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Mexicanos en Cuba y cubanos en México*

Las relaciones entre México y Cuba han sido muy estrechas a lo largo de sus cinco siglos de historia, en todos los campos del saber y de las luchas políticas.

Desde que por Real Orden de 11 de enero de 1570 se funda en el Virreinado de México la institución del Real Tribunal del Protomedicato, Cuba queda adscripta a él y los que en nuestra isla pretendieran ejercer la medicina en cualquiera de sus ramas, tenían que ser examinados ante aquel tribunal, hasta 1711 en que en nuestro país quedó establecida la misma institución en La Habana, de manera permanente, y lo propio ocurría con la realización de los estudios de medicina en la Universidad de San Hipólito de México fundada en 1557.

Debido a ello es que en esa Universidad se gradúa el primer cubano como Bachiller en Medicina el 2 de mayo de 1651, Diego Vázquez de Hinostrosa, nacido en La Habana el 26 de noviembre de 1626 y ante dicho Real Tribunal del Protomedicato se examina y obtiene su título de médico el 6 de noviembre de 1653. Radicado en La Habana, en 1655 vuelve a México para graduarse de Licenciado en Medicina el 14 de febrero de 1658 y de Doctor el 24 de febrero del mismo año.

Al fundarse la Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana en 1728 y con ella su Facultad Mayor de Medicina, sus primeros profesores, los habaneros, Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa y el clérigo presbítero Ambrosio Medrano y Herrera, eran graduados de Bachilleres en Medicina en la Universidad de México y de médicos ante su Protomedicato y lo mismo el francés Luis Fontayne y Culemburg, que examinó sus grados en las Universidades de París y Montpellier ante el Protomedicato de México.

En los siglos XVII y XVIII cuatro mexicanos ocuparon la Mitra de Cuba, los obispos, doctor Leonel de Cervantes y Carvajal, consagrado en 1626 y promovido a obispo de Guadalajara en 1630; doctor Nicolás de la Torre, consagrado en 1650, murió en La Habana en 1653, enterrado en Guanabacoa y más tarde trasladado sus restos a la catedral de México; doctor Juan de Santo Matías Sáenz de Mañosca, consagrado en 1662, promovido a obispo de Guatemala en 1667 y el maestro fray Gaspar de Molina, natural de Mérida, consagrado en 1730, promovido poco después a la Diócesis de Barcelona y llegó a obtener el capelo cardenalicio. Un obispo cubano, doctor Santiago José de Hecheverría Elguesúa y Nieto de Villalobos fue promovido a obispo de Puebla de los Ángeles en 1778, donde murió en 1789.

El obispo de Yucatán doctor Crescencio Carrillo y Ancona, eminente filólogo e historiador, mantuvo con el doctor Carlos J. Finlay Barrés, una estrecha correspondencia de gran valor científico. En una carta de 1892 le transcribió al sabio cubano, con sus traducciones correspondientes, las citas de los códices Chumayel y Tizimin donde se demuestra que la primera epidemia de fiebre amarilla vista por los españoles en 1648 era la cuarta registrada en dichos documentos y que, por tanto, tres de ellas correspondían a fechas anteriores al descubrimiento.

Dos de los más grandes poetas cubanos del siglo XIX estuvieron muy vinculados a México, José María Heredia Heredia, que estudió leyes (sin graduarse) en México y Pedro Santacilia Palacios, que casó con la hija mayor de Benito Juárez, Manuela Juárez y Maza, y fue secretario de su suegro en los años de guerra contra el emperador Maximiliano. Otros cubanos lucharon junto al Benemérito de las Américas, el médico, doctor Rafael Argilagos Guimferrer, graduado en Madrid y París e incorporado en La Habana, alcanzó en México el grado de comandante y murió como Coronel peleando en Cuba en 1870; el Mayor General Manuel de Quesada y Loynaz primer jefe del Ejército Libertador de Cuba en 1868 fue General de División con Juárez y lo mismo su hermano el General de Brigada mambí Rafael de Quesada y Loynaz, que fue Coronel en México y el General de Brigada León Tamayo y Viedma, que peleó junto a los Quesada en el ejército de Juárez.

Un Coronel del ejército mexicano que alcanzó en la Guerra de los Diez Años las estrellas de Mayor General, José Inclán Riasco, natural de la ciudad de México, fue fusilado en Puerto Príncipe en 1872. Otro mexicano Gabriel González fue General de Brigada en la Guerra Grande.

José Martí Pérez, Apóstol de la Independencia y Héroe Nacional de Cuba vivió en México de febrero de 1875 a febrero de 1877, donde ejerció intensamente el periodismo en la Revista Universal, publicó su traducción de Mes Fils de Víctor Hugo, se estrenó con gran éxito su proverbio "Amor con amor se paga" en el Teatro Principal de Ciudad de México, pronunció conferencias en el Liceo Hidalgo y en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, fundó con otros la Sociedad Alarcón, contrajo matrimonio con la cubana Carmen Zayas Bazán en la catedral de la capital azteca y durante el resto de su vida mantuvo estrechas relaciones con el movimiento intelectual mexicano, así como una muy valiosa colaboración literaria en sus principales periódicos.

EL doctor Juan Antiga y Escobar, que fue alumno eminente en la Facultad de Medicina de La Habana en 1892 con el mejor expediente de todas las Universidades del reino de España, revalidó su título en México, donde fue además profesor de Materia Médica y Terapéutica Homeopática de la Escuela Nacional de Medicina Homeopática de México, miembro del Consejo Superior de Salubridad de México para el estudio de la fiebre amarilla, miembro de honor de la Academia de Medicina Homeopática de México, director y fundador de la Clínica San Rafael de Ciudad de México, entre otros muchos cargos.

El doctor Fernando Méndez Capote que sufrió prisión cuando el fusilamiento de los estudiantes de medicina en 1871, exilado en México en 1896, fundó en la capital azteca una reputada clínica ginecoobstétrica y alcanzó gran renombre y solvencia económica en dicho país.

La segunda revista médica en importancia en Cuba en los siglos XIX y XX, Crónica Médica Quirúrgica de La Habana, contó desde 1876, como colaboradores y corresponsales en México, con tres destacadas figuras de la medicina azteca, los doctores Manuel Soriano, Manuel Rocha y el cirujano Francisco Montes de Oca.

El famoso músico mexicano Juventino Rosas y Cadenas, autor del inmortal vals "Sobre las Olas ", murió en Surgidero de Batabanó el 9 de julio de 1894, en la Casa de Salud "Nuestra Señora del Rosario" del doctor José Manuel Campos, asistido por éste. A la esposa del médico regaló el músico su violín en agradecimiento, el cual fue donado, muchos años después, al Museo de la Música de México.

El talentoso novelista José Rubén Romero, autor de la muy conocida "Vida inútil de Pito Pérez", vivió su exilio en La Habana y fue Ministro Plenipotenciario y Embajador Extraordinario de México en Cuba.

Pertenecieron a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, como miembros correspondientes, los doctores José Ramos (1896), Gonzalo Castañeda (1935), Everardo Landa (1935) y Manuel Manzanilla (1941).

A la Academia de Historia de Cuba, los historiadores mexicanos, Javier Malagón Barceló, Carlos R. Menéndez, José J. Nuñez Domínguez (autor del libro "Martí en México"), Alfonso Teja Zabre (autor de una conocida "Historia de México"), Juan Manuel Torres, Rafael Heliodoro Valle (aunque nacido en Honduras, lo era en México) y Silvio Zabala.

A la Academia Nacional de Artes y Letras, los doctores Camilo Carrancá Trujillo (erudito martiano), Antonio Caso (sociólogo insigne), Nanni Leone Castelli, Antonio Castro Leal, Enrique González Martínez (ilustre poeta y médico), Tomás Gutiérrez Perrín, José J. Nuñez Domínguez, Alfonso Ortiz Tirado (médico y tenor famoso), Alfonso Reyes (gran figura de las letras americanas), Adolfo Salazar, Clara Inés Suárez de Zawatzki y José Vasconcelos (filósofo, literato, historiador y educador insigne).

Muchos grandes hombres de ciencias cubanos fueron miembros de instituciones científicas de México, como los doctores: Antonio de Gordon y Acosta, graduado de todas las carreras en la Universidad de La Habana (Academia de Medicina de México); Juan Santos Fernández Hernández, oftalmólogo de fama internacional (Sociedad Oftalmológica de México y Sociedad Médica Pedro Escobedo); José M.Martínez Cañas, cardiólogo de prestigio internacional (Miembro de Honor de la Sociedad Mexicana de Cardiología); José A. Presno Bastiony, cirujano eminente (Academia Mexicana de Cirugía); Carlos M. Trelles Govín, sabio bibliógrafo(Academia Nacional de Ciencias "Antonio Alzate" de México); Carlos de la Torre y Huerta, el más grande molacólogo del mundo (Academia Mexicana de Ciencias Naturales); Juan M. Planas Saínz, matemático eminente (Academia Nacional de Ciencias "Antonio Alzate" y Sociedad Mexicana de Geografía y Estadísticas); Mariano Gutiérrez Lanza, sacerdote jesuita español que hizo toda su obra como meteorólogo en Cuba (Miembro de Honor de la Sociedad Astronómica Mexicana); Horacio Ferrrer Díaz, oftalmólogo eminente (Sociedad Oftalmológica Mexicana); Carlos E. Finlay Shine, fundador de la cátedra de Oftalmología en la Universidad de La Habana e hijo del sabio de su mismo nombre y primer apellido (Sociedad Mexicana de Oftalmología); Francisco M. Fernández Hernández, profesor de Oftalmología y Académico (Sociedad Mexicana de Oftalmología); Julio Morales Coello, antropólogo y geógrafo destacado (Academia Nacional de Ciencias "Antonio Alzate" y Sociedad de Geografía y Estadísticas de México); Gerardo Castellanos García, historiador y geógrafo eminente (Academia Nacional de Ciencias "Antonio Alzate"); Agustín Castellanos González, pediatra y cardiólogo de prestigio internacional, (Miembro de Honor de la Sociedad Mexicana de Cardiología y su figura fue pintada por Diego Rivera, junto a los más importantes cardiólogos del mundo, en el mural del salón de actos del Instituto Nacional de Cardiología en México) y otros.

La doctora Calixta Guiteras Holmes realizó una notable obra etnológica en México, donde fue profesora universitaria.

El doctor Jorge Vivó Escoto, graduado en Derecho Civil y Público en la Universidad de La Habana y uno de los primeros en ocupar el cargo de Secretario General del primer Partido Comunista de Cuba, después de perder un hijo en la II Guerra Mundial en el frente soviético, abandonó el Partido, se casó con la escritora "Loló" de la Torriente y radicado en México realizó una notable obra en los campos de la sociología, etnología y antropología, tanto docente como investigativa, en la Universidad Autónoma de México, de la que llegó a ser Profesor de Mérito.

El doctor Juan Marinello Vidaurreta, eminente escritor y Rector de la Universidad de La Habana, en sus dos exilios políticos en México (1931 y 1935) fue profesor invitado de Historia del Arte en la Escuela Central Normal y de Literatura Hispanoamericana en la Escuela de Verano y Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En dicha Universidad recibieron su especialización dos importantes figuras de la historiografía cubana contemporánea, los doctores Julio Le Riverend Brussone y Manuel Moreno Fraginals.

Grandes intelectuales mexicanos fueron destacados estudiosos de la vida y obra de Martí: Mauricio Magdalena, novelista que escribió una biografía de Martí; Andrés Iduarte, crítico y profesor, publicó el importante libro Martí escritor; Camilo Carrancá Trujillo; José J. Nuñez Domínguez; Rafael Heliodoro Valle; José Vasconcelos; Alfonso Caso (hijo de Antonio Caso); Silvio Zabala; Leopoldo Zea y otros. Ernesto Mercado, hijo de don Manuel Mercado, amigo íntimo de Martí en México, trabajó durante muchos años en la Fragua Martina de la Universidad de La Habana, junto al profesor Gonzalo de Quesada y Miranda.

Después del triunfo revolucionario, al celebrarse el X Congreso Médico Nacional en La Habana, primero que se efectuaba en Cuba después de ese hecho histórico y bajo una fuerte presión norteamericana, asistió a él una numerosa delegación de eminentes figuras de la medicina mexicana, entre ellos los doctores: Enrique Cabrera Cossio (cardiólogo), Ramón Castro Villagrana (cirujano), Juan Lombardo (neurólogo), Jaime Woolrich (urólogo), Jorge Odelín Carrillo (cardiólogo), Alfonso Herrera (cirujano), Fernando Ortiz Monedero (cirujano plástico de ascendencia cubana), Jorge Ceballos (radiólogo) y Agustín Cendrón Posadas (nefrólogo).

El profesor Enrique Cabrera Cossío llevó a cabo por esa época una serie de conferencias sobre electrocardiografía, vectorcardiografía y cardiología en general, auxiliado por la doctora María Victoria de la Cruz, de origen cubano y destacada investigadora del Instituto Nacional de Cardiología de México, en el Colegio Médico Nacional y en varios hospitales de La Habana, que hicieron época.

El doctor Enrique Cabrera Cossío, reconocido como una de las grandes figuras de la cardiología mundial y uno de los hombres más extraordinarios que yo he conocido, se radicó definitivamente en Cuba y desarrolló una obra docente y de investigación cuya importancia algún día habrá que valorar en toda su magnitud y que prematuramente tronchó su inesperada muerte, producida por un tumor cerebral operado en la Unión Soviética. Su cadáver fue velado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana y enterrado en el Cementerio de Colón. Su nombre hoy lo llevan un hospital y una Facultad de Medicina en La Habana.

Muchos médicos mexicanos laboraron en Cuba durante los años más difíciles de la primera década revolucionaria, entre ellos los doctores Josefa Bravo (esposa del doctor Cabrera y especialista en atención médica primaria), Esther M. Bonnet (ginecoobstetricia), José Burgos Mendivil (profesor de anatomía patológica) , Juan Carrasco Yanini (neuro-cirugía), Raúl Camacho Castillo (Anestesiología), Catalina Eibenschutz (medicina interna), Antonio Fernández Bouza (radiología), Carlota Guzmán de la Garza (cardiología), Julio Molina Esquivel (medicina Interna), Mario H. Rivera Ortiz (cirugía de tórax), Ramiro Ruiz Dura (medicina interna), Luz A. Sánchez Randolph (endocrinología), Pablo Sandoval (medicina interna), Raúl Lucen (medicina general), y Thalía Harmony de Fernández (tisióloga y profesora).

* Trabajo escrito a petición del Prof. Dr. Delio Carreras Cuevas, Historiador de la Universidad de La Habana.

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