De mi encuentro con la FEU*

 

 

Acabo de sostener un encuentro con la Federación de Estudiantes Universitarios —la F. E. U.— en la Sala de los Mártires, su local de reunión, abril 6. Fui cordialmente invitado a la sesión en que enjuiciarían sus integrantes, dirigentes, en presencia del autor, aquel artículo mío publicado en El Mundo hace varias semanas, —martes 19 de marzo— que hube de titular "Del Profesor Lipschutz y de los Estudiantes Ausentes". El ambiente era amistoso, aunque apuntaba la tónica crítica, y, en consecuencia, tenso.

Estoy sentado en el estrado, cabe la mesa presidencial, de un amplio salón lunetario que ya conocía desde años antes —1952— cuando menudeaban mis visitas a la F. E. U.; pero, desde entonces, el decorado funeral de las paredes ha cambiado bastante y son más numerosas, mucho más, las efigies de los estudiantes muertos, héroes y mártires de la causa suprema de Cuba, que entregaron sus vidas en inmolación y sacrificio. Se enfrenta uno, así que entra en la Sala, con el mural y santuario de la pared frontal, sellada de retratos que se desbordan hacia los laterales, y, en el centro, de gran magnitud, y en colores, las figuras cimeras de Julio Antonio Mella y José Antonio Echeverría. El recogimiento y meditación agarran al visitante, lo dominan por su contenido, mensaje y rememoración, hasta llevarlo a la esquina del ensimismamiento, y, cuando se sabe actor y testigo de los hechos que fueron, y sangra aún por la herida, aunque supervivo y alegre en el centro y clamor y vórtice de la victoria, tiene uno que sentir la voz queda, y sin voz, del pensamiento que emana de lo entrañable y el recuerdo, y aflora a los labios áfona de emoción: aquí, -se establece y cierra el reflejo sensitivo motor- se penetra con la cabeza inclinada, y solo pueden levantar la frente cuantos cumplieron su deber de hombres y cubanos, y fueron leales, a lo largo y ancho de sus vidas fieles, al mandato de sus hermanos muertos.

Me rodean los jóvenes dirigentes encargados de encausar el debate y declaraciones. El acto se inicia con el pase de lista, solemne y habitual, y de pie todos los asistentes. Los dos nombres que encabezan la llamada, Julio Antonio Mella y José Antonio Echeverría, que la concurrencia responde "Presentes" al unísono, se prenden a la garganta y lagrimales con reflejo aguanoso de los ojos, y permanecen turbios y húmedos hasta el final. No sabían los muchachos en ese momento, no podían saberlo, la ventaja que me sacaban ya.

Dije al comienzo: Acabo de tener un encuentro con la Federación de Estudiantes Universitarios —la F. E. U.— en la Sala de los Mártires, su local de reunión…pero es que los vocablos tienen matices y acepciones que, no siempre, el Diccionario de la Real Academia puede traducir, entre otras cosas porque se mantiene inflexible como órgano de una Academia Real, y, ahora en nuestra Cuba, liquidamos todos los resabios coloniales —reales— apegados al ancestro, subdesarrollo y colonialismo, sacamos de un puntapié, bien dado, toda la penetración, socavamiento y explotación del imperialismo, y en su estúpida secuela del fatalismo histórico-geográfico, y estamos echando las bases de una Academia de Ciencias distinta y nueva, Socialista por sus fundamentos esenciales, ligados a lo raigal cubano en los aspectos universales de la investigación, la cultura, la técnica y perspectivas del desarrollo infinito de todos los valores económicos, sociales, políticos, que tocan a la sociedad y personas humanas aquí en la tierra de todos los hombres.

Pues bien, corresponde precisamente al lenguaje socialista una acepción y matiz de las voces encontrarse y encuentro, que no quiere decir colisión o choque, sino intercambio de saludos fraternos en lo nacional o internacional, hallazgo y continuidad en el tiempo y pensamiento del concepto generacional, como uno y el mismo, por proceder de la misma cantera materialista y dialéctica, examen, enjuiciamiento, crítica y autocrítica en que apuntan diferencias de criterio y de interpretación ventilados colectivamente o en grupos y núcleos de diferente densidad o procedencia, y todo ello con la alteza de miras, sinceridad, claridad y urbanidad o buenas maneras de que tanto carece, o suele carecer, la clase capitalista, burguesa y explotadora, cuando trata y maltrata a los humildes y desposeídos, sobre todo, y que tanto abunda y se cultiva en la sociedad socialista, y más, en la fase adelantada de su crecimiento. Así queda definido, connotado y explícito, el encuentro de la F.E.U. y su cordial invitado.

Ya en el terreno los interpeladores, el presidente de Tecnología, José R. López, abrió su batería con rectas humeantes, que no debía esquivar, y sus calificativos "doble sentido, frases hirientes, etc.", me borraron la sonrisa. No me conocían estos jóvenes -no me habían leído nunca- a pesar de que mis libros y folletos tienen que estar -debían obrar- en la biblioteca de la F. E. U. Mi interrupción fue larga, abusé de la primera persona bajo la espuela del asombro ingenuo, —bien que lo subrayó el alumno Pacheco con palabra fácil, y bien extrañado de que asomara su faz un personaje no invitado, envuelto en su capa raída de trajines egocéntricos; el culto a la personalidad manoseado entre dos enanos, yo y mí, que nacieron sietemesinos y se creen superhombres—. Conste que el párrafo es de mi cosecha y me gusta, porque Pacheco se mostró respetuoso, aunque no remiso en el manejo del arco y sus flechas certeras. Luego probaron su destreza y puntería Daniel Inclán, vicesecretario, y Maximino González, secretario general de la organización, quien presidía en ausencia del presidente Rebellón, que anda por Praga y no del mejor genio, imagino, ya que le obstaculizaron el viaje al Brasil en tiempo oportuno, y asistir al magnífico Congreso Internacional en defensa de la libre determinación, y respaldo al derecho de Cuba de incorporarse, por la voluntad y coraje de sus hijos, a la vanguardia de los pueblos libres, realizadores del pensamiento creador de Marx-Engels-Lenin.

El debate, controversia más bien, fue largo -unas tres horas- y todo quedó ventilado sin alcanzar tono de altercado, lucha, combate o disputa, aunque así lo reseñen, acercando la brasa a su sardina podrida, y retorciéndolo, los granujas de allende el mar; la playa floridana, estercolero de Cuba, donde anidan y germinan por generación espontánea los gusanos y renacuajos de su charca pestilente, atronadores —que se creen— con su croar afónico: "La voz de las América", tan interesada como mentirosa siempre, y mucho más en estos días —según me informan— al utilizarme. Quiero recordarle, copiándola, una frase que publiqué hace tiempo: Ni en mi nombre ni con el nombre mío, canallas, que yo soy un hombre de la Revolución.

Al final, los estudiantes y yo, nos apretamos ante el recuerdo y presencia de los héroes y mártires del estudiantado universitario de todos los tiempos, y me traje, apretado al pecho un gallardete rojo de la F. E. U. en que aparecen hermanados, en gesto de lucha, los dos adalides, guías y arquitectos de su generación, Julio Antonio Mella y José Antonio Echeverría. ¡Patria o muerte! ¡Venceremos!

 

 

* Periódico "El Mundo", abril 14 de 1963.