CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA 106

 

Cátedras de Clínica Médica

 

 

1. Las cátedras de Clínica Médica en el plan de estudios de 1899. La asignatura de Clínica Médica en los planes de estudio de 1919, 1923, 1928, 1934, 1937 y 1941. Cambios de nombres en 1959. 2. Locales en los que se impartieron. 3. Frecuencia y horarios de clases. 4. Profesores nombrados en el Plan Lanuza. 5. Profesores titulares. 6. Profesores auxiliares. 7. Ayudantes graduados y profesores agregados. 8. Alumnos ayudantes. 9. Adscriptos, instructores y asociados. 10. Servicios anexos a las cátedras. 11. Cursos en la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana. 12. Cambios de profesores de 1959 a 1962. 13. Programas de la asignatura. 14. Libros de texto y de consulta extranjeros recomendados durante el período estudiado. 15. Bibliografía docente producida por los profesores de las cátedras. 16. Consideraciones finales. Referencias bibliográficas y documentales.

1. Al entrar en vigor el plan de estudios de 1899 (Plan Lanuza), las 2 asignaturas de Clínica Médica quedaron convertidas en cátedras independientes impartidas en el quinto y sexto años del período de la Licenciatura.

Un año después, al ponerse en práctica otro plan de estudios (Plan Varona) las 2 asignaturas de Clínica Médica se unieron en una sola con duración de un curso, explicada en el quinto y último de la carrera. Esta asignatura y la de Patología y Clínica Infantiles, medio curso, formaron la cátedra No. 6.

Por Decreto No. 88 del Gobierno Provisional Norteamericano de 26 de enero de 1909 la cátedra No. 5 se dividió en otras 2, la de Patología Médica, un curso, con el No. 5 y la de Trabajos de Análisis de Microscopía y Química Clínica, medio curso y Curso Complementario de Enfermedades de la Laringe, Oídos y Fosas Nasales, medio curso, con el No. 6. Por lo tanto, la antigua cátedra No. 6 pasó a ser la 7.

En 1919, al ponerse en vigor el nuevo plan de estudios que aumentó a 6 los años de la carrera de medicina, la asignatura de Clínica Médica, un curso, se impartía en el quinto.

Con la reforma de 1923, la cátedra No. 7 quedó dividida en 3: Clínica Médica 1er. curso, No. 7; Clínica Médica 2do. curso, No. 8 y Patología y Clínica Infantiles, un curso, No. 21. Las asignaturas de Clínica Médica, fueron explicadas en el sexto y séptimo años en el nuevo plan de estudios.

En el caso de las 2 cátedras de Clínica Médica, al igual que ocurrió con las de Anatomía Descriptiva, Fisiología y Patología General y más tarde con las de Clínica Quirúrgica, esta división solo tenía valor organizativo dentro de la Escuela de Medicina, pero legalmente era una sola cátedra, creada, con 2 asignaturas, 2 profesores titulares y 2 auxiliares.

En el plan de 1928 ambas asignaturas se dictaron en quinto y sexto años de la carrera, pero al reabrirse la Universidad de La Habana después de la caída de la dictadura del general Machado, en los planes de 1934 y 1937, la materia de las 2 asignaturas se explicó en un solo curso, en el quinto y último año, pero continuó la misma organización en cátedras números 7 y 8.

El plan de estudios de 1941, que amplió a 7 los años de la carrera, consideró nuevamente las 2 asignaturas de Clínica Médica, ahora impartidas en sexto y séptimo años, con igual organización de cátedras números 7 y 8.

En los Presupuestos de la Universidad de La Habana que entraron en vigor el 1 de julio de 1951 se dotó una nueva cátedra de Clínica Médica con el No. 7A que, como las 2 anteriores, solo tenía valor organizativo, esta creación no conllevó una correspondiente asignatura a impartir, lo cual originó una situación única dentro de la Facultad de Medicina, de 2 asignaturas explicadas en 3 cátedras.

Con esta organización continuó la enseñanza de la cínica médica hasta la reapertura de las actividades en la Universidad de La Habana después de la caída de la dictadura del general Batista, cuando por acuerdo del Claustro de la Facultad de Medicina de 25 de mayo de 1959, aprobado por el Consejo Universitario el 18 de junio de ese año, se modificó el plan de estudios médicos vigente, en virtud de lo cual la asignatura de Clínica Médica 1er. curso, unida a la de Terapéutica con aplicación a la Clínica, formaron la de Medicina Interna 2do. curso, explicada en el sexto año y la de Clínica Médica 2do. curso, como Medicina Interna 3er. curso, dictada en el séptimo.

Las cátedras de Clínica Médica números 7, 7A y 8 se denominaron a partir de entonces Cátedras de Medicina Interna números 7 y 8 y sus profesores pasaron a ser profesores de Medicina Interna conservando sus categorías y servicios hospitalarios.

2. Desde finales del pasado siglo, las clases prácticas de clínica médica se brindaban en la sala "San Joaquín" del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", primera del corredor de la izquierda con entrada por el lado oeste.1 Unos años después estas clases pasaron a la sala "San Antonio", y la "San Joaquín" se destinó a las de Clínica Quirúrgica. Algunas clases prácticas se llevaban a cabo en el Hospital de Infecciosos "Las Ánimas" y en el Hospital "Número Uno". Las clases teóricas se dictaban en el salón de clases del propio hospital.2

Al inaugurarse los nuevos pabellones de mampostería en el Hospital "General Calixto García" en 1916, la docencia de la asignatura de Clínica Médica pasó al pabellón "Lebredo"(1*) de 2 plantas: en la baja con las salas llamadas entonces "Zayas"(2*) y "Mestre" y en la alta con la "Sáez"(3*) y "Torralbas."(4*)

Tres de estas salas cambiaron luego sus nombres, las de "Zayas" y "Mestre" pasaron al pabellón "Casuso" de la cátedra de Clínica Terapéutica Quirúrgica y Técnica Operatoria y se les sustituyó por los de "Weiss"(5*) y "Núñez"(6*), aunque se les llamara usualmente hasta nuestros días como "Weiss" y el de "Sáez" por el de "Castro", pero a esta sala y la "Torralbas" se les llamará a ambas sala "Torralbas".

Al crearse una segunda cátedra de Clínica Médica con el No. 8 en 1923, esta fue instalada en el pabellón "Félix Giralt", también con 2 plantas: en la alta con las salas "Gallardo"(7*) y "Castro" y en la baja con las "Valdés"(8*) y "Landeta".(9*)

Igualmente, 3 de estas salas cambiarán sus nombres en el futuro: el de "Gallardo" por "Yarini" y el de "Castro", que pasó al pabellón "Lebredo", por el de "Grande Rossi", aunque a las 2 se les conocerá como sala "Yarini" y la "Valdés" por "Ortega". A esta y a la "Landeta" se les denominará comúnmente como sala "Landeta".

Al crearse una tercera cátedra en 1951, con el nombre de Clínica Médica No. 7A, quedará instalada en los altos del pabellón "Lebredo", salas "Torralbas" y "Ortega", o sea sala "Torralbas".

Las clases teóricas se ofrecían en el Anfiteatro del Hospital "General Calixto García" o en los salones de clases de la sala "Torralbas" y del pabellón "Gordon". Algunas clases prácticas de enfermedades infecciosas se desarrollaban en el Hospital "Las Ánimas".

3. Desde la implantación del Plan Varona, las clases de clínica médica eran diarias de 8:30 a 9:30 a. m., las teóricas los jueves y las prácticas, el resto de los días laborales de lunes a sábado.3

Al dividirse en 2 cursos, la enseñanza se continuó con la misma frecuencia de clases teóricas una vez por semana con sesiones de prácticas en la mañana en las salas correspondientes, que se extendieron a 2 horas, ya que estas asignaturas eran eminentemente prácticas.

4. Por Orden Militar No. 250 de 28 de diciembre de 1899 fue ratificado como profesor numerario de Clínica Médica, un curso, el doctor Raimundo de Castro y Allo,4 que ya lo era por oposición, numerario de entrada y nombrado el doctor Diego Tamayo Figueredo,5 numerario de la otra cátedra de Clínica Médica, un curso. Ambos tomaron posesión el 1 de enero de 1900.

El doctor Castro y Allo, sobrino del doctor Vicente Antonio de Castro Bermúdez, iniciador de la anestesia quirúrgica en Cuba, fue una de las más notables figura de la clínica médica en nuestro país. Graduado de bachiller en ciencias en la Universidad de La Habana en 1858, después de cursar el primer año de medicina en la propia institución, marchó a Europa donde continuó sus estudios. En el tercer año de la carrera alcanzó en oposiciones uno de los primeros lugares como externo de los hospitales de París, cargo que desempeñó en el Hotel Dieu. Cuando preparaba sus oposiciones para el internado sufrió una grave dolencia que lo obligó regresar a Cuba donde se graduó de bachiller en medicina en 1862, licenciado en 1864 y doctor en 1865, con la tesis de grado sobre "¿El íctero grave debe considerarse como una enfermedad esencial o como un síntoma de diversas afecciones?"6 Su carrera docente comenzó en la Universidad de La Habana al ser nombrado el 15 de febrero de 1866, por el Gobernador Superior Civil, profesor auxiliar destinado a la cátedra de Anatomía Quirúrgica, Operaciones, Apósitos y Vendajes, cargo que ocupó hasta el 23 de julio de 1869 en el que fue cesanteado por sus actividades patrióticas. Obligado a salir de Cuba, permaneció en Nassau y Jamaica 2 años y medio, y después en New York hasta 1879, donde acudía a diario a la Clínica Ginecológica del famoso doctor G. Thomas, profesor de Partos y Ginecología del Colegio de Médicos y Cirujanos de dicha ciudad. De regreso a La Habana al final de la Guerra de los Diez Años, fue nombrado profesor auxiliar, por concurso, el 30 de diciembre de 1880 y desde el 5 de enero del siguiente año, que tomó posesión, se le encargaron las cátedras de Clínica Médica 1er. y 2do. cursos. Sacada a oposición una plaza de numerario la obtuvo en los ejercicios más brillantes que se recuerdan en la época frente al profesor español, elocuente expositor y magnífico clínico, doctor Antonio Jover Puig y fue nombrado por Real Orden de 17 de mayo de 1883 profesor numerario de entrada de la cátedra de Clínica Médica y Deberes del Médico en el ejercicio de la profesión. Al frente de esta cátedra estuvo hasta que por sus actividades revolucionarias tuvo que marchar nuevamente al exilio durante la última guerra independentista de 1895 a1898. Fue académico de número y secretario de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, miembro fundador y presidente de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, miembro numerario de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Sociedad Médica de la Ciudad y Condado de New York.7,8

El doctor Tamayo Figueredo no desempeñó nunca la cátedra de Clínica Médica a él asignada por estar en funciones de Secretario de Estado y Gobernación del Gobierno Interventor Norteamericano y unido a esto, el hecho de encontrarse de licencia el doctor Castro y Allo, hizo que se le encargara el desempeño de ambas cátedras interinamente, el 21 de enero de 1900, por orden del Decano, al profesor auxiliar supernumerario de la Facultad de Medicina y Farmacia, doctor Enrique Saladrigas Lunar.

El 16 de febrero de 1900, los profesores numerarios de la Escuela de Medicina eligieron para el cargo de profesor auxiliar de Clínica Médica al doctor Antonio Díaz Albertini y Mojarrieta,9 quien tomó posesión el 26 de febrero siguiente y ese mismo día comenzó a desempeñar la asignatura de Clínica Médica 2do. curso, en sustitución del doctor Tamayo Figueredo.

Por Decreto Rectoral del propio 26 de febrero y a propuesta de la Facultad de Medicina y Farmacia fueron nombrados como jefes de clínica, con categorías de profesores auxiliares, el doctor Secundino de Castro y Allo, hermano del profesor numerario de los mismos apellidos, para Clínica Médica 1er. curso y el doctor Juan B. Fuentes Hernández, para Clínica Médica 2do. curso.

Al restituirse a su cátedra el doctor Raimundo de Castro y Allo en igual fecha y entrar en vigor los anteriores nombramientos, fue dejado cesante en su cargo el doctor Saladrigas Lunar.

Por la reforma de estudios introducida por la Orden Militar No. 266, cesan en sus funciones los doctores Díaz Albertini Mojarrieta y Fuentes Hernández, el 5 de julio de 1900 y por Decreto del Secretario de Instrucción Pública, el 16 de julio siguiente, se determinó que continuara en su plaza el doctor Secundino de Castro y Allo hasta que se verificaran oposiciones.

El doctor Díaz Albertini Mojarrieta se consideró lastimado por esta cesantía y no concurrió a las próximas oposiciones, por ello, perdió la Universidad de La Habana, la posibilidad de contar con un profesor de grandes conocimientos y cualidades docentes.

Hijo del notable clínico doctor Antonio Díaz Albertini, realizó sus estudios de bachillerato en el Seminario de "San Carlos" y "San Ambrosio" y en el colegio laico "La Gran Antilla", se graduó en 1880. Con el tercer año de la carrera de medicina cursado en la Universidad de La Habana continua sus estudios en París donde se doctoró el 24 de mayo de 1893, con una magnífica tesis sobre "Etiología de la parotiditis", que le ganó la más alta calificación del tribunal examinador presidido por el célebre profesor Félix Jean Guyón. En 1887 alcanzó en oposiciones el octavo puesto entre 300 aspirantes del externado de los hospitales. En el primer año trabajó en el Hotel Dieu con el profesor Tilleaux; en el segundo, en el Hospital "Laennec" con el profesor Damaschino y en el tercero, en el Hospital "Necker" con el profesor Dieulafoy. Este último, Maestro de la Clínica Mundial, le insistió al doctor Díaz Albertini para que se quedara a ejercer en París, consejo que el médico cubano desoyó. En 1890 logró, igualmente por oposición, la difícil plaza de interno de los hospitales y la desempeñó durante 3 años, primero en el Hospital de "Salpétriere" en los servicios de los profesores Joffroy, Babinsky y Charcot, donde llegó a adquirir una sólida preparación en la Patología y la Clínica de las enfermedades del sistema nervioso; después, en el Hotel Dieu con el profesor Siderey y, por último, en el Hospital "Lariboisiere" con el profesor Peyrot.

De regreso a La Habana examinó por enseñanza libre todas las asignaturas que le faltaban para terminar la licenciatura en medicina y cirugía, se graduó el 6 de octubre de 1893. Años más tarde se doctoró, el 27 de septiembre de 1899, con otra tesis notable sobre "Pseudo parálisis labio gloso laríngea."

Considerado como una de las grandes figuras de la clínica médica en Cuba, ocupó altos cargos y recibió honores nacionales y extranjeros: académico de número y vicepresidente de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana; miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana; presidente de la Comisión de Enfermedades Infecciosas; director del Hospital "Las Ánimas"; presidente y director del Instituto "Finlay"; Presidente de Honor del VI Congreso Médico Nacional; Presidente de la Sociedad Cubana de Salubridad Pública; Gran Oficial de la Orden "Finlay"; Oficial de la Legión de Honor de Francia; Miembro de Honor de la Academia Imperial Alemana de Naturalistas; miembro de la American Public Health Association y muchos más.10

5. Por Orden Militar No. 280 de 12 de julio de 1900 se confirmó al doctor Raimundo de Castro y Allo como catedrático titular de la nueva cátedra de Clínica Médica y Patología y Clínica Infantil No. 6 y al doctor Diego Tamayo Figueredo se le nombró catedrático titular de la de Patología Médica, Patología de las Afecciones Intertropicales y Trabajos de Análisis de Microscopía y Química Clínica No. 5.

Por muy poco tiempo desempeñó su cargo el doctor Castro y Allo pues falleció en La Habana el 5 de noviembre de 1902. Para sustituirlo fue nombrado, por Decreto Presidencial de 10 de noviembre de ese año, por ascenso, el doctor Manuel García-Lavín y Chappotin,11 quien tomó posesión 2 días más tarde.

Profesor de sólida preparación clínica, el doctor García-Lavin comenzó sus estudios de medicina en París en 1869. Cuando cursaba el segundo año de la carrera se produjo la desastrosa guerra franco-prusiana de 1870-1871, en la que por su comportamiento abnegado en la atención a enfermos fue condecorado años después (1883) con la Cruz de la Legión de Honor. En 1872, por oposición, alcanza el externado de los hospitales, oposición que repite en 1875 y su labor en este cargo le gana la Medalla de Bronce del Externado. En 1877, también por oposición, obtiene el internado y en 1882 se gradúa de Doctor en Medicina en la Universidad de París con tesis sobre "El diagnóstico de las estrecheses uretrales". Como su voluntad era ejercer en Cuba, realiza los exámenes del grado de licenciado en medicina y cirugía en la Universidad Central, de Madrid, el 27 de octubre de ese año y se le expide el título un mes más tarde, el 25 de noviembre. Los ejercicios para el doctorado en medicina, en la misma universidad, los realizó 11 años después, el 14 de octubre de 1893, y se le expidió el título el 15 de diciembre de 1899, por el Secretario de Instrucción Pública en La Habana. Recién graduado ejerció por varios años como médico de la Embajada de España en París y regresó finalmente a Cuba en 1886. El 1 de marzo de 1900 fue nombrado por la Secretaría de Instrucción Pública profesor auxiliar jefe del Laboratorio de Histología y Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina. Tomó posesión 4 días después y cesó el 5 de julio de ese año, en virtud de la reforma introducida por el Plan Varona. Durante sus 20 años de ejercicio profesional en la isla fue médico del Hospital de "San Francisco de Paula" y después, del Hospital "Número Uno"; académico de número y bibliotecario de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana; miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, además de miembro correspondiente de la Sociedad Anatómica de París, de la Sociedad Clínica de París y de la Academia Médico-Quirúrgica de Madrid.12

El doctor García-Lavín tampoco pudo ejercer por muchos años la enseñanza pues falleció en La Habana el 10 de julio de 1906. El doctor Enrique Saladrigas Lunar,13 que era en esos momentos el único profesor auxiliar de la cátedra No. 6, pues el doctor Cecilio Reol Ferrera, que ocupaba la otra plaza de auxiliar encargado de Patología y Clínica Infantiles había fallecido un mes y medio antes, pudo ascender a profesor titular sin tener que realizar nuevos ejercicios de concurso-oposición. Por Decreto Presidencial de 20 de julio del propio año fue nombrado y tomó posesión 3 días después.

El doctor Saladrigas Lunar fue uno de los clínicos de más extensa cultura médica y humanista de su época en Cuba, verdadero producto de la enseñanza superior en la Isla. Hijo del notable abogado doctor Carlos Saladrigas Domínguez, poseedor de una rica biblioteca, pudo en su propio hogar y desde edad temprana satisfacer su inclinación por la cultura universal. Se graduó de licenciado en medicina y cirugía en la Universidad de La Habana en 1888 y a pesar de que aprobó con sobresaliente las 4 asignaturas del año del doctorado en el curso 1888-1889, no fue hasta enero de 1898 que presentó su tesis de grado "Consideraciones generales sobre disentería observada en la Isla de Cuba en la epidemia actual", con la que alcanzó la nota de sobresaliente.14 Fue alumno interno por oposición del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes" (1887) y médico encargado de la sala "San Felipe y Santiago" de la misma institución (1890).

No obstante vivir en un medio contrario a la independencia de Cuba, su padre era vicepresidente del Partido Liberal Autonomista, su cuñado el licenciado Rafael Montoro Valdés, Diputado a Cortes en Madrid y Secretario de Hacienda del Gobierno Autonomista en Cuba y su suegro, el doctor Francisco Zayas Jiménez, que tanto influyó en su formación científica, Secretario de Instrucción Pública en el propio Gobierno Autonomista, el doctor Saladrigas Lunar llevó a cabo importantes actividades independentistas, entre ellas el formar en la Policlínica del doctor Enrique López Veitía un Comité Revolucionario con el nombre de "Triángulo Rojo", al que pertenecieron además los doctores Emilio Martínez y Martínez, Jorge Dehogues Michelena, Juan B. Fuentes Hernández, Enrique Ferrán Farrulla y otros, encargado de prestar auxilio a los cubanos en armas, consistente en enviar medicinas y material quirúrgico especialmente a las fuerzas de la Brigada Norte, Segunda División, del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador, mandada por el general Rafael de Cárdenas Benítez. Perteneció desde su fundación a la Escuela Práctica de Medicina, cuyo claustro era de franca tendencia independentista, como profesor de Patología General (1894-1896). En la Universidad de La Habana fue nombrado por el Secretario de Instrucción Pública, su suegro, el 19 de enero de 1898, catedrático extraordinario de la Facultad de Medicina, cargo que desempeñó hasta el 16 de junio de ese año cuando fue declarado cesante por haberse ausentado de la isla sin autorización. De regreso a Cuba, al término de la guerra, fue repuesto por el Gobernador General el 14 de octubre de 1898 en su plaza de catedrático auxiliar supernumerario y se le encargó el desempeño de la Cátedra de Medicina Legal y Toxicología, la que cumplió en el curso 1898-1899. El 21 de enero de 1900 se le asignó el desempeño de las cátedras de Clínica Médica 1er. y 2do. cursos en sustitución de sus propietarios ausentes por licencias. Fue médico del Hospital "Número Uno", académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y Decano de la Facultad de Medicina y Farmacia en junio de 1927, interinamente durante varios meses, por ser el profesor más antiguo de loa Facultad.15

Por ley de 15 de octubre de 1923, la entonces cátedra No. 7 quedó dividida en otras 3, como ya se dijo en epígrafe anterior. El doctor Saladrigas Lunar, por opción, fue nombrado por Decreto Presidencial de 27 de octubre de ese año profesor titular de la No. 7, Clínica Médica, un curso y el doctor Luis Ortega Bolaños,16 por ascenso, de la No. 8, Clínica Médica, un curso.

El doctor Ortega Bolaños fue de los hombres de ciencias cubanos que todos sus triunfos se debieron a sus propios esfuerzos. Estudiante de excepción, en las 15 asignaturas del bachillerato, en las 26 de la licenciatura y en las 4 del doctorado alcanzó siempre la nota de sobresaliente. Se le expidió su título de licenciado en medicina y cirugía en la Universidad de La Habana el 12 de febrero de 189617 y un año después, cuando desempeñaba el cargo de médico interno, por concurso, del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes" tiene que marchar al exilio en México por sus actividades independentistas. Terminada la guerra regresa a Cuba y ocupa nuevamente su cargo, pero ahora le agrega la jefatura de internos por oposición. Se graduó de Doctor en Medicina en la propia universidad habanera, el 3 de julio de 1901. Aunque en sus primeros años de internado practicó la cirugía y anestesiología, siempre su vocación fue la medicina interna a la que dedicó todo su intenso ejercicio profesional. Ocupó los cargos de jefe de clínica en la Casa de Salud "Covadonga" del Centro Asturiano; clínico del Dispensario Tamayo; Decano de la Facultad de Medicina y Farmacia en 2 ocasiones; Rector de la Universidad de La Habana; académico de número y de mérito de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana; presidente de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y de la Sociedad Cubana de Tisiología; director y fundador de la clínica mutualista "Los Ángeles", una de las mejores de Cuba en los años de la década de 1920; Presidente del Consejo Superior de Tuberculosis; presidente del VIII Congreso Médico Nacional; miembro de la Sociedad Médica de los Hospitales de París y Gran Oficial de la Orden "Finlay". Muy querido y admirado de los médicos cubanos, ocupó la presidencia de la Federación Médica de Cuba y en sus últimos años de vida, ya enfermo, la Universidad de La Habana, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el Colegio Médico Nacional y todas las sociedades médicas de Cuba, reunidas, le tributaron en 1946 un magno homenaje de reconocimiento a sus grandes méritos al cumplir 50 años de ininterrumpida labor médica.18

El 1 de diciembre de 1928 fallece en La Habana el doctor Saladrigas Lunar por lo que su cátedra fue sacada a concurso-oposición. En brillantes ejercicios la obtuvo el doctor Pedro A. Castillo Martínez,19 quien fue nombrado por Decreto Presidencial de 30 de mayo de 1929 profesor titular de la cátedra No. 7 y tomó posesión el 13 de junio siguiente.

El doctor Castillo Martínez fue una de las figuras más eminentes de la medicina cubana de todos los tiempos. Junto a los profesores Ángel A. Aballí y Arellano y Ricardo Núñez Portuondo constituyen las 3 personalidades médicas que fascinaron a su época en Cuba. Cuando estudiaba el bachillerato en letras y ciencias en Matanzas ejerció como profesor en el Colegio La Luz del famoso pedagogo Eduardo Meireles, hombre de mentalidad superior e intimó por esos años con grandes figuras de la cultura nacional residentes en la Atenas de Cuba como: Emilio Blanchet, Bonifacio Byrne, Arturo Echemendía, Agustín Acosta, Carlos M. Trelles, Fernando y Francisco Lles, Domingo Russinyol, Miguel Garmendía y Medardo Vitier, los que dejaron una fuerte influencia en la futura erudición del joven estudiante-maestro.20

Su expediente de estudios de medicina en la Universidad de La Habana,21 en el que se lee que obtuvo sobresaliente en las 27 asignaturas cursadas del segundo al quinto y último años de la carrera, con 20 premios ordinarios, para ser proclamado Alumno Eminente con la Beca de Viaje de 1919, no refleja por sí solo la brillantez con la que maravilló a sus profesores y condiscípulos y basta exponer solamente para dar una idea más real de lo que decimos, que el tema a desarrollar para el premio de la asignatura de Patología y Clínica Infantiles, "Acidosis en la infancia", el tribunal examinador, formado por los profesores Enrique Saladrigas Lunar, Luis Ortega Bolaños y Ángel A. Aballí y Arellano, le permitió disertar durante horas sobre tal materia sin agotarse sus conocimientos.

De su dedicación a la clínica médica el mismo diría: "Cinco profesores influyeron en mis impulsos hacia la medicina interna: Valdés Anciano, el enciclopedista; Saladrigas, prototipo del médico de familia; Ortega, consejero y amigo; Grande Rossi, artista de la investigación y Aballí, brillante expositor".22 La Beca de Viaje la disfrutó el primer año en París donde tomó cursos sobre radiología del corazón, electrocardiografía, tuberculosis, laboratorio y durante parte del tiempo estuvo junto a uno de los grandes clínicos de Francia, el profesor Fernand Widal, cuya metodología docente y formación científica lo impresionaron fuertemente y le hicieron escribir unos años después:

El profesor Widal es un gran clínico, es un observador meticuloso, que no descuida el más sutil detalle en el examen del enfermo, es un brillante veterano de la clínica, de palabra florida y de experiencia extraordinaria, pero todo este conjunto de cualidades que lo colocan en lugar prominente en las avanzadas de la ciencia médica mundial, es la síntesis, es el resultado de una labor incesante de preparación básica en que se reúnen los conocimientos de bacteriología que aprendiera de su maestro Chantemesse, el dominio de la histología y anatomía patológica que cultivara con Bezancon y con Letulle, la dedicación profunda que hiciera al estudio de la hematología con Jolly, etc. y cuando su palabra resuena en aquel pequeño anfiteatro repleto de un público selecto, tal parece como si cada palabra llenara de confianza nuestro espíritu por que en cada observación pone algo en que se asoma la personalidad de quien describiera tan brillantemente la biología del estreptococo, de quien fuera el creador de toda la citología de los exudados, del serólogo eminente, del anátomo-patólogo escrupuloso(…)23

Pero va a ser en Berlín, en el Hospital "La Charite", donde verdaderamente se forja como anátomo-patólogo, hematólogo y clínico, en el segundo año de su beca, junto a eminencias como los profesores Wilhem His y Víctor Schilling, entre otros. También laborará en el Hospital General de Viena bajo la dirección del profesor Ortner. En una semblanza que escribiera sobre su Maestro His deja ver lo que constituyó su modelo de clínico y que tan cabalmente logró alcanzar, por su erudición médica, desde sus primeros años de ejercicio profesional:

Al profesor His que ocupa la Cátedra de Clínica Médica en Berlín […] se le escucha disertar sobre las enfermedades de la nutrición y tal parece un químico y fisiólogo experimentado que narra sus propias experiencias; presenta en su servicio un caso de corazón y surge ante la vista el embriólogo eminente cuyo nombre corre inseparable con el haz que describiera; se presenta a discutir el resultado de una autopsia y su diagnóstico preciso parece reencarnar la clara visión de su maestro Virchow; y en unión de sus auxiliares Schilling y Bruchs, forman las mas fecundas escuelas de Hematología y Embriología respectivamente, de aquel centro científico mundial. His es el producto de una selección bien tamizada que ha recorrido triunfalmente todas las plazas que la Escuela le impusiera para ocupar el más alto sitial de las universidades alemanas: embriólogo, fisiólogo, patólogo, hematólogo, experimentador, he aquí las cinco columnas portentosas que soportan su juicio ante el enfermo. Por eso es profesor de sus alumnos, por eso tiene escuela, por eso sus derroteros marcan el camino de la ciencia universal […] y cuando el peso de los años ya avanzados, le impongan su retiro, aquel puesto de honor que recibiera de manos de un Ehrlich, de un Strumpel, de un Kemperer, será cedido a otro más joven tal vez de sus discípulos cuya historia es la historia repetida de las cátedras basales de la Clínica.24

La cultura enciclopédica del profesor Castillo Martínez alcanzaba otras ramas del saber no médico y así era conocida su dedicación a la malacología donde llegó a reunir miles de ejemplares de conchas terrestres y marinas de Cuba, de otros países y de casi todos los mares. Esta colección la donó a mediados de la década de los años 1950 a la Universidad de "Santo Tomás de Villanueva" en La Habana. Bibliófilo consumado llegó a reunir también miles de volúmenes, dedicando una amplia habitación de su biblioteca nada más que a libros cubanos, la mayoría en sus ediciones príncipes. Estudioso de la historia de la medicina y de las ideas médicas atesoraba ediciones muy antiguas de obras de Galeno, Bonetti, Sydenham, Baglivi, Rivieri, Sauvage, Van Swieten, Morganni y otros muchos.

Estaba suscrito a 68 revistas médicas cubanas y extranjeras que encuadernaba por volúmenes, para llegar a formar una de las hemerotecas médicas mas completas del país.25 Fue profesor auxiliar interino de la cátedra de Histología Normal y Anatomía e Histología Patológicas de mayo de 1923 a mayo de 1924; especialista en enfermedades tuberculosas por oposición de la Casa de Salud "La Purísima Concepción" de la Asociación de Dependientes del Comercio de La Habana; director del Sanatorio de Enfermedades Nerviosas y Mentales "Dr. Pérez Vento"; Miembro de Honor de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana; académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana; Profesor Honorario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santo Domingo, primada de América y otros muchos cargos y honores.

Por acuerdo No. 9, de 10 de mayo de 1939, del Consejo Universitario se determinó: "Aplicar al doctor Luis Ortega Bolaños —de conformidad con lo solicitado por él mismo en escrito elevado a este Organismo con informe favorable de la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina— el acuerdo No. 2 de los adoptados por el Consejo Universitario en la sesión celebrada el 24 de noviembre de 1937 y en su consecuencia, nombrarlo para que actúe como Orientador e Investigador de la Cátedra de Clínica Médica, de la que es Profesor Titular en propiedad".16 Desde esa misma fecha, el doctor Carlos F. Cárdenas Pupo,26 profesor auxiliar de la cátedra No. 8, sustituyó en sus clases al profesor Ortega Bolaños.

El 18 de diciembre de 1948 fallece en La Habana por hemorragia cerebral y síncope cardíaco el doctor Ortega Bolaños. Por Decreto del Decano de la Facultad de Medicina de 10 de febrero de 1949 se nombra al doctor Cárdenas Pupo profesor titular interino, con fecha retroactiva de 1 de enero de ese año.

En los presupuestos económicos de la Universidad de La Habana, que entraron en vigor el 1 de julio de 1951, se incluyó una cátedra de Clínica Médica, con el No. 7A, de nueva creación. Por Decreto Rectoral de 11 de julio de igual año se nombraron, por derecho de ascenso, profesores titulares de Clínica Médica No. 8 al doctor Cárdenas Pupo y de la No. 7A, al doctor José J. Centurión Maceo,27 que era auxiliar por oposición de la No. 7. El doctor Cárdenas Pupo tomó posesión el mismo 11 de julio y al siguiente día, el doctor Centurión Maceo.

6. Sacada a ejercicios de concurso-oposición la plaza de auxiliar jefe de clínica A de la nueva cátedra de Clínica Médica No. 6 se presentan a ellos los doctores Enrique Saladrigas Lunar, fuera de la docencia en esos momentos y el doctor Manuel García-Lavín y Chappotin. Ambos aprobaron los ejercicios, pero el doctor García-Lavín alcanzó el primer lugar por lo que fue nombrado en el cargo por Orden Militar No. 397 de 28 de septiembre de 1900, tomó posesión al siguiente día y cesó en esta última fecha en su interinatura el doctor Secundino de Castro y Allo.

Al fallecer el doctor Raimundo de Castro y Allo y ascender el doctor García-Lavín a titular, fue nombrado con carácter de interino como auxiliar jefe de clínica de la cátedra No. 6 el doctor Saladrigas Lunar, por orden del Decano de 11 de noviembre de 1902, hasta que se celebraron los ejercicios de concurso-oposición para ocuparla en propiedad. Concurrieron a éstos los doctores Saladrigas Lunar y Luis Ortega Bolaños. Ambos también los aprobaron, pero obtuvo la plaza el doctor Saladrigas Lunar. Por Decreto del Secretario de Instrucción Pública fue nombrado el 23 de febrero de 1903.

Por fallecimiento del doctor García-Lavín, ascenso a titular del doctor Saladrigas Lunar y fallecimiento del doctor Cecilio Reol Ferrera, quedan vacantes las 2 plazas de profesores auxiliares jefes de clínica de la cátedra No. 6. El doctor Ortega Bolaños fue nombrado interinamente profesor auxiliar jefe de la Clínica Médica el 21 de julio de 1906.

Convocados los correspondientes ejercicios de concurso-oposición para cubrir dichos cargos concurrieron a ellos los doctores Ortega Bolaños, Ángel A. Aballí y Arellano y Armando de Córdova de Quesada. Tras reñidas justas académicas, fue nombrado, por Resolución del Secretario de Instrucción Pública de 6 de noviembre de 1906 profesor auxiliar Jefe de Clínica Médica de la cátedra No. 6, el doctor Ortega Bolaños, quien tomó posesión 10 días después y con esta última fecha fue nombrado profesor auxiliar jefe de clínica de Patología y Clínica Infantiles de la misma cátedra el doctor Aballí y Arellano, para tomar posesión el 21 de noviembre siguiente.

Al dividirse la entonces cátedra No. 7, fueron creadas 2 plazas de auxiliares para las nuevas cátedras de Clínica Médica números 7 y 8. Por Decreto Presidencial de 20 de marzo de 1924 fue nombrado profesor auxiliar interino de la No. 7 el doctor José J. Centurión Maceo. Sacada a concurso-oposición la correspondiente a la No. 8, la obtuvo en muy brillantes ejercicios el doctor Pedro A. Castillo Martínez, quién fue nombrado por Decreto Presidencial de 19 de mayo de 1924. Sacada también a concurso-oposición la plaza de la No. 7, la obtuvo el doctor Centurión Maceo, el cual nombrado por Decreto Presidencial de 12 de junio del mismo año tomó posesión 9 días después.

El doctor Centurión Maceo,28 graduado de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana en 1918, con un magnífico expediente (26 sobresalientes y 6 premios ordinarios), fue académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y gozó siempre de gran prestigio como internista y profesor. Un ejemplo más de los muchos existentes en estas cátedras de las relaciones de parentesco entre sus docentes lo constituyó el doctor Centurión Maceo casado con una hija del profesor Raimundo de Castro y Allo.

Al fallecer el doctor Saladrigas Lunar y ascender, por oposición, el doctor Castillo Martínez a titular de la cátedra No. 7, la plaza de auxiliar de la No. 8, al quedar vacante, la obtuvo por concurso-oposición el doctor Carlos F. Cárdenas Pupo, que era en esos momentos ayudante graduado de Clínica Médica No. 8. Fue nombrado por Decreto Presidencial de 30 de enero de 1930 y tomó posesión el 7 de febrero siguiente.

El doctor Cárdenas Pupo, graduado de Doctor en Medicina en 1925, discutió con el doctor Pedro Kourí Esmeja la condición de Alumno Eminente y la Beca de Viaje de ese año, pues lucía en su expediente de estudios 29 sobresalientes, 14 premios ordinarios y el extraordinario Leonel Plasencia.29

Se formó como clínico notable junto a su maestro, el profesor Ortega Bolaños, desde sus días de estudiante. Tomó cursos de posgrado en el Hospital "Mount Sinaí" de New York, en el Hospital de Graduados de la Universidad de Pennsylvania y en el Massachussets General Hospital. Fue miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, formó parte de la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina, de la Junta de Gobierno del Hospital Universitario "General Calixto García", Decano de la Facultad de Medicina, gobernador del capítulo cubano del American College of Physician y disfrutó de justa fama como profesor competente, cumplidor y exigente.

Después de clausurada la Universidad de La Habana por la dictadura del general Machado, el 15 de diciembre de 1930, el doctor Cárdenas Pupo ocupó durante corto tiempo un cargo en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia por lo que a la caída del dictador se le siguió expediente de separación de su plaza de profesor auxiliar, no obstante lo cual el 15 de diciembre de 1933 la Comisión Depuradora del Profesorado lo declaró no culpable.

Por ausencia del doctor José M. Martínez Cañas fue nombrado, por Decreto del Decano de 29 de marzo de 1937, el doctor Centurión Maceo, profesor titular interino de la cátedra de Patología Médica con su clínica No. 6 y en su plaza fue nombrado, con igual fecha, el doctor Enrique Saladrigas Zayas, en esos momentos el más antiguo de los profesores agregados. Estas interinaturas duraron hasta que por Decreto Rectoral de 13 de enero de 1939 fue nombrado el doctor Pedro Iglesias Betancourt como profesor titular interino de Patología Médica con su clínica y regresaron a sus respectivos cargos, por el mismo decreto, los doctores Centurión Maceo y Saladrigas Zayas.

El doctor Enrique Saladrigas Zayas, hijo del profesor Saladrigas Lunar, se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, en 1923. Además de 4 pruebas de oposición para ayudante graduado de Clínica Médica realizó unos reñidos ejercicios de concurso-oposición para la cátedra auxiliar de Patología Médica con su clínica a finales de 1938, los que aprobó, pero quedó en segundo lugar. Fue médico de la Casa de Salud "La Balear" y del Hospital "Las Ánimas"; jefe de Sanidad Municipal de La Habana; profesor del Instituto "Finlay", años después su director (1955-1958) y Ministro de Salubridad y Asistencia Social (1952-1953).30

Desde el 10 de mayo de 1939 en que el doctor Cárdenas Pupo sustituyó interinamente al doctor Ortega Bolaños en sus actividades como profesor titular de la cátedra No. 8, el doctor Rogelio Lavín Padrón,31 profesor agregado, desempeñó interinamente la de auxiliar de la misma cátedra.

Al fallecer el doctor Ortega Bolaños y quedar vacante su plaza de titular, por Decreto del Decano de 10 de febrero de 1949 fueron nombrados, interinamente, los doctores Cárdenas Pupo, profesor titular y Lavín Padrón, profesor auxiliar, con fecha retroactiva de 1 de enero de 1949.

El doctor Lavín Padrón, hermano del notable abogado, profesor de Derecho Político y Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de La Habana, doctor Pablo F. Lavín Padrón, se graduó de Doctor en Medicina en 1926, con un brillante expediente de estudios que incluía 28 sobresalientes y 13 premios ordinarios.32 Fue alumno interno, por concurso, en el servicio de clínica del Hospital "General Calixto García" de su Maestro el profesor Castillo Martínez y ocupó la plaza de alumno ayudante de Física y Química en General de la Facultad de Medicina. Con gran sacrificio económico realizó valiosos estudios de postgrado en Europa (1931-1935). En Munich trabajó 2 años con los eminentes profesores Borts en Anatomía Patológica General; Spats, en Patología Especial del Sistema Nervioso y Romberg, en Clínica Médica. En Leipsing se mantuvo un año en el servicio de clínica de los profesores Morawitz y Henning, con éste último se inició en la exploración endoscópica y a su regreso a Cuba trajo, de primera mano, los hallazgos de la gastroscopía, que introdujo entre nosotros con la técnica de Schindler y los de la laparoscopia. En Berlín su estancia fue de medio año en el servicio del profesor Bergmann y en París hizo una breve estancia para conocer el movimiento hospitalario y científico de la capital francesa. En años posteriores realizó estudios en instituciones norteamericanas como las clínicas del Hospital "Mount Sinaí", del Hospital de Graduados de la Universidad de Pennsylvania y el Massachussets General Hospital. Fue miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y de la Sociedad Cubana de Gastroenterología.33

La creación de una nueva Cátedra de Clínica Médica, que conllevó también la de otra plaza de auxiliar y el ascenso a profesores titulares de los doctores Centurión Maceo y Cárdenas Pupo, dejaron vacantes los 3 cargos de profesores auxiliares. Por Decreto Rectoral de 12 de julio de 1951 se nombraron a los doctores Enrique Saladrigas Zayas y Rogelio Lavín Padrón como profesores auxiliares en propiedad, por ascensos, de las cátedras números 7A y 8, respectivamente, pues eran los 2 únicos profesores agregados en esos momentos con tal derecho. Tomaron posesión ese día con carácter retroactivo de 1 de julio del mismo año.

Sacada a concurso-oposición la plaza de auxiliar No. 7 concurrió al mismo, como único aspirante, el doctor Rafael Inclán Guas,34 profesor agregado interino, sin derecho de ascenso. El tribunal lo componían: como presidente, el doctor Castillo Martínez; como secretario, el doctor Manuel Ampudia González, profesor auxiliar de la cátedra de Patología Clínica e Higiene Terapéutica de las Enfermedades Tuberculosas y vocales, los doctores Centurión Maceo, Saladrigas Zayas y Lavín Padrón. En el concurso obtuvo el doctor Inclán Guas 8,69 puntos sobre 20 y en los 4 ejercicios de oposición, 78,69 sobre 80, para un total de 87,38 puntos. Por Decreto Rectoral de 18 de octubre de 1951 fue nombrado en el cargo y tomó posesión ese mismo día.

El doctor Rafael Inclán Guas se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, en 1927.35 Formado como clínico al lado del profesor Castillo Martínez desde estudiante, por orientación de este realizó estudios de postgrado por casi 2 años en la Universidad de Berlín (1927-1929), tiempo después, en 1935, tomó nuevos cursos de especialización en Estados Unidos y en 1937 regresó becado a dicha nación en la Cornell University Medical College y en el New York Hospital, como parte del Convenio de Intercambio de dicha universidad con la de La Habana para realizar: a) estudio de los métodos y prácticas que en la Universidad Cornell se empleaban en la enseñanza de la clínica médica; b) estudio y organización de los trabajos de medicina experimental como departamento anexo a la clínica médica y c) ampliación de estudios sobre el aparato cardiovascular. Por sus condiciones deportivas extraordinarias llegó a ser uno de los mejores jugadores de la pelota amateur en Cuba antes de la Revolución y de los atletas más populares en la Universidad de La Habana. Integró el equipo de dicha institución, en el que desempeñó brillantemente el campo corto de 1921 a 1927 y bateó siempre por encima del promedio de 300. Resultó premiado con la Medalla Caribe en 6 ocasiones y con la letra H, máximo galardón que se otorgaba a los atletas de la Universidad. El bate que utilizó en la temporada de 1922, una de las mejores de su carrera como atleta, se conservó por muchos años en el Museo Deportivo de la Comisión Atlética Universitaria. Fue presidente por largo tiempo, de la Liga Cubana de Base Ball Profesional de Cuba.36

7. Por la reforma universitaria de 1923 se crearon 3 plazas de ayudantes graduados para las nuevas cátedras de Clínica Médica, 2 para la No. 7 y una para la 8. Como debían ser sacadas a pruebas de oposición cada 2 cursos académicos, para los correspondientes a los de 1923-1925 se celebraron dichas pruebas a finales de 1923. En sesión del claustro de profesores de la Escuela de Medicina celebrada el 24 de enero de 1924 se acordó nombrar a los que habían quedado en los 3 primeros lugares, para la cátedra No. 7 a los doctores Enrique Saladrigas Zayas e Ignacio Calvo Tarafa y para la No. 8, el doctor Gustavo Aldereguía Lima,37 este último fue elegido por sus compañeros presidente de los ayudantes graduados de la Escuela de Medicina. Por Decreto Rectoral de 31 de enero de 1924 se les ratificó y tomaron posesión el 1 de febrero siguiente.

El 9 de julio de 1925 se celebraron nuevas pruebas de oposición y ocuparon los cargos el 30 de septiembre del propio año, para la No. 7, los doctores Saladrigas Zayas y Calvo Tarafa y para la 8, el doctor Carlos F. Cárdenas Pupo.

Por Decreto Rectoral de 1 de octubre de 1927, previas oposiciones, fueron nombrados en la No. 7, los doctores Saladrigas Zayas y Rogelio Lavín Padrón y en la No. 8, el doctor Cárdenas Pupo. Estos mismos docentes fueron ratificados en sus cargos, por oposición, por Decreto Rectoral de 1 de octubre de 1929.

En los comienzos del curso 1929-1930, al parecer por no haberse llevado a cabo estos nombramientos, el doctor Castillo Martínez se quejaba de disponer solo de un ayudante graduado en su cátedra No. 7 por lo que envió una carta al Decano de la Facultad de Medicina y Farmacia en la que le exponía:

Me permito sugerir a este Decanato las ventajas que reportaría a esta Cátedra, próximo a comenzar sus tareas docentes, el que fuera designado un individuo, experto y acostumbrado a la marcha de los servicios de esta índole y en este sentido, deseo llamar la atención sobre el doctor Rafael Inclán Guas, graduado brillantemente de nuestra Universidad que después de haber desempeñado una plaza similar en nuestro Departamento, partió a ampliar sus estudios en la Universidad de Berlín, regresando a nuestra patria con una preparación digna de ser atendida por nuestra Escuela. Por tanto: propongo al doctor Rafael Inclán y Guas, para ocupar interinamente dicha plaza.34

Nos llama la atención esta carta pues no aparece en el expediente administrativo del doctor Inclán Guas, ni en los Anuarios Universitarios de esos años que haya ocupado cargos de alumno ayudante ni ayudante graduado en las cátedras de Clínica Médica. Todo parece indicar que se quería crear una plaza expresamente para que el la desempeñara. La petición del profesor Castillo Martínez fue atendida y su recomendado, nombrado ayudante graduado interino de la cátedra No. 7 por Decreto Rectoral de 30 de septiembre de 1929. En esta designación seguramente influyó que el doctor Inclán Guas fuera hijo del doctor Clemente Inclán Costa, profesor titular de Patología Experimental, 4 meses más tarde elegido Rector de la Universidad y sobrino de los doctores Alberto Inclán Costa, profesor titular de Ortopedia y Carlos Guas Pagueras, médico mambí, teniente coronel de caballería del Ejército Libertador de Cuba, general de brigada en la guerra civil de 1906 y político influyente en el vigente gobierno del general Machado.

Algo más de un mes después, esta nueva plaza se confirmaba en la práctica cuando por Decreto Presidencial de 6 de noviembre siguiente se autorizaba al Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes para que abonara las mensualidades del doctor Inclán Guas del sueldo que no cobraba el doctor Eusebio Hernández Pérez, profesor titular de la cátedra de Obstetricia con su clínica, la plaza se mantuvo en el futuro.

Al ganar por oposición el doctor Cárdenas Pupo el cargo de profesor auxiliar de la cátedra No. 8 y quedar vacante su puesto de ayudante graduado en la propia cátedra, fue nombrado en él, como interino, por Decreto del Decano de 8 de febrero de 1930, al doctor Luis Ortega Verdes.38

El doctor Ortega Verdes, hijo del doctor Ortega Bolaños, se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, en 1928. Cuando cursaba el cuarto año de la carrera y laboraba en las casetas de madera destinadas a enfermos tuberculosos en el Hospital "General Calixto García", conocidas como Pabellón "Romay", contrajo dicha afección pulmonar que lo obligó a interrumpir sus estudios durante 2 cursos académicos.39 Formado como clínico general y cardiólogo junto a su padre, ocupó numerosos cargos: cardiólogo del Hospital Sanatorio "La Esperanza" y del Hospital "Lebredo", miembro del Consejo Nacional de Tuberculosis, director del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", director y profesor de la Escuela de Enfermeras "Miss Mary O'Donnell", miembro de la Junta Nacional de Sanidad, miembro titular y tesorero de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y presidente de la Sociedad Cubana de Cardiología.40

Por la clausura de la Universidad de La Habana primero y supresión de las actividades docentes más tarde, no se realizaron nuevas pruebas de oposición para ocupar los cargos de ayudantes graduados, por lo cual se mantuvieron en la cátedra No. 7 los doctores Saladrigas Zayas, en propiedad, e Inclán Guas, interino y en la No. 8, los doctores Lavín Padrón, que pasó a ésta también en propiedad y Ortega Verdes, interino.

Por Ley Docente de 8 de enero de 1937, aparecida en la Gaceta Oficial el 27 de febrero siguiente, quedaron todos los ayudantes graduados convertidos en profesores agregados interinos. Como los doctores Saladrigas Zayas y Lavín Padrón habían obtenido sus cargos por pruebas de oposición, 4 el primero y 2 el segundo, por Decreto Rectoral de 29 de noviembre de 1944 se les ratificó como profesores agregados en propiedad y por acuerdo del Consejo Universitario, que en sesión de 23 de marzo de 1949 aprobó el informe de la Comisión de Gobierno e Interpretación y Modificación de Estatutos, se les concedió derecho de ascenso a ambos.

Como los doctores Inclán Guas y Ortega Verdes obtuvieron sus cargos mediante nombramientos sin previo concurso público oficial, ni pruebas de oposición debían concurrir a dichos ejercicios para mantenerse en ellos. El doctor Inclán Guas al realizarlos para profesor auxiliar legalizó su situación, pero el doctor Ortega Verdes se mantuvo indefinidamente como profesor agregado interino, con perjuicio para otros aspirantes, constituyendo esto una irregularidad más dentro del profesorado de la Facultad de Medicina.

Al crearse una tercera cátedra de Clínica Médica se convirtió una plaza de profesor agregado en otra auxiliar para dicha cátedra, que desempeñó el doctor Saladrigas Zayas y quedaron, a partir de entonces, solamente 2 plazas de profesores agregados, una ocupada interinamente por el doctor Ortega Verdes en la cátedra No. 8 y otra vacante en la No. 7.

Sacada a ejercicios de concurso-oposición la plaza vacante, concurrieron a ellos, que fueron de lo más reñidos de los años de la década 1950 por la localidad de los aspirantes, los doctores Félix Fernando López Fernández, Virgilio Beato Núñez, Juan M. Portuondo de Castro y Eliseo Pérez-Stable Carreño. El tribunal examinador estaba integrado por: presidente, doctor Castillo Martínez; secretario, doctor Lavín Padrón y vocales, los doctores Centurión Maceo, Cárdenas Pupo y Saladrigas Zayas, este último no pudo formar parte por estar en funciones de Ministro de Salubridad y Asistencia Social. Los doctores Castillo Martínez y Lavín Padrón dieron como ganador al doctor López Fernández; el doctor Cárdenas Pupo al doctor Portuondo de Castro y el doctor Centurión Maceo al doctor Pérez-Stable. La puntuación más alta que recibió el doctor López Fernández fue de 6,94 en el concurso y 70,0 en los 4 ejercicios de la oposición.

Por Decreto Rectoral de 7 de febrero de 1953 fue nombrado el doctor López Fernández41 profesor agregado de la cátedra de Clínica Médica No. 7, en propiedad y con derecho de ascenso.

Graduado de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana en 1934, fue también Médico interno, por concurso, del Hospital Universitario "General Calixto García" Premio Extraordinario "Clin" de la Facultad de Medicina; becado por el Institute of Interamericans Affaire para un curso de enfermedades tropicales en la Universidad de Tulane; ganador de la beca de estudios "Luis Ortega Bolaños" del Colegio Médico Nacional para un curso de medicina interna en el Hospital "Mount Sinaí"; jefe de clínica y director del Hospital "Las Ánimas" de enfermedades infecciosas; subsecretario de Salubridad y vicepresidente, en 2 ocasiones, del Comité del Colegio Médico Nacional.42

8. Por la reforma universitaria de 1923 se crearon en la Escuela de Medicina plazas de alumnos ayudantes en diferentes cátedras, entre ellas las de Clínica Médica.

Por Decreto Rectoral de 17 de marzo de 1924, previas pruebas de oposición, fueron nombrados en la No. 7, el señor Carlos F. Cárdenas Pupo y en la No. 8, el señor Pedro Kourí Esmeja, este último, años después la más brillante figura de la parasitología médica cubana. Tomaron posesión el propio 17 de marzo. El señor Cárdenas Pupo renunció su cargo el 23 de abril de 1925 y el señor Kourí Esmeja se mantuvo en el hasta su graduación de Doctor en Medicina el 14 de julio de ese año.

Para sustituir a los señores Cárdenas Pupo y Kourí Esmeja fueron nombrados, por pruebas de oposición, los señores Constantino Zayas Tristá y Fernando Milanés Álvarez, los que se mantuvieron en los cargos hasta la graduación de ambos el 25 de marzo de 1927.

En sustitución del señor Zayas Tristá fue nombrado, también por prueba de oposición, el señor Julio F. Schutte Visiedo, quien ocupó la plaza hasta su graduación el 11 de agosto de 1928.

Estos son los únicos alumnos ayudantes que hemos encontrado en las cátedras de Clínica Médica después de una búsqueda minuciosa en los Anuarios Universitarios y en muchos expedientes administrativos correspondientes al período en que estas plazas existieron de 1924 hasta la clausura de la Universidad en diciembre de 1930.

9. Al establecerse la carrera profesoral, el Claustro Pleno de la Facultad de Medicina, en sesión de 17 de mayo de 1940,43 a propuesta de la Comisión Permanente de Adscripción, acordó el ingreso, como adscriptos en la cátedra de Clínica Médica No. 7, del doctor Lorenzo Martín de la Vega, y en la No. 8, de los doctores Argelio García López, Diego B. Fernández Alfaro y Juan A. Rubio Padilla, este último ocupó años más tarde el cargo de Ministro de Salubridad y Asistencia Social (1950-1951).

En sesión de 22 de octubre de 194144 ingresaron en la cátedra No. 7 los doctores Luis Pascual Gispert, Juan A. Jiménez Jiménez, Raúl de Velasco Guzmán, Miguel A. Suárez Solé y Orlando Fernández Ferrer y en la No. 8, los doctores Martín Landa Bacallao, Mario Rodríguez O'Hallorans, Arturo Otero Dalmau y Perfecto A. Sainz González; en la de 27 de abril de 1944,45 en la No. 7 los doctores Rolando E. Rogés Suárez, Armando de Córdova Castro, Anacleto C. Fernández Brito y Orlando Ponce de León Aguilera y en la No. 8, los doctores Armando E. Ruiz Leiro, Carlos C. Antonetti Muñiz, Antonio Gómez Hernández, Lidio Mora Morales, Bernardo Milanés López y Juan F. Lamas Parra;en la de 14 de agosto de 1946,46 en la No. 7, los doctores Fernando Pérez Monte, Roberto García-Font Caballero, Carlos M. Maruri González, Estela R. Betancourt Gómez, Felipe A. Radelat Valdivia y Miguel Manrique Sánchez y en la No. 8, los doctores Alberto F. Hernández Cañero, Alfredo L. Heydrich García, Gonzalo R. Agramonte Perdomo, Eliseo Pérez-Stable Carreño y Rodrigo A. Bustamante Marcayda; en la sesión de 25 de noviembre de 1948,47 ingresaron en la No. 7 los doctores Virgilio Beato Núñez, Orlando L. Infante Bages, Ricardo Giral Casiellas y Pablo E. Pérez Sorá y en la No. 8, los doctores Raúl A. Blanco Quintana, Ramón E. Casas Rodríguez, Carlos M. Sanz Hernández y José F. Dalero Goenaga; en la de 3 de noviembre de 1950,48 en la No. 7 los doctores David Enrique Amado Ledo, Manuel A. Carballeira Alonso, Alberto F. García Palacios, Joaquín Canals Pararnau, José R. Sotolongo Mesa e Idelfonso R. Más Díaz y en la No. 8, los doctores Eugenio A. Ballesteros Golás, Antonio Barquet Chediak y Francisco J. de Varona Varona; en la sesión de 6 de noviembre de 1950,49 en la No. 8 los doctores Mario M. Seiglie Montoro y José M. Calviño Fernández, en la de 5 de febrero de 1953,50 en la No. 7 el doctor Ignacio Macías Castro, en la No. 7A, los doctores Roberto J. Douglas Pedroso, Hilario P. Gómez Barry, Clotilde Angélica García Moure, Fernando del Valle Muñiz, Ramón Cuervo Fernández y Armando E. Cabrera Pérez y en la No. 8, los doctores Ramón V. Rodríguez Torres y Gustavo E. Abello Vasseur; por último, en la de 20 de marzo de 1956,51 ingresaron en la cátedra No. 7, el doctor Secundino E. Rubio Garcés y en la No. 8, el doctor Cosme Ordóñez Carceller.

Al crearse los cargos de instructores en la Facultad de Medicina y Farmacia, por Decreto del Decano de 30 de octubre de 1929, fueron nombrados en la cátedra No. 8, a propuesta del profesor titular doctor Luis Ortega Bolaños, los doctores Laureano Falla Álvarez, Ramón Aixala Álvarez, Julio F. Schutte Visiedo, Luis Ortega Verdes, Reinaldo Álvarez Montano y Federico Sotolongo Guerra, todos graduados 2 meses antes y el doctor Francisco J. Menéndez Hernández, graduado en 1926.

A pesar de que estos cargos eran solamente para los cursos de 1928-1929 y 1929-1930, dichos instructores continuaron laborando en los servicios de la cátedra después de la clausura de la Universidad y al reabrirse esta, el doctor Sotolongo Guerra pasó en 1934 a la cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales donde en años posteriores desarrollará una labor docente e investigativa de valor extraordinario y los doctores Menéndez Hernández y Álvarez Montano se alejaron de la docencia.

La Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina, en sesión de 5 de octubre de 1938,52 acordó abonar o reconocer el trabajo total de los antiguos instructores de Clínica Médica No. 8 doctores Falla Álvarez, Aixala Álvarez y Schutte Visiedo.

Por Resolución Rectoral de 30 de abril de 1942 fue nombrado instructor de la cátedra No. 7, el doctor Félix Fernando López Fernández. Por acuerdo del Claustro de la Facultad de Medicina de 14 de agosto de 194653 se declaró a los doctores Falla Álvarez, Aixala Álvarez y Schutte Visiedo como instructores permanentes hasta que se determinara su cesación, pero los mismos continuaron como tales hasta 1960.

En esa sesión del claustro también se acordó otorgar certificado de aptitud a los instructores de la cátedra No. 7 doctores José A. Menéndez Feros, Félix Fernando López Fernández, Manuel Alonso Patiño, Rodolfo Guerra Rosseau y José A. Reyes Echaverría y a los de la No. 8, doctores Diego B. Fernández Alfaro y Martín A. Landa Bacallao. En la sesión de 15 de marzo de 1948,54 al de la No. 8, doctor Mario Rodríguez O'Hallorans; en la de 25 de noviembre de 1948,55 al de la No. 7, doctor Perfecto A. Sainz González y a los de la No. 8, doctores Orlando Fernández Ferrer y Juan A. Jiménez Jiménez; en la de 8 de febrero de 1949,56 a los de la No. 8, doctores Bernardo Milanés López y Armando E. Ruiz Leiro; en la de 8 de abril de 1949,57 al de la No. 8, doctor Juan A. Lamas Parra; en la de 25 de julio de 194958 a los de la No. 7, doctores Luis Pascual Gispert, Lorenzo Martín de la Vega, Miguel A. Suárez Solé, Armando de Córdova Castro y Orlando Ponce de León Aguilera; en la de 18 de octubre de 1951,59 al de la No. 7, doctor Rolando E. Rogés Suárez; en la sesión de 4 de diciembre de 1951,60 a los de la No. 8, doctores Rodrigo A. Bustamante Marcayda y Eliseo Pérez-Stable Carreño; en la de 31 de julio de 1952,61 a los de la No. 8, doctores Juan A. Rubio Padilla y Alberto F. Hernández Cañero y, por último, en la de 17 de enero de 1956,62 al de la No. 7, doctor Ricardo Giral Casiellas.

La Junta de Gobierno del Hospital Universitario "General Calixto García" en sesión de 22 de noviembre de 1945,63 amparada en la transitoria XXV de la Ley Docente de 1937, consideró como médicos asociados con carácter permanente en los servicios hospitalarios de las cátedras de Clínica Médica, a partir del 1 de enero de 1946, a los siguientes médicos: gastroenterólogo, doctor Laureano Falla Álvarez; especialista del Laboratorio de Gastroenterología, doctor Rafael Silveira Aguilera; cardiólogo, doctor Ramón Aixala Álvarez; especialista en nutrición, doctor Manuel Alonso Patiño y consultante de medicina interna, doctor Julio F. Schutte Visiedo.

Es posible que muchos de los adscriptos e instructores continuaran, después de cumplidos sus respectivos períodos, como médicos asociados, pero solo nos consta documentalmente que lo fueron en la cátedra No. 7, el doctor David Enrique Amado Ledo; en la No. 7 A, los doctores Antonio Ramírez Pis y Alicia Acosta Pinillo y en la No. 8, los doctores José M. Calviño Fernández y Ranulfo E. Galano Sánchez.

10. La llegada a la cátedra de Clínica Médica del profesor Castillo Martínez en 1924 le da un gran impulso a los servicios de clínica que la misma posee en el pabellón "Lebredo", salas "Weiss" y "Torralbas" y una vez que este asciende a profesor titular de la No. 7, su entusiasmo por las investigaciones anátomo-patológicas y experimentales lo lleva a crear servicios anexos en dicho pabellón consistentes en un pequeño departamento de anatomía patológica dirigido directamente por él y laboratorios de análisis clínicos y de estudios experimentales.

Estos servicios, aunque con un presupuesto de gastos más que insuficientes, baste decir que en 1938 era de $ 460 anuales para toda la cátedra y después de exitosas gestiones se logró que se aumentara a $ 1 500 en 1944, fueron la base de la gran producción científica del doctor Castillo Martínez y sus colaboradores. Ya en los años finales del período que estudiamos se agregó un Servicio de Hipertensión Arterial fundado y dirigido por el entonces instructor doctor Ignacio Macías Castro.

La cátedra de Clínica Médica No. 8, bajo la dirección de los profesores Ortega Bolaños y Cárdenas Pupo creó también servicios anexos en su pabellón "Félix Giralt", salas "Yarini" y "Landeta". Estos servicios eran: un departamento de gastroenterología con consulta externa 3 veces por semana y exploraciones endoscópicas 2 veces por semana, bajo la dirección del doctor Laureano Falla Álvarez, instructor permanente; un laboratorio de gastroenterología dirigido, primero por el doctor Federico Sotolongo Guerra, instructor y después por el doctor Rafael Silveira Aguilera, asociado; un departamento de cardiología con consulta externa 3 veces por semana y exploraciones electrocardiográficas y ortodiagramas también 3 veces por semana, bajo la dirección del doctor Ramón Aixala Álvarez, instructor permanente; un servicio de endocrinología con consulta externa diaria dirigido por el doctor Julio F. Schutte Visiedo, instructor permanente y un servicio de nutrición y metabolismo basal, con consulta externa 3 veces por semana y pruebas de metabolismo basal 2 veces por semana, bajo la dirección del doctor Manuel Alonso Patiño, asociado.

Como estos servicios cobraban a precio módico sus consultas e investigaciones y con ese dinero sufragaban sus gastos, el presupuesto de la cátedra No. 8 que era de $ 460 anuales en el año económico de 1938-1939, fue rebajado a $355 en el de 1944-1945.

El doctor Lavín Padrón, que después de su viaje de estudios a Europa introdujo en Cuba la gastroscopia, con la técnica de Schindler y la laparoscopia, creó un servicio propio anexo a su sala "Yarini" para los estudios laparoscópicos.

11. Desde que fue creado en la Universidad de La Habana, en 1943, el Instituto Universitario de Investigaciones Científicas y de Ampliación de Estudios y después su continuadora la Escuela de Verano, los profesores y demás docentes de las cátedras de Clínica Médica fueron de los que con más asiduidad brindaron cursos en dichas instituciones, los cuales eran muy solicitados.

Los doctores Castillo Martínez con sus colaboradores impartieron cursos de clínica médica en las primeras sesiones anuales; Centurión Maceo mantuvo durante varios años cursos de cardiología clínica; Cárdenas Pupo, sobre clínica de las neumopatías y clínica médica en la práctica diaria; Lavín Padrón, sobre enfermedades del hígado y vías biliares con prácticas laparoscópicas; Inclán Guas, sobre medicina de urgencia; López Fernández, sobre enfermedades infecciosas; Falla Álvarez, sobre gastroenterología; Aixala Álvarez en casi todas las sesiones impartió cursos sobre semiología instrumental del sistema cardiovascular y electrocardiografía; Macías Castro, sobre hipertensión arterial; Beato Núñez, sobre hepatología; Fernando Pérez Montes, sobre nefropatías y Schutte Visiedo, sobre endocrinología en cursos de perfeccionamiento en el Colegio Médico Nacional.

12. Al reiniciarse las actividades docentes en la Facultad de Medicina con el triunfo revolucionario de enero de 1959, las cátedras de Clínica Médica tenían el siguiente profesorado:

- Clínica Médica No. 7: Profesor titular, doctor Pedro A. Castillo Martínez; profesor auxiliar, doctor Rafael Inclán Guas y profesor agregado, doctor Félix Fernando López Fernández.

- Clínica Médica No. 7A: Profesor titular, doctor José J. Centurión Maceo y profesor auxiliar, doctor Enrique Saladrigas Zayas.

- Clínica Médica No. 8: Profesor titular, doctor Carlos F. Cárdenas Pupo; profesor auxiliar, doctor Rogelio Lavín Padrón y profesor agregado interino, doctor Luis Ortega Verdes.

El 7 de febrero de 1959, el doctor Castillo Martínez, a raíz de los sucesos conocidos como "el colinazo", envió a las autoridades universitarias la siguiente carta en que renunciaba irrevocablemente a su cátedra:

Sr. Rector de la Universidad de La Habana

Por Conducto del Señor Decano de la Facultad de Medicina

Ilustre compañero:

Hace dos años, aproximadamente, informé a los doctores Rafael Inclán Guas y Fernando López Fernández, profesores Auxiliar y Agregado, respectivamente de la Cátedra de Clínica Médica No. 7 de la Escuela de Medicina, mi propósito de renunciar mi puesto de Profesor Titular, por oposición, ya que entendía, después de 28 años de haberla desempeñado, que era conveniente a los altos intereses de la misma una renovación sustancial con el fin de que profesores más jóvenes y de elevados merecimientos científicos y morales ocupasen las posiciones directrices, en el triple aspecto de las actividades que hasta entonces veníamos realizando: función docente, labor de investigación y producción científica, que había de proyectarse fuera del propio recinto universitario.

No era mi intención abandonar completamente el servicio hospitalario, sede de nuestra Cátedra, en cuyo servicio me había formado desde el segundo año de mis estudios universitarios, en que entré como interno del antiguo Hospital "Número Uno", cuna gloriosa donde se han forjado tantos médicos notables del pasado y del presente.

Les comuniqué mis deseos de hacer una Biblioteca en la Cátedra con mis propios libros y revistas y de ampliar el departamento de Anatomía Patológica, de laboratorios especiales y de experimentación, y que yo continuaría, de ser posible, honorariamente, bajo la dirección de ellos, ayudando en estos departamentos que, al andar los años, debían formar parte importante en toda organización médica científica.

Les agradezco mucho la fiel devoción que me testimoniaron.

Solo pude obtener la promesa de esperar una oportunidad más propicia, convencido por ellos de las dificultades existentes en aquel entonces. Por otra parte, algunos trabajos que habíamos emprendido, y que nos proponíamos publicar, no estaban aún terminados, y fue el criterio inmodificable de ellos, que mi presencia en la Cátedra era necesaria para la realización de todos estos anhelos.

Estimo que ha llegado el momento oportuno, en que todos ansiamos una Escuela de Medicina, renovada y pujante, como complemento obligado del momento histórico que vivimos.

La actitud, cívica y viril, de nuestro Claustro, compuesto en gran parte de valores morales y científicos de primer orden, ante la agresión recientemente efectuada, es motivo de satisfacción intensa de nuestra parte y creo que todos debemos contribuir a que la superación docente, ya comenzada, pueda llevarse a plena cabalidad de nuestra Escuela y de la Universidad.

Me adhiero a la postura cívica adoptada por una de las personalidades universitarias que más admiro, por su talento y honestidad, el doctor José Bisbe Alberni, y en tal sentido renuncio mi puesto con carácter irrevocable, de Profesor Titular de la Cátedra de Clínica Médica No. 7, de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana.

Muchos motivos, de afecto y reconocimiento me obligarán para siempre a los profesores de esta Escuela; quiero aprovechar esta oportunidad para ofrecerles mi sincero testimonio de reconocimiento por sus múltiples benevolencias y afectos a través de los años.

Para Uds, Sr. Rector y Sr. Decano, mi devoción más fiel.

De Ud. respetuosamente.

Dr. Pedro A. Castillo19

El Consejo Universitario, en reunión celebrada el 11 de febrero de 1959, por unanimidad, acordó no aceptar la renuncia "por considerar que sus méritos como profesor y su reconocida capacidad científica hacen recomendable la permanencia en el mencionado cargo, que tan brillantemente ha desempeñado durante muchos años".

Siete días después el doctor Castillo Martínez agradecía esas palabras, pero reiteraba su renuncia con el mismo carácter irrevocable. En reunión de 27 de febrero siguiente el Consejo Universitario le aceptó la renuncia haciendo "constar su pena porque tan eminente figura de la medicina, como usted, haya decidido abandonar la cátedra que durante años ha ocupado brillantemente".

Por acuerdo de la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina de 1 de abril de 1959 se asciende el doctor Inclán Guas a profesor titular de la cátedra No. 7, en sustitución del doctor Castillo Martínez y a profesor auxiliar al doctor López Fernández.

El doctor Saladrigas Zayas, que había ocupado el cargo de Ministro de Salubridad y Asistencia Social a raíz del golpe militar del 10 de marzo de 1952, que llevó al poder al dictador Fulgencio Batista y que después continuó su colaboración desde la dirección del Instituto "Finlay", para evitar ser expulsado del claustro universitario, en carta de 5 de marzo de 1959 presentó la renuncia irrevocable a su cargo docente por motivos de salud.

Al Sr. Rector de la Universidad de La Habana

Por conducto del Claustro de la Facultad de Medicina

Presente:

Señor Rector.

El que suscribe, Dr. Enrique Saladrigas y Zayas, natural de La Habana, ciudadano cubano, mayor de edad, casado, médico cirujano y vecino del Apartamento 26- B del Edificio FOCSA en 17 y M, Vedado, ante usted comparezco y con el mayor respeto digo:

Que vengo por el presente escrito a solicitar acepte la renuncia con carácter irrevocable, de mi cargo de Profesor Auxiliar de la Cátedra de Clínica Médica No. 7 de la Facultad de Medicina ya que me encuentro imposibilitado de desempeñarla por estar padeciendo de una trombosis de la vena central de la retina y por consiguiente bajo tratamiento anticoagulante lo que me inhabilita para el ejercicio de mi trabajo profesional. Los doctores Gustavo Alamilla y Bernardo Milanés pueden dar fe de este aserto.

Le reitero, Sr. Rector, el testimonio de mi más alta consideración y personal afecto.

Dr. Enrique Saladrigas Zayas30

El Consejo Universitario, en reunión de 9 de marzo de 1959, le aceptó la renuncia.

El doctor Cárdenas Pupo fue elegido Decano de la Facultad de Medicina y tomó posesión el 12 de mayo de 1959, 2 meses más tarde se le formularon acusaciones ante el Tribunal Depurador de la Escuela de Medicina, por lo que presentó la renuncia a dicho cargo y se le aceptó el 15 de mayo de ese año. El 24 de agosto siguiente fue absuelto de las acusaciones que se le hicieron y continuó al frente de su cátedra.

Por Resolución Rectoral de 2 de noviembre de 1959 se hizo efectiva la sanción impuesta al doctor Luis Ortega Verdes por el Tribunal Depurador de la Escuela de Medicina consistente en separación definitiva de su cargo de profesor. Se le acusaba de "haber colaborado o haber hecho manifestaciones a favor de la dictadura (causal cívica No. 3) y haber participado en actos oficiales y sociales convocados por miembros del régimen depuesto que hacen desmerecer en el concepto universitario (causal cívica No. 6)".

El presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina y capitán del Ejército Rebelde Omar Fernández Cañizares le formuló denuncias por incapacidad profesional; por haber ingresado en el profesorado sin oposiciones, lo que explicaba la presencia en el claustro de medicina de alguien tan incapacitado como profesor de Clínica Médica; de no ofrecer docencia, lo que testificaron alumnos que cursaron la asignatura en los últimos diez años y de haber cobrado como profesor sin ejercer la enseñanza.

El doctor Ortega Verdes, que fue siempre un conocido partidario del dictador Batista en sus 2 etapas políticas, pero principalmente en la segunda en la que uno de sus hijos, el señor Luis Ortega Ortega, fue vocero de la dictadura en la prensa y Representante a la Cámara por la provincia de la Habana en las elecciones de 1954, presentó recurso de alzada contra la sanción impuesta, pero el mismo no procedió, aunque el doctor Cárdenas Pupo, profesor titular, declaró a su favor, al alegar que él no habría consentido tener a su lado un profesor que no prestara servicios y no cumpliera sus deberes más elementales. El doctor Ortega Verdes, expresó sobre este particular que alternaba las clases teóricas de su asignatura con el doctor Lavín Padrón en la sala de conferencias del pabellón "Gordon". El doctor Ortega Verdes fue cesanteado también el 20 de enero de 1959 de su cargo de director del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", en el que había sido nombrado desde el 7 de abril de 1941.

Las plazas vacantes en estas cátedras no fueron ocupadas al transformarse en cátedras de Medicina Interna, pero 5 de sus antiguos adscriptos fueron designados en otras. Por Decreto Rectoral de 15 de marzo de 1960 fueron nombrados los doctores Eliseo Pérez-Stable Carreño y Virgilio Beato Núñez profesores agregados interinos, por concurso, de Patología General, ya como cátedra de Medicina Interna. Por Decreto Rectoral de 22 de abril de 1960, el doctor Ignacio Macías Castro fue nombrado profesor de la cátedra de Patología, Clínica e Higiene Terapéutica de las Enfermedades Tuberculosas, aunque ya esa cátedra no existía con ese nombre, pero sí estaban vigentes sus plazas de profesores. Por Decreto Rectoral de 5 de mayo de 1960 fue nombrado profesor agregado, por concurso, de Física Biológica el doctor Roberto Douglas Pedroso y al siguiente día, el doctor Eugenio Ballesteros Golás profesor agregado de Fisiología.

Por votar a favor de la moción en la que se desconocía la autoridad de las recién electas Junta Superior de Gobierno de la Universidad de La Habana, que sustituyó al Consejo Universitario y Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina y declararse en rebeldía contrarrevolucionaria el 29 de julio de 1960, 3 días después eran suspendidos de empleo y sueldo y sometidos a expediente disciplinario los doctores Centurión Maceo, Inclán Guas y Pérez-Stable Carreño.

El 2 de agosto siguiente, el doctor Cárdenas Pupo, en carta al Rector presentó su renuncia irrevocable:

Señor Rector de la Universidad de La Habana

Señor:

Ruego a Ud. la aceptación de la renuncia a mi cargo de Profesor de la Facultad de Medicina que actualmente desempeño.

Motiva mi decisión, situaciones pura y estrictamente personales, contribuyendo así a la más rápida y efectiva reorganización de la Facultad.

Deseándole el mayor éxito en sus gestiones en la ardua labor de la reestructuración universitaria, queda de Ud. Con la mayor consideración,

Dr. Carlos F. Cárdenas Pupo.
Profesor de Medicina Interna de la Facultad de Medicina26

El 12 de agosto, la Junta Superior de la Universidad resolvió admitírsela y ese mismo día le aceptó también la renuncia presentada por el doctor Pérez-Stable.

Solidarizado con el grupo de profesores contrarrevolucionarios, el doctor Virgilio Beato Núñez apareció en una relación de profesores, publicada por el periódico Granma el 9 de septiembre, los cuales fueron suspendidos de empleo y sueldo, a quienes se les inició expedientes disciplinarios.

Por consideración a la conducta mantenida por su padre durante su largo Rectorado, la Junta Superior de Gobierno de la Universidad, con fecha 19 de octubre de 1960 dictó resolución concediéndole jubilación al doctor Inclán Guas y cesó el 31 de octubre siguiente. Sin embargo, dicho profesor, inconforme con ésta decisión presentó recurso administrativo contra ella, que fue declarado sin lugar.

La Junta Superior de Gobierno de la Universidad, el 13 de enero de 1961 separó definitivamente de sus cargos a los doctores Centurión Maceo y Beato Núñez. Por no haberse podido localizar su expediente administrativo No. 10723 en el Archivo Histórico de la Universidad desconocemos el final de la carrera docente del doctor Lavín Padrón.

Para ocupar las plazas vacantes fueron nombrados, por concurso, el 12 de septiembre de 1960, algunos de los antiguos adscriptos e instructores de las cátedras de Clínica Médica: para la cátedra de Psiquiatría, el doctor Armando de Córdova Castro y para la de Medicina Interna, los doctores Mario Rodríguez O'Hallorans, Martín A. Landa Bacallao y Alberto F. Hernández Cañero.64

Al proclamarse la reforma universitaria el 10 de enero de 1962, aparecían en el claustro de profesores de la Escuela de Medicina, de la Facultad de Ciencias Médicas, los siguientes antiguos docentes de clínica médica; en el Subdepartamento de Farmacología, doctor Eugenio Ballesteros Golás, profesor auxiliar; en el Subdepartamento de Bioquímica, doctor Roberto Douglas Pedroso, profesor auxiliar y en el Subdepartamento de Medicina Interna, como profesores [titulares] los doctores Ignacio Macías Castro, Alberto F. Hernández Cañero y Mario Rodríguez O'Hallorans y como profesores auxiliares, los doctores José M. Calviño Fernández y Juan Jiménez Jiménez.

Unos años más tarde se alejaban de la docencia y abandonaban el país los doctores Ballesteros Golás y Jiménez Jiménez; morían en plenas funciones docentes, llorados por generaciones de nuevos médicos cubanos y por sus viejos compañeros, los doctores Armando de Córdova Castro, Mario Rodríguez O'Hallorans, José M. Calviño Fernández, Ignacio Macías Castro y Roberto Douglas Pedroso y se mantiene hoy en la enseñanza, con el grado científico superior de Doctor en Ciencias Médicas, Alberto Hernández Cañero, fundador director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular .

13. La enseñanza de la clínica médica era fundamentalmente práctica, al lado del enfermo, y por lo tanto no estaba atada a un programa a desarrollar que incluyera el estudio metódico de las enfermedades por aparatos como lo era en otras cátedras.

El profesor Raimundo de Castro y Allo, al explicar su Programa escribía:

... [La Clínica Médica] no es más que la enseñanza práctica de la Medicina, la transformación en conocimientos prácticos de los datos adquiridos por el estudio de la Patología Interna. Son inseparables, pero siguen vías distintas: la una reúne hechos parciales, los amplía, generaliza y abstrae para constituir las enfermedades; mientras que la otra, provista de estos mismos datos, trata de cerciorarse si, efectivamente, los presenta el enfermo, si los ofrece todos o tan solo algunos, si están o no modificados, del por qué de esas modificaciones, si existe relación entre los fenómenos observados y las lesiones que pudieran producirlos y, finalmente, procura prever la marcha y tendencias del mal para instituir el tratamiento más oportuno en cada caso.

Y agregaba más adelante:

[…] porque los datos recogidos a la cabecera del enfermo no se olvidan y a medida que la enseñanza se prolonga, facilitada y esclarecida con la cooperación de los medios de observación y ordenado con la apreciación metódica y razonada de los cuadros clínicos, el criterio médico va formándose y la investigación es más expedita y, por fin, llega a verse claro a la cabecera del enfermo.65

El profesor Saladrigas Lunar explicaba la metodología desarrollada por él y su auxiliar, doctor Luis Ortega Bolaños de la siguiente manera:

El Catedrático titular de la asignatura pasa la visita de la sala deteniéndose especialmente en aquellos casos que, por su importancia, requieren mayor atención, toma informes del Jefe de Clínica [profesor auxiliar] de las entradas que hubieren, y hace un apercibimiento general a los alumnos del caso. Cada semana da una conferencia sobre un tema de Clínica Médica, elegido entre los casos que ha habido en la Sala.

Preside, en su carácter de Jefe del grupo la lectura de las hojas clínicas de los enfermos y dirige la discusión del caso, haciendo el resumen. El Jefe de Clínica examina los ingresos, recogiendo sus datos y los exámenes de las diferentes excreciones, para, con la impresión del caso, transmitirlo al Jefe de la Sala; hace la distribución de los enfermos a los alumnos, cuidando que estos lleven la observación detallada y completa de cada uno y su apreciación diagnóstica la que una vez terminada por el alumno es revisada por el Jefe de Clínica y, obtenida su aprobación, es leída delante de los demás alumnos, entre los que se somete a discusión. Comparte con el Jefe de la Sala las conferencias semanales, y tiene bajo su control, la asistencia y conducta de los alumnos. En caso de fallecimiento del enfermo, se le practica la autopsia por el Jefe de Clínica, a presencia del Profesor y alumnos, explicando las lesiones macroscópicas que se encuentren y llevando una observación detallada de la autopsia la que es inscrita en un libro registro especial que se lleva, y una copia se agrega a la hoja clínica del caso. 66

El profesor Castillo Martínez, en su Introducción al Programa de Clínica Médica escribía:

Preciso es que los alumnos de las Clínicas se habitúen a visitar y permanecer en las salas del Hospital, no solamente durante la visita del profesor, sino fuera de ella; hay que vivir esa vida común junto a la dolencia misma, para recoger personalmente los últimos suspiros del pobre agonizante, como para comprobar las descargas urinarias del pneumónico que se acerca a la crisis salvadora de su enfermedad, que solamente el contacto íntimo con el enfermo es el único medio posible para que el alumno se acostumbre a observar y a perder el miedo que en los primeros años despierta el nuevo caso, que la timidez nos hace suponer indescifrable. Así podrá catalogar con gran conocimiento aquellas dudas que su preparación aún no le permite resolver, y a la mañana siguiente, no solamente puede aprovechar de la explicación del profesor, sino que puede plantearle todas aquellas dudas, para que sean convenientemente aclaradas.

En página siguiente expone los métodos más en boga en los años de la década de 1920 para la enseñanza de la clínica médica, que no podemos dejar de transcribir:

En la enseñanza de la Clínica especialmente, pudiera decirse que dos métodos principales se discuten actualmente la supremacía: el primero, tal vez el más práctico, pudiéramos llamar con Escudero, seminarista o socrático, consiste en una verdadera conversación junto a la cama del paciente, de preguntas y respuestas, en que el propio alumno recoge los datos necesarios a su diagnóstico, haciendo el mismo el interrogatorio y examen del paciente; el profesor presencia y dirige todo el examen, en relación exclusiva con el caso presente, haciendo las aclaraciones y observaciones pertinentes, pero siempre basado en un sistema de preguntas y respuestas, sin que para nada entre una ampliación general del proceso en relación con otras formas de la misma.

El otro sistema, muy empleado en las escuelas francesas, consiste en el método de la conferencia; el profesor examina minuciosamente el caso, cuya historia es leída en alta voz por un interno, lo mismo que las investigaciones practicadas, y entonces por medio de la conferencia va exponiendo públicamente todo el juicio que surge en su cerebro y todas las ideas que el examen de su caso le provoca. Tal parece como si el alumno estuviera metido en su propia mente y siguiera el razonamiento que aquel hombre experimentado pone a su disposición.

Convencido de las ventajas del segundo método insiste en él, pero apunta las dificultades para su aplicación en todos los docentes:

El método de la conferencia quizás el más brillante y al mismo tiempo el más difícil; requiere por parte del profesor extrema competencia y dotes de oratoria, no siempre fáciles de reunir en una misma persona. El examen del enfermo por el profesor, despacio y explicativo, exponiendo a cada paso las ideas y juicios que cada nuevo signo sugiere en su cerebro, comparando los unos con los otros, para considerar aquellos que son importantes y desechar los inservibles, para coordinar finalmente un diagnóstico razonable, pensando con la palabra, pudiéramos decir, es un medio lúcido y aprovechable al mismo tiempo por un sinnúmero de personas que pueden escuchar al mismo tiempo, y que al habituarse diariamente a contemplar un examen meticuloso y bien dirigido, adquiere esa práctica ideal, la del propio profesor, que les enseña sobre todo a pensar y razonar juiciosamente junto al lecho del enfermo.

Finalmente aconseja lo que a su juicio debe llevarse a la práctica:

El profesor por su parte, no creemos que deba trazarse una norma de conducta inflexible en su método; cuando el caso lo requiera debe ser su enseñanza francamente socrática y cuando las necesidades se lo impongan debe recurrir sin temor a la conferencia, como debe estar presto en todo momento a solventar las dificultades diarias que se le presenten.67

En los años finales de su larga labor docente resumiría el contenido de las cátedras de Clínica Médica, expresando que estas "comprenden la enseñanza práctica de la Medicina junto a la cama del enfermo; allí el alumno va a aplicar en el paciente mismo todos los conocimientos que ha adquirido previamente en otras disciplinas basales".25

14. El profesor Castro y Allo recomendaba como libro de texto, por lo conciso y práctico, la "Patología Interna" de Mollet. El profesor García-Lavín indicaba a su vez la "Patología y Clínica" de John Dieulafoy, el "Diagnóstico Médico" de Heurshort y Debove y el "Diagnóstico Médico" de Achard.

En la época de los profesores Saladrigas Lunar y Ortega Bolaños aparece escrito en Anuarios de la Universidad de La Habana lo siguiente:

Los libros de texto [de Clínica Médica] no han sido fijados de antemano, con objeto de que el alumno pueda elegir conforme a su discernimiento en las diferentes escuelas; recomendándose las obras de Trousseau ["Clínica Médica" de Armand Trousseau] y Dieulafoy.

En los años de la década de 1940, el profesor Castillo Martínez escribía en el Reglamento de Clínica Médica:

Las cátedras de Clínica Médica no adoptarán libro de texto alguno. Los conocimientos adquiridos por los alumnos en otras disciplinas conjuntamente con las consultas de texto de medicina y revistas que existen en la biblioteca de la Facultad de Medicina le darán el bagaje necesario junto a la cama del enfermo. La enseñanza de la clínica tiene que ser fundamentada esencialmente en la observación y estudio del enfermo, pudiéndose bien repetir como orientación presente la frase que utilizaba Baglivi (1668- 1707), el Maestro de las Clínicas italianas en época bien pretérita: "Que sepan los jóvenes que no encontrarán un libro más instructivo que el enfermo mismo".68

En 1956 diría el propio profesor Castillo Martínez: "No tenemos libros de texto especiales, el enfermo es el libro que utiliza el alumno cuyas páginas les enseñamos a leer… El mejor libro es el enfermo mismo".25

Por esos años, la obra de consulta quizás más popular entre los estudiantes de Clínica Médica lo era "Lecciones de Patología Médica" del célebre internista español doctor Carlos Jiménez Díaz, profesor en sus inicios de Patología Médica de la Universidad de Sevilla y más tarde de Clínica Médica de la Universidad Central de Madrid. Esta obra, verdadero monumento en lengua castellana de la enseñanza de la clínica al lado del enfermo, comprende 7 tomos, que incluyen 500 lecciones tomadas taquigráficamente al Maestro hispano y expuestas apretadamente en 6 000 páginas.

Otra obra muy consultada en los años finales del período estudiado, a partir de 1950, lo fue "Tratado de Patología y Clínica Médicas", en 6 tomos, dirigida por el no menos célebre doctor Agustín Pedro-Pons, profesor de Clínica Médica de la Universidad de Barcelona, en su primera edición.

15. Por lo mismo de ser eminentemente práctica la Clínica Médica y no recomendarse libro de texto especial, la producción de literatura docente fue muy escasa entre los profesores cubanos de esta importante rama de la medicina, pero lo que extraña es que también lo fue el resto de la bibliografía médica, con la sola excepción del profesor Castillo Martínez.

En la poco numerosa bibliografía del profesor Castro y Allo se destacan: "En el estado actual de la ciencia el estado puerperal y la llamada metritis puerperal no constituyen una misma enfermedad" (1867), "Observación de un caso de hernia inguino-escrotal izquierda congénita (oblicua externa estrangulada) operada por desbridamiento y curada" (1879), "Caso de vaginismo curado por medio de las incisiones múltiples del esfínter vaginal" (1881) y "El hipnotismo como tratamiento, su empleo en nuestros hospitales" (1890).

El doctor García-Lavín, según el doctor Carlos E. Finlay Shine, se dedicó en París más a la anatomía patológica que a la clínica y publicó en esa ciudad algunos trabajos sobre: "La fiebre en la parálisis general progresiva", "El crup en los niños menores de dos años", "Linfangitis", "Neumonía erisipelatosa" y otros. En Cuba su trabajo de ingreso en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana trató sobre "Anatomía normal del hígado y el cáncer de dicha glándula" (1891) y en la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana sobre "Fiebre tifoidea en el curso del paludismo" (1891). En el Hospital de San Francisco de Paula llevó a cabo investigaciones sobre anatomía patológica con los doctores Gustavo Sterling y Nicolás Carballo Gutiérrez, pero se dedicó más a la clínica. Publicó entre otros trabajos: "Contribución al estudio de la flegmasía alba-dolens" (1896), "Polineuritis alcohólica con fenómenos pseudo- bulbares" (1894), "Infección estafilococcica" (1900) y "Tratamiento de la artropatía blenorrágica de la rodilla" (1894).

El doctor Saladrigas Lunar, de muy escasa bibliografía médica, publicó en la Revista de Medicina y Cirugía de La Habana 2 trabajos docentes: "Lección clínica sobre un caso de arteriosclerosis generalizada" (1904) y "Lección inaugural del curso de Clínica Médica" (1906).

Sin constituir tampoco una excepción, el doctor Ortega Bolaños recogió en folletos algunos de sus estudios sobre tuberculosis pulmonar y sobre 2 profesores notables de la Universidad de La Habana: "Formas clínicas de la tuberculosis pulmonar en la Isla de Cuba", La Habana, 1904, trabajo premiado por la Liga contra la Tuberculosis en el concurso de 1903; "Estudio sobre la distribución geográfica de la tuberculosis en la Isla de Cuba", La Habana, 1905, memoria premiada por la Liga contra la Tuberculosis en el concurso de 1904; "Oración fúnebre del académico de número Dr. Leonel Plasencia Montes", La Habana, 1923, su amigo y "Raimundo de Castro Allo", La Habana, 1941, su maestro.

Pero sí fue la excepción el doctor Castillo Martínez, quien sin lugar a dudas es el profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana que más libros publicó. En 1924 apareció en la Revista Médica Cubana su "Introducción al Programa de Clínica Médica", disertación en sus oposiciones a cátedra en el ejercicio correspondiente a la defensa del Programa, que después de casi 70 años, aún mantiene un gran valor pedagógico.

El año 1925 es de gran importancia en su comenzante producción científica pues salen de la imprenta su folleto "Carcinoma primitivo del pulmón. Lección de Clínica Médica", su libro "Elementos figurados de la sangre" y se recogen en volumen de 312 páginas algunas de sus conferencias con el título de "Lecciones de Clínica Médica", primer libro de texto cubano de la asignatura publicado en el presente siglo.

Tomadas taquigráficamente por los entonces alumnos de medicina Juan J. Castillo Arango y Ángel Valdés Calienes, revisadas por el autor e ilustradas con 67 magníficas figuras, el volumen comprende las siguientes conferencias: "Evolución, concepto y límites de la clínica médica moderna", "Carcinoma primitivo del pulmón", "Aneurisma sacciforme de la aorta ascendente", "Ideas generales de hematología que facilitan el concepto de las leucemias", "Leucemia aguda linfoide", "Endocarditis crónica ulcerosa", "Síndrome renal de la asistolia en un caso de aortitis crónica de Hodgson", "El síndrome obesidad", "Síndrome hipertensión-azotemia", "Algunos síndromes dependientes del anormal desarrollo esquelético o trastornos nutritivos del mismo", "Nanismo hipofisiario-acondroplasia", "Tetania y eclampsia", "Raquitismo y osteomalacia", "Reumatismo crónico" y "La osteoartropatía pnéumica".

Un año más tarde, aparecen los libros: "Cáncer del pulmón y del mediastino", La Habana, 1926 y "Cuatro conferencias sobre hematología", La Habana, 1926, volumen de 280 páginas.

En la revista Vida Nueva, en los números de mayo y junio de 1927 dedicados a la tuberculosis pulmonar, el doctor Castillo Martínez publicó en verdad un nuevo libro, pues sus trabajos abarcan 200 páginas: "Revista general sobre tuberculosis"; "Clasificación de la tuberculosis pulmonar del adulto. Estudio clínico-radiológico", con 37 figuras de radiografías, en colaboración con el doctor Pedro L. Fariñas Mayo; "Contribución al estudio de la presión arterial y venosa en la tuberculosis pulmonar", en colaboración con el doctor Juan J. Castillo Arango; "Nociones generales sobre anatomía patológica de la tuberculosis pulmonar", con 9 figuras de cortes místicos originales del autor, en colaboración con el doctor Carlos F. Cárdenas Pupo y "El neumotórax artificial en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar", con 4 figuras de radiografías, en colaboración con los doctores José Bisbé Alberni y Gustavo Aldereguía Lima.

En los años de la década de 1930, de gran inestabilidad política y docente en Cuba, aparece no obstante, el resto de su importante aporte científico en libros: "Infarto cardíaco", La Habana, 1931, 351 páginas, obra en colaboración con sus discípulos, doctores Rafael Inclán Guas, Rogelio Lavín Padrón, Ramón Aixala Álvarez y Luis Ortega Verdes; "Contribución al estudio anátomo-clínico del cáncer del pulmón", La Habana, 1933, 245 páginas; "Hepatología. Libro primero. Anatomía y Semiología Clínica del Hígado", La Habana, 1934, 650 páginas, ilustradas con 203 grabados; "Clasificación de la tuberculosis pulmonar", La Habana, 1939, 132 páginas y "El hepatón: unidad histológica", La Habana, 1939, 112 páginas.

Muchos años más tarde, el 8 de julio de 1956, aparece en el Diario de la Marina una entrevista concedida por el profesor Castillo Martínez al licenciado Luis Gutiérrez Delgado en la que dice: "como autor soy reincidente y estoy a punto de reincidir", pero en realidad ese otro libro que enuncia, sin dar su título, no se llegó a publicar.

Fundó y dirigió con los profesores Luis Ortega Bolaños y Clemente Inclán Costa la revista Archivos de Medicina Interna (1935-1958), una de las mejores de Cuba. El segundo número, del volumen primero, de dicha revista se dedicó en homenaje al profesor Castillo Martínez. Se inicia con un retrato suyo y un "A manera de prólogo" de su maestro el doctor Ortega Bolaños.

En 1938, el doctor Inclán Guas en colaboración con el doctor J. Alonso publicó el folleto "Contribución al estudio de las neumoconiosis" y al siguiente año, el doctor López Fernández, en colaboración con el doctor Ricardo Fusté Amieba "El síndrome espleno-adénico de la leucemia mieloide".

El doctor Lavín Padrón tradujo del alemán y prologó la obra de H. D. Witzlebeu "Afecciones cardíacas y vasculares y sus relaciones con el sistema nervioso y psiquis", La Habana, 1940 y el doctor Perfecto A. Saínz González, adscripto e instructor, publicó en 1952 su libro "Semiología funcional del estómago".

16. Las cátedras de Clínica Médica fueron de las más prestigiosas de la Facultad de Medicina durante el período que estudiamos. Con las mismas limitaciones de presupuestos económico que sufrió la enseñanza superior cubana en general en dicha época, en ellas se enseñó Clínica Médica de calidad y se llevaron a cabo en sus servicios investigaciones cuyos resultados nutrieron la obra científica de sus docentes, principalmente del profesor Castillo Martínez y dieron calidad a la atención médica hospitalaria y de consulta externa dirigida a la población más necesitada, no sólo de la capital, sino también a pacientes de todas partes de la isla que acudían al Hospital Universitario "General Calixto García", único completamente docente del país, a recibir una asistencia médica muy calificada, a precio muy bajo o gratuitamente.

A diferencia de otras asignaturas que como Patología General (2 cursos) y Patología Médica (1 curso) solamente poseyeron, respectivamente, 2 y 1 servicio clínico para su enseñanza, las asignaturas de Clínica Médica contaron con 4. Entre ellos se formaron generaciones de internistas cubanos que pasaron por allí sus etapas de alumnos y médicos internos, médicos residentes, adscriptos, instructores y asociados, aunque es bien cierto que a estas ventajas sólo podían aspirar los primeros expedientes de cada promoción.

Pero indiscutiblemente, lo que más realce dio a su docencia fue la gran calidad científica y didáctica de sus profesores. A continuación expondremos la impresión que dejaron en algunos de sus alumnos la personalidad de 4 de los profesores más brillantes de Clínica Médica en las 2 primeras décadas del presente siglo, los doctores Raimundo de Castro y Allo, Antonio Díaz-Albertini Mojarrieta, Manuel García-Lavín Chappotin y Enrique Saladrigas Lunar.

Del doctor Raimundo de Castro y Allo diría el doctor Bernardo Escobar Laredo:

Es un consumado clínico. Pocos valorizan síntomas como él. No es frase mía, hija de mi agradecimiento al maestro. Es hecho tangible, que se evidencia todos los días.

Preguntad á las eminencias de La Habana, á un Bango, á un Cabrera Saavedra, á un Landeta, qué juicio merece el doctor Castro y todos ellos, hombres de verdadero saber, se harán lenguas pintando los méritos y conocimientos del hombre sabio que explica Clínica Médica en la Universidad de La Habana, conocimientos patentizados á diario en la cátedra, en la clientela, en las consultas con médicos de nombradía.

Como catedrático, carece de la elocuencia de Jover; su palabra es difícil, lenta, perezosa, a veces torpe; pero enseña clínica, enseña conocimientos prácticos.

Sustituyó en la cátedra a un gran novelador, al doctor Félix Giralt. ¡Contraste singular! Si aquel forjaba hermosas novelas clínicas, envueltas en galano ropaje que hacía mas hermosa aún la verbosidad de Giralt, Castro, interpretaba la realidad clínica que lucía pura, que brillaba radiante, siguiera su palabra poco fácil, y alguna vez rebelde, no le prestase los encantos de la forma, las fulguraciones de un estilo florido.

Su misión no terminaba en la cátedra; enseña en sus cartas a sus discípulos del interior de la Isla que le consultan casos difíciles que la bondad del maestro resuelve siempre pacientemente.69

El doctor Gustavo López García, escribiría poco después de la muerte del Maestro:

De extensa ilustración, de constancia ejemplar, fue Castro un Profesor digno, celoso de su cargo, buen conocedor de los recursos de la enseñanza y que sabía comunicar a sus alumnos que fueron muchos, junto con el hermoso concepto del magisterio médico y de la dignidad profesional, el amor a la ciencia y los hábitos del estudio. Era grandemente oportunista en sus lecciones clínicas, sabiendo sacar provechoso partido de los hechos clínicos que se ofrecían en las salas del Hospital y los hacía grabar bien en la mente de sus discípulos.

No era hombre adornado de condiciones de orador. Su palabra no era suelta, fácil, ni quizás elegante ni vehemente. Pero su dicción era reposada, serena, siempre ajustada a su poderío reflexivo, que llevaba su palabra a expresar lo que quería. Así adquirió pronto el hábito de exponer; lo que hacía con método teniendo habilidad para señalar los puntos, asuntos ó lugares más interesantes y útiles".70

El Maestro de la pediatría cubana, doctor Ángel A. Aballí y Arellano, escribió sobre Castro y Allo:

Es para mí un honor extraordinario el haber sido del grupo de sus últimos discípulos en los Cursos de 1899 a 1900, y de 1900 a 1901, habiendo recibido su enseñanza directa, día a día, lo que nos permitió obtener extensos conocimientos y una orientación que agradecemos siempre en el difícil arte de curar.

Su verbo tranquilo y reposado, lleno de razones convincentes y de intensos conocimientos que su cultura médica, su práctica extensa y su observación sistemática y minuciosa habían podido acaparar, para transmitirlos en fórmula de fácil comprensión y de enseñanzas extraordinarias.

Esta labor en la Cátedra, realizada con una constancia y exactitud prodigiosas, se unían a su completa disposición natural para la Clínica, haciendo de él un perfecto médico de condiciones no igualadas.71

El doctor Díaz-Albertini, a pesar de su breve paso por la cátedra de Clínica Médica, dejó un recuerdo imborrable en sus discípulos. Uno de ellos, el eminente profesor de Medicina Legal y Toxicología, doctor Raimundo de Castro y Bachiller, diría muchos años después de su muerte:

(…) el que esto escribe, alumno entonces de medicina, no olvidará jamás una lección que le fue dable oírle sobre un paciente de insuficiencia mitral ante la propia cama del enfermo en el hospital "Mercedes", qué claridad de exposición, qué sencillez en sus explicaciones, qué profundos conocimientos al alcance del alumno mostrándole a la vez en la auscultación, en la percusión, en fin, en las manifestaciones clínicas todas del enfermo lo que en sus palabras elocuentes y persuasivas hacía llegar a nosotros deleitándonos e interesándonos en el caso. Con tristeza siempre recordamos que el consejo equivocado y apasionado de un amigo, médico distinguido que él mucho oía y apreciaba, al sobrevenir el Plan Varona se estimó lastimado y desconocido en su labor meritoria de largos años, lo arrastrara fuera de la Universidad como también el ilustre Duplessis, y no le permitiera concurrir a las oposiciones, en que tenemos la seguridad que hubiera triunfado dada su preparación y sus condiciones espacialísimas de maestro en que lo seguimos viendo actuar como tal en sus servicios hospitalarios y formando discípulos… Si, él en conversación privada muchos años después al lamentar nosotros su ausencia de la Universidad, nos confesara entristecido su error porque había sido una de las ilusiones de su vida. La Universidad también ha añorado siempre que su personalidad no hubiera orlado su claustro de Profesores, cuantos discípulos ilustres le hubiera sido dable forjar, sirviendo así en una forma más a su patria y la clínica médica de nuestra Universidad contaría hoy en su historia con una estrella más en su constelación de hombres notables.72

De los doctores García-Lavín y Saladrigas Lunar diría el historiador médico doctor José A. Martínez-Fortún y Foyo, que fue su discípulo en el curso de 1903 a 1904:

El doctor Lavín, como le llamábamos, sucedió al notable clínico D. Raimundo Castro y Allo, fallecido recientemente. Es un hombre pequeñito, con barba corta y abierta por el mentón, con la clásica indumentaria oscura de bombín, chaquet, chaleco y pantalón. Ostenta siempre con orgullo en su solapa de la izquierda, la insignia de la Legión de Honor francesa, distinción que obtuvo siendo interno de los hospitales de París. Usa una larga bata y siempre tiene en sus manos el estetóscopo biauricular. Su clase es muy práctica y puramente clínica a la cabecera del enfermo. El profesor es modesto, sencillo, carece de brillantez y de pretensiones. Hijo y admirador de la escuela francesa, su arte es reflejo de las enseñanzas de sus maestros Meter, Dujardín-Besumetz, Paul, Hannot, Potain, Jaccoud, Trousseau y Dieulafoy; nombres que muy a menudo nos citaba. Gusta de guiarse por signos, especialmente en los enfermos del sistema nervioso, manera de andar del enfermo, etc. y enseguida saltan de su boca los nombres de Lasegue, Charcot, Damasquino, Brissaud, Pierre Marie, Babinski, Argyll-Robertson, Romberg, etc. nos refería cuentos sobre su estancia en la Ciudad Luz: de la rudeza y orgullo de Charcot; de la elocuencia de Meter; de los chistes de Brissaud; del dramatismo de Dieulafoy, etc., su auxiliar, el doctor Saladrigas, es algo más joven, usa espejuelos y tiene un defecto físico en un ojo. Desempeña un papel pasivo. ¡Me extraña este papel que desempeñan todos los auxiliares! Saladrigas tiene su "grupito" con el que forma su "comidilla" a expensas del Profesor. El auxiliar gusta de diagnósticos raros. Todos dicen que es un buen clínico, pero por su pasividad no he podido formarme ese juicio de su enseñanza. Conservo un recuerdo muy agradable de nuestro sencillo y modesto Profesor Lavín.73

De las cualidades docentes del doctor Saladrigas escribiría el doctor Francisco Canosa Lorenzo:

Enseñar es elegir. Es el arte de presentar los hechos en una forma sorprendente que los grave, de una manera inolvidable, en la memoria del auditorio. En ese arte, Saladrigas sobresalía, por la pasión que tenía por la enseñanza, ya fuera frente a la cama del enfermo, en una charla familiar, siempre alerta y espiritual, ya en las grandes lecciones o en sus conferencias magistrales del Anfiteatro, que unían, una sólida presentación, con el ejemplo evocador de observaciones sugestivas. Aún hoy, no podemos dejar de admirar, el colorido y la precisión de sus cuadros clínicos, el valor didáctico de la exposición, la imagen viva y el recuerdo duradero que dejan en el espíritu. Si a estas cualidades, añadimos la acción del orador, la sonoridad de su voz, el ritmo de sus frases y la elegancia de la dicción, podemos ampliamente imaginarnos la labor profesoral del Dr. Saladrigas. Sus alumnos lo querían, le admiraban y nunca abusó de su superioridad jerárquica para imponer diagnósticos más o menos imaginativos. En su cátedra, había silencio respetuoso y sin pasar lista, sin rigorismo exagerado, los alumnos todos, acudían a sus clases a oír sus conferencias y a tomar notas. Era Saladrigas, en una palabra querido por sus alumnos y querido por toda la Universidad.74

Al describirlo en los últimos días de su vida, ya muy aquejado por la enfermedad que lo llevó a la muerte, su hijo el doctor Enrique Saladrigas Zayas nos ha dejado una imagen vívida del maestro cumplidor y cabal que fue su padre hasta el final de su existencia:

...[Murió] de una neoplasia del pulmón izquierdo, cuyo punto de partida fue seguramente el bronquio de ese mismo lado; la sintomatología fue hasta mediado de septiembre [de 1928], bastante escasa, estando constituida: por un enflaquecimiento lento, pero progresivo, que nosotros lo atribuimos a los disgustos morales por la muerte de tres familiares queridos, hechos que le afectaron mucho; por tos (el era tosedor crónico, fumaba con exceso) y de tarde en tarde, esputos teñidos con sangre roja, exacerbación de su disnea asmática, la cual hacía años que no le molestaba con exceso; era esa toda su sintomatología, que a él le preocupó mucho, porque presentía el diagnóstico de su enfermedad.

Me hacía examinarlo con frecuencia, notándose únicamente un soplo suave, inspiratorio en el lóbulo superior izquierdo; a mediados de septiembre tuvo unos cuantos días fiebre de 37,5 a 38,5, con recrudescencia del asma, y entonces, en contra de su voluntad, por que no quería saber lo que tenía, se le practicó una radiografía donde se veía claramente un tumor redondeado internándose en pleno parénquima pulmonar de bordes muy nítidos, originándose en la porción izquierda del hilio, como del tamaño de una toronja grande, y el vértice de dicho pulmón muy atelectasiado. Después de este accidente febril mejoró algo, pudiendo salir a la calle, y el día 2 de octubre dio la conferencia de Apertura de Curso de Clínica Médica, notándose muy cansado al terminarla. En el curso de esa oración, habló del valor de la radiografía en las neoplasias del pulmón.

El 27 de mes de octubre empeoró su disnea que se hizo continua, con manifestaciones de agudeza, que le acompañó hasta su muerte; desde ese día no pudo salir más a la calle; el enflaquecimiento que venía acentuándosele se transformó en caquexia, tan marcada y rápida que en pocos días le impedía hasta estar de pie; no hubo dolores… Su entierro, verificado el 2 de diciembre por la tarde, fue una manifestación de dolor y recogimiento intensos.75

 

Referencias bibliográficas y documentales

1. Martínez-Fortún, JA. La enseñanza de la medicina en la Universidad de La Habana a final del siglo XIX y principios del XX. Edición mimeografiada. La Habana, 1949. p. 30.

2. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al curso académico de 1908 a 1909. Imp. "Avisador Comercial". La Habana, 1910. p. 177.

3. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al curso académico de 1902 a 1903. Imp. M. Ruiz y Cía. La Habana, 1904. p. 120.

4. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 113.

5. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 84.

6. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. No. 2668.

7. López García, G. Elogio Póstumo al Dr. Raimundo de Castro y Allo. Imp. La Prueba. La Habana, 1904.

8. Tamayo Figueredo, D. Elogio Póstumo del Dr. Raimundo de Castro y Allo. Imp. Mercantil. La Habana, 1904.

9. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 162.

10. Rodríguez Pérez, JF. In Memoriam. El Dr. Antonio Díaz Albertini. 1865-1945. Comp. Edit. de Libros y Folletos. La Habana, 1945.

11. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 360.

12. Finlay Shine, CE. Elogio Fúnebre del Dr. M. Lavín. Rev Cron Med Quir Hab. 33:37-41. La Habana, 1907.

13. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 739.

14. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. No. 12390.

15. Canosa Lorenzo, F. En la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la muerte del Dr. Enrique Saladrigas y Lunar. Rev Vida Nueva. 74 (2ª época):1-6. La Habana, 1954.

16. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No 6017.

17. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. No. 9650.

18. J.A.O.R.  Dr. Luis Ortega y Bolaños. Maestro de varias generaciones médicas. Miembro de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Colección Galería Artística de la Clínica "Los Ángeles". Sin pie de imprenta ni fecha.

19. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 8340.

20. González Martín, D. Profesor Pedro A. Castillo, eminente clínico. Rev Bohemia. 15 octubre 1959. p. 40.

21. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 5350.

22. Loc. cit. en (20). p. 41.

23. Castillo Martínez, PA. Introducción al Programa de Clínica Médica. Rev Med Cub. 24: 630. La Habana, 1924.

24. Idem. Pp. 630-631.

25. Gutiérrez Delgado, L. Habla el Dr. Pedro Castillo del valor terapéutico del libro. Diario de la Marina. 8 de julio 1956. p. 5-D.

26. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 9461.

27. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 9145.

28. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 5346.

29. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 6393.

30. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 8377.

31. El expediente administrativo de este profesor no aparece en el Archivo Histórico de la Universidad de La Habana y sus datos han sido tomados de otros expedientes.

32. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 6331.

33. Homenaje de los alumnos al Profesor Rogelio Lavín, Hermoso discurso del Profesor Cárdenas Pupo. Rev. Vida Universitaria 6 (61):10 y 19. La Habana, agosto de 1955.

34. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 12028.

35. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 6778.

36. Los médicos en el deporte. Dr. Rafael Inclán Guas. Este artículo fue publicado en Arte y Medicina, revista mensual médico-literaria de la que fue recortado sin hacer constar volumen, número, ni fecha y así se encuentra en el Archivo de la Oficina del Historiador del MINSAP.

37. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 4546.

38. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 7866.

39. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 10507.

40. Franchi de Alfaro, R. Los médicos recuerdan su experiencia inolvidable. Profesor Luis Ortega Verdes. Diario de la Marina. (Artículo recortado sin fecha, se encuentra en el Archivo de la Oficina del Historiador del MINSAP).

41. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 9129.

42. Beca "Luis Ortega Bolaños" del Colegio Médico de La Habana. Bol. Colegio Médico de La Habana. 1(2):105. La Habana, octubre, 1950.

43. Bol. Ofic. Univ. 7(4). Julio 1 de 1940.

44. Bol. Ofic. Univ. 8(16). Octubre 31 de 1941.

45. Bol. Ofic. Univ. 11(7). Mayo 15 de 1944.

46. Bol. Ofic. Univ. 13(19). Octubre 31 de 1946.

47. Bol. Ofic. Univ. 15(20). Diciembre 31 de 1948.

48. Bol. Ofic. Univ. 17(18). Diciembre 31 de 1950.

49. Bol. Ofic. Univ. 18(2). Febrero 2 de 1951.

50. Bol. Ofic. Univ. 20(4). Marzo 3 de 1953.

51. Bol. Ofic. Univ. 23(7). Abril 16 de 1956.

52. Bol. Ofic. Univ. 5(8). Octubre 31 de 1938.

53. Bol. Ofic. Univ. 13(19). Octubre 31 de 1946.

54. Bol. Ofic. Univ. 15(6). Abril 15 de 1948.

55. Bol. Ofic. Univ. 15(20). Diciembre 31 de 1948.

56. Bol. Ofic. Univ. 16(4). Marzo 17 de 1949.

57. Bol. Ofic. Univ. 16(5). Abril 25 de 1949.

58. Bol. Ofic. Univ. 16(10). Agosto 31 de 1949.

59. Bol. Ofic. Univ. 18(17). Noviembre 15 de 1951.

60. Bol. Ofic. Univ. 18(19). Diciembre 15 de 1951.

61. Bol. Ofic. Univ. 19(15). Agosto 30 de 1952.

62. Bol. Ofic. Univ. 23(3). Febrero 15 de 1956.

63. Bol. Ofic. Univ. 13(2). Enero 31 de 1946.

64. Designan Profesores. Periódico Revolución. Septiembre 14 de 1960.

65. Aballí Arellano, AA. El doctor Raimundo de Castro y Allo profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Anal. Acad. Cienc. Med. Fis. Nat. Hab. 80(3):59 y 60. La Habana, 1941-1942.

66. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al curso académico de 1908 a 1909. imp. "Avisador Comercial". La Habana. 1910. p. 177.

67. Loc. cit. en (23). Pp. 632-6.

68. Universidad de La Habana. Escuela de Medicina. Curso 1950-51. Carné de Sexto Año. Reglamento de las Cátedras de Clínica Médica y Clínica Quirúrgica. Imp. Universidad de La Habana. La Habana, 1950. p. 15.

69. Escobar Laredo, B. Nuestros Médicos. Tipografía de "La Lucha". La Habana. 1893. pp. 12-13.

70. Loc. Cit. en (7). p. 11.

71. Loc. Cit. en (65). pp. 57-58.

72. Castro Bachiller, R. Elogio Póstumo del Dr. Antonio Díaz Albertini. Bol. Secret. Salub. Asist. Soc. 49 (7-12): 97-98. La Habana, Julio-Diciembre, 1946.

73. Loc. cit. en (1). pp. 30-31.

74. Loc. cit. en (15). p. 4.

75. Loc. cit. en (15). p. 5-6.

 

 

(1*) Dr. Joaquín García-Lebredo Lladó (1833-1889). Notable profesor de varias asignaturas en la Facultad de Medicina y académico.
(2*) Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso (1867-1896). Médico, General de Brigada del Ejército Libertador de Cuba, muerto en campaña durante la guerra de 1895-1898.
(3*) Dr. Casimiro Sáez García (1831-1897). Notable cirujano.
(4*) Dr. José I. Torralbas y Manresa (1842- 1903). Notable internista y académico.
(5*) Dr. Gaspar Rafael Weiss y Versón (1865-1922). Notable obstetra y académico.
(6*) Dr. Enrique Núñez de Villavicencio y Palomino (1872-1916). Eminente cirujano. Profesor y académico. Coronel del Ejército Libertador de Cuba.
(7*) Dr. Serafín Gallardo Alcalde (1834-1880). Notable internista, profesor y académico.
(8*) Dr. Vicente Benito Valdés (1837-1902). Notable internista y académico.
(9*) Dr. Juan B. Landeta Fernández de Córdova (1838-1925). Notable internista y académico.