CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA

APÉNDICE

 

Profesor Dr. José Rafael Estrada González (1921-1991)

 

 

No es mi propósito repetir aquí elogios al profesor Estrada porque ese piadoso deber ya lo hemos cumplido en otras ocasiones, solo he de recordarles lo que la patria y la cultura médica cubana deben a esta relevante figura de las ciencias médicas y rendirle en esta ocasión el merecido homenaje de admiración y respeto, así como también a los que junto a él integraron la generación fundacional de las neurociencias en la etapa revolucionaria.

Hablar del profesor Rafael Estrada González supone hacerlo de los primeros pasos de la neurología clínica en Cuba. Su orientación hacia la patología del sistema nervioso central fue muy precoz, en especial al grupo de las enfermedades neuromusculares.

Nació el 23 de agosto de 1921 en la ciudad de La Habana, donde cursó sus estudios elementales, posteriormente el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de la propia ciudad y después, en la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional, donde se graduó, con el primer expediente, en el año 1946.

En este período formativo de la década de los años 40, los enfermos neurológicos estaban dispersos entre las clínicas de medicina interna, neurocirugía y neuropsiquiatría, sin que existieran en ellas la suficiente concentración de esfuerzos que permitieran su desarrollo como neurología clínica; a este empeño dedicó toda su vida. Prueba de ello es que hasta los últimos días antes de morir, a los 69 años, se mantenía activo con todas sus responsabilidades.

Entre 1948 y 1950 permaneció en el Massachussets General Hospital de la Harvard University en Boston, donde realizó sus estudios de especialización en neurología en el servicio del profesor Charles A. Kubik y en el Laboratorio de Neuropatología de dicha cátedra, donde su talento también se manifestó en sus habilidades para el dibujo, muchas ilustraciones de láminas histológicas de textos y folletos del profesor Kubik fueron realizadas por el doctor Estrada.

A su regreso a Cuba desarrolló una gran actividad asistencial, docente e investigativa en esa rama de la medicina que tanto le apasionaba. En la década de los 50, le da un sostenido impulso a la neurología, con gran dedicación a la clínica y a las técnicas complementarias precisas para el diagnóstico de las enfermedades del sistema nervioso.

En 1960 pasa a ser profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Habana en la asignatura de Neuroanatomía, sobre la que escribe un formidable texto para su estudio, aún vigente en nuestros planes de estudios.

Desde 1962 dirige el Hospital Neurológico, fundado el 29 de enero de ese año, donde cimenta las bases para desarrollar todas las actividades de las ciencias neurológicas; esta institución reagrupa los escasos recursos humanos y materiales existentes entonces, de hecho se convierte en el embrión del futuro desarrollo docente, asistencial, investigativo, preventivo y de rehabilitación en el campo de la neurología y la neurocirugía en Cuba. El 25 de noviembre de 1966 quedó oficialmente inaugurado el Instituto de Neurología en la ciudad de La Habana, donde continuó siendo su director, hasta su muerte, como correspondía a una figura que ya gozaba de prestigio en esa especialidad; había creado anteriormente la cátedra de Neuroanatomía Funcional y realizado pioneros trabajos en un incipiente laboratorio para electromiografía.

Fue un precursor en Cuba de las técnicas de diagnóstico y tratamiento de la epilepsia.


Los protocolos de autopsia, con sus aportes en las observaciones neuropatológicas, así como las magníficas descripciones y dibujos que él mismo realizara, constituyen una monumental obra de su quehacer en el campo de la neuropatología.

El profesor Rafael Estrada González fue autor de varios libros de la especialidad, monografías y folletos en los que se destacan sus formidables trabajos sobre polirradiculoneuritis y neuroplasticidad. Publicó en revistas nacionales y extranjeras más de un centenar de artículos científicos, una cantidad significativa quedó inédita.

La síntesis descriptiva de su currículum-vitae bien puede corresponder a la de un hombre del Renacimiento.

Fue un médico de vasta cultura universal, unía a su saber científico una formación humanista acrecida en el ejercicio apasionado de su profesión.

Brindó la enseñanza necesaria con un alto nivel científico y maestría pedagógica a sus discípulos; fue guía y estímulo, capaz de elevarlos por el camino de los frutos de su larga experiencia.

Ante todo fue un médico integral, luego especialista, siempre científico, un excelente ser humano del buen decir.

Fue Maestro y creador de la Escuela Neurológica Cubana, a la que consagró su vida y en la cual, bajo su orientación y dirección, se formaron la totalidad de los especialistas que en las diferentes áreas de las neurociencias trabajan en Cuba, educados en la armonía que debe existir entre atención médica, docencia e investigación.

Su vida y su obra han dejado la huella necesaria para ocupar un lugar en la historia de la medicina y la salud pública cubanas.

Con la modestia y la sencillez de los que valen será siempre el profesor Estrada testimonio de la capacidad creadora y de la voluntad inquebrantable para conseguir un noble propósito.

En su vida hubo siempre espacio para el amor, la fidelidad, la lealtad, la convicción y la esperanza.

El estilo del profesor Estrada González y de su escuela se caracterizan en la tendencia a lo objetivo, al desarrollo de su sentido práctico ante el enfermo, preciosismo en la valoración semiológica e insistencia en su diagnóstico precoz.

Quien intente construir ahora el esquema de los rasgos que caracterizaron su trayectoria en el ejercicio de su profesión, le sería fácil encontrarlo en los recuerdos vividos por sus discípulos, así como en los comentarios biográficos que se han publicado.

Siempre le oímos decir que en la vida se transita por un campo minado, el profesor Estrada lo caminó, enfrentando y superando las sombras que se interpusieron en su iluminada trayectoria hacia ese ideal que es la perfección humana.

Al inicio del proceso de cambios revolucionarios en 1959, formó fila junto a los que asumieron la alta y digna responsabilidad de servir a su pueblo y desarrollar las neurociencias en la patria que lo vio nacer y a la que nunca traicionó, ofreciéndole su valiente lealtad.

Cuando la Parca Impía llegó a buscarlo el 31 de marzo de 1991, la miró a los ojos convencido de su irreversible ceguera. Sin esperar disuadirla de su propósito, al contrario, le entregó su mirada privilegiada y la dejó así, en posición de eterno reposo. Con su muerte perdía la ciencia a una de sus más eminentes figuras y Cuba un hijo que le dio generosa y amorosamente el fruto de su talento extraordinario.

Su nombre estará siempre presente en el recuerdo junto a aquellos que en sus vidas hicieron por la vida, quienes tuvieron sus corazones en el centro del fuego del camino hacia el sol y dejaron el vívido aire firmado con su honor.

No hay poema heroico en el mundo que no sea en el fondo una biografía, la vida de un hombre; del mismo modo puede decirse que no hay una vida humana relatada con veracidad, que no constituya en cierto modo un poema heroico, ya sea en prosa o en verso; la vida del profesor Rafael Estrada llenó esa magnitud filosófica.

 

....Yo tengo un amigo muerto                                       Va como barca perdida

Que suele venirme a ver                                              Que no sabe a dónde va

Mi amigo se sienta y canta;                                         En cuanto llega a esta angustia

Canta en voz que ha de doler                                       Rompe el muerto a maldecir;

Corazón que lleva rota                                                Le amanso el cráneo; lo acuesto

El ancla fiel del hogar,                                                 Acuesto el muerto a dormir.

José Martí

Las campanas que hoy doblan por su muerte, repicarán siempre por su obra.