marzo de 1896. Si este acuerdo fué arbitrario, como lo demuestra el haber sido suspendida 4 meses más tarde, sin promulgación de otra, cúlpese la arbitrariedad a la necesidad del momento, no a nosotros que llenamos un fin.

Acordada la forma en que debían ajustarse los trabajos, conforme a la división de nuestro Ejército, a sus necesidades, a nuestra topografía y al elemento de que contábamos, se procedió a su planteamiento, comenzando por la colocación del personal, teniendo en cuenta antes que la antigüedad, las influencias vecinales y conocimientos prácticos del terreno de cada facultativo, por ser de más provecho para la causa las comunicaciones que éstos pudieran obtener de los poblados enemigos, con beneficio de pertrechos de guerra y material sanitario, que la utilidad del Escalafón; siguiose luego al establecimiento de farmacias y hospitales. Por tal concepto recorrimos por segunda vez todas las provincias de Santiago de Cuba, Camagüey, Las Villas, Matanzas, y Habana destinando el personal en la forma que señala el Escalafón número 2; a la par que se formaba el Escalafón General del Cuerpo, para que, una vez constituido, tuviese el valor que determina la Ley, que es lo único justo y racional en todo cuerpo facultativo. La plantilla menor del Cuerpo la han formado los estudiantes de medicina y farmacia que tuvieren aprobadas las asignaturas de Terapéutica y Patología general en la primera facultad, y de química orgánica e inorgánica en la segunda, con el título de ayudantes de sanidad: los practicantes de primera y segunda clase serían formados de los estudiantes de los primeros cursos de las facultades antes dichas y de los aficionados. Su reglamentación, instrucción, escalafón y colocación, han estado a cargo de los Jefes de Sanidad de los cuerpos respectivos.

Comprobada la utilidad de establecer farmacias, no por la abundancia de material que desgraciadamente siempre ha sido escaso, y sí para la facilidad de reposición en los botiquines, como para la elaboración de productos de la botánica criolla, se fundaron varias, según las condiciones y necesidades de cada zona; así tenemos farmacias en Jiguaní, Holguín, Tunas, dos en Camagüey, Remedios, Sancti Spiritus, Santa Clara, Cienfuegos, dos en Matanzas y una en La Habana. La preparación de los extractos acuosos de corteza de Aguedita y Cedro por el Dr. en Farmacia C. Menéndez, en Camagüey, y C. Rodríguez Feo, en Cienfuegos, como tónico amargo en la convalecencia de nuestros heridos, han dado resultados superiores; no así los obtenidos en los ensayos de Guajaca, Filandsia usneoides, propuesta a estudio por el Dr. Molinet, y la lana de la flor de ceiba, Eriodemron amfractuosun por el que suscribe, en sustitución ambas de ciertas sustancias absorbentes conocidas.

También se preparan satisfactoriamente purgantes gástricos con el manzanillo y guaguasí Letia apetala.

Ha motivado estos experimentos, además del estudio, la necesidad de medicamentos con que atender a la gran demanda de nuestro ejército y de las enfermedades sobrevenidas en la inmensa emigración de familias, pues basta fijarse que en el lapso de tiempo que llevamos de lucha, sólo dos expediciones de las 5 desembarcadas en el extenso territorio comprendido entre las dos líneas militares de Júcaro a Morón y de Mariel a Majana, se han podido aprovechar algunas medicinas, la del C. Miguel Betancourt en el río San Juan, salvándose 4 botiquines del modelo argentino, enviados por el Club Profesional Oscar Primelles, y la del Coronel Trujillo en Varadero (Cárdenas) en que cada expedicionario portaba una cajita de latón conteniendo una cura antiséptica, medida digna de alabanza, pero que no resulta de gran provecho, como trataremos de demostrar más adelante acerca de este particular. Ya con anterioridad, y previendo esta escasez, se habían remitido comunicaciones y cartas a nuestro Agente Plenipotenciario en el exterior C. Tomás Estrada Palma, al C. Subdelegado de la Junta Revolucionaria en New York Dr. Castillo Duany, y a cuantos cubanos creímos de influencia escribimos para que nos llegaran recursos. Tanto de ese elemento oficial como del particular, residente en el exterior, fundando clubes bajo los gloriosos nombres de "Oscar Primelles" y "Federico Delatorre" y club profesional "27 de Noviembre", como de las ciudades enemigas agrupándose señoras y compatriotas, han contribuido para el abastecimiento de este Cuerpo; pero circunstancias imprevistas a veces u otras de índoles diversas, han hecho que no podamos recibir estos auxilios siempre que se han enviado.

De las atenciones más preferentes que ha tenido esta Jefatura ha sido la del establecimiento de hospitales. Varias circulares se han dado sobre el número, construcción y localidades en que debían haberse, llamando la atención, sobre todo, a los Jefes de Sanidad de las provincias Occidentales, por ser en estas donde el enemigo operaba y perseguía con más insistencia estos asilos, templo sagrado reconocido neutral, por todos los guerreros cultos, recomendándoles que fuesen el menor número posible, pequeño (de 6 a 8 camas) en forma de barraca de dos corrientes y cuyo alero no bajase de 3 pies de altura, determinando que las camas fueran portátiles para su fácil transporte, en caso de necesidad. El sitio debe ser siempre elegido en unión del Jefe militar de las fuerzas locales, que es el responsable de la custodia y próximo a las Prefecturas para el abastecimiento de víveres. Su personal varía según la importancia de éstos, no bajando de un ayudante o practicante de 1ra. clase, que es Director Administrador, dos enfermeros, un cocinero, un mozo de aseo y dos proveedores o mandaderos prácticos de la localidad; existen hospitales que tienen sitios de labranzas y criaderos de aves anexas, en Sancti Spiritus, Camagüey y Oriente.

Cada Jefe de Sanidad es encargado del orden, gobierno y administración superior, debiendo reglamentarlos según las necesidades y aptitudes del personal. El botiquín, instrumental, etc. están bajo la custodia del director. Se ha intentado en varias ocasiones destinar médicos fijos, pero la escasez de éstos, que no permite cubrir aún las vacantes de algunas brigadas y ser más necesarios para los efectos de la ciencia en las primeras curas, ha motivado que fracase todo proyecto en este sentido.

La falta de organización en los primeros días, la falta de personal idóneo y las grandes operaciones militares, han dado lugar a sensibles pérdidas de archivos y documentos importantes, causas que justifican la falta de estadística a pesar del buen deseo de nuestros compañeros y del legítimo afán por enaltecer la ciencia médica cubana; sólo se han recibido en esta Jefatura las bajas completas del 3er. Cuerpo, del cuartel del General en Jefe, del cuartel del Departamento Oriental y algunas del 1º., 2º. y 4º. Cuerpo, según constan en el cuadro adjunto clasificado según lesiones.

Los informes de más importancia emitidos por esta Jefatura, han sido tres: el primero sobre las curas individuales, haciendo notar lo poco útil que resultan dado que nuestros soldados, como toda tropa en campaña constante, carece las más de las veces de vestuario apropiado para guardar estos paquetes y por otro lado la falta de recursos con que adquirir tabaco o miel, cosas ambas indispensables en el cubano, hace que desgarre estos paquetes, trocándolos en el elemento pacífico por esas bagatelas. El soldado siempre olvida el ayer y nunca piensa en el mañana. El segundo informe, dirigido al C. Secretario de la Guerra por orden recibida de New York, obedeció a los modelos de botiquines Ellcotts, Marshall y Argentino de grupa y mochila, enviados por los patrióticos esfuerzos de los clubes "Federico Delatorre" y "Oscar Primelles". Los dos primeros llenos de material médico, son completos para atacar en el primer momento las enfermedades comunes, propias para que los porte y use, por su poco peso, el profesor médico; el tercero o argentino es el verdadero botiquín del cirujano; contiene caja de amputación, aparatos de fracturas, vasijas, sonda y material para curar más de 300 heridos. Todo en un espacio bastante reducido y de peso relativo, pudiendo llevarse a la espalda (mochila) o a la grupa del caballo (alforja).- Ha sido destinado para que lo porten los practicantes.- Ambos modelos se complementan en nuestra campaña, donde carecemos de servicio de ambulancia y en que, los pesados cajones llevados en las acémilas, resultan impedimentos para el transporte y uso.- El tercero obedeció a la gran emigración a nuestros campos de familias que, exhaustas por la miseria y las enfermedades en los poblados enemigos, buscaban refugio a nuestro amparo, pidiendo el Gobierno Civil y algunos profesores médicos la creación, para este servicio, de un cuerpo de médicos civiles, la que, pasada al Consejo de Gobierno, fué presentada a esta Jefatura informando desfavorablemente, fundándose, primero: en que la Ley Orgánica de Sanidad Militar, en su artículo adicional, prevee este caso diciendo: "Los Jefes de Sanidad, médicos mayores, de primera y segunda clase, están obligados a prestar sus servicios, no sólo a la fuerza militar a que pertenezcan, sino también al territorio a que se extiende su Jefatura facultativa" y segundo, que aún existen Brigadas vacantes de médicos, deber que hay que llenar como primero y más perentorio.

De los innumerables virus vaccinal que nos han llegado procedentes de las ciudades y del exterior, ninguno ha dado resultado en la última epidemia variolosa desarrollada en los dos primeros cuerpos del ejército, motivando la creación de un centro de vacuna animal por el médico mayor Dr. García Vieta y con los recursos facilitados por las comunicaciones del mayor General García. Los resultados han sido maravillosos, obteniéndose una disminución de más del 60 por ciento.- Las medidas de aislamiento tomadas por el Gobernador C. Carlos M. de Céspedes así como la del Jefe del 3er. Cuerpo Dr. Molinet, en varios casos que se presentaron en el límite de la Provincia, son todos dignos de elogios. No dudamos que dentro de un mes ya se habrá extinguido esta cruel y mortificante enfermedad.

Los recursos con que ha contado el Cuerpo han sido de varias clases, pudiendo condensarlos en dos grandes clasificaciones: efectivo y en material sanitario.- El efectivo ha sido entregado por las Administraciones de Hacienda a los Jefes de Sanidad y a los Comunicantes, para efectos de material sanitario.- Las cantidades que se han dado para estas atenciones no se nos han rendido, sólo conocemos aquellas que han tenido relación directa con esta Jefatura, como son de $ 1 500.00 entregados por los Administradores de Hacienda G. C. Bolaño, Lastra, Fonts Sterling y José B. González, cuyos comprobantes de egresos constan en este Archivo.- El material sanitario es imposible inventariarlo, pues todos los empleados de Hacienda, Comunicantes, así como muchos Jefes militares, se ocupan de este asunto como servicio más preferente.

De los donativos hechos por los particulares sólo tengo relación de los suministrados por Santa Clara, debido a la escrupulosidad del Dr. en farmacia C. Torrens, en la cuenta que rinde de cien pesos que le fueron entregados.

Nos vemos cohibidos, dado la índole de este trabajo, de ser tan extensos como quisiéramos, tratándose de la muerte de irreparables compañeros, por quienes tan orgullosos nos sentimos.- Quisiéramos en lugar de pluma, poseer un buril con el cual grabar en la lápida del tiempo sus gloriosos nombres; pero, lo que hoy no podemos hacer, se lo dejamos a nuestros modernos Homeros y Cicerones para que con pluma más autorizadas describan la muerte de estos queridos compañeros.

Al Dr. Incháustegui, enfermo en su morada, le repercutió de nuevo el grito de independencia, queriendo morir no bajo la bandera que tantos siglos nos oprimió y sí bajo el emblema redentor de nuestra independencia.

Los Dres. Delatorre y Bacallao cayeron frente a frente al enemigo atravesados por el plomo del tirano.

Los Dres. Soler y Ceulino sucumbieron en vil emboscada, al buscar auxilio para sus heridos acuchillados por los que se titulan nuestros civilizadores. ¡Infames! que no conocen la Caridad, emblema de la medicina. Los Dres. León y Hernández fallecieron de enfermedades adquiridas por la rudeza de nuestra campaña. Cuba nuestra excelsa madre, no podrá olvidar nunca a sus hijos que han derramado saber y sangre por verla independiente, fungiendo en el concierto del mundo libre, y en su día premiará esos actos de heroísmo. A nosotros nos queda llorarlos eternamente, imitando sus virtudes.

Antes de cerrar esta Memoria, que condensa los trabajos verificados por esta Jefatura en los dos primeros años de su fundación, o sea el período revolucionario, Junio del 95 a Mayo del 97, le debemos dar gracias a ese Consejo de Gobierno, como al General en Jefe, por la confianza que en ella ha depositado, favoreciéndole con cuantos recursos han estado a su alcance, así como a los clubes profesionales de la emigración, que no han descansado buscando soluciones, ya del orden moral en las sociedades de la Cruz Roja, ya del material, arbitrando recursos; ambos con el objetivo de aliviar la situación de nuestra Sanidad.

Si inmerecidamente esta Jefatura ha recibido un voto de gracias del más alto Cuerpo del Estado por sus trabajos de organización, y no resultan llenar su fin, no se culpa al Cuerpo de Sanidad Militar, ni a nuestra voluntad, como lo hemos demostrado desechando peligros y comodidades en dos marchas sucesivas desde Santiago de Cuba a La Habana y cúlpese a nuestra pericia que no ha podido servirle mejor a la Patria.
 

Figura
Fig. 2. Dr. Joaquín Castillo Duany. (1858-1902)
General de Brigada. Segundo Jefe Superior del Cuerpo
de Sanidad del Ejército Libertador. Guerra de 1895-1898.
 
 * Redactado en Camagüey, mayo de 1897. Copia mecanografiada en Archivo de la Oficina del Historiador del MINSAP. Se respeta la ortografía original.
 
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