En torno al Congreso Médico Nacional*

 

 

Queramos o no —y aunque algunos no quisieran, ni quieren— este Primer Congreso Médico Nacional que se celebra en Cuba Socialista bajo el signo de la Revolución y auspiciado por el Gobierno Revolucionario, tiene raíces y savia políticas, implicaciones y proyecciones políticas. Las tiene telúricas, por el suelo y clima; ambientales y humanas, por el aire que se respira y cuanto toca a la persona universal y al cubano en su tierra; históricas y sociales, por el recuento del pasado infame y el amanecer que despunta irisado, y se afirma, en el rescate pleno de nuestra insularidad sin fronteras, coyundas ni influencias, de nuestra economía y riqueza, sin imperialismo, para el disfrute, salud y bienestar del pueblo nuestro.

Pero existen, a mayor abundamiento de razones, otros hechos bien indiciarios de cuanto llevo dicho, y que legitiman mi aserto: el potencial político, de alto voltaje, que genera y propulsa este Congreso Médico Nacional. Son los síntomas premonitorios, y hasta patognomónicos, que apresamos los médicos en el aire. Por ejemplo: el desgano y ausencia de algunos médicos tibios, aislados o en grupos; de algún que otro centro de trabajo que no comparece ni expone; pero sí exhiben en desnudez todos, su adhesión al trabajo médico de antes, individualista y hermético, atento a su contadora y cuenta bancaria. Son tipos enajenados y equilibristas, que buscan la orientación de Miami. No participan ni colaboran; se aíslan y permanecen atentos para ejercer la crítica afónica, esquinada y cominera. Quisieron, en su ruindad íntima, un Congreso deslucido y raquítico, y les resulta abrumador y pletórico, más que nunca penetrado de ejemplar solidaridad entre pueblos hermanos, valioso por la calidad y variedad de las comunicaciones, relatos y trabajos; prometedor, por cuanto informa de la investigación en marcha, y a velas desplegadas, de las ciencias biológicas, y bioquímicas especialmente, nunca antes cultivadas en nuestro país; fecundo, por las pruebas aportadas de cuanto lleva realizado en materia de salud pública, medicina preventiva y asistencial, el Gobierno Revolucionario. Un Congreso, en fin, que nos proclama incorporados, activos y en primera línea a la más depurada ciencia y técnica médicas, a su más diestra y hábil aplicación —exquisita maniobrabilidad— y alcance más extendido, empeñoso y heroico, porque demostrado quedó, hasta el tuétano mismo, que esta nuestra medicina de ahora, tan revolucionaria y dinámica, generosa y expansiva, no reconoce obstáculos ni ríos crecidos, trepa a la montaña y salva lo imposible, para llegar con su mensaje y acción allí donde sufre un hermano campesino, angustia la espera y acecha la muerte. !Qué grito de esperanza, ya afianzada y cierta, todavía de hondo dramatismo, el de nuestros muchachos que practican el Servicio Médico Social Rural!

Otra prueba, y van dos, es el graznido de los médicos desertores y que traicionaron a su patria, por una emisora yanqui. Dicen que un tal Enriquito y granuja eminente, expele, en las noches, su vómito soez en la huerta de su progenitor —quien le dio patronímico, cuando menos— y se esfuerza por alcanzar con sus dicterios a esta Asamblea Magna de hombres libres que es nuestro Congreso Médico Nacional. Me inspiras lástima y asco, pobre infeliz y apátrida mendicante, de la java con mendrugos y los sesenta dineros que te paga el amo. Me recuerdas al Otto Meruelos de otros tiempos, tan bufón y servil como tú, y que se ha convertido, en la prisión de Isla de Pinos, en un puerco sebáceo; regalón y cobarde que fue siempre. ¿Por qué Enriquito Huerta, médico hecho al celestinaje y a la tercería yanqui, escapado de la más rancia picaresca española, no te fugas, por una sola vez, de tu cobardía crónica y te embarcas en una de esas expediciones que preparan tus amos, financian y arman, para libertar a los "cautivos", que dice Mr. Kennedy? ¿Por qué no te embullas, Enriquito? Te recibiríamos alborozados, con música de metralleta. Hace mucho tiempo, desde que te fuiste antes que tu amigo, el tenor Pardo Llada, sabíamos que cojeaban del mismo pie como legítimos mellizos de estiércol.

Quiero terminar, estas dos cuartillas, con una sugerencia que elevo a la Comisión Organizadora del Congreso. Si aceptamos que el acto de apertura no alcanzó a cobijar más que una minoría exigua de la masa humana que se congregó en toda la extensión del "Habana Libre", por lo insuficiente del salón escogido, y que innúmeras personas se dolieron de haberse desplazado, ya que podían ver y oír al compañero Presidente desde sus hogares por la televisión. ¿Por qué no adelantarse a la marejada del pueblo que se dispone a estar junto a Fidel en la clausura? Cabe elegir entre el teatro Chaplin o el Estadio Latinoamericano. Votaría por el Estadio abierto al soberano para el encuentro estelar entre el Gobierno Revolucionario, el Pueblo y los Médicos que se enorgullecen de estar a su servicio. Todo un gran acto, fraterno y popular, en que se unen los compañeros invitados, en su mayoría de los países socialistas y naciones hermanas de Latino América, los médicos cubanos que asisten al Congreso, el pueblo todo y sus organismos de masa, presididos por el Gobierno Revolucionario para oír la palabra orientadora de Fidel.

Así terminaron, con actos de masa bien nutridos, los dos Congresos Médicos celebrados recientemente en las provincias; el VI de Santa Clara y el Primero de la Regional Norte, de Holguín en Oriente.

 

 

* Periódico El Mundo, febrero 26 de 1963.