CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA 111

 

Semblanza del Dr. Manuel González Echeverría 1833-1898(*)


por el DR. MANUEL LÓPEZ MARTÍNEZ

 

 


 

 

"Las almas de los grandes nunca con sus cuerpos mueren…"

Homero

 

 

Los pueblos son grandes por la grandeza de sus hijos y es deber de todos rendir el homenaje del recuerdo y mantener viva en los corazones la llama del culto reverente hacia todos aquellos que por su vida, sus obras y sus hechos gloriosos han sido ejemplo fructífero en las distintas ramas del saber y del quehacer cultural, social y científico, ofrendado como tributo a la nación cubana en su época.

Es por ello que rendimos hoy merecido elogio de admiración y recuerdo a la persona de este habanero, el Dr. Manuel González Echeverría, el más insigne neuro-psiquiatra y neurólogo de su tiempo, en el habla hispana; por haber enaltecido la especialidad en el extranjero, al constituir, con Carlos Finlay, Joaquín Albarrán, Juan Guiteras, Aniceto Menocal y otros, las más ilustres figuras de la generación fundacional de nuestra estirpe científica fuera de Cuba.

El Dr. Manuel González Echeverría, ilustre y notable médico cubano, pionero y cultivador entusiasta de esa compleja rama de la medicina que son las Neuro-Ciencias, nació en La Habana, el 23 de abril de 1833, donde vivió los primeros años de su fructífera vida; hijo de Tomás y Josefa quedó huérfano muy temprano, por lo que su tío materno José Antonio Echeverría veló celosamente por su educación.

Sus primeros pasos en la enseñanza elemental y secundaria los daría en el prestigioso colegio "El Salvador" en el que a la sombra del evangelio vivo de Don José de La luz y Caballero se moldeó y acrisoló el carácter del joven Manuel y de tantos otros cubanos ilustres.

La temprana vocación por la Medicina indujo a su tío José Antonio a enviarlo a Francia. Meca de la medicina mundial, a que realizara sus estudios superiores. Corría el año 1850.

Fue acertada esta decisión de su tío materno ya que el joven realizó una brillante carrera, demostrando desde sus inicios sus condiciones polifacéticas en el ejercicio de tan noble profesión; muchos fueron sus maestros; pero sólo mencionaremos a 2 que le impactaron y marcaron su futuro en el quehacer hipocrático del incipiente galeno: el primeo lo fue ese coloso de la clínica médica, Trousseau, quien con sus magistrales lecciones sobre las enfermedades del Sistema Nervioso y entre ellas, señaladamente con las que le dedicara a la epilepsia este maestro del buen decir, todo un monumento didáctico de su tiempo, sin duda despertaron su vocación por las neurociencias, y muy especialmente, su dedicación y atención a la Epileptología a la cual quedará unido más tarde su nombre con sus aportes e investigaciones, aun citadas y comentadas en la actualidad; el segundo lo sería el Dr. Charles Robín, quien sabedor de su talento y excelentes habilidades como dibujante encargó al habanero Manuel el diseño de muchas de las láminas de su trabajo titulado "Trabajos fundamentales de Histología". Junto a este maestro, quien fuera también su gran amigo, se inició en los estudios de anatomía-patológica y en el manejo del microscopio. No podemos dejar de señalar la influencia en su formación académica de la escuela británica, vínculo que establece en sus visitas a Londres durante las vacaciones; en esta ciudad conoce al Dr. Hank Tuke, quien fue muy importante en su crisálida médica, también en su carrera.

La doble educación e influencias de los grandes maestros de estas 2 escuelas, pero opuestas, la francesa y la británica, le fueron de gran provecho para consolidar su personalidad médica.


Se graduó y recibió su título de Doctor en Medicina en el año 1860 ante un tribunal presidido por Nélaton; su tesis doctoral escrita y defendida en el más perfecto francés se titula: "Sobre la naturaleza patológica de la afección tubérculos de las vértebras".

Recién graduado, el Dr. Manuel González Echeverría inicia su "manía migratoria", que lo acompañará toda su vida; se traslada a Londres donde empezó a ejercer su profesión en una plaza de médico en el "Hospital de Locos de Bedlan", gestionada por su colega Hank Tuke; la que realmente ocupó al regresar de su viaje a Cuba para contraer en La Habana formal matrimonio y por toda su vida con la Srta. Leocadia Hernández Brassa, a quien conocía desde su infancia. Este viaje tan sólo tenía ese objetivo.

A su regreso a Londres permaneció en esa ciudad por 3 años, viajando en 1862 a Nueva York.

En esta ciudad recibe las más relevantes distinciones científicas, como fueron: la dirección del Asilo de Locos y Epilépticos de Nueva York, la cátedra de "Enfermedades mentales y nerviosas" del Colegio Médico de la Universidad de ese estado, médico de visita del Charity Hospital, y es recibido como socio correspondiente de la Sociedad Médico-Psicológica de Gran Bretaña. El 11 de diciembre de 1864 le fue conferido el honor de ser miembro corresponsal de la "Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana".

En carta fechada en Nueva York, el 10 de febrero de 1865, dirigida al Sr. Secretario de la Academia, González Echeverría agradece tan "bondadosa distinción". En esta ciudad fue donde más tiempo permaneció: 16 años.

En este período aquel escritor e investigador certero produjo múltiples trabajos, obras, opúsculos, relatos; frutos de su laboriosa acción médica y experiencia clínica con lo que inició su contribución a enriquecer el acervo de la cultura médica de su tiempo, y satisfacer su noble ambición por atesorar enseñanza médica; la que puso siempre en función de sus enfermos.


Breve cronología de su obra

1. La naturaleza patológica de la afección: tubérculos de las vértebras. Paris, 1860 (Tesis Doctoral).

2. Sobre la perineorrafía. Paris, 1860.

3. Causas inmediatas del "Delirium Tremens". Nueva York, 1862.

4. Simpatía entre las afecciones de los ovarios y la faringe. Nueva York, 1865.

5. Apoplejía de la médula espinal. Nueva York, 1865.

6. Parálisis refleja, su anatomía patológica y su relación con el simpático. Nueva York, 1865.

7. De la estricnina administrada hipodérmicamente en las afecciones paralíticas. New Harven, 1868.

8. Sobre epilepsia, anatomía patológica y notas clínicas. New York, 1870.

9. El caso de Jack Reynolds, médico legalmente considerado. New York, 1870.

10. Sobre los efectos de la cicuta en la epilepsia. New York, 1870.

11. De los efectos de los bromuros en la epilepsia con especial referencia al bromuro de potasio. Filadelfia, 1872.

12. Responsabilidad criminal de los epilépticos en la forma que la ilustró el caso de "David Montgomery". New York, 1873.

13. Sobre la locura epiléptica. New York, 1873.

14. La violencia y estado inconsciente en los epilépticos en relación con la jurisprudencia médica. New York, 1873.

15. Consideraciones clínicas sobre locura epiléptica. New York, 1878.

16. De la trepanación en la epilepsia postraumática del cráneo. Paris, 1878.

17. Sobre la epilepsia nocturna. París, 1879.

18. Relaciones entre la epilepsia nocturna y el sonambulismo. Londres, 1879.

19. Matrimonios de los epilépticos y transmisión hereditaria de su enfermedad. Londres, 1880.

20. Sobre la epilepsia avariósica. Londres, 1880.

21. Sobre la epilepsia alcohólica. Londres, 1881.


Detengámonos unos instantes, abusando de la benevolencia de este auditorio, para hacer algunas consideraciones sobre su obra cumbre donde su genio se manifiesta con más brillantez sin duda alguna, me refiero a la titulada "Sobre Epilepsia; Anatomía patológica y notas clínicas", escrita en inglés en Nueva York, en 1870, en donde sus ilustraciones fueron realizadas por su hábil mano de delineante.

Esta obra encierra tal suma de observaciones y consideraciones que causaron eco en los medios científicos; experiencias clínicas y de laboratorio, que fueron atesoradas personalmente como resultado de su laboriosa actividad en el asilo para epilépticos del estado de Nueva York, que alcanzó repercusión en los medios científicos de Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia; les digo que la apabullante tecnología médica actual, símbolo de desarrollo, solo ha dado fe de muchos señalamientos y observaciones realizadas entonces hace más de 120 años en el terreno de la Epileptología por el Dr. González Echeverría.

En esta obra, el maestro cubano echó abajo algunas concepciones erróneas de sus precursores y aún de sus contemporáneos y dió nueva luz, en muchos sentidos, a los conceptos existentes sobre anatomía e histología de la epilepsia, que fuera su gran dedicación; por la que en vida fue considerado uno de los primeros especialistas en el mundo científico, el primero en Cuba.

Sobresale en esta obra la abundante documentación anátomo-patológica expuesta en ella y la precisión de los exámenes histopatológicos de las lesiones observadas.

Para concluir estas reflexiones acerca de su monumental obra "Sobre Epilepsia" tengamos muy presente que el habanero González Echeverría, señaló las lesiones anatómicas que causaban las "descargas cerebrales paroxísticas" mucho antes de que se conocieran las localizaciones anátomo funcionales del cerebro, así como sus funciones bautizadas más tarde como zonas epileptógenas, motriz, activa, etc.

Los más afamados y encumbrados maestros de su tiempo lo citan en sus obras: Charcot, Fere, Gowers, Weill, etc.

Un cuarto de siglo después de las observaciones de González Echeverría se dio luz en este campo con los aportes de Golgi, Ramón y Cajal sobre la individualidad de la célula nerviosa.

A finales de 1873, realizada su segunda visita a Cuba para atender al hijo del Capitán General de la Isla, Jovellar, quien padecía de crisis epilépticas. En el corto tiempo de su visita participa activamente en las sesiones de la Real Academia de Ciencias Médicas, Física y Naturales de La Habana:

El 14 de diciembre de 1873, en el debate sobre el tabaco en el tratamiento del tétanos.

El 2 de enero de 1874, en la discusión sobre acción de los productos cianogenados.

Los días 25 de enero y 8 de febrero de 1874, lee sus memorias sobre locura epiléptica.

El 22 de febrero de 1874, interviene en los debates sobre:

- Un caso de hemofilia.

- Lipoma del vientre.


Asiste, el 19 de mayo de 1874, al aniversario 13 de la fundación de la Academia.

En 1878, el Gobierno de los Estados Unidos le confiere la representación de la Medicina Mental, en el Congreso Médico Internacional de esa especialidad, que se celebró en París entre el 5 y el 10 de agosto. El cubano fue elegido uno de sus vicepresidentes junto a Charcot, Lassegue, Voisin, Moreau y recibió el honor de presidir la sesión de clausura.

Este evento se celebró en un pabellón del palacio de las Tullerías. En este congreso presentó su trabajo: "Consideraciones clínicas de la Locura Epiléptica".

El profesor Giacchi, Director del asilo de locos de Ferno y representante de Italia en el congreso, en la reseña del evento para informar a sus colegas dice:

"… y Echeverría de América con sus consideraciones clínicas sobre la 'Locura Epiléptica', hacia conocer con cuanto provecho se cultiva la ciencia al otro lado del océano y como -la tierra que el genovés adivinó- bien tiene derecho a pretender la primacía en todas las ramas del conocimiento humano…"


Manuel González Echeverría
incursionó también en la Cirugía y la Medicina Legal como podemos apreciar en sus trabajos:

De la "Trepanación en la epilepsia por traumatismo del cráneo", que le ganó la admiración de la crítica más exigente; recién graduado había escrito sobre la perineorrafia, y realiza la primera ovariectomía en Cuba (no hay evidencias); y en lo referente a la Medicina Legal lo tenemos en sus artículos:

- "El caso de Jack Reynolds, médico legalmente considerado".

- "La violencia y el estado inconsciente en los epilépticos en relación con la jurisprudencia médica".


Incursionó igualmente en la historiografía médica. Veamos su condición de científico-investigador.

En carta fechada en Nueva Y.

ork, el 12 de octubre de 1865, refuta y da respuesta al Dr. Joaquín Zayas sobre un "reporter" sobre la "Absorción de la Placenta en un caso de aborto".

Le dice: "En cuestiones de medicina la evidencia es la única fe", añadía "pasó ya la era en que el prestigio de un hombre eminente bastaba para escuchar opiniones", continúa diciendo: "El progreso, al emancipar el pensamiento, impone tan nobles exigencias en obsequio de verdad y de la ciencia; por eso, venerando siempre a los genios iniciadores o maestros; a medida que perfeccionamos nuestros conocimientos nos purgamos de errores en buena porción legado por ellos; la ciencia no conoce más autoridad que la verdad".


En 1878 fue llamado a Roma para atender al Papa Pío IX que padecía de epilepsia, lo que no pudo lograr pues el Papa había fallecido días antes de su llegada; el nuevo Papa elegido, Joaquín Pecci, quien desempeñó sus funciones como León XIII, lo tomó como su médico. Semejante viaje dio pie para que decidiera quedarse en Roma, renunciando a todos sus cargos y clientela en Estados Unidos.

Permaneció en Italia menos de 3 años. En esa estancia dio a la luz sus trabajos:

- "Relación entre epilepsia nocturna y el sonambulismo" (1879).

- "Matrimonio y herencia de los epilépticos" (1880).

- "Epilepsia avariósica"; esta obra recibió la sanción enaltecedora de Inmortal.


Regresó nuevamente a Londres a finales del año 1881 con su opúsculo:

- "Epilepsia alcohólica".


Poco tiempo permaneció en Londres; rendido otra vez a las ansias de infatigable viajero, abandona Inglaterra y, luego de una excursión vacacional por Centro América, donde conoce al General Antonio Maceo y visita el canal de Panamá, entonces en construcción, regresa a Estados Unidos para fijar su residencia en San Luis donde se le ofreció la dirección de un hospital para "locos" que se construiría, y obtener el crédito de su gran prestigio en la profesión, alcanzado anteriormente.

De regreso en Norteamérica con nuevos bríos y proyectos en su mente, lo sorprende un accidente vascular encefálico de tipo hemorrágico que lo deja hemipléjico del lado derecho, interrumpiendo así su carrera triunfal y su ingreso en el nuevo siglo que se avecinaba.

Aquel espíritu enérgico y dinámico no inclinó su frente ante la adversidad y la desgracia; aprende a escribir con la mano izquierda y utilizarla en su trabajo.

Finalmente regresó a su tierra natal, Cuba, y reside en su capital, ciudad que supo de sus sueños y ambiciones de niño y adolescente; donde continuó realizando algún trabajo que junto a la ayuda de las autoridades le permitió el modo decoroso para sufragar sus necesidades y las de su familia.

Una segunda hemorragia cerebral cierra el paréntesis y lo lleva a la muerte el 26 de marzo de 1898 en su casa de San Lázaro 67, junto al cariño de su esposa, hijos y familiares.

A este cubano excepcional que paseó su gloria, y por tanto la gloria de Cuba, por el ámbito científico internacional de su tiempo dedicamos estas modestas líneas como sincero homenaje de recordación a su memoria en el centenario de su muerte.

Nuestro incansable polígrafo Emilio Roig de Leuchsering propuso en una ocasión que una de las calles habaneras llevara en su rótulo el nombre de este habanero cien por cien; entonces no se oyó este reclamo, por ausencia de voluntad política apropiada a tales efectos en la República, no considero utópico que en estos tiempos esta idea pueda ser valorada para perpetuar su nombre en La Habana que lo vio nacer.

La Enciclopedia Universal Ilustrada Europea Americana, editada por la casa Espasa Calpé, en su apéndice No. 5 dice: "González Echeverría M. fue en su época el más autorizado especialista en epilepsia y sus investigaciones y estudios se citan aún en las obras extranjeras que se ocupan de esta enfermedad".

Manuel González Echeverría navegó en ese gran lago que es la vida; cuajado al soplo de invernales brisas, que lleva en su blancura sus rumores, las estelas de todas las sonrisas y los surcos de todos los dolores.

Aspiremos a que las generaciones actuales no olviden a sus maestros y que el deslumbrante y abrumador desarrollo tecnológico no nos impida ver la luz que emana de la clínica y su preciosismo semiológico que con tanta vehemencia nos enseñaron.

 

 

(*) Trabajo leído en el Paraninfos del Museo Histórico de la Ciencia "Carlos J. Finlay", con motivo del centenario de la muerte de este cubano ilustre. 26 de marzo de 1998.