Correspondencia

 

Sres. Directores de los Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana(*)

 

 

New York, Octubre 12 de 1865


Muy Sres. míos:

El Sr. Dr. D. Joaquín Zayas en su atenta carta dada á luz en la entrega de Agosto 15, de vuestro interesante periódico, se refiere al ejemplo de absorción de la placenta relatado por él en estas páginas, y cuyo resumen que redactamos para el "New York Medical Journal" de Mayo último, traduce el Dr. Zayas con miras contradictorias que le son completamente ajenas, y que motivan por parte de nuestro estimable colega de la Academia las importantes aclaraciones contenidas en dicha carta. El asunto como indica el Dr. Zayas, es digno de consideración por su oscuridad y rareza, a la par que por su abierta contradicción con nuestros conocimientos positivos de anatomía. Dilucidada hasta aquí en el falaz terreno de la conjetura, sin prueba alguna de su existencia, la reabsorción de la placenta ha sido necesariamente rechazada por quienes no se satisfacen con hipótesis por muy plausible que parezca y nosotros al extractar la observación del Dr. Zayas, acogiendo con reserva la positiva significación que en su concepto tenía, ---único comentario que sobre el particular nos permitimos,--- lo efectuamos bien impuestos de cuanto la Ciencia ha determinado tocante a las pretendidas reabsorciones patológicas en general y de la placenta en particular, y basados en las consideraciones á continuación sometidas al juicio del apreciable académico.

Ofendería el elevado concepto que nos merece el Dr. Zayas insistir, siquiera un momento, en la buena fe con que admitimos su observación, que, según justamente asegura, reúne todas las condiciones de una observación completa y exacta en la que el espíritu más descontentadizo no hallaría faltas ni omisiones. No será pues cuestión discutir sus minuciosos síntomas seguidos día por día ni el acierto con que fueron combatidos, sino la prematura y absoluta interpretación que el Dr. Zayas persiste en dar al feliz resultado obtenido ante sus ojos, averiguando al mismo tiempo si son tan irrevocables como él considera los argumentos en que estriban sus aclaraciones.

Desentendámonos, no obstante su importancia, de las evidencias ó pruebas anatómicas que no puede facilitar el Dr. Zayas; pero seamos lícitos apuntarle de paso, que después del aborto no hubiera sido temeridad injustificable examinar la cavidad del útero que retornaba a su estado normal para averiguar si ciertamente quedaba en ella toda o parte de la placenta. La demostración rigurosa de un hecho que sale de la esfera común, y tan controvertible, no hubiera pecado por excesiva escrupulosidad y concisión, mucho menos cuando la exploración del útero con la sonda practicada por manos hábiles, se encuentra exenta de riesgos que la condenen como recurso injustificable ó temerario de diagnóstico. Quizás la gratuita prevención de ciertos ginecólogos franceses, cuya falsedad patentiza la práctica, gravitaba en el ánimo del Dr. Zayas, retrayéndolo de tan indispensable exploración y tan severamente calificada; mas, como quiere que fuere, examinemos los testimonios en abundancia invocados para sostener la posibilidad de la reabsorción de la placenta. En primer lugar hallamos el del célebre Cazeaux, quien, en términos textuales, sienta: que la reabsorción de la placenta "es un hecho que en el día es imposible negar de una manera absoluta, pero que no debe admitirse sino con cierta reserva". Superfluos son los comentarios á fallo que deja abierta la cuestión aconsejando prudente reserva cual la nuestra, para mayor abundamiento dictada por la carencia de pruebas en que se declara el Dr. Zayas para demostrar las verdaderas transformaciones de la placenta en el caso que nos ocupa. El mismo Cazeaux, y las observaciones reunidas por el Dr. Zayas, señalan que la reabsorción de la placenta casi siempre ha sido consecutiva a abortos en temprano período del embarazo, cuando aquel órgano es poco voluminoso; circunstancia que es necesario tener en cuenta no secundariamente, porque en tales condiciones por claros que parezcan los signos pueden ser equívocos, ya que expertos prácticos yerran aún con la sonda exploradora, en el diagnóstico de productos o preñeces incipientes, desarrolladas lentamente en la cavidad uterina. No menos difícil es distinguir á la simple vista un coágulo sanguíneo de cotiledones desprendidos de una placenta en poco avanzado desarrollo, y sin el microscopio la decisión queda en suspenso. Agréguese para mayor incertidumbre, que en ocasiones no muy excepcionales, la placenta es expulsada antes que el resto del huevo, y en semejantes abortos no es improbable que pueda pasar desapercibida, o perdida en coágulos sanguíneos, ---refiriéndolo siempre a abortos en temprana preñez, en cuyo caso hasta fetos de ocho y diez semanas se han visto quedar ocultos en medio de una hemorragia. Respecto a los ejemplos compilados por el Dr. Zayas, de todos sin excepción, estamos autorizados á deducir propia y lógicamente que la placenta quedó en el útero, ó como Dubois, pensar que disminuyó de volumen, afirmar que se reabsorbió, es avanzar un resultado sin fundamento, porque en ninguna ocasión lo confirmó el examen cadavérico de la cavidad uterina, donde con insólita rapidez se verificó la reabsorción de órganos, de proporción y estructura como los de la placenta; y en una palabra, es sostener la mera posibilidad no demostrada de un hecho como resultado cierto y evidente, lo cual repugna a la sana observación. ¿Y, cómo no reaccionar de esta manera, cuando por otro lado la anatomía patológica abunda en ejemplos de placentas degeneradas descubiertas en la matriz sin previa sospecha, y sin tampoco haberse opuesto a concepciones ulteriores? Con mayor frecuencia la etiología de los tumores uterinos revela que suelen ser originados por restos de aquel órgano, cuya retención en el útero, con no menos rareza todavía, ocasiona fatales accidentes sépticos o graves metrorragias, que más de una vez sin duda habrán inquietado al Dr. Zayas en su práctica. Así mismo le habrá mostrado su experiencia, que las reabsorciones del feto a que alude Cazeaux distan de ser tales, ocasionando en general un estado de septicemia, con flujos pútridos más o menos persistentes y copiosos o abscesos y supuraciones, hasta que las partes del embrión son del todo eliminadas, o separadas de los tejidos vecinos por un verdadero quiste; porque es hecho fundamental que los elementos anatómicos, una vez muertos, se eliminan bajo formas diversas, mas no se reabsorben, como manifestaremos enseguida.

No es fuera de propósito notar antes, que la mayoría de los casos citados por el Dr. Zayas se observaron en épocas no remotas, pero cuando sin embargo se ignoraban casi completamente la anatomía general é histología, las cuales, describiendo la evolución normal y patológica de los tejidos, han difundido no escasa claridad en los obscuros y vastos horizontes de la patología. La inteligencia se reciente fatalmente de la época en que se desarrolló, por lo que no extraña, que autores eminentes al comenzar el siglo, y otros que tocan al término de su carrera, supieran perentoriamente la reabsorción de la placenta por insuficiencia para verificarla, ó prestar diversa interpretación al fenómeno, ó bien por obstinación para aceptar el adelanto preparado con sus propias tareas. ---En cuestiones de medicina la evidencia es la única fe: ---pasó ya la era en que el prestigio de un hombre eminente bastaba para escudar opiniones; hoy ante todo necesitan éstas para su libre curso que la sancionen los hechos. El progreso, al emancipar el pensamiento, impone tan nobles exigencias en obsequio de la verdad y de la ciencia; ---y por eso, ---venerando siempre a los genios iniciadores o maestros, a medida que perfeccionamos nuestros conocimientos nos purgamos de errores en buena porción legados por ellos; porque, repetimos, la ciencia no reconoce más autoridad que la verdad. Pero quedan todavía consideraciones de capital importancia en la cuestión que discutimos, deducidas del estudio de la histología, y que por último expondremos a la consideración del Dr. Zayas. Los elementos anatómicos, y por tanto los tejidos, caen bajo el dominio de fuerzas puramente físicas tan luego como cesan los actos llamados vitales, nueva faz en que la materia orgánica entra en descomposición y ocurre la muerte. Si este cambio compromete un solo órgano, sus elementos alterados experimentan una eliminación caracterizada por actos complexos capaces de inducir graves perturbaciones en el organismo, a causa de las propiedades dañinas nuevamente adquiridas por los materiales orgánicos descompuestos: tal sucede en la gangrena, septicemia, piemia, uremia, &c, &c.. La vida es el desarrollo, crecimiento y multiplicación de elementos anatómicos y, si hay hipergénesis, el elemento que más se justifica determina el desaparecimiento del que menos crece comprimiendo molécula a molécula. Por consiguiente: ningún órgano o tejido se reabsorbe en la acepción propia de la palabra; sus elementos podrán atrofiarse, mas entonces acontecen otros cambios de estructura no ignorados por el Dr. Zayas, y que sería inoportuno traer a colación. Estos datos fundamentales bastan para que el espíritu menos escéptico se niegue a considerar posible la reabsorción de la placenta o de cualquier otro órgano, si acaso no existiese la necesidad fatal de comprobantes positivos para sancionar la verdad del hecho, y la cual refleja no poco crédito en la exactitud de los principios plantados por la histología.

Tales son los motivos que nos inducen a no admitir como posible la reabsorción de la placenta defendida con talento y erudición por el Dr. Zayas. De su observación hemos ya dicho que no podría ser más exacta y completa; pero sin empeñarnos absolutamente en poner al Dr. Zayas en contradicción consigo mismo, no es forzoso, con objeto de excusar a sus ojos la reserva del "New York Medical Journal" para admitir la explicación que hace de aquellas, transcribir los siguientes renglones harto significativo y explícito de su carta. "Se omitieron las explicaciones anatómicas, porque no habiéndonos sido dados el averiguar las transformaciones y cambios en la placenta, las relaciones de este órgano con el útero &c., parecía prudente abstenernos de toda explicación aventurando teorías que no pudiéramos demostrar, y porque dirigiéndonos a una corporación científica que sabe que la ciencia no ha pronunciado la última palabra en esta materia, que conoce hasta donde alcanzan nuestros conocimientos, repito que parecía más prudente y científico la consignación del hecho aislado y destituido de toda explicación". ---En tales conceptos, si así fueron las circunstancias y las cautas intenciones del Dr. Zayas, necesario es convenir que nos cabe la satisfacción de abundar en sus justas ideas, pero que en vano lograría el testimonio de autoridades, por muy intachable que fuese, hacer valer la existencia de un hecho que no fue dado averiguar, y sobre el cual de antemano y con muchísima razón el Dr. Zayas se abstiene de aventurar teorías que no podrá demostrar. Felizmente la inevitable y natural imposibilidad de demostrar la reabsorción de la placenta, en nada invalida la interesante observación del ilustrado académico, a quien quedamos muy atentamente reconocidos por las aclaraciones que se ha dignado darnos.

Queda a las órdenes Vds. Atento S.S.Q.B.S.M.

M. González Echeverría


----Con la anterior carta de nuestro entendido corresponsal el Dr. González Echeverría, consideramos terminada la discusión que en los "Anales" se ha suscitado a consecuencia de un caso de aborto ocurrido en la práctica de D. Joaquín Zayas, y en el cual no fue posible encontrar la placenta. En efecto, el Sr. Echeverría no pone en duda la autenticidad del hecho observado por el Dr. Zayas cuya historia reúne "todas las condiciones de una observación completa y exacta", ---pero no acepta la prematura y absoluta interpretación que éste ha presentado y persiste en creer que la absorción de la placenta no debe admitirse, sino con cierta reserva, sobre todo cuando no ha sido dable demostrar las verdaderas transformaciones de dicho cuerpo en el caso que nos ocupa. La parte realmente importante de su carta es aquella en que expone la teoría científica, única aceptable, de lo que se ha llamado reabsorción ---es un hecho fundamental, dice, que una vez muertos los elementos anatómicos, se eliminan bajo formas diferentes, mas no se reabsorben. ---Así sin duda lo tiene entendido el Dr. Zayas, aun cuando obedeciendo a la fuerza del uso, haya empleado una palabra a que se concede comúnmente varias acepciones.---

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

1. Trabajo tomado de Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Tomo II. 1865. P. 288-9.

2. Carta de Manuel González Echeverría, agradeciendo el ser miembro correspondiente de la academia. Tomo I. pag. 342. Febrero 10 de 1865. Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

 

 

(*) Anal Acad. Cien. Med. Fis. Nat. La Habana. 1865;2:288-92.