Toda una fiesta de altura popular*

 

 

Confieso mi desgano por las fiestas en general, con pocas excepciones, y, entre ellas, las nutridas de pueblo, las guajiras —hasta los velorios incluidos— y algunas familiares. Me aburren los santos y cumpleaños, con "happy birthday" sobre todo, y suelo retirarme por el foro, discretamente, antes de llegar al mal humor. Pero esta de ayer, en el amplio patio abierto del Ministerio de Salud Pública, tan bellamente adornado, sí que fue una fiesta linda.

En verdad que fue una fiesta por todo lo alto, de gran contenido y mensaje, un fiestón rumboso, por las tumbadoras y bongoes sabiamente percutidos; una fiesta simbólica y significativa, socialista y popular por su ejemplaridad, cubana y genuina hasta la entretela y pespunte.

Los empleados todos del Ministerio de Salud Pública —MINSAP— rendimos nuestro homenaje de gratitud, reconocimiento y cariño, al grupo esforzado de trabajadores de nuestra casa, lugar y centro de trabajo, que más se destacó en el cumplimiento de su labor tesonera, creadora y de rescate. El grupo, en su unidad, se denomina: Fábrica de Muebles y Equipos Médicos no Eléctricos, y debí escribirlo todo con mayúsculas para rubricarlo mejor y decirle, a los compañeros del grupo mi estimación acrecida.

La cosa empezó con un buen discurso del Ministro, palabras levantadas de enaltecimiento, que dijo el doctor Machado Ventura con fervor patrio y ajustada emoción bien sentida. Sus íntimos vieron ayer a Machadito empinado sobre los zancos armoniosos de su mejor pieza oratoria; luego vino la coral, ellas y ellos, con su Maestro al frente, y dueño de su piano, el compañero Carlos Timor —de Colón, naturalmente— y entonaron canciones de irreprochable cubanía, buena dicción conjunta y empapado sabor de la tierra, criolla y heroica, que coreaban en estallido los asistentes, al final de cada una, pidiendo otra y mil que tuvieran en su repertorio, ¡qué tan bien lo hicieron! y Guanahacabibes, estiró más que nunca sus afinados labios de negro bembón en ritmo y armonía. Luego tuve que irme enfurruñado, porque hubiese querido quedarme; pero sé que cantó una guitarra y otros artistas invitados, Elena Burke entre ellos, colaboraron entusiastas. La exposición de los trabajos quedaba abierta entre los soportales interiores, y ¡cómo abundan los equipos rescatados al mal trato y desuso, las camas corrientes y especiales, tipo Fowler, de hospitales, mesas de varias clases, muebles diferentes y útiles reconstruidos, que parecen nuevos, literas, camillas innúmeras por si la guerra estalla, tantas y tantas cosas, que sonrojarían al yanqui más insensible y encanallado!

Al final la distribución y entrega merecida de los diplomas personales, ganados en tan buena lid. Los compañeros estimarán siempre este premio estimulante, y colgado que será en lugar visible de sus hogares se convertirá, a lo largo del tiempo, en punto cardinal de la voracidad revolucionaria de sus hijos que repetirán ufanos: ¡este padre mío cumplió con su deber y se mantuvo en su puesto; no intentó arrancarme, por mi bien, del suelo patrio, y quiso educarme, que creciera y me hiciese hombre, bajo el signo glorioso y perdurable de Cuba Socialista, primer territorio libre de América; bendito y comunista que eres, padre mío!

Algún día, de un año no lejano, nuestro y socialista, los médicos sabremos merecer y conquistar este galardón por nuestro trabajo ahincado, perseverante, enfebrecido, de servicio cumplido y cabal por la salud del pueblo nuestro, o digo, y proclamo con orgullo, que ya casi lo alcanzan, por su crecimiento y estatura moral, los compañeros del Servicio Médico Social Rural; porque hay que verlos trabajar de cerca ¡haberlos visto! y se penetra uno entonces, bien a fondo, y más si fue médico de campo alguna vez y tempranamente, al comenzar la práctica de su ejercicio, de cómo y cuánto y con qué heroísmo, espíritu de sacrificio y devoción, están laborando estos jóvenes graduados, ellas y ellos, como adelantan en su formación médica y revolucionaria de mujeres y hombres nuevos para su Patria nueva. Los saludo con emoción de médico y cubano, de médico ya viejo —cuarenta y cuatro años de graduado— pero que permanece en su trinchera peleando, más que nunca, contra la enfermedad y la muerte, estudiante y aprendiz a un tiempo, maestro honesto de esta medicina de ahora y que ejercí siempre, sin fines de lucro para capitalizar, con fines de uso para servir como pidió el padre Hipócrates: "cura cuando puedas, alivia cuando puedas, consuela siempre". Felizmente hoy podemos curar cada día más y mejor, aliviar mejor y más cada día, consolar como entonces y siempre; porque la medicina, esta nuestra medicina de ahora, se hace y rehace cada día, se transforma y ensancha, renueva y recrea, como un proceso dinámico en desarrollo, al ritmo cambiante y dialéctico de la naturaleza misma, más y más penetrada, entendida, interpretada por la ciencia, y, mucho más por la ciencia socialista que marca la ruta y señala el rumbo, como los astronautas soviéticos.

Perdón, que me fui a lo médico; pero en el inicio están los productores, los proletarios unidos a los campesinos, que hacen la historia y la escriben con sangre aunque olviden la hache; nosotros, los otros del intelecto y la cultura —que éramos— todavía sentimos el grillete de la tarea que nos clavó la división de clases de la sociedad capitalista; trabajadores manuales, de la mano de obra barata, la desocupación y miseria, obligados a vender su fuerza de trabajo en almoneda pública por la paga escasa y alimentación deficitaria y trabajadores intelectuales, del aparente privilegio y el sometimiento real, lacayos de librea dorada por sus amos de la libre empresa, esclavos del pensamiento libre y la conocida libertad de expresión en una prensa, cadenas de radio y televisión, teletipos, cables, micro-ondas AP y UPI sin coyundas, amarre ni yugos, más que los del sistema monopolista y la prepotencia y garra imperialista de las democracias occidentales donde toda libertad, independencia y soberanía de los pueblos aherrojados, colonias y semicolonias subdesarrolladas y subindustrializadas, países débiles e inermes, hambrientos y explotados, tienen asiento y expansión, para morirse de hambre; pero ¿es que no lo sabemos los cubanos todos? Desgraciadamente para ellos, los que no quieren entenderlo, quedan aun muchos cretinos que no lo aprenderán jamás, y no escasean los que se figuran sabios y letrados; más lamentable es que se cuentan gentes equivocadas del pueblo y algunos negros, a estas alturas del proceso revolucionario.

Y me fui ahora hacia el marxismo-leninismo; pero ¿es que no está en la raíz de nuestro ser y existir, en la savia nutricia de nuestro vivir y quehacer? No lo dudemos, y antes gritémoslo al unísono y sin vacilación, vivimos hoy como seres humanos, existimos como pueblo y nos afirmamos como nación pujante ya, que irrumpió por su vitalidad y coraje y como un fenómeno telúrico, erupción volcánica bien visible, entre los pueblos del mundo, porque somos marxistas-leninistas, y nada ni nadie nos arredró para lanzarlo, a los cuatro vientos, y todas las puntas de la rosa náutica, ante los pueblos atónitos del orbe que se estremecieron, empavorecidos, por nuestra seguridad perdurable, y se alistan, alertados ya, en respaldo y ayuda del afianzamiento, avance y destino de Cuba y su revolución. ¿Cómo se operó el milagro? Esencialmente por el golpe de timón, oportuno y certero, ajustado, del gran timonel que lleva la nave, -que conduce y guía la Isla de la Libertad, porque ausculta y sabe dejarse guiar y conducir por la corriente de su pueblo- por la elasticidad vigilante del Comandante en Jefe, por los vientos huracanados del Caribe que hinchan las velas desplegadas y resuena en las jarcias y arboladuras, como un trueno, el eco de PATRIA o MUERTE.

 

 

* Periódico El Mundo , diciembre 29 de 1962.