La prensa médica y la enseñanza médica*

 

 

Una revisión de valores conquistados implica la verificación periódica de este Congreso, que señala también el término de un ciclo y es cumpleaños, que se celebra, de la robusta especialización de nuestra Prensa en los dominios biológicos de la Medicina, y atalaya a que concurrimos entusiastas para marcar nuevos derroteros, estimular empeños y anotar progresos, de posible realización en la nueva era que comienza a partir de estas sesiones laboriosas.

Y es en este sentido que mi trabajo tiene justificación, ya que sin otra ejecutoria quiere definir una orientación apenas esbozada entre nosotros, ¡triste es decirlo! y demostrar escuetamente que la Prensa Médica no complementa la función social que debe desempeñar, y que aspira a verificar cumplidamente entre nosotros, en tanto que no vigile, atenta y cuidadosa, la enseñanza de la medicina, procurando su mayor desenvolvimiento y perfección.

Sentada esta premisa, que destruye el equívoco a que pudiera prestarse el titulo de mi trabajo, por suponer que pretendía, generalizando, tratar de la Prensa Médica como vector de enseñanza, van mis argumentos y razones demostrativas, afirmaciones generales de lo que no se hace y pudiera hacerse en favor de nuestra anemiada enseñanza médica, si arraigase en esta reunión, ¡que sí arraigará! el convencimiento de que es necesaria una acción, conjunta e inmediata, de todas las publicaciones aquí representadas, para el mejoramiento de nuestra cultura en las aulas universitarias, para la resolución, ya inaplazable, del problema de la enseñanza médica entre nosotros.

Nuestra Prensa Médica, que registra atenta todo progreso profesional, que describe y analiza atinadamente los perfeccionamientos y adquisiciones en los distintos aspectos de las Ciencias Médicas, que ha conquistado un alto exponente por difundir la especialización que comprende en su bibliografía más reciente y últimos procedimientos tecnológicos; ha olvidado, convengamos en ello, romper lanzas por el mejoramiento de la enseñanza médica en nuestro país, por la renovación de procedimientos, que todos sabemos anticuados por la implantación de reformas -que ora se refieren a defectos de métodos, ya a falta de medios- y de que estamos muy necesitados.

En los países en formación, quiero decir, allí donde se aspira a plasmar una nueva forma de cultura -adaptativa a las condiciones climo-sociológicas- estos voceros de los conocimientos especializados deben preocuparse muy mucho de la fuente origen en que aquellos conocimientos se abrevan y cuidarla con especial esmero; por esto venimos a solicitar vuestra coo­peración, a pedir en nombre de la juventud a nuestra Prensa Médica, que haga algo por la enseñanza de la medicina, que es un aspecto básico de su objetivo, y es hacer obra patria.

Vuestro concurso, he dicho, y mis palabras están justificadas, ya que la publicación que representamos en este acto, la Revista de la Asociación de Estudiantes de Medicina, ha tiempo que inició el resurgir de este empeño, y en el programa contentivo de sus iniciativas declara que "aspira a conseguir para el centro cultural a que concurrimos, todas las mejoras posibles, renovar medios y procedimientos, que se creen bibliotecas, laboratorios y museos".

Hemos iniciado esta empresa y de aquellos defectos a que me he referido, globalmente considerados, quedan datos y memorias en las páginas de nuestra revista, desde cuyas columnas, respondiendo a preguntas sintetizadas, en forma de "enquete", nuestros profesores expusieron su descontento, que en muchos abarca todo lo relacionado con nuestra enseñanza y piden una reforma radical, desde el plan, petrificado, con innovaciones esporádicas a que lo agravan sin remozarlo, hasta el profesorado y los alumnos, el trabajo del profesor Finlay, metódico y documentado, que aparece en el último número de nuestra publicación y cuya lectura me permito recomendar a los señores congresistas, es prueba evidente de estas afirmaciones.

La conclusión, a que conseguimos llegar con el análisis prolijo de los factores enunciados podemos sintetizarla antes de exponer un plan de rectificación que es el fin de mi trabajo, corolario obligado y sugerido de otros mejor cimentados y definidos. No debe existir disociación entre la Prensa Médica y la enseñanza de la medicina, ya que el nexo es íntimo, por complementarse; antes bien, aquella, como exponente avanzado de una cultura especializada, debe ampliar su criterio normativo, paralelizando, a la unilateralidad que hoy practica de ser vector de dicha cultura, su empeño y dedicación por mejorar intensivamente esta enseñanza, contribuyendo a ello los múltiples medios en que se manifiesta su actividad creadora.

A esta empresa, para cuya consecución posible la unidad es indispensable, porque crea el método y encauza la actuación, sugiero que: una comisión, integrada por los directores de publicaciones aquí representadas y cuyo presidente sería el designado para el próximo Congreso, asistido del secretario nombrado para el mismo, celebren reuniones periódicas, para tomar acuerdos orientados hacia la finalidad precisada, y cuya labor, constructiva y uniforme, en lo que a la publicidad se refiere estaría solicitada por la necesidad inmediata de alcanzar el retiro para el profesorado superior y definir un completo sis­tema de enseñanza médica, ahondando ciertos particulares, como las reválidas, modalidad de exámenes y provisión de cátedras.

Cultive nuestra Prensa Médica la virtualidad de estas ideas, y el alborear de la cultura patria la señalará como forjadora de Ideales, que plantó en lo alto para que irradiaran sobre la juventud rutas de perfección.

 

 

*Primer artículo conocido publicado por el Dr. Gustavo Aldereguía. Rev Med Cir. Hab.1917;22(23):642-4. Diciembre 10 de 1917.

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