Sobre las simpatías entre las afecciones del ovario y las de la faringe (*)

 

 


 

 

La simpatía entre las afecciones del ovario y de la faringe ha atraído hasta el presente muy poco la atención, sin que por esto se suponga que sea fenómeno de rara ocurrencia. Conocido es el influjo de la gestación sobre la glándula tiroides, en la cual puede determinar un aumento de volumen que ha llegado hasta el fatal extremo de comprometer la existencia; idéntico hecho, aunque menos notable, suele repetirse periódicamente con la menstruación. Larché ha mostrado que el corazón sufre hipertrofia durante la preñez, lo cual da la clave para comprender ciertas afecciones, juzgadas primitivamente anómalas en el curso y á continuación de aquella. No es poco común la coincidencia del prurito de la vulva y la faringitis, y signo casi patognomónico de inflamación uterina es la sensación de constricción, ó sed insaciable, sin estar las fauces y boca secas ó cubiertas de saburras. Las enfermedades del recto son también origen distante y desapercibido de las del aparato respiratorio, aludiendo en prueba de ello á la evidente relación entre las hemorroides y la bronquitis, tan bien descrita, entre otros, por el célebre Sir Henry Holland. Vemos pues, que han sido señaladas la mayor parte de las simpatías entre el útero y los órganos respiratorios y sus anexos, que también se han indicado las del recto; pero, según investigaciones bibliográficas á mi alcance, los autores guardan completo silencio sobre la irrecusable simpatía metástica entre el ovario y la faringe. En Francia, Larché parece ser el único que ha tratado de ella en uno de sus escritos: no menos muda se presenta la literatura médica alemana; y en Inglaterra, el Dr. James, de Londres, ha publicado en el Medical Times and Gazette, Sept. 3, 1859, un artículo en donde alude á varios casos de tonsilitis acompañada de síntomas ováricos, y relata una observación de amigdalitis y ovaritis concomitantes, aunque las dos se desarrollaron á consecuencia de una perfrigeración repentina á que se expuso la enferma al tiempo de sus reglas. Tales hechos, sugieren la similitud entre las funciones de las glándulas generadoras de ambos sexos, porque á mas de la reconocida relación entre la orquitis y la parotitis, el distinguido Verneuil de París, ha probado que los derrames de la túnica vaginal del testículo frecuentemente acarrean inflamaciones de la faringe. (Gazette Hebdomadaire de Médecine et de Chirurgie, Paris, 1858 p. 462), fenómeno cuyo equivalente hallaremos en breve repetido en las afecciones del ovario.

Averiguar la verdadera influencia del sistema nervioso en la producción de las metástasis en general, ha sido por largo tiempo cuestión para mí de atento estudio. Actualmente, tan solo me ocuparé de los ejemplos de afecciones útero-ováricas, causa directa de las de la faringe, reservando los demás diversos casos para un próximo trabajo sobre las metástasis, en cuya obra de mayor aliento y más dilatada investigación formará un capítulo esta reseña. Antes de ir adelante, advertiré: que en ella suprimo los casos en que, existiendo una causa morbosa general, el ovario y la faringe acusaron síntomas simultáneos de perturbación; igualmente excluyo la estomatitis y faringitis consecutivas á la prolongada lactancia, porque en una y otra circunstancias las dos distantes afecciones pueden atribuirse tanto á la causa general, como á la simpatía entre el ovario y la faringe. Tampoco aludiré á observaciones de faringitis provocando padecimientos simpáticos del ovario, pues dicha ocurrencia generalmente ha lugar en individuos de diátesis tuberculosa, cuya primera manifestación quizás, se descubre en la faringe, y con mayor razón, porque todavía no se me ha proporcionado oportunidad de observar una faringitis simple repercutiendo en el ovario, -resultado probablemente raro cuya posibilidad me abstengo de negar.- Mis observaciones por tanto se referirán á faringitis simpáticas de trastornos en las funciones útero-ováricas, y libres de causa general manifiesta, capaz de influir en la aparición simultánea de ambas afecciones.


OBSERVACION 1ra
--- Dismenorrea, leucorrea con ulceración y hemorragia uterinas, la última dependiente de un pólipo mucoso. --- Irritación ovárica y faringitis simpática.--- Curación.

Una Sra. de 28 años, madre de cuatro hijos, tuvo dos abortos sucesivos antes del último parto, laborioso y terminado con el fórceps. Desde entonces, 1859, no ha vuelto á concebir, ha padecido mucho de dismenorrea y de leucorrea, últimamente acompañada de abundantes y frecuentes pérdidas de sangre. Durante dicho tiempo ha sufrido además de dolores en la parte inferior del espinazo y en las regiones ováricas, particularmente en la derecha irradiándose el dolor hasta el muslo y rodilla correspondientes. Apenas puede caminar ó estar de pié sin cansarse, y tras estos síntomas hay anorexia y constipación habitual. --- Añade la paciente, que padece de frecuentes males de garganta, y que en los dos últimos años las amígdalas se han inflamado y ulcerado regularmente á cada menstruación, cuando también experimenta constricción desagradable de la faringe, con ronquera y tos seca. Examinada con el speculum de Sims, ---impropiamente llamado por algunos de Bozeman---, descubrí un infarto y retroflexión del útero, cuyo cuello, parcialmente dilatado, contenía un pólipo mucoso del tamaño de una avellana, y estaba extensamente ulcerado alrededor del orificio externo. Ambos ovarios se hallaban muy sensibles á la presión abdominal. Los órganos respiratorios y circulatorios no daban signos de condición anormal. Las amígdalas se encontraban inflamadas, y la mucosa faríngea mostraba una verdadera foliculitis.

El tratamiento consistió, desde luego, en extirpar el pólipo por torsión con unas pinzas, aplicando de continuo á la cavidad y úlcera uterinas el ácido crómico disuelto en su igual cantidad de agua, y repitiose la misma operación cada seis ú ocho días con la tintura siguiente:

R/. Iodini
Potassi Iodidi
Spirit. rectif.
Aquae destill.
Misce, ft. Tinct. Iodini Comp.


La enferma usó además inyecciones vaginales de agua tibia con clorato de potasa y glicerina y medios baños alcalinos templados por la mañana y por la noche. Interiormente, tomó dos veces al día la preparación siguiente:

R/. Liq. Ammoniae Acetatis
Acidi acetici diluti
Tinet. Ferri sesquichloridi
Aquae destill.
Misce, fiat haustus bis in dies sumendus.

y de vez en cuando el agua de Kissingen para prevenir la constipación.


Merced á estos medios cicatrizó la ulceración uterina, la leucorrea disminuyó considerablemente, pero la dismenorrea se mantuvo, menos dolorosa es verdad, y acompañada de faringitis, á la cual no se opuso tratamiento alguno especial. Perseverose con este plan, añadiéndole unos vejigatorios volantes aplicados alternativamente sobre las regiones ováricas, y la dismenorrea y faringitis mejoraron decididamente. Entonces, para obtener contra-irritación más efectiva se recurrió á un sedal puesto sobre el ovario derecho, y mantenido por espacio de cuatro meses. Los dolores de la menstruación y del ovario, la leucorrea y la faringitis crónica completamente desaparecieron con esta última modificación del tratamiento, y la enferma se curó.


OBSERVACION 2da --- Epilepsia sintomática de suspensión de desarrollo uterino. Irritación del ovario derecho repercutiendo en la parótida, amígdala y glándula submaxilar derechas.

Una joven de 19 años, en quien no existía predisposición hereditaria alguna, epiléptica desde los quince, ha estado bajo mi cuidado hace ya más de dos años. Los ataques epilépticos, siempre nocturnos, comenzaron con los tempranos signos de amenorrea, ocurriendo en fechas del mes correspondientes á las de las tres ó cuatro manifestaciones de menstruación, y seguidos de un corto acceso de tos. La frecuencia del mal epiléptico crecía á la par del uterino, manteniendo su carácter nocturno, y la joven comenzó á ser victima de repetidos ataques de epilepsia minor, ó petit-mal, cuyo efecto fue pronto dañino para la inteligencia. Sin memoria ni interés á cuanto la rodeaba, triste y casi desesperante llegó á ser su condición. Habiendo consultado sobre tan interesante caso á mi distinguido amigo el Dr. Thos. A. Emmet, determinamos emplear la tienta uterina para invitar mayor aflujo sanguíneo y favorecer la nutrición entorpecida de la matriz. La introducción de la esponja preparada se repitió cada cuatro ó cinco días, manteniéndola unas ocho ó diez horas para prevenir una excesiva irritación uterina. Sugiriose tal plan, no tanto por el evidente influjo del estado del útero en el mal caduco, sino principalmente á consecuencia del examen vaginal con el speculum, que manifestó un útero reducido al cuello, con proporciones escasamente superiores á las correspondientes á una niña de ocho á diez años, y muy móvil en sus relaciones con las partes vecinas. La vagina y órganos genitales externos estaban normalmente desarrollados, bastantes vellos cubrían el monte de Vénus, pero los pechos ni siquiera apuntaban, y la figura y expresión de la joven era, en pocas palabras, la de una niña de diez años. Con el tratamiento local dirigido al útero y en el cual fui hábilmente asistido por el Dr. Emmet, se hizo uso del bromuro de potasio y de la belladona asociada, ya con quinina, ó ergotina. Por algunas semanas apliqué á la enferma una corriente eléctrica de inducción por las noches antes de acostarse, colocando ambos reóforos sobre la columna vertebral; ---ordénela baños fríos por las mañanas y las noches, una dieta nutritiva, ejercicios gimnásticos, y demás medios higiénicos propios para reconstituir un sistema depauperado por la epilepsia y severas dietas de infructuosos tratamientos anteriores. A los dos meses de comenzado este plan, las reglas aparecieron para continuar sin futura interrupción. Las tientas de esponja preparada se introdujeron por espacio de cinco meses, pero en la última porción de este tiempo únicamente en vísperas de la época menstrual. Este proceder no solo despertó el desarrollo y función adormecidos del útero, sino que determinó un crecimiento general, dando á los pechos formas decididas, y al conjunto de la joven los caracteres distintivos de la pubertad. Pero aun cuando la epilepsia haya desaparecido y la menstruación se mantenga regular, aun cuando la inteligencia haya recuperado su natural vigor, la joven sin embargo ha quedado dispuesta á irritaciones del ovario y la matriz, y á fugaces ataques de aura epiléptica, frecuentes durante la época menstrual, pero sin efecto sobre la inteligencia y con los aires de verdaderos paroxismos histéricos. Más lo que deseo notar en relación con tan notable caso es, que ahora siete meses, en momentos de las reglas, y con síntomas inequívocos de irritación ovárica, la enferma sintió de repente un ligero escalofrío precursor de una hinchazón dolorosa de las glándulas parótida, amígdala y submaxilar derechas. De momento atribuí el fenómeno al bromuro de potasio, que usaba la joven desde meses atrás en dosis de treinta granos, repetidas tres veces al día, ---idea que rechacé viendo las glándulas opuestas ajenas á una causa cuyos efectos debían necesariamente ser generales. ---Una investigación detenida me hizo conocer que con muy corto intervalo aparecieron las reglas y la hinchazón glandular, y que el ovario derecho, á mas de exquisita sensibilidad á la presión, acusaba un dolor cuya intensidad erróneamente refería la enferma á la parte inferior de la columna vertebral. Subsecuentemente, juntas también desaparecieron la hinchazón y las reglas, sin requerir medicación particular contra la primera. Transcurridos dos meses, análogos síntomas tuvieron lugar en el ovario durante la menstruación, y con ellos hubo nueva amigdalitis. Finalmente, en Enero próximo pasado, se repitió un ataque de amigdalitis al presentarse las reglas con ligero atraso, y dolor en los ovarios, pero esta vez la enferma imprudentemente se expuso á la inclemencia del frío que pudo muy bien ser la causa de su padecimiento.


OBSERVACION 3ra --- Metrorragia, ovaritis y absceso metástico en la amígdala derecha.

Una Sra. de 26 años, madre de dos niños, y de un temperamento altamente nervioso, fue atacada en Agosto último, y en vísperas de sus reglas, de diarrea en breve acompañado con violento dolor en la región lumbar, abdomen y miembros inferiores, y profusa metrorragia. Quietud, astringentes y tónicos, rápidamente decidieron de estos síntomas hasta la próxima menstruación, cuando con alarmante intensidad se renovó la metrorragia, y los anteriores síntomas con agudo dolor en las regiones iliacas, é irritabilidad del estómago. El alumbre, el centeno, los ácidos sulfúrico y benzóico, los estimulantes, la nieve al abdomen y el taponamiento, produjeron un éxito solo temporal. Debo advertir que un examen con el speculum mostró al útero con apariencia normal y con el cuello fácilmente dilatable; por otra parte, la paciente no estaba tampoco embarazada. Habiendo consultado al Dr. T.G. Thomas, decidimos aplicar sin tardanza una disolución concentrada de persulfato de hierro á la cavidad uterina, previamente dilatada con una gruesa tienta de laminaria digitata; --- la hemorragia se contuvo por dos días, al cabo de los cuales, como amenazase de nuevo, fue necesario recurrir á una segunda aplicación del líquido estíptico, cuyo resultado fue completamente satisfactorio. Entre tanto, la enferma, que permanecía en absoluta quietud y en decúbito dorsal con las extremidades en ligera flexión y más elevadas que la cabeza, empezó a quejarse de intenso dolor al ovario derecho, que se irradiaba hasta la región sacra y el costado y pierna del mismo lado. Una inyección hipodérmica de morfina, los anti-espasmódicos y tónicos estimulantes habían apenas disipado estos síntomas, cuando la enferma sintió un impedimento al tragar, debido á la repentina formación de un absceso en la amígdala derecha, que sanó una vez dilatado. Síntomas de irritación ovárica acompañaron la siguiente menstruación, y con ellos sobrevino la inflamación y ulceración de la amígdala derecha, que no duraron más allá de los límites de las reglas.


OBSERVACION 4ta --- Faringitis folicular, perimetritis y extrema retroflexión del útero, absceso peri-uterino, infección purulenta, muerte.

Una Sra. de 31 años de edad me consultó en Julio de 1864. Padecía de faringitis folicular y acababa de sufrir la extirpación de las amígdalas y repetidas cauterizaciones de la faringe y laringe para librarla de un constante toser. Hacía doce años que era casada, y jamás había concebido. Sin detallados pormenores de este caso, sumamente interesante bajo otros conceptos, diré: que existía la más exagerada retro-flexión del útero cuyo fondo descansaba directamente contra el sacro, rodeado por una tumefacción, prueba inequívoca de pasadas perimetritis. No había alteración del cuello de la matriz, ni leucorrea, y la vagina estaba normal. La enferma aseguraba que la cronicidad de la afección faríngea databa desde un fuerte ataque de inflamación uterina ocurrido dos años antes y que se exacerbaba al tiempo de las reglas, siempre escasas y dolorosas. Habiéndola examinado en consulta con el Dr. T.A. Emmet, no pudimos descubrir signos positivos de lesión pulmonar; en cambio, con los síntomas ya mencionados de la matriz, notamos que la delicada introducción de una sonda en su cavidad ocasionaba inmediatamente un violento ataque de tos, persistente algunos momentos después de retirado el instrumento. La permanencia en el campo alivió algo la condición de la enferma, y la garganta mejoró tan luego como se suspendió toda medicación local. Vuelta á esta ciudad en el otoño, la paciente se quejaba de agudos dolores en el útero y ovarios, y de dismenorrea: la sangre menstrual corría muy escasa, casi gota á gota, con mal estar y laxitud constantes, el bajo vientre se hallaba muy adolorido y la constipación persistía más que de costumbre. En vista de tales síntomas, el Dr. Emmet determinó dilatar el cuello del útero, con el doble fin de facilitar el curso del menstruo y disminuir la congestión ocasionada por la perimetritis existente. La operación produjo un bien estar de cortos días, al cabo de los cuales, encendida con renovada intensidad la inflamación, sobrevinieron síntomas generales graves, hipo, vómito pertinaz, y á despecho de todo esfuerzo para prevenirlo, formose un vasto absceso pélvico, que no tardó en ser foco de infección purulenta mortal. El pus se franqueó paso al exterior por el recto, y en enorme cantidad por un absceso por congestión al nivel de la atadura del músculo obturador externo al trocánter del fémur. Este ejemplo poco común del trayecto que es capaz de seguir la supuración peri-uterina, fue reconocido también por mi apreciable amigo el Dr. Thomas, quien además del Dr. Emmet, vio varias veces la enferma en consulta conmigo. Circunstancias particulares impidieron hacer la autopsia de tan curioso caso.


OBSERVACION 5ta --- Dismenorrea nerviosa y faringitis concomitante. --- Curación.

Una joven que por varios años padecía de dismenorrea y faringitis, había empleado diversos remedios sin efecto contra la última, que acostumbraba agravarse con la regla. Un examen con el speculum puso á luz una ligera irritación catarral del cuello uterino, sintomática de la que fijada en el ovario causaba la dismenorrea. Las amígdalas, sumamente hipertrofiadas, estaban cubiertas de ulceraciones, y la inflamación faríngea extendía sus límites hasta la parte posterior de las fosas nasales. Asistido por el Dr. G.S. Winston extirpé ambas amígdalas, y la faringitis aplacó con la operación y gárgaras de clorato de potasa y percloruro de hierro, pero no desapareció completamente hasta cuando cedió la dismenorrea á un continuo tratamiento, que consistió en aplicaciones de tintura de iodo compuesta al cuello de la matriz, contra irritación á las regiones ováricas y lumbar, inyecciones vaginales, baños alcalinos, y demás medios adecuados para prevenir la irritación de los ovarios.


OBSERVACION 6ta --- Amenorrea, ovaritis, con epilepsia é infarto de los ganglios cervicales y faringitis.

Una joven de Roma, estado de New York, de diez y nueve años de edad, me consultó recientemente sobre ataques epilépticos de que era víctima desde la edad de quince, cuando por primera vez aparecieron sus reglas. Su desarrollo era proporcionada á la edad, la configuración del cráneo regular, pero la inteligencia se resentía del influjo nocivo de los repetidos ataques epilépticos, desde un principio nocturnos, y en manifiesta relación con las reglas, siendo por tanto periódicos, y más fuertes y frecuentes cuando estas se interrumpían. Pocas habían sido las menstruaciones desde sus primeras señales, y con la amenorrea existía: continuó dolor del ovario derecho, con gran sensibilidad en dicha región á veces extendido hasta la del lado izquierdo, dolor en los lomos, y constipación pertinaz. A cada paroxismo menstrual los ganglios cervicales derechos se infartaban de un modo muy doloroso; á ocasiones, aunque con menos intensidad, igual fenómeno aparecía del lado izquierdo también, y añadiose á él, últimamente, una verdadera faringitis. Las convulsiones epilépticas ocurrían localizadas completamente en los músculos del lado derecho del cuerpo. Convencido de que la perturbación uterina era causa determinante de la epilepsia, hice colocar la joven en la casa de salud del Dr. Emmet, quien instituyó un tratamiento contra la irritación catarral y ulceraciones del útero, descubiertas en relación con la ovaritis. Los ataques epilépticos han dado treguas por más de tres meses, desde que se comenzó la medicación uterina, y la ganglitis cervical y faringitis van desapareciendo á la vez que la ovaritis en vía de curación. Para completar lo concerniente al tratamiento, diré que esta joven hace uso interno del bromuro de potasio en dosis de veinte granos, repetidas tres veces al día.

Por último, una enferma del hospital de mujeres en esta ciudad, á quien acaba de practicar la ovariotomía el Dr. Emmet con el más feliz éxito, asegura que uno de los primeros síntomas de su enfermedad fue una sensación sofocante acompañada de inflamación á la faringe, que desapareció luego que el tumor monocístico del ovario hubo adquirido proporciones mayores.

Considero innecesario insistir en el tratamiento de los casos acabados de relatar, porque obvio es que en ellos, lo mismo que en cualquiera análogo, aquel dependió de la naturaleza de la afección útero-ovárica. Mi principal objeto ha sido fijar la atención en un origen no apreciado de faringitis crónica en la mujer, indicando así mismo la necesidad de inquirir la condición del ovario, que puede sin disputa ser causa latente de la cronicidad de aquella, y por consiguiente uno de los escollos en que peligra la oportunidad de las atrevidas cauterizaciones de las vías respiratorias de que bastante se ha abusado. --- Si de mi observación personal paso á las de mis distinguidos colegas y amigos los Dres. Geo T. Elliot y T.A. Emmet, adquirirá aquella mayor peso diciendo, que ambos me informan haber observado en sus clínicas indudables faringitis simpáticas de afecciones uterinas; --- el Dr. Emmet añade que la faringitis folicular es muy general entre las numerosas enfermas que concurren á su examen diario. Si por otra parte debiese formar deducción alguna de los casos que atentamente he estudiado, juzgaría la inflamación metastásica de la faringe dependiente más bien de la influencia del ovario que de la matriz. Algo fuera de propósito sería exponer las pruebas que abundan del importante y aun mal comprendido papel del ovario en la patología uterina; pero es evidente que al trastorno de sus funciones, y no al de las del útero, se debió la faringitis en las observaciones citadas. Digno de notarse es, que en estas como en la generalidad de las afecciones ováricas, el dolor en la región lumbar no solo presagiaba, sino que en mucha parte encubría el existente en el ovario. Ciertamente que los desarreglos de la menstruación y el extenso número de afecciones uterinas en las solteras reconocen por causa inicial una perturbación en las funciones del ovario; y si bien la ovaritis á menudo sobreviene á consecuencia de abortos o partos complicados, no por ello deja de ser positivo que el ovario por si origina serias lesiones en los órganos anexos al útero, y graves perimetritis con débil reacción en el mismo útero. El malogrado Arán, de París, á quien tanto debe la terapéutica uterina, ha sido uno de los primeros en insistir en estos hechos, y en la manera como la tuberculosis pulmonar consecutiva á la perimetritis se balancea con esta, aumentando la intensidad de una cuando cede la de la otra, ó vice-versa. Semejante influencia del ovario, alcanza en verdad á todo el aparato respiratorio, pues aunque la faringe fue el órgano principalmente afectado en las observaciones citadas, fácil es reconocer que en ellas la laringe, y hasta los mismos pulmones, se resentían de los efectos, como lo prueban la ronquera, tos, etc., de las enfermas. Tocante á la laringe, está fuera de duda que se afecta más á menudo que la faringe á influjo del ovario. En mi concepto, basado en la propia experiencia, la tuberculosis dependiente de afecciones uterinas se muestra por lo general primitivamente en la faringe ó laringe, siendo el pulmón posterior en sus manifestaciones tuberculosas; --- además, repetidas autopsias me han mostrado, que los mujeres histéricas muertas de tuberculosis pulmonar rápida, presentan ordinariamente una alteración general del aparato respiratorio correspondiente á las llamadas granulaciones tuberculosas; hecho que me contento con señalar sin comentarios.

Extraña que con tan innegable testimonio clínico de la importancia capital del ovario en la etiología de las afecciones uterinas, la anatomía patológica haya apenas descorrido el velo de las alteraciones correspondientes a las perturbaciones funcionales de aquella glándula. --- Preciso es advertir, sin que sea demasiada digresión, que hay una semejanza entre los actos fisiológicos y los patológicos de los elementos orgánicos, en virtud de la cual conservan en unos y otros la misma individualidad y las mismas simpatías, ó usando de expresión mejor definida, las mismas acciones reflejas. En el acuerdo de tales actos individuales y comunes de la organización se resume la vida,--- en su perversión está la enfermedad: --- problemas ambos cuyo misterio se resuelve con los datos fundamentales positivos y menos complexos de la histología y fisiología. Modificaciones de fuerza, cualquiera que sean, traen consigo irrevocablemente diferencias accidentales en la materia, única capaz de variar bajo fases infinitas: aquellas, difundiéndose en multitud de maneras, impresionan las moléculas y engendran un sin número de fenómenos, cada vez más ponderables, o mejor dicho más positivos, a medida que multiplica y perfecciona la ciencia sus medios de investigación. Así se concibe como la mera estructura normal de un órgano tan manoseado como el ovario haya venido a conocerse solo ayer, cuando Pflueger, Grohe y Aby, en Alemania, y tras ellos Sappy en Francia, han enseñado con el microscopio que el parénquima del ovario, como el del testículo, se compone de multitud de tubos ú ovisacos, donde la célula primordial rodease de una capa de epitelios forma la vesícula ovárica, y que cada glándula segrega y contiene como trescientos mil huevos en lugar del reducido número aceptado desde De-Graaf por todos los autores. ¡Bella conquista que imprime al origen orgánico aquel sello de inmutabilidad tan característico de los demás fenómenos fundamentales, puesto que la generación de las células, ---principio de la vida, ---aparece igual en todos los seres de la escala animal, para sufrir modificaciones diferenciales enseguida con las condiciones de perfección individual que influyen en su desarrollo!. Por consiguiente, guiados por los adelantos de la anatomía general, y sacudiendo la cándida admisión de una estructura sana con funciones ováricas profundamente pervertidas, forzoso es pensar que en el mundo infinitamente pequeño de elementos donde se individualiza la composición y descomposición de la vida hallaremos, en hora no muy lejana, la razón de aquellos fenómenos patológicos en la serie interesante de alteraciones jamás sospechadas del parénquima del ovario.

En cuanto al modo de producción de la metástasis aquí descrita, ¿Podrá su origen estar en la sangre por sí sujeta á una modificación durante el período menstrual? ---los órganos invariablemente elegidos por la metástasis, su marcado incremento del lado correspondiente al ovario más afectado, y en fin, nuestras actuales nociones sobre el mecanismo de los fenómenos reflejos, rechazan completamente semejante suposición humorista. Básteme decir, para no extender ya demasiado mis límites que en el sistema nervioso ganglionar podremos hallar únicamente la principal vía de acciones morbosas procedentes del ovario para reflejarse en la faringe, produciendo en ella perturbaciones cuyo curso y fin están necesariamente ligados á los de la afección del ovario.

New York, Abril 4 de 1865

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

1. Trabajo tomado de Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. 1865. Revista Científica Tomo II pp. 75-87.

 

 

(*) Anal Acad. Cien. Med. Fis. Nat. La Habana 1865;2:75-87.