Emulación en "La Esperanza"
Mensaje a todos los enfermos*

 

 

Hace muchos años, queridos enfermos, cuando reinaba en su mayor auge y esplendor el neumotórax artificial, como tratamiento de elección para no pocas formas de tuberculosis pulmonar, leí una frase del Profesor Rist, impresionante; puedo copiarla porque aparece comentada en mi ponencia, "Tratamiento Actual de la Tuberculosis Pulmonar del Adulto", presentada ante el Congreso Médico Nacional, VII Congreso, celebrado en La Habana en diciembre de 1927 ¡36 años ha! Dice la frase del gran Maestro que fue Edouard Rist: "Puede afirmarse sin exageración, que en algún momento de su vida de enfermos casi todos los tuberculosos que han muerto, pasaron por un momento, más o menos largo, en que estuvo justificado el neumotórax. Cada médico está obligado a conocer ese momento, a no dejarlo pasar sin señalar a su enfermo la oportunidad del tratamiento". Y añadí a este comentario: Meditemos nuestra responsabilidad y sienta cada uno en lo íntimo como urge permanecer alerta, que significa mejorar cada día nuestra preparación.

Pasaron 36 años y el panorama es otro, aunque no despejado del todo sí más lejano el horizonte, porque aumentó la visibilidad científica. Y recuerdo otra frase de Rist, también anotada en mi trabajo: "Puede en el mañana que la investigación nos regale un procedimiento que cure la tuberculosis, como la antitoxina cura la difteria o el salvarsán cura la sífilis pero estoy convencido de que las curas de reposo y aire libre serán entonces tan necesarias como siempre". La antibioterapia y fármacos quimioterápicos de ahora, nutrieron nuestro arsenal con sus milagros y vigencia universales, que empieza a recortar el contraataque de la Mycobacteria tuberculosa humana, la resistencia del bacilo de Koch a las drogas en la misma medida que se hace más intensivo y extensivo el tratamiento.

Hasta ahora, y en Cuba por algunos años más, suscribo sin vacilación la vigencia de la frase de Rist, modificada en la técnica quirúrgica que preconizó por entonces, y repito, en recuerdo de su vida y como advertencia suya, estas palabras sabias: "Puede afirmarse sin exageración, que en algún momento de su vida de enfermos casi todos los tuberculosos que han muerto, pasaron por un momento, más o menos largo, en que estuvo justificada la intervención quirúrgica, agresiva y de ataque, o de rescate y no menos activa. Cada médico está obligado a conocer ese momento, a no dejarlo pasar sin señalar a su enfermo la oportunidad del tratamiento".

La primera vez que vi abrir un tórax de enfermo tuberculoso para una operación radical, extracción total del pulmón izquierdo, fue en Boston en el año 1945. El cirujano, gran cirujano, Richard Overholt, los dos primeros ayudantes argentinos, y el primero, Lázaro Langer, buen amigo, y hoy Profesor de Cirugía Torácica en Córdova, su patria chica de Argentina. El caso fue dramático, por un amago de paro cardiaco que Overholt resolvió, tranquilo y confiado. Quedé impresionado ante las perspectivas de aquella nueva vía, amplia y prometedora, ya abierta a la esperanza de los enfermos, y recuerdo que pensé en "La Esperanza", aquel Sanatorio de mi tierra distante, tan ligado a mi vida médica, tan querido, y en el que tanto trabajé por levantarlo, de su postración y darle dignidad científica, rango y nivel científicos a la altura de los primeros de América. Recordaba aquel muy modesto salón de operaciones, el primero que tubo "La Esperanza"; que alcancé a construirle, tan modesto era que solo costó trescientos pesos; pero se empezó, bajo mi dirección, de 1933 a 1935, y se hicieron cosas nuevas y distintas, todas cuantas se hacían por entonces. Cuba se fue incorporando a las nuevas técnicas quirúrgicas que facilitaron, para su éxito, el entubamiento traqueal anestésico y las transfusiones cuantiosas. Ya la Estreptomicina tocaba a la puerta, también a la nuestra, que la traje a Cuba, cedida por el "Deaconess Hospital", de Boston, en 1946, aunque bien cara todavía, noventa gramos costaron 1800 dólares, a 20 pesos el gramo. Después la quimioterapia nos trajo su regalo magnífico, la Isoniacida, P.A.S., y todas las otras drogas que nacen y se multiplican.

Ahora "La Esperanza" entra en emulación, y, con la ayuda de todos, personal técnico, cirujanos, especialistas anestesistas, auxiliares, ayudantes, enfermeros y enfermeras, empleados; con la colaboración animosa y resuelta, decidida y valiente, revolucionaria y socialista de su pueblo, los enfermos que de verdad quieren curarse y aspiran a reincorporarse a la vida del trabajo fecundo, vamos a crear, todos juntos una vida nueva, sana y luminosa; vamos a transformar "La Esperanza" en una realidad docente, de enseñanza generosa, taller limpio, ventilado y honesto, fragua de investigación laboriosa, forjadora de hombres y mujeres nuevos y de médicos nuevos, capaces de llegar a ser, y hacerse, mejores que nosotros para bien de Cuba y de su pueblo todo.

 

 

* Periódico "El Mundo" junio de 1963.