Estos gallegos…. si son de España*

 

 

Acabo de saber el magnífico triunfo electoral de la Hermandad Gallega en los comicios de ayer en el Centro Gallego, y corrí alborozado sobre la maquinilla a gritar mi júbilo, a teclear mis aplausos clamorosos, a decir mi contento de cubano, de hombre, de médico. Silencié hasta hoy mi compenetración, mi identificación absoluta, con el ideario y el programa de la Hermandad Gallega para que no se intentase torcer o retorcer mi pensamiento por los de la otra banda, por los enemigos del Centro y de los Centros, por los enemigos de España, de la España Grande, por los enemigos de Cuba, de la democracia y de la libertad; por los amigos de sus bolsillos nunca ahítos, por los eternos mangoneadores y dilapidadores contumaces, de los verdaderos y legitimos intereses de las grandes masas que pueblan y mantienen, fecundan y redimen, nuestros Centros Regionales..

Hoy no puedo silenciar mi Contento, no debo silenciar mi adhesión, que arrancan parejos y derechamente de las mismas fuentes, limpias y claras, que siempre informaron mi conducta y condicionaron mi actuación pública. He sido tachado tantas ve­ces de antiespañol y de enemigo de los Centros Regionales por la maldad y la estulticia unidas, mano con mano; se han repetido tanto frases, procaces y malvadas, como emanadas de mi boca o escritas por mi pluma, que no dije nunca, que no podía haber dicho nunca, porque nunca mancharon mi pensamiento de hombre honrado, que no escribí jamás, que no podía haber escrito sin enturbiar mi conciencia, ni negarme a mí mismo; se repitió tanto y con tan aviesos propósitos esta maniobra, tortuosa, en aquellos días enconados de lucha, cuando el llamado problema de los Centros Regionales que, atento a más altos fines y más derechos rumbos, no me preocupé nunca por estas cosas pequeñas llenas de ruindad y torpeza, y encomendé al tiempo la tarea fácil de situar la verdad en su lugar, destejiendo una madeja mentirosa trabajada pobremente con ovillos enredadores. El tiempo vino pronto; lo empujaban hacia adelante con redoblado brío, el dolor milenario de España, de mi España; lo empujaban hacia el mañana fecundo la angustia y los sufrimientos del pueblo español, el eterno devenir de lo español, eterno; lo quemaban en su crisol ejemplar y al rojo sombra de la españolidad en marcha, todas las potencias y las querencias todas de la España múltiple y única, impar y heroica, arquetipo y esencia. El tiempo vino pronto, tan pronto; tiraban de él sin tregua y sin descanso, pero con impulso ascendente de aurora y desgarramiento infinito de parto, el porvenir de España y el futuro del Mundo, que también se ventila y se ensancha en este alumbramiento magnífico de España.

España, esta España doliente y sangrante que si es nuestra madre, lo he repetido cien veces en la plaza pública de nuestros pueblos, hablando para el pueblo nuestro, ha hecho más, infinitamente más, por sus hijas de América, por nuestras patrias americanas y por los pueblos del mundo, en estos dos años y medio de fiera pelea por su libertad que en los cuatro siglos anteriores. Antes pudo descubrir estas tierras vírgenes, conquistarlas y poblarlas; pudo otrora infundirles su vitalidad y reciedumbre, su sentido de la libertad y su concepción del derecho que cuajaron más tarde, en nuestra dura lucha por afirmar y conquistar el derecho de estas tierras ya maduras, a su libertad. España hizo todo esto entonces y no pudo hacer mas; el pueblo español no podía modelarlos a su imagen y semejanza porque el pueblo español fue cada vez menos dueño de su destino y fue cada vez más esclavizado, hasta fatigar su indomable rebeldía, preso durante generaciones y siglos en la lobreguez de un feudalismo sin liquidación; pero ahora, en julio de 1936, el pueblo español se ha encontrado a sí mismo y de un solo empujón está salvando la historia y el tiempo, para fijar la historia a su propia raíz nutricia, para domar el tiempo y acompasarlo a su nueva era histórica; desde entonces el pueblo español, es pueblo de América y del mundo, y está modelando nuestros pueblos a su imagen y semejanza; también de un solo golpe nos ha vaciado la conciencia....

¿Y cómo no había de repercutir esta lucha del pueblo español, esta lucha del mundo, y esencialmente, esta lucha del pueblo español por un mundo nuevo y por su propio nuevo mundo, cómo no iba a repercutir en el seno de las grandes mayorías españolas que pueblan nuestros Centros Regionales? Tenía que ser, ha sido ya, y seguirá siendo en marcha incontenible para bien de los Centros, para garantía efectiva de su perdurabilidad y el cumplimiento pleno de sus funciones sociales, encaminadas en lo adelante, como nunca antes y más que nunca, a la protección integral de sus miles de asociados; protección nueva y distinta que abarcará la función biofiláctica en su acepción más absoluta y desde todos sus ángulos. ¿Cómo no había de repercutir la tragedia ensangrentada de España, sobre la tra­gedia que padecen los Centros si ambas proceden de la misma raíz y remontan su origen a gérmenes similares, igualmente específicos, determinantes de una patología colectiva en que se destacan tan parecidos síntomas? ¿Cómo no iba a repercutir si el malestar colectivo de los Centros, sus perturbaciones internas, sus crisis periódicas y sus brotes epidémicos, no son otra cosa que episodios distantes, pero idénticos, del gran morbo que aquejaba a España, del cáncer terrible que corroía sus entrañas, hasta que el gran cirujano, el pueblo, tuvo que esgrimir para salvar su vida, el arma dolorosa que le obligaban a empuñar la traición y el crimen? ¡Cómo no había de repercutir si la tragedia española, pena y esperanza del mundo, nos trajo este apostolado del pueblo español en prédica ferviente y encendida, tan saludablemente contagiosa, que encarnaron y encarnan Marcelino Domingo, afiebrado y sincero, García Maroto, tan ligado a nosotros por su convivencia artística en el medio popular cubano cuya veta infantil exploró y supo acrecentar como nadie, turbulento y heroico en su comportamiento en los duros días de la defensa de Madrid donde fue herido gravemente!; Gordon Ordás, el único embajador que ha tenido España en nuestro pueblo, los otros, Ministros, embajadores, fueron siempre muñecos o sombras que mal representaron a sus malos gobiernos ante nuestros peores gobernantes; este Gordón Ordás si que es un embajador genuino del verdadero pueblo español ante el auténtico pueblo de Cuba; Fernando de los Ríos, este gran Don Fernando cuya austeridad y sencillez se pelean con el Don que todos le anteponemos en acatamiento y reverencia; finalmente, estos dos inmensos gallegos que nos llegaron juntos, tan juntos en el amor entrañable y desbordado por su Galicia mártir, tan unidos para gritar sin sordina diplomática la sangrienta verdad española como para denunciar las intrigas bajunas y los viles entendimientos y maniobras de los llamados gobiernos demoliberales europeos a espaldas de sus mayorías nacionales y traicionando los verdaderos sentimientos de sus grandes masas populares. Estos dos gallegos inmensos: Luis Soto, generoso y apercibido al sacrificio, expresión cumplida de la juventud española de esta hora, emocionada y ejemplar; Castelao el grande, médula y jugo de su Galicia atormentada, Castelao de las estampas pueblo, amasadas con la tortura de los que sufren para clavar el fascismo; Castelao artistas, médico, hombre, vencedor del muy ilustre Centro Gallego de La Habana que ha sabido reconquistar para su verdadera masa social, gallega, española, y leal a España.

Ángel Lázaro, Millares Vázquez, Álvarez Gallego, Luis Amado Blanco, ya son más nuestros y lo son tan hondamente porque vinieron a pelear entre nosotros, a nuestro lado, por el ensanchamiento de esta madera heroica en que se afianza y se recrea el espíritu del pueblo español; tanto más nuestros son cuanto más españoles y leales a la causa de España, y tanto más leales y españoles, cuanto más se penetran de nues­tros afanes y de éste impulso transido de españolidad y de futuro en que se polariza levógira la vida de nuestro pueblo.

 

 

* Medicina de Hoy.1939;4:45-8.