Topes de Collantes vuelve al camino*

 

 

Batista y "Topes" otra vez. —Curiosidad actualizada.
—El "Escorial de Topes de Batista". —A regañadientes.
—La misma montura. —El mismo jinete. Un solemne dis-
parate. —Qué hora es? La que usted quiera, General.
—La cohorte científica y la marcha musolinesca. —Fede-
rico, el cronista equivocado. —Factores de muchísima
importancia. —Tradición y Ciencia. —La altitud y lo in-
accesible. —Mi profesión de fe. —Batista y la bisectriz
de Columbia. —Mi artículo de marzo."—Dos tiros,
dos conductas y el madrugón. —!Ábrete sésamo!?
—"Veni, vidi, vinci". —La dialéctica y el General. —Re
manso y torrente. —Estrellas en la noche. —El Conse-
Jo Nacional de Tuberculosis también nació en marzo.

 

Dos publicaciones semanales, "Carteles", la primera, me piden en convergencia de curiosidad actualizada, unas cuartillas sobre el sanatorio de "Topes de Collantes". La curiosidad se actualiza, huelga decirlo, porque el General madrugó el 10 de marzo para levantarse de un tirón, turbulento y riscoso, hasta el empinamiento del tope más alto y traer a la orden del día, entre otras cosas grandes e inconclusas, la mola de "Topes de Collantes".

He escrito con anterioridad, más de una vez, sobre el proyecto de "Topes" y su realización adelantada. Escribí siempre con sinceridad, en cubano y en médico preocupado -y que se preocupa- por los tuberculosos de su tierra y por la tuberculosis como endemia universal, como enfermedad social, evitable y curable, que azota a la humanidad y diezma a todos los pueblos.

"Topes de Collantes" fue siempre un disparate, desde el inicio de su erección, y continúa siéndolo por mil razones técnicas. Me gustaría que alguien saliese a defenderlo, sobre todo algunos de aquellos médicos que acompañaron a Batista, que todavía no era General ni Presidente, y menos de segunda vuelta, en sus marchas y contramarchas musolinescas por las serranías de Trinidad, desdeñando los filosos dientes de perro con la mandíbula apretada, en busca del picacho más alto, del nido de águilas más inaccesible, para construir allí desafiante, contra el tiempo infinito y para su gloria inmarcesible, su Escorial: el Escorial de Topes de Batista. Así lo bautice hace años, porque el futuro "Sanatorio Nacional de Topes de Collantes" es, antes que sanatorio, un verdadero Escorial criollo. Y que me perdonen Moenck y Varela, la conocida firma que lo creó en su proyecto original, cuya pericia profesional y altos merecimientos acato sin reservas.

Al Escorial de Topes de Batista hay que aceptarlo a regañadientes, de la misma manera que recibió el Pueblo Cubano el madrugón del General, cuando al despertar en la mañana del día diez, se encontró tan incómodo; otra vez con la montura puesta —la misma montura ya bien conocida— muy apretada la cincha, hasta el punto de que le dificulta la respiración y le impide gritar su protesta, y montado el mismo jinete, que se las trae. Hay que aceptar el "Escorial" como el hecho consumado —que se dice ahora— porque está ahí y precisa darle salida, aplicación y fin. No puede negarse que el "Escorial criollo de Topes de Batista" es un monumento a la manera grande, que diría Ortega Gasset, el malo; una obra monumental a perennidad, costosísima en relación con nuestra economía, y este es uno de sus defectos capitales. Conozco los argumentos de contraste que pueden esgrimirse atingentes al costo por unidad de obra y otras cosas, no se me escapan por estar preparado para polemizar científicamente. En los Estados Unidos de Norte América, puede argüirse que la construcción de un sanatorio oscila —oscilaba— alrededor de cinco mil pesos cama, desde la cimentación del edificio hasta su remate, incluyendo el equipo. Un sanatorio como el de "Topes", proyectado para mil camas, costaría cinco millones. En Cuba, y en "Topes", situándonos en la época en que adelantó tanto su edificación, el costo debió ser menor; pero estamos en Cuba, y es un solemne disparate gastar millones de pesos en una obra a perpetuidad, aunque este disparate lo suscribieron a su hora, inclinados en servilismos, los científicos que seguían a Batista en su marcha de caballería. ¿Qué hora es? ¡La que usted quiera, General! Esta respuesta guataqueril, tan en boga en tiempos de Machado, el asno con garras, me viene a la mente al evocar la cohorte de médicos, tisiologistas y otros hombres de ciencia, prosternados y cansinos, que siguieron al entonces Coronel Batista en su peregrinar magnífico de altitud, bordeando abismos y montañas, para buscar un emplazamiento anti-científico a su "Escorial de Topes".

Federico de Ibarzábal, el cronista entonces, de la "Lucha Antituberculosa en Cuba" y Jefe de la Sección de Información del Consejo Corporativo de Educación, Sanidad y Beneficencia, aquel organismo multitentacular y unicéfalo, que olía a fascismo por corporativo y era fasciatizante por sus tres costados, Ibarzábal, repito; opinó a su hora, también sobre el importe del proyecto, con estas palabras bien cuidadas: "Esta edificación tendrá un costo aproximado de un millón de pesos, acaso más, totalmente equipado". ¿Un millón, acaso más, totalmente equipado? No, Ibarzábal amigo. ¿Quien le brindo esta cifra tan equivocada, tan recortadita, a pesar de sus prudentes salvedades, no obstante los términos aproximado y acaso más, que subrayan su vacilación y le cubren la retirada? Costará totalmente equipado, gentil cronista, no menos de cuatro millones de pesos, y aún me quedo corto.

La prosa de Ibarzábal discurría tersa, límpida y pulcra, pero erróneamente: "El lugar en que ha sido emplazado es, tradicionalmente, propicio a la curación de la tuberculosis. Y, desde luego, antes de ser escogido este lugar para el emplazamiento, se ha tenido en cuenta una serie de factores de muchísima importancia: velocidad del viento, grado de humedad, presión barométrica, termometría, riqueza bacteriana y polínea del aire; índice ozónico, radiación solar, protección natural o artificial del sanatorio contra los vientos fuertes y fríos, condiciones geológicas del terreno; abastecimiento de agua en general y en el terreno utilizable para pabellones y jardines".

Lindo párrafo, ¿eh?, que además luce documentado científicamente, pura monserga, nada más. Veamos: ¿tradicionalmente propicio a la curación de la tuberculosis, dice usted, amigo Ibarzábal? No niego que sea así, en cuanto a tradición, y hasta lamento que Álvaro de la Iglesia, nuestro buceador en el ayer, no rebuscase también el origen de esta tradición, única culpable a lo peor, —no me sale a lo mejor— por ignorancia de Batista, y acatamiento bellaco de sus seguidores científicos, de la erección de este monumento, imperecedero como la ignorancia y la bellaquería.

Créame Federico de Ibarzábal, y créame, primero, que siento por usted viva simpatía y que respeto sus valores literarios, los fundamentos en que descansa la lucha antituberculosa, y el tratamiento sanatorial que conduce a la curación es también una forma de lucha, tienen por base el conocimiento científico; son, pues, fundamentos científicos y no dejan sitio a la tradición que es siempre fabulosa, mito casi siempre, y, en el mejor de los casos, es historia. La lucha antituberculosa deviene cada día, más científicamente, en la medida que utiliza y agota aquellos conocimientos en progresión constante. Los fundamentos de la lucha, por científicos, no son inconmovibles; no están vaciados en conceptos definitivos. La Ciencia del Hombre que es la medicina toda entera, porque también la Biología es Medicina, se hace y rehace cada día. Vive por cuanto se transforma y se transforma porque vive. Es esencialmente dialéctica. Por lo demás, como muy bien afirma Burnet, "existe una evolución y a veces una revolución de los dispensarios, de los hospitales, de los sanatorios. Hemos asistido a la reagrupación de los establecimientos de cura exigida por los progresos de la colapsoterapia. De tiempo en tiempo, una conquista de la ciencia y de la medicina obliga a reajustar la organización antituberculosa".

"A causa de los reajustes necesarios nuestras instituciones deben ser: primero, simples; segundo, económicas. Se conciben cada vez menos, los sanatorios destinados a durar. Nuestra época de crisis económica, no admite las construcciones de lujo. La crisis económica, la extensión de la colapsoterapia y el problema de la asistencia postsanatorial, nos obligan a revisar nuestras ideas, a buscar otras nuevas y nuevas formas institucionales para resolver esta fórmula difícil: hacer más gastando menos". En cuanto a la enumeración pormenorizada de los factores de "muchísima importancia" que se tuvieron en cuenta antes de escoger el lugar para el emplazamiento del "Escorial", factores que van desde la "velocidad del viento", etc., etc., hasta el terreno utilizable para pabellones, jardines, parques, paseos, etc.; créame también Ibarzábal que aparece la misma enumeración en el libro publicado por el Consejo, en las prensas del Instituto Cívico Militar, que lleva la fecha del año 1937, y para entonces muchos de los factores apuntados, tales como el grado de humedad, la presión barométrica, termometría, etc., no podían estar seriamente registrados, porque necesitan mucho tiempo, años para valorarlos como es debido, en la medida y en la extensión necesarias. Entre los restantes factores algunos, y de los principales, como la protección del establecimiento sanatorial contra los vientos fuertes y fríos, abastecimiento de agua en general y potable en particular, drenaje o alcantarillado, hubieran tenido una solución más cumplida, de haber prevalecido el criterio que sustentaban los técnicos Moenck y Varela acerca del sitio más adecuado de localización; ellos eligieron una zona intermedia en la que el sanatorio sí estaba protegido, no requería acueducto, ni tampoco alcantarillado costoso. Si queda algún factor por enumerar, de Ibarzábal amigo, es que no es factor, y menos de importancia; todo lo demás es relleno y pura morcilla. Entre los múltiples defectos por repasar que presenta el Escorial Sanatorio de Topes se destacan la altitud innecesaria y la inaccesibilidad. Este último y grave defecto es a consecuencia del primero. En Topes, absurdamente, se ha sacrificado la primera condición que debe reunir todo establecimiento hospitalario para residenciar enfermos tuberculosos, la accesibilidad, por el fetiche de la altura, de la altitud climática, concepto mandado a retirar y que no defiende a estas alturas de la Tisiología, ningún especialista que se respete y, sobre todo, que no sea propietario privado de un sanatorio elevado. Mi profesión de fe es bien sencilla: me carga la altitud y no me interesa como factor de curación, lo creo bien desdeñable, tan desdeñable como el índice ozónico y la riqueza bacteriana y polínea, a que hace alusión Federico de Ibarzábal, con palabras tan eufóricas que producen euforia, tan solo de leerlas; ¿pero de dónde sacaría el fino cronista de atildada prosa, esos vocablos tan quintaesenciados?

Batista ha vuelto por la bisectriz de Columbia, por la resultante de las fuerzas en ángulo, aplicando la geometría del salto. Para entender esto léase mi artículo de marzo, titulado "Dos tiros, dos conductas y el madrugón" que anda por la Universidad mimeografiado, ya que no "pudieron ni quisieron" publicarlo "Bohemia" ni "Alerta". Batista ha vuelto y cómo, cuando menos se le esperaba, y está ahí, igual que en "Topes", lo mismo que su "Escorial", envuelto en nieblas, desafiante y tronante como Júpiter y con Júpiter, Olímpico. Apenas desembocó de Columbia y ya hizo poner en la orden del día, entre otras cosas grandes e inconclusas, la mole de "Topes de Collantes". Y es que el General siente el magnetismo de la cumbre y lo acomete el vértigo de la altura, no quiere saber que "hay abismos que parecen cumbres, todo consiste en darles la vuelta" y en no despeñarse, añado yo por mi cuenta. Recién salido apenas, luego del ¡ábrete sésamo! y de pronunciar el clásico "veni, vedi, vici", se conjugó con "Topes" su obra a tramontar para dejarla a la posteridad, por siempre y para siempre, empinada y señera.

Pero todo en la vida tiene su contrapartida, General Batista, su anverso y reverso, comienzo y final que ya se revierte en comienzo de nuevo ciclo, para ir dejando de ser a su vez y eternamente. "Nadie —ni usted mismo— General, puede bañarse dos veces en el mismo río". Lo dijo Heráclito, el de Efeso, cinco siglos antes de Jesucristo. ¿Recuerda usted a Heráclito, General? Pero yo si puedo bañarme, diría el General, y la prueba es que estoy pudiendo. Usted sabe que no puede, General, que no son las mismas aguas, que "todo fluye y todo cambia", que estas aguas de ahora, en remanso aparente y tranquilo, lucen quietas, parece que no corren y, sin embargo, créame, General, se irán enturbiando para hacerse torrente poderoso, incontenible, que limpiará el cauce cenagoso y podrido, para entrar en remanso otra vez, saludable y límpido, al que pueda asomarse la ciudadanía. Usted sabe de dialéctica, General, y la practica cuando fija estrellas en la noche callada, sabedor de que no pueden durar, de su efimeridad, de que no tardarán en caer en eclipse otra vez, de que se irán opacando con los días. Y porque lo sabe entra usted en contradicción rápida consigo mismo, y desea ya en su intimidad más íntima, procura y reprime, para que no sean las mismas fuerzas oscuras y telúricas, por usted desatadas como Júpiter tronante, las que determinen el eclipse y vuelvan a empezar.

Todo esto enrevesado que se atropella en mi pensamiento; pero usted me entiende bien, General, quiere decir que el "Escorial Sanatorio", no coronado aún, esta ya dejando de ser, cuando menos en su mitad última, y, felizmente, además, en cuanto toca y se refiere a Sanatorio, a establecimiento especializado para internar y tratar enfermos tuberculosos. Todo tiene su contrapartida, su anverso y reverso, General, y antes de treinta años, mucho antes, quedara el "Escorial" arrinconado y se habrá liquidado el Sanatorio. Lo habrán liquidado, de consumo, la Medicina, la Tisiología, y muchos otros establecimientos modestos, sencillos —de guano típico los querría— sin continente tonto y vacío, sin metopas ni cariátides, pero pletóricos de contenido científico, cómodos y acogedores, sin desnutrición ni hambre, con medicinas y equipos bastante, sin altitud rastacuero, situados a nivel del mar, bien accesibles y desparramados a lo largo de la carretera central, cerca de las ciudades, dotadas de talleres y escuelas, también modestos, para que la rehabilitación, tan descuidada, ocupe al fin, científicamente organizada y ampliamente dotada, el lugar destacado que tiene que ocupar, que debe de ocupar, y que tan prometedor le reserva el futuro inmediato, en el seno de una lucha antituberculosa capaz, suficiente y eficiente, humana y limpia, sin interferencias politiqueras, que todavía no hemos disfrutado, ni tenido nunca los cubanos, entre otras cosas porque al General Batista se le ocurrió en mal hora, centralizarla y dispensarla desde arriba, desde la cumbre del poder, echando a andar en el seno de una organización política, fundada y orientada con fines políticos y técnica netamente fascista, el malhadado Consejo Nacional de Tuberculosis, desvergonzado y ladrón, inhumano y cruel, ignorante y anticientífico, a todo lo largo de su triste y miserable historia desde marzo de 1936. ¡Otro marzo de triste recordación para Cuba!

Cuando así suceda, y será más pronto de lo que puede imaginarse el General, cuando el "Escorial de Topes" arrinconado en su altitud, haya dejado de ser para siempre Sanatorio Nacional, se convertirá, patinado por el tiempo, en una reliquia trinitaria más, sin que pueda alcanzar nunca la entraña de leyenda que tienen las más viejas reliquias, tocadas y ungidas con fervor de pueblo y aroma de siglos. Todo lo más que logrará para entonces el "Escorial de Topes" recogido en silencio de páramo, serán los comentarios fabulosos de los guías turísticos, porque Trinidad habrá ya alcanzado jerarquía turística bien merecida. Y dirán los guías turísticos con voz engolada, que estalla al brotar de la bocina: Hubo una vez en esta ínsula de las Antillas un Sargento- Coronel- General que siguió subiendo y subiendo, y volvió otra vez a ser Presidente por auto-designación… Los turistas, todos los turistas, seguirán mascando chicle, alelados, boquiabiertos, sin creer del todo un cuento tan inverosímil.

 

 

* La Última Hora. 2 (10). Abril 16 de 1952.