Prólogo y denuncia*

 

 

Porque estas cosas mías no tienen cabida —desde el 10 de marzo— en los periódicos y revistas cubanos, empresas esposadas a sus respectivas contadoras, que se autocensuran y limitan atentas al ritmo cambiante del mandamás, obedientes a los valores y negocios en que se mueven planes de regalos y pulgadas de anuncios publicitarios; porque estas verdades como puños —así enrostradas y escritas sin ambages o dichas en voz alta— aclaran el ambiente y contribuyen a esclarecer todas las otras esenciales y limpias que pide y requiere el pueblo cubano; por todo ello, es que me refugio, una vez más, en el folleto pobre, sin lujos de impresión, hecho a mis expensas y riesgos posibles, para gritar mi posición rebelde, aún a los vientos sin eco. Esta inconformidad que nos roe por dentro a los cubanos de vergüenza, los que no quieren, ni pueden ni saben, hacer un estropajo de su dignidad; ese deshilachar de la conciencia para convertirla en un resto informe y acomodaticio impregnado de podredumbre.

Hace ya tiempo que me bulle la idea de lanzar una editorial cívica y aleccionadora, verdadero crisol de tipos fundidos en la temperatura del plomo hirviente —donde no queda nada nocivo— para dar a la imprenta nuevos rumbos en este nuestro medio inficionado. El ejemplo, y también el impulso, me llegan de la meseta mexicana; allí donde un hombre y centro-americano vertical, Vicente Sáenz, mi amigo, juntó de su pobreza limpia los postreros arañazos sangrantes y los sublimó en libros denunciadores y valientes; obras que esclarecen y enseñan, fustigan y marcan, como el látigo. Libros y obras para ahora y la posteridad, de raíz y savia americanas. No tiene tanto vuelo ni intención ni tan ancho y sostenido, aunque tampoco es corralero, y más por su afán de penetración, por su interés de que llegue el mensaje a tiempo, "avive el seso y despierte" a los indiferentes o abúlicos, y lleve su inquietud a los que dormitan insensibles, en ayuno de curiosidad cívica e hibernación de ignorancia responsable. ¿Qué orientación persigue este mi propósito acariciado y cuáles sus arrestos? Si no quedan explícitos y bien afirmados en los párrafos anteriores, aquí va otra prueba, objetiva, de lo que rechazan las empresas por miedo al empacho —quiere decir cuánto está en pugna con sus intereses espurios e inhibe los jugos de sus dividendos— y, sin embargo, apetece la ciudadanía y tienen que pedirlo, más y más, las verdaderas fuerzas populares; en la medida que crece su vocación heroica empujada por el patriotismo y reafirmada por el conocimiento y convicción de la realidad; en la medida que cuaja y se extiende su espíritu de sacrificio para vaciarlo en acción libertadora. En las horas sombrías toda voz de aliento que interprete y recoja las ansias colectivas, adquiere resonancia y se multiplica sin desmayo.

Las páginas que siguen, hasta ahora inéditas, pertenecen a mi campo labrantío; sitio íntimo, sin ocultamiento, en que se expande a sus anchas la persona de cada quien, y en el que uno descansa y siembra mientras trabaja sin afán de lucro. Lugar de semillero pródigo, más que granero avaro de cosecha, permite la distensión y el ocio constructivo propicio a la meditación, y como no puede el ente racional desligarse de su quehacer y oficio habituales —que lo acompañan como la sombra al cuerpo, en desdoblamiento o incorporación— medita y produce el ser humano, no menos en función de la tarea central y eje de su vida, aquella que más lo ocupa y agobia. Existe pues un estado de tensión interior, una directriz u orientación que hunde su origen vocacional, cuando menos, en la propia formación de cada uno. No es difícil colegir aquí, ya en este punto de mi razonar, que aun apartada por la solicitación de los menesteres amables, y metida la persona en su jardín interior —allí donde más crea y recrea— la asaltan y mueven, conmueven y trepidan en su celebración, los pensamientos tranzados en sí misma y que brotan naturalmente, como el agua de su manantial, por los canales asociativos, reflexológicos y de todo orden o tipo, de la corticalidad conciente o subconsciente reprimido. No vive el hombre, por otra parte, sin correlación y armonía con su ambiente, sin recambio que fluye y refluye en lo orgánico y su correspondiente psíquico. Cuando el ambiente se caldea y entra en fiebre patriótica el solar de nuestros mayores, la tierra nunca sometida del mambí glorioso, ante las arremetidas de una tiranía que arrancó de otra y pretende mantenerse entronizada, luego de estirarse y persistir durante dieciséis años tan cruentos; cuando enardece y asfixia el aire que se respira no se puede, dignamente, trabajar a derechas en la ocupación, profesión, empleo u oficio más o menos calificado, que nos procura el sustento vital y posición en el conglomerado humano y convivencia social que nos tocó vivir —el suelo cubano en nuestro caso— menos se puede cultivar el jardín interior —hobby de los yanquis— o encerrarse escéptico, por egoísta, en la consabida torre de marfil, porque hasta allí alcanzan las zarpadas y rugidos de la barbarie. Si acogotado por la exasperación intenta uno fugarse, o trata de bracear inútilmente hacia el refugio; si consigue ascender jadeante a la colina de su predio íntimo, no será nunca para remansar en la contemplación y copia del paisaje sombrío —cieno y sangre— que atraído a su vórtice, ha de meterse en la tormenta cerrada sobre el cielo de la patria con todas sus angustias y pensamientos atormentadores, y hurgarse la entraña en busca de salida, interpretación y análisis. Este es mi caso personal, y lo fue siempre; médico crecido en el dolor y hecho al sufrimiento; pero combatiente activo sin espectador que lo sujete, en todas las crisis periódicas que asolaron la tierra, arruinaron la economía, mediante el robo y fraude de la hacienda pública, y quebraron, transitoriamente, la fe de nuestro pueblo en el orto y promesa de su destino.

Este folleto es anticipo de un libro en preparación, y apenas si me atrevo a calificar de ensayos las espigas, sobresalientes por su crecimiento, que decapité de la unidad ensamblada, para ofrecerlas como muestras de cuanto llevo escrito alrededor de esta época nefanda. Para mí tiene el valor de lo entrañable; las cosas que se arrancan en desgarramiento y se escriben con sangre. Una de ellas, la más alta y querida, tiene mucho de desasimiento y despedida. Brotó en horas aciagas para la patria y cuando me enfrentaba, decidido y consiente, a la hora cero; fue -así lo quise- mi testamento político-revolucionario. La muerte pasó entonces de largo sin rozarme; en su huída y esguince, elegantes, me dejó intactos el placer de releer mi documento postrero y el gusto de verlo impreso. Entre las otras espigas se destacan dos inclinadas, cual sauces funerales, bajo el peso de las culpas que retratan: semblanza de pobres hombres y espíritus más pobres, a los que traté, en su otra vida, con estimación y simpatía. Al entonar su réquiem severo puede que se me tache de implacable; pero entiendo, y tengo para mí, que los deslizamientos y traspiés de la gente obligada a tenerse firme por madurez y esplendor, son, además de muy peligrosos, ejemplos malsanos que deben amputarse de raíz. Algunos quedan, engallados todavía y que se pavonean de su ignominia y sometimiento; no faltan los médicos, desde luego, pero todos recibirán su merecido. No hay mal que dure cien años ni Cuba que los tolere sin infligirles su condigno castigo.

Si todo lo impreso lleva por ley su pie de imprenta, este prólogo a mi folleto pobre, mantiene el colofón de mi vida: la adhesión devota al pensamiento y esencia de José Martí "PARA CUBA QUE SUFRE."

 

 

* En "En esta hora sombría". Ed. Pensamiento Político. La Habana. Mayo, 1957: 7-12.