En torno al X Congreso Médico Nacional. Comentarios y anécdotas*

 

 

El próximo Congreso Médico Nacional, a punto de iniciar sus tareas, lleva el número X correlativo en el tiempo; pero es el Primero abarcador que se celebra aquí y ahora bajo el signo glorioso de Cuba Socialista, Primer Territorio Libre de América. Los otros todos, hasta el IX inclusive, fueron expresión bien marcada de una medicina distinta, —la del área "dollar and american way of life" que se les clavó en la carne como un hierro candente— cerrada a cal y canto esta medicina por su individualismo egoísta y grosero, impermeable a las necesidad, angustias y dolores populares; afilada y hecha, remodelada y engrasada, para ganar dinero, y hacerse ricos, cuantos médicos la practicaron aceradamente, inicuamente no pocos, como los aborteros profesionales y la pandilla de los explotadores sin conciencia ni ciencia; también medicina de "capillitas y grupitos", que se peloteaban los enfermos entre sí: internistas, cirujanos, radiólogos, laboratoristas; los cenáculos mayores y menores que, además, resultaban casi siempre, con muy contadas excepciones, los organizadores de cada Congreso Médico para distribuirse, entre ellos, las ponencias o relatos de mayor trascendencia aparente, —las que se leían en las sesiones plenarias— ajustadas a sus particulares especialidades y bien condimentada la sazón publicitaria.

Para eso quedaban, o permanecían, los periodistas reseñadores, los cronistas, clientes o amigos, o que recibían sus "basuritas" del Colegio Médico, cuyas directivas —elegidas por muy democrática votación anual y en asambleas de la clase médica, como se decía engoladamente— regentaban los mismos cenáculos, de primera, segunda o tercera categorías. En suma y compendio todo este rejuego aderezado; bien batido y recompuesto era la espuma de nuestra medicina capitalista y burguesa, el "champagne" espumante que paladeaban aquellos médicos de su dorada clientela, puro reflejo y afinidad de los iguales entre consocios, en el apacible consorcio del libre ejercicio y competencia libre, la propiedad privada y libre empresa, "laissez faire, laissez passer" —dejad hacer, dejad pasar— y el "áurea mediocritas" o dorada medianía.

En todo esto andaban y venían —se regodeaba nuestra sociedad criolla— alternando misas cantadas de 9 y 1 p.m. —la catolicidad ante todo— con saraos, y juergas, "cumbanchas y cha-cha-cha", "barras y clubs" —es lo mismo y da lo mismo— más o menos aristocráticos.

En todo ello, y por todo lo alto, entraba en descarrío y perversión aquella familia cubana —esta misma que ahora en descomposición abandona su tierra, ¡qué familia!— y más con el aditamento del llamado turismo yanqui, que iba en camino de convertir a Cuba en inmenso garito, prostíbulo y taberna.

Así andaba la casa revuelta, de la puerta al traspatio, cuando, en eso, "llegó el Comandante y mandó a parar". Y ya se explica el encontronazo y descalabro de médicos tales y tal por cual clase o gente adinerada. De repente se extinguió el resto y los resabios del colonialismo y factoría, se acabaron de pronto, como un apagón, los casinos y su odiada filiación de mantenedores -que fueron- los muy ilustres cuerpos de voluntarios, lobos y tigres, cuando no hienas, de la metrópoli sanguinaria y feroz; salió en estampida el imperialismo con todas sus garras y raíces penetradoras, y de un solo tirón gigantesco y heroico de nuestro pueblo y su Gobierno Revolucionario, mano a mano y hombro con hombro unidos; los poseedores fueron desposeídos y se nacionalizó cuanto hacía falta, y lo más importante, con este primer impulso y sin alcanzar marea plena todavía, mediante la socialización de los medios de producción y de cambio.

Llegó el socialismo para quedarse, por siempre y para siempre, aunque le duela al infamante recuerdo de la "Joint Resolution", a la difunta enmienda del alto senador Mr. Platt, a la cacareada —y ya sin plumas— doctrina de un tal Monroe, finalmente, a Mr. Kennedy, su Senado flamante y Pentágono inmoral, hidrófobos y piratas, canallescos y ruines.

En consecuencia, y para ser consecuentes, estimados compañeros y amigos, la medicina como ciencia y arte de prever y curar —nuestra medicina— empieza a tomar su rumbo decisivo imantada también por la brújula socialista, tocada por el pensamiento inconmovible y penetrada por la cultura en ascenso científico, no menos biológico, marxista-leninista. Cuanto significa para nosotros quedó substanciado en mi conferencia reciente, dictada en el teatro de la Universidad de Oriente y ya en plomo de impresión, intitulada "Pensamiento Marxista y Medicina, carta abierta de un médico marxista a sus compañeros no marxistas".

Viene a mi memoria una vieja anécdota, vivida hace ya muchos años, cuando el "asno con garras", Gerardo Machado y Morales, desangraba nuestra patria con sus crímenes y torturas. Reinaba por entonces, en la sentina podrida que fue siempre el Ministerio de Salubridad, aquel tipo inefable y ambidextro, ágil para todo apoderamiento, que se llamó Panchito María Fernández. Tenía el tipo un gesto, que solía repetir, bien demostrativo del concepto que le merecían sus colegas: ahuecaba en concavidad la mano izquierda, y golpeando el fondo con el índice derecho, dicen que repetía: "Todos acuden a comer maíz". No lo hizo nunca en mi presencia; pero conocedor de su manera y conducta jamás lo puse en duda; era capaz del gesto por su desaprensión y versatilidad criollas, por su escasa y cambiante estimativa de los valores humanos que arrancaba, deficitaria, de su ser político, crecido en la charca y una milimetría moral incurable. Pues bien, Panchito María, que llegó por sus amarres politiqueros nada menos que a la Presidencia de la Sociedad de Estudio Clínicos muy respetable hasta entonces, pasó, como era costumbre establecida y hábito riguroso, de fiel observancia, a la Presidencia del Congreso inmediato —el VI si no recuerdo mal— pero terminadas sus tareas, más vistosas que fructíferas, se le ocurrió —"perro huevero" y machadista obsecuente— reelegirse y prorrogar su mandato a contrapelo; cosa muy a la época y lo mismito que hizo su jefe político, en lo nacional, aquella bestia desorbitada y asesino sin fronteras. El coro de Salubridad, Ministerio de la ignominia y espinazos abyectos, se inclinó, sometido, ante la batuta de su líder; los amigos aplaudieron el gesto y se congregaron en su torno y repartimiento de los cargos representativos; el pastel quedaba listo, tan pronto se procediera a proclamar la candidatura única en unánime aclamación. Luis Ortega, el conocido profesor y clínico, que en el andar del tiempo se proclamó batistero lamentablemente, y a quien por derecho legítimo correspondía el cargo; me hizo llamar, y, acongojado, me relató el suceso.

Aquella tarde irrumpí en la historiada casa de la Academia de Ciencias y ardió Troya bajo la cúpula augusta y maltratada. Me basta recordar que Panchito María, reclamado con urgencia para restablecer la calma, se quemó los labios con el tabaco al revés, que grité hasta enronquecer y me rodearon en discreta amenaza, duelos y padrinos iracundos. Dije, enfáticamente, mi disposición a batirme en innúmeras "reprises" y hasta en una «cotelera» como un brebaje o "high ball" cualquiera; la sangre no llegó al río, y luego de un discurso "picúo" y sin contenido, almibarado y sobón, como todos los de Félix Hurtado —ya en ausencia— se despacharon a su gusto los circunstantes de la distribución; pero aquel Congreso Médico Nacional, el VII, no se celebró nunca, en la obligada anualidad, o tuvo lugar mucho después, porque él pueblo se fue enardeciendo y la caña le creció a tres trozos a la machadocracia maldita, su casta y epígonos sietemesinos. Yo desembarqué por Gibara y lo combatí hasta el final, con las armas y la pluma. Mi postura de siempre ante la tiranía.

Y, me pregunto, ¿por qué se denomina X este Congreso que va a comenzar? ¿No es Cuba, nuestra patria, un país nuevo y distinto? Al fin libre y liberada, por el coraje y empuje de sus hijos por el heroísmo y martirio, hasta la inmolación, de su Ejército Rebelde combatiente, sus campesinos y obreros, estudiantes y conspiradores de toda clase, linajes y colores, porque Fidel y sus bravos seguidores recogieron en sus mentes y brazos el decoro de todo su pueblo ofendido por infrahombres sin conciencia, vendepatrias miserables, ejército sin moral, adiestrado por oficiales yanquis y sometidos todos, la casta entera vergonzante y podrida, al oro maldito de los yanquis. Somos totalmente libres ¡libres por vez primera! soberanos e independientes, ¡Cuba Socialista, Primer Territorio Libre de América! Porque Fidel como José Martí, creyó en su pueblo y confiaba en su Pueblo; porque supo interpretar su mensaje callado incomprendido, y lo volcó, torrente vivo, en el cauce ardiente de la esperanza y libertad de América.

¿Por qué, me pregunto, no rompemos, de una vez, esa continuidad correlativa con el ayer, si estamos creando —y lo vemos ya abrir yemas y frutecer— un mundo nuevo? Prometedor y nuevo en medicina, cultura y arte, en el saber, quehacer y rehacer, desde la economía rescatada hasta el pensamiento marxista-leninista. No es que pretenda o incurra en el absurdo, la presunción, de que todo nace y se expande con el socialismo, de que debemos hacer tabla rasa de todo el pensamiento anterior en sus realizaciones, la ciencia y la técnica, la cultura y las artes, sería caer en el infantilismo y negación de las fuentes, porque escrito quedó en la Biblia del marxismo —el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, hace más de un siglo— todo el asidero y desarrollo útiles, aprovechables, del pensamiento y la ciencia burguesa para transformar el mundo; que de eso, y sólo de eso se trata para ponerlo al servicio del hombre nuevo, liberado de la explotación del hombre.

Si los Congresos Médicos anteriores fueron, en no desdeñable medida, "copiadera y mangoneo", goma y tijera, -como se dice en el "argot" periodístico— vacuidad y vanidad con retoques publicitarios, que sirvieron intereses personales más o menos escondidos, confesables y visibles; escalones para trepadores, y balcones a la calle par declamar los profesores de principal. Recuérdese aquel histórico libro argentino, humorístico y denunciador: "La liebre del Profesor Müller"; y no menos, un episodio famoso acaecido en uno de los congresos nuestros; la presentación, como trabajo original, de casi un capítulo, traducido del francés, de una obra clásica y texto bien conocido entre nosotros, Forgue, si la memoria no me falla; pero eso sí, era la última edición, «Vient de paraitre», que dicen los editores, recién publicada.

Si en todo los Congresos Médicos anteriores no se caló hondamente en nuestra patología, clínica, epidemiología, estadística, en la investigación microbiológica, para ponerlas al servicio del pueblo nuestro que se moría sin asistencia adecuada, sin medicina preventiva ni medicamentos, que carecía de lo imprescindible en su gran mayoría, sin hospitales ni camas, aun en las capitales de provincia y ciudades populosas. Si los niños morían por miles de gastroenteritis y todo el pueblo carcomido por la tuberculosis, contra la que no se luchó nunca científicamente, lepra y sífilis, tifoidea, paludismo, poliomielitis; difteria, tétanos, etc., etc. Si los Congresos no denunciaron nunca estos crímenes y callaron responsables, y no concurrían a encararlos ni profundizaron en sus orígenes, causas determinantes y propiciadoras, extensión, para traerlas a la superficie y yugularlas ¿por qué seguir uncidos a esta cadena roída y aparecer, ahora, como un eslabón más en continuidad de ayer?

Ahora es el alba, y amanecer radiante de la Revolución que encendió nuestras tierras y cumbres. Ahora y en este Congreso Médico, Primero de Cuba Socialista, va a decir su palabra afiebrada, también por vez primera y con el acento guajiro, el Servicio Médico Social Rural, los jóvenes compañeros recién egresados de nuestra Escuela de Medicina que están cumpliendo jubilosos su deber, metidos en el monte y serranía arriba, en las posta y consultas rurales, en los 38 hospitales del campo, hasta hoy, creados por la Revolución y que totalizan 900 camas. Muy pronto, mañana, serán 9000, y cuantas requiera la salud del pueblo en el más apartado o inhóspito rincón de esta nuestra tierra sacrosanta, bendecida por el marxismo-leninismo y entregada a construir el socialismo creador con el grito de PATRIA o MUERTE en los labios.

 

 

* Periódico El Mundo , febrero 16 de 1963.