APÉNDICES

 

Dr. Manuel González Echeverría (1833-1898). Primer Epileptólogo Cubano(*)


por el DR. ARMANDO CHARDIET Y SAGARDUY

 

 


 

 

Los pueblos son grandes por la grandeza de sus hijos y es deber de todos rendir el homenaje del recuerdo y mantener viva en los corazones la llama del culto reverente hacia todos aquellos que por su vida, sus obras, sus hechos gloriosos, han sido ejemplo fructífero a imitar por las generaciones que les siguieron.

Los LABORATORIOS LEMAR(**), sintiendo que, como dijera Martí, "honrar honra", ofrecen con estas líneas una breve reseña biográfica de aquel ilustre médico, pionero y cultivador entusiasta de esa rama compleja de la Medicina que es la neuropsiquiatría, cuyo nombre e investigaciones fueron citados y aún lo son hoy por los más preclaros maestros de esa disciplina: el doctor Manuel González Echeverría.

Nació en La Habana el 24 de abril de 1833 y esta capital lo vio crecer durante los primeros años de su vida.

Efectuó sus estudios elementales y los de segunda enseñanza en el famoso colegio "El Salvador", en el que el evangelio vivo de Don José de la Luz y Caballero moldeó el carácter de tantos cubanos que dieron brillo inmarcesible a su generación. Su temprana vocación por los estudios médicos indujo a su tío José Antonio Echeverría a enviarlo a París para que en la universidad de aquel lugar, de fama universal en la medicina, hiciese sus estudios.

En el transcurso de éstos llegó a intimar estrechamente con uno de sus profesores, el doctor Charles Robin, en cuyos "Trabajos fundamentales de histología" aparecen muchas láminas dibujadas por el aventajado alumno que era González Echeverría.

Durante su época de estudiante y gracias a su conocimiento del inglés pasaba sus vacaciones en Londres donde, visitando clínicas y hospitales, hizo amistad con muchos médicos de aquel país, especialmente con el doctor Hack Tüke, cuyas relaciones duraron hasta la muerte.

Obtuvo su título de Doctor en Medicina en el año 1860 ante un tribunal presidido por Nelaton y en el que presentó su tesis "Sobre la naturaleza patológica de la afección (Tubérculos de las vértebras)" que se cita todavía en el Tratado de Patología Quirúrgica de Le Dentu y Delbet y aún se emplean las gráficas palabras usadas por él en la descripción de esta variedad de infiltración tuberculosa cuyo aspecto es "en heces de vino". De este mismo año procede también su trabajo "Sobre la perineorrafia".

Su inclinación hacia la neuropsiquiatría parece haber sido originada al escuchar las formidables lecciones que, sobre las enfermedades del sistema nervioso, dictara el célebre Trousseau, maestro ilustre de las ciencias médicas y del buen decir.

Con esa inquietud de los espíritus excepcionales que parece haberle seguido durante toda su vida, se traslada bien pronto a Londres donde, gracias a las gestiones de su entrañable amigo Tüke, comienza a ejercer su carrera. Ya instalado en la capital del Imperio Británico, se dirige a La Habana donde contrajo matrimonio con la Srta. Leocadia H. Brazza, con quien mantenía relaciones amorosas desde la niñez. Posteriormente vuelve a Londres donde se le ofrece una plaza de médico en el hospital de locos de Bedlam, que acepta, laborando en dicha institución.


Tres años escasos permaneció en ese país. Estimulado por algunas organizaciones científicas de Norteamérica, se trasladó a New York en 1862. En esta ciudad fue objeto de distinciones científicas innumerables, designándosele primeramente por el Board of Comissioners of Public Charity director del Asilo de Locos y Epilépticos de New York y posteriormente ocupa la Cátedra de Enfermedades Nerviosas y Mentales del Colegio Médico de la universidad de ese Estado. Con el tiempo agregó a los precedentes el cargo de médico de visita del Charity Hospital siendo además socio correspondiente de la Sociedad Médico-psicológica de Gran Bretaña.

Ágil escritor e investigador certero, expuso, durante los años 1862 a 1870, el fruto de sus experiencias clínicas en múltiples trabajos científicos tales como:

"Causas inmediatas del delirium tremens". N. York, 1862.

"Simpatía entre los ovarios y la faringe". N. York, 1865.

"Parálisis reflejas, su anatomía patológica y relación con el simpático". N. York, 1865.

"De la estricnina administrada hipodérmicamente en las afecciones paralíticas". N. Haven Conn, 1868.

"Sobre los efectos de la cicuta en la epilepsia". N. York, 1870.


Pero donde su genio culmina en su más brillante concepción es en su obra "ON EPILEPSY" cuyas profusas ilustraciones fueron la admiración de todos los maestros de la época. Llegó a ser esta obra la consulta obligada de todos los tratadistas de enfermedades nerviosas y mentales y aparece en todos los índices bibliográficos. La crítica médica la hizo objeto de sus más cálidos elogios, justamente merecidos puesto que en ella echó abajo algunas concepciones erróneas de sus antecesores y aún de sus contemporáneos y dio nueva luz, en muchos sentidos, a los conceptos sobre anatomía e histología del cerebro y patogenia de sus enfermedades.

En dicha obra hace un estudio concienzudo y completo sobre el ataque epiléptico, las alteraciones del pulso en el mismo, los trastornos de la respiración, las modificaciones de la pupila y el resultado de los exámenes de los capilares y del fondo del ojo, los que él realizaba con maestría por ser un hábil oftalmoscopista.

Refiriéndose a esta obra "On Epilepsy" dice Charcot en su vigésima lección titulada "La Epilepsia parcial de origen luético":

"Las lesiones de paquimeningitis gomosa […] circunscritas se encuentran ya descritas con precisión en dos láminas cromolitografiadas anexas a la obra de M. G. Echeverría y que dan de estas lesiones una fiel reproducción […]."


Posteriormente el mismo Charcot expone:

"[…] puedo hacer notar que en las láminas de Echeverría fácil es reconocer que las lesiones gomosas ocupan la vecindad de la cisura de Rolando, etc. […]"


La profusa documentación anátomo-patológica y el examen histológico de las lesiones, complementadas con láminas de admirable precisión, llevaron al doctor Echeverría a la cúspide del panorama científico de su época considerándosele uno de los primeros especialistas en epilepsia.

En todo trabajo sobre dicha materia aparecía su nombre y se citaba el resultado de sus investigaciones; así lo hacen, como acabamos de ver más arriba, Charcot; Feré en su obra "Las epilepsias y los epilépticos" lo menciona once veces, algo mas que a su coterráneo el famoso neuropsiquiatra Fabret; Gowers, el maestro de la neuropsiquiatría inglesa, lo cita varias veces; Lereboullet en el "Diccionario de Ciencias Médicas", tratando sobre la influencia de la avariosis sobre la paquimeningitis expresa:

"Pudiéramos abrigarnos bajo el alto patronato, de Echeverría, médico del hospital de epilépticos y paralíticos del Asilo de Locos de New York. En su trabajo en el que analiza no menos de 118 casos, este autor examina si es preciso distinguir con Mr. Fournier una epilepsia secundaria, y otra terciaria y concluye con la negativa".


Para no prolongar demasiado las referencias a las diversas citas, indicaremos tan sólo como en el Tratado de Medicina Infantil de la Colección Testut del doctor E. Weill, profesor de la Clínica Infantil de la Universidad de Lyon, en el artículo que dedica a las convulsiones dice:

"Carrier en sus lecciones sobre epilepsia cita a Echeverría quien ha visto 136 epilépticos casados que han engendrado 233 hijos, de los cuales 195 han muerto muy pequeños en medio de convulsiones".


También se le menciona en la obra de Pediatría de Abts que en 8 tomos se publicó en 1925, expresando:

"Echeverría asegura que si se administran mezclados los bromuros y el Licor de Flowler los accidentes cutáneos pueden ser prevenidos".


De 1872 a 1873 aparecen sus siguientes trabajos:

"De los efectos de los bromuros en la epilepsia con especial referencia al bromuro de potasio". N. York, 1872.

"Responsabilidad criminal de los epilépticos en la forma que la ilustró el caso de David Montgomery". N. York, 1873.

"La violencia y el estado inconsciente en los epilépticos en relación con la Jurisprudencia Médica". N. York, 1873.

"Sobre locura epiléptica". N. York, 1873.


Era tal su fama mundial como especialista en enfermedades nerviosas y mentales que, alrededor del año 1874, fue llamado a La Habana para tratar al hijo del Capitán General de la Isla, Jovellar.

En 1878 el gobierno de los Estados Unidos le confió su representación de la Medicina Mental en el Congreso Médico Internacional de Medicina Mental que tuvo lugar en París. Tuvo el honor de ser elegido uno de los cinco vicepresidentes de aquel Congreso en el que se destacaban figuras tan ilustres como Charcot, Lassegue, Voisin, Moureau, por no citar más que unos pocos: en la última sesión fué elegido para presidir la sesión de clausura, por la ausencia de su ilustre presidente Jules F. Baillarger.

Fue en este Congreso donde presentó su trabajo "Sobre las consideraciones clínicas de la locura epiléptica" que mereció los más cálidos elogios de sus colegas, a tal punto que el representante de Italia, de regreso a su país y en la reseña que ofreció a sus colegas italianos, dijo lo que sigue:

"Y Echeverría, de América, con sus consideraciones clínicas sobre la locura epiléptica, hacía conocer con cuanto provecho se cultiva la ciencia del otro lado del océano..."


En ese mismo año de 1878 publica su documentado trabajo "De la trepanación en la epilepsia por traumatismo del cráneo" que aún sobrevive y se le cita en muchas obras de la materia, como el tratado de Le Dentu y Delbet y el Tratado de Cirugía Clínica publicado bajo la dirección de los alemanes Von Berggmann y Von Mickuliz donde, el primero de ellos, escribe lo siguiente:

"Queda probado por un número ya grande de casos que las lesiones de la cabeza pueden ir seguidas de epilepsia; entre 783 casos de esta enfermedad Echeverría encontró etc., etc ..."


También Championiere, revisando los sucesos médicos más importantes del año en que el Dr. Echeverría publicó los resultados de sus trepanaciones, se expresa en los siguientes términos:

"Si hay operaciones justamente condenadas al descrédito como lo es la cura radical de la hernia, existen otras del pasado, resucitadas justificadamente, como la trepanación por epilepsia traumática, asunto puesto al día en los archivos de Manuel González Echeverría, publicados en estos Archivos de Medicina en los números de noviembre y diciembre".


Por aquel tiempo fue llamado a Roma para tratar al Papa Pío IX, pero no llega a tiempo para ver con vida a tan ilustre enfermo; ya en aquella ciudad se le confía la asistencia del cardenal Joaquín Pecci quien sufriera de un ataque bronquial y al que elige el Cónclave como Máximo Pontífice que la historia conoce con el nombre de León XIII.

Seducido quizá, en esta ocasión, por los prestigios históricos de la Ciudad Eterna y dominado también por su inquietud de viajero incansable en busca de nuevos horizontes y estímulos nuevos, renuncia a todos sus cargos en Norteamérica y traslada su residencia a Roma donde ejerce su profesión.

En 1879 y 1880 publica en inglés tres monografías: "Relaciones entre la epilepsia nocturna y el sonambulismo". "Matrimonio y herencia de los epilépticos". "La epilepsia avariósica".


Esta última obtiene la sanción enaltecedora de Sir William R. Gowers quien en su obra clásica dice así:

"Mi propia experiencia está completamente de acuerdo con la de Echeverría"·


En otro lugar de su obra dice también Gowers:

"Si bien fue Reynolds el primero que estudió la pupila post-epiléptica, fueron Echeverría y Clouston quienes más directamente le dedicaron su atención".


Menos de tres años permanece en Roma; en 1881 se traslada a Londres donde publica "La epilepsia alcohólica". De allí emprende viaje nuevamente y recorre Centroamérica; en Panamá conoce al adalid integérrimo de las libertades cuballae, General Antonio Maceo de quien conservó hasta su muerte algunas cartas que le escribiera el héroe; regresa a Norteamérica lleno de nuevos bríos y proyectos y en ese país una hemorragia cerebral, dejándolo hemipléjico, corta su carrera triunfal con esa sevicia inconsciente de los hados adversos.

Quedaría demasiado incompleta esta reseña biográfica si no apuntáramos como, por haberse publicado en 1868, antes de la consagración científica del Dr. Manuel González Echeverría, el diccionario de Calcagno expone que "ocupa una cátedra en la ciudad de New York y ha compuesto una obra de mérito". En contraste con esta lacónica información, la "Enciclopedia Universal Ilustrada Europea-Americana" editada por Espasa, proclama la grandeza de su obra emitiendo este juicio:

"González Echeverría fue, en su época, el más autorizado especialista en epilepsias y sus investigaciones y estudios se citan aún en las obras extranjeras que se ocupan de esta enfermedad".


La añoranza de la patria que lo viera nacer lo trae de nuevo a La Habana donde, aunque paralítico, se le ofrece el modo de ganar lo suficiente para sufragar decorosamente las necesidades de su familia.

Aquel espíritu enérgico no inclina su frente ante la desgracia; aprende a escribir con la mano izquierda ya utilizada para su trabajo y con ella efectúa la primera ovariectomía en Cuba. Una segunda hemorragia cerebral lo lleva a la muerte en marzo de 1898 en su casa de la calle de San Lázaro No. 67, rodeado del cariño, la admiración y el afecto de sus familiares, amigos y de cuantos tuvieron la dicha de conocerlo.

A este cubano ilustre que paseó su gloria y, por lo mismo, la gloria de Cuba por todos los ámbitos científicos internacionales, dedican los LABORATORIOS LEMAR estas modestas líneas como un sincero homenaje de recordación a sus preclaros talentos.

 

 

(*) Reseña biográfica basada en el discurso pronunciado por el autor el día 24 de enero de 1950 en la Sociedad Económica de Amigos del País con motivo del develamiento de un retrato del Dr. Manuel González Echeverría.

(**) Este artículo fue publicado en folleto por los LABORATORIOS LEMAR, La Habana, Mayo de 1955.