CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA

 

Primer informe sobre cirugía cerebral en Cuba

 

 

Por la Dra. Letier Pérez Ortiz.(*)

 

 

INTRODUCCIÓN

El descubrimiento de cráneos trepanados constituye una certeza de la realización de esta práctica médica desde tiempos remotos. En América, los antecesores de los Incas dejaron evidencia de cráneos con trepanaciones e, incluso, señales de que los pacientes sobrevivían durante algún tiempo, posterior a este tipo de cirugía.

Los cirujanos generales eran los encargados de realizar procederes sobre el cerebro. Sir William Macewen (1848-1924) fue el primero en dedicarse por completo a las patologías del sistema nervioso central (SNC) con criterio quirúrgico y quien, en 1879, extirpó con éxito un tumor cerebral.1

En Cuba, los informes existentes sobre procederes neuroquirúrgicos en el siglo XIX son escasos. En la primera publicación periódica de medicina en Cuba, Repertorio Médico Habanero (1840-1843), fundada y dirigida por el célebre médico cubano doctorNicolás J. Gutiérrez Hernández (1800-1890) no aparece ningún artículo relacionado con la cirugía cerebral.2,3

Desde entonces han sido numerosas las publicaciones médicas existentes. En 1947 se publicó en la revista del Colegio Médico de La Habana, un artículo de Borrel,4 donde se describe la primera trepanación que tuvo lugar en el país, realizada por el doctor Joaquín Albarrán Domínguez (1860-1912), el 8 de octubre de 1890, a un joven estudiante agredido por un soldado que le produjo una fractura de cráneo.

En el trabajo se describe lo sucedido, pero no existe una discusión clínico-quirúrgica del caso ni una descripción tan explícita y profunda como la que se hace para el diagnóstico y tratamiento de una afección neurológica y que se encontró en la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, de 1891, monumental publicación periódica fundada el 25 de julio de 1875 por el doctor Juan Santos Fernández Hernández (1847-1922), y que se estuvo editando hasta 1940.5,6

En esta revista, y gracias a la comunicación ofrecida a los autores por el investigador y maestro doctor Gregorio Delgado García, una autoridad en cuestiones de historiografía médica cubana, se localizó el primer informe sobre cirugía cerebral en nuestro país, fiel reflejo del desarrollo de las ciencias médicas en la Mayor de las Antillas, pues a solo 5 años de haberse realizado en el mundo las primeras intervenciones neuroquirúrgicas seriadas se informa, desde el punto de vista científico y no anecdótico, un caso de cirugía cerebral.

El objetivo de este trabajo es contribuir a profundizar en la historia de la neurocirugía en Cuba, a partir del estudio del primer informe de carácter científico, sobre una cirugía cerebral que ha encontrado tanto en la vida como en la obra de su autor ejemplo y fuente de motivación para los jóvenes científicos interesados en las neurociencias.

 

DESARROLLO

 

Apuntes históricos

La neurocirugía es una de las especialidades médicas que con mayor certeza puede presentar evidencias de su existencia desde épocas remotas, gracias a la arqueología y a la paleopatología.

Los primeros cráneos trepanados fueron encontrados en la costa del Perú, correspondientes al período neolítico. Se sabe que las trepanaciones eran hechas con piedras afiladas y consistían en cortes en cruz sobre el hueso de forma rectangular, oval o circular quedando agujeros de pequeño tamaño hasta de 5 cm de diámetro.

Según han demostrado arqueólogos y estudiosos del tema, las trepanaciones eran realizadas con intención terapéutica y, posterior a dicha intervención, los pacientes sobrevivían durante algún tiempo.

Por los trabajos del profesor Manuel López Martínez7,8 sabemos que el gran neuropsiquiatra doctor Manuel González Echeverría (1833-1898) hizo grandes aportes a la historiografía médica, como fue el hecho de descubrir quién fue el verdadero autor de la primera trepanación realizada a un paciente con epilepsia posterior a un trauma craneal, en el siglo XV, el cirujano francés Henri Chabdon, y la practicó por 27 ocasiones al Conde Don Felipe de Nassau, el cual sobrevivió, de manera sorprendente.7

En la civilización griega, Hipócrates (460-377 a.n.e.), Padre de la Medicina e iniciador de la observación clínica, describió la técnica de la trepanación para el tratamiento de la epilepsia, la cefalea, la ceguera y el trauma craneoencefálico (TCE) e hizo recomendaciones sobre los cuidados que se debían tener en la cirugía cerebral.

Galeno (131-201 n.e.), el más destacado médico y anatomista de su época, realizó importantes observaciones neurológicas que prevalecieron durante siglos. Describió el sistema ventricular y la vena que hoy lleva su nombre. Desafió los conceptos hipocráticos basándose en su experiencia en la disección y experimentación. Diferenció la piamadre de la duramadre, describió las glándulas pineal y pituitaria. Su sistema fue considerado como uno de los primeros en plantear la relación entre los fenómenos psíquicos y el cerebro. Sin menoscabo de su significado histórico-médico, se sabe que muchas de sus disecciones fueron realizadas en animales.1,9-11

Tras la caída del Imperio Romano de occidente, muchas ideas fueron desterradas sin producirse grandes cambios en la medicina, durante miles de años prevalecieron las influencias de Galeno.

Posteriormente, el surgimiento científico de la medicina islámica, a través de las traducciones árabes de los textos grecolatinos, tuvo una influencia decisiva hasta principios del siglo XVII.

En estos años resaltaron los nombres de tres importantes médicos islámicos:

Abu Bakr Muhammad ben Al–Rhazí (Rhazés) (865-932), el primero en usar el término contusión cerebral y un defensor de la necesidad de tratar las fracturas de cráneo por la comprensión cerebral que producen.

Abu Ali al–Hussayn ben Abd Allah ibn Sina (Avicena) (980-1037), autor de la famosa enciclopedia Kitab al qanun fi l-tibb, traducida al latín por Gerardo de Cremona (1114-1187) y conocida como canon de la medicina, síntesis de las doctrinas de Hipócrates y Galeno.

Al-Zahabi (Albucasis) (936-1013), el más grande cirujano medieval de la época. Uno de los padres de la cirugía moderna; diseñó más de 200 instrumentos quirúrgicos y describió las técnicas de trepanación para evacuar hematomas.1,11

Con las cruzadas en los siglos XI y XII se difundieron los conceptos médicos mahometanos. En esta época resaltó la aparición de la Escuela de Salerno, primer centro médico docente con estudios reglamentados que produjo una vasta bibliografía histórica, filosófica y médica, dio paso al florecimiento de las primeras universidades.

Se destacan, en esta época, Teodorico de Cervia (Borgognoni) (1205-1298), sobresaliente representante de la Universidad de Bolonia, quien practicó esquirlectomias y resección de tejido cerebral necrótico entre otras técnicas quirúrgicas y Guy de Chauliac (1300-1368), primero en practicar la técnica de rasurar el cráneo para la cirugía y autor, además, de un libro de técnica quirúrgica que estuvo vigente por más de 200 años y que fuera considerado la obra quirúrgica cumbre de la Edad Media.

En el siglo XIII, las universidades de París, Padua y Bolonia, entre otras, se convirtieron en los principales centros de actividad médica en Europa, precursoras de la revolución cultural que llegaría con el Renacimiento en los siglos XV y XVI, y donde prevalecieron los estudios neuroanatómicos realizados con la disección y la observación directa.

Entre los principales acontecimientos de esta época vale destacar el perfeccionamiento de la imprenta por Johannes Gutenberg (1394-1468) en el 1450, que abrió un enorme progreso en todos los campos del saber.

La anatomía como ciencia, se inicia con André Vesalius (1517-1564), graduado de médico en Bélgica, y quien fuera profesor de Anatomía y Cirugía de la Universidad de Padua. Desautorizó los trabajos de Galeno y provocó una verdadera revolución en la descripción de la anatomía humana. Hizo el primer estudio detallado de la estructura cerebral.


Desde el punto de vista terapéutico, sobresale en el siglo XVI la figura de Ambrosio Paré (1517-1590), cirujano-barbero, padre de la cirugía francesa, quien sostuvo una lucha constante contra la medicina dogmática y escolástica.1,10,12

Fue considerado un renovador de la medicina; realizó grandes aportes en el campo de la neurocirugía traumática y el tratamiento de heridas. Escribió un libro sobre el tratamiento de las heridas de la cabeza, en 1561.

Los términos de conmoción y contusión cerebral fueron desarrollados por Jean-Louis Petit (1674-1750), quien describió sus diferencias y abogó por su uso en los casos de trauma craneoencefálico.1

En los siglos XVII y XVIII, los trabajos de grandes científicos marcaron pautas en el entendimiento de los fenómenos del sistema nervioso, sus nombres quedaron para señalar estructuras o formaciones anatómicas, fisiológicas o patológicas del cerebro. Este es el caso del padre de la neurología según los anglosajones: Thomas Willis (1621-1675) o del anatomista italiano Antonio Pacchioni (1665-1726).

Dentro del campo de la fisiología y la patología, se evocan los nombres de Alexander Monro (1697-1767), François Magendie (1783-1855) y del gran anatomista y patólogo italiano, fundador de la anatomía patológica Giovanni Battista Morgagni (1682-1771).

En 1861, el eminente antropólogo y cirujano francés Paúl Broca (1824-1880) exhibió el cerebro de un paciente que en vida padecía de trastornos del lenguaje articulado y en la autopsia se encontró atrofia de la región frontal izquierda, lo cual estimuló la aparición de grandes series clínicas de investigaciones sobre el cerebro.1,11,12

A mediados del siglo XIX, la evolución de las ciencias neurológicas fue cobrando mayor dimensión vinculada al hecho de la aparición de verdaderas instituciones dedicadas al estudios de las enfermedades del sistema nervioso como el Hospital Nacional de Londres ( National Hospital for Nervous and Mental Diseases, Queen Square, Londres, 1859) donde estudiaron importantes personalidades de las neurociencias como John Hughlings Jackson (1834-1911) y Charles Edward Brown- Sequard (1817-1894) y el Hospital de la Salpétriere de París (1862), cuna de uno de los más notables neurólogos franceses Jean Martin Charcot (1825-1893).13,14

En 1887, trabajó en el mencionado hospital de Londres, el precursor de la moderna cirugía cerebral Sir Víctor A. Horsley (1857-1916), quien en ese año fue el primer neurocirujano en el mundo en extirpar, con éxito, un tumor intramedular. Un año antes había realizado diez extirpaciones de tumores cerebrales con un solo fallecido, así se iniciaron las principales series de intervenciones neuroquirúrgicas en el mundo.

Todo este desarrollo del conocimiento acerca el sistema nervioso y sus enfermedades, verdadera fascinación de la humanidad a lo largo de los años, hizo que a finales del XIX y principios del XX, la neurología, neurocirugía, neurofisiología, neurorradiología, neuropatología y todas las ciencias afines aparecieran en los centros de mayor desarrollo médico como Inglaterra, Estados Unidos, Alemania y Francia y se dispersaran rápidamente por el resto del mundo.11-15

Desde el punto de vista quirúrgico, si bien Macewen fue el primer neurocirujano reconocido, por su dedicación al estudio de las enfermedades del sistema nervioso, su técnica quirúrgica cuidadosa, la aplicación de medidas de antisepsia y la introducción del tubo endotraqueal para la anestesia, el reconocimiento de la neurocirugía como especialidad médica se debe a los extraordinarios aportes del doctor Harvey Cushing (1869-1939).

El doctor Cushing ha sido reconocido como el neurocirujano del siglo XX. Sus aportes en esta rama de la ciencia han sido insuperables. Fue maestro, investigador, clínico sagaz y cirujano envidiable. Amaba la historia de la medicina y gustaba de coleccionar libros antiguos.

El 18 de noviembre de 1904 presentó ante la Academia de Medicina de Cleveland un trabajo titulado The special field of neurosurgery, donde mostró su experiencia en esta especialidad.

En la primera década del siglo XX escribió una monografía sobre cirugía craneal que causó enorme repercusión internacional. El texto constaba de 276 páginas y 154 ilustraciones dibujadas por él. Esta constituyó factor clave para establecer el reconocimiento de la neurocirugía como otra rama dentro de las especialidades quirúrgicas y reafirmar al doctor Cushing como líder indiscutible y creador de una escuela neuroquirúrgica al nivel mundial.16-18


Informes neuroquirúrgicos

El documento más antiguo referente al estudio del sistema nervioso y donde por primera vez se usó el término cerebro proviene de Egipto y se denomina papiro de Edwin Smith. Se conserva en la biblioteca de la Sociedad de Historia de New York y fue elaborado en el antiguo Egipto hace 5 000 años.

Se trata de un texto más quirúrgico que médico, donde se relatan 27 observaciones sobre el tratamiento del TCE, de los cuales 14 corresponden a lesiones de partes blandas de la cabeza y 13, a fracturas de cráneos.1,19

En América, uno de los primeros reportes escritos sobre procederes quirúrgicos intracraneales se debe a Pedro Arias de Benavides, en 1561. Él informó un caso de descompresión craneal postraumática con retiro de las esquirlas óseas y evacuación de hematoma, curado posteriormente con yemas de huevo, azufre y aceite de linaza.10

Desde el punto de vista científico, los orígenes de la bibliografía médica internacional se remontan al año 1679, con la aparición de la primera revista, Nouvelles Découvertes, en Paris, editada por Nicolas de Blegny.2,20 Desde entonces han existido disímiles artículos, informes y monografías dedicados a las enfermedades del sistema nervioso, aunque los primeros tratados de neurocirugía no aparecieron hasta después de 1893.21

En 1879, Macewen reportó la extirpación con éxito de un tumor cerebral. Se trataba de un paciente con un meningioma supraorbitario y el caso apareció en el Glasgow Medical Journal, con el cual se abrió una nueva era en la neurocirugía, con la consecuente proliferación de artículos en revistas sobre cirugía, ginecología y neurología.15

En 1884, Francesco Durante, en Italia, reportó un caso similar en una mujer de 35 años con una historia de anosmia de tres meses de evolución, la cual se recuperó bien de la cirugía.22

En noviembre del propio año, en Londres, el doctor Hughes Bennett diagnosticó un tumor cerebral, en un paciente de 25 años, por los signos clínicos. La lesión fue extirpada por el doctor Rickman Godlee, quien basándose solo en la historia del paciente y el examen físico, localizó exitosamente el tumor que resultó ser un glioma.23

En 1929, surgió la primera revista estrictamente neuroquirúrgica Folia Neuro-Chirurgica, fundada por el profesor Lodovicus Puusepp (1875-1942). Esta publicación tuvo una corta vida (Estonia, 1929-1930). Posteriormente, se editó Zentralblatt für Neurochirurgie (Alemania, 1936), dirigida por Tönnis y Foerster, que abrió el camino a muchas otras de su tipo en diferentes países del mundo.11,15,22,23

En Cuba, el primer impreso del cual tenemos conocimiento data de 1723: Tarifas Generales de Precios de Medicinas, y la primera publicación periódica de medicina fue Repertorio Médico Habanero, del doctor Nicolás J. Gutiérrez Hernández, que salió a la luz el 24 de noviembre de 1840.2,4 Asimismo, aparecieron numerosas revistas fundadas por prestigiosos médicos cubanos; llegaron a ser más de 150 en la época de la república.21,24

En 1844, el doctor Julio J. Le Riverend Longrou (1794-1864) editó la revista El observador Habanero, la cual se mantuvo vigente hasta 1848, y en ella apareció uno de los primeros trabajos sobre neurología publicados en Cuba “Lesiones dinámicas del sistema nervioso”, dividido en tres partes y con una extensión total de 58 páginas.25

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la bibliografía cubana sobre enfermedades del sistema nervioso central comenzó a figurar con mayor frecuencia y calidad.26 Referente a procederes quirúrgicos intracraneanos con discusión clínica, topográfica y quirúrgica no se localizó nada significativo hasta 1891, cuando apareció en la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, del profesor Juan Santos Fernández, un caso de cirugía cerebral realizado por el joven doctor Manuel José Julián Moreno de la Torre (1861-1891).27

 

Dr. Manuel José Julián Moreno de la Torre

 

La vida del autor del trabajo —que para la autora constituye el primer informe completo sobre un proceder neuroquirúrgico en Cuba— fue corta, pero intensa.

Nació en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, Cuba, el 28 de enero de 1861. Sus padres fueron Manuel Moreno y Juana de la Torre. Su hermano Gustavo Moreno de la Torre, fue otro destacado médico matancero.28

Sus abuelos paternos fueron el coronel don Francisco de Paula y Moreno y Rosa Frómeta y los maternos, Andrés y Elvira Perovani. Fue bautizado el 14 de marzo de 1862 en la parroquia La Purísima Concepción, en Cárdenas, Matanzas, según su certificado de bautismo.

Cursó la enseñanza primaria en la ciudad de Cárdenas y egresó del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana como Bachiller en Artes, en 1878. Con 17 años matriculó en la Real y Literaria Universidad de La Habana, donde aprobó el año de ampliación y el primer año de la carrera de Medicina, el cual culminó con notas sobresalientes, el 1 de junio de 1880.29

Continuó sus estudios en la Universidad de Madrid, España, de donde egresó en junio de 1883 como Licenciado en Medicina y Cirugía. (Dato registrado por la Secretaría General de esa universidad, con folio 27, No. 55, donde se conserva el expediente académico del doctor Moreno de la Torre, con la signatura Universidades, legajo 1577, caja 2, expediente 27, del cual poseemos una extensa copia que fuera enviada a través del correo postal.) Sin embargo, el título le fue expedido por el Ministerio de Fomento Español el 14 de abril de 1884, pero no aparece registrado en su expediente hasta el 15 de mayo de 1888.29

 

En La Habana se dedicó al estudio de la fiebre amarilla, principal enfermedad que azotaba a la Isla en aquella época.

Presentó en el Congreso Internacional de Hipnotismo Experimental y Terapéutico, en 1888, el trabajo titulado “Algunas consideraciones relativas al hipnotismo. Experiencia demostrativa”, que luego convirtió en una excelente monografía, la cual le valió su entrada como miembro correspondiente a la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, en 1889.

En 1890 ascendió a Miembro Titular de dicha sociedad, la primera sociedad científica médica cubana, fundada el 11 de octubre de 1879, que tuvo como presidente al destacado investigador doctor Serafín Gallardo Alcalde (1834-1880). Como es conocido agrupó, en su seno, a los más destacados médicos de la época.4,30

De esta organización médica, el profesor Delgado García ha dicho “…fue refugio científico de los jóvenes médicos cubanos que presentaron allá sus primeros trabajos, pues a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana se llegaba tras el largo y brillante ejercicio de la profesión…”.30

Este fue el caso del doctor Moreno de la Torre, que no fue académico porque falleció, cuando más se esperaba de él, pero en solo siete años de ejercicio profesional, se destacó lo suficiente, como para llegar a ser Secretario de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, desde 1890-1891.30

Su entrada como Titular la logró con el importante trabajo: “Placenta previa. Hemorragia. Parto Prematuro. Septicemia consecutiva” (1890).

Entre sus principales méritos se destaca la amplia cultura médica y general que tenía, lo que le permitió redactar la sección de comentarios bibliográficos de la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, la cual denominó “Revista de la Prensa” y realizó varias traducciones de artículos científicos.28,31

En su bibliografía se encuentran los trabajos “Tratamiento de la Angina Diftérica” (1890), “Contribución al estudio de la fiebre amarilla” (1890) y el informe que es motivo de esta investigación: “Abceso Cerebral, trepanación, curación, residiva, muerte’’ (1891), que apareció en el volumen 17, No. 1, de 1891, de la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana.27 En este propio volumen, páginas 305-307, se destaca el artículo “El Dr. Manuel Moreno”, comentando su fallecimiento y destacada labor asistencial.

De él se dijo: “Joven médico asignado por su ilustración poco común, sus múltiples y variadas aptitudes, a llevar la representación científica de nuestra patria en el porvenir”.31

Al final del mencionado reconocimiento hay un párrafo aparte referido al último de sus trabajos publicados, y que es para nosotros el primero de este tipo en la literatura médica cubana:

….pero lo que hizo más popular su nombre y le dio a conocer como observador sagaz y hábil cirujano, fue el diagnóstico de un absceso cerebral a una distinguida joven, a la cual trepanó, a pesar de la opinión contraria de algunos otros ilustrados profesores, confirmando con la operación, hecha con gran precisión, el diagnóstico y la localización, de antemano fijada por nuestro malogrado compañero….31

 

“Abceso cerebral, trepanación, duración, residiva, muerte” es el título original que el doctor Manuel Moreno dio a su excelente artículo científico y que a continuación se detalla.

Se trataba de una joven de 31 años de edad con antecedentes familiares de buena salud, y personales de lesiones de piel desde los 8 años, fundamentalmente en los meses de verano, que describió como “forúnculos muy abundantes”.27

En los últimos 20 días del mes de junio de 1890 comenzó con pérdida de peso progresiva, lesiones sépticas en la piel y trastornos parestésicos en el brazo derecho.

El 30 de junio, al despertar, no podía encender la luz, porque el brazo y la pierna derecha no le respondían. Ingresó con buen estado general y anímico, con una hemiparesia a predominio braquial e impusieron tratamiento con 6 g de bromuro de potasio. El 1 de julio comenzó a presentar cefalea, excitación psicomotriz, fotofobia y trastornos de conducta. Permanecía afebril. Mantuvo el mismo estado clínico durante 6 días, persistiendo solo discreta cefalea. El 16 del propio mes reaparecieron los trastornos de conducta, la cefalea se volvió intensa, comenzó a tener fiebre alta y mantenida hasta el 22 de julio.

Decidieron rasurar el cráneo y encontraron una extensa zona edematosa en toda la región epicraneal izquierda, por lo que realizaron una termometría detallada de la zona como se muestra en la figura que acompaña el texto.

Del 22 al 26 de julio la hipertermia cedió y los síntomas se atenuaron, por lo que aplazaron la decisión de operar, ya discutida. El propio 26 de julio reapareció la fiebre alta, la cefalea intensa, mantenía el defecto motor del hemicuerpo derecho y decidieron no dilatar más la intervención quirúrgica.

Llamó la atención la extensa, detallada y profunda discusión diagnóstica del caso desde el punto de vista etiológico, topográfico y quirúrgico.

Descartaron una “parálisis histérica o simulada”27 por el empeoramiento de los síntomas, la fiebre y la toma progresiva de la conciencia.

 

 

Consideraron que existía una “lesión en foco”,27 por los síntomas y signos propios de una lesión ocupante de espacio, que podía ser “un tumor de origen sifilítico, una embolia, una trombosis o un absceso”, y cerraron el caso con el diagnóstico de “absceso de la zona motriz en su parte media (tercio medio de las circunvoluciones central anterior y posterior de los alemanes; frontal y parietal de los franceses)”.27

Posteriormente, detallaron la técnica quirúrgica utilizada:

Siguiendo los consejos de Horsley se traza con un lápiz de nitrato de plata la dirección de la cisura de Rolando. Se lava el cuero cabelludo y se aplican compresas durante la noche. Los lienzos y vestidos de la enferma y el instrumental esterilizado a la estufa. Se anestesia con cloroformo, se corta en forma de hierro de herradura. Se incide el periostio y se separa Trépano en línea rolándica, 3,5 cm por fuera de la línea anteroposterior que va de la glabela al inión, para evitar el seno sagital superior. Levantada la rodaja, se perciben las meninges fuertemente vascularizadas; se incide en cruz por medio de una tijera y separadas se observa la sustancia cerebral, sin latido, blanca; se penetra con el bisturí 2 cm y sale pus de color amarillo de consistencia cremosa, se introduce una cucharilla con la cual se hacen movimientos de báscula que arrastran el pus al exterior. Se colocó un drenaje y se unió al colgajo por medio de una sutura de Catgut.

La intervención quirúrgica duró 40 minutos, la paciente al despertar se quejó de dolor en el oído izquierdo y cefalea. No hubo variación del defecto motor. El drenaje se retiró totalmente el 30 de julio y fue mejorando progresivamente hasta el 17 de agosto, en que reapareció fiebre alta, cefalea intensa, excitación psicomotora, y se observó: “el colgajo elevado y fluctuante”.

Así se mantuvo hasta el 24 de agosto en que fue llevada al salón de operaciones nuevamente, encontrándose pus en toda la zona quirúrgica.

Evolucionó tórpidamente y falleció el 31 de agosto a las 4:00 pm. Decidieron realizar necropsia, detallando en la misma “duramadre espesa y fuertemente vascularizada” flebitis del seno sagital superior “gran absceso cerebral derecho”. “Inundación de pus en los ventrículos laterales.27


Al final del trabajo el doctor Moreno de la Torre hizo una discusión del caso en una sección que denomino “Reflexiones” y planteó que existían dos lesiones, una que fue tratada y una más profunda e independiente.

Agrupó los abscesos en tres tipos diferentes, aquellos dependientes de otitis, citando 6 referencias bibliográficas internacionales, 2 de ellas con pacientes fallecidos y 4 curados.

Abscesos dependientes de un traumatismo,9 casos con 5 fallecidos y 4 salvados; y aquellos dependientes de una enfermedad general con un solo caso, fallecido.

Destacó que la paciente entraba en el tercer grupo y agregó: “Por mucho que hemos buscado, no hemos encontrado ningún caso parecido al nuestro, excepto al que hemos citado”.27

Este trabajo apareció en las primeras páginas del volumen 17 de la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, de 1891, y la autora considera que es el primero de su tipo en Cuba, aunque no pretende ser absoluta en tal afirmación, como no lo fue nuestro joven galeno hace más de 100 años cuando, en total lección de modestia sobre su trabajo concluyó: “como la cirugía cerebral está en constitución, sus materiales se encuentran esparcidos, no es extraño, por tanto, que no diéramos con otro u otros que quizás existan publicados”.27

La autora se une a esta sentencia válida en esta investigación.

 

Conclusiones

La neurocirugía ha sido considerada la más antigua y a su vez la más novata de las especialidades quirúrgicas.

En sus inicios estuvo rodeada de un prolongado período de estancamiento, que la mantuvo prácticamente detenida, hasta principios del siglo XIX, en el que entra en una fase de rápido progreso y desarrollo, propiciado por un sólido y a la vez un profundo conocimiento anatómico y funcional del sistema nervioso central. Se introdujo y perfeccionó el empleo de la anestesia general, los conceptos y puesta en marcha de las técnicas de asepsias, antisepsias y el manejo práctico de métodos quirúrgicos para la realización de procederes intracraneanos.

El desarrollo de la especialidad en los últimos años estuvo avalado, además, por sus propósitos. Al inicio, este tipo de cirugía estaba fundamentada por cuestiones mágicas, religiosas, espirituales; posteriormente, la trepanación se comenzó a realizar con fines terapéuticos y una combinación de motivos que pasaron de ser mágico-espirituales a mágico-terapéuticos.32

Actualmente no se concibe la neurocirugía sin otro significado que no sea bajo una base puramente científica y en aras de lograr la curación o el alivio del enfermo.

El legado que los grandes pensadores del antiguo mundo dejaron sobre la cirugía craneal, ha permitido conocer el decurso de esta especialidad y su progresivo desarrollo, dependiente, por supuesto, del avance de la neuroanatomía, neurofisiología, neurología, neurorradiología, en fin, de una necesaria explosión de las neurociencias para la revelación del desarrollo de la cirugía del sistema nervioso.

Los médicos cubanos del siglo XIX demostraron su larga visión y calidad científica, pues a solo 5 años de haberse producido en el mundo las principales series de informes neuroquirúrgicos, se realizó en nuestro país una técnica novedosa para la época y que fue el punto de partida para el inevitable desarrollo de la neurocirugía en Cuba. Aún en pleno perfeccionamiento y en adaptación a términos cada vez más frecuentes como neuronavegación, neurorrestauración, mínima invasión, cirugía endovascular, entre otros, que un siglo atrás eran impensables, ahora se presentan como muestras de la evolución natural de la especialidad y de lo que vendrá en el futuro.

 

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(*) Especialista de II Grado en Neurocirugía. Profesor Asistente. Máster en Urgencias Médicas del Hospital Docente Clínico-Quirúrgico “José Ramón López Tabrane”. Matanzas, Cuba.