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Cuaderno de Historia 85: 97-127
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Efectos explosivos de los pequeños proyectiles sobre el cuerpo humano(*)

por el Dr. Eugenio Molinet Amóros(**)
 

A la memoria de los médicos cubanos muertos en campaña

I

El cirujano poco avezado á la cirugía de guerra que examinara los heridos que resultasen de un combate que hubiese tenido diferentes faces y heridos con los pequeños proyectiles usados en las guerras actuales, observaría con bastante sorpresa la gran variedad en las lesiones que tenía ante su vista, pues mientras que en unos heridos sólo encontraba lesiones limitadas con orificios de entrada y salida redondeados, pequeños, algunas veces con los mismos caracteres, hasta el extremo de que en ciertos casos es difícil precisar el punto de entrada del proyectil y comunicándose entre sí por un conducto estrecho, regular, constituyendo un simple sedal. En otros observaría destrozos considerables, orificio de entrada de 4 y 5 centímetros de ancho, con la piel desgarrada en dos ó tres colgajos; el de salida enorme, irregular, un verdadero boquerón, midiendo algunas veces hasta 10 y 12 centímetros de diámetro, la piel desgarrada en colgajos irregulares y reenversados hacia afuera, el trayecto de la herida, ó es una vasta hendidura ó un infundivulum con la base al orificio de salida, las paredes formadas por músculos desgarrados, están cubiertas de detritus de estos mismos músculos, polvo y pequeñas esquirlas óseas, fragmentos de tendones, etc. Y las diferencias las observaría no sólo en regiones y tejidos diferentes, sino hasta en tejidos y regiones análogas.

El cirujano que esto observara es casi seguro que atribuiría esta notable diferencia en las lesiones, á diferentes proyectiles y es muy fácil, casi probable que los grandes destrozos los atribuiría á proyectiles explosivos de esos que contienen una carga interior y que explotan como las granadas.

Esta idea se arraigaría más en él, si hubiere asistido al combate y oído la doble detonación que dan algunos proyectiles, una al salir del fusil y otra en el aire sobre su cabeza y que parece como si el proyectil estallara en el aire, estallido que nuestros soldados atribuían á la bala de coraza de cobre y conocida comúnmente por "parque amarillo" ó de "María Cristina", por más que el proyectil de Máuser también lo produce.

Pero su asombro llegaría al límite si pudiera comprobar que los proyectiles que él había oído explotar en el aire y que habían causado las heridas por él observadas, no eran explosivas, y es más, que todas esas diferentes lesiones habían sido causadas por proyectiles exactamente iguales.

Y su asombro estaría justificado, porque antes que él, otros observadores habían incurrido en el mismo error de atribuir los grandes destrozos en las heridas al uso de balas explosivas, en efecto, en Criméa se sostuvo por algunos Cirujanos que las tropas rusas disparaban con esa clase de proyectiles y en la guerra "franco alemana" muchos Cirujanos del Ejército Alemán y del Ejército Francés sostuvieron que las heridas con grandes destrozos, observadas en algunos de sus soldados eran producidas por proyectiles explosivos; aunque debemos consignar que ese error fue poco duradero y que Cirujanos Militares de talla reconocieron muy pronto la falsedad de esas imputaciones y buscaron la explicación en otras causas, y en nuestra guerra por la Independencia era muy frecuente leer en los partes de los periódicos españoles que tales ó cuales soldados de su Ejército presentaban heridas por balas explosivas.

Interésame consignar aquí de una manera terminante y categórica que eso es completamente incierto, y como soldado del Ejército Cubano protesto de esa imputación, pues nuestros soldados no usaron otros proyectiles que los comunes y corrientes y no los explosivos, sólo reservados para cazar fieras ó grandes animales y como médico de ese mismo Ejército, protestó aún con más energía de que nuestro Cuerpo de Sanidad cuando tenía que tratar heridos con grandes destrozos, jamás atribuyó esas grandes lesiones al empleo de balas explosivas por parte de los españoles, buscando su explicación en las leyes de balística. Conducta que no fue seguida por nuestros adversarios, ignorando los móviles que á ello le guiaban, sin que crea que haya sido ni por ignorancia ni por mala fe.

Si el Cirujano á quien llamase la atención la diversidad de lesiones causadas por proyectiles iguales ó parecidos, observase y preguntase detenidamente á los heridos, notaría:
 

1o. Que las heridas con grandes destrozos habían sido hechas generalmente á corta distancia.

2o. Que ciertas regiones y ciertos tejidos eran más frecuentemente asiento de esas grandes lesiones.

Con lo que tendría dos grandes factores para llegar al esclarecimientode los hechos. La distancia y la naturaleza de los tejidos.

Figura
Fig.5. Dr. Eugenio Molinet Amoros (1865-1959)
General de Brigada. Jefe de Sanidad del Tercer Cuerpo de Ejército. Jefe de Sanidad del Departamento Militar de Oriente. Cuarto Jefe Superior del Cuerpo de Sanidad del Ejército Libertador. Guerra de 1895-1898.

II

Antes de estudiar los caracteres de las heridas que nos ocupan y de la manera como se realizan, nos interesa hacer un ligero estudio de cómo actúan los proyectiles de fusil y cuales son sus efectos en los tejidos según su resistencia, estructura, densidad, etc.

Los proyectiles de fusil han sufrido una gran transformación que ha tenido por objeto: 1º.- Disminuir la masa de los antiguos proyectiles. 2º.- Dotarlos de una mayor cantidad de movimiento y de penetración y 3º.- Darles una gran resistencia á la deformación. Estos proyectiles han sido adoptados por casi la unanimidad de las naciones.

En la guerra por nuestra Independencia se han usado por ambas partes diferentes armamentos. El Ejército Cubano estaba armado con fusil Remington 1867 con proyectil de plomo antimoniado de 11 mm de calibre y velocidad inicial de 445 m.

Este mismo Remington con el proyectil de camisa bronceada; el Springfield 1875, con bala de 1125 mm y velocidad inicial de 412 m; el Máuser 1894 calibre 706 mm de núcleo de plomo comprimido y cubierto de acero niquelado y una velocidad inicial de 625 m; el Máuser 1892, calibre 7 mm núcleo de plomo comprimido y cubierto de acero niquelado y una velocidad inicial de 692 m y algunos otros armamentos menos usados. El Ejército Español usaba sobre todo Máuser 1892 y 1894 y algunas fuerzas irregulares el Remington 1871 con el proyectil de 11 mm y cubierta de cobre.

Todos estos proyectiles pueden reducirse á dos tipos, el de mayor calibre sin coraza y el de menor calibre con coraza, aunque hay el de parque de "María Cristina" que tiene propiedades de ambos, de uno el calibre 11 mm y del otro la coraza.

Haremos solamente mención del Grass francés de 1874; calibre 11 mm de velocidad inicial de 550 metros y con el que se han hecho grandes experiencias. El Vetterlí suizo, 1869 calibre 11 mm. El Hebler suizo 1887 calibre 755 mm. El Lebel francés 1888, calibre 8 mm y coraza de Maillechort, el Lee Metford inglés 1889 calibre 77 mm y coraza de Maillechort. El Kraj Jorgenson 1889 calibre 8 mm y coraza Maillechort usados por los Americanos en su guerra con España, el Lee rifler, calibre 67 mm cubierta de Maillechort y usado por la Marina de Guerra Americana y el Manlicher 1892, calibre 65 mm coraza de Maillechort y usado por varias naciones y finalmente la bala "Dum Dum" ó de punta blanda y la ojiva hueca que son los proyectiles Lee Metford á los cuales en la primera se deja la punta sin coraza, quedando el plomo al desnudo y al segundo se le ha labrado una cámara hueca en la ojiva que comunica con la punta por un pequeño orificio.

El peso de los antiguos proyectiles fluctúan entre el Vetterlí italiano de 20 grs. y el Martini inglés de 31,10 grs. y en los modernos entre el Manlicher italiano 10,5 grs. y el Manlicher austríaco 15,8 grs.

La velocidad inicial del proyectil ó espacio recorrido por el proyectil durante un segundo en el supuesto de que el movimiento de traslación fuese el mismo durante ese tiempo, varía con el calibre del proyectil, según Bircher las cifras para el Vetterlí de 11 mm es de 485 m y de 568 m. para el Hebler de calibre 75 mm llegando en algunos como en el Manlicher 1892 á 700 m.

La resistencia que opone el aire disminuye ese movimiento de traslación que se ha llamado velocidad restante, y es mucho más marcada en los proyectiles de 11 mm que en los modernos de menos calibre, según el autor antes indicado. El Vetterlí de calibre 11 mm sólo tiene á 1000 m una velocidad de 123 m y á 2000 m 125 m y para el Hebler de calibre 75 mm es á 1000 m de 239 m. y á 2000 de 151.

La velocidad de rotación sobre su eje también varía en las balas según sean antiguas ó modernas siendo para el fusil Grass, de 818 vueltas por segundo y según Bovet el proyectil Hebler alcanza la cifra de 2167 vueltas por segundo. El Manlicher á 2583, el Máuser á 2480 y el Lebel á 2550.

Esta velocidad de rotación se conserva casi igual durante la trayectoria del proyectil é influye grandemente en mantener la horizontalidad de la bala y en la precisión del tiro.
                                                                                                                                                                     MxV2
La fuerza viva de un proyectil ó número de kilogrametros desarrollados y representado por la fórmula    F= -----------
                                                                                                                                                                         2                   e igual á la mitad del producto de la masa multiplicada por el cuadrado del movimiento. Siendo el peso el mismo y disminuyendo el movimiento del proyectil, esta fuerza viva varía con las distancias. La fuerza viva varía con el calibre de los proyectiles siendo según Bircher para la bala Vetterlí de calibre 11 mm á 100 m de 195 kilogrametros, á 1000 m de 65 kilogrametros y á 1500 m de 24 Kilogrametros.

Para el Lebel a 100 m de 230 kilogrametros, á 500 m 101, á 1000 m 40 y á 2000 m. sólo de 19 y para el Grass respectivamente 177, 78, 48 y 35 kilogrametros. Estas cifras demuestran que la fuerza viva del proyectil de pequeño calibre es muy superior al de grueso calibre hasta la primera mitad de su recorrido siendo casi igual en la segunda y en algunos hasta inferior.

El alcance máximo es de 4 000 m para la bala de Máuser chileno de 1894 y de 2900 m para los proyectiles de 11 mm.

La fuerza de penetración de un proyectil depende más que nada de su fuerza viva, pero existen además otros factores de gran importancia y son la forma alargada del proyectil, la resistencia de éste á la deformación y en los acorazados esta resistencia ha llegado al máximum; la solidez de su envoltura ó coraza y la adherencia de esta al núcleo; el poder de la pólvora.

En el cuadro siguiente tomado de la obra de Moore se podrá apreciar el diferente poder de penetración de algunos proyectiles.
 

Máuser 1892 - á 45 mts. Perfora 30 plantas de Pino
Máuser chileno 1894 - á 50 mts. Perfora un trozo de madera de 1.40 mts.y a 300 mts. 1 placa de hierro de 7 mm.
Manlicher 1888 - á 100 mts. Atraviesa 80 cents. de Pino
Manlicher 1892 - á 45 mts. Perfora 30 planchas de Pino
Lebel 1886 á 15 pasos Atraviesa 52 cents. de Haya
Lee Metford 1889 - á 15 pasos Atraviesa 52 cents. de Haya
Kraj Jorgenson 1889 - á 45 mts.  Perfora 30 planchas de Pino
 
Los siguientes datos son el resultado de algunas experiencias de Bovet.

Disparando á 15 m y con plena carga sobre bloques de tierra de barro bien apelmazada de 1 m de largo por 50 cms. de ancho y alto ha obtenido los siguientes resultados:
 

 
De lo expuesto se deduce que el máximum de penetración corresponde á los proyectiles acorazados y entre estos los de coraza más dura y más adherida al núcleo.

Los proyectiles pueden sufrir en su camino algunas desviaciones, debidas unas á la forma defectuosa del proyectil ó mala construcción del arma, otras á la acción del viento cuya influencia es bastante marcada en los tiros largos y otras debidas al contacto con cuerpos duros que las desvían por rebotes.

Los proyectiles pueden presentar numerosas deformaciones y estas deformaciones señaladas desde muy antiguo han sido objeto de numerosos estudios sobre todo por parte de Delorme y Bousquet y tienen una gran importancia para el estudio que venimos haciendo. La teoría del calentamiento y fusión no explica estas deformidades también como la teoría de la compresión propuesta por A. Paré, sostenida por Dupuytren y defendida por Legouest, Longmore y Reger, los que demuestran que por la compresión y dada la maleabilidad del plomo, su estructura molecular y su cristalización en columnas, estas deformaciones se presentan primero en la punta, se van separando y enrollando hasta presentar los tipos señalados por Bousquet.

Estas deformaciones son muy frecuentes en los proyectiles de plomo sin coraza y Neudörfer dice que en su colección de proyectiles son más los deformados que los intactos. Las deformaciones en los proyectiles acorazados son mucho menos frecuentes y Chauvel sostiene que las deformidades encontradas por Nimier, son debidas, no á choques con tejidos humanos siquiera sean estos óseos sino contra objetos duros, como piedra, metal, etc. y sostiene su opinión de la poca tendencia á deformarse éstos proyectiles a pesar de las experiencias de Delorme y Chavasse que pretenden demostrar lo contrario.

La deformación de estos proyectiles depende en gran parte de la naturaleza de su coraza, mientras con la bala Rubin con coraza de cobre son frecuentes, en cambio las de corazas de acero no se presentan. Hay que consignar que las balas Lorentz que tienen soldado su núcleo á la coraza, por intermedio del estaño son muy poco deformables.

En mí práctica en la guerra he observado un gran número de balas deformadas siendo notables los dos casos siguientes:
 

1o. Bala calibre 11 mm. con coraza de cobre atraviesa un muslo, fractura el fémur y la coraza queda entre los fragmentos y el núcleo sigue su marcha formando el agujero de salida.

2o. Un individuo es herido en las paredes del abdomen con un solo orificio, se le notan al tacto dos cuerpos duros en el interior de los tejidos, se inciden éstos y eran el núcleo y la coraza de acero niquelado disociados y á una distancia como de 5 cms. el uno del otro.

 
La importancia de las deformaciones es grande en la producción de los efectos explosivos como más adelante veremos.

El cuerpo humano se compone de partes, de densidad, estructura, y composición diferentes, y que deben reaccionar de diferente manera á la acción de los proyectiles.

La resistencia de los tejidos depende de la coherencia y colocación histológica de sus moléculas bajo el punto de vista de cantidad y calidad. Ella es menor para los tejidos blandos que para los duros ó elásticos y varía con numerosas circunstancias dignas de tenerse en cuenta. Influye indudablemente la fuerza viva, la de penetración, el diámetro y forma del proyectil, el ángulo de ataque, etc.

Se puede estudiar la acción de los proyectiles en las partes duras, como los huesos, en las elásticas, como la piel, en los órganos blandos, como las vísceras, que con una envoltura blanda, pero resistente, contienen líquidos, como el corazón, la vejiga; pero hay que convenir que todos los tejidos de nuestra economía están más ó menos impregnados de sangre y que las partes duras y las blandas, los tejidos elásticos y los que no lo son están confundidos, amalgamados, por lo que las experiencias hechas en sustancias similares no tienen todo el valor que debieran para poder deducir consecuencias exactas, así que sólo referiremos aquellos que nos puedan dar alguna luz.

Haciendo disparos sobre cuerpos duros, como la madera, se vé que los proyectiles la atraviesan haciendo un canal más ó menos cilíndrico según el proyectil, el disparo no produce sacudida alguna, al extremo de que planchas de madera sin apoyo alguno quedan verticales después de ser atravesadas por una bala. Si la bala se deforma el canal se ensancha y hay verdadero estallamiento en sus paredes.

Si con balas de velocidad considerable se tira sobre tejidos elásticos como cautchou se tienen verdaderas hendiduras con pérdidas de sustancia inferior al diámetro del proyectil y á medida que disminuye la fuerza viva de la bala vá sustituyéndose por una desgarradura sin pérdida de sustancia.

Disparando sobre el agua con los proyectiles de plomo blando ó endurecidas se nota que solo atraviesan una capa de 50 cms. con deformidad de la punta, deformidad en hongos; las balas acorazadas y de pequeño calibre atraviesan sin deformarse capas de agua de tres metros de espesor. Bruns ha observado que la bala Dum Dum y de ojiva hueca se deforma considerablemente y sobre todo la última la que presenta un aspecto como si hubiera estallado.

En razón de su incomprensibilidad, los líquidos trasmiten en todas direcciones la presión ejercida en un punto de su superficie. Cuando se trata de un cuerpo móvil en el líquido y siguiendo una dirección sensiblemente la misma, la presión trasmitida será más considerable en la dirección de su marcha. Si el líquido está contenido en un vaso cerrado, sus paredes, según su naturaleza se deformarán, resistirán ó estallarán.

Kocher fué el primero que haciendo experiencias demostró que disparando sobre cajas de hierro, de vasijas de vidrio llenas de agua ó de sustancias muy abundantes en líquido, estallaban las paredes opuestas antes de atravesarlas el proyectil. Esta misma presión hidráulica se manifiesta en los vasos cerrados incompletamente, porque la rapidez de la bala no deja escapar el líquido. Si la acción del proyectil es un poco oblicua ó tangencial los fenómenos son muy poco marcados ó nulos.

Estos fenómenos hidraúlicos tienen gran importancia para la explicación de un gran número de heridas por lo que los estudiaremos con alguna más extensión.

Las experiencias de Kocher han sido repetidas por mí y con el concurso de mis compañeros los Dres. Núñez y Alvarez Cerice, con los siguientes resultados.

Disparando sobre cajas de hierro de paredes delgadas, herméticamente cerradas ó abiertas, pero llenas de aire observamos que tanto el proyectil de 11 mm. de plomo endurecido como el de envoltura de cobre del mismo calibre como el del Lee rifler de 67 mm. producían orificios de entrada y salida redondeados de diámetro en relación con el proyectil y de bordes reenversados, hacia dentro en el orificio de entrada y hacia afuera en el de salida.

Disparando sobre las mismas cajas llenas de agua y herméticamente cerradas y á la distancia de 100, 50 y 25 m observamos orificios de entradas análogos á los anteriores y en el de salida la pared estallada en colgajos pero pudiéndose ver en algunos de ellos las huellas del proyectil y no solamente se habían abierto las cajas por el sitio correspondiente de salida sino también habían estallado (esta es la frase que mejor explica lo que allí se notaba) por los sitios de menor resistencia.

Disparando sobre estas mismas cajas llenas de agua en sus dos tercios y abiertas incompletamente por su parte superior se notaba que cuando el proyectil pegaba en la parte superior que no contenía más que aire sólo se obtenían orificios pequeños y regulares, pero cuando daban sobre la parte conteniendo líquido, se observaban exactamente los mismos fenómenos que en las cajas cerradas, más, se veía saltar el agua por las aberturas superiores y las cajas se movían sobre el soporte que las sostenían y algunas veces caían al suelo, lo que nunca sucedió con las cajas vacías.

Por estas experiencias se comprueba el papel tan importante que desempeña la presión hidraúlica en los destrozos de la pared opuesta á la entrada de la bala y que corresponde a la salida.

Chauvel admite que el diámetro de la superficie de contacto aumenta los efectos hidraúlicos, por lo que, cuando un proyectil tiene más diámetro produce más destrozos.

En nuestras experiencias observamos igual extensión en las aberturas en los proyectiles de plomo que en los de coraza y en los de 11 mm. que en los de 67 mm.

Asimismo asegura el mismo autor que las deformaciones en la punta aumentan considerablemente los efectos hidraúlicos, hechos que aunque no los hemos comprobado son fáciles de explicar y admitir.

Réger ha estudiado estos efectos y medido con el manómetro la presión hidraúlica desarrollada por los proyectiles de grueso y de pequeño calibre y ha obtenido para los primeros, cuando son sin coraza, la cifra de 225 atmósferas, para los mismos con coraza de cobre ó bronce 150 y para los proyectiles de pequeño calibre y coraza dura sólo 075. Por lo que se vé que la velocidad y fuerza viva influyen menos que el calibre, lo que nos servirá para explicar más adelante ciertos fenómenos.
 

III

Para estudiar los efectos de los proyectiles, es método más seguro el de la experiencia en los animales, ó en el cuerpo humano y sus resultados son más á análogos á los que se observan en el campo de batalla. A la experiencia en animales se puede objetar la disimilitud de tejidos, la diferente resistencia en los huesos más compactos en el buey y el caballo y menos y más pequeños en el perro. A los disparos sobre cadáveres, se le reprocha el que los tejidos están alterados, la imposibilidad de dar á los músculos la contracción ordinaria, movimiento á la sangre, la situación á sus miembros y la resistencia que oponen los vivos porque se sostienen por sí mismo. Pero así y todo los resultados son bastantes aproximados y satisfactorios.

De más importancia es el reproche de que no se pueden obtener los efectos de á grandes distancias por la dificultad en la puntería, pero esto se obvia con las cargas reducidas con las que se obtienen á una corta distancia, constantemente la misma, la fuerza de propulsión correspondiente á 100, 1,000, 2,000 m o la que se desee obtener. Pero también es cierto que con estas cargas reducidas no se obtienen la misma velocidad de rotación, y aunque la influencia de ésta sobre los efectos destructores nos es desconocida, no por eso debe ser desdeñada porque á ella se le debe parte de la fuerza de penetración.

Con estos antecedentes estudiaremos á la ligera el efecto sobre los tejidos pero solamente para los efectos que nos interesan.

Los efectos de los proyectiles sobre las partes blandas son muy variados y sólo describiremos aquí los que tienen relación con nuestro trabajo.

En la piel producen contusiones, erosiones, surcos, penetraciones y perforaciones; estas son las más frecuentes, cuando se realizan sobre partes blandas solamente constituyen los sedales. Los orificios de entrada y salida han provocado multitud de discusiones acerca de su tamaño, forma, etc.

La mayoría de los cirujanos sostienen que los orificios de entrada son más pequeños que los de salida y sólo Blandin ha sostenido lo contrario sin poderlo demostrar.

Delorme ha llegado á formular la siguiente Ley: "Los orificios de entrada en los sedales son generalmente circulares, de bordes limpios, abiertos, esto es, con pérdida de sustancia; los orificios de salida son desgarrados, irregulares, reinversados hacia afuera, sin pérdida de sustancia".

Por la lectura de la Ley anterior se vé que se hacen reservas y que a pesar de esas reservas sólo es aplicable á las partes blandas.

Otis, Longmore, Fischer y Chauvel han hecho importantes observaciones que demuestran que esos orificios si se ajustan algo á la Ley anterior varían mucho con la distancia, diámetro del proyectil, ángulo de incidencia y movilidad de la piel. Delorme ha propuesto la siguiente Ley; que es complemento de la anterior: "Que las dimensiones diametrales de los orificios de entrada y salida aumentan proporcionalmente con la velocidad de las balas". Lo que quiere decir que cuanto más cerca es el disparo mayores serán las lesiones en la piel.

Chauvel dice que aunque sus experiencias con el Lebel de 8 mm. le demuestra que las lesiones encontradas no son siempre uniformes, ha observado que los agujeros de entrada son casi siempre redondos, cuanto más ovalados, bordes regulares, cortados á pies, casi menores que el diámetro del proyectil que los ha causado, que en el orificio de salida dominan las hendiduras, las desgarraduras irregulares en estrellas, triangulares.

El tamaño de estos orificios generalmente son mayores que los de entrada, pero algunas veces son más pequeños.

En mi práctica de campaña he tenido ocasión de comprobar la inmensa variedad que presentan los orificios de entrada y salida variando hasta en individuos que habían sido heridos con proyectiles análogos en partes blandas y á distancias parecidas; pero las variedades correspondían más á las heridas por proyectiles de diferente calibre.

A las distancias intermedias entre 1,000 y 2,000 metros y con bala de Máuser he notado en ambos orificios casi los mismos caracteres, hasta el extremo de tener que preguntar muchas veces al herido "que por donde había penetrado el proyectil" pues los signos suministrados por la herida no eran bastantes.

En las heridas con proyectiles de 11 mm. he visto más a menudo los caracteres señalados por Delorme y tantos en éstos como en los de pequeño calibre cuando eran heridos huesos, el orificio de salida se agrandaba, pero solamente en los disparos á menos de 1,500 m, pues á más largas distancias he podido observar con fracturas extensas, orificios de salida pequeños; pero con hendiduras en forma estrellada.

En los disparos cerca, los orificios tienen otros caracteres que serán descritos más adelante.

Los otros tejidos blandos cuando son heridos por un proyectil no tienen la importancia para nuestro estudio que el de la piel por lo que omitiremos su descripción, siquiera sea tan á la ligera como el que hemos hecho.

Pudiera hacerse una excepción en favor de las de los músculos en los cuales ciertos observadores han encontrado lesiones importantes en los tiros de cerca y sobre todo en las vísceras huecas llenas de líquidos, pues en este caso y en disparos próximos se notan grandes lesiones que se diferencian mucho de cuando esas vísceras están llenas de aire ó el disparo es hecho á distancia.

Mucho mayor es la importancia del estudio en las lesiones óseas, porque nos suministran datos muy importantes para el estudio de los efectos explosivos, pero es tan extenso este estudio que sólo lo haremos en aquellos particulares que más interesan al objeto de nuestra tesis, esto es á la producción de los efectos que aquí estudiamos.

El cirujano ruso Borhaut fue el primero que examinando una colección de piezas anatómicas de la guerra "Rusoturca" sostuvo que en las diáfisis de los huesos largos, heridos por proyectil no existe una sola perforación simple y sin fisuras, admitiendo que el proyectil actúa como una cuña, y dió las primeras descripciones típicas de las fracturas diafisarias y modo de formarse las esquirlas y la forma más común de éstas.

Delorme haciendo en 1881 experiencias con el fusil Grass llegó a deducir las leyes siguientes:
 

1o. Las fracturas son tanto más limitadas cuanto mayor es la velocidad del proyectil, pero son más completas, más conminutas y hay más esquirlas libres y éstas son más esparcidas por los tejidos blandos.

2o. Las fracturas son más extensas en las de contacto ó de menos velocidad.

3o. El estremecimiento crece con la velocidad del proyectil.

4o. Las pérdidas de las partes blandas son mayores en los tiros á corta distancia.
 

Delorme piensa que estas leyes no son tan aplicables á los proyectiles acorazados de pequeño calibre creyendo que éstos, producirán lesiones menos extensas y que habría más perforaciones.

En nuestra guerra hemos podido comprobar lo contrario y no hemos observado un solo caso de penetración sin fractura en la diáfisis de los huesos largos y en todos los casos los signos físicos venían a demostrar la presencia en el orificio de salida sobre todo en los disparos a menos de 1,000 metros.

El Dr. Núñez que ha observado un gran número de heridas de hueso ha hecho las mismas observaciones.

Beck en una serie de experiencias se inclina á lo expuesto por Delorme sobre las balas acorazadas. Pero Chauvel haciendo un número considerable de experiencias con el fusil Lebel tanto en huesos como en tubos de tierra cocida, á distancia de 10, 500 y 1,500 m siempre ha obtenido fracturas completas, extensas y con esquirlas, y cuanto más cerca ha sido el disparo las esquirlas han sido más pequeñas, más numerosas y más dispersas lo que está conforme con una de las leyes de Delorme y con lo que el Dr. Núñez y yo hemos comprobado en la Guerra de Cuba con España.

Sobre las epífisis de los huesos largos y sobre los cortos y esponjosos se suelen encontrar perforaciones pero muy a menudo con fisuras más ó menos extensas, siendo más frecuentes las fracturas completas, algunas veces con verdaderos destrozos como se podrá ver en las observaciones Nos. 9 y 31.

En cuanto a los huesos planos, se refiere la observación y la experiencia más que nada á las del cráneo. Teevan ha demostrado que bajo la presión del proyectil cuando éste actúa por la cara convexa, tiende a enderezar el hueso; y cuando actúa por la cara cóncava tiende a encorvarlos más. Chauvel ha observado en sus experiencias con la bala Lebel de 8 mm. que el orificio de entrada era muchas veces de 7 mm. ó 7½ mm. por los cuales no podían pasar el proyectil y el de salida es siempre mucho mayor afectando muchas veces la forma de cono con base hacia afuera y con numerosas fisuras o hendiduras radiadas que se extienden lejos y algunas veces á los huesos vecinos.

En los tiros cortos se observa un verdadero estallamiento de la bóveda ósea con proyección de la masa encefálica y de fragmentos óseos (observación No. 8-22 y 30).

Rocher dice que estos efectos son una "demostración luminosa" de los efectos hidraúlicos, pero Beck y Legouest pretenden rechazar esta explicación porque en experiencias practicadas por ellos en las que hundían con rapidez y en cráneos frescos, cabillas de hierro, no lograron producir estos efectos. Sin tener en cuenta que entre ambos modos de actuar hay una gran diferencia en la rapidez y en otros factores de gran importancia.

En los otros huesos anchos no se observan hechos relacionados con el objeto nuestro, limitándose los proyectiles las más de las veces á simples perforaciones con fisuras irradiadas.

De todo lo anteriormente expuesto se deduce: 1º. Que un proyectil cuanto más cerca, más fuerza viva tiene. 2º. Que cuanto más diámetro más destrozos causa. 3º. Que las deformidades aumentan este diámetro. 4º. Que los proyectiles cuando actúan sobre cuerpos duros como madera ó barro fraguan conductos cilíndricos mientras no se deforman, y cuando esto se hace fraguan conductos irregulares con estallamiento de sus paredes. 5º. Que actuando los proyectiles sobre líquidos ó semilíquidos encerrados en envolturas resistentes hacen estallar las paredes casi siempre por el punto correspondiente á su salida. 6º. Que en la piel cuando sólo hieren las partes blandas las lesiones son insignificantes, aumentándose con la proximidad ó con la herida de huesos. 7º. Que los proyectiles cuando actúan sobre las diáfisis de los huesos largos, siempre los fracturan con producción de esquirlas y que estos fenómenos se acentúan con la proximidad y con el diámetro y velocidad del proyectil y 8º. Que las balas cuando hieren huesos planos formando cavidades cerradas y llenas de sustancias blandas producen grandes destrozos en el orificio de salida con proyección de la materia contenida.
 

IV

En los antiguos tratados de cirugía se encuentran algunas observaciones que demuestran que con las balas redondas también se presentaban los fenómenos explosivos. Chauvel dice haber admirado en un viejo tapiz de un museo belga la representación del estallamiento de las paredes del cráneo en un disparo de pistola á boca de jarro.

Huguier en 1848, describe el estallamiento y proyección hacia las paredes del trayecto por la fuerza de presión lateral ó expansión de pequeños proyectiles. En 1867 Jarazin y Reimond describieron los efectos fulminantes del Chassepott á la distancia de 15 m y compararon las lesiones producidas á las de una bala explosiva. Scrive en la Guerra de la Crimea vió lesiones grandemente destructivas, él las atribuyó al uso por parte de los adversario de balas realmente explosivas.

Pero es á la guerra franco-alemana á la que más se le debe el esclarecimiento de esta cuestión, pues primeramente se incriminaron ambos ejércitos de usar proyectiles explosivos, más vino la observación más completa y en mayor escala y se pudieron comprobar las heridas hechas de cerca y á gran distancia; gravedad y grandes destrozos en unas, simplicidad y benignidad relativas en otros, hicieron á los cirujanos rectificar sus errores. Después de esta guerra se ha buscado por la observación y la experiencia explicar el mecanismo de esta acción que pudiera decirse explosiva y las últimas y más recientes guerras han suministrado datos concluyentes.

Veamos cuáles son estas heridas, cuáles son sus caracteres y en que condiciones se presentan, y después trataremos de explicar su modo de producción para lo cual nos han de ayudar lo expuesto en la 2da. y 3ra. parte de ese trabajo.

"Un orificio de entrada generalmente pequeño, pero algunas veces desgarrado, un orificio de salida ancho, irregularmente desgarrado, con vastos colgajos cutáneos y musculares, un canal cónico cuyas paredes están formadas por tejidos triturados, desgarrados, como estallados bajo una enorme presión actuando de dentro á afuera". Así describen Chauvel y Nimier las heridas que nos ocupan y agregan "si un hueso es atravesado las pérdidas son enormes y las dos aberturas cuyos bordes son reenversados hacia afuera dejan correr grasa líquida y hernian á músculos y fragmentos de tendones, el orificio de salida es espantoso por su tamaño é irregularidad, las paredes del foco donde fácilmente se alojaría el puño, están formados por carnes trituradas, por polvillo óseo, por una papilla sanguinolenta que contiene esquirlas de todos tamaños, completamente desprovistas de periostio. Algunas veces los restos son proyectados á 10 y 15 m hacia adelante, á los lados pero más á menudo hacia detrás del miembro herido, y en el cráneo la masa encefálica salta, salpicando todo el rededor del sujeto".

Esta es la descripción más acabada de los efectos producidos por los proyectiles y conocidos con el nombre de efectos explosivos ó de presión hidraúlica como le llaman algunos cirujanos presumiendo que esta sea la verdadera y única causa de estas espantosas lesiones.

¿Estas lesiones se presentan siempre con los caracteres que hemos descrito? no, y pudiéramos asegurar que tan completas son pocos los cirujanos que las hayan logrado observar.

En el gran número de heridos que he tenido ocasión de observar, pocas veces he podido examinar un caso tan completo y los más importantes y que me han servido para redactar este trabajo se encuentran a continuación de esta tesis, siendo los tipos más acabados las observaciones 2, 4, 7, 12, 14, 21, 22, 28 y 34. En todas ellas se notan grandes efectos destructores, pero siempre predominando una u otra lesión, siendo las más marcadas la observación No. 14 en que se acercaban las lesiones á las descritas por Chauvel y Nimier; pero es más instructiva y más interesante la observación No. 7, soldado Castillo, pues sólo fueron lesionadas las partes blandas, pues si bien el orificio de entrada era pequeño, el de salida era espantoso por su tamaño ó irregularidad, la piel estaba desgarrada formando vastos colgajos cutáneos y los músculos destrozados herniaban por la herida, tal perecía que las masas musculares del muslo se querían escapar por aquella abertura, y á pesar de todos esos grandes destrozos el hueso estaba sano y no había tomado parte en la formación de la tremenda herida. Las observaciones No. 28 suministradas por el Dr. Núñez y la No. 34 por el General Menocal son otros ejemplares de esas grandes lesiones producidas por un proyectil pequeño sin participación por parte de los huesos. La observación No. 21 del Dr. Pérez Abreu es otro caso igual á los que nos vinimos refiriendo y en que los efectos destructores sólo se han realizado á expensas de los tejidos blandos; pero debemos consignar que en el mayor número de casos las lesiones óseas se presentan y que los destrozos son generalmente después que el proyectil ha lesionado el hueso y que casi siempre son huesos largos y compactos los heridos ó anchos formando cavidad como en las observaciones No. 8, 22 y 30.

¿Cuál es la frecuencia de estas heridas y su tanto por ciento respecto á las otras? No lo hemos podido precisar ni lo hemos visto consignado en ninguna estadística pero en conjunto podemos decir que sobre unos 700 heridos vistos y tratados por mí en la guerra sólo habré observado unos 30 en los que se hayan presentado estos fenómenos.

Dos grandes factores intervienen en la producción de estas lesiones destructivas y son la distancia y la naturaleza y disposición de los tejidos.

Examinando las observaciones á continuación de este trabajo se notará que los casos en que se han observado los efectos explosivos, las lesiones han sido producidas por disparos hechos á corta distancia y sólo una observación se refiere á una distancia regular la del Dr. Giralt No. 23 en que el disparo fue como á unos 150 m y sólo en un caso, la observación No. 20, fue hecho el disparo casi a quema ropa sin producir destrozos de consideración y en cambio en las pocas observaciones en que los disparos han sido hechos más lejos no se encuentran estas lesiones y si sólo hemos puesto este número pequeño es por no aumentar su número de una manera considerable, pues podríamos citar un número mucho más crecido.

El que la distancia sea un factor muy importante para la producción de las grandes lesiones rompe con una idea muy generalizada entre nuestros soldados la de "que el Máuser de cerca no producía el daño que de lejos" y no son sólo nuestros soldados los partidarios de esta teoría, pues hay cirujanos de nuestra guerra que se expresan en términos no completamente iguales pero sí parecidos de "que el Máuser de cerca y de lejos produce el máximun de destrozos". Esta idea está en consonancia con la que piensan algunos cirujanos extranjeros que al dividir las diferentes zonas de acción de un proyectil admiten: 1º Zona de explosión ó presión hidraúlica. 2º Zona de acción intensiva ó pérdida de sustancia. 3º Zona de fuerza activa ó de estallamiento y desgarradura. 4º Zona de fuerza perdida ó de contusión y describen la 3ra, zona dándoles á las heridas realizadas en ella los siguientes caracteres: "En la entrada la piel es perforada con un orificio redondo ó con pequeñas fisuras de bordes limpios ó deprimidos hacia adentro; los tejidos fibrosos ofrecen una hendidura estrecha, los músculos un canal más ancho que el proyectil; sus paredes son contusas, infiltradas y desgarradas; en la salida la piel está levantada, hendida ó estrellada, ella ha cedido á la presión de la bala y tenso fuertemente se ha desgarrado en fisuras divergentes. Los huesos compactos son fracturados con grandes esquirlas algunas veces proyectadas hacia afuera".

Pero estos desordenes aunque mayores que los producidos en la segunda zona distan mucho de ser iguales ni aún parecidas á las que se observan en los de la primera zona.

En los casos observados por mí no he podido comprobar los destrozos observados por otros cirujanos y las fracturas aunque con esquirlas éstas han sido casi siempre adherentes y rara vez han sido proyectadas hacia afuera.

Chauvel con la bala acorazada de 8 mm. no ha encontrado gran diferencia á las lesiones que se presentan en la 2da. y 3ra. zona ó de pérdida de sustancia, ni en las partes blandas ni en los huesos.

¿Pero si estos destrozos se realizan en los tiros cortos por qué siempre no se presentan? En efecto hay veces que se observan casos en que el disparo es hecho de cerca y sin embargo sólo se observan las lesiones correspondientes á la zona de pérdida de sustancia, estos casos aunque raros se nos ofrecen en la observación No. 20.

El otro factor es la naturaleza y disposición de los tejidos. En efecto vemos que en los casos en que los proyectiles han herido á corta distancia órganos huecos llenos de líquidos ó sustancias blandas se ha presentado los efectos explosivos, ejemplo de ellos tenemos en las observaciones No. 5, 14, 15, 28 y 34 cuando el proyectil dá sobre la diáfisis de los huesos largos ó compactos y á distancias proporcionadas se presentan los fenómenos destructivos como en las observaciones 2, 3, 4, 6, 10, 12, 13, 24, 26, 27, 29, 32 y 33; pudiéndose decir que estos casos si no son más graves son los más frecuentes. Cuando se combinan los hechos resultando que el disparo pega sobre una cavidad llena de sustancia líquida o semilíquida y cuyas paredes están formadas por huesos aunque planos, compactos también se presentan los fenómenos explosivos como en las observaciones 8, 22 y 28.

Pero no hay que olvidar que estos hechos se presentan cuando interviene además el otro factor, la distancia, porque en otros casos en que los disparos se han hecho de lejos, no se observan las heridas destructoras á pesar de la estructura y disposición de los tejidos como resulta en las observaciones No. 11, 16, 17, 18, 19 y 25.

¿Cuál es el límite de la acción explosión? Los datos suministrados por la observación son bastante inciertos, pues si bien es verdad que en los tiros escapados generalmente se puede medir la distancia, en cambio en los combates en que los combatientes, avanzan, retroceden y se mueven siguiendo las peripecias de la pelea, no es fácil dar cifras exactas. Sólo en los sitios de plazas ó fuertes en que las trincheras están en un punto determinado y se ataca también a sitios fijos como son las fortalezas, puede fijarse la distancia.

Ni en el ataque de Guáimaro ni en Tunas ni en Cascorro pudimos observar en las trincheras un solo caso de efectos explosivos fluctuando entre las trincheras y plazas las distancias entre 150 y 300 m y sí las observamos, en heridas en las calles de esas mismas plazas en donde los disparos se hacían casi á quema ropa y uno de los casos de efectos explosivos más lejos observado en nuestra guerra del cual tengo noticias es el del Dr. Giralt, 150 metros.

En cambio la experimentación suministra datos muy importantes. Con los proyectiles de 11 mm. y de plomo blando ha obtenido Chauvel efectos explosivos hasta la distancia de 200 á 300 m. Reger lleva los límites de esta zona hasta 800 y mil metros, cifra muy exagerada y generalmente no admitidas.

Para los proyectiles acorazados de pequeño calibre es menor el límite de la zona explosiva y mientras Bovet con el proyectil Hebler dice no haber observado los efectos explosivos á la distancia de 10 m y con plena carga disparando sobre cabezas frescas de vaca y carnero, sí los obtuvo, con la bala Rubin del mismo calibre. En cambio Bircher extiende esa zona para el proyectil Rubin hasta 400 metros. Delorme dice que experimentando con el fusil Lebel ha obtenido los efectos explosivos hasta distancias de 200 y 300 metros.

Chauvel dice no haber observado efectos tan marcados y que los destrozos considerables por él descritos sólo los ha encontrado á 10 metros.

Para la bala Dum Dum y la bala de ojiva hueca, el límite es mucho mayor y Bruns ha obtenido las cifras de 200 m para la primera y 50 para la 2da., para el máximun de destrozos, y sólo á la distancia de 600 metros obtuvo lesiones comparadas á las producidas por el proyectil Lee Metford.

De lo expuesto anteriormente podemos concluir que el máximun de la zona explosiva, es para el proyectil de 11 mm. de 300 ó 400 metros, para los de pequeño calibre y acorazados de 50 á 100 metros y para la Dum Dum hasta 400 y 500 metros.
 

V

Hechos tan extraordinarios han provocado numerosas teorías para explicarlos. Expondremos las más aceptadas y sobre todo aquellos que mejor explican el mecanismo de los efectos explosivos.

Por medio de las fotografías instantáneas el Comandante Journée descubrió que el proyectil cuando vá animado de gran velocidad lleva una envoltura de aire comprimido y que acompaña á la bala en todo su trayecto. Neudörfer ha llegado por medio del cálculo á estimar en 2½ atmósferas la presión de esta capa de aire á la temperatura de 90 Reaumur.

Melsens, basándose en estos hechos, creé que la capa de aire precede y acompaña al proyectil penetra en los tejidos antes que la bala y al mismo tiempo que ella, los distiende y los hace estallar. Laroque y Neudörfer apoyan este modo de ver. Son varios los hechos que destruyen esta teoría, en primer lugar 2½ atmósferas es una presión insuficiente para producir en la piel un orificio, esta capa de aire es elástica y se deja atravesar por el proyectil, capa de aire que según Reger se refleja sobre el obstáculo y se desliza por encima de la bala. Por otra parte el orificio de entrada es generalmente igual ó menos que el del proyectil, lo que debía suceder si entrase la capa de aire que rodea la bala. Jamás se ha observado el enfisema de la piel alrededor de la herida y la experiencia ha demostrado que las burbujas de aire que se observan en los disparos sobre madera ó troncos de árboles no preceden al proyectil sino que le siguen. Tampoco se puede admitir y por los mismos motivos la teoría parecida de que los efectos explosivos son debidos a la evaporación del agua de los tejidos ó á la descomposición química de los mismos.

Una teoría más seductora es la del calentamiento y fusión del proyectil propuesta por Busch y definida por Ritcher y Muller. Según Busch las partículas de plomo de la punta del proyectil, por el choque contra los tejidos, sobre todos los duros se calientan y funden dando lugar al desprendimiento de partículas de metal bajo la forma de goticas. Animadas estas goticas de enérgico movimiento de propulsión, así como de una gran fuerza de separación lateral, estas partículas actuarían como un tiro de munición disparado á quema ropa. Esta teoría merece alguna extensión porque ella también ha sido invocada para explicar las deformaciones en la punta que tan importante parte pueden tomar en la producción y aumento de los fenómenos explosivos.

Antiguamente se creía que las balas al salir del fusil se calentaban tanto que destruían los tejidos quemándolos; Ambrosio Paré combatió este modo de pensar y lo probaba disparando sobre un saco lleno de pólvora sin lograr incendiarla. Más tarde Hagenbach llegó á afirmar que el frote del proyectil con las paredes del cañón, la deflagración de la pólvora y el pase por el aire elevaba la temperatura del proyectil á 100º; pero Beck ha demostrado que estos factores sólo producen un aumento de temperatura de 40º á 50º y en los proyectiles acorazados de 80º no bastando para la fusión el calor que lleva el proyectil se ha buscado el ecseso en la temperatura que desarrolla al ser detenido por un cuerpo duro y que no se deja atravesar, entonces parte de la fuerza se transforma en movimiento molecular y cambia la forma del proyectil y otro se transforma en calor. Schadel repitiendo las experiencias de A. Paré demuestra que si un proyectil atraviesa un saco de pólvora sin incendiarlo, no sucede así colocando en el medio una placa de acero que detenga al proyectil en su marcha, viéndose entonces incendiarse á la pólvora.

El cálculo conduce á Hagenbach á admitir que una bala de plomo con una velocidad de 400 metros y súbitamente detenida en su marcha eleva la temperatura á 582º, suficiente para producir su completa fusión. Bircher afirma que una bala de plomo de Chassepott transformando todo su movimiento en calor, puede llegar á una temperatura de 650º y 670º. Reger calculando con el Máuser antiguo de 12 mm. sólo ha podido obtener las cifras de 220º. En cambio para Mulhauser una velocidad de 270 metros basta para obtener la fusión del metal. Todas estas cifras serán exactas, pero no son aplicadas al cuerpo humano pues se trata de proyectiles animados de gran velocidad y detenidos por una plancha de hierro lo que no sucede en el hombre. Mathieu observa que estos proyectiles después de haber atravesado varias planchas de madera no lleva calor bastante para incendiar la pólvora común, ni tan siquiera al algodón pólvora que se inflama á los 1060.

En comprobación de esta teoría se han aducido una porción de hechos observados y se dice que estos hechos se producen cuando los proyectiles son detenidos por los huesos ó los tendones. Se ha invocado el aspecto granuloso y enrollado de pequeños fragmentos de proyectil, el polvillo blanco formado por pequeñísimas partículas de metal y que se encuentran alrededor de los orificios producidos por los proyectiles al atravesar láminas delgadas de madera y que se pueden observar igualmente en los cráneos macerados y que puede recogerse antes y después del obstáculo, efectos de fusión que no se realizarían en todo el proyectil sino en la punta. También se ha invocado el color irisado que presenta la huella del proyectil sobre el orificio practicado en la madera, la existencia en el proyectil de estrías ó rayas paralelas y de huellas más ó menos claras, la quemadura de los pelos ó algunas veces chamuscados, la salida de grasa líquida por el orificio de salida.

A todo esto se puede objetar que el aspecto granulado de las partículas de plomo es debido á una acción mecánica que el depósito de pólvora blanquesino es muy raro, que el color irisado es debido á la formación de sulfuro de plomo, que toda presión fuerte determina huellas en un metal tan maleable como el plomo, que los pelos chamuscados sólo se observan en los tiros á quema ropa que en todo el trayecto de un proyectil en el cuerpo humano no se encuentra huella de quemadura.

Ya Beck había observado la ausencia de vestigios de quemadura en los vestidos en donde no se comprueba ni el calor ni el olor característico de trapo quemado. Reger colocaba delante y detrás de láminas de madera y de cuerpos humanos telas de lana blanca en bastante número y no pudo observar si cambió de color ni chamuscamiento de los filamentos de la lana, ni aún cuando había el proyectil atravesado huesos resistentes.

El mismo Reger recogía esos proyectiles sobre masas de mantequillas o grasas sin comprobar aumentos apreciables de temperatura y solamente con los proyectiles acorazados observó al atravesar madera señales inequívocas de combustión. Si en lugar de balas comunes se usan proyectiles calentados á 150º y á 300º se observan señales evidentes de quemaduras. Además Kocher ha demostrado que las partículas de plomo desprendidas tienen una potencia de acción mínima.

Socin ha defendido esta teoría con mucho empeño y si se hubiese limitado á aplicarla cuando los proyectiles actúan sobre los huesos resistentes, se podría aceptar en parte, pero querer como pretende que este reblandecimiento y deformación se observa hasta con el choque de la bala sobre un simple tendón es admitir demasiado.

La teoría más seductora, la que más adeptos cuenta, es la expuesta y defendida brillantemente por Kocher de Berna ó sease la teoría de la acción hidráulica y sostenida por Reger. Señalado por Hugier es admitida por Busch y gran número de cirujanos. Está basado en las experiencias practicadas por Kocher y un gran número de experimentadores.

Estos efectos hidráulicos son tan notables que refiere Moore que haciendo experiencias la comisión chilena, disparando sobre un tanque de hierro lleno de agua con el fusil Maúser producía tan enorme conmoción que las vibraciones se trasmitían á la tierra y al individuo que disparaba, repetidos los disparos, la presión hidráulica actuando sobre las paredes las hizo estallar.

He aquí como expone Kocher su teoría: "Cuando una bala animada de una gran velocidad penetra en nuestros tejidos después de haber atravesado la envoltura resistente, elástica, constituida por la piel y las aponeurosis, encuentra carnes, músculos, órganos, vísceras más ó menos llenas de líquidos. Comunicando á estos fluidos incomprensibles, el movimiento, la potencia de que vá animada, los proyectiles en todas direcciones, con una fuerza que aumentan las deformaciones agrandando los contactos.

Para que se produzcan estos efectos además de la presencia de tejidos blandos y de líquidos, dos condiciones son indispensables:
 

1ª: Velocidad bastante del proyectil para no dar tiempo al contenido para escapar por los orificios naturales ó por el de entrada. 2ª: - La existencia de una envoltura bastante densa y bastante resistente para no dejarse distender por la presión. Esta teoría explica perfectamente las lesiones en el cráneo, la vejiga, el corazón, el estómago y demás órganos huecos; pero no para los huesos y masas musculares á menos que para las primeras se haga jugar gran papel á la médula. Reger hace notar que él, no ha observado estos fenómenos en los tiros que hieren oblicuamente; para él, el choque pleno, directo, perpendicular de la bala sobre la pared resistente es la condición más indispensable para la producción de los efectos hidráulicos, lo que explica la ausencia de los fenómenos explosivos en ciertas heridas.
 
La teoría de Busch basada en la rotación del proyectil y en la fuerza centrífuga que debe animar á cada una de sus partículas, sólo ha sido defendida por él. Según su autor, toda partícula desprendida de la periferia del proyectil está animada de una fuerza enorme, para la bala Chassepott la gradúa en 11,520 veces su peso; una partícula de plomo pesando un gramo ejercería una presión lateral de 11 kilogramos por centímetro cuadrado. Pero tan brillantes cálculos no han convencido a nadie y con razón dicen Chauvel y Nimier que esta fuerza no se ejercería sino de una manera tangencial al proyectil y no de punta y la observación demuestra que la fuerza explosiva se ejerce en todas direcciones y sobre todo hacia adelante, y además, argumento capital la fuerza de rotación se conserva igual sensiblemente en todo el trayecto del proyectil y los efectos explosivos sólo se manifiestan en una extensión relativamente corta.

Otra teoría bastante admitida es la expuesta por Bornhaupt y Beck y defendida en Francia por Delorme y Logouest ó séase la de la contusión, percusión y proyección.

Según estos cirujanos los efectos explosivos son debidos á la enorme fuerza de percusión de los proyectiles modernos.

Concentrada sobre un pequeño espacio, el punto herido, esta fuerza se propaga á las partes circunvecinas por la proyección hacia adelante y alrededor de ella en todos los tejidos que rechaza en todas direcciones. En los tejidos blandos son más raros estos efectos y no se observan los enormes destrozos como cuando son afectados y destrozados los huesos compactos y de grandes diáfisis. Según los cirujanos antes referidos la presión hidráulica interviene algo, ellos la aceptan, la deformación de las balas la favorecen. Aumenta la superficie actuante y aumentan la presión y el diámetro del canal.

De todas estas teorías las que mejor explican los hechos observados son los de la presión hidráulica en los casos que se trata de órganos huecos y conteniendo líquidos, por más que la envoltura cutánea y aponeurótica hace aptos á los miembros para ponerlos en condiciones de desarrollarse los efectos hidráulicos, pero en estos casos es cuando hay que aceptar la perpendicularidad de Reger como indispensable; y la teoría de la percusión y proyección para los huesos. Combinados ambos es como mejor pueden explicar los efectos explosivos.

Y si la distancia los atenúan es porque, siendo menos la fuerza viva del proyectil no pueden desarrollarse las fuerzas necesarias. Sin embargo en los casos como el No. 20 en que no pueden invocarse la distancia que ha sido mínima se pueden explicar que como herida pulmonar, el aire tiene muchas vías por donde escapar y descomponerse la columna de aire, y como no ha habido lesión ósea no ha podido desarrollarse la fuerza de proyección, observándose hechos iguales en todas las heridas de pechos sin fractura de huesos.
 

VI

En vista de todo lo expuesto anteriormente podemos llegar á las conclusiones siguientes:
  1º. Las balas de fusil pueden producir lesiones destructivas, análogas á las que produciría una bala con carga interior y que explotará en el seno de los tejidos.

2º. Estos efectos pueden ser producidos igualmente por las balas de mayor, como las de menor calibre, por las acorazadas como por las desprovistas de ella.

3º. La distancia hasta donde se producen estas lesiones varían con el proyectil y la naturaleza y disposición de los tejidos. Siendo de mayores efectos destructivos las balas de punta blanda y de ojiva hueca, le siguen en importancia destructiva los proyectiles de grueso calibre y desprovistos de coraza y en último término los proyectiles acorazados y de pequeño calibre, y entre éstos el proyectil de acero ó de coraza de acero.

4º. Las regiones del cuerpo en donde más se presentan estos efectos explosivos, son aquellos donde existen cavidades cerradas ó casi cerradas, llenas de líquido ó sustancias semilíquidas; y las provistas de huesos largos y de diáfisis compactas.

5º. Estos efectos son debidos á la presión hidráulica que producen los proyectiles así como á la enorme fuerza de penetración ó proyección.

6º. Estos efectos aumentan con la verticalidad del tiro y las deformaciones en la punta que aumentan la superficie actuante.
 

Habana 7 de septiembre de 1899

Eugenio Molinet (firmado)

 

Observaciones

Observación 1ª Manuel Rodríguez, Soldado del Regimiento "Agramonte" -Asalto y toma de Altagracia en Junio de 1895. Fue herido en la pierna izquierda, orificio de entrada, cara anterior de la pierna, tercio medio, redondeado, como de un centímetro de diámetro; orificio de salida, cara posterior de la pierna, tercio medio, como de ocho centímetros en su eje mayor, colgajos de piel reenversados hacia afuera, los músculos heridos hacían hernia en la herida- No hubo fractura. La herida fue á menos de 100 metros. Las tropas españolas sólo tenían fusiles Remington calibre 11 mm. La curación cumplía á los 50 días de herido.

Observación 2ª. Zamora, Soldado de la Escolta de Capote -Asalto y toma de Altagracia- junio del 95 herido en el muslo izquierdo, en su tercio superior, orificio de entrada en la cara anterior, redondeado, como de un centímetro de diámetro; orificio de salida, cara posterior, con una abertura en la que cabía el puño, los colgajos de piel reenversados, músculos fragmentados papilla muscular y polvo óseo con algunas esquirlas tapizaban las paredes de la herida que eran infundibuliformes con la base correspondiente á la cara posterior. Fractura del fémur con proyección de esquirlas. Curación larga y difícil, la consolidación con acortamiento á los dos meses; quedó con supuración interminable y varias fístulas. Operado a los 7 meses se encontró entre los fragmentos del fémur la envoltura de cobre del proyectil con que fue herido sin ningún vestigio del núcleo de plomo.

Observación 3ª. Enrique Ruiz -Soldado del Regimiento de "Agramonte"- Ataque á Cascorro - Julio, 1895. Herido en el brazo y ante-brazo un orificio de entrada pequeño como de 8 mm en la región lumbar derecha, orificio de salida de igual diámetro en el costado derecho á la misma altura; en el ante-brazo, orificio de entrada, borde interno del ante-brazo derecho, tercio medio, como de 6 centímetros y salida por la cara anterior, con grandes destrozos, piel rasgada, músculos destrozados, esquirlas óseas numerosas proyectadas hacia adelante y atrás -Curó completamente de su última herida á los dos meses tuvo hematomas abundantes. Esta herida fue hecha dentro del pueblo á 100 metros del fuerte con proyectil Máuser.

Observación 4ª. Matos- Soldado del Regimiento Castillo- Saratoga 10 de junio de 1896- Herido en el pié izquierdo, orificio de entrada, cara dorsal al nivel del metatarso con colgajos reenversados hacia afuera, orificio de salida cara plantar, enorme, casi del tercio posterior de la planta del pié, con vastos colgajos irregulares hacia afuera, la enorme brecha tenía tapizadas las paredes con detritos de huesos, tendones y grasa, hemorragia abundante pero en nappe, taponada la herida con gasa. Fue perdido de vista á la semana por habérselo llevado sus familiares. Herido muy a corta distancia en un amago de carga á una fuerte guardia española. La herida fue seguramente de Máuser pues la columna española sólo llevaba ese armamento.

Observación 5ª. Ercilio García- Soldado de la Escolta del General J. M. Rodríguez- Carga del Congreso- 9 de diciembre de 1895, donde pereció heroicamente el Dr. Oscar Primelles. Herido en el tronco, lado derecho 3 cms, región hepática, salida como seis centímetros, costado derecho, colgajos reenversados, hernia de músculos y de peritoneo murió a los 15 días. Herido muy próximo pues por el orificio anterior se le extrajo uno de los tacos de cera del proyectil y con parque Remington 11 mm y camisa bronceada único que se le encontró á los numerosos muertos y prisioneros de aquella acción.

Observación 6ª. Córdoba -Soldado Regimiento Prado- herida accidental, tiro escapado al coger el Remington por la extremidad del cañón, mano derecha, orificio de entrada y salida anchamente abiertos y en colgajos, segundo y tercer metarcapiano fracturados con numerosas y pequeñas esquirlas los bordes de la herida, negruscos y quemados por la pólvora, muy poca hemorragia (sic). La herida fue hecha con proyectil de plomo endurecido de 11 mm. sacadas las numerosas esquirlas y hecha la primera cura, perdimos de vista al herido é ignoramos su resultado.

Observación 7ª. Castillo -Soldado del Regimiento Agramonte- Colina-Noviembre 20 de 1896. Herido en las partes blandas del muslo derecho, orificio de entrada como de 7 á 8 mm. de diámetro redondeado y situado en la cara anterior del masto tercio medio, orificio de salida, cara posterior del muslo anchamente abierto con dos extensos colgajos y por el que salían fragmentos de músculos. Regularizada la herida con las tijeras se le dieron 16 puntos de sutura y aunque no curó de primera intensión la cicatriz era completa al mes. La herida fue hecha con proyectil Máuser y á una distancia muy corta pues formaba parte de la avanzada y se encontraron con el enemigo de improviso y á muy corta distancia.

Observación 8ª. Mario Estevez -Soldado del Regimiento Agramonte- Caobabo

-Septiembre de 1895- Herido en la cabeza, orificio de entrada en la región parietal derecha con 7 á 8 mm. de diámetro y de bordes como estrellados, orificio de salida en la región frontal izquierda, como de 5 centímetros, colgajos reenversados hacia afuera, con proyección de gruesas esquirlas del frontal y fragmentos de masa encefálica murió á las doce horas. -Herido por Máuser y a corta distancia pues estando de guardia fue sorprendido por un flanco enemigo.

Observación 9ª. Sánchez -Capitán del Regimiento Agramonte- Carga de la Purísima -Julio de 1896- Herido en el codo derecho, orificio de entrada y salida muy anchas como de cuatro centímetros, bordes irregulares y desgarrados reenversados hacia afuera, tanto el orificio de entrada como en el de salida, por los orificios se le veían numerosas esquirlas y salía sangre y serosidad. Practicada la amputación por un compañero con buen éxito. La herida fue hecha con proyectil Máuser y á muy corta distancia en el desorden de una carga de caballería.

Observación 10ª. Cuello -Capitán del Regimiento Camagüey- San Miguel- En 2 de mayo de 1896. Herido tercio inferior muslo, con fractura del fémur. Orificio de entrada único como de 4 centímetros, bordes estrellados, por el orificio se veían numerosas esquirlas exploración inútil del proyectil. Curado de primera intensión y perdido de vista. Supe luego que había curado, con pseudoartrosis. Fue herido con bala 11 mm. coraza de cobre por haberle extraído á un muerto un proyectil de esa clase, y suponer fueran idénticos los proyectiles usados; la herida fue recibida en una emboscada y bastante cerca.
 

Figura
Fig. 6. Dr. Pedro Betancourt Dávalos (1858-1933)
Mayor General. Jefe del Quinto Cuerpo de Ejército.
Unico médico que alcanzó el grado de Mayor General en la Guerra de 1895-1898.

 
Observación 11ª. Gral. M. Betancourt -Ataque y toma de Tunas- Agosto 28 de 1896. Herido en la cabeza, orifico de entrada como de 7 mm. ángulo interior del ojo derecho, un orifico de salida, curó como á los 20 días, presentando fenómenos de hemiplejia y pérdida de la visión en el ojo derecho. El proyectil quedó dentro del cráneo, suponiendo fuese de Máuser por el diámetro del orificio de entrada. Fue herido á más de mil metros de la población.

Observación 12ª. Vicente Martínez -Soldado del Regimiento de Holguín. Rejondón de Báguano- Enero 28 de 1898, herido brazo derecho, tercio medio, orificio de entrada lado exterior del brazo con un diámetro como de 15 mm., redondeado; orificio de salida lado externo, como de 5 centímetros, con colgajos irregulares, numerosas esquirlas y hernia de fragmentos musculares. El estado de su brazo era tan grave que se propuso por un compañero la amputación. Como á los 50 días curó sin operación mutilante. La herida fue recibida en una emboscada y á corta distancia sin poder precisar el calibre del proyectil.

Observación 13ª. Varona -Capitán del Regimiento Gómez- El Rosario -Septiembre de 1896- Herido en el muslo izquierdo, orificio de entrada, tercio inferior cara interna, diámetro 8 á 10 mm. bordes limpios y redondeados, salida cara externa, orificio irregular con colgajos irregulares, hernia de músculos, proyección de esquirlas libres una como de 5 centímetros curó á los 60 días con ligero acortamiento. Herido de proyectil Máuser y á unos 50 centímetros.

Observación 14ª. Remigio Valdés -Sargento Regimiento Camagüey- Ataque al fuerte de la Zanja -Abril 14 de 1896. Herido en el vientre, 6 orificios de entrada y salida amplias y desgarradas como de 8 á 10 centímetros con hernia de intestinos desgarrados y del epiplón. Muerte inmediata. Herido con Máuser y como á 12 metros.

Observación 15ª. Clodomiro Varona -Sargento de la Escolta del General Vega- Acción de la Redonda -Junio 5 de 1899. Herido en el vientre, orificio de entrada, flanco derecho como de 10 mm., orificio de salida por el abdomen, cara interior, enorme herida en la que cabía el puño, muerto inmediatamente.

Observación 16ª. Teniente U. Viamonte -Ayudante del General J. Vega- Ataque y toma de Guáimaro -Octubre 27 de 1896- Herido en la cabeza región occipital, orifico de entrada y salida muy cerca el uno del otro como de 5 centímetros, los bordes ligeramente irregulares, se notaba una gruesa esquirla debajo de la piel y entre los dos orificios proyección por el de salida de muy poca masa encefálica, hemorragia abundante. Muerto á las pocas horas.

Observación 17a. Manuel Gutiérrez -Sargento Regimiento Agramonte- Ciego de Molina -Julio 2 de 1895. Herido en la cabeza, orificio de entrada como de 7 á 8 mm., á dos centímetros á la izquierda de la elevación frontal medio, orificio de salida un poco por encima y á la izquierda de la protuberancia occipital, con salida de partículas de masa encefálica por el orificio posterior, curación de sus heridas á los 30 días quedándole afasia, atrofia, hemiplejia derecha, pérdida del oído, de la vista y del olfato, en el lado izquierdo y del gusto para los amargos y los dulces en el mismo lado conservándolas para los ácidos. Fue herido como á 1800 metros estando en la reserva; proyectil Máuser.

Observación 18ª. Monteagudo -Sargento Regimiento Agramonte- Acción de la Carbonera (Casa atrincherada por los españoles) -Herido rodilla derecha orificio de entrada y salida pequeño, el proyectil de la herida interesó el cóndilo interno y parte superior de la tibia, cara anterior, curado con anquílosis á los 20 días; herido de Máuser como á 300 metros de la casa.
 

Figura
Fig. 7 Juan Bruno Zayas Alfonso
La Habana 8 de junio 1867. Acción de La Jaime, Quivicán, 30 Julio 1896

 
Observación 19ª. Sargento de la Escolta del General Gómez -Saratoga- Junio 10 de 1895. Orificio de entrada por debajo de la clavícula derecha en su tercio medio como de 8 mm., salida por la cara posterior del brazo izquierdo, tercio superior, diámetro igual al anterior, herida del pulmón con hemoptisis y fractura conminuta del húmero izquierdo. Curado completamente á los 60 días. Herido á larga distancia, más de 1000 metros con proyectil Máuser. Este herido se encuentra hoy en la policía de esta ciudad.

Observación 20ª. R. Cruz -Soldado del Regimiento de Camagüey- Herido accidentalmente por un compañero en el mes de julio del 95 en la región superior izquierda del tórax con proyectil de plomo endurecido de 11 mm. Orificio de entrada, región supraescapular izquierda como de 12 á 14 mm. de diámetro y de bordes redondeados -orificio de salida inmediatamente por debajo del tercio medio de la clavícula del mismo lado como de 8 mm. de diámetro y de bordes ligeramente estrellados y un poco reenversados hacia afuera. Herido el pulmón con hemoptisis abundante y salida del aire por ambos orificios. Curado al mes. La herida fue hecha como á 10 metros al bajar la barranca del río.

Observación 21ª. Suministrado por el Dr. Pérez Abreu -Soldado del Regimiento Agramonte- Herida accidental por escapársele un tiro á un compañero. La herida fue en la parte posterior de la pierna en su tercio superior. El proyectil causó grandes destrozos en las partes blandas sin haber más que un sólo orificio verdadera tronera como de 7 cm. en su mayor diámetro, se notaban numerosos colgajos de distintas formas y dimensiones, en el fondo de la herida se veía detritus de carnes dislaceradas y coagulos sanguíneos. Se presentó una hemorragia inquietante, fenómenos posteriores hicieron temer la amputación. El herido curó sin necesidad de ella aunque después de un largo plazo.

Observación 22ª. Comandante P. Domínguez del Regimiento Castillo -Chirigota- Abril 14 de 1896-. Herido en la cabeza, orificio de entrada cara externa del maxilar inferior, lado derecho, orificio de salida, cara superior del cráneo, diámetro como de 5 centímetros con tres colgajos irregulares, pérdida de sustancia ósea y hernia de masa encefálica. La herida fue hecha con proyectil Máuser y como á 12 metros de distancia en un amago de carga. Murió en el acto.

Observación 23ª. Comandante G. Cárdenas -Acción de Pedroso- Julio 13 de 1896. Herido en el muslo derecho, orificio de entrada en la cara posterior del muslo, tercio superior y como de 8 mm. de diámetro, orificio de salida, cara interna del muslo, en la unión del tercio medio con el inferior, enorme, con hernia muscular, sin fractura del fémur. Herido con Máuser y á distancia de 120 metros.

Observación 24ª. Acción Callajabos- Marzo 1 de 1897- Herido pierna derecha, orificio de entrada en el tercio inferior cara externa como de 8 mm. de diámetro, orificio de salida cara interna como de 4 centímetros, fractura de ambos huesos con numerosas esquirlas, una de ellas como de dos centímetros y que se encontraba en el mismo orificio de salida. Fué herido con proyectil Máuser y como á 100 metros.

Observación 25ª. Asistente de Dn. Javier Bolaños -Acción de Juguetillo- Marzo de 1896.- Herido en la cabeza, orificio de entrada en la región frontal parte media, salida región occipital y á la misma altura, orificio de entrada y salida pequeños como de 8 mm. redondeados de igual forma y aspecto. El herido curó pronto y con muy pocos trastornos. La herida fue hecha con proyectil Máuser y como á 1,500 metros de distancia.

Observación 26ª. Angel Quiñones -Soldado de la Escolta del Gral. M. Vega- Las Flores- Abril 9 de 1897- Herida accidental por tiro escapado al mismo. Mano izquierda, orificio de entrada y salida grandes, la piel en colgajos y reenversada (¿recuversada?), fractura de dos metacarpianos con numerosas esquirlas, resección de dos metacarpianos, regularización de los bordes y sutura. Curó por primera intención. La herida fué inferida por bala de plomo de fusil Remington.

Observación 27ª. Teniente Coronel M. Piedra -Ataque y toma de Tunas- En 29 de agosto de 1897- Herido en el muslo. Orificio de entrada en la unión del tercio medio con el inferior, no había orificio de salida, la herida en forma de embudo con los bordes reenversados hacia afuera, los músculos de la región destrozados y haciendo hernia, numerosas y grandes esquirlas unas sueltas y otras adheridas, en la herida cabían tres dedos, se exploró inútilmente el proyectil, cura húmeda y extensión continua. Curación no supuración. La herida fue hecha á muy corta distancia dentro del pueblo, no se especificaba el proyectil.

Observación 28ª. Alberto Ferrer -Soldado del Regimiento Garzón- Toma de Tunas- Agosto 28 de 1897- Herido en el vientre, bala de Remington y a muy corta distancia. Un solo orificio pero enorme de mas de 20 centímetros. La pared estrellada. Muerte inmediata.

Observación 29ª. Capitán José Pérez -Toma de Tunas- Agosto 29 de 1897. Herida bala Máuser y á corta distancia. Herido en el brazo derecho, orificio de entrada de 7 á 8 mm. en región posterior externa, salida región anterior externa con gran abertura, fractura conminuta del húmero, esquirlas grandes, extracción inmediata de ellas. Curado.

Observación 30ª. Ventura Cedeño; Sargento Regimiento Vega. Toma de Tunas -Agosto 29 de 1897. Orificio de entrada pequeño y regular; por la región parietal derecha; orificio de salida de región frontal izquierda, muy ancha, los bordes como estallados, la fractura estrellada y con hernia de masa encefálica. Herida de Máuser y á corta distancia. Muerte inmediata.

Observación 31a. Juan Aguilar -Soldado Escolta General Rabí- Toma de Guisa- Noviembre 28 de 1897- Herido con bala Máuser y á corta distancia. Herido en la garganta del pie derecho, enormes destrozos que hicieron necesario la amputación de la pierna. Curado.

Observación 32ª. Cecilio Issac -Soldado del Regimiento Cintra- Toma de Guisa. Herida de Máuser y á corta distancia. Herido en el muslo izquierdo. Orificio de entrada pequeño en la cara interna tercio medio, orificio de salida grande e irregular como de 8 centímetros de diámetro en la cara externa, fractura del fémur con proyección inmediata de las esquirlas. Curación.

Observación 33ª. Prudencio Llorente -Soldado Regimiento Bembeta- Julio 23 de 1898. Herido brazo izquierdo. Orificio de entrada pequeño, cara posterior; orificio salida cara posterior, abertura amplia, fractura conminuta del húmero, extracción inmediata de esquirlas. Curación. Herida por bala de Máuser y á corta distancia. Estas observaciones me han sido facilitadas por el Dr. Nuñez.

Observación 34ª. Jorge Jay -Sargento de la Escolta del Gral. Calixto García- Alrededores de Zamá- Herido en el vientre, cara anterior, con una sola abertura, pero vasta, enorme, la pared anterior destrozada en gran parte con salida de los intestinos los cuales estaban desgarrados. Muerto á los 10 minutos. Herido con bala Remington y á 10 pasos de distancia en una carga.

Esta observación me ha sido suministrada por el General Mario Menocal.

Al reverso de la última página dice:

Habana, Septiembre 11 de 1899

Recibida en el día de la fecha la presente tesis, pasa por orden del Señor Decano al Tribunal formado por los doctores Manuel V. Bango, Federico Horstmann, Raimundo de Castro, Antonio Gordon y Bemúdez y Pedro L. de la Cámara, a fin de que después de la lectura de la misma se señale el día para la celebración del ejercicio correspondiente.

El Secretario.

Dr. Agustín de Varona.

Firma

Leida Dr. F. Horstmann

Dr. M. Bango Firma

Firma

Dr. Pedro L. de la Cámara Firma

Conforme

Dr. Antonio de Gordón Dr. Raimundo de Castro

Firma Firma
 

* Tesis para el grado de Doctor en Medicina presentada en la Universidad de La Habana el 28 de septiembre de 1899.
Copiada, respetando su ortografía del original manuscrito en su Exp. Est. Ant. No. 9224,
Archivo Histórico de la Universidad de La Habana, por el Dr. Gregorio Delgado García.
** General de Brigada. Sanidad Militar del Ejército Libertador de Cuba.
 

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